Hola.
Aquí estoy con un nuevo capítulo. No muy largo, pero sabroso. Espero...
De nuevo, los persojanes con olor a Tolkien son suyos. Los demás son míos, pero no me llevo dinero con nada de esto. Mejor, que el dinero nos pudre.
Sin más, a leer!
Capítulo siete
El negocio y el odio
El ruido de las calles de Umbar la despertaron bien pronto, pero Isadora no sabía cómo había regresado a su cama después de ver a Rawraq en brazos de Rafika. Lo que si sabía era que su mente no había podido dejar de pensar en ellos, aún en sueños, y mil pesadillas le impidieron dormir relajada. Se incorporó en la cama para mirar por la ventana a través de las rejillas de madera sin saber qué opinar de todo aquello.
Que Rawraq se comportara como un hombre entero suponía que no era un verdadero eunuco. El Jefe de los Eunucos era un hombre que se acostaba con Rafika¿qué significaba eso¿Por qué Nedjwa no lo echaba? Se sonrojó unos segundos al pensar que era obvio por qué lo retenía, no debía ser mal amante. Pero¿lo sabía alguien más¿Podría utilizar aquella información para obtener algún beneficio? Y la pregunta más importante¿sería capaz de mirar a la cara del falso eunuco sin acordarse de la escena?
Meikoina entró, madrugadora como siempre, en la habitación de Isadora para despertarla. Al verla ya sentada en la cama, la apremió para que se vistiera y bajara a desayunar.
-¿Por qué tanta prisa, anciana? -Le preguntó sin ocultar su molestia por la interrupción de sus pensamientos. Meikoina ignoró la sequedad en la forma de hablar de la joven y giró sobre sí misma feliz.
-El Príncipe de la Octava Casa mandó una nota por mensajero pronto en la mañana al ama diciendo que a media mañana deberéis presentaros en su palacio -Le explicó con alegría precipitadamente. Observó cómo Isadora abría los ojos entre interesada y sorprendida sin entender -Eso sólo pueden ser buenas noticias, niña.
-¿Y que quiere de mi? -Preguntó atemorizada Isadora. No quería volver a entregarse a él.
-¿Quién sabe? Sólo Rafika conoce el contenido de la nota y sí ha aceptado a sacarte de aquí para llevarte con el Príncipe, tiene que ser para algo bueno -Meikoina la levantó de la cama, le peinó un poco el cabello y le colocó una capa.
-Bueno para quién...-Murmuró Isadora en tono lúgubre observándose el color del cardenal en su cara.
-Vamos, vamos, has de desayunar y después te vestiremos como a una reina. El Príncipe Juarnai no es un ningún farsante. Su riqueza es incalculable y hay que estar a la altura -Le explicaba mientras la empujaba fuera de la habitación. En el pasillo, Rawraq, como siempre vigilaba su puerta. Isadora lo miró está vez a los ojos buscando algo que le demostrara que era un verdadero hombre. Lo vio más fuerte, más vivo y más deseable que nunca. O tal vez fueran imaginaciones suyas.
OoOoOoOoOoOoO
Las calles de Umbar brillaban a los ojos de Isadora. Todo era más bullicioso y mucho más cercano para ella que el día en que sus secuestradores la llevaron hasta el mercado de esclavos. Comprendía alguna de sus lenguas, entendía la mezcla de gentes y lo mejor de todo es que se sentía como ellos, en parte. Quizá fuera el hecho de ir embozada, dejando ver únicamente sus ojos, o por ir sobre un caballo; pero por unos momentos podía pensar que era libre.
Meikoina le había dejado un vestido precioso, que entallaba su figura, asegurándole que en cualquier tipo de negocio una debía saber venderse. La habían maquillado y peinado con mucho más esmero que el día de su debut. Con emoción Meikoina aseguraba que ese sería el día en que la gondoriana pasaría a ser una figura importante de la historia de la ciudad, el día en que una esclava pisaría el palacio de un príncipe invitada por él. Quién sabe las historias que agolparían en la mente de la anciana.
