Más verdades
Bella POV
No quería reírme de él, de verdad que no quería… pero me fue inevitable.
Verlo de pie a unos metros de Tanya mientras su supuesto ligue le comía los morros a mi secretaria, fue para reírse. Reírse bastante, pero yo me controlé lo suficiente para reírme lo justo.
Pasé por su lado palmeando su espalda para que saliera del shock en el que estaba.
- Te dije que te quería ayudar, pero no me escuchaste – le dije entre risas.
Me fulminó con la mirada y después regresó la mirada hacia donde Tanya seguía con su juego de besitos y toqueteos delante de todo el bar.
Caminé lentamente hacia donde Rose y Alice me esperaban sentadas. Hice mi mayor esfuerzo para dejar de reír, pero en cuanto las vi a ambas riéndose del pobre Edward… rompí en carcajadas igual que ellas.
- Le iba a advertir que estaba jugando con quien no debía, pero… no me escuchó y no me dejó ayudarlo – reí mientras me sentaba.
- Se lo merece, por estúpido.
- ¡Eh, Rose! – Alice se giró hacia la rubia y la miró con los ojos entrecerrados. – Recuerda que de quien hablas, es mi hermano.
- Te recuerdo que tú también te estás riendo de él – le contestó ésta sin dejar de mirar a Edward que aun seguía de pie y con los ojos demasiado abiertos. – Creo que deberías de ir a ver si esta bien – señaló a Edward con el dedo.
- Déjalo que sufra un poquito más – la voz de Leah sonó a nuestras espaldas.
Las tres nos giramos para verla agarrándose el estomago con una mano mientras con la otra tapaba su boca para que no se escucharan sus risas.
- ¿Tú también? – le preguntó Alice.
- ¿Yo qué? – inquirió sentándose en la silla de al lado de mí.
Lo que me faltaba ahora… tener que aguantar a Leah sentada a mi lado hasta que nos marcháramos, por lo menos...
- ¡Dejar de reíros de mi hermano! – Alice se levantó de la silla fulminándonos a todas con la mirada.
- ¡Espera! – chilló Leah levantándose de la silla. – Ya voy yo a ver si está bien – claro… tenia que ir ella a ver si su amigo se encontraba bien…
- No iba a ir a donde Edward – dijo Alice. Las tres la miramos sin entender porque entonces se había levantado. - ¿Qué? – nos preguntó para después añadir. – Voy al baño… todo necesitáis saber – bufó.
- Yo será mejor que vaya a donde Edward y lo saqué de… – lo miró atentamente unos segundos. – A saber donde está ahora su cabecita – rió de nuevo antes de salir hacia él.
Rose y yo observamos como interactuaban Leah y Edward. Era sorprendente como él le hacía caso sin replicar.
- Me gusta Leah – dijo Rose unos minutos más tarde.
Me giré quitando mis ojos de un confuso Edward y la miré. La miré mal… muy mal.
- ¿Qué? – inquirió confusa.
- Me gusta Leah – me burlé e intenté imitar su voz.
- ¿Qué pasa si me gusta? – le pegó un trago a su copa y esperó a que le contestara.
¿Qué le contesto?
No pasaba nada si le gustaba… pero a mí me hervía la sangre cuando la tenia a mi lado, o incluso cuando estaba al lado de Edward.
- ¿Estas celosa de Leah? – preguntó y después comenzó a reír.
- ¡No, claro que no! – no… no lo estaba.
- Entonces dime – se inclinó hacia adelante, apoyando sus codos sobre la mesa y me miró directamente a los ojos. - ¿Por qué estas apretando tu botella de agua tanto? - ¿cuándo había cogido yo la botella de agua?, ni siquiera me había dado cuenta de eso, como para darme cuenta de que estaba estrujando la maldita botella. - ¿Por qué te molesta tanto que Leah pueda caerme bien?
- No me molesta que te caiga bien – le contesté.
