CAPÍTULO 6

El grupo de agentes de paz rodean al hombre que está amarrado en la mitad de la plaza, sus familiares están a su lado de la misma manera, ¿Qué es lo que pretenden matarlos a todos? Es posible que no les importe la vida de los niños, tan crueles pueden llegar a ser de quitarle la vida a una persona que sólo busca el sustento para su familia, ¿tan poco valemos nosotros para ellos?

—Estas personas que están frente a ustedes son unos traidores—dice el jefe Oram con autoridad —, han mordido la mano que les da de comer cruzando la alambrada y por eso están siendo juzgados.

Siento el odio crecer en mi interior, hay que ser muy descarado para pararse frente a un distrito hambriento, juzgar a uno de sus habitantes por buscar comida y luego tener la desfachatez de acusarlos que han mordido la mano que nos da de comer. Esto es una burla, aquí es común morirse de hambre, ¿Dónde rayos está la mano que nos alimenta cuando eso pasa? ¿Dónde está cuando los niños en edad elegible van a pedir teselas porque no tienen que comer?

—El gobierno de Panem tiene tolerancia cero con los traidores, es por esto que este hombre y su esposa han sido condenados a muerte por un pelotón de fusilamiento —dice con una sonrisa cruel—. Sus hijos recibirán veinte azotes cada uno y enviados al orfanato del distrito.

El miedo se esparce por cada rincón de mi cuerpo como si fuera una corriente helada, nunca en mi corta vida he visto morir a nadie, ni siquiera de hambre, ahora sin que me pueda escapar estoy a punto de presenciar cómo asesinan a dos padres en presencia de sus pequeños hijos, a mi derecha se encuentra Joseph que tiene fuertemente abrazada a Amelia, en circunstancias normales este gesto me dolería pero hoy, con todo esto que está pasando, no es importante. Siento desde mi izquierda que alguien está tirando de mi brazo, es Haymitch, del otro lado tiene fuertemente abrazada a Marceline, que ya está hecha un mar de lágrimas, me dejo llevar a los brazos de Haymitch pero no intento en ningún momento enterrar mi rostro en su pecho, y no es porque no pueda sino por el hecho de que esconderme de la realidad, no hará que desaparezca.

Uno grupo de agentes de la paz se paran frente a ellos fuertemente armados y apuntando las armas en su dirección, el jefe Oram se pasea entre ellos con gesto altivo y comienza a dar la orden.

— Preparen— gritaba el agente en jefe—. Apunten. Fuego.

Los disparos irrumpieron en el tenso silencio que se produjo en la plaza, los cuerpos inertes caen al suelo teniendo como fondo el llanto de los hijos que dejan atrás, dos huérfanos más que alimentar, niños por los cuales pedir teselas hasta que ellos entren en las urnas. Sin retirar los cuerpos, los agentes proceden a voltear a los niños y quitarles sus camisas, en sus cuerpos se refleja que a tan corta edad ya han pasado hambre, sus costillas sobresaliendo lo delatan.

Uno de los agentes levanta el látigo rápidamente, el sonido producido por el impacto hace eco en la plaza seguido por el grito de dolor del niño, puedo ver indignación en el rostro de todos, no es la primera vez que alguien es sometido a este castigo pero nunca un niño. El agente de paz continúa golpeándolo hasta que dispensa la cantidad de azotes, quitan los amarres de las manos y es recibido por la señora Coppel, un segundo agente se encarga de golpear al segundo niño, el sonido de cada golpe en la piel del pequeño es casi como si me doliera, las lágrimas resbalan por mi rostro y yo no hago ningún intento de borrarlas, cada vez que él grita por un nuevo impacto el nudo en mi garganta se cierra más, es tan injusto que alguien tan pequeño sea sometido a este trato tan cruel, es tan injusto que sea juzgado por tener hambre y tomar de lo que su padre buscaba.

La señora Coppel se lleva a ambos niños adoloridos rumbo al orfanato, no sin antes hablar con los Frank, tienen que ser alzados en brazos por dos hombres porque se negaban a separarse de los que hace unas horas eran sus padres. El resto del distrito, lentamente va dispersándose, nadie habla, ni se miran entre sí, que se puede decir en un momento como este.

Marceline sigue aferrada a Haymitch, ahora que no hay casi nadie da rienda suelta al llanto, yo por mi parte estoy estática en mi lugar, como si mi cuerpo hubiese perdido la fuerza necesaria para moverse, los agentes de la paz están retirando los cuerpos como si fueran animales, mientras tanto, nosotros sólo somos unos mudos espectadores de esta injusticia. Me siento helada, como si todo el calor de mi cuerpo hubiese sido absorbido, estoy temblando sin parar, Joseph se da cuenta de mi estado y me abraza fuerte, la calidez que emana de él logra remitir un poco mi temblores.

