Eran como las tres de la madrugada, después del repentino desmayo de Rukia. Esta no despertó, menos presento señales de despertar pronto (según cree él, recuerden que la morena despertó llamándolo. Cuando nadie estaba en la habitación de la paciente), Ichigo, decidió ir por un café. No se encontraba en las mejores condiciones, ha decir la verdad estaba con sueño, preocupación y algo de amargura por no poder hacer nada para despertar a Rukia. Fue directo a la maquina de café que, estaba cerca de donde tenían a Rukia, saco un vaso y lo coloco bajo el pico de la aparato, cuando el envase se veía lleno, lo agarro y comenzó a caminar sumergiéndose en sus pensamientos. Esto duro poco tiempo, puesto que un hombre de cabellera negra venia corriendo a toda marcha, ha un sabiendo que se encontraba en un hospital, y siendo él, el director de ese prestigioso sanatorio. El pelinegro se prendió de los hombros de su hijo, para no caer por el cansancio. Su primogénito lo observaba, con una ceja alzada de la sorpresa y una mueca de con función en la actitud de su padre, nunca lo había visto tan desesperado. Sin esperar lo que paso después. Ishin agarro del brazo a su hijo y lo arrastro, hasta la habitación de Rukia. El ojimiel observaba atónito la imagen que, tenia frente a sus ojos, una Rukia sentada en la cama comiendo, la comida que fue puesta ahí por Unohana.

Ella al sentir que la puerta se abrió bruscamente, dejo de comer y se concentro en ver quien fue el culpable de tan tosca forma de abrir la puerta. La ojivioleta miro sorprendida a las personas que acababan de entrar, ambos cruzaron miradas, al encontrarse por casualidad cuando ella dirigió su vista al lugar donde se encontraba el. Un destello muy intenso se notaba en la mirada de ambos, se transmitían un calor intenso y amor, una sonrisa torcida se asomo de la boca de Ichigo, dirigida solamente a su querida morena. El señor Kurosaki, le dio un pequeño empujón ha Ichigo para que se le acercara. El Kurosaki mayor sobresalió de la habitación al sentir que estorbaba.

-¿Qué me paso?- inquiero la ojivioleta, mientras cruzaba una mirada mas profunda con el chico frente a ella.

-Te desmayaste y te trajeron de urgencia al hospital-contesto a la pregunta de su novia, con la cabeza gacha-. Nos pegaste un buen susto a todos, Rukia.- habló. Acercándose a la ojivioleta, la abrazo; sin embargo se separo un poco para depositar un beso casto en los labios de la susodicha.

-Lo siento, no era mi intención hacerlo. Sabes que en un momento así necesito sentirme atrapada entre tus brazos, Ichigo Kurosaki.-enuncio la chica, aferrándose al pecho de Ichigo, para luego dejar que sus pequeñas manos viajaran por la espalda de su amigo y, para luego terminar enredados su cuello, del chico. Ichigo se sonrojó al sentir que después, las manos de la morena se ubicaron en su retaguardia, haciendo que este ganara un color carmín en sus mejillas. Esto le resulto muy gracioso a Rukia. El peli naranjo podía ser tan inocente algunas veces.

-Vaya, vaya parece que el pequeño, Ichigo sigue siendo tan inocente. Como antes- manifestó la chica en tono burlesco. Le era de mucha gracia ver a su novio sonrojado. Hasta que decidió seguir con su juego-. Al parecer mío, Kurosaki Ichigo, sigue siendo un niño cobarde, miedoso, tonto, sin modales y sonso. Igual que de niños, ¿te acuerdas, Ichi? ¡Oh, es que el gran capitán del…¡¿Ichigo, que estas…- cuestiono ha medias la morena, pero que interrumpida por unos labios que se posesionaron de los de ella. Sus labios se derretían. Al sentir los labios de Ichigo, eran tan dulces que se dijo llevar y le correspondió de una manera, bastante irregular en ella. Los labios del peli naranjo eran y son una adicción, como una droga que jamás, jamás dejaría de consumir. Eran suaves, tiernos, dulces; y un momento de adjetivos más se le estaban ocurriendo, pero es mejor que no se dejaran llevar.-Espe…espera, Ichigo-hablo enojada, apartando al chico bruscamente y rompiendo así el contacto de sus labios. La ojivioleta al usar sus pocas energías, se comenzó a sentir débil nuevamente. Causando que casi callera fuera de la cama, pero Ichigo la agarro velozmente y la acostó de nuevo con mas suavidad, para que descansara y recuperara fuerzas.

-Rukia, seria mejor que descansaras. Me voy.- sopló el ojimiel, ya cerca de la puerta. Sin embargo, se le ocurrió una idea. Que haría enojar a Rukia.- ¿no crees que tendrías que mejorar tus besos, Rukia? ¿O es que acaso yo tengo que hacer todo?-comentó en tono burlesco el capitán.

Justo como él quiso. Rukia reacciono ante las palabras de su pareja, agarrando así lo primero que tenía a mano y lanzándoselo. Para mala suerte de esta, el moreno logro esquivarlo, al cerrar la puerta antes de recibir el proyectil, se volvió a abrir la puerta y esta vez tiro de nuevo, pero le erro, porque, la comida que tenia el plato, fue a estrellarse en la cabeza y cara del padre de Ichigo, el doctor Ishin Kurosaki.