- No. Lo que más te molesta es que ella tenga esa relación de amistad con Edward mientras tú no tienes nada, ¿verdad?
Bien… por un lado Rose tenia razón, pero eso no quiere decir que se lo vaya a confirmar.
Me molestaba que Edward y Leah se llevaran tan bien. Me molestaba como ambos interactuaban. Me molestaba que…
Estaba celosa… sí… lo estaba… y eso no podía ser. Yo no tenia que sentir celos, yo no debía de sentir celos de ellos.
Se supone que eran solo amigos.
¿Qué me importaba a mí si solo eran amigos o algo más?
Yo tenia a James…
- Lo que yo decía – susurró Rose y se echó hacia atrás en su silla.
- No estoy ni molesta, ni celosa, ni nada por el estilo Rose – mentí como buenamente pude, intentando así poder engañarla.
- Bells, entre tú y yo – volvió a inclinarse hacia adelante. – Sabemos que no sabes mentir. Pero no te preocupes, a mí no tienes porque darme explicaciones ni nada.
- No, no tengo que darte explicaciones ni a ti ni a nadie – le contesté molesta.
- ¡Hey!, conmigo no te tienes que molestar – arrimó su silla a la mía y pasó un brazo por mis hombros. – Con quien tienes que molestarte es con…
- Chicas – la voz de Alice le cortó y yo me quedé sin saber con quién me tenia que molestar. - ¿Habéis visto a mi hermano?. He intentado buscarlo para hablar con él, pero no lo veo por ningún lado – ambas negamos con la cabeza. Nos observó durante unos minutos antes de fruncir el ceño y mirarnos con los ojos entrecerrados. - ¿Qué pasa aquí? – nos señaló con su mano.
Rose seguía con su brazo por sobre mis hombros.
- Momento Bella – me giré justo para ver a Rosalie rodando los ojos.
- ¿Qué le pasa ahora? – Alice se olvidó de su hermano y se sentó a mi otro lado.
- Dice no estar celosa y molesta por la relación que hay entre Edward y Leah.
- Ohhh, mi pobre Bella… - Alice hizo un puchero mirando hacia Rose.
Ambas siguieron hablando de mí como si yo no estuviera allí, hasta que me harté.
- Estoy aquí – bramé. – Dejar de hablar de mí como si no estuviera – quité el brazo de Rose que aun seguía sobre mis hombros y me levanté de la silla.
- ¿A dónde vas? – me preguntaron al unísono.
- Que os importa a vosotras – les contesté dándome la vuelta y caminando hacia la barra.
Edward POV
Agradecí que Leah viniera a sacarme de mi shock.
Había estado tonteando con una tía que era lesbiana y yo no me había dado cuenta de sus gustos sexuales.
¿No me estaba poniendo ojitos?
¿No se estaba riendo de las estúpidas cosas que le estaba diciendo?
¿No me había tocado el brazo como si estuviera seduciéndome?
¿No había estado coqueteando conmigo?
- Edward, vamos afuera a tomar un poquito el aire.
Leah cogió mi mano y tiró de ella suavemente. Me dejé guiar hacia la calle. Hacia un frio de coj…
- ¿Estás bien? – me preguntó preocupada, pero noté un deje de diversión en su voz.
- Sí, claro. ¿Por qué no iba a estarlo? – contesté sarcásticamente.
- Por… por… - dudó unos instantes y después…
Después comenzó a reír histéricamente.
- A mí no me hace gracia – gruñí.
- ¡Oh, vamos! – me golpeó el hombro con su puño parando sus risas. – Tienes que admitir que ha tenido gracia. No todos los días intentas ligar con una tía que resulta no tener los mismos gustos… ¡No!. Perdón… me retracto, – comenzó a reírse de nuevo – sí que tiene tus mismos gustos sexuales – y una gran carcajada acompañó su última frase.
- Sigo sin reírme, Leah – me aparté de ella un par de metros.
