DISCLAIMER: Los personajes del mágico mundo de Labyrinth no me pertenecen, son propiedad de Jim Henson Co. así como del maravilloso David Bowie y de la hermosa Jennifer Connelly quienes le dieron vida a sus personajes, yo solamente creo esta historia sin fines de lucro porque adoro esta película.

¡Hola a todos quienes siguen este fic! Comparto con ustedes un nuevo capítulo contándoles que esta pequeña historia ya está llegando a su fin. Agradezco infinitamente a todos quienes la leen aunque no dejen reviews, para mí saber que les interesa es suficiente. Aprovecho también para enviar un agradecimiento especial a Friditas, Brimilec, Claudia y Angelinarte por su apoyo en esta y en mis otras historias. Un gran abrazo chicas.

Bueno ya no les canso más con mi palabrería, ahora sí

¡A leer!

CAPÍTULO VI: ESTARÉ ALLÍ PARA TI

-¡Sarah despierta, oye ya me estás asustando!- la voz de Alice y el remesón que le dio le hicieron volver a Sarah lentamente de nuevo al mundo real, descubriéndose totalmente desubicada al abrir los ojos.

-¿Dónde estoy? ¿Qué pasó?- quiso saber con voz soñolienta intentando incorporarse apenas, más su amiga no se lo permitió.

-No, no. No te muevas. Estás en la Enfermería, la Hermana Rose me dejó cuidándote porque fue a pedirle al portero que te compre unos medicamentos, claro que no fue mala idea ayudar a despertarte- Alice profirió sonriendo con su típica inocencia y buen humor y Sarah a su vez sintió un pequeño escalofrío al caer en cuenta que se refería a una de las supervisoras más estrictas, quien solía hacer guardia nocturna en el colegio, aparte de que el estremecimiento fue en aumento al notar que a esas alturas ya debía ser de mañana puesto que Alice ya llevaba el uniforme.

No te preocupes, ya fueron a despertar al Doctor Smith- continuó diciendo la chica rubia - La verdad que es todo un caso que esto te haya sucedido justo hoy en que a Miss Malzieu se le presentó un inconveniente y tuvo que solicitar permiso repentino-

Miss Malzieu era la encargada de atender la Enfermería junto con el Dr. Smith, un señor mayor quien era el médico de planta, por lo que ambos vivían en el edificio donde se encontraba el Departamento de Salud del colegio, con la finalidad de atender a las estudiantes en caso de emergencia.

-¿Repentino dices?- susurró Sarah pareciéndole todo muy inusual

-Sí, un asunto familiar o algo así, curiosamente salió poco antes del amanecer, después de que te encontraran- contó Alice –Pero bueno, esa no es la cuestión y no trates de evadir el tema porque ahora sí vas a tener que contarme en que te encuentras, mira que una supervisora te encontró desmayada en el suelo en pleno jardín y a mitad de la noche- le sentenció- ¿Qué se supone que hacías o mejor dicho desde cuándo eres sonámbula? Porque que yo recuerde en todo el tiempo que te conozco jamás lo has mencionado- le sacó en cara, por lo visto sin creer nada de lo que aparentemente había sucedido.

Sarah intentó incorporarse de nuevo, esta vez lográndolo y se llevó una mano a la cabeza confundida, tratando de poner en orden sus pensamientos. Notó entonces para su asombro que estaba en pijama y con su bata blanca de salto de cama colocada encima.

-Yo no estaba así- musitó extrañada, muy segura de ello.

-¿Te refieres a lo que llevas puesto? ¡Oh por supuesto que sí!, ni modo que a esa horas hubieses estado vestida con ropa de calle. ¡Imagínate!, si te encontraban así te ganabas una expulsión segura- respondió Alice creyendo que hacía una broma, más Sarah sabía cómo había estado al fingir acostarse y solo encontraba una explicación para su repentino cambio de atuendo. Magia.