Meikoina cabalgaba abriendo el paso entre la gente y los puestos del mercado, detrás iba Isadora observándolo todo, sonriendo detrás de su velo. Un cuerpo de caballo más alejado, Rawraq vigilaba que nada les pasase, ayudado por otro eunuco. Algunos habitantes de la ciudad reconocían a la gran Rafika y miraban con interés a la misteriosa gondoriana cubierta con velos. A su paso las mujeres cuchicheaban.
El palacio de la Octava Casa no estaba muy alejado del burdel, pero sí lo suficiente como para no poder ir a pie sin llenarse las sandalias de polvo y perder alguna joya por el camino por gracia de un ratero experimentado. No tardaron mucho tiempo en alcanzar el muro que delimitaba la propiedad.
Nada más llegar, Isadora ahogó un grito de asombro. Era un oasis en medio de la ciudad. Un enorme jardín, lleno de plantas, árboles y animales exóticos precedía al palacio. Allí los recibió un esclavo con un elegante vestido indicándoles que dejaran los caballos. Le siguieron por un pequeño camino de tierra bien apelmazada hasta las puertas del palacio. Cada piedra blanca brillaba con el sol de la mañana creando la sensación de que el palacio era de mil colores, las columnas que sostenían los muros exteriores se vestían con una frondosa hiedra verde y las palmeras daban sombra en puntos estratégicos de la gran casa.
-Esperad aquí -Les indicó el esclavo y salió de un enorme salón de mármol decorado con alfombras en el suelo y mullidos cojines. Una pequeña mesa de té presidía el centro de la sala. Rafika sin pensarlo se sentó al lado de la mesa y le hizo un gesto Isadora para que la imitara. Rawraq se quedó de pie cerca de la puerta, bastante que a él le dejaban estar allí.
-¿Qué es lo que hacemos en este lugar? -Isadora ya no pudo controlar su curiosidad y le preguntó a la mujer. Rafika la miró con calma.
-No sé más que tú -Le respondió simplemente y se quedó mirando al frente esperando con paciencia. Pero Isadora no pensaba quedarse tranquila con esa respuesta.
-¿Cómo que no sabéis¿Y la nota?
-La nota no decía nada, simplemente nos pedía que viniéramos -Isadora chasqueó la lengua contrariada sin creer las palabras de su dueña -Compórtate y no hables. Ya lo haré yo.
Isadora paseó su mirada por la sala ignorando a la señora, hablaría cuando ella lo creyera necesario y punto. Sus ojos se posaron sobre la figura imponente de Rawraq inmutable al lado de la puerta. Disimuladamente observó a Rafika también. Ninguno de los dos parecía tenso o incómodo por estar en la misma habitación, lo que le hacía pensar que la escena de la noche anterior era habitual.
Odió, aún más, a Rafika por profanar lo que consideraba que era suyo. Rawraq era su cuidador, Rawraq la había salvado del Príncipe Juarnai. Rawraq la había cuidado con un cariño imposible en un hombre tan rudo y seco. Rawraq era suyo, porque lo deseaba.
Parpadeó sorprendida al descubrir sus sentimientos y se mordió el labio, sonrojada con la respiración agitada al recordar al falso eunuco limpiando sus heridas. En ese momento, entró el Príncipe Juarnai que confundió la agitación de Isadora con nerviosismo por su presencia y, altanero, se sentó a su lado.
-Sois puntuales -Sonrió el muchacho fijando su mirada negra en Isadora.
-Mi señor, -Rafika agachó la cabeza sumisa. Isadora la imitó sin mucha convicción, pensando qué debía hacer con sus sentimientos hacía Rawraq -la curiosidad por su llamada nos hizo ser rápidas.
-Por supuesto que sí -Rió Juarnai y sin ningún tipo de remilgo se sirvió a sí mismo una taza de té -Sois directa, Rafika. Yo también lo seré -Paladeó el té con calma saboreando la expectación que estaba causando en ambas mujeres. Al fin y al cabo, Juarnai era un muchacho acostumbrado a ser el centro de atención -Una gran noticia recorre los mercados de esta ciudad. Quizás ya la sepáis: una caravana de gondorianos en representación del Rey Elessar se encamina hacia Umbar.
