Harry

No se sorprendió de la reacción de los demás ante su presencia, los muros del laberinto habían impedido saber lo que ocurría en su interior, por lo que nadie los había visto a Cedric y a él después de tocar la copa, ni tampoco antes si nos poníamos en plan quisquilloso; tan sólo lo habían visto aparecer en la entrada del laberinto con el cuerpo de Cedric y contando a gritos sobre el regreso de Voldemort. Al principio le había enfurecido saber que todo el mundo lo tomaba por loco, cuando se enteró de todo en agosto, pero ahora, que había tenido tiempo para digerirlo, no le parecía tan raro, pues sólo estaba su versión, y no había ninguna prueba, aparentemente. Harry tenía claro que Voldemort estaba aprovechando esta situación de negación y difamación del ministerio, y que, seguramente aguardaría para aparecer a que el ministerio los destruyese tanto a él como a Dumbledore, claro que el director ahora mismo no le inspiraba ninguna lástima.

- No se lo pondré tan fácil – Murmuró.

- Amigo mío, hablando sólo, pareces un loco – Oyó decir a Ron.

Aquel comentario hizo que el dormitorio de los chicos de quinto año se quedase en silencio; con los otros tres integrantes mirándolos, más bien lo miraban a él. Sabía lo que opinaba Neville, habían hablado de ello en el expreso, pero ignoraba lo que pensaban Seamus y Dean, aunque por la cara de Seamus nada muy bueno.

- Es lo que afirman los periódicos – Respondió al fin poniéndose las manos en los bolsillos – Además únicamente hacia una reflexión en voz alta; si alguien piensa que como afirma la prensa estoy loco, pues bien por él o ella. También pensaban que yo era el heredero de Slytherin en segundo año o que me iba a morir en tercer año, claro que eso último fue por cortesía de una de nuestras profesoras.

- Ya Harry, ¿pero no te molesta que la gente piense eso? – Preguntó Ron

- ¿Qué sentido tendría enfadarme por lo que opinen los demás?

- No pareces tan loco oyéndote hablar – Intervino Seamus que miraba a Harry con curiosidad, al tiempo que parecía estar en conflicto – mi madre no quería que regresara este año, se cree todo lo que viene en el profeta y bueno...

- Pues tu madre debe ser idiota entonces

- ¡Ron!, eso sobra – Reprendió a su amigo, la verdad no entendía la reacción de Ron.

- Pero Harry, te están llamando chalado.

- Seamus – Dijo Ignorando completamente el comentario de Ron y mirando a su compañero de cuarto – Lo comprendo perfectamente, si te sientes más cómodo guardaré las distancias contigo, será un trato únicamente de compañeros de clase.

- No es eso Harry, es que no sé qué pensar al respecto.

- Entiendo.

- ¿En serio?, pues yo no

Harry prefirió ignorar lo manifestado por Ron, dando las buenas noches antes de correr las cortinas y ponerse a dormir, por mucha rabia que le diese esa situación no podía estar peleando con todo el mundo.

A la mañana siguiente se vistió en cuanto despertó y bajo a desayunar; sus compañeros de cuarto todavía dormían y no había querido despertarlos, era temprano. De camino al gran comedor se desvió hacia la lechucería, había escrito una carta para Sirius y tenía dudas respecto a ciertos temas, le preocupaba no haber visto a Hagrid, sabía que a final del curso anterior se le había asignado una misión, pero al no verlo le preocupaba que le hubiese podido llegar a ocurrir algo. Mientras ataba la carta a la lechuza, a su preciada Hedwig, vio a lo lejos uno de esos caballos esqueléticos que tiraban de los carruajes; Ron y Hermione lo habían tomado por loco en cuanto los mencionó, en cambio Luna sí que los había visto, lo cual no parecía ser suficiente para sus dos amigos a pesar de que para él lo era. Estaba a punto de bajar cuando Cho entró en la lechucería.

- Buenos días.

- H-hola Harry

Se pusieron a hablar de Quidditch mientras Harry ayudaba a Cho a atar bien el paquete que iba a enviar con una de las lechuzas del colegio; acababan de enviarla cuando entró Filch tratando de requisarle el correo diciendo unas cuantas incoherencias sobre bombas fétidas.

- No estoy haciendo ningún pedido de bombas fétidas, pero no se preocupe que si averiguo algo se lo haré saber – Replicó, abandonando la lechucería seguido por Cho.

- Esa ha sido buena, aunque lo has cabreado.

- Imagino.

