Disclaimer: Los personajes le pertenecen a S. Meyer; la trama es mía.


¿Qué es belleza?

Capítulo 7: Socializando

Me desperté al escucharle el irritante sonido del timbre ¿ quién en su sano juicio se atrevería a pulsar ese artilugio del demonio antes de las siete de la mañana?

Sabiendo lo perezosa que era Rose decidí levantarme y dejar de hacerme la remolona, cuando antes abriese antes podía volver a mi suave y cálida cama.

Gemí de frustración, acababa de recordar que en menos de media hora salía a trotar con Rose. Podía fingir encontrarme enferma, podía excusarme con un terrible dolor de riñones por mi periodo… pero nada iba a funcionar, Rosalie era incluso más tenaz que yo misma y si se había propuesto salir a correr todas las mañanas para así contribuir de alguna forma a la mejora de mi aspecto físico y de mi autoestima iba a perseverar en ello.

Caminé hacia la puerta arrastrando mis pies por el camino, sí, esta también era una forma efectiva de barrer el suelo.

Sin pararme a ver de quien se trataba abrí la puerta. Y… ¡ sorpresa! Allí estaba Edward, para mi total desencanto. Había contando con más horas para preparar una estrategia, gestos incluidos, cuando le viese. Pero el parecía dispuesto a sorprenderme, quizás le vendría bien un recordatorio sobre mi odio a los hechos inesperados, es decir, a las sorpresas.

-Buenos días Bella- me saludó educadamente y sin rastro alguno de somnolencia en la voz.

-Bueno días también para ti, ¿ se puede saber qué haces a estas horas despierto y más aquí? Algunas disfrutamos del sueño, no sé si sabes lo que eso supone- le aclaré, molesta por su inoportuna interrupción.

-¿te acostaste anoche tarde?-preguntó juguetón. A pesar de la empanada mental que tenía no pude sino alegrarme por estar ante el antiguo Edward, el juguetón, bromista y desinhibido que conseguía, en más ocasiones de las que me gustaría, sacarme de mis casillas.

Era estúpido pensar que yo, tal y como siempre me había concebido, echase se menos a alguien como él y a todo lo que él significaba. Sigo creyendo que los seres humanos tenemos la capacidad, a veces beneficiosa y otras demoledora, de cambiar. El mutar era algo casi connatural a nuestra especie. El ser humano ha sido siempre el animal menos especializado y a pesar de todos loshandicapsque ello ha supuesto, supimos aprovechar esa falta de talentos innatos; nos fuimos adaptando a todo con lo que nos enfrentábamos y sólo a través del cambio pudimos sobrevivir. Sin duda éramos unos animales curiosos.

Pero era el cambio lo que a mí también me asustaba, en algún momento de mi vida, pese haber sido siempre distinta al resto de adolescentes, había deseado tener algunas de las cosas típicas de adolescentes: un íntimo grupo de amigos, discusiones con los padres sobre las horas de llegada, vicio con él móvil... Ahora me arrepentía de estos deseos estúpidos, no sólo por la simpleza que los mismos contienen sino porque yo siempre me había considerado una persona madura y distinta al resto, así que ¿ dónde tenían cabida esos absurdos deseos? Quizás no hubiese sido más que la típica adolescente que sabiéndose diferente se consideraba especial, sólo con el deseo de enmascarar los sufrimientos que padecía por no encajar donde el noventa por ciento de jovenzuelos lo hacían.

El cambio… yo misma había evolucionado, estaba sujeta al tiempo de la misma forma que todos los que me rodeaban. Cada una de las decisiones que había tomado habían supuesto cambios en mi vida, ir o no ir a alguna de esas fiestas había provocado una reacción en mis compañeros, reacción que había sido contestada por una actitud mía, y así, en una cadena infinita de respuestas el cambio se había ido forjando, sólo que, como en la mayorías de las ocasiones, ante nuestros débiles sentidos, tal pequeña cantidad de cambios habían pasado inadvertidos y sólo nos habíamos dado cuenta de el resultado final. Por supuesto que éste es importante pero también es necesario, e incluso me atrevería a decir que más importante, conocer el proceso, esa pequeña serie de circunstancias que con su acción conjunta han dado como resultado algo llamativo ante nuestros ojos.

Volví a mi conversación con Edward.

-¿Qué es lo que te trae por aquí?- dije cortando el camino por el que él parecía querer que discurriese nuestra conversación.

-La cocina de mi casa se ha estropeado así que he decidido venir a desayunar aquí- me dijo mientras pasaba sin invitación a casa.