-Y entonces ¿Por qué no me lo habías contado?...- Alice prosiguió refiriéndose a su anterior pregunta, cruzándose de brazos con un puchero de resentimiento –Yo podría haberte comprendido. Sabes tengo tíos que sufren de eso-

-Sonámbula…- Sarah murmuró para sí y poco a poco al volver a sus completos cabales comprendió que era mejor seguir el juego -...¡Eh…sí, eso!- admitió en el fondo no muy convencida pero era mejor dejar que pensaran eso por lo pronto a considerar que buscaba fugarse -Tenía vergüenza de que lo supieran, es todo- alegó sin poder dejar de pensar en el fondo en Jareth, porque estaba segura de que él había tenido algo que ver allí para ayudarle a disimular las cosas. Era además de rey un hechicero muy poderoso.

-Ehm… verás Sari, creo que ya es un poco tarde para esconderlo, a estas alturas ya todas lo saben- la rubia confesó apretando los dientes, contando algo que le resultaba difícil.

-¡¿Qué… qué cosa?!- por poco gritó Sarah asustada

-Lo de tu trastorno de caminar dormida, ¿de qué más iba a estar hablando?...- especificó Alice sorprendida de su reacción –¡Chica estás media paranoica!- le hizo ver.

Sarah lo sopesó volviéndose a acostar. No sabía si aquello después de todo era peor de lo que había por error primero imaginado, ya que a partir de esa noche sus odiadoras de seguro iban a planear nuevas formas para molestarla…

"Pero ni modo, podría en definitiva ser peor" se dijo para recuperar los ánimos. Su espíritu optimista era algo que jamás moriría en ella.

-Debes tranquilizarte- le recomendó Alice como buena amiga -Todo ya pasó y lo bueno es que el Doctor Smith junto con la Hermana Rose, Miss Malzieu y su ayudante te examinaron ayer ni bien te encontraron y concordaron en que no te habías lastimado. Explicaron que fue una suerte que no llegaras muy lejos o anduvieras por lugares peligrosos, como por ejemplo escaleras, cornisas o tejados. Entonces sí hubiese sido muy peligroso… aparte de terrorífico-

-Tienes razón- Sarah admitió haciendo un pequeño esfuerzo por sonreír aunque no le hacía gracia que tantas personas la hubieran revisado estando inconsciente, sobre todo cuando ni siquiera sabía que el médico del colegio y la enfermera tuviesen un ayudante. Era de algún modo incómodo que tantas cosas le hubiesen sucedido sin que siquiera se percatara... Pero todo por lo que había pasado la noche anterior en Underground no podía ser un sueño... de tan solo cavilar en ello, sintió una angustia intensa creciéndole en el pecho. Se revisó enseguida la palma de su mano izquierda donde se había cortado con un vidrio en un momento de deseperación pero ya no tenía nada allí. La herida no estaba y no le quedaba ningún vestigio.

"No, no pudo ser tan solo un sueño" Se dijo en su interior sintiendo que las lágrimas acudían a sus ojos.

Su mente viajaba hacia Jareth. ¿Dónde se encontraba en esos momentos? ¿Qué le había ocurrido? En eso el sonido de varias voces afuera del departamento médico junto con incluso pequeños gritos emocionados logró captar su atención haciendo que dejara de lado tan solo un poco su preocupación.

-¡Debe ser él!- dijo Alice con un toque de ilusión brillándole en los ojos y resonando en su voz, dirigiendo toda su atención hacia la puerta para entonces cerrada –El nuevo ayudante del Dr. Smith-

Sin saber por qué, el corazón de Sarah dio un brinco y las siguientes palabras de su amiga solo sirvieron para incrementar sus súbitos nervios.

-La verdad es un bombón, por eso se justifica que todas las chicas estemos así jajaja. El condenado está como quiere- comentó entre risitas morbosas -Dijo que se llama David J. Vas a verlo y me dirás luego qué opinas, verás que tengo razón- Alice le guiñó un ojo con picardía, reconociéndose como una total admiradora más del susodicho galán.

-¿David… J.?- Sarah tuvo un extraño presentimiento que automáticamente le hizo sentarse en la camilla y empezar a arreglarse de inmediato su largo cabello que intuía tener hecho para entonces un desastre, y no fue cosa de más de un minuto cuando la puerta se abrió para darle paso al ya famoso ayudante, haciéndola palidecer en ese mismo instante y dejándola atónita.

