Segundo Arco: "Simple and Painful"

Capítulo 1. The Wall with a Clock

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Sinopsis:

La obviedad del asunto caló su cuerpo hasta hallar su alma. Era simple de entender, pero comprender la verdad era un asunto doloroso. Gabriel Agreste era Hawk Moth, Hawk Moth era Gabriel Agreste. ¿Y su padre? Sólo tristes recuerdos de lo que alguna vez significó felicidad.

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− Finalmente lo tengo, Nooroo.

Las ansías que escurrían de entre su voz rebotaron por las paredes de la cúpula llena de mariposas blancas, formando un eco que hizo estremecer al kwami morado, quien en un intento de reconfortarse a sí mismo se abrazó con sus pequeños y temblorosos bracitos. Frente a él, la figura imponente de su amo yacía parada mientras sostenía un grueso libro de portada roja, cuyos símbolos se apilaban para formar su título en algún idioma que hasta hace unas horas había resultado desconocido para su captor.

Tras meses de investigación ardua y decodificaciones fallidas, Gabriel había logrado desbloquear algunos secretos del libro de los héroes. Había sido duro y frustrante, pero el verdadero afectado había sido Nooroo, gracias a que había asumido el papel como la victima de la ira del humano. Y tras sus arrebatos de furia, el ciclo volvía a empezar una vez más. Hasta ese momento. Ahora el kwami sabía que los viejos tiempos en los que Gabriel casi enloquecía, víctima de su propio enojo, eran mucho mejores que el porvenir que se aproximaba de manera horrida y preocupante.

− ¿Maestro? – Su suave voz se escuchó apenas como un susurro cuando se animó a hablar. − ¿Qué es lo que…

Ahogó un pequeño chillido cuando la mano de Gabriel se abrió frente a él, mostrando la razón de su horror: una pequeña nuez que presumía de un color dorado muy brillante. No era tonto como para no entender lo que presenciaba en ese instante, era la llave que abriría la puerta a un nuevo poder para Hawk Moth, tal como Ladybug y Chat Noir ya habían hecho, pero esta vez las cosas no mejorarían. Irían en picada hacia un abismo profundo de oscuridad interminable.

− Cómelo. – La súbita orden le llenó su pequeño cuerpo de una sensación amarga. Retrocedió. − ¡Cómelo ahora, Nooroo!

¿Pero qué podía hacer un ser tan pequeño e indefenso como él? Estaba atado a él por el Miraculous de la mariposa y gracias a ello, no podía hacer más que obedecer. Es por eso que Nooroo no tuvo más opciones y sin saberlo, contribuyó a que una enorme espiral de dolor y tragedia naciera, no sólo para él, sino también para su portador y los héroes de París.

Poder no es sinónimo de felicidad.

− ¡Nooroo: transfórmame! – Gabriel abrió ambos brazos, permitiendo que una luz violeta le rodeara a su antojo. Y tras ello, la oscura figura del villano de París apareció. Hawk Moth hizo acto de presencia mientras que de su traje resaltaban pequeñas chispas con luces moradas, dando alusión a corrientes de electricidad que rodeaban su cuerpo y le llenaban de un poder nunca antes sentido – Hoy es el día en que Ladybug y Chat Noir sentirán el asqueroso sabor del miedo y la desesperación. ¡Después de esto, desearán jamás haberse puesto sus Miraculous!


− Ladybug, ¡cuidado! – Un segundo cuerpo arremetió contra la heroína, quitándola del centro del ataque del akuma. Chat Noir y Ladybug rodaron por la calle unos metros lejos de la villana eufórica.

La journaliste se mostraba furiosa, casi desesperada, mientras volaba sobre ellos y oprimía el botón de su grabadora de bolsillo, la cual se había modificado con rasgos tétricos y exagerados, volviéndose de color negro y morado y alterando su forma hasta convertirse en una pieza alargada que se asemejaba a una daga. De dicha arma salieron letras materializadas que se transformaban en preguntas características de entrevistas, que se aproximaron de manera veloz hasta la pareja de héroes.

Ladybug y Chat Noir se hicieron a un lado tomando direcciones opuestas, lo que provocó que el impacto del ataque dejara un hoyo en el cemento.

− Esas sí que son preguntas muy duras, ¿no lo crees, mi Lady?

Ante el mal chiste, Ladybug rodó los ojos mientras se volvía hacia la villana con una expresión seria.

− Dejemos las bromas para después, Chat. – Se incorporó del suelo, dando vueltas a su yoyo para formar un escudo. – Este akuma está demasiado furioso, lo que lo hace muy peligroso. Debemos detenerla cuanto antes.

Ladybug hizo una seña muy leve con su cabeza, lo que Chat Noir intuyó como una manera de decirle que mirara a sus espaldas. Y cuando lo hizo, sintió como se le congeló el aliento al ver a varias personas atrapadas en el medio de lo que parecían ser varios remolinos de palabras que giraban a una velocidad feroz. La rapidez de estos impedía que pudiesen respirar bien. Si se tardaban demasiado, pronto esas personas morirían asfixiadas.

− ¡Sus Miraculous ahora! – Les gritó mientras volvía a atacarlos, moviendo la daga en diversas direcciones, como si realizara cortes en el aire que pronto tomaban la forma de más palabras que se dirigían a ellos. − ¿O voy a tener que tomarlos de sus cuerpos muertos?

La atmosfera se sentía extrañamente pesada. Como si una serie anormal de emociones negativas se centraran en la joven convertida. Tanto Ladybug como Chat Noir, quien acababa de unirse a la acción, eran capaces de sentirlo y eso fue lo que los alarmó: nunca habían sentido algo así de grande, fuerte y oscuro en otro akuma.

− Algo aquí no está bien con ella. – Ladybug esquivó las preguntas que iban hacia ella como lanzas mientras su compañero trataba de bloquearlas con su bastón. – Ni siquiera ha intentado llevar a cabo su venganza como akuma, sólo viene por nuestros Miraculous.

− ¿Quizás… fue akumatizada por voluntad propia? – Se atrevió a decir el rubio mientras chocaba espalda contra espalda con la chica, una lluvia de palabras los rodeaba como si fuesen flechas. – Tal vez Hawk Moth consiguió un ayudante, o algo así.

− Lo que sea que haya sido, debemos detenerla antes de que los civiles mueran.

De repente, todo tipo de ataque cesó. La journaliste había parado para fijar su mirada en algún punto de un aparador de revistas. Sus ojos teñidos de rubí se ensombrecieron cuando captó la figura que aparecía en la portada de un ejemplar de La Mode. Gabriel Agreste mantenía su expresión inmutable mientras el fondo del recibidor de su casa lo secundaba. La expresión de la akumatizada cambió a un poema de furia errático y un aura más densa la cubrió como si fuese un manto.

− Gabriel… ¡Gabriel Agreste! – Rabió mientras con el poder de su daga, rompía el vidrio, cuyos pedazos volaron por el lugar obligando a Ladybug y Chat Noir a cubrirse las caras con los antebrazos. − ¡Te destruiré, así como tu destruiste mi artículo!

Otro de los poderes del akuma se hizo presente cuando esta se dirigió con ferocidad hasta la portada de la revista y como si no fuera nada, saltó a la imagen, transportándose a la Mansión Agreste de manera inmediata.