El gesto de sorpresa de Rafika y su posterior parloteo incrédulo, sorprendieron al príncipe. La dueña del burdel era un mujer con una gran telaraña de influencias a su alrededor por lo que no solía sorprenderse con ningún tipo de noticia. Juarnai desconfiaría de ella si no fuera porque en aquel instante su asombro era verdadero. Con una mirada a Isadora le fue suficiente para saber que la gondoriana ya estaba al tanto y que por alguna causa no se lo había comentado a su señora. Nunca había visto una esclava tan independiente, por eso la necesitaba.
-¿Una caravana¿Gondorianos aquí¿Por qué? -Rafika se inclinó hacia el Príncipe muy interesada, los ojos brillantes y su mente en ebullición.
-Vienen a reestablecer la paz con nosotros -Le explicó a la dueña del burdel con paciencia. Isadora los observaba impasible, estudiando al príncipe en busca de su opinión sobre la noticia -Varios mensajeros se han cruzado en estos tiempos. El Rey Elessar está muy interesado en la convivencia entre ambos pueblos y como golpe magistral ha decidido establecer negociaciones en nuestro territorio.
-Elessar es un hombre inteligente -Comentó Isadora, entrando por primera vez en la conversación. Recibió una mirada censuradora por parte de Rafika, pero le importó poco.
-En eso estamos de acuerdo, mi "bella gondoriana". Es muy astuto al negociar fuera de sus terrenos, dándonos a nosotros el protagonismo. Al fin y al cabo, somos los perdedores en toda esta historia -El Príncipe se acomodó en sus cojines bajo la mirada apremiante de Rafika que buscaba más respuestas -se humilla, para no humillarnos. Buena estrategia.
-Sois tan arrogante que no entendéis la humildad de los grandes regentes -Escupió Isadora con dureza y a la defensiva.
-Cállate, Isadora -Replicó Rafika con dureza. Isadora bajó la cabeza reprimiendo una mala contestación.
-No, dejadla, es justo lo que necesito -El Príncipe Juarnai le tomó la mano a Isadora obligándola a mirarlo. Rafika cerró la boca contrariada -Necesito una gondoriana que me explique las costumbres de su pueblo. No los entendemos, ni ellos a nosotros. Necesitamos un puente si queremos llegar a un acuerdo -Isadora abrió los ojos con sorpresa ante las palabras del Príncipe -Y ese puente eres tú.
-No podéis mostrarla a los embajadores. Ella es una esclava, eso es lo primero que no entenderán -El tono duro de Rafika acompañaba a su gesto severo. Se había erguido y apretado los labios con rabia.
-Isadora trabajará en la sombra. Necesitamos consejos para tratarlos, no mostrar un estandarte de nuestras costumbres más arraigadas y que ellos no entenderían.
El alivio de Isadora era evidente. Saber que no tendría que entregarse de nuevo al Príncipe le quitaba parte de angustia. Pero Rafika no parecía nada contenta, incluso parecía recelosa y miraba con desconfianza al Príncipe sin ocultarlo.
-Hablemos claramente de negocios -Ya sin modales corteses, Rafika se había convertido en una mujer de hierro frío e indestructible -¿Cuáles son las condiciones?
-Por supuesto, Rafika. Dos veces por semana Isadora deberá venir a este palacio y asistir a las reuniones con los generales. Se le harán preguntas sobre su pueblo y se le escuchará con atención.
-No vendrá sola -Advirtió Rafika anteponiéndose a cualquier deseo de alguno de los generales.
-Calma Nedjwa¿no creerás que voy a dejar a mi protegida sola frente a las garras de viejos coroneles insatisfechos? Yo personalmente me encargaré de que nadie la toque.
-Rawraq vigilará que tú no la toques, tampoco -Isadora miró sorprendida a Rafika, había pasado de la sumisión total a la exigencia frente a uno de los Príncipes más poderosos de Umbar y él, se reía a mandíbula batiente.