Comencé a darle vueltas a la cabeza ¿ no podría haber ido al cuarto de Jasper y de Emmet? ¿ o al de Alice? O sino ¿ a alguna de las cafeterías del campus? Pero es más ¿ a qué hora desayunaba este hombre? Faltaban más de dos horas para que las clases comenzasen…No entendía su presencia aquí, sólo sabía que su excusa había sido muy mala, errónea y pobre.

Pero esta vez, contra todo pronóstico, decidí no cuestionarle. Me daba cuenta gracias a lo mucho que hablaba con Rose de que a veces era demasiado brusca, parecía un gato mojado sacando las garras ante la cosa más insignificante. Mis padres me educaron para ser más respetuosa y no para parecer una medio salvaje que gruñía más que hablaba. No podía tener un carácter tan brusco y menos cuando no me estaban ofendiendo o faltando al respeto.

Me iba a costar pero iba a intentar cambiar un poco ya que era demasiado mal pensada, muchas veces me precipitaba en mis juicios, aunque claro, como no daba oportunidades a la gente no podía llegar a saber si serían buenos o no para mí.

Un buen comienzo era no increpar a Edward por su estúpida visita a estas horas y por su cutre excusa. Me había quitado veinte minutos de sueño, minutos que pensaba recuperar esta tarde porque la siesta no me la iba a quitar nadie, ya estudiaría después, total por media hora…

-¿ A sí que quieres que te demos de comer, no?- Edward pareció sorprendido por mi tono relajado, sí, creo que esperaba un gruñido, que fama me había ganado…

Al instante pareció recuperarse, las comisuras de su boca se alzaron y una esplendorosa sonrisa adorno su rostro. Parecía sencillo complacerle, algo que me encantaba. Disfrutaba de los pequeños detalles, no me gustaban las cosas rimbombantes o complicadas, en lo sencillo estaba lo bueno, un zumo, un paseo por la playa, un buen libro, un fin de semana de películas, un café con mucho azúcar…

-Bueno, ya se que cocinas como los ángeles pero no voy a ser tan descarado como para pedirte que me hagas el desayuno así que sólo os pido la cocina, incluida la nevera.

-Ya que me has despertado ¿qué menos que me tome un buen desayuno? Claro, eso si me da tiempo y no aparece la loca del deporte por la puerta con el chándal puesto.-dije refiriéndome a Rose, estaba segura que en cualquier momento aparecería por la puerta gritándome sobre lo tarde que era y lo poco que íbamos a poder corres, ¡qué pesadilla!

-Te propongo un trato- me dijo con cara de niño travieso. Puso tal gesto que me sentí inquieta, estaba intentando controlarme manteniéndome relajada y siempre que me parecía estar preparada le miraba directamente a los ojos, de un verde intenso y vivaz; "poco a poco" me recordé a mí misma. Nadie podía negar mi esfuerzo.

-Soy toda oídos- me tenía intrigada.

-Yo entro al cuarto de Rose y le quito su despertador mientras tu nos haces el desayuno. Un desayuno que comeremos sentados tranquilamente en vez de salir a correr, ¿qué me dices?

¡Qué buena idea? Pero… ¿me atrevería?

Rose no se iba a tragar que ninguna de las dos no nos habíamos levantado, ella había puesto su despertador la noche anterior…

-Ella puso su alarma a las siete- le contesté a la espera de que su mente buscase una solución igual de ingeniosa que el plan.

Pareció pensarlo por unos segundos.

-Solucionado. Le cambio de hora la alarma. La pongo a las ocho y todo arreglado, ¿Aceptas?- me inquirió ansioso.

Valía la pena jugársela, con un poco de suerte me libraría por hoy.

-Todo tuyo- dije mientras me apartaba de la puerta de la cocina, dejándole el camino libre, lo que provocó que volviese a sonreír.

-Lo mismo con la cocina, quiero un desayuno completo, de esos que no tomo desde que no estoy en casa.

-¿Algo más señorito Cullen?- dije mientras hacía una teatral reverencia e imitaba a las típicas señoras del hogar que eran obligadas a tratar a sus jefes como dioses del Olimpo.

Y… horror. Levaba puesto un pantalón corto de color azul marino junto con una camiseta que dejaba al descubierto uno de mis hombros, la típica camiseta vieja que está para echar a la basura pero que te encanta y la utilizas para lo que puedas, en mi caso para dormir.