− Bien, ahora sabemos cuál es su venganza – Chat Noir corrió hasta la revista que se había convertido en alguna especie de portal hacia la mansión. – Tenemos que detenerla antes de que sea tarde.

Y saltó sin más, con una preocupación genuina que Ladybug no ignoró. La chica siguió a su compañero con una mirada de decisión grabada en los ojos.

El par de héroes aterrizó sobre las baldosas del salón principal. Frente a ellos, las escaleras que llevaban al segundo piso, así como las paredes y el enorme retrato se encontraban hechos pedazos, victimas de una ira descomunal que había desatado otro ataque de La journaliste. Adrien se preocupó de inmediato por su padre, quien siempre se encontraba en su estudio, al menos la mayoría del tiempo. Corrió hasta el lugar con los latidos a mil, lo que Ladybug atribuyó como una familiaridad provocada por las numerosas veces en las que un akuma los conducía al interior de la mansión Agreste.

Cuando abrió la puerta otro desastre se hizo presente: tanto retratos como muebles se encontraban volteados como si un remolino se hubiese posado sobre ellos y el gran ventanal que se ubicaba frente a la puerta tenía todos sus vidrios rotos en pequeños fragmentos que se esparcían como un camino a través del suelo. Sólo la enorme pintura de Emilie Agreste parecía haberse salvado de la masacre, impuesta en el centro de la pared contigua con una imponente presencia que siempre aceleraba el corazón de Chat Noir.

A pesar de la desgracia presente, no había rastros de Gabriel Agreste por ningún lado. Sus orejas alcanzaron a escuchar los apresurados pasos de su compañera, quien corría de un lado a otro por el segundo piso mientras revisaba las habitaciones. Sintiendo sus latidos en la garganta, Chat Noir se apresuró a las demás habitaciones de la planta baja mientras intentaba unificar sus sentidos y su razón al mismo tiempo, mientras revisaba incluso los cajones de la cocina y el congelador, debajo de la mesa del comedor y cualquier mueble donde su padre pudiese esconderse temporalmente de la villana. La angustia se hospedaba en su pecho con cada segundo que pasaba sin hallar pista de él, entonces se dijo así mismo que quizás Gabriel no estuviese en la casa para el momento en que la akumatizada llegó.

Regresó a la oficina principal de nueva cuenta, observando alrededor como si esperase que el adulto fuese a aparecer en cualquier momento. Lo siguiente con lo que sus ojos chocaron fue con la pintura de su madre. Tan pulcra como si no hubiese pasado nada en primera instancia. Sus orejas de gato postizas se bajaron un poco ante su estado de ánimo, tocó su pecho con la mano en la que poseía el anillo y la apretó un poco: un presentimiento le decía que su padre estaba bien, porque, ¿cuántas veces un akuma había querido atacarlo, de todos modos? Ya lo había salvado una vez y esta no sería una excepción.

Se sobresaltó cuando Ladybug puso una mano en su hombro para llamar su atención y volteó a ver a la heroína. Sus destellantes ojos azulados le brindaron esperanza a su agitado corazón. Ambos se encontraban en medio de la oficina destruida.

– No hay rastros de él en ninguna parte – Le dijo como si supiera que eso era lo que lo abrumaba. Pero eso era imposible, ¿no? –, debemos confiar en que Gabriel no estaba aquí cuando La jorunaliste llegó. Hay que centrarnos en encontrarla y purificar su akuma para liberar a los civiles antes de que sea demasiado tarde.

– Ahí es donde te equivocas, Ladybug – Una tercera voz se hizo escuchar a sus espaldas. Cuando voltearon, la figura de la mujer se encontraba flotando frente a ellos. – Me encargué de hacerle una pequeña entrevista al Señor Agreste antes de que llegaran.

El akuma rio, helándole la sangre al par de superhéroes. Entonces señaló con diversión a las afueras de la oficina cuya vista precisamente daba al patio principal de la mansión. Tras los vidrios rotos, se daba lugar otra escena: un remolino de preguntas giraba entorno a una persona que, si bien no pudieron ver, intuyeron que se trataba de Gabriel Agreste. Chat Noir sintió una desesperación abrumante al presenciarlo. Sus piernas casi temblaron al compás de su corazón.

– Ahora sólo faltan ustedes. – La journaliste los miró con diversión mientras se preparaba para atacarlos. – Desde hace tiempo que sueño con tener una exclusiva con los antiguos héroes de París.

– Tú… – Chat Noir estaba listo para saltar encima de ella, pero antes de que pudiera hacer algo Ladybug ya lo sujetaba de su cinturón.

– ¡Chat, espera! No sabemos si es una trampa. Recuerda, concéntrate.

Pero por más que ella se lo pedía, no podía hacerlo. Era como si una bruma de sentimientos se hubiera estrellado contra su pecho apenas pisó el lugar. Apretó los puños y retrocedió.

– Mi lady… ¿tu también puedes sentirlo? – Le preguntó esperando una respuesta afirmativa. La chica a su lado asintió, entendiendo a qué se refería su compañero.

– Sin duda es muy extraño, ¿cuán enojada debe de estar con él para traer todos estos sentimientos tan oscuros? – Observó con detenimiento a la akuma, la cual emanaba un aura oscura que se acrecentaba con el tiempo. De pronto, se sintió mareada. – El akuma está en su daga, de eso no hay duda.

Ladybug se tomó la cabeza, sintiendo como la imagen ante sus ojos se distorsionaba con lentitud. La villana sonrió con malicia sin moverse, como si de pronto hubiera decidido no hacer nada más que quedarse parada.

– ¿Mi lady…? – Chat la tomó por los hombros mientras veía a la chica ponerse pálida de repente. – ¿Ladybug?

Dentro de su guarida, Hawk Moth sonrió al presenciarlo, ¡Ladybug se estaba debilitando frente a sus ojos! El símbolo de la mariposa apareció frente a su akumatizada, permitiéndole oír lo que él decía.

– Ahora es el momento Journaliste, ¡acaba con ella! – Sus palabras actuaron como una programación en ella. Dentro de su Miraculous, Nooroo se estremeció al sentir las oleadas de poder oscuro recorrer su ser. Afuera, el traje de Hawk Moth resplandeció con una luz pálida de color violeta que se propagó hasta el suelo hasta convertirse en corrientes eléctricas negruzcas que agitaron el piso donde estaba parado, haciendo temblar el ventanal. Grandes cantidades de poder maligno se liberaron y las mariposas que lo rodeaban chillaron estremecidas: eran los sentimientos negativos de la reportera al recibir el frío rechazo de Gabriel Agreste para una entrevista, sólo que esta vez, se triplicaban volviéndose en una masa oscura de emociones exageradas y aterradoramente catrastóficas. – ¡Tráeme su Miraculous, ya!

Una punzada en medio de la cabeza hizo a La journaliste realizar un ataque directo hacia la chica debilitada. Ladybug estaba perdiendo la noción de lo que sucedía, atrapada en una abrumadora cortina de emociones ásperas. Sintió que Tikki le gritó algo dentro de su cabeza, pero no fue capaz de entenderlo hasta que sintió el impacto de su cuerpo contra el suelo de manera brusca y desmedida. Chat Noir la había empujado para alejarla del ataque una vez más, siendo el receptor del golpe que lo llevó a estrellarse contra la pintura de Emilie Agreste y así quedar atrapado en el centro de un remolino que poco a poco le quitaba el aire.