-Es estupendo hacer negocios contigo, Rafika Nedjwa -El Príncipe acabó su té -No os preocupeis por el dinero. Recibiréis una buena cantidad -Se levantó dando la reunión por terminada. Antes de irse se giró un momento hacia Isadora -Nos vemos dentro de dos días, "bella gondoriana".
Isadora bajó la cabeza sin saber qué pensar de todo ese asunto y Rafika asintió sin dejar su gesto duro. El Príncipe abandonó la sala sin despedirse, dejándolas solas en silencio. Al momento apareció el esclavo que las recibió para acompañarlas a la salida.
Rawraq había presenciado toda la conversación de pie sobre la puerta y había temido por la seguridad de Isadora entre los viejos generales. Asistió aliviado a la petición de Rafika. Él mismo vigilaría a la gondoriana y aquel pensamiento consiguió que esbozara una pequeña sonrisa.
Rafika cabalgaba de nuevo entre las calles de Umbar haciendo cálculos mentales sobre el beneficio en aquel negocio. Haciéndose a la idea de que la reunión no había salido como ella esperaba. Metida en sí misma, murmurando alguno de sus pensamientos en voz alta. Así continuó cuando llegaron a la casa y se encerró en su despacho del que no salió hasta el anochecer.
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-¿Y bien? -Meikoina no le dejó ni sentarse en la mesa de las cocinas y refrescarse con un poco de agua -Cuéntame no me dejes en ascuas, niña.
-¿Está Morgan en la casa? -Preguntó la gondoriana sin tener en cuenta a la anciana.
-En su cuarto -Isadora giró la cara hacia Rawraq, de nuevo convertido en su sombra.
-¿Podrías ir a buscarla? -Él simplemente asintió, aunque hacer de recadero no entraba dentro de su cometido. Isadora tomó algo de fruta para aplacar el hambre.
-¿Me vas a contar? -Le gruñó Meikoina.
-Cuando venga Morgan, no voy a repetirlo -Isadora se concentraba en entender cómo afectaba su nuevo trabajo a los planes de huida. No sabía hasta qué punto aquello le beneficiaba, pero sí sabía que algo tenía que urdir para escapar de esa situación.
Morgan entró en la cocina con rapidez, ansiosa a su manera por saber las nuevas. El aviso de Rawraq la había pillado en medio de su sesión de aseo matutino y no tuvo tiempo de peinarse adecuadamente, de modo que sus rizos rojos largos hasta la cintura flotaban en el aire libremente. Si no fuera por sus manos encallecidas, sus finas arrugas de preocupación y su tristeza casi permanente, Morgan parecería una de las Valar del otro lado del Mar.
-El príncipe desea que le explique las costumbres gondorianas -Resumió Isadora una vez acomodadas en la mesa. Morgan le hizo un gesto al eunuco para que las acompañara y está vez no opuso reparos. Sin pensarlo se sentó al lado de Isadora consiguiendo que ella se tensara.
-¿Sólo? -La cara de Meikoina no ocultó su contrariedad -Pero vas a pasar a formar parte de su harén¿verdad?
-¿Qué harén? -Isadora no supo a qué venía eso. La contrariedad de la anciana aumentó. Antes de que pudiera decir nada Morgan la interrumpió.
-Puede que el Príncipe todavía no esté buscando heredero, Meikoina -Morgan apretó el brazo de la anciana afectuosamente -Explícate Isadora. ¿Es porque vienen los embajadores?
-Sí, necesita un puente para evitar los roces entre pueblos. ¿Qué significa eso del heredero?
-El Príncipe dentro de poco necesitará una mujer que le de un heredero -Explicó Meikoina compungida -Pero sí no te ha ofrecido eso, Rafika estará furiosa.
-¿Por qué?
-Existía la posibilidad de que el Príncipe quisiera comprarte. Iré a ver a la señora por si necesita algo -Meikoina se levantó y salió de las cocinas sin que nadie se lo impidiera. Isadora estaba demasiado asombrada como para replicarle.
-Isadora, -La voz grave de Rawraq la sacó de sus pensamientos y lo miró aprensiva, sin saber que era lo que podía decirle aquel hombre seco y rudo. El rubor coloreó sus mejillas al recordarlo sudoroso en la cama de Rafika -no intentes escapar aprovechando el momento.
