Capitulo 6

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Hola, aquí estoy con un nuevo cap, me he tardado bastante, so sorry, pero semanas difíciles. Esperó que disfruten y les gusté el capítulo, gracias por seguirme en cada actualización, y acompañarme en está historia. Alexandro, feliz viaje y disfruta de París, hermosa ciudad y también país, será uno de mis escenarios en una de mis próximas historias, ups, se me escapó... 😄:)

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Bella POV

El cielo se encontraba despejado, podía verlo claramente desde la terraza. La brisa fresca de la noche era agradable y mi mente se encontraba en paz. Había tenido mucho tiempo para pensar durante toda la tarde y, cuando por fin llegué a hacerme a la idea de lo que vendría, mis prejuicios sobre mis decisiones terminaron y, hasta el momento, podía mantener mi mente tranquila.

Edward POV

¿Qué estará pensando?, pensé, pero una voz detrás de mí alejó esa pregunta rápidamente de mi mente.

—Ella es una buena chica, Edward —habló Claire, sorprendiéndome, aunque pude ocultarlo muy bien gracias a la oscuridad de la noche.

—¿Acaso he dicho lo contrario? —respondí mientras observaba la silueta de la niña sentada sobre uno de los sofás de la terraza.

—Sé que tú podrás protegerla.

—¿Me queda otra opción? —pregunté tajante.

—No importa lo duro y frío que quieras parecer, yo te conozco demasiado bien.

—Claire… —advertí, pero lo único que escuché fue una suave risa que iba desapareciendo a medida que ella se alejaba.

¿Conocerme? Ella no me conocía y nadie podría hacerlo jamás.

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Bella POV

Cuando llegamos al aeropuerto al día siguiente, Claire nos acompañó hasta la pista de vuelo. Allí se encontraba un impresionante jet privado que, en uno de sus costados, llevaba impresas las iniciales CM. La M me imaginaba que debía de ser por Markopoulou, pero la C… ¿cuál sería su otro apellido?

El señor Jasper caminaba junto a Edward, mientras que mis hermanos y yo lo hacíamos detrás de ellos. Dos hombres más nos escoltaban y llevaban las maletas, de las que yo no tenía ni idea de cuál era su contenido, ya que no había guardado ninguna de mis pertenencias en ellas.

Cuando llegamos al pie de las escaleras del avión, Claire se detuvo al igual que yo.

—Fernando —llamó a mi hermano y él se soltó de mi agarre para abrazarla.

—Te voy a extrañar mucho, Claire. ¿Por qué no puedes acompañarnos? ¿Quién cuidará de nosotros cuando Bella esté trabajando? Te necesitamos… —Sus palabras fueron ahogadas por el fuerte abrazo de Claire, sabía muy bien que para ella era muy doloroso ese momento. Para ninguno era fácil.

—Yo iré a visitarlos, Fer, muy seguido. Tanto que no tendrás oportunidad para extrañarme.

Claire aflojó su agarré sobre Fernando y él regresó a mi lado, con lágrimas brotando de sus ojos. Cuando ella tomó a Matt, él se removió dormido entre sus brazos, se veían tan tiernos. Unas lágrimas escaparon de mis ojos, pero antes de que alguien se percatara de ello, las limpié con una de las mangas de mi blusa.

Cuando llegó mi turno, la abrecé como si jamás lo hubiera hecho en mi vida.

—¿Qué haré sin ti, Claire? —pregunté tomando a Matthew de los brazos de ella.

—Sobrevivir, eso es lo que harás. No importa cuáles sean las dificultades que llegues a tener, siempre podrás resolverlas, sólo ten fe en ti misma. ¿Entendido?

—Sí —respondí obedientemente.

—Cuídate mucho, cariño, recuerda que no importa dónde me encuentre, tus padres y yo siempre estaremos contigo.

Un extraño presentimiento atravesó mi mente al escuchar sus palabras, iba a preguntar por qué sonaban como una despedida, pero Markopoulou decidió interrumpir en ese momento.