Edward me había visto las piernas, blancas y gordas, no esas largas y morenas piernas de Melanie. En algo la tenía envidia.

Decidí no cambiarme por varios motivos: él ya me había visto así por lo que no tendría sentido ir al cuarto a buscar algo más, iba a quedar como una coqueta o algo por el estilo y era algo que para nada me apetecía; podía pensar que me cambiaba por él y aunque era así no quería que supiese que me importaba mi apariencia ante él ¿desde cuando me preocupaba yo por estar decente para alguien?

Delante de Rose no importaba, podíamos caminar en trapos, nunca muy desvestida pero si con el tipo de prendas que ahora mismo llevaba.

Me encaminé hacia la nevera y empecé a sacar todo lo que me iba a hacer falta, iba a impresionar a Edward con mi desayuno. Se me daba bien cocinar y era algo de lo que disfrutaba, era algo así como un hobbie. De vez en cuando si me aburría miraba algunas recetas y las intentaba hacer, cocina experimental, vamos.

Casi se me cae la sartén al suelo cuando escuché el despertador de Rose. Estábamos en problemas. Edward por estar allí y yo por haberle dejado pasar.

¿había puesto Rose antes de tiempo su despertador? ¿o había sido Edward quien se había confundido?

La curiosidad me decía que fuese a ver que ocurría pero me contuve y seguí a lo mío.

Minutos después apareció un perturbado Edward.

-¿Qué ha pasado? ¿Se ha despertado Rosalie?- le pregunté demasiado alterada para mi estado de ánimo habitual. Solía ser más comedida, siempre estudiando mis reacciones para no dejarme llevar por mis emociones ni que los demás las descubriesen. En esta ocasión estaba haciendo una excepción aunque si lo pensaba bien, desde hacía unos meses mi estado emocional y por ende mis emociones eran más volubles que en tiempos anteriores.

Edward tardaba demasiado en responderme así que le agarre por un brazo y le di un pequeño meneo para ver si así se arrancaba a hablar.

Él pareció sorprendido ante este gesto porque sus ojos se desviaron hacia donde estaba su mano, acto que provocó que yo dejase caer mi propia mano de golpe como si me hubiese escaldado.

-¡Habla!

-Ya has escuchado, he tenido algunos problemas con… con el despertador, no sabía como poner la alarma y el maldito aparato se ha puesto a pitar como loco ¡ qué potencia ! creo que le voy a pedir a Rose uno de esos, así no me quedaré nunca dormido…

-¿Pero ella se ha despertado? ¿No verdad? Si hubiese sido así ya estaría aquí- dije esto último más para mí misma que para Edward.

-Has acertado en todo pequeña- dijo Edward provocando que me envarase. Me alejé de él, asustada por la última palabra que había pronunciado ¿había escuchado bien? Quizás se hubiese olvidado de terminar la frase quizás quisiese decir pequeña ansiosa o pequeña cotilla… las posibilidades eran muchas, pero en ninguna de ellas desaparecía el adjetivo pequeña…

Él pareció no darse cuenta de lo que había dicho y yo intenté hacer lo mismo pero me resultó imposible. Codo a codo nos pusimos a trabajar en nuestro desayuno, tostadas, revuelto, zumo de naranja…

No podía sacar de mi cabeza lo de pequeña. Quizás llamaba así a su hermana o a Rose, quizás era un apodo cariñoso que él utilizaba normalmente y a veces se le escapaba sin percatarse de ello. Pero no me podía engañar, en estos meses nunca le había escuchado tal palabra para referirse a una persona.

Debía dejar de pensar en ello, yo una vez le llamé guapo y no era que se lo quisiese llamar sino que me salió en medio de una conversación, lo que no podía negar era que era el hombre más atractivo que me había echado a la cara. Pero de ahí a decírselo había un paso muy largo.

Iba a dejarlo pasar, yo era fuerte. Dice el dicho "A palabras necias oídos sordos". Esa palabra no había sido pronunciada.

Cuando conseguí dejar el tema de lado, al menos por unos instantes, disfrutamos de un agradable desayuno. El ambiente se llenó de conversaciones triviales, simples pero a la vez con una chispa de gracia. Verdaderamente disfruté de ese tiempo con él, no había rastro de la tensión de ocasiones anteriores, no era que estuviese igual de cómoda con él que con Rose pero intentaba estar más relajada que otras veces. Por lo menos me siento más a gusto con él que con Jasper o Emmet. Sobre todo me sentía incómoda con Emmet, su carácter tan abierto, bromista y confiado me intimidaba demasiado. Jasper parecía mucho más comedido y eso para mí significaba comodidad y mayores facilidades.