—Tienes que calmarte un poco Mary, no debes permitir que esto que pasó hoy afecte en tu vida, no se puede vivir con miedo y menos en estos tiempos, de lo contrario este nos consume— susurra en mi oído —, tu eres una chica fuerte no te derrumbes ahora.

—Fue horrible Joseph, qué crees que hubiera pasado si nos atrapan esa vez, ¿Crees que hubiéramos corrido con la misma suerte?— le digo llorando.

—No pienses en eso, ya han pasado casi dos meses desde que pasó y no nos agarraron— dice apretando más a su cuerpo—. Piensa mejor en que tu cumpleaños es en cuatro días.

—No sé si eso es mejor, la cosecha es dos días después ¿recuerdas?

— ¿Y eso qué? Dos días antes lo pasarás tan bien que olvidarás todo lo malo, me encargaré de eso—dice esbozando una pequeña sonrisa.

—No debes dejar que esto te afecte Mary, de lo contrario no podrás vivir en paz— me dice Amelia tomando mi mano, aún sigue siendo extraño para mi hablar con ella como si nada—. Es difícil al principio pero luego te acostumbras.

—Tal vez tú puedas hacerlo por tu trabajo pero a mí me cuesta mucho —le digo aún abrazada a Joseph—. Quiero irme

Nadie regresa a sus actividades normales, los negocios están cerrados, al igual que las minas, lo que ha pasado hoy nos ha golpeado a todos, no puedo sacar de mi cabeza el sonido del látigo sobre la espalda de los niños, los disparos, el horror. Siento las lágrimas resbalando por mi cara, así que corro hasta mi cuarto antes de que se desate el llanto, de mi mente no sale la cara de dolor de los niños cuando mataron a sus padres, ¿en qué clase de mundo retorcido estas cosas pueden pasar? es inhumano, tal parece que para esos cerdos que se suponen nos protegen, no dejarnos morir de hambre es un delito, si no tenemos para comprar los alimentos que nos mandan de otros distritos, la solución es sentarnos a esperar para morirnos de hambre, para ellos es fácil porque el gobierno les provee lo necesario pero para los demás la realidad es otra y, tal parece que esta va a ser nuestra nueva normalidad, escasez y terror.

Antes de que el distrito fuese obligado a presenciar lo que pasó hoy, Marceline y Haymitch que comprara la comida en el quemador, pero en vista de los acontecimientos esa idea es bastante arriesgada, no quiero exponer mi vida, ni la de nadie.

— ¿Ya te sientes mejor?— me pregunta Myriam, en sus manos sostiene dos platos de comida—. Papá me dio permiso para comer en el cuarto, está en shock por lo de hoy. Todos en realidad.

—No puedo sentirme mejor, cada vez que cierro los ojos veo a los niños siendo azotados— le digo llorando—. Sólo espero que esto no se vuelta común.

— Toma trata de comer algo— dice dándome el plato—. Mamá y papá se veían más preocupados que de costumbre.

— Debe ser por la sastrería, eso es todo.

— No lo creo, yo pienso que es por la falta de comida, ayer a escondidas ví la despensa y no hay casi nada— dice preocupada—. Pensé que aún había más alimentos teniendo en cuenta que aquí no hemos comido nada.

— Y lo peor de todo es que aún faltan semanas para recibir la paga por los uniformes, con eso mejoraría la situación— digo antes de tomar el primer bocado

— Va a ser una larga espera— dice Myriam con voz queda.

— Pues yo no voy a esperar nada— digo en voz baja, buscando que mi hermana no me escuche

— ¿A qué te refieres? — dice Myriam

— Nada importante, termina de comer— trato de desviar el tema, pero con Myriam eso es imposible.

— Mary, no me cambies la conversación, ¿qué rayos estás pensando hacer?— me gruñe—. Y ni se te ocurra decir que nada

Perfecto, lo último que quería en estos momento era que mi hermana descubriera lo que pienso hacer.

— Estoy esperando una explicación hermanita — dice.

— Mis amigos me sugirieron esta tarde que compráramos comida en el quemador— le digo, Myriam abre los ojos tanto que parece que se le van salir, hace el intento de protestar pero se lo impido—. Pero en vista de los que pasó hoy, yo no me aparezco por ese lugar ni por equivocación.

—Entonces que es lo que tienes en mente— me interrumpe enojada—, porque si tú vas al quemador yo se lo digo a mamá y papa. No pie so encubrirte en esto.