—Es hora de irnos.

Asentí sin poder sacar esa duda de mí y empecé a subir las escaleras detrás de Fernando. Volví mi mirada una vez más a la mujer que había sido mi apoyo en cada momento de sufrimiento durante los últimos meses, la persona que jamás sería reemplazada por nadie y a la cual extrañaría muchísimo. Ella sonrió tan tranquilamente, como si nada estuviera pasando, pero en sus ojos podía ver la tristeza que intentaba ocultar.

—Adiós —murmuré y sentí como un dolor cruzó mi pecho. Un segundo después sus labios se movieron.

—Se feliz —eran las palabras que leí antes de entrar en el avión.

—Gracias por todo —le dije y luego su imagen desapareció y en su lugar mis ojos observaron a Edward que había subido al avión detrás de nosotros.

—¿Terminaste? —preguntó y el simple hecho de escucharlo me hizo querer abofetearlo en ese preciso instante.

No contesté, sólo di media vuelta y caminé hacia el asiento en el que se encontraba Fernando, me senté junto a él y me preparé para soportar la presencia de Edward en ese largo vuelo. ¿Por cuánto tiempo iba a soportar su maldito carácter? Tendría que llenarme de mucha paciencia hasta que mi divorcio llegara, eso sería un martirio.

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Las horas pasaron y cuando llegamos al aeropuerto de Atenas, todo pasó muy rápido. El cálido clima nos recibió a mis hermanos y a mí, pero no pude disfrutarlo por mucho tiempo ya que Edward rápidamente nos condujo a un coche que nos esperaba al final de las escaleras del avión. Dos hombres se encontraban a ambos lados del auto y uno de ellos abrió la puerta al vernos llegar. Fernando entró primero y luego lo hice yo con Matt en mis brazos.

—¿Adónde iremos ahora? —preguntó mi hermano con curiosidad.

Era la primera vez que él hablaba desde que nos subimos al avión. La mayor parte del tiempo se había encontrado dormido o, cuando había estado despierto, se había limitado a callar frente a Markopoulou.

—En realidad no lo sé —respondí y él frunció el ceño, pero no preguntó más.

Todo el viaje lo pasamos en silencio. Edward iba sentado a mi lado, pero sin prestarnos mucha atención, ya que revisaba con frecuencia su nuevo teléfono. Jasper se lo había entregado antes de subirnos al avión y, desde entonces, había estado hablando o revisando unos documentos en el aparato.

Cuando sentí que nunca llegaríamos a nuestro destino, el coche se detuvo y los dos hombres que iban en los asientos de adelante se bajaron y abrieron nuestras puertas al mismo tiempo. Ese inesperado movimiento asustó a Fernando, así que coloqué una mano sobre él para intentar calmarlo.

—Todo está bien —susurré cerca de él. Mi hermano asintió y bajó del coche.

Cuando salí, observé a mi alrededor y lo que vi me dejó completamente impactada. Varios coches de todos los modelos se encontraban estacionados frente a nosotros, pero no fue eso lo que me dejó impresionada, sino la majestuosa casa de dos pisos en donde se suponía que viviríamos. Las paredes eran blancas y se encontraban repletas de ventanales, no había lugar que no pudiera ser expuesto por ellos. En el verde jardín se extendían pequeños arbustos y grandes árboles, el pasto se encontraba impecablemente cortado y un caminito de piedras llevaba a la entrada.

Las luces se encontraban encendidas y parecía que había personas dentro de ella. ¿Acaso se estaría celebrando una fiesta? ¿Esas personas sabrían de nuestro fugaz casamiento? Mis preguntas se detuvieron en el momento que Markopoulou colocó una mano sobre mi espalda y me indicó que avanzáramos.

Cuando llegamos a la entrada, la puerta se abrió y una mujer mayor apareció con una sonrisa frente a nosotros, pero su amable actitud cambió en cuanto nos vio. Durante varios segundos no quitó su inquietante mirada de mis hermanos y de mí, su expresión cambió completamente y, por un instante, pude ver sorpresa en esos grandes ojos color avellana.