– ¡Chat Noir! – Gritó cuando se dio cuenta. Su compañero apenas podía mantenerse de pie mientras luchaba por respirar. Otra oleada de energía negativa le recorrió el cuerpo e impidió que se levantara. Gruñó ante ello y con esfuerzo, invocó su poder – ¡Lucky Charm!

Dentro del remolino, Chat Noir sujetó su garganta como si eso pudiera evitar que siguiera perdiendo el oxígeno. Sus pulmones ardían pidiendo a gritos algo de aire que los aliviara. Se estaba ahogando y no pudo evitar sentir el filo de la desesperación rozar su mente. Intentó golpear las paredes de aquella prisión de palabras con su bastón, pero no funcionaba. Nada lo hacía. Cayó al suelo de costado mientras trataba de pensar en una manera de salir de allí, más que nada por Ladybug, quien no se veía bien hasta hace unos minutos. Si algo le pasaba a ella jamás se lo perdonaría.

Si es que él no moría antes.

Hey, ¡hey! – Un susurro pareció llamarlo desde su mente. Una voz peculiar que ya había oído antes. – Chico, escucha… Algo no va bien.

Plagg le estaba llamando desde su cabeza, pero su voz se escuchaba apenas como un eco lejano. Estaba débil. Lo que fuese que lo había afectado a él y a Ladybug también lo hacía con su kwami.

– ¿Plagg?

– Adrien, debes… – Una interferencia parecida a la estática le llenó los oídos de su ruido. Se tomó la cabeza con dolor.

– ¡Plagg! – Llamó desesperado.

– Jamás… sentido… un poder… magnitud – Las palabras se entrecortaban en su mente. – … grave… te… ete, ¡vete!

La desesperada voz de Plagg se esfumó de su cabeza de la misma manera en la que llegó. Chat Noir comenzó a perder el conocimiento mientras el ruido del aire golpetear con las palabras lo acercaba a su final. Por su aturdida mente pasaron imágenes fugaces en donde rememoraba cada uno de los momentos junto a su Lady, su hermosa sonrisa y sus brillantes ojos le hacían sentir vivo, por más débil y muerto que se estuviese sintiendo en ese momento. Estaba seguro de que ningún ser humano podría igualar la belleza de su alma, que, con cada día de vida, le hacía sentir más afortunado, más dispuesto a vivir y seguir adelante.


– at… Chat… – Una voz sonó a la lejanía. – ¡Chatton!

Abrió los ojos de repente, sintiendo como la repentina luz le lastimaba los ojos. Frente a él, la expresión preocupada de Ladybug se relajaba lentamente mientras esta sentía un intenso sentimiento de alivio llenarle el pecho. El gato se incorporó lentamente, siendo ayudado por ella mientras aun veía como todo a su alrededor iba enfocándose con lentitud, tal como la lente de una cámara.

– ¿Ladybug…?

La chica dejó escapar un suspiro mientras le tomaba de los hombros y lo abrazaba. Ambos habían sido victimas de una fuerza en demasía negativa, tanto, que incluso había afectado a sus kwamis. Afortunadamente Ladybug logró idear un plan con el lucky charm tras el ataque que recibió Chat Noir.

La anteriormente akumatizada mujer también se estaba aliviando de su propio dolor de cabeza, demasiado confundida ante la forma en la que habría llegado hasta ahí de un momento a otro: sólo recordaba haber estado muy frustrada ante el fuerte rechazo de Gabriel Agreste a una entrevista, después de ello todo era una cortina de humo oscuro.

Chat pareció recordar a Gabriel en ese instante y después de que Ladybug lo soltara, se vio obligado a romper el contacto visual que ambos mantenían para correr a la ventana, que estaba como nueva como todo en la oficina, y ver a través de esta. Afuera sólo se encontraba el patio principal de la mansión, como si nada hubiese pasado allí en primer lugar.

– ¿Dónde está Gabriel?

– Después de que el lucky charm hiciera efecto, debió haberlo llevado a donde quiera que estuviese antes de que el akuma lo capturara. Él está bien.

Muy dentro de sí, Chat Noir no podía estar tranquilo.

Tras cerciorarse de que los civiles y la afectada estuviesen bien, la paz volvía a ser lo habitual en París. El ataque del akuma había sido aterrador para muchos, que jamás habían visto una ira tan evidente como la de esta vez. El suceso que había repercutido en los héroes de París no era algo que pudiesen pasar por alto, así que Ladybug decidió hacerle una visita al guardián de los Miraculous después de recuperar energías. Chat Noir entró por la ventana de su habitación a la mansión, durante esa misión no tuvo oportunidad de utilizar su Cataclismo, pero el motivo de su prisa se debía al especial mal estado de su kwami.

– Garras fuera.

El brillo verde característico de su transformación lo rodeo, dando lugar a su forma civil. Adrien suspiró mientras se tocaba la cabeza. Un pequeño borrón negro cayó desde la altura de su cabeza directo al suelo con un quejido de dolor que lo alarmó de repente. Adrien se arrodilló en el suelo frente a Plagg, quien se veía seriamente afectado.

– ¡Plagg! Ay no, no, no. – Tomó entre sus manos al inconsciente kwami, quien temblaba mientras sus pequeñas orejas se bajaban y su cola se enrollaba alrededor de su cuerpo. – Plagg, resiste.

Lo colocó sobre una de las almohadas de su cama, preocupado por la condición del pequeño gato. Tan pronto como lo dejó ahí, se apresuró al mini bar que mantenía cerca de la televisión de plasma, sacando de ahí un par de pedazos de queso camembert que le llevó a su pequeño amigo y compañero de batallas.

Adrien terminó con sentarse en el sofá, dejando en un plato las dos piezas de queso mientras se disponía a pensar en todo lo que había ocurrido ese día, pues no sabía que más podría hacer por él sino esperar. Los colores de la noche se posaban sobre el cielo y lo oscurecían, causándole escalofríos cuando alzó la vista al cielo que se mostraba a través del cristal de las ventanas.

Una energía como esa jamás le había pegado tanto como la que liberó ese akuma, quien no era más que una reportera de la revista Numéro. Por esa misma razón es que Adrien no alcanzaba a comprender el por qué de tales emociones tan desastrosas que, aun habiéndose desvanecido, no dejaban que su consciencia descansara del todo. Incluso podía jurar que los pulmones continuaban doliéndole al respirar. Decidió darse una ducha con agua fría, lo que fuese que le despejase la mente un poco, incluso la cabeza comenzaba a palpitarle dolorosamente.


– Lo que me comentas es demasiado preocupante, Ladybug.

El Maestro Fu se sirvió una taza de té mientras se mantenía sentado en el suelo, en la misma posición de siempre. Sin embargo, lo que borraba toda tranquilidad del ambiente era su expresión preocupada. Tras haberse recargado, Marinette había acudido al guardián de los Miraculous, no sin antes ayudar a su pequeña amiga, que esta vez se encontraba descansando en una almohada cercana, bastante debilitada.

– Estoy segura de que Hawk Moth tiene que ver con esto, maestro. – La adolescente daba vueltas en la sala, intranquila. – Las emociones eran demasiado fuertes, incluso cuando la victima nos explico que en realidad no se sentía tan furiosa como para desencadenar algo así. Pero eso no es lo más extraño…

– ¿Qué lo es, entonces?