Estaba molesto, estaba muy molesto con la situación como para que ella se estuviera riendo de mí en la cara.
- Edward, no seas tan gruñón – siguió riendo.
- Vete a la mierda, Leah – me giré y entré de nuevo al bar.
- Edward, espera – la ignoré y seguí andando hacia la barra. - ¡Joder, espera! – me alcanzó.
Cogió mi mano y tiró de ella para detenerme. Me hizo girarme y encararla.
- Lo siento – musitó. – No quería reírme de ti – se le escapó una pequeña risa, la miré con ceño fruncido y los ojos entrecerrados. – Lo siento – repitió. – Sé que no es gra… - comenzó a reír de nuevo.
Aparté su mano de mi mano y seguí mi camino hacia la barra. Estando ya poco molesto por la situación… antes de llegar a la barra miré hacia donde mi hermana estaba sentada con Rose y Be… ¿dónde estaba Bella?. Miré por todo el bar pero no di con ella.
Cuando llegué a la barra, cogí mi botellín de cerveza medio vacío y me giré para mirar de nuevo a mi hermana.
Ambas estaban mirando en mi dirección mientras reían. Las miré con los ojos entrecerrados y volví a girarme, no era nada agradable que todas mis amigas estuvieran riéndose de mí. Apoyé mis codos sobre la barra y enterré mi cara en mis manos.
- Edward, ¿te encuentras bien? – la que faltaba…
Suspiré y quité mis manos de la cara para mirarla.
- ¿Estás bien? – la voz Tanya sonó preocupada.
- Sí – gruñí.
- No parece – alargó su mano y quitó un mechón de cabello de mi frente. - ¿Qué te pasa?
No podía pagarlo con ella… no me había hecho nada. Después de todo, el error había sido mío por no haberme fijado más en ella, en cómo actuaba. Pero tenia a Bella veinticuatro horas del día – sí, veinticuatro horas del día y de la noche, incluso soñaba con ella demasiadas veces – dando vueltas por mi cabeza.
Suspiré y le contesté.
- Nada, solo estoy algo cansado y agobiado – le mentí.
- Deberías de relajarte un poquito – pasó un brazo por mi cintura y apoyó su cabeza en mi hombro.
Esto me confundía más. Ella es lesbiana… parece que estuviera coqueteando conmigo… no podía agarrarme de la cintura y apoyar su cabeza en mi hombro y suspirar como lo había hecho.
No podía, eso me confundía.
- Yo sé una buena forma de relajarte, quizás…
- No – le corté. No quería saber de que se trataban sus formas de relajarse. – No necesito relajarme de ninguna manera.
- Eres un gruñón – rió. Quitó la cabeza de mi hombro, puso una mano en mi barbilla y me giró la cara para que la viera. - ¿Qué te pasa exactamente?
No podía responderle esa pregunta. No quería decirle la verdad, bastante había bajado mi estado de ánimo como para rematarlo contándole a ella lo que me pasaba, tampoco quería volver a mentirle.
- ¡Hey, Tanya! – Bella, salió de no sé sabe dónde y me libró de contestarle algo a la rubia.
- Dime – le contestó ésta quitando su brazo de mi cintura y girándose para mirar a Bella.
- Alice te llama.
- ¡Oh! – Se giró de nuevo hacia mí. – Edward, ahora vengo – le hice un ademan con la cabeza conforme y le pegué un trago a mi botellín.
Suspiré aliviado de que por fin me había quedado solo…
- Edward – no… no me había quedado solo.
- ¿Qué? – bramé.
- Oye, relájate.
Otra que me pedía que me relajara.
No quería relajarme, no me daba la gana de relajarme.
- Déjame en paz – volví a gruñirle. – Lárgate, Bella.