Ante su asombrada mirada estaba el mismísimo Jareth, quien clavó sus hermosas pupilas azules y ocres como fuego en ella, ni bien ingresar. Llevaba el cabello corto para variar aunque aun así lucía arrebatadoramente atractivo, vestía mandil blanco de enfermero y portaba además una carpeta de informe médico en sus manos. Todo un disfraz para pasar por un humano normal en la estratagema que fuera que se hubiera propuesto.

-Buenos días señoritas- saludó de entrada a ambas, con su voz seductora y varonil que la extasiaba en sueños -El Dr. Smith se encuentra al momento desayunando por lo que me autorizó venir a verificar el buen estado de la paciente… que por cierto me alegra que ya se encuentre despierta- comentó levantando una ceja, dándole a Sarah una fugaz mirada traviesa que la hizo sonrojar furiosamente y acto seguido empezó a caminar de forma familiar por la habitación en busca de implementos médicos de trabajo.

Se le daba bien también actuar aparte de cantar y bailar, era completo, Sarah pensó impresionada sin perder de vista cada uno de sus elegantes movimientos y pronto se dio cuenta de que su encanto también la cautivaba por completo a Alice, que no dejaba de contemplarlo con una sonrisa boba en la cara. No le fue difícil por ello imaginarse cómo estaría el resto del alumnado, que de por sí se maravillaba casi de forma eufórica cada vez que veía asomarse por esos rumbos algún espécimen joven del sexo masculino… y mucho más si era bello. Aquello le hizo sentir intranquila.

Jareth le lanzó de reojo una mirada suspicaz al notarle esbozar una mueca de disgusto y ya con el tensiómetro en la mano, después de halllarlo en un cajón, se volvió para dirigirse a Alice, quien le había estado contemplando a sus espaldas la retaguardia con gran interés y dio un respingo, obligándose a automoderarse.

-Si no me equivoco, tú debes ser la señorita Webber, ¿no es así?- le consultó cordialmente pasando por alto el juvenil examen visual, al tiempo que revisaba con profesionalidad algo en su carpeta y garabateaba algún apunte

-La misma- casi susurró Alice observándolo embelesada o bien podría decirse comiéndoselo con los ojos.

-Bien, ¿podrías hacerme un favor?- le solicitó entonces -¿Le llevarías este informe al Doctor Smith por mí?, en este momento ya debe estar saliendo de la cafetería para dirigirse a su despacho. Comunícale por favor que la señorita Williams ya despertó y se encuentra bien pero que debo igual tomarle la presión como un chequeo de rutina y también que me reuniré con él en unos cuantos minutos cuando termine... Por cierto, de antemano te lo agradezco... Alice…- le expresó con una de sus clásicas sonrisas torcidas y sexys mientras le entregaba la carpeta en sus manos, dejando a la chica visiblemente sin aliento. Tanto que hasta dejó escapar un suspiro.

Al mencionarla de modo tan atento, Jareth miró a Sarah de forma traviesa logrando que ésta se pusiera aún más nerviosa, al punto de tener que bajar la mirada para disimular su intenso rubor.

Sarah pensó que después de todo era una suerte que Alice estuviera para entonces tan perdida o de no, notaría los febriles estragos que producía el Rey de los Goblins o mejor dicho "David" cerca de ella, con sus sutiles miradas de complicidad que le incitaban a caer en su juego de seducción.

-Claro, lo haré- musitó Alice casi suspirando –…lo que me pidas-

-Muchas gracias, eres una jovencita adorable- respondió él brindándole otra encantadora sonrisa. La galantería era una de sus armas indiscutibles y se notaba que disfrutaba haciendo uso de ella.

-De nada- respondió la chica dirigiéndose enseguida obediente a cumplir su misión.

Una vez quedaron solos como él quería, Jareth con su manera imponente de conducirse, dio unos pasos hacia Sarah, que permanecía sentada al borde de la camilla mirándose los pequeños pies encalcetinados que al no alcanzarle a llegar al suelo, le quedaban suspendidos en el aire.