– Todo marchaba normal, quizás algo tenso, pero estaba bien cuando la enfrenté en la calle. Incluso cuando Chat Noir llegó, nada daba señales de ser anormal. – Marinette movió las manos de acuerdo a su explicación, manteniendo una mirada seria. – Fue hasta que llegamos a la mansión Agreste que comencé a sentir que el aire me faltaba y lo que colmó el vaso fue entrar a la oficina de Gabriel Agreste.

– ¿Dices que la energía era más fuerte en ese lugar? – El anciano arqueó una ceja, analizando las palabras de la chica.

– Supongo que sí, pero es complicado de explicar. El akuma ya tenía atrapado a Gabriel en uno de sus remolinos cuando llegamos, yo comencé a sentirme débil y Chat Noir fue atrapado también. Todo sucedió demasiado… rápido. – Marinette se abrazó a sí misma cuando una corriente de aire frío la recorrió de pies a cabeza. – Incluso Tikki fue capaz de sentir toda esa energía. Tan… oscura.

Bajó la mirada y cuando se volvió, observó como el maestro se había movido de su lugar y ahora se encontraba parado con su celular en la mano, pasando lo que parecían ser las fotos que le había tomado al libro de los héroes. Paró hasta llegar a la imagen de Hawk Moth.

– Tengo una teoría de lo que pudo pasar, pero hasta entonces, tu y tu kwami deberían descansar hasta el próximo ataque, lo mismo va para Chat Noir y Plagg. – Marinette asintió algo dudosa, acercándose a Tikki para tomarla entre sus manos cuidadosamente. Wayzz las guio hasta la puerta mientras miraba con pena a su compañera afectada. – Y Ladybug…

Marinette paró para ver al anciano, quien suavizó su expresión demostrando lo afligido que estaba.

– ¿Sí?

– Tengan mucho cuidado.


Para cuando Adrien salía de bañarse, Plagg se encontraba sentado sobre el almohadón; sus orejas se movían hacia diferentes direcciones como si estuviese captando sonidos, tal como un gato normal lo haría. Adrien se alegró de verlo despierto, pero poco a poco esa alegría se minimizó cuando se acercó y se percató de que su amigo no estaba actuando normal.

– Eh… ¿Plagg?

Pero no hubo respuesta. El rubio acercó su dedo índice hacia una de las mejillas rellenitas de su kwami, dándole pequeños toques.

– Tierra llamando a Plagg – Canturreó con suavidad, picándolo. – ¿Plagg…? ¡Auch, Plagg! ¡Suelta, suelta! – El kwami había aprisionado su dedo entre sus pequeñas fauces, mordiendo a su portador repentinamente. Adrien logró zafarse y retroceder un par de pasos mientras se tocaba la pequeña herida que no pasaba de ser sólo dos pequeños puntitos rojos donde los colmillos de Plagg se habían encajado. Aun así, no dejaba de doler. – ¿Qué demonios te sucede?

El kwami salió del trance como si aquello hubiese sido el detonante. Parpadeó un par de veces mientras aclaraba su visión y se restregaba los ojos con sus patas.

– ¿Adrien? – Se elevó, flotando como habitualmente lo hacía y acercándose a él – ¿Estás bien, chico? ¿Qué sucedió? ¿Por qué camemberts no me hiciste caso y saliste de ahí cuando te dije, grandísimo tonto?

Era oficial; ese era nuevamente Plagg. Sin embargo, eso no dejaba de lado las interrogantes.

– Me alegro que hayas vuelto, Plagg. Yo también te quiero. – Adrien negó para acariciar su cabeza, a lo que el kwami se alejó levemente porque tenía otras preocupaciones en mente. Adrien se acercó a su armario para vestirse.

El pequeño gato se cruzó de brazos al no recibir las respuestas que esperaba, pero el olor del camembert captó rápidamente su atención. Se dirigió hasta el plato de queso que lo esperaba con los brazos abiertos. Mientras Plagg devoraba las piezas de queso, Adrien terminaba de colocarse la camisa negra de su pijama e iba a sentarse en la cama frente a su pequeño amigo.

– Aún no lo entiendo, ¿tu sabes qué es lo que sucedió hoy?

– No mucho, a decir verdad, pero tengo mis ideas. – De un bocado, la última pieza de camembert desapareció en su boca. – Por eso debiste haberme hecho caso y salir de ahí cuanto antes, idiota.

– Sí, ¿y exactamente cómo? – Adrien se dejó caer de espaldas en el colchón, mirando al techo. – Apenas y podía escucharte y respirar al mismo tiempo.

– Es verdad que ese akuma era particularmente fuerte, sus poderes se lo permitieron. Pero la cuestión aquí se encuentra en cómo logró canalizar tanta ira de un momento a otro.

– ¿De qué hablas?

– Hubo un momento en qué sentí una conexión muy oscura entre el akuma y el lugar en donde estábamos. Creo que tú también debiste sentir algo así, lo mismo con Ladybug y Tikki. – Plagg voló hasta él, posándose en el pecho de Adrien. – En los humanos como tu debió sentirse más físico que otra cosa, algo como… ¡esto! – Y saltó sobre él, casi sacándole el aire. Adrien buscó incorporándose mientras se sujetaba el pecho y tocía.

– ¡P-Plagg! ¿Qué rayos…?

– Vamos, no seas quejica. Yo lo tuve más difícil que tu hoy y además… – De pronto paró de hablar a la par que sus orejas volvían a moverse de la misma manera en la que lo habían hecho minutos antes. Plagg se movió para mirar en diferentes direcciones. – Ahí está de nuevo.

El kwami ni siquiera esperó a su portador. Plagg ya había desaparecido por la puerta, atravesándola con su poder, y perdiéndose de la vista de Adrien. Este se alarmó por lo peligroso que era que Plagg saliese así y preocupado de que algún sirviente o la misma Nathalie lo descubriera, se levantó para seguirlo. Apenas salió de la habitación buscó por todas partes con la vista, percibiendo con su vista periférica como un borrón negro y verde se encontraba del otro lado cerca de las escaleras. Adrien corrió hasta Plagg mientras este seguía revoloteando de un lado a otro hasta que finalmente pareció decidirse y bajar a la primera planta. Cuando Adrien creyó que podría atraparlo, el gato escurridizo se movió de nuevo y atravesó la puerta que daba a la oficina de control de su padre. Adrien tragó saliva.

Con sigilo y rogando que Nathalie no apareciera, Adrien abrió la puerta con lentitud para encontrarse el salón vacío. La poca luz que entraba a ella le hacía imposible ver en la oscuridad sin ser Chat Noir. Sin embargo, de la cortina de oscuridad una pequeña mancha sobresalió gracias al brillo verdoso de sus ojos. Plagg estaba frente a la pintura de cuerpo completo de su madre mientras su cola se movía de lado a lado. Parecía estar analizando algo con respecto a ella.

– Psss, ¡Plagg! – Le llamó en voz baja, pero si lo escuchó, entonces pasó totalmente de él. – ¡Plagg, ven aquí!

Nada. Incluso parecía que entre más lo llamaba, el kwami más se alejaba hasta que finalmente tocó la pintura con su pata derecha. Adrien iba a volver a llamarlo hasta que escuchó el repiqueteo de unas zapatillas contra el suelo bien pulido del pasillo. Reconoció a Nathalie de inmediato, quien seguramente estaba dando una revisión rápida a la mansión como todas las noches acostumbraba. Hace algunos minutos atrás, mientras él se duchaba ella llamó a su puerta para saber si todo estaba en orden, fue una suerte que ella no entrara a su habitación cuando él se encontraba bañándose o habría visto a Plagg en la almohada.