- No quiero – la vi sentarse en el taburete de al lado. – Te iba a echar una mano antes, pero…
- ¿Qué me ibas a qué? – me giré y la miré. – No me digas que me ibas a echar una mano. Podrías haberme dicho que Tanya tenia los mismos gustos sexuales que yo. Me hubiera ahorrado que todas os hubierais reído de mí – gruñí. - ¿Os ha parecido muy gracioso, verdad? – le pregunté sarcásticamente. - ¡Pues a mí no! – alcé el tono de mi voz.
Me levanté del taburete y me fui hacia la puerta del bar. Me iba a ir para casa, no aguantaba más estar aquí.
Bella POV
Había estado en el baño meditando como disculparme con Edward por haberme reído de él prácticamente en sus narices. Después de decidirme e ir en su busca, intenté hablar con él y… me deja plantada en el taburete mientras él con un discursito soltado a base de gruñidos se larga del bar.
Salté de mi taburete y corrí detrás de él. No quería dejar las cosas así entre nosotros, no podía dejarlas así.
- ¡Edward para! – grité saliendo del bar. – ¡Espera! – llegué a su lado y lo agarré del brazo.
- ¿Para qué? – gritó dándose la vuelta. - ¿Para qué quieres que espere?
- Intento disculparme – susurré.
- Disculparte – siseó. – Disculparte, ¿por qué?. ¿Por dejarme hacer el mayor ridículo que he hecho en mi vida?
- Eres un exagerado – le contesté.
- ¡No lo soy!. Pudiste haberme dicho desde un principio que a Tanya le gustaban las mujeres, pero no… tuviste que callártelo y ver como coqueteaba con ella, para después reírte de mí.
- No…
- No me digas que no te has reído de mí porque no pienso creerte. ¡Te he visto como lo hacías!
- No iba a decirte que no me había reído.
- ¡Oh, eso me hace sentir mucho mejor! – me contestó con ironía.
- Deja de llorar – le escupí. – ¿Te jode que por una vez en toda tu puta vida sea yo quien se ríe ahora de ti?
- ¿Qué? – preguntó confundido.
- Ya me has oído. Cuando tú te has reído de mí en el instituto no ha pasado nada. Me tenía que tragar todo tu mierda y, ¿ahora vienes de victima?
- ¿A qué viene lo del instituto? – susurró.
- Viene a que me alegro que por una vez sientas como me he sentido yo, cuando tú – presioné mi dedo índice sobre su pecho – me tratabas con una mierda. Ahora siente como yo me he sentido durante años por tu culpa.
- Esto no tiene nada que ver con lo pasado.
- Claro que no tiene que ver. Pero tampoco tienes el derecho de ponerte como te has puesto conmigo porque no sabes lo que tus ojos ven. Tanya lo lleva escrito en la frente que le gustan las mujeres, pero tú solo ves lo que quieres ver y no es mi culpa que hayas hecho el ridículo o lo que hayas sentido que has hecho – cogí mucho aire llenando mis pulmones cuando acabé con mi pequeño discurso.
- ¿Cómo quieres que me sintiera? – me preguntó herido. – Me he sentido engañado…
- Yo no te he engañado.
- Pero tampoco me has dicho la verdad cuando te he pedido ayuda.
- No tenia por qué – me encogí de hombros.
- No, no tenias por qué – susurró. - ¿Para qué avisarme cuando es más divertido reírse de mí?
- La culpa es toda tuya – le contesté. – Quien juega con quien no debe, acaba dañado.
- Sí, eso lo sé por experiencia propia – me miró tan intensamente cuando me dijo aquello que me dejó helada.
¿Estaría hablando de nosotros?
No, no podía estar hablando de nosotros.
- Ahora déjame en paz – escupió.
No pude evitarlo, la curiosidad pudo más que yo.
- ¿Estabas hablando de nosotros? – le dije dolida. - ¿Estas diciéndome que saliste dañado por jugar conmigo?. ¿Eso es lo que estás diciendo? – le grité mientras le daba un empujón.
- ¿De quién sino, Bella?