La advertencia enfureció a la gondoriana que frunció el ceño, olvidándose de su deseo por el hombre. Se reprendió a si misma por permitirse sentir algo por él, cuando era su carcelero. Él la retenía ahí, el obediente esclavo de Rafika. Ambos amantes la recluían en esa casa.
-Ya sabes, Rawraq: Tú haz tu trabajo -Entre dientes, Isadora habló furiosa -que yo haré el mío.
-Tú mantienes esta casa y nuestros puestos, Isadora. Haz algo por los demás -Gruñó el falso eunuco, después de notar cierto matiz irónico en las palabras de la gondoriana. Isadora levantó su mano dispuesta a golpear al hombre por atreverse a llamarla egoísta.
-¡Basta! -Morgan interrumpió con su poderosa voz, la pelea antes casi de que comenzara. La mano de Isadora se quedó a medio camino y Rawraq, que no había movido un músculo, le bajó la mano con cuidado. Isadora reprimió un escalofrió -No estamos aquí para discutir -Morgan se levantó de la mesa y se alisó el vestido con calma para luego fijar su mirada en Rawraq. La fiereza de sus ojos asustó a Isadora, pero no pareció afectar al falso eunuco -Nuestro deber, Rawraq, es huir. No somos esclavas, lo sabes desde que nos viste. No podrás impedirlo y en tu mano está unirte a nosotras.
Después de su breve discurso, Morgan se fue. Isadora la observó marchar anonadada. La pelirroja había realizado la perorata más larga desde que ella la conocía, acababa de tomar partido por la huida y se había enfrentado al bando contrario. Esa determinación consiguió que Isadora pasara a tener en más alta estima a Morgan dentro de su corazón.
De repente, le preocupó que Rawraq traicionara a la pelirroja y le contara sus palabras a Rafika. Eso sería terrible para Morgan. Miró a Rawraq analizándolo. El hombre permanecía en silencio con la mirada perdida y la mente lejos. Isadora decidió alejarse de él y de su olor tan perturbador.
-¿Soltarás tu lengua delante de Rafika? -No pudo evitar advertirle al hombre que ella también estaría alerta. Rawraq parpadeó unas cuantas veces volviendo a la realidad y observó a Isadora curioso. Había algo en su tono que le resultaba amenazante, más que la pregunta en sí -Un jefe de seguridad está siempre muy unido a su alto mando.
Ahora sí, el tono de Isadora no ocultaba la ironía. Rawraq la retuvo agarrándola de la muñeca antes de que la joven se alejara. Se levantó de la silla en la que estaba sentado y la enfrentó sacándole dos cabezas. El olor tan característico del eunuco envolvió a Isadora haciéndole temblar las piernas. Tragó saliva al ver que se acercaba a ella con el ceño fruncido y la mirada negra.
-Qué significa eso que has dicho -No fue una pregunta, sonó a mandato susurrado cerca de su cara. Isadora respiró fuerte, perturbada por la cercanía de Rawraq, ahora ya sí quedaba claro. Lo deseaba. Pero no iba a permitir que hiciera con ella lo que a él le diera la gana.
-No confío en ti -Le susurró ella también y violentamente se desembarazó del agarre del eunuco. Sin más se fue a su habitación, más bien huyó, mareada por sus propios pensamientos. Un segundo más y se hubiera lanzado a sus brazos.
Rawraq no hizo ningún gesto al escuchar las palabras de la joven, pero muy dentro de él aquello dolió. La siguió hasta su habitación por la fuerza de la costumbre y en cuanto pudo se marchó a su alcoba en busca de la calma que su cachimba le proporcionaba.
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-He notado que tienes mucha confianza con Rawraq -Isadora organizaba con Morgan la reserva de hierbas de la pelirroja. Habían desplegado todas las hierbas en las mesas de las cocinas consiguiendo que los demás esclavos las miraran extrañados.
-No tanto -Morgan no despegó la mirada de la manzanilla, buscando gusanos o mohos que la pudrieran antes de meterla en un pequeño saco.
-¿Por qué le dijiste todo eso, entonces?