Maldiciendo por lo bajo, Adrien se adentró en la oficina y cerró la puerta con suavidad para evitar que el sonido lo delatara. Se aproximó unos pasos cerca del kwami.

– Plagg, en serio, ¡vámonos! – El resultado fue exactamente el mismo, así que sin más opciones Adrien se acercó con rapidez y tomó a la pequeña criatura entre sus manos para correr a esconderse.

Nathalie abrió la puerta, analizando casi cada rincón de la habitación jurando haber escuchado algo. Sin encontrar nada, lanzó una última mirada y finalmente cerró la puerta, colocándola bajo llave debido a las ordenes estrictas de su jefe; esa y otras dos habitaciones en el segundo y tercer piso eran las únicas cerradas con seguro para mantenerlas alejadas de los curiosos.

Cuando escuchó el sonido de la llave encajarse en la cerradura de la puerta, Adrien lanzó otra maldición en su mente. Genial, ahora estamos atrapados. Increíble, ¡simplemente increíble! Pensó mientras una vez más Plagg volvía a escapársele. El kwami alcanzó a volar hasta el panel de control que se hallaba frente al retrato, siendo otra vez capturado por Adrien.

– Muy bien, Plagg. – Adrien estaba enojado. – ¡Gracias a ti estamos atrapados!

– ¿Te quieres callar? Estoy en medio de algo. – Se atrevió a contestarle con descaro mientras se aproximaba de nueva cuenta al punto de interés. Había algo que le había llamado la atención de ese punto y no se trataba de la caja fuerte que en un pasado habían descubierto. Adrien iba a protestar cuando Plagg lo evitó hablando de nuevo: – Chico, aquí hay algo que huele mal.

– ¿De casualidad no es tu aliento a queso?

– Hablo en serio, siento esa energía justo – El kwami descendió hasta el suelo ante la vista del otro. – … aquí.

– ¿El suelo? – Adrien se agachó a su lado. – ¿No crees que sólo deben ser residuos de la pelea?

– El lucky charm de Ladybug se encarga de limpiar todo lo que tenga que ver con eso, pero extrañamente esta energía no se fue. No del todo. –Una vez más, Plagg voló hasta la pintura. Adrien creyó que era su nuevo trauma hasta que… – Veamos, debe ser como en esas películas que te ves cuando quieres evitar pensar en el evidente hecho de que Ladybug no te ama.

– ¡Oye!

Plagg analizó la superficie del retrato mientras palpaba con sus patitas. Sin embargo, nada pasó. Se mantuvo pensando, más de lo que alguna vez habría hecho.

– Oye, niño. ¿Y si me ayudas?

– ¿Después de esto prometes dejar de actuar tan raro?

– Ajá, sí. Como sea, ¡sólo apresúrate!

– Bien. – Adrien suspiró, imitando la acción de su compañero y palpando la pintura con suavidad, hasta que algo llamó su atención – Un momento… ¿qué es esto?

La superficie plana de la figura de pronto cambió en una zona especifica de la pintura, en la cual podía sentir un pequeño relieve. Adrien volvió a repasarlo con el tacto hasta que, sin aviso, cuatro interruptores estratégicamente colocados sobresalieron a unos centímetros más debajo de su mano. El repentino suceso lo hizo retroceder alarmado, acercándose un poco después del susto que duró unos cuantos segundos.

– Vaya, quien lo diría. Lo lograste. – Plagg parecía estar satisfecho con el resultado, pues comenzó a toquetear los botones con curiosidad, examinando el mecanismo. – Espera, creo que puedo sabotearlo.

– ¿Sabotearlo? No, no, no y no. Plagg, olvídalo. No voy a participar en… ¡Plagg, ¿qué hiciste?! – El lugar donde Adrien estaba específicamente parado comenzó a moverse hacia abajo, como si se tratara de una plataforma que descendía a una distancia inexacta. El pobre rubio comenzaba a entrar en pánico cuando un fuerte sentido de curiosidad lo embargó. Plagg se movió rápidamente para quedar a la altura de sus ojos.

– No te alarmes, pero creo que la sensación de antes se intensifica.

– Claro, tampoco me alarmaré por la existencia de un lugar secreto debajo de mi propia casa. – Adrien rodó la mirada. – Y mucho menos porque si mi padre se entera de esto, me castigará de por vida, quizás peor que la vez en que robé su libro.

La plataforma se detuvo finalmente mientras luces blancas y débiles se encendían, dando paso al comienzo de un largo pasillo cuyas paredes estaban adornadas por fotografías familiares en donde sólo dos de las tres personas allí, posaban con brillantes sonrisas. Adrien se quedó mudo al ver esto, mientras que Plagg se adelantaba sin esperarlo. Lo siguió con dificultad, haciendo caso a un instinto que nació desde su pecho y que le animaba a avanzar aun si las paredes parecían hacerse más estrechas con el tiempo. Si bien el camino no era precisamente largo, el efecto que causaba recorrerlo era inexplicable, sólo podía decir que con cada paso la sensación de un mal presagio le llenaba el cuerpo. Un escalofrío recorrió su espalda y de repente, se sintió observado.

Plagg se volteó, llamándolo al final del pasillo con mucha insistencia. Cuando estuvo allí, se sorprendió al ver que lo único que los esperaba era una pared blanca cuyo único adorno era un reloj digital con la hora equivocada. No sabría decir si estaba aliviado o repentinamente decepcionado.

− Bueno, lo intentamos. – Adrien se volteó con aparente decisión de abandonar el lugar de una vez por todas, pero sólo dio un paso y sin girarse, preguntó: − ¿No vas a hackearlo también?

− Es sólo un reloj, no seas tonto. – Y, sin embargo, Plagg tampoco se movió.

− Sí – Adrien encaró a su kwami, caminando hasta el reloj, tanteándolo y observando los dígitos rojos de la pantalla. – Y hasta hace un momento creía que la pintura de mi madre era sólo eso, una pintura. Pero al parecer, mi padre esconde algo detrás de cosas aparentemente normales.

− Escucha, Adrien – Plagg lo llamó por su nombre por primera vez en la noche – Sé que quieres saber qué está pasando y créeme, ¡yo también, maldición! Pero como dicen los humanos: "la curiosidad mató al gato". ¿Te suena a algo, niño tonto?

Ninguno de los dos estaba totalmente convencido de nada. Desde la ordinaria pared a la que ese para nada ordinario pasadizo los había traído hasta la idea de irse sin más, aún sabiendo de sobra que había algo que no cuadraba del todo en ese extraño asunto. Plagg podía sentir una vibra intranquila en su pecho que se expandía hasta su cabeza como un llamado desesperado, pero por sobre todo eso, su instinto le pedía que parase ya con lo que estaba haciendo, pues las consecuencias fácilmente se le escaparían de las patas.

− Plagg…

− Venir a este lugar fue un error, vámonos.

− ¡Plagg! – Lo llamó, pero el gato lo pasó de largo, flotando y dirigiéndose hasta el comienzo del pasillo.

− Usualmente yo soy quien alienta a hacer este tipo de cosas, no… − Un suave zumbido lo interrumpió. Sus orejas se movieron, primero de manera leve, hasta temblar varias veces en dirección hacia el sonido. Fue como si en un instante, algo sacara a Plagg de su propia consciencia y lo reemplazara por un simple detector de energía oscura.