-¿Siempre te comportas así con todas?- no se contuvo de reclamarle

-No siempre, solo cuando aquello me permite estar cerca de lo que quiero… o de quien quiero- no dudó él en responderle sin dejar de mirarla con intensidad, aunque ella aún no se atreviera a verle directo a la cara.

-¿Cómo… cómo es posible que estés…?- comenzó Sarah dubitativa a preguntar sintiéndose de repente más tímida de lo que acostumbraba a ser.

-¿Qué esté aquí?- concretó él – Pues bien, una preciosa chica me enseñó que las personas que se aman siempre buscan la forma de encontrarse la una a la otra- se encargó de explicarle en sus propias palabras mientras halaba una silla para sentarse frente a ella, ante lo que Sarah se avergonzó aún más.

-Ahora que si buscas saber las estrategias que apliqué para movilizarme en el mundo real pues te diré que para empezar lancé un sencillo hechizo de memoria sobre el Dr. Smith que ahora cree que me conoce desde adolescente, cuando supuestamente fui su alumno en la universidad- Jareth comenzó a exponer, apoyándose en el respaldar del asiento, cruzando una pierna totalmente relajado, confesando no haberse complicado en lo más mínimo –Respecto a la señorita Malzieu, bueno mis goblins se encargaron de hacerle una llamada haciéndose pasar por familiares para convocarla de emergencia a una reunión. Solo que al llegar a su destino se olvidará de todo y pensará que está allí para disfrutar de unos días de descanso. Aquí sucederá lo mismo con los directivos del colegio, quienes olvidarán su solicitud de permiso y creerán haberle otorgado en lugar de eso sus correspondientes vacaciones. En tanto, por mi parte, con gusto la reemplazaré y me atrevo a decir que podré desempeñarme bien pues he aprendido innumerables ciencias en mis vastos años de vida mi querida Sarah, lo que me da una ventaja especial- profirió

Sarah no pudo contestar nada en un principio, impresionada por su plan, el cual en sus labios parecía de lo más sencillo aun cuando no lo era. Jareth era todo un experto estratega y quizá aquello le ayudaba en gran parte a gobernar su reino. Tenía que admitir que no dejaba de sorprenderla.

-¿Y qué hay de mi ropa?- quiso saber mirándolo por fin con algo de recelo

-Tu ropa claro, yo me encargué de eso. Tuve que cambiarte- confesó él divertido pero al ver que ella parecía repentinamente perder el color de nuevo, enseguida especificó –Con magia- y para hacerle verídica la información onduló su brazo chasqueando los dedos, logrando que ante la atónita mirada esmeralda de la castaña chica, la ropa le volviera a cambiar en un dos por tres a su outfit deportivo, regresando al instante siguiente a la pijama con la que se había despertado esa mañana.

-Consideré que era lo más conveniente en caso de que te llegaran a encontrar las supervisoras para evitarte la sanción- añadió –y respecto a tu mochila, les ordené a mis duendes que la rescataran del agua y la llevaran luego a tu habitación. Nadie sospechará ahora de algún intento de escape-

Sarah se sentía cada vez más sorprendida y agradecida.

-Eres increíble- dijo en voz baja Sarah con sinceridad pues no se había equivocado al creer que siempre estaba al tanto de todo y se ocupaba de ello, haciendo gala del poderoso cargo que ejercía aún a pesar de no ser de su completo agrado. Como ella estaba al tanto.

-Sí, lo sé- Jareth se rió con ganas, luego descruzó las piernas y se inclinó frente a ella con interés, apoyando sus codos sobre las rodillas.