-¿Todo qué? -Un matiz en la voz de Morgan advertía que la mujer no tenía muchas ganas de hablar, pero Isadora lo ignoró deliberadamente.
-Todo eso de escaparnos y que no podría impedirlo. ¿Por qué lo hiciste si no confías en él? -Morgan dejó a un lado su trabajo para mirar a la gondoriana.
-No te creas que Rawraq es tonto, Isadora. Él no necesita que le diga cuál es tu mayor ambición -Isadora entrecerró los ojos recelando de Morgan. ¿Acaso ella sabía cuál era su mayor aspiración? Nada podía saber de su venganza aplazada.
-Podría decírselo a Rafika -Respondió la gondoriana pasado un rato -Y eso no sería bueno para ti.
-Es mi palabra contra la suya, Isadora. Rafika no tiene por qué creer a uno y al otro no.
-Confías en ambos demasiado -Gruñó enfadada la chica guardando de mala manera las hierbas en los sacos -Quizás Rawraq sí tenga cierto poder sobre Rafika.
-Rawraq no es un mal hombre, Isadora -El tono de Morgan era conciliador. Pero la joven no estuvo de acuerdo con la pelirroja.
-¿Cómo lo sabes? -Le increpó.
-¿Por qué confías en mi? -La pregunta consiguió frenar el malhumor de Isadora. Se quedó callada pensativa y volvió a su quehacer con las hierbas.
-Me cuidaste -Repuso Isadora al cabo de un rato.
-Eso no quiere decir nada. Me obligaron a ello.
-No, Morgan. Lo hiciste obligada, pero en tus ojos había ternura -Isadora dejó lo que hacía para mirar a la mujerona fijamente. La pelirroja sonrió levemente.
-Busca más profundo dentro de Rawraq. Si lo viste en mi, lo verás en él -Le aseguró Morgan, pero Isadora arrugó la nariz incrédula.
-¿Quién es Rawraq? -Preguntó sin poder evitar pensar que Morgan conocía a ese hombre. La mujer chasqueó la lengua sin dejar su trabajo.
-No debo ser yo quién te lo cuente. Pregúntale a él
-Sí, claro -Respondió Isadora con el tono muy claro de que sería lo último que haría en su vida.
Como acudiendo a alguna llamada, el jefe de los eunucos apareció en las cocinas buscando algo de comer. Desde la pelea en ese mismo lugar el día anterior, Rawraq intentaba permanecer alejado de Isadora y cuando la cuidaba observaba sus movimientos, receloso. Isadora suponía que era por la amenaza de huida lo que inducía su actitud, pero en realidad el temor del eunuco era otro. Y tenía que ver con sus noches en la cama de Rafika.
La cocinera le dio un poco de carne seca en sal y algo de fruta al eunuco que se sentó a comer sin decirles nada a las mujeres. Isadora lo observó detenidamente, sintiendo de nuevo las piernas flaquear. Respiró hondo y continuó su trabajo intentando ignorar la presencia del falso eunuco.
Rawraq tardó poco en comérselo todo y después de beber un poco de vino de una tinaja cercana se acercó a Isadora. La joven se estremeció por su cercanía, pero mantuvo el tipo, impasible.
-Mañana he de llevarte al palacio del Príncipe. Iremos pronto - Rawraq no esperó la contestación y se fue Isadora musitó un "está bien" poco convencido sin mirarlo. La cocina se quedó vacía tras su marcha, a pesar de estar repleta de esclavos trabajando.
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Isadora, oculta tras un velo, asistía en silencio y en un lateral de la sala a la discusión que en ese momento se desarrollaba entre los generales encargados de defender Umbar, los regentes del resto de las siete casas y el Príncipe Juarnai. Inconscientemente, estudiaba a los participantes apuntando sus filias y sus rechazos, esperando pacientemente su turno para hablar.
El Príncipe, nada más llegar, le había advertido que hablara únicamente cuando él le diera paso. Le explicó que ya no estaba en el terreno alegre y distendido del burdel. Allí, lo que se decía implicaba al individuo y cada comentario era tomado muy en cuenta. Isadora no necesitaba esas advertencias, conocía su situación en aquel lugar y permanecería callada hasta que le preguntaran. No necesitaba perder la vida, no todavía.