Adrien suspiró por su parte, rozando con sus dedos la pared antes de girarse para comenzar a irse con una sensación amarga en la boca. No obstante, cuando planeaba tratar de olvidarse de todo el asunto relacionado a la pared, una pequeña cosa negruzca y rápida pasó centímetros cerca de su cara y desapareció al chocar contra el reloj.

− ¿Plagg? – Retrocedió hasta tantear la pared con sus manos − ¿Plagg…?

Una capa fina de silencio se posicionó sobre el lugar durante unos segundos, hasta que fue cortada por el repiqueteo de algo proveniente detrás de la pared. Algo parecido a un mecanismo comenzando a trabajar llamó su atención y no dudó en pegar la oreja derecha a la pared, sintiendo, además, como esta transmitía un leve temblor que acrecentaba con los segundos. Adrien dio un par de pasos en retroceso, casi tropezándose consigo mismo, cuando la pared se deslizaba con rapidez hacia arriba al ritmo en que la hora en el reloj marcaba las 00:01 de la mañana.

Pronto el camino se vio desbloqueado y Adrien tuvo acceso a un nuevo escenario oculto dentro de su propia ¿casa?

Frente a él se alzaba lo que parecía ser un puente metálico muy breve que llevaba a una escalera de caracol con al menos cincuenta escalones. Plagg apareció nuevamente y flotó con urgencia hasta donde quiera que llevase ese camino. Adrien no se quedó atrás, enfundado en alguna clase extraña de repentino valor. Su condición física era suficiente como para permitirle saltar entre escalones y correr hasta llegar a la cima de esa montaña de dudas que rogaba por disipar. Cuando llegó, una puerta más se alzó frente a él, pero a diferencia de las anteriores, esta no tenía ningún código de seguridad y debajo de ella se asomaba un brillo azulado muy brillante que bastó para hacerlo dudar nuevamente de sus intenciones.

Estaba comenzando a cansarse de tantas trabas en su camino y no había señales de Plagg.

Observó el metal del que estaba hecho la puerta y de este surgió su propio reflejo, algo borroso y opaco por la falta de luz.

Colocó su mano, percatándose de que sudaba, sobre el picaporte. Plagg estaba adentro, destrabando el seguro para que pudiese acceder, pero antes de siquiera girar el pomo, Adrien sintió nuevamente un escalofrío, como si su mente y todo su cuerpo de repente gritaran un "No lo hagas" que no supo bien cómo debía tomar. Después de llevarlo hasta ahí, ¿le pedía que abandonara así nada más? ¿por qué? ¿qué cosa tan terrible podría hallarse del otro lado como para despertar un eufórico arrepentimiento en él?

Respiró hondo y cerró los ojos, intentando calmar sus latidos descontrolados y las ansias que comenzaban a comérselo vivo.

No lo hagas. No lo hagas. No lo hagas. No lo hagas.

Al diablo con eso. Debía saberlo. Tenía que saberlo.

¿La curiosidad mató al gato?

Adrien comenzó a abrir la puerta con lentitud, apenas unos centímetros como para que la luz se asomara por el espacio, pero sin ser lo suficiente para ver todo el panorama. Sus manos estaban heladas y parecían bajar más de temperatura conforme abría la puerta, ¿o era sólo su imaginación? Se asomó para mirar, estaba cerca de captar una figura parada en el medio de dicha habitación embargada por pequeñas… ¿mariposas? Sólo un poco más y…

Un empujón lo hizo retroceder y la puerta se cerró levemente. Adrien se alarmó al pensar que había sido descubierto, pero su rostro asustado se deformó a una expresión de confusión cuando vio a Plagg frente a él con las orejas bajas y una mirada de miedo que jamás creyó que pudiese vivir para ver en su pequeño kwami.

– ¿Plagg? ¿Qué sucede? – Su voz suave, quedita. Apenas audible pero lo suficiente para que él escuchara. – Plagg, ¿qué viste?

– Adrien, debemos irnos. Ahora. – Sentenció con firmeza, pero de nada le sirvió. Adrien frunció el ceño sin intenciones de hacerle caso. – Niño, hablo en serio. No sé qué me está sucediendo, pero lo que sea que me hizo venir hasta acá y traerte conmigo no es bueno. No es nada bueno.

– No, Plagg. Sea lo que sea que pase, si estamos aquí es por algo. – Adrien volvió a entreabrir la puerta y de la misma manera, Plagg se lo impidió.

– Adrien, basta. Hablo en serio.

– Yo también.

No necesitó pedirle permiso, porque apenas Plagg se acercó una vez más para impedírselo, Adrien le tomó entre su mano derecha, atrapándolo con esta. Plagg quiso liberarse traspasando su mano, pero pronto se dio cuenta de que le era imposible. Miró entonces el Miraculous. De eso se trataba. Mientras Adrien tuviese el Miraculous puesto en dicha mano, no podría escapar por más que quisiera. Desesperado, intentó morderlo. Debía evitarlo; Adrien estaba a punto de cometer un error demasiado grande, mortal y, sobre todo, doloroso.

Tarde. Era demasiado tarde también.

Adrien abrió la puerta lo suficiente como para ver lo que ocurría dentro. Frunció el ceño al vislumbrar un ventanal circular y enorme que sobresalía más adelante, adornado con la silueta de una mariposa que se le hizo aterradoramente conocida. La luz provenía de la luna, cuyos rayos se colaban a través del gran vidrio y alumbraban el centro de la habitación y un poco más allá. A su vez, miles de mariposas revoloteaban por la habitación, aleteando a un ritmo incansable mientras se mezclaban entre sí. Algunas se adherían al techo y las paredes, otras continuaban moviéndose por el lugar demasiado inquietas, como si previesen el inicio de una catástrofe. Pero eso no fue lo que dejó boquiabierto a Adrien y le quitó el aliente; en medio de todo ese espectáculo, una figura imponente resaltaba más que cualquier otra cosa. Gabriel Agreste estaba parado allí, tan quieto como una escultura, mirando al gran ventanal. Adrien no pudo ver su rostro, pues se encontraba de espaldas, pero imaginó que portaba su siempre indiferente semblante.

Plagg se removió en su mano.

– ¿Cómo es posible? – La profunda voz de Gabriel hizo eco en el espacio. – ¿Cómo pudo vencerme con tanta facilidad? ¿Por qué si maximicé mis poderes utilizando los ingredientes del libro? ¿Me equivoqué en algo, tal vez? ¿O es tu culpa, Nooroo?

Gabriel se volteó hacia algún punto de la habitación, donde por unos segundos nada apareció. Adrien estaba procesando la información a una velocidad espantosa, mientras sus manos temblaban en el picaporte y en Plagg, quien se sentía culpable por todo lo que estaba sucediendo.

¿Cómo pudo dejarse manipular tan fácilmente?

Una pequeña figura morada apareció entonces frente a Gabriel, quien apretó los puños en cuanto la vio emerger de la oscuridad. La pequeña lucecita que emanaba de su cuerpo lucía tan apagada, tan muerta y tan asustada que sólo lo enfureció más. Nooroo vio con temor a su portador, como si supiera lo que venía a continuación.

– No, amo. Le juro que yo no tuve nada que ver. Hice todo lo que usted me ordenó.