-Friego los platos y luego me voy a lavar los dientes y a recoger las cosas. Después vuelvo y os acompaño al campus, ¿ te parece?- me propuso Edward nada más terminar nuestro copioso desayuno.

Me daba a elegir en muchas ocasiones casi me había impuesto su compañía pero no era así esta vez. Tras su propuesta podía distinguir el deseo de que aceptase y también algún deje de orden, muy tenue, por supuesto, pero la decisión final era mía.

-De acuerdo. Esperemos que Rose no se levante de malas aunque creo que va a ser imposible, ¡miento horriblemente mal! En cuanto me mire a los ojos se va a dar cuenta de que hay algo turbio en todo esto- me lamenté.

-Confía en mí por favor Rose pensará que ha sido un descuido suyo- me medio suplicó.

Que cosa tan difícil me pedía: que confiase en él. Como si eso fuese tan fácil, como si la confianza fuese algo tan sencillo de dar y de conseguir, como si al confiar en alguien no estuviese dando a esa persona una parte de ti mismo para que ella haga con ella lo que quisiera.

Quizás la confianza se ganase a lo largo de la vida pero su punto de origen estaba en uno mismo. Si tu no confías en ti mismo ¿ cómo vas a confiar en los demás?¿ como es posible confiar en uno mismo? Los demás, aparte de uno mismo, son los que te devuelven unos datos que te hacen formarte una imagen de ti mismo. Pero para tener en cuenta esa información que te transmiten tienes que confiar en los demás y será esa imagen de ti mismo la que te de o no la confianza en ti mismo. Es como la pescadilla que se muerde la cola, un círculo vicioso.

Sin duda alguna, al menos para mí, la confianza es algo que uno se gana día a día por medio de hechos, de palabras, de silencios, de gestos… pero nunca es algo que se exige. Porque la confianza es libertad y autonomía, no imposición y coacción.

Me despedí de Edward y me fui hacia la ducha, el agua caliente me vendría de maravilla para relajarme un poco.

Con más parsimonia de la habitual me arreglé, estaba medio grogui después de aquella agua casi hirviendo pero bueno, por lo menos había liberado tensiones.

Contra todo pronóstico Rose no sospechó de mí y tampoco protestó mucho, sólo refunfuñó un poco por lo bajo pero nada de lo esperado. Quizás a ella la molestaba tanto como a mí tener que salir a sudar por las mañanas.

El timbre sonó y fui yo la que abrió, sabiendo que se trataba de Edward. Me extrañó que Rose no comentase nada sobre la llegada de Edward y sobre nuestro trato que distaba mucho del de los últimos días. Esta mañana se estaba comportando de una forma realmente extraña. Era viernes y el cansancio cada vez era mayor además la universidad cada vez nos exigía más, yo misma me iba a quedar hoy varias horas en la biblioteca para ponerme al día con todas las lecturas y trabajos pendientes así como para comenzar a leerme los apuntes. Por ahí dicen eso de : "No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy". Así que al final nada de siesta.

Al final del día me di cuenta de que tenían un mensaje de texto del que no me había percatado anteriormente debido a que tenía el móvil en silencio, los bibliotecarios de la facultad eran muy estrictos con eso y a la mínima te invitaban amablemente, por supuesto, a abandonar las instalaciones.

El mensaje era de Rose.

A las ocho te espero en casa Bella. Quiero ir a comprar algunas cosas, entre ellas algo de ropa deportiva porque entre el yoga y el trote de las mañanas no suficiente.

Un beso de Rose

El plan me pareció hasta tentador, estaba harta de la biblioteca. Eran las siete y veinte de la tarde y llevaba allí desde la una con sólo un descanso hasta la máquina de café.

Decidí estarme un rato más y a eso de las ocho menos cuarto me fui al departamento donde una impaciente Rose y para mi total sorpresa una también impaciente Alice me esperaban.

-¡Vamos!- dijo mientras me quitaba a zarpazos la mochila. Vaya sí que estaba desesperada…

-¡encantada de verte a ti también! Gracias por preguntar, mi día ha sido bastante productivo, la biblioteca me da la concentración que a veces no encuentro en casa; y hablando de todo un poco ¿qué tal tu día?- el sarcasmo teñía cada una de mis palabras.

-Deja de hacerte la graciosa y corre a buscar tu bolso-me apresuró.

No sabía como saludar a Alice después de nuestros últimos encuentros o mejor dicho desencuentros.