—¿Te quedarás obstaculizando la entrada mucho tiempo más? —preguntó Edward con cinismo.

—No, por supuesto que no, señor —dijo la mujer y se apartó rápidamente.

—Dile a Milo que lleve todas las maletas a mi habitación, ¿entendido?

Ella asintió rápidamente, al mismo tiempo que desaparecía y nos dejaba en un hermoso recibidor con una excelente vista del mar.

Una respiración profunda por parte de Edward me hizo sentir escalofríos y cuando escuché su voz supe que algo estaba mal, muy mal…

—Ven —dijo y nos dirigió por el pasillo. Pasamos algunas habitaciones que tenían la misma vista que el recibidor, pero fueron unas suaves risas las que llamaron mi atención.

Cuando cruzamos el umbral y llegamos a un espacioso salón, me quedé estática, muchas personas se encontraban reunidas allí y, al entrar, algunos nos vieron impresionados y otros con sonrisas en sus rostros. Pero todas las miradas se transformaron en cuestión de segundos, todos parecían confundidos. Y uno de esos rostros llamó mi atención, una mujer de cabello largo y castaño mantuvo su vista fija en nosotros por unos segundos y luego la apartó como si fuéramos bichos raros en un lugar como ese. Podía entenderla, esa fiesta era demasiado elegante para mí.

—Edward, amor, estábamos esperándote —dijo posesivamente la elegante mujer mientras caminaba hacia nosotros.

Él rostro de Markopoulou seguía siendo frío y neutral. Ella lo había llamado amor y él no había mostrado ningún atisbo de sentimiento por esa palabra.

¿Amor?, repetí en mi mente y fue allí cuando sentí como mi tiempo se detuvo. Ella tal vez… podría ser… ¡No!

Mis pensamientos no siguieron, ya que la presencia de la castaña hizo que me volviera a verla y, cuando estuve cerca de ella, sentí como me reducía a nada en cuestión de segundos; pero lo que más me impresionó fue el beso que ella le dio a Markopoulou en los labios.

Ella seguramente era su prometida o novia, ¡qué sabía yo! De lo único que era consiente era de que estaba besando muy apasionadamente al que supuestamente era mi esposo.

Cuando ella se separó de él, todos se encontraban nuevamente sonriendo y mi presencia ya no era generaba confusión para ellos, que seguramente esperaban una explicación después de que se celebrara el motivo de la cena.

Hasta ese momento me di cuenta de que Fernando se había escondido detrás de mí y que intentaba ocultarse de los ojos curiosos.

—¿Quiénes son ellos? —preguntó la despampanante mujer a lado de Markopoulou.

Él llevó su mirada a nosotros y, alejándose unos centímetros de ella, se acercó a mí y llevó su mano a mi cintura y me acercó a su costado.

—Tanya —dijo muy seriamente—, es una completa decepción para mí arruinarles esta cena, pero por motivos completamente personales debo pedirle a los invitados que se marchen.

—¿Qué? —exclamó otra mujer que tenía ciertos rasgos parecidos a Edward—. ¿Por qué pides algo tan inesperado en este momento, Edward? No es justo para los invitados y tampoco para Tanya y sus padres.

—Madre, tengo algo que anunciarles y me gustaría que fuera en privado. —La voz de Markopoulou mostraba autoridad y respeto al mismo tiempo, pero presentía que si la mujer, a quien él había llamado madre, se negaba a su petición su paciencia terminaría.

Mi corazón empezó a latir más rápido, sentía como si un huracán se aproximara y que ese anuncio no sería del agrado de ninguno de los presentes.

—Edward, no creo que ese asunto no pueda ser compartido con nuestros invitados, es nuestra cena de compromiso y…

—Ya que así lo prefieren, bien —interrumpió abruptamente Edward a su prometida—. Madre, familia, Tanya e invitados, quiero presentarles a Isabella Swan de Markopoulou, mi esposa.