— Ya no pienso ir al quemador, ni siquiera iba a hacerlo, sólo fue algo que Haymitch y Marceline me sugirieron

— Entonces ¿cuál es tu gran idea? — me dice cada vez más enojada. Trato de ocultar la diversión que me causa pero fallo—. No se te ocurra reírte, porque ya veremos después quien se ríe mejor cuando hablé con mamá y papá y le diga de tu excursión al quemador.

— Dije que no voy a ir al quemador— le repito, sé que no le va a gustar lo que le voy a decir—. En realidad, voy a ir al edificio de Justicia.

— ¿Qué vas a buscar al edificio de Justicia?— dice sin entender al principio, pero cuando lo hace su rostro se vuelve pálido —. Estás loca, no vas a pedir teselas Mary, papá no lo permitirá...

— No le voy a decir a papá. Como dijiste no lo permitirá, pero no podemos darnos el lujo de esperar a que tengamos dinero — le digo calmada.

— No estoy de acuerdo, mira que arriesgar la vida de esa manera...

— ¿Cuál es la diferencia?— la interrumpo —. Nuestra vida está en riesgo desde que cumplimos doce.

— Y ahora quieres aumentar las posibilidades de salir seleccionada, creo que es la idea más estúpida que has tenido, deberías ganarte un premio por ello— dice, tiene los puños tan apretados que los nudillos ya se han vuelto blancos.

— A mí no me hables así, y puedes enojarte todo lo que se te dé la gana pero no voy a cambiar de opinión— le digo tratando de que entre en razón—. Myriam, no tenemos que comer, lo que me den por inscribir mi nombre más veces durará un par de semanas si sabemos racionarlo

— ¿No te da miedo ser cosechada?

— No, hay chicas con el triple de inscripciones que yo, confío en que no saldré seleccionada— digo calmada.

— Oh por favor Mary, confiar de esa manera es como ponerte una pistola en la sien y girarla con solo una bala, en algún momento se disparará— me dice exasperada—. Sólo una inscripción basta, entiéndelo.

— Nada de lo que digas me va a hacer cambiar de decisión, iré ese día en la mañana y tú te vas a quedar calladita.

— Claro que no, yo voy contigo— me dice

— ¿para qué? Si se puede saber Myriam.

— Yo también voy a pedir teselas— dice insegura.

— Y a qué se debe este cambio de parecer— entrecierro los ojos —. Hace un momento me dijiste estúpida.

— Estamos juntas en esto, no voy a permitir que te arriesgues sola.

— Si estás buscando una manera de distraerme para decirle a mamá y papá, no te lo perdonaré nunca.

—No es eso, sólo que en estos momentos pedir teselas es preferible a ir al quemador— dice en voz baja como si temiera de que nos escuchen—, así que voy contigo, ahora, ¿cuantas raciones pedimos cada una? Yo creo que lo mejor es dividirnos.

— Pues yo voy a pedir por todos— Myriam trata de interrumpirle pero no la dejo— somos una familia impar, no hay manera de dividirnos a partes iguales las raciones.

— Tienes razón — dice después de un rato—. Nos vamos al edificio de Justicia al amanecer, así seremos las primeras, saldremos de ese lugar con ocho inscripciones.

—Aún estas a tiempo de no hacerlo...

— No, ya dije que estaría contigo, ahora dame ese plato y nos vamos a dormir— me dice, no fui consciente del momento en el que me comí todo.

— Si jefa, aquí tiene— le digo pasándole el plato.

Noah entra corriendo al cuarto como siempre, en el fondo de que lo hace para que Myriam se enoje, pero hoy nadie dice nada, lo último que queremos es que nuestro hermano menor haya escuchado algo porque él si le dirá a mamá y papá.

— Noah ¿cuantas veces te he si no que no corras en el cuarto?— dice Myriam de brazos cruzados.

— Lo siento manita, mamá y papá me mandaron a acostar—. Myriam, Mary ustedes saben que les pasa mamá y papá?

— ¿Por qué lo preguntas Noah? — le digo.

— Porque están preocupados, les pregunté y no me quieren decir nada— dice enojado—. Me tratan como si fuera un niño chiquito que no entiende nada, por eso les pregunto a ustedes.

Myriam y yo nos quedamos viendo las caras, no se que explicación darle, nuestros padres no quieren involucrarlo porque dicen que es aún pequeño y no quieren arruinar su infancia, pero aquí se deja de ser niño en el momento en el que tú nombre entra por primera vez en la urna. Es por eso que decido hablarle con la verdad.