-Te dije, que...señor Ishin. Lo siento mucho, trate de darle a su bobo e inmaduro, hijo.-explico la joven algo roja de vergüenza, por sus acciones.

-No hay problema, Rukia. Todos sabemos lo idiota que puede llegar ha ser Ichigo.-comentó el padre de Ichigo causando la risa de ambos.

-¡Ja, ja!...es cierto. Igual lo quiero tal y como es.

-Espero que, pronto me den una sorpresa de que estas esperando un hijo y, nieto mío, Rukia.-dijo el pelinegro haciendo que las mejillas pálidas de Rukia se tornaron rojas intensas.

-Señor Kurosaki, no diga esas cosas tan vergonzosas.

-Disculpa, Rukia. Pero no puedo evitar la idea que alguien te separe de mi hijo. Eso es todo.-hablo el mayor de los Kurosaki. Sentándose en la cama y tocando la cabeza de Rukia.-Tu sabes que, eres parte de nuestra familia. Y por eso Yuzu y Karin están afuera con Ichigo queriendo verte. Desde hace varias horas.

-Gracias. Me alegra saber que soy considerada miembro de su familia.

-Bueno, Rukia. Tengo que llevarte a hacerte algunos estudios. Ya que los últimos dieron, que tienes una mala alimentación, y, tal vez alcanzando la anorexia, pero no tan grave y puedes curarte si te alimentas. Ahora te mantendré alimentada con el suero por unos días y, si, no te sube la cantidad de glóbulos blancos, la razón es porque tienes anemia.

-De acuerdo, señor Kurosaki.

El pelinegro se marcho a buscar a una enfermera para que preparara a Rukia para sus análisis. Pero antes tenia que llevar a sus pequeñas a cas, para su suerte Ichigo estaba aun ahí.

-Padre, ¿y como quedo, Rukia?- consulto repentinamente, mientras se levantaba de la silla, en la cual estaba sentado hace unos segundos.

-Pues el asunto no es tan grave, como te había dicho y, sé lo dije a ella.

-Una cosa, Ichigo.

-¿Qué?

-¿Podrían pasar la noche en tu departamento, Karin y Yuzu?

-Si, no hay ningún problema.

Ichigo, le conto a sus hermanas que tendría que llevárselas con él. Las mellizas en seguida lo agarraron de la mano y fueron al estacionamiento donde se encontraba estacionado el auto del peli naranjo (fue traído por Ishida después del accidente con Rukia). Karin se durmió en la parte trasera. En cambio, Yuzu, observaba como su hermano conducía. Tomo en cuenta que continuaba preocupado por la situación actual de Rukia. Trato de subirle los ánimos a su hermano cantando una canción que, su madre les cantaban cuando el y Rukia se peleaban. O ellas lloraban al lastimarse.

Cuando el crepúsculo desciende,

veo el color del cielo…

resplandeciendo en la orilla del agua,

un viento suave…

me da el tiempo para mirar el cielo.

Y mi corazón, que los tristes

sucesos mancharon de azul.

Yo repintaré con la pintura del ángel…

como lo desee.

-¿Yuzu, esa canción?- cuestiono volteando su cara por completo para ver la de su hermana, ¿se trataba de una broma acaso? Era la voz de su madre la que cantaba la canción ¿o la de su hermana?

-Si, hermano esa canción, es la de mamá.- proclamó su hermana feliz al notar una pequeña sonrisa, pero no tan visible, en el rostro de su hermano mayor.

-Hace mucho no escucho esa canción, mamá solía cantarla cuando pasaban cosas malas. Pará ser claros peleas, sus llantos en la noche y mis riñas con Rukia, en especial.

-Extraño mucho, ha mamá, Ichigo.-dijo levemente la peli castaña, su voz se estaba quebrando. Las lágrimas comenzaron a inundar sus ojos, y su hermano al ver eso, él, la abrazo fuertemente. El auto fue estacionado para hacer esto.

-Yuzu, hermana. Entiende que, si mamá se sacrifico fue para mantenernos con vida. Eso era lo que ella siempre quiso y yo aunque a la vez me sienta culpable por su fallecimiento, estoy agradecido de que nos protegió.- citó con la voz algo frágil, Ichigo en ese momento no sabia de donde sacaba esas palabras y, era mejor así. Soltó a su hermana y, puso a marchar el auto para seguir su viaje a su departamento.

Ichigo al llegar a su departamento, noto que Yuzu al igual que Karin se perdió en el camino de los sueños. No sabiendo como, las puso a las dos en su espalda y subieron en el elevador, hasta el noveno piso. Donde vive Ichigo. Él con dificultades pudo abrir la puerta de su morada, por tener que cargar a sus consanguíneas, al ingresar dentro de este, las dejo en una cama grande que pertenecía a la habitación de invitados. Las tapo con una manta que se hallaba en una silla cercana.

Ya más calmado al saber que Rukia esta bien, sus hermanas en su casa y, ahora lo que se merecía un buen descanso. Ya mañana tendría que regresar al caso de los asesinatos, Ishida lo había llamado hace unas horas cruzadas la medianoche, para contarle que hayo a la hermana de la primera victima y que tenia un poco mas de información.

Se tiro en su cama y sin pasar un minuto este se quedo profundamente dormido.

Continuara….