El silencio se hizo presente y la palidez en el rostro de Tanya fue muy visible, por un momento pensé que se desmayaría.

—¿Qué fue lo que dijiste? —preguntó ella totalmente aturdida.

—No me gusta repetir las cosas y sé que todos escucharon muy bien, incluso tú, Tanya. Pero por si no lo entendieron, esta niña que ven junto a mí es la nueva señora Markopoulou y el bebé en sus brazos es nuestro hijo, Matthew.

Pude sentir como mi sangre huía de mi cuerpo, sus palabras no sólo habían sido directas, sino que se podía ver la sorpresa en los invitados y el dolor en el rostro de Tanya, que aún parecía estupefacta con toda la información.

—Fernando —llamó a mi hermano. Yo estaba dispuesta a objetar, pero él salió detrás de mí y buscó la mirada de Markopoulou—. Y él es su pequeño hermano y ahora mi único cuñado.

Nadie dijo nada y el silencio se estaba convirtiendo en una tensión muy asfixiante para mí.

—Creo que es hora de que terminemos con esta fiesta —dijo la madre de Markopoulou e instó a que los invitados abandonaran el salón.

Edward POV

Las personas abandonaron mi casa y por fin pude respirar libremente como quería, aunque los problemas apenas empezaran.

Las primeras personas en objetar fueron mis hermanos.

—¿Estás loco, Edward? ¿Casado? ¿Quién es esta? —empezó Alice, mi hermana menor, con su estallido emocional. Y a ella se le sumó mi hermano Emmett.

—Esto sólo es una broma, ¿no es así, Edward? —cuestionó con su mirada fulminándome.

—¿Acaso yo he bromeado alguna vez, Emmett? —pregunté con sarcasmo.

Una mano se posó sobre mi hombro y, al bajar mi mirada hacia Isabella, pude percibir que la situación en la que nos encontrábamos la incomodaba.

—Edward, creo que todos nosotros merecemos una explicación de lo que está pasando. Tanya no tiene por qué pasar por esta humillación. —La voz de mi madre resonó en el silencioso salón y, a diferencia de mis hermanos, ella se estaba conteniendo de lo que en realidad quería decir.

—Kara —llamé al ama de llaves, ella apareció en cuestión de minutos—. Lleva a mi esposa y a los niños a mi habitación.

—Edward… —Escuché la suave voz de Tanya como un lamento, pero simplemente ignoré lo que parecía una súplica.

—Señ… Edward… —Isabella se corrigió al momento de sentir como todos ponían su atención en ella y los niños.

—Ve con Kara, cuando termine los acompañaré —dije insistiéndole para que abandonara la habitación antes de que tuviera que afrontar y terminar la inesperada reunión familiar.

No quería que ella tuviera que pasar por toda la ira que mi madre debía sentir en ese momento, no iba a permitir que humillaran a esa niña después de todo lo que había tenido que afrontar en esos últimos meses. Yo había ideado ese plan y sería el que lograría sacarla sin que tuviera que pasar por ello.

Esperé a que abandonaran el salón y, cuando lo hicieron, las preguntas no tardaron en estallar.

—¿Cómo puedes hacerle esto a la familia? ¡Traer a una extraña!

—¡Basta, Alice! —la cayó mi madre. La elegante y refinada mujer se encontraba completamente serena, pero no era algo que me sorprendiera, ella jamás perdía la compostura en público, eso iba en contra del protocolo—. Edward, no puedes seguir manteniéndonos con esta incertidumbre por siempre. ¿Qué es lo que está pasando?

—Primero quiero disculparme, Tanya, no hubiera deseado que te enteraras de esta manera, pero las circunstancias no nos dejaron otra opción. Realmente lo lamento. —Intenté que mis palabras sonaran lo más sinceras posible.

—No las acepto, no acepto tus disculpas. ¿Por qué me hiciste esto, Edward? ¿Acaso lo merecía? —Su voz contenía resentimiento y sabía que se estaba conteniendo de no gritar todo lo que en realidad sentía. Mi madre y ella eran muy parecidas en ese aspecto.