-Hola Alice ¿ tú también te vienes?- me esperaba una contestación del tipo "¿A ti que te parece?" o algo por el estilo pero nada de esto ocurrió.

-¡Hola Bella¡ espero que esta nueva salida de compras sea más productiva que la última- y para agrandar mi sorpresa me guiñó un ojo.

Recordaba nuestra primera y última salida de compras las tres juntas. Yo me había cansado de los paseos por las tiendas de moda y me había ido a mirar unos libros y algo de música. Me sentí un poco avergonzada al recordar lo borde que fui ese día sobre todo con Alice que se había mostrado tan abierta conmigo.

Me era difícil relacionarme con Alice debido a su carácter extrovertido, todo lo contrario que al resto de la mente. Y eso era lo mismo que me pasaba con Emmet. El carácter de Jasper y Rose, más sosegado, me permitía acercarme a ellos de forma lenta y a mi ritmo pero el de Emmet y Alice me obligaba a estar alerta constantemente, no sabía por donde me iban a salir. Y en cuanto a Edward, él tenía una mezcla de ambos caracteres, a veces me daba espacio y otras se abalanzaba sobre mí, a veces era serio y otras bromista… se mantenía en un equilibrio que me llamaba la atención y que, aunque me costase reconocerlo, me atraía.

Media hora después estábamos en una de las mayores tiendas deportivas del centro comercial más cercano al campus.

-Voy echando un ojo por ahí- prefería ir por mi cuenta, no me apetecía que ellas estuviesen delante viendo como buscaba talla, como no me valían muchas de las prendas o simplemente ver lo mal que me sentaban.

Para mí ya era un paso demasiado amplio acudir con ellas a comprarnos ropa y esperaba que, al menos Rosalie, se diera cuenta. Estaba poniendo mucho de mi parte, las conversaciones con Rose estaba surtiendo efecto o al menos eso parecía. Quizás más que las conversaciones lo que me estaba haciendo tanto bien era su simple compañía.

-¿no prefieres que te aconsejemos?- Alice ya sostenía en sus manos un par de camisetas demasiado ajustadas para mí, odiaba la lycra. Era un tejido horroroso que se adhiería al cuerpo como una segunda piel, marcando cada una de tus curvas, en mi caso curvas de más.

-Yo prefiero ir sola, ya nos veremos por la tienda o por los probadores- miré a Rose con la intención de que ella me apoyase, ella debía hacerse una idea de cómo me sentía.

-Tú verás…- me pareció notar algo de molestia en su tono de voz y la verdad es que no lo entendía, hacia dos minutos estaba bien y ahora no, ya no éramos unas adolescentes hormonales para tener esos cambios de humor tan repentinos. Decidí ignorarlo y seguir a lo mío.

Di unas cuantas vueltas por la tienda y escogí algunas camisetas lisas de algodón, una par de pantalones de chándal negros y unas nuevas playeras. Cuando estaba en los probadores me fijé en el tipo ropa deportiva que se probaban las demás chicas: shorts, camisetas muy ceñidas que dejaban parte de la espalda al descubierto, faldas pantalón demasiado cortas, mallas … y ahí iba yo con mi ropa holgada y de colores pálidos y suaves. Las diferencias eran muchas y en esos momentos mataría por meterme en ese par de shorts sin tener que preocuparme por las estrías o por la celulitis.

Cuando salía de los probadores, después de haber tenido que volver con nuevas tallas, me encontré a Alice y a Rose con muchas prendas en sus brazos.

-Con tal de gastar dinero os compráis hasta ropa de deporte mira que sois…- distinguí camisetas, pantalones, bikinis, shorts …

-El vicio es el vicio y además Alice muy de vez en cuando me convence y quemamos la tarjeta.

-Menos mal que sólo nos queda una hora antes de que cierren…-más de dos horas comprando ropa era un suplicio y más con este par de ellas.

De dos saltos Alice se metió al probador y en medio minuto salió con un nuevo modelo.

No me iba a librar de tener que ver lo bien que les sentaban cada una de las piezas, que divertido…

El resto del tiempo allí fue un suplicio. Después de la tienda deportiva nos acercamos a una de las típicas tiendas de chica joven ¿ por qué en ellas siempre había dependientas jóvenes, delgadas y medianamente guapas? ¿ es que no existían chicas más rellenas en el mundo? ¿y más feas o al menos más del montón?