El Príncipe observaba en silencio, también al resto de asistentes a la reunión. Los miraba con los ojos entrecerrados, asumiendo ese papel de bobalicón inexperto al que todos estaban acostumbrados y que Isadora había descubierto como falso.
Juarnai no era ni tonto, ni inexperto, a pesar de que ella misma lo juzgara así al verlo por primera vez. Aunque nunca lo reconociera en público, la gondoriana sabía que aquel muchacho jugaba con su aspecto para ocultar una mente inteligente y de paso aislarse de los aduladores. El hecho de tenerla allí para desarrollar su estrategia y obtener algo de paz con los gondorianos, resultaba clarificador en ese aspecto.
Aquellos hombres importantes discutían sobre los embajadores gondorianos entre sí ignorando al Príncipe de la Octava Casa, que recientemente había asumido el poder ahora que su padre estaba enfermo. Un terrible error para ellos, porque Juarnai escuchaba y tomaba notas, estableciendo su propio criterio. Elaboraba un discurso meditando cada punto de vista de los asistentes, aunque en esa ocasión no sería él el orador.
El Jefe de la Cuarta Casa ofendido hizo el amago de levantarse, pero fue impedido por el de la Primera que presidía la mesa donde tomaban el té mientras discutían. Los demás guardaron silencio ante tal gesto. El Jefe de la Primera Casa de Umbar tenía el porte de un líder y la autoridad suficiente para dominar a los poderosos del resto de las casas. Pero, aunque esto no lo supiera nunca Isadora, su opinión sobre los temas políticos quedaba en manos del mejor orador.
Es decir, aquel hombre grave, de mirada fiera y hombros anchos, no conocía más dialéctica que la de una buena cimitarra. Adoraba su canto y el sonido de las batallas, mas en las aburridas reuniones con sus congéneres permitía que se lucharan entre ellos por darle la razón más válida que consiguiera convencerlo para hacer tal o cual ley.
-Ya habéis hablado todos -Dijo al grupo mirándolos fijamente - Todos, excepto, el Príncipe de la Octava Casa. Estáis muy silencioso, Juarnai -El muchacho se incorporó de entre sus almohadones y desplegó una sonrisa bobalicona acompañada de un pequeño brillo de astucia en los ojos.
-Mi señor, -Isadora observó ligeramente admirada lo calculado de la estrategia de Juarnai. Asumiendo una sumisión total, habló con voz suave. El Príncipe llegaría lejos en la política de esa ciudad. Aunque no era un tema que le importara mucho, Isadora decidió aprender el arte de la sutilidad observando a Juarnai -ya conocéis mi opinión sobre la llegada de los embajadores de Gondor. La paz sería una buena oportunidad para hacer negocio con ellos y aumentar las riquezas de la ciudad.
Gran parte de los allí presentes se movieron inquietos en sus lugares, en total desacuerdo con el joven, pero no dijeron nada por respeto al Jefe de la Primera Casa. Sin embargo, él mismo parecía rechazar esa posibilidad.
-Sería aceptar nuestra derrota en la Guerra del Anillo -Expuso lacónico.
-Pero traería riqueza a estas tierras. Ellos vendrán a negociar y nosotros les sacaremos la idea de poseer el puerto de Umbar -Un asentimiento general le dio la razón, aunque a muchos de los presentes les costara -Sólo con la palabra del Rey Elessar de no volver a ocupar el puerto habríamos ganado mucho más que en toda la guerra.
-No entenderán nuestras peticiones -Se quejó el Jefe de la Séptima Casa negro como la pez y con un extraño aro colgando de su nariz -¿Quién hablará con ellos y les hará entender?
-Nosotros, sin ninguna duda -Juarnai se irguió y los miró fijamente. Después giró la vista hacia Isadora sentada en una esquina con las manos sobre el regazo -Por eso, ella nos ayudará a tratarlos.