—Si las aceptas o no, no me importa. Mi responsabilidad era decírtelo por el compromiso que teníamos. No soy un hombre de sentimentalismos, Tanya, lo sabes muy bien. No me arrepiento de mis decisiones.

—¿Estás seguro de que ese hijo es tuyo? —cuestionó fulminándome con su mirada.

—Por supuesto, Matthew es mi hijo. —Mi voz sonó firme y segura, nadie podría dudar de la realidad de las circunstancias.

—¡No creo que seas tan ingenuo, Edward! Cualquier chiquilla aportunis…

—No te atrevas a terminar esa frase, Emmett, no voy a permitir que insultes a mi esposa —amenacé.

—¿Acaso no es esa la verdad, Edward? —cuestionó mi madre con sarcasmo.

—¿Ahora vas a rebajarte a hacer ese tipo de preguntas, madre? —respondí irónicamente.

—Entonces explícame quién es esa chiquilla. ¿Cómo pudiste poner el nombre de la familia en ridículo? Edward, haz terminado tu compromiso con Tanya, ¡esto es una completa locura!

—Si es así como quieren que pase toda la noche, escuchando sus reclamos uno por uno, déjenme informales que no tengo tiempo ni ánimos para eso. —Llevé una de mis manos a mi sien, un dolor de cabeza comenzaba a formarse y me sentía demasiado cansado para seguir con ese asunto—. Señor Christakis —comencé y me volví para ver a la familia de Tanya—, siento que el compromiso se haya roto de esta manera, pero lamentablemente las circunstancias se dieron y mis responsabilidades ahora se encuentran con alguien más.

Leo Christakis me miró furioso y, por varios minutos, permaneció callado.

—Esmeralda, muy a mi pesar, debo anunciar que mi participación en la empresa será retirada completamente.

El rostro de mi madre palideció, pero rápidamente se recompuso y su típica expresión de superioridad aminoró cada impresión que esa noticia le hubiera dado.

—Creo que es una decisión demasiado apresurada, Leo, puedes llegar a arrepentirte después…

—¡Por supuesto que no! —la interrumpió Christakis abruptamente—. ¡Jamás volvería a trabajar con la persona que le ha hecho daño a mi hija!

—Nadie le ha hecho daño —respondí tranquilamente—. Y si quiere retirar su pequeña participación de mi empresa, por mí está bien, su presencia no significara ningún cambio para su crecimiento.

El rostro de Leo se volvió pálido y luego pasó a un rojo profundo.

—¡Edward! —exclamó Tanya repentinamente—. ¿Cómo le puedes responder de esa manera a mí padre? Eso es completamente insensible de tu parte, hace unos momentos dijiste que sentías…

—No malinterpretes mis palabras, Tanya. Los negocios no tienen nada que ver con nuestro compromiso, pero si él quiere mezclarlos y por ello terminar con cualquier conexión con la naviera, muy bien, que así sea. —Todos permanecieron en silencio y yo decidí terminar de una vez esa pequeña y molesta reunión—. Y como no hay nada más que agregar, me retiro. Madre, si quieres continuar tus argumentos te aconsejo que lo hagas cuando ya haya descansado y tenga tiempo de atenderte, lo mismo digo para mis escandalosos hermanos.

En el momento en que empecé a caminar, me percaté de una presencia a la que no había prestado atención antes.

—Rosalie, me alegra verte y espero que tú e Isabella se lleven muy bien. —Mi comentario provocó un bufido en Emmett, que se encontraba a su lado.

—Basta, Emmett —dijo ella y se alejó un momento de mi hermano para poder acercarse a mí—. También me alegra verte, Edward, y yo espero llevarme bien con tu esposa. Mañana, cuando las cosas se encuentren más tranquilas, vendré a visitarla.

Ella me dio una sonrisa tímida y yo asentí. Luego me alejé del lugar en donde para todos mi repentina y catastrófica noticia era una completa locura, y eso sólo significaba el principio de mis tormentosos problemas.