- ¡Yo no te hice nada!. ¡Fuiste tú el que se largo sin siquiera dejar que me despidiera! – volví a empujarle.
- ¡Me pediste que me largara al otro lado del mundo!. ¡Quise hacerlo lo menos doloroso posible! – me chilló.
- ¿Lo menos doloroso posible? – inquirí en un susurro.
Mis lágrimas ya habían comenzado a caer por mis mejillas.
- ¿Cómo puedes decir eso?. ¡Estuve meses sin ser yo misma! – volví a empujarlo haciendo que retrocediera un par de pasos.
- ¡Yo aun sigo sin ser yo mismo! – bramó.
- Será… será mejor que me vaya. No aguanto, no soporto esta situación ahora – susurré limpiando las lágrimas de mis mejillas con las mangas de mi jersey.
- Bella – intentó agarrarme de la mano pero no se lo permití.
- Déjame. Siento… siento lo de Tanya, intenté advertirte antes, pero no me dio tiempo. Lo siento – me disculpé y después me adentré en el bar.
Edward POV
Mierda, mierda y más mierda.
Lo que me faltaba ahora.
Hacer llorar a Bella…
Esto solo empeoraba las cosas y yo no quería empeorarlas. Yo quería solucionarlas con ella, quería que al menos tuviéramos una relación cordial. Dejar de estar como el perro y el gato…
Primero tenia que quitármela de la cabeza y dejar que ella hiciera su vida. Esto ya era superior a mí. Podríamos tener aunque sea una amistad, me conformaba con eso mismo.
Tendría que olvidarla…
- ¿Edward? – me sobresalté al escuchar la voz de Leah en mis espaldas sacándome de mi ensimismamiento. - ¿Estás bien?
- No – musité.
- Sé que te dije que te ayudaría con lo de Bella, Edward, – comenzó como quien no quiere la cosa - pero a ella parece que ya no le interesas. Te esta haciendo daño, ¿no te das cuenta?.
- Sí. Sí me doy cuenta. También sé que yo le estoy haciendo daño – dije con la voz un poco más firme. – Aun la amo, Leah. Necesito olvidarla – alcé la mirada, apartando mis ojos del suelo y la miré.
- Date tiempo, Edward.
- No puedo darme más tiempo. Llevo intentándolo muchos años – me acerqué a Leah y la agarré de los brazos. Ella me miró extrañada pero no dejé que me preguntara que hacia. – Ayúdame a olvidarla – estampé mis labios contra los suyos.
Sentí como se tensaba y como apretaba sus labios más fuertemente impidiendo que mi lengua entrara en su boca. Sentí sus manos sobre mi pecho y de un fuerte empujón me separó de ella.
- ¿Qué haces? – preguntó limpiándose la boca con la manga de su cazadora.
- Necesito que me ayudes a olvidarla, tengo que hacerlo, no puedo seguir así.
- No de esta forma, Edward. Yo te ayudo pero no de esta forma – volví a acercarme a ella. - ¡No así, Edward! – su voz sonó amenazante.
Paré mis pasos y pasé mis manos por mi cabello tirando de él nerviosamente. Si no me sacaba a Bella de la cabeza iba a volverme loco.
- Deja de tirarte del pelo. Te vas a quedar calvo – rió divertida.
- No eres la primera que me lo dice.
- Entonces deja de hacerlo. ¡Maniático! – me cogió de ambas manos y las presionó sobre mis caderas. – Será mejor que nos vayamos a casa. Creo que por hoy la fiesta ha terminado, además ya es tarde y mañana madrugamos.
- Sí, será lo mejor – me pasé una mano por mi pelo inconscientemente. Leah me fulminó con la mirada y yo le sonreí. – Tengo que entrar adentro a despedirme de mi hermana – dije dando un paso hacia el bar.
- No – me agarró la mano y tiró de mí hacia el lado contrario. – Nos vamos a casa.