Me sentía cohibida y fuera de lugar en la tienda, sentía como si de un momento a otro todos me fuese a señalar con el dedo para decirme: "Fuera aquí no eres bien recibida".

Con cierto desdén cogí un camiseta con un original estampado, me costó encontrar la talla XL y cuando al fin la encontré me di cuenta de que me quedaba pequeña. Genial, ni la talla más grande me servía.

-¿no te gusta nada?- de nuevo vi a Alice con un montón de ropa colgado de su brazo.

-No, sobretodo porque no tienen talla para mí- tiendas como esta sólo conseguían minar la moral a las jovencitas y a las no tan jovencitas como yo. No lo tenía tan superado como yo creía.

-Podemos ir a otro lado Bella- de nuevo me habló amablemente.

-Os gusta compara aquí, yo sólo me limitaré a revolotear por ahí y a reírme de lo ridículo de algunos modelos- el humor en estos casos me ayudaba a sobrellevar la rabia y la vergüenza que sentía en momentos como este.

-Seguro que tienen talla en algún modelo. No te ofendas, pero en esta tienda hay ropa bastante buena y a la moda, te vendría bien cambiar un poco tu estilo de vestir.- ¿qué había de malo en mis ropas? Eran sencillas, prácticas y cómodas y para mí eso casi lo único que me importaba en cuanto a la ropa.

Además ¿quién era ella para hablarme así? ¿Qué confianza teníamos para que me soltase tal cosa y además en frío?

-Si cambiase de la noche a la mañana mi estilo de vestir así como así perdería parte de lo que soy y no pienso hacerlo a menos que el cambio de ropa está precedida por un cambio emocional.- quería que entendiese mi punto, yo no iba a ser más feliz por comprarme una de esas prendas de temporada sino comprándome aquello con lo que me sentía a gusto, pero… minutos antes había deseado vestir las típicas prendas de jovencitas delgadas así que algo en mi discurso no tenía sentido.

Me conformaba con la ropa que me compraba porque era aquella que disimulaba mejor mi peso o que bien me era muy cómoda pero si fuese delgada no compraría ese tipo de prendas sino que asistiría como Rose y Alice a las tiendas de moda más visitadas para equiparme como la mayoría de las chicas.

Era mi cuerpo el que decidía que ropa iba a usar y de alguna forma eso me definía así, yo vestía con ropa poco llamativa porque odiaba ser el centro de atención y si me pusiese otro tipo de ropa no sólo me estaría abochornando delante de la gente, que se reiría al verme de tal forma, sino que además estaría "traicionándome" a mí misma al exponerme tanto y de tal forma. Ahora bien, si en algún momento yo cambiase de forma de pensar o de físico tendría la posibilidad de utilizar otras ropas.

-Creo que la ropa da una pequeña de lo que somos, a mí me gusta ir arreglada y a la moda y eso es algo que también me pasa en otros ámbitos de mi vida.

-Yo en cambio soy práctica y me gusta ser invisible, cosa que por razones evidentes es más imposible para mí que para el resto, así que con mi ropa intento no llamar la atención. Además no cuento con demasiado dinero para destinar a la ropa.

-Concuerdo contigo, la ropa es también un indicador de la posición económica- del tema de la ropa nos habíamos desviado hasta casi un análisis sociológico sobre la vestimenta. Esto era bueno, eludíamos los temas más incómodos y nos metíamos en una discusión que a todas luces era de importancia en nuestro mundo pero sobre todo en nuestra sociedad.

-Es más ¿ por qué las mujeres se gastan más dinero en ropa que los hombres? Es cierto que cada vez los hombres se gastan más dinero en ropa pero aún así las diferencias siguen siendo demasiadas. Creo que las mujeres nos vemos obligadas a estar siempre perfectas, a cuidar nuestra imagen más que los hombres. Dudo que esto sea algo que venga dado por naturaleza, más bien se trata de algo que nos han enseñado desde pequeñas. Ya desde niñas fabricamos pequeñas reinas de belleza, me dan vergüenza algunos de los certámenes de niñas que se organizan en nuestro país, donde unos padres completamente obsesionados con el triunfo y la belleza de sus hijas se dejan ingentes cantidades en la industria cosmética y textil. Y todo ello sólo lleva a meter en la cabeza a esas pobres niñas la idea de que deben ser hermosas y delgadas y con eso van a triunfar en la vida- a mi cabeza venía uno de los últimos artículos que había leído sobre este tipo de certámenes, demasiado proliferes por aquí. El texto era contundente pero más lo eran las imágenes, todavía puedo ver a esa pequeña de tres años con uñas y pestañas postizas, mechas y la cara como una puerta.