— Noah, estamos pasando por un mal momento economico, el presupuesto que se tenía para la compra de las telas no alcanzo porque los precios subieron, tambien los costos de transporte— ke digo pausada, esperando que el entienda—. Como es imposible para nosotros quedarnos sin telas, en estos momentos, papá y mamá decidieron comprar lo que necesitábamos con los nuevos precios. El problema fue que no sobró lo suficiente para comer, y los alimentos que tenemos están racionados, eso es todo.

— No me estas ocultando nada mas ¿cierto?— pregunta.

— No enano, no te estoy ocultando nada más— le digo besando su mejilla, como respuesta Noah me da un abrazo fuerte.

— Gracias Mary sabía que tu no me ocultarías nada— su cara está escondida en mi vientre—. Te quiero mucho.

— Y nosotras te queremos a ti enano— le dice Myriam—. Ahora tienes que prometerme que no le dirás a papá que Mary te dijo algo.

— Lo prometo Myriam— los tres nos fundimos en un abrazo largo, y después decidimos que sólo por esta noche dormiremos juntos, así que quitamos los colchones de las camas y los tiramos al suelo. Dormimos abrazados, protegiéndonos de lo que sea que nos espere en nuestros sueños después de los que fuimos obligados a presenciar en la plaza.

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Hoy es mi cumpleaños número catorce, en años anteriores mis padres nos dejaban a Myriam y a mi dormir hasta tarde, o por lo menos hasta que Noah se nos tira encima gritando que el desayuno esta listo, después entre risas arreglamos la casa, poseídos por el entusiasmo desmedido de mi hermana por hacer la limpieza. En la noche, la familia Mellark nos acompañaría con una tarta de fresas, nuestra favorita, ademas de la visita de Marceline.

Este año las cosas no serán asi, Myriam y yo estamos despiertas desde las tres de la mañana, tratando de hacer el menor ruido nos arreglamos y cuando son las seis, salimos por la puerta trasera rumbo al edificio de justicia. Al llegar, nos damos cuenta que no somos las únicas que están en la puerta pero si las que llaman la atención, es normal, los hijos de comerciantes muy rara vez piden teselas, el hecho de que nosotras estemos aquí nos hace blanco de todas las miradas de los chicos de la veta. Las puertas se abren y nos dirigen a la oficina de intercambios.

— Buenas tardes chicos— nos dice la encargada—. Como todos los años, pasarán a la oficina en el orden en el que les estoy dando en la ficha, dado que este año hay un par de gemelas ustedes entraran juntas— nos dice a Myriam y a mí.

No sé si es casualidad o el destino, pero somos las primeras en pasar, siempre creí que para pedir teselas solo tenías que entrar, firmar y llevarte lo que pides. El proceso consiste en: primero rellenar un formulario con tus datos personales, número de inscripciones que tienes hasta tu anterior cumpleaños, y si el número de raciones son para cada miembro de tu familia, en caso de ser así, debes rellenar cuantos integrantes la conforman y, por ultimo firmas, le pasas la información a la funcionaria y firmas para irte con tus teselas mientras ellos agregan el número de papeletas correspondientes.

— Antes de terminar, ustedes van llevar teselas individuales ¿cierto?— pregunta la funcionaria sin siquiera mirarnos a la cara.

— Si— respondemos al unísono.

— Bueno, en ese caso firmen cada una y les daré sus raciones— firmamos, y ella nos entrega una caja con la cantidad de cereales y aceite que pedimos—. Eso es todo chicas, feliz cumpleaños.

¡Menuda broma cruel!

En las afueras, ya con lo que necesitábamos a la mano, mi hermana y yo caminamos lo mas rápido posible en dirección a la casa, aprovechando que no hay mucha gente en los alrededores.

— ¿Mary?— el sonido de esa voz me congela en mi sitio, de todas las personas que no quería encontrarme a las afueras del edificio de justicia, Joseph era la principal, esta desconcertado—. Dime que lo que llevas en esa caja no son cereales y aceite.

— Si lo es, lo siento pero hicimos lo que teníamos que hacer— dice Myriam en mi lugar.

— ¿Que haces levantado a esta hora?— le pregunto antes de que pueda responderle algo a mi hermana.

— Hoy llegó un cargamento de harina del 9, vengo a recogerlo.

— Ah... nosotras ya nos vamos, nos vemos después.

Antes de que pueda moverme de mi sitio Joseph me da un abrazo, acerca sus labios lentamente a mi oído y me dice—: Ojalá esto no tenga consecuencias, me moriría si algo te pasa— me da un beso y se va sin mirar atrás, dejándome con la respiración agitada y el corazón latiendo deprisa.