– ¡Pues no fue suficiente, Nooroo! – La furiosa voz de Gabriel cubrió toda la habitación mientras se aproximaba a la pequeña y temblorosa criatura. – ¡Eres débil y la causa de que aun no obtenga los Miraculous de Ladybug y Chat Noir!

Adrien jadeó. Y tras ello, fue como si dejara de respirar. Una sensación amarga le cubrió por completo y le trajo un mal sabor de boca, sus músculos se tensaron y al mismo tiempo parecieron aflojarse, pues Plagg quedó libre de su agarre. Fue como si todo él dejara de funcionar de repente.

¿Había escuchado bien? ¿Quizás lo estaba confundiendo? Porque debía de haber una explicación para lo que escuchó salir de la boca de su padre. Porque él era amargado, frío y severo, pero nunca podría ser…

Hawk Moth.

– ¡Amo, por favor no se enoje conmigo! ¡He hecho todo lo que usted ha querido desde el primer día, jamás me atrevería a traicionarlo! – Rogó, pero Gabriel no lo escuchó. – ¡Por favor, créame! ¡Seguro se trata de la magia negra que usted…

Pero era tarde. Demasiado tarde.

Gabriel asestó un manotazo de lleno al kwami, el cual no pudo reaccionar a tiempo y recibió el impacto del golpe y segundos después el choque con la metálica pared a unos metros detrás. Su pequeño cuerpo cayó al suelo con un fuerte estruendo mientras sus quejidos se escuchaban como un eco. Adrien estaba inmóvil en la misma posición en la que se encontraba desde que esa trágica escena había dado inicio.

A Gabriel no pareció importarle demasiado el estado de su kwami, quien a pesar del golpe ya se estaba levantando con lentitud. Entonces el humano se aproximó a este y con una mirada de desprecio, dijo:

– ¡Nooroo: transfórmame!

Ninguna duda acerca de la identidad de Hawk Moth quedó en la mente de Adrien. Todo le parecía tan claro, tan conciso y lógico en ese instante, como si la verdad de la que había sido testigo fuera la pieza perdida del rompecabezas que formaba su vida. Y de repente se dio cuenta de lo estúpido e ingenuo que era. Y lo doloroso y difícil que era respirar.

Su mano se resbaló del picaporte y su mirada se perdió en algún punto oscuro del lugar mientras sentía como un sudor frío se acumulaba en su frente y los dientes le castañeaban. Plagg se percató de ello y con prisa se encargó de cerrar la puerta, misma que Hawk Moth no escuchó al estar sumergido en su propio mundo lleno de demonios y fantasmas.

– Chico, vamos. – Intentó sacarlo del trance. Sabía que Adrien estaba comenzando a experimentar emociones que se salían de su completo control y si Hawk Moth las percibía, se daría cuenta de que se encontraba en su guarida. Y eso era malo, muy malo. – Adrien, por favor. Levántate, niño. Tenemos que irnos ya.

Plagg lo logró entonces. Adrien se levantó de manera automática y el kwami lo tomó de un dedo para comenzar a bajar las escaleras. Un par de tropiezos que casi hacen que Adrien pierda el equilibrio bastaron para llegar al final y así subir nuevamente en la plataforma del pasadizo secreto. Esta apenas estaba terminando de normalizarse como una baldosa más cuando el chico se dirigió con demasiada prisa hasta la puerta, buscando abrirla sin éxito hasta que Plagg llegó para abrir el seguro antes bloqueado. Adrien apenas logró salir para dirigirse al pie de la escalera, pero no pudo más con el peso de su propio cuerpo y se sentó con brusquedad en el primer escalón, con los codos apoyados en sus piernas y la cabeza cabizbaja, quieto como una piedra, en completo silencio.

Plagg comenzaba a preocuparse por su portador, hasta que, tras lo que parecieron unos minutos, este se llevó una de las manos al rostro para limpiarse el rastro de unas lágrimas que nunca notó hasta ese momento. Había algo dentro de su pecho que subía por su garganta, ocasionándole un nudo que le impedía hablar, sólo sabía eso. Más que confuso, todo ante él parecía cada vez más evidente, no podía evitar sentirse ciego.

– ¿Adrien…? – La vocecita de Plagg le trajo de vuelta al mundo. El kwami estaba temeroso de la reacción de su portador, quien hasta ahora no hacía más que confundirlo más.

Pero el humano no decía, ni hacía nada. Sólo se mantenía allí, sentado y quieto con una aparente calma que bastaba para desesperarlo. Cansado de ello, Plagg se aproximó a él y lo encaró, pero lo que vio sólo alcanzó a romperle más el corazón; las mejillas de Adrien volvían a estar empapadas de lágrimas que caían y se perdían en el borde de su mentón y más allá de su cuello, mientras que sus ojos llenos de energía y alguna irremediable viveza estaban apagados, perdidos en un cumulo de tristeza y melancolía que restaba brillo al verde esmeralda de su mirada. Ante él, Adrien estaba irreconocible, como si no se tratara del mismo chico al que había conocido hace tiempo atrás.

– Plagg – Lo llamó con suavidad, finalmente fijándose en él – Todo es muy claro ahora, ¿verdad? Quiero decir, ¿cómo no me di cuenta? Él siempre ha sido frío y distante, pero desde que todo esto comenzó no ha hecho más que empeorar. Un día se acerca a mí y me abraza y al otro me da la espalda. Y ahora que lo he visto todo… ¡Es tan obvio, Dios! – Su voz comenzó a temblar. Adrien pegó sus piernas a su pecho y las abrazó. En esa postura, se veía tan triste y tan frágil que el kwami sólo atinó a acercarse a él y abrazar lo que pudiese. – Me siento tan idiota, Plagg. ¡Soy un idiota!

Un sollozo escapó de su garganta, siendo secundado por otros más que llegaron tras unos segundos. Así, se abrió paso al llanto de Adrien, quien tenía el corazón hecho añicos muy pequeñitos.

Plagg se regañó a sí mismo, sintiéndose en demasía culpable por todo lo que estaba aconteciendo. Sintiéndose el mayor fracasado de todos al dejar que su mente se nublara, por dejarse controlar y manipular por los rastros de ese poder que al final lo habían llevado a él y a Adrien a estar en el lugar equivocado en el peor momento.

Mientras Adrien lloraba, Plagg continuó acariciándole la cabeza, lo que de alguna manera lo hizo sentir como un niño pequeño llorando después de despertar de un mal sueño. Sentía una descarga de emociones que le lastimaban demasiado en ese instante, y la que predominaba de ellas era la intensa decepción que estaba sufriendo al darse cuenta del verdadero color de las cosas.

Dolía demasiado, ardía. Quemaba.

Algo dentro suyo estaba incendiándose con ferocidad y continuaba llorando, esperando que sus lágrimas apagaran la zarza que no disminuía, sino que se acrecentaba en su alma.

– ¿Adrien? – La puerta del lado derecho de las escaleras se abrió. Se trataba de la habitación de Nathalie. La mujer salió vestida con una bata negra y el cabello suelto a ver lo que sucedía. Antes de que ella pudiese notarlo, Plagg se escondió. – ¿Qué haces tan tarde afuera de tu habitación? Deberías estar…

Pero no continuó. El estado en que lo vio la hizo callar al darse cuenta de lo que sucedía. Adrien estaba llorando al pie de la escalera mientras se hacia bolita apretando sus brazos fuertemente para pegar más a él sus piernas. En cuanto el chico se percató de que ella lo miraba, intentó aparentar lo mejor posible, recuperando su postura y despegando sus piernas de su pecho. Buscó en vano limpiar las lágrimas que aún se desbordaban de sus ojos.