-No es tan extremo como lo pintas, yo misma he ido a concursos de belleza de pequeña y hoy en día soy una mujer normal- me imaginaba el tipo de concursos, las típicas fiestas locales en las que se escogía a la chica más guapa o el típico festival de carnavales en los que se desfilaba con varios trajes, incluidos algunos disfraces. Nada sería y algo tolerable.

-No digo que todos sean así, pero es alarmante que desde pequeñas se inscriba a las niñas en este tipo de concursos, algunos pueden ser graciosos pero otros son una atrocidad.-jamás llevaría a la hija, una hija que posiblemente nunca tendría, a uno de esos concursos de belleza.

-¿ así que eres la típica mujer que cree que ese tipo de concursos son denigrantes?- no supe distinguir el trasfondo de la pregunta, curiosidad, crítica…

-¿y tú eres la típica mujer a favor de ese tipo de exhibiciones?- temía la contestación: "al menos yo puedo" o "estás en contra porque tú no podrías participar en ellos".

-¿estamos en alguna clase de congreso o de compras? Porque hace mucho tiempo que me he perdido y eso que acabo de llegar- Rose tenía algo de razón, bueno, en esta ocasión me convenía darle la razón. Podía seguir discutiendo con Alice y sería una discusión muy interesante y enriquecedora ya que nuestros puntos de vista eran completamente diferentes y el intercambio sería fructífero, pero también cabía la posibilidad de que tuviésemos algún coche de mal gusto vista la tensión del último intercambio.

Afortunadamente no pudimos quedarnos allí mucho más tiempo ya que era la hora de cerrar aunque para nosotras como era viernes la hora no tenía mucha importancia.

-Le voy a mandar un mensaje a Emmet para que pida unas pizzas y así vemos unas películas todos juntos ¿ os hace?- estaba rendida.

-Jasper y yo no podemos, así que somos dos menos.- de nuevo se descolgaban.

-Entonces mejor lo dejamos para mañana.- esta propuesta me sorprendió, la mayoría de los sábados aprovechaban para salir a alguno de los locales de fiesta a los que yo, por supuesto, me había negado a acudir, cosa que según me había contado Rose, Edward también solía hacer, él a al igual que yo no se sentía a gusto en ese tipo de locales aunque me aventuro a decir que nuestras razones eran muy distintas.

-Decidido, mañana cada uno llevamos una película y elegimos algunas, estoy cansada de ver Rocky ¿ es que ese hombre no se cansa jamás de hacer el bobo?- podía recordar la primera vez que vi una de sus películas en Forks con Charlie y debo reconocer que me había reído bastante porque el personaje era bastante paleto, además en una de las películas llevaba una ridícula chaqueta con un tigre a la espalda, daba grima con sólo imaginárselo. Esa chaqueta me había marcado.

-¿en que momento se le ocurrió a Edward regalarle el especial de Rocky?- estaba segura de que ese regalo había sido pensado más para molestar a las chicas que para el propio disfrute de su hermano viendo el enfado de ambas pero sobre todo de la rubia.

-¿a Edward le gustan?- la verdad es que no me pegaban mucho con su estilo.

-Se parte de risa con ellas, le resultan algo patéticas y demasiado clichés.- me contestó su hermana.-¿ y a ti?

-Creo que Rocky ha inaugurado un nuevo subgénero en el ámbito del humor aunque también tiene frases buenas: "No importa lo fuerte que golpeas, sino lo fuerte que pueden golpearte, lo que aguantas mientras avanzas, hay que soportar sin dejar de avanzar…"*

Sentí sus ojos sobre mí y el rubor cubrió mis mejillas a medida que me daba cuenta de lo que había hecho, me había soltado demasiado y había dicho algo que en circunstancias normales me hubiese callado.

-Umm… Creo que yo ya me voy a la cama, descansad-dije atropelladamente con el único deseo de salir de allí y meter la cabeza en un hoyo profundo para no tener que dar la cara en varios años.

Por más que me esforcé no escuché sus risas y eso fui un alivio, no se habían reído de mí. No tenía la capacidad para reírme a mí misma envidiaba eso de Emmet, él se reía de cualquier cosa, lo que a veces era bueno y otras malo.

Después de ponerme cómoda abrí el correo para ver si tenía noticias de mis padres hacía casi dos semanas que no sabía nada de ellos, me imaginaba que todo estaba bien.