Juntos bajaron al gran comedor, yendo cada uno a sus respectivas mesas, a Harry no le costó encontrar a Ron y Hermione quienes parecía que nuevamente estaban discutiendo y eso que apenas había comenzado el curso.

- ¿Qué ha pasado?

- Que Fred Y George están buscando cobayas humanas para sus experimentos – Notó la molestia de Hermione en su voz.

- Bueno, ¿y?

- Pues que es peligroso Harry, parece mentira que no lo sepas con lo de las galletas que le dieron a Neville el año pasado o los caramelos como el que le dieron a tu primo haciéndole crecer la lengua.

- Les van a pagar – Objetó Ron

- Esa no es la cuestión, tendré que avisar a Mcgonagall y a su madre si lo hacen.

- Hermione, déjalos respirar – Protestó Ron.

- Tú también eres prefecto Ronald, deberías hacer algo al respecto, actuar con madurez.

- Hermione, si los delatas encontraran la forma de hacerlo igualmente y lo que es peor, sin supervisión; así al menos en la sala común los puedes controlar – Razonó Harry sirviéndose un gran tazón de cereales con leche, cogiendo un vaso de zumo de calabaza recién exprimido y una pieza de fruta – Creo que en lugar de delatarlos deberías hablar con ellos, sin tratar de imponerte, simplemente negociar y llegar a un acuerdo, un acuerdo entre los tres en los que pongáis unos límites claros, de forma que os venga bien a todos.

- Intentaré hacer lo que me has dicho, Harry.

En ese momento, la profesora McGonagall, maestra en trasformaciones y jefa de la casa Gryffindor, se acercó repartiendo los horarios; Harry cogía el suyo en silencio, mirando el lunes, el día en que se encontraban, era un lunes duro: Historia de la magia, Adivinación, Defensa contra las artes oscuras y Pociones. No iba a ser un buen inicio de curso. Terminó su desayuno y fue con Ron y Hermione hasta el aula de historia de la magia, sentándose en primera fila para fastidio de Ron, pero la primera fila era la preferida de su amiga. Ella y Ron iban discutiendo sobre lo aburrida que era la clase y que no quería dejarles copiar los deberes ni pasarles los apuntes porque ellos no los tomaban.

- Yo si lo hago, pero no tan bien como tu; si te los pido es para completarlos.

- Harry, tu no tomas apuntes, haces garabatos en griego con algunas palabras en Inglés; menos mal que no hacer los trabajos ni los exámenes así, sino aún estarías en primero.

- ¿Qué yo escribo en griego?, pero si yo no sé griego.

- Harry, no me tomes el pelo, ambos sabemos que eres mucho más inteligente de lo que demuestras, lo cual me fastidia porque me gusta tener con quien competir académicamente.

- Pero si los apuntes de Harry están en Ingés – Ron miraba raro a Hermione – Y con una letra muy bonita, nada de rallajos como dices.

- Ron, tengo muy mala letra y además sufro de dislexia desde siempre, los apuntes que tu me coges a veces, cuando Hermione te castiga sin los suyos, sol los que he pasado a limpio prestando atención a lo que escribo, por eso me cuesta tanto hacer los trabajos o estudiar, se me da mejor la práctica.

- Lo que yo decía – Confirmó Hermione.

El profesor Binns no tardó en entrar al aula, con su habitual aspecto de aburrido fijándose especialmente en Harry, aunque era algo que había hecho desde primer año, como el resto de los fantasmas, pero sólo Nick y Mirtle le habían hablado. Binns ni siquiera se sabía su nombre, bueno el de ningún alumno en realidad. Sin mediar palabras, ni con ceremonias de por medio, comenzó a dictar la clase, hablando de las guerras de los gigantes.

Al salir de esa clase se dirigieron a Pociones, la tenían con los de la casa Slytherin, lo que hacía las clases bastante insoportables de lo que en principio eran. Al menos había aprovechado parte del verano dando caña a esa materia, que era una de las que más flojeaban, y no porque no le gustase, simplemente no le motivaba. El discurso sobre los TIMO de Snape lo aburró, aun así prestó toda la atención que pudo , por su parte la perspectiva de no tener que volver a Snape tras finalizar el curso le agradaba, pero al mismo tiempo deseaba demostrar a Snape que podía sacar un extraordinario en su materia, no por nada había estado estudiando de antemano, claro que, eso sólo lo podría demostrar en su TIMO de pociones, pues con Snape de profesor esa realidad era imposible, pues sabía que el profesor con sus continúas provocaciones iba a por él, desde que entro en su aula en primer año, ahora sabía que esas preguntas que le hizo no eran del nivel de un estudiante de primer año. Les mandó enseguida hacer una poción, una de las más difíciles del curriculum de quito año, "como no", además había notado que las recetas que ponía en la pizarra eran diferentes de las del libro en algunos aspectos y curiosamente daban mejores resultados. Copió la receta con cuidado para no equivocarse y luego procedió a realizarla, leyendo tras veces cada una de las líneas antes de seguir esa indicación, no le salía la poción tan perfecta como a Hermione, pero al menos le estaba saliendo bien. Etiquetó una muestra de su poción al final, al tiempo que Snape pasaba por su pupitre.