– Lo lamento, Nathalie. Volveré a mi habitación. Perdón. – Se disculpó mientras se levantaba. Sentía los músculos entumecidos y rígidos.

– Adrien, espera. – Nathalie alcanzó a sujetarlo del brazo para evitar que se fuera. – ¿Hay algo que quieras decirme?

Por la mente de Adrien pasó preguntarle si ella sabía del secreto de padre, que sí era así, desde hace cuánto y por qué lo permitía. ¿Por qué cooperaba con él? ¿Acaso la habría amenazado? ¿Qué la mantenía tan fiel a su padre? ¿A Hawk Moth? Ella, que para él era una de las mujeres más buenas en su vida…

¿Por qué?

Adrien quería preguntarle y decirle tantas cosas, pero lo único que salió de su garganta fue:

– Sólo tuve una pesadilla, Nathalie. Es todo.

Y tras eso, subió a su habitación. En la penumbra de esta cuando las luces se apagaban, él quedaba nuevamente a merced de la melancolía y los dolorosos sentimientos que se desataron tras su descubrimiento.


Plagg se negó a dormir, algo sorprendente si conocías lo suficiente al kwami como para saber que esa era una de sus actividades favoritas. Sin embargo, era un hecho que el pequeño gato se la había estado pasando junto a su portador mientras este iba y venía de un lado a otro en su habitación, como si de pronto le hubieran inyectado adrenalina en el cuerpo. Adrien simplemente no se estaba quieto, se sentaba, acostaba y se volvía a sentar en la cama para luego pararse e ir a la pequeña sala de su cuarto, rebuscando entre los estantes debajo de la TV y sacando un libro de recortes que se tenía muy bien escondido. Su semblante serio y su actitud callada no permitieron que Plagg se atreviera a cuestionarlo. Sólo se limitaba a verlo mientras flotaba sobre su hombro y se preguntaba qué tanto estaría ocurriendo dentro de su mente como para privarlo de hablar con él durante esos momentos.

Si tan sólo Plagg supiera de la existencia de su revolución mental. La manera en la que dentro de su mente construía argumentos para negar los hechos y como de la misma forma los destruía al encontrarse en un callejón sin salida. Adrien sólo necesitaba tiempo para procesar toda la decepción, el miedo y el enojo que sentía muy dentro suyo y que trataba de controlar antes de que explotara. Después de todo, no era nada tonto. Lo que había visto no se podía negar, entender la situación era cosa de minutos, pero ¿cuánto tardaría en comprenderla? En intentar hallar los motivos, alguna excusa válida y que en su cabeza no sonara egoísta. Porque Adrien deseaba más que nada lograr comprender a su padre, pero necesitaba de razones factibles para que su corazón pudiera perdonarlo por el camino que Gabriel estaba tomando.

Por sus pensamientos una vez más las dudas emergieron. ¿Por qué lo hace? ¿Para qué? ¿Qué es lo que planea? ¿Cuál es su objetivo? ¿Cómo obtuvo su Miraculous?

Observó a Plagg desde el rabillo de su ojo, el kwami estaba preocupado por él y seguramente por todo lo que estuviera pensando; acarició su cabeza. No lo culpaba de nada porque era su amigo. Adrien sabía que Plagg jamás haría algo para dañarlo a propósito. El asunto de su padre era algo que de manera inminente llegaría a él sin importar si quería o no y debía hacerle frente, no sólo por él, sino por Plagg, París, Ladybug y su madre.

Limpió el rastro salado de su tristeza y cambió la página del álbum infantil. Se trataba de recortes que él mismo había hecho cuando tenía cinco años y su único trabajo era dibujar y correr por todos lados. El Adrien de hace diez años disfrutaba de recortar las fotos que su madre le daba en un pequeño libro y dibujar alrededor de estas, para él aun no existían las pasarelas ni las clases extracurriculares, mucho menos las responsabilidades. Ese niño que ahora sólo era un vago recuerdo de su pasado jamás habría imaginado la carga tan enorme que se le adjudicaba al Adrien de ahora quince años. Mucho menos podría adivinar el horror que se sembraba en su cuerpo al pensar en tomar una decisión que afectaría todo el curso de su vida.

¿Debía decirle a Ladybug o enfrentar a su padre?

Curiosamente, la mente de Adrien le dictaba hacer lo primero, pero su corazón se inclinaba a lo segundo. Consigo mismo dividido, debía encontrar una solución y rápido, porque tampoco podía permitir que Gabriel continuara haciendo daño a más personas. Recostado en el sofá blanco, con Plagg sobre su pecho al filo de quedarse dormido, la idea finalmente brotó y sin poder evitarlo se sentó de golpe, tirando de su cómoda cama al kwami.

¡Ya sabía que debía hacer! Y no, no era ninguna de las dos opciones que antes se había planteado. A falta de un desempate entre ambas, Adrien creó una tercera: iba a investigar. ¿Sonaba tonto? Pues no importaba. Estaba dispuesto a intentarlo, porque Gabriel era su padre y aun con todo el daño que le había hecho a él, a Ladybug y a París, debía haber un motivo, ¿verdad? Porque su corazón se negaba a odiarlo, por más simple y doloroso que pareciera al final.

Adrien tenía que intentar, porque se aferraba tercamente a creer que ellos aun tenían un final feliz.


Y bieeeeen, arrancamos con todo en el primer capítulo de este segundo arco, "Simple And Painful" (suena bonito en inglés, ¿a qué no? ah xd) ¡Feliz Año Nuevo!

Este capítulo es el que más me ha costado hasta ahora, y todo porque ya lo tenía escrito desde antes de la reacción de Marinette en el arco anterior, para que se hagan una idea. Sin embargo, a pesar de eso he tardado un poquitín en traerlo porque no quería publicarlo de golpe, tuve que corregir muchas partes gracias a algunos capítulos de Miraculous de los que me percaté contradecían ciertos detalles aquí (y algunos los modifiqué, otros no).

Otra cosa que considero interesante: ¡Los detalles de la historia cambian junto al arco! Los personajes agregados, por ejemplo. En este arco el protagonista es Adrien y junto a él, Plagg. Pero cuando este arco acabe, ¿lo seguirá siendo?

No quise cambiar la sinopsis principal, pero al principio de cada arco y en el capitulo principal de este pondré su sinopsis correspondiente, que es sumamente importante para el desarrollo de cada uno y trae ciertos detalles que podrían ser spoilers. No tengo que decirlo, pero igual lo haré: esto va para largo y estoy muy emocionada por la forma que le estoy dando a esta historia, significa mucho para mí.

En menos de una semana vuelvo a clases y me temo que será un semestre muy pesado, por lo que las actualizaciones podrían volverse lentas (¿no ya lo eran?) pero de que habrá capítulo, habrá. Cuando deje de haberlo, es porque ya he publicado el epílogo y esta historia dirá "terminado".

Por último (y si alguien sigue leyendo esto lol) me gustaría recomendarles la historia de Alcuatiumlol12 "Se acabo el Show", pues me ha encantado y esta basada en este fanfic. :D

En fin, ¡muchas gracias por leer!