- Alice se enfadará si no me despido de ella, no conoces a mi hermana cuando se enfada, da mucho miedo.
- No más de lo que lo haría yo si me enfadara. Ahora deja de forzar y tira delante de mí – dio un suave tirón de mi mano para que comenzara a andar, pero no lo hice. – Ya me despedí yo de las chicas por los dos.
- ¿Cuándo? – ahora si comencé a andar sin poner resistencia, con Leah aun agarrada de mi mano.
Cualquiera que nos viera así, pensarían que éramos pareja.
- Antes de que salieras del bar a toda pastilla.
- Y, ¿desde cuándo llevabas escuchando nuestra conversación? – la miré de reojo y vi como se tensaba, pero se recompuso y una sonrisa macabra asomó en sus labios.
- ¿Bastante? – la miré de frente y esperé a que me respondiera exactamente desde cuándo. - ¡Joder, Edward!. Deja de mirarme así – alcé una ceja. Yo no estaba mirándola de ninguna manera… - Deja de hacerlo – soltó mi mano y me dio un empujón haciéndome balancear hacia un lado.
- No te estoy mirando de ninguna manera, Leah – me defendí.
- Sí, sí que lo haces. Pones esa cara de psicópata cuando esperas una respuesta más amplia – me señaló la cara.
¿Qué coño decía?
Yo no la miraba con cara de psicópata.
- No estoy haciendo nada – me quejé infantilmente.
- Sí lo haces – repitió.
Ya sabía yo por donde querían ir sus tiros, pero no iba a dejar que cambiara de tema.
- Leah estoy esperando mi respuesta. ¿Desde cuándo? – me acerqué a ella y la detuve.
- Desde bastante, ya te lo he dicho antes.
- Bastante puede ser las últimas frases, como pueden ser las primeras.
- ¡Que cansino eres! – exclamó volviéndome a empujar.
Me crucé de brazos y esperé a que me respondiera.
- Desde que te llamó exagerado – susurró. – No quería oír, pero la mujer que hay en mí, no me dejo moverme de mi lugar para volver al bar.
- ¿La mujer que hay en ti? – le pregunté divertido.
- ¡Oh, sí!. Esa mujer que tiende a cotillear, ya sabes cómo somos las mujeres. No nos podemos escapar cuando la cosa se pone interesante, necesitaba saber los detalles escabrosos de vuestra relación y he de decir que me sorprendió bastante que fueras cruel con ella en el instituto, ¡eso no me lo habías contado y tendrás que hacerlo algún día! – volvió a empujarme con sus ojos entrecerrados, solo que esta vez con más fuerza. – Pero que quede claro que si llegabais a las manos, iba a intervenir. No iba a dejar que te estropeara tu preciosa cara – se burló.
- Ella nunca me pegaría – la defendí.
- Claro que no… solo te dio unos empujoncitos como este – volvió a empujarme.
Comenzamos a reír como gilipollas y comenzamos a andar de nuevo hacia casa.
- Leah – musité pasando un brazo por sus hombros.
- Dime – pasó su brazo por mi cintura y apoyó su cabeza en mi hombro.
- Gracias por estar ahí – besé su coronilla.
- De nada chico duro – volvió a burlarse.
Caminamos abrazados como si fuéramos una feliz pareja, hacia las paredes y techo de nuestro hogar.
Hola!
He tenido un pequeño problema de inspiracion... estaba completamente en blanco, pero aun así espero que os haya gustado el capitulo ^^
Gracias a mi BETA tlebd por darme las ideas necesarias para hacer posible este capitulo ;). Te lo dedico PILI! Gracias por las ideas :D
Gracias tambien a Yzza por echarme una mano.
Ahora me pondré manos a la obra con el siguiente capitulo de "En busca de la felicidad", con esa no tengo problemas de inspiracion jajaja.
Gracias por todos vuestros reviews, alertas, favoritos y a los que solo leeis! ^^
Saludos!