-¿Una puta? -El seboso general con dificultades respiratorias que había asistido a alguna de las fiestas del Príncipe habló arrugando la nariz con desprecio. Isadora contuvo su lengua y su mano para evitar abofetear al hombre, en cambio miró a los hombres con arrogancia. Aún cuando su cara estaba oculta por el velo, sus ojos desplegaron su odio por ellos y los hombres de la sala lo notaron. Algunos observaron la situación con diversión.
-¿Esta es la gondoriana de Rafika? -Al Jefe de la Primera Casa le había resultado graciosa la situación. Juarnai asintió con una leve sonrisa.
-Mi bella gondoriana, ha aceptado enseñarnos las costumbres de su pueblo e incluso, tal vez, pudiera mostrarnos algunas palabras en su lengua -El Príncipe se levantó y se dirigió hacia ella, alargó un brazo para ayudarla a ponerse en pie. Después la condujo hasta unos cojines cercanos a la mesa y se sentó a su lado.
-Ella es una revolucionaria, mi señor -Aseguró el general seboso. Isadora miró un segundo a Juarnai esperando su venia para poder hablar a su antojo. El príncipe asintió levemente con la cabeza dejándole el campo libre -De su boca sólo salen serpientes venenosas.
-Con vuestro permiso, general -La joven nunca se había escuchado con una voz tan firme y autoritaria como en aquellos momentos. Sin embargo, se encontró a gusto en su papel de diplomática -No hay revolución en los ideales con los que fui criada -El general guardó silencio obligado por el Jefe de la Primera Casa. El resto de participantes obedecieron también, a pesar de sus muestras de disgusto -Allá, hombres y mujeres son libres de opinar sin que su lealtad al rey se vea perjudicada. No creo que hubiera un alma capaz de rechazar al hombre que los salvó de la masacre.
-Aquí también existe libertad. No hay mayor mezcla de gentes que en esta ciudad y todos convivimos sin problemas. Todos opinamos como queremos y somos leales al Jefe de la Primera Casa.
-Primer error, mi señor -Isadora se irguió aún más entre los cojines -Si después de debatir, llegáis a la conclusión de que deseas la paz, no alardeéis ante ellos de una libertad que no cumplís o si no deberéis esconder a vuestros esclavos.
A las palabras de Isadora, le siguió un murmullo ensordecedor de réplicas enojadas y vehementes. La joven guardó silencio con paciencia esperando a que se calmaran. Sus enseñanzas no habían terminado todavía. A su lado, en el sitio que no estaba ocupado por Juarnai, un hombre negro como la noche permanecía impasible ante todo lo que ocurría en la sala.
Hacía tiempo que Isadora había dejado de buscar en cada piel oscura el objeto de su venganza, sin embargo, esta vez, un reflejo en uno de los brazaletes del hombre azuzó su curiosidad y lo observó detenidamente mientras los demás debatían sus palabras. Un nudo en la garganta y un dolor en el corazón tan profundo como el de una puñalada se apoderaron de ella a medida que recorría la figura del hombre con la mirada. En cualquier lugar, en cualquier momento; Isadora podría reconocer al asesino de sus padres, al destructor de su vida y ahora lo tenía tranquilamente sentado a su lado.
Olvidándose de su por qué en aquella sala, agradeció que el Jefe de la Primera Casa diera por terminada la reunión -cansado ya de tanta palabrería-. En aquel momento sólo existía un pensamiento: La venganza.
Sin saber cómo se encontró de camino al burdel siguiendo la figura de Rawraq y respirando agitadamente, ahogándose por el odio acumulado. Se reprendía por no haberlo matado en aquel preciso instante en que lo vio. No le importaba su propia muerte después de aquel acto. Pero, al verlo, de nuevo revivió el ataque a la aldea y el miedo se apoderó de ella.
Se sintió mareada al llegar a la puerta del burdel, las piernas le flaquearon al bajar del caballo, sin pensarlo se apoyó en Rawraq. El falso eunuco observó preocupado la palidez de la joven, su temblor y, antes de que pudiera hacer nada, Isadora cayó al suelo desmayada, bañada en un sudor extraño.
OoOoOoOoOoO
Continuará...
