Bueno, aqui estoy de nuevo con otro capitulo.. :)

Disclaimer:Digimon no me pertenece


No quería volver todavía a casa y si volvía al hospital su hermana se daría cuenta de que le pasaba algo, no quería preocuparla y mucho menos hablar del tema, suspiró. Miró a su alrededor y vió el parque en el que antaño jugaba con sus amigos, entró y se paseó, recordando con nostalgia todo vivido entre aquellos árboles y arbustos.

Tras dar unas vueltas decidió sentarse en una banco para deleitarse con el ocaso de aquella tarde, suspiró de nuevo, echó la cabeza hacia atrás ; cerró los ojos, deseaba desaparecer durante unos instantes y que al volver todo hubiera cambiado, quizás sonara patético; pero era lo que más le apetecía en ese momento. Abrió los ojos, la noche había llegado con su manto de estrellas,las observó extasiado hasta que algo llamó su atención.

-Sora- susurró -¿Qué haces aquí?

-Llevo buscándote un buen rato- sonrió.

-¿Qué hora es?

-Son más de las diez.

El moreno se asombró al descubrir que era tan tarde, no había notado pasar el tiempo, miró al cielo de nuevo.

-Te he visto irte del concierto.

-Si bueno, no tenía muchas ganas de estar allí.

-¿Por qué?

-Importa- su voz sonó más dura de lo que hubiera deseado.

-No, claro que no- dijo la pelirroja con un poco de tristeza- Tai...-clavó sus ojos en ella- Te he estado buscando. Necesito hablar contigo, es... sobre mi boda.

Se levantó de golpe enfurecido: -¿Para qué?¿Para decirme lo feliz que será tu vida con él?¿Para decirme que viviréis en una gran casa y tendréis muchos hijos?

-No- la voz de Sora temblaba, nunca había visto ponerse así a su amigo- Simplemente quería hablar contigo, siento haberte molestado- tras decir esto se marchó corriendo.

Tai quiso detenerla; pero no pudo, se sintió fatal por como se había comportado, quería disculparse y lo haría;aunque mejor mañana, con la luz del sol vería de otra forma las cosas, con esta idea en mente volvió a casa.

Por otra parte la pelirroja se dirigía al apartamento que compartía con su prometido, aún no se había casado, el motivo, muy fácil, decidieron esperar a que ella terminara su carrera para que los estudios no fueran un problema; sin embargo hacía ya tiempo que vivían juntos.

Debía apurarse Mimi y Matt la estaban esperando para cenar, la castaña se había empeñado en cocinar ella como compensación de las "molestias" por quedarse allí durante su corta estancia en Japón.

Llegó a su destino recordando la reciente discusión que había tenido con Tai; más ese sería el menor de sus problemas, abrió la puerta y se quedó petrificada ante lo que sus ojos estaban viendo, no lo podía creer, no podía ser cierto, no aquello. Las llaves, resbalándose de sus manos, cayeron al suelo llamando la atención de quienes allí se encontraban.

Salió corriendo sin darle tiempo a que la detuvieran, le dolía mucho haber visto aquella escena que no dejaba de repetirse en su cabeza, le dolía demasiado, la traición, eso era lo que le dolía, le habían traicionado. En su mente solo había un sitio donde quería estar y fue directa hacia ese lugar.

El moreno se encontraba viendo la televisión cuando el timbre sonó, preocupado por la hora que era abrió rápidamente, estaba preparado para todo o casi todo, allí frente a él estaba la chica de sus sueños, con los ojos hinchados por no querer soltar las lágrimas, exhausta por la carrera que había tenido, temblando, aquella visión hizo que se le encogiera el corazón.

-Sora- dijo muy bajo, como si temiera que se fuera a romper si alzaba la voz

-Tai- susurró y sin querer evitarlo se echó a sus brazos soltando el llanto que había aguantando hasta ahora, él la abrazó para reconfortarla.

-No te preocupes, todo pasará- no entendía el por qué había ido a sus casa después de su conversación ni tampoco entendía que era lo qué le había ocurrido, pero algo tenía claro, no podía dejarla sola en ese momento.

Estuvo abrazándola hasta que cesó un poco su llanto, entonces le hizo pasar al salón y sentarse en el sofá.

-Sora, ¿qué te ha ocurrido?- preguntó curioso.

Ella reanudó su llanto: -Él...Ella...yo...tenía dudas...pero...no esto...me han traicionado...-decía entre sollozos

El moreno no entendió una palabra, pero algo lo había quedado claro, fuera lo fueses que lo hubiera pasado le había hecho mucho daño.

-Sora, Sora- le llamó, ella había ocultado su rostro entre sus manos- Mírame- esperó- Sora, dime qué te ha pasado, necesito saberlo, quiero ayudarte, no puedo, no soporto verte así- casi imploró deseando ayudarle

-Está bien- Sora le contó a Tai lo que minutos antes había visto, este se quedó anonadado, le costaba creérselo, la ira y el odio empezaron a recorrer su interior, quería salir ahora y, y...no tenía claro lo que le haría si le encontraba, pero no podía quedarse de brazos cruzados.

Intentó levantarse, pero la pelirroja previendo sus planes le detuvo.

-Por favor- sollozó- Por favor, no me dejes sola...por favor- volvió a reanudar su llanto

Él se sentó de nuevo: -No te preocupes, no te dejaré sola

Allí reconfortada entre los brazos de aquel chico empezó a sentir algo, un sentimiento que hacía ya mucho tiempo que no sentía, un sentimiento que la tranquilizó he hizo que poco a poco el sueño fuera apoderándose de ella.


Bueno que les pareció

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