- Pasable Potter, parece que ha decidido dejar de holgazanear; espero que mantenga su empeño en la redacción de las propiedades del eléboro o tendré el placer de ser el primer profesor en castigarlo.

- Si profesor.

Recogieron y se fueron a almorzar; Hermione lo miraba sorprendida, sin dejar de preguntarle como había hecho para mejorar tanto en pociones, Ron en cambio gruñía que tenía hambre; al final, cansado de tanta pregunta, les dijo que mientras todos dormían la siesta él despejaba la mente estudiando. Ignorando sus miradas escépticas, cogió un par de Sándwich del gran comedor y subió hacía el aula de adivinación, molesto por ser cuestionado por sus amigos simplemente por querer aplicarse un poco más en el estudio, se sentó en las escaleras dando la espalda a la entrada al aula y comiéndose tranquilamente su almuerzo, se apoyó en el muro.

- Hola – Escuchó que saludaba una voz, al alzar la mira se encontró con aquella chica que Luna y él habían conocido en la tienda de túnicas.

- Hola Hestia, ¿Cómo te va el primer día?

- Bien, todos son muy agradables

- Me alegro, ¿Vienes a adivinación?

- Si, me interesa conocer el enfoque que le dan aquí; en el lugar donde he vivido hasta entonces se le da mucha importancia a las profecías.

- Mis amigos opinan que son una patraña

- ¿y tú qué opinas?

- No sé qué pensar, las predicciones de la profesora me ponen nervioso; no hay una clase en la que no prediga mi muerte – Le comentó – Aunque hubo una ocasión que fue distinta, puso una voz profunda y áspera y luego no recordaba nada.

- Parece una auténtica profecía.

- Eso mismo dijo Dumbledore, dijo algo de que ya lo había hecho en otra ocasión.

- Por curiosidad, ¿qué profecía era?

- Pues... ¿de verdad quieres saberlo?, no me tomaras por loco o algo por el estilo.

- Es sobre ese mago oscuro, ¿no?

- Si, la verdad es mi culpa que volviese; la profecía lo advertía y yo permití que sucediese.

- Las profecías no pueden eludirse, suceden siempre, más tarde o más temprano; pero acaban ocurriendo y no siempre en términos literales, ¿Me la cuentas?

- Bueno.. "sucederá esta noche, el vasallo por fin tras la espera quedará libre. Siervo y señor se reunirán pronto y el señor oscuro se alzará, más fuerte y temible que nunca".

- No veo en que puede ser culpa tuya, sólo analízala pensando bien en todo lo sucedido, saca esas conclusiones que no te atreves a sacar. Las profecías son ambiguas, y su significado se resuelve tras la búsqueda.

En eso la entrada al aula se abrió, y subieron junto al resto de alumnos que comenzaban a llegar, separándose de ella, se sentaron en lugares alejados entre ellos. A Harry esa chica le caía bien, pero con esa conversación había tenido la ligera sensación de estar hablando con alguien mucho más mayor; apenas escuchó las palabras de la profesora, enterándose que debían hacer un diario de sueños, cosa que no le hacía ni la más mínima gracia.

Al terminar esa clase, fue al aula de defensa con ron, encontrándose a mitad camino con Hermione, sentándose en su pupitre habitual; Umbridge no tardó en llegar, vestida completamente de rosa como en la cena de bienvenida de la noche anterior, parecía un gran sapo rosa. La clase fue literalmente una mierda, la profesora se negaba a enseñar, quería que prendiesen todo leyendo teoría, lo que en sí mosqueó a la gran mayoría de la clase; para Harry estaba claro que Umbridge era peor docente que Lockhart, y eso ya era decir; al final, pese a pretender mantenerse al margen acabó interviniendo, podía soportar que el ministerio negase el regreso de Voldemort, pero no que ensuciasen la memoria de Cedric.

- Cedric no murió por un accidente; es una bajeza hacer pasar su muerte como tal.

- Castigado Potter, toda la semana; y si dice algo prolongaremos el castigo.