-Sarah-/-Jareth- ambos expresaron al mismo tiempo pero él, emocionado de escucharle pronunciar su nombre con tanta confianza, accedió a cederle la palabra porque era su turno de hablar

-Me alegra mucho que estés bien- Sarah profirió con timidez apenas sosteniéndole la mirada, ya que los recuerdos de la noche anterior en el mundo mágico estaban todavía muy frescos y le hacían avergonzarse de su comportamiento desesperado, con el que había sido capaz de arriesgarse a todo por amor. Debía reconocerlo, ese sentimiento nuevo que ahora la embargaba era tan fuerte que por momentos le hacía desconocerse de sí misma, sentirse una persona diferente, completa, más fuerte... no era nada malo, al contrario, era algo extraordinario, como magia o un milagro sucediendo dentro de ella y lo mejor de todo era que amenazaba con intensificarse. Estar consciente de aquello era lo que le subía los colores al rostro, por aún parecerle dificil de creer que en un universo donde se hubiese resignado ante el ejemplo de sus propios padres a creer que el verdadero Amor era solo algo de cuentos o leyendas (en los cuales le gustaba encerrarse por lo mismo), hubiese encontrado la felicidad.

-Lo estoy gracias a ti- contestó Jareth bajando por unos segundos la mirada y Sarah percibió con asombro una vez más en él ese asomo de timidez, de hombre enamorado que la estremecía.

-Si no hubiese sido por tu alocada e imprudente acción y por tu beso, probablemente en estos momentos ya no existiría- con delicadeza Jareth le tomó la mano en la que se había infringido el corte al querer desempeñar el papel de Julieta para no separarse de él y la retuvo entre las suyas, demostrándole cuán agradecido estaba.

-¿Tú la hiciste desaparecer?- consultó con curiosidad sobre su desaparecida herida, aunque ya sabía la respuesta

-No quiero que ninguna cicatriz suscitada por mi culpa quede grabada en tu hermosa piel- contestó él llevándose la palma de la mano de Sarah a sus labios y depositando allí un beso provocando que ella por algunos instantes se quedara sin aliento.

-No podía dejar que te sucediera nada...- con valentía profirió -También quería decirte que lo siento… por lo acontecido anteriormente en el laberinto. Ahora sé que lo que me dijiste fue sincero, sin embargo yo te lastimé… aunque no era mi intención hacerlo. Debes comprender que estaba en una situación en la que no podía darme el lujo de elegir y ante todo debía pensar primero en mi hermano-

-Lo sé y lo entiendo. El único que debe pedir una disculpa aquí soy yo- Jareth admitió –No debí haberme comportado de esa manera tan cruel contigo cuando eres tan especial para mí, pero más pudo la costumbre y mi oficio de ser aterrador. Aunque se me da bien ¿verdad? - bromeó al final higuiéndose un poco con una orgullosa sonrisa que provocó que Sarah gestara una mueca de fingido fastidio, más enseguida él volvió a hablar con sinceridad.

-Entiéndeme por favor Sarah, estaba desesperado porque sabía que podía perderte. Eres la primera persona en este mundo y en el otro que ha despertado este tipo de interés en mí, que me ha hecho sentir así. Cambiaste todo mi universo en cuanto apareciste, me diste esperanza en medio de mi deprimente soledad, me permitiste volver a soñar y darme cuenta de que todavía poseo sentimientos nobles. Quizá estoy loco y lo reconozco, me he ido en contra de las reglas de las dimensiones, en contra de lo imposible, pero no puedo dejar de quererte. Eres lo más especial para mí Sarah Williams y lo sabes-

A Sarah se le humedecieron los ojos al escuchar la confesión y bajó la cabeza sin poder responder de inmediato, intentando controlar sus emociones que le producían un nudo en la garganta. Él aprovechó aquel momento para colocarle el instrumento de control de presión, temeroso en su interior de haberse excedido en lo expuesto y quizá de haberla asustado. Sarah notó su duda en sus ojos y aquello le enterneció.

-Dicen que enamorarse no siempre tiene sentido… sobre todo si lo haces de una persona que es todo lo contrario a ti- se atrevió a musitar al fin –sin embargo si no corremos riesgos, qué sentido tendría la vida… creo que los dos hemos comprobado eso- completó con una radiante sonrisa contagiándolo a Jareth, que en un arrebato de emoción le haló del brazo en que iba a tomarle la presión para apropiarse de sus labios.