En mi bandeja de entrada tenía un correo pero no precisamente de mi madre sino de Edward. Antes de ponerme con él decidí escribir a mi madre y así quitármelo de encima de esa forma podría bajar el nivel de excitación que ahora albergaba en mi interior.

No sirvió para nada, sólo para que le mandase un corto e insulso correo a mi madre y ansiosa abriese el de Edward.

¡Buenas noches Bella!

¿Cómo te ha ido el día?

Ya he revisado el trabajo así que había pensado que podíamos ir juntos a imprimirle y encuadernarle, además me hace falta tu opinión sobre el formato de la portada.

Por cierto, cocinas como los ángeles, creo que no voy a arreglar mi cocina y quizás eche a mi compañero de cuarto para tenerte a ti.

Un beso.

Nunca había sido una persona a la que le gustase recibir halagos, en parte porque me parecía que en la mayoría de los casos no eran sinceros. Pero por una vez me alegró recibir uno, siempre hay excepciones.

Hola Edward.

Bueno en general no me puedo quejar de mi día ¡ no he tenido que correr ! pero no ha acabado de la mejor manera, digamos que me he avergonzado a mí misma delante de tu hermana y de Rose.

¿a qué hora quedamos para lo del trabajo? ¿dónde?

PD: ¿Qué tal tú?

Iba a colocar la mochila para mañana pero me di cuenta de que no era necesario, lo único que me faltaba ya era aparecer un sábado por la mañana en mi clase.

¿Qué has hecho? Me vendrían bien unas risas antes de dormir.

¿Vas a madrugar mañana? Yo probablemente sí, de esa forma estudio por la mañana y así tengo el día libre. Me acaba de llamar Emmet para decirme que tenemos día de películas ¿lo sabías?

Besos.

Bueno, las chicas tampoco se habían ido de la lengua. Si se lo hubiesen dicho Emmet no se lo habría callado, o… ¿me estaría Edward ocultando que ya lo sabía?

Tenemos el mismo plan. Me quiero acostar pronto para poder madrugar y tener el día libre, desde que estoy con vosotros estoy estudiando menos…

¿Te parece bien a las doce y media en reprografía?

Era cierto lo que le había dicho a Edward, desde que le conocía había pasado menos horas estudiando o en la biblioteca. Me refugié en los estudios como excusa para mi falta de amistades y por tanto de salidas. Si tenía cosas que hacer mis padres no me podían reprochar que estuviese siempre en casa ¿ qué padre regañaba a su hijo por aplicarse en los estudios?

Me había acostumbrado a ser una de las mejores de la clase y no es que fuese especialmente inteligente sino que las horas frente a los libros deban sus frutos. Podía decir, tristemente, que ese era uno de los pocos temas por los que mis padres podían presumir de mí, lo odiaba pero no les quería quitar eso.

A la una te recojo en tu casa, lo imprimimos y nos vamos a comer algo, conozco un italiano buenísimo ¿ te gusta el plan?

Y por cierto, estate preparada porque mañana te voy a sonsacar lo ocurrido.

Besos.

¿salir sola con Edward? ¿ en el mismo coche? Allí el espacio era muy reducido, estaríamos a pocos centímetros, y en el restaurante estaríamos cara a cara y además solos.

Me has convencido sólo porque tengo debilidad por los italianos.

Buenas noches.

Rocky Balboa.

¿Me había poseído alguna clase de demonio? ¿ el cansancio me había hecho delirar?

Ahora no podría echarme para atrás y tenía que ir a esa comida.

¿Te gustan los tipos italianos o su comida?

¿Rocky?

Mañana tienes mucho que contarme.

Besos.

No respondí a su correo y decidí dejarle con la duda, allá se las apañara con ella así como yo con mi decisión.

Nunca había conocido a un italiano aunque quizás pronto le conociese…


Siento el retraso… pero entre mi cumple (¡Sí, cumplí 20 el martes!) y mis 12 nenes me faltan horas al día.

¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Notáis cambios en ella? ¿Qué os parecen sus reflexiones? Me encanta lo del cambio y tb la crítica a los certámenes de belleza, no sé que os parecerá a vosotras.

Cuento con vosotras para apoyar a mi selección el domingo, ¿no? Si el miércoles casi me caigo al suelo de los nervios no quiero pensar que va a pasar el domingo… XD sea lo que sea nuestro equipo ha hecho algo grande. Y bueno ya que pido apoyo para mi selección tb para Fernando Alonso que corre en casa de H… jaja

Besines

Sil

¡Disfrutad del finde!