Esta vez Sarah se permitió besarlo a gusto, con tranquilidad, sin preocupaciones, sin apuros. Se dio el placer de hundir su mano libre en su suave cabello rubio, de embriagarse de su varonil aroma fragante, de toda ella envolverse en su masculinidad permitiendo que la aferrara a él, dejándole saber que también lo amaba. Jareth también se entretuvo con su largo y hermoso cabello, atrapándola en un abrazo apasionado. Era como si sus cuerpos y sus bocas hubiesen extrañado la cercanía, como si estuviesen adaptados para pertenecer al otro. En cuanto se separaron por falta de aire, permanecieron muy cerca y juntaron sus frentes.

-Si alguien llega a vernos así será nuestro final- susurró Sarah sin tener por eso la menor intención de separarse del abrazo.

-Al contrario, sería tan solo un comienzo porque te llevaría conmigo lejos de aquí sin importarme nada- contestó Jareth con la respiración jadeante igual que la suya mientras la miraba con ternura y le arreglaba con cariño el flequillo de su sedosa cabellera –Pero no hay nada de qué preocuparnos porque me aseguré por si acaso de bloquear la puerta. No se abrirá con facilidad hasta el tercer intento de girar la perilla-

Sarah sonrió, complacida de que siempre fuese tan precavido.

-No necesitas esto, puedo escuchar latir perfectamente tu sano corazón- indicó él liberándola del tensiómetro y ella entonces, ya recargada de nueva confianza se dio el tiempo de elogiarlo.

-Me encanta su nuevo look, Rey Goblin- confesó colocándole coquetamente los brazos alrededor del cuello.

-En serio- profirió él con una mirada sensual –porque puedo cambiarlo al anterior cuando gustes, es solo que pensé que así luciría más normal al venir a tomarme unos meses de vacaciones en el mundo real-

Al escucharlo decir eso la sonrisa de Sarah se agrandó de par en par. Quería decir que iba a quedarse algún tiempo con ella. No podía ser más feliz.

-Eso quiere decir…-

-Que dejé encargado el reino al condenado enano que también es tu amigo… Hoover, después de designarlo Primer Ministro- Jareth comentó mientras la escuchaba proferir un grito de alegría y la veía llevarse las manos a la boca sin poderlo creer -Delegando mis funciones a alguien más es la única manera en que puedo permanecer aquí sin tener que cambiar a la forma animal- explicó adicionalmente

-¡Es Hoogle!- le corrigió ella con cariño

-Sí ese mismo... mequetrefe- corroboró él de un modo un tanto celoso, haciéndola reír.

-Esto… parece un sueño- expresó Sarah sintiéndose completamente dichosa y feliz, por lo que dejando su timidez de lleno atrás, lentamente le pasó la mano por el fino rostro regalándole una dulce caricia -¿De verdad estás aquí, en serio eres tú?-

-Así es mi amor, estoy aquí para cuidarte- Jareth respondió reteniéndole la mano, brindándole la confirmación que necesitaba. Sarah entonces le volvió a lanzar los brazos al cuello y se aferró a él hundiendo la cara en su hombro. Entendía que Jareth iba a quedarse fingiendo ser David J. en el colegio, el ayudante del Departamento Médico y que quizá aquello le generaría un montón de seguidoras al igual que las que tenía en el mundo fairy, no obstante se propuso soportar ese calvario como si de una pareja de superestrella se tratase, porque después de todo tenía que irse acostumbrando a ello y él era irresistible. Lo más importante era que por fin podría tenerlo a su lado y que él se había arriesgado a ir hasta allí por ella. Con la magia del lado de ambos, fluyendo entre ellos con reciprocidad, sería como una gran aventura que no podía esperar por comenzar a vivir.

-Te amo Jareth, atemorizante y revoltoso Rey Goblin- le dijo con cariño al oído, ya no le era difícil confesar sus sentimientos –Te amo y lo haré siempre. Elijo quedarme a tu lado-

-Y yo te elijo a ti mi cosa preciosa. Te amo y quiero que seas mi reina-

El monarca del subsuelo sintiéndose completamente dichoso la besó con más pasión reafirmando su respuesta.


Continuará…

¡Gracias por leer!

Belén