Los hermanos nunca se parecen.
Se dirigían nuevamente a Central, debían encontrar la forma de hacer una Piedra Filosofal, y gracias a Matsuraida, la clave para esto se encontraba en la biblioteca. El viejo fue una buena persona al darles ese dato maravilloso, aunque el muy inconsciente haya hecho una ciudad llena de prostitutas y juegos de azar con la dichosa piedra.
Lo normal: Gintoki montaba su scooter junto a Shinpachi y Kagura montaba a Scardaharu junto a… el Sádico bastardo, como le decía ella.
No hubiera sido problema llevar a Sougo detrás de ella, para nada, el problema estaba en que ya se encontraba un poco incómoda con esa cercanía. Después de todo, Okita tenía que afirmarse de algún modo de la joven alquimista.
— Oye bastardo. Deja de tocarme, es asqueroso. – Kagura tenía una expresión de repudio en su rostro mientras Sougo se sujetaba a ella. Las manos del castaño estaban posicionadas en la cintura de la joven de cabellos bermellón.
— No puedo dejar de hacerlo, China. De alguna manera tengo que afirmarme – como siempre, su rostro no mostraba ninguna expresión.
— ¡Entonces afírmate de otra manera porque tus asquerosas manos están tocando mi cintura-aru! – se notaba que estaba molesta y asqueada. Sin embargo, luego de esto, su cara de enojo cambio a una de completa sorpresa, avergonzada y sonrojada.
Sougo ya no tenía las manos en su cintura, sino que estaba rodeando su cintura con sus brazos. La estaba abrazando haciendo que su cuerpo se acercara más aún.
— ¡¿Qué crees que haces bastardo?! – dijo Kagura mientras le daba una patada a Sougo botándolo de Scardaharu haciendo que se detuviese para bajarse de este y enfrentar al castaño. Gintoki también detuvo su scooter para que los dos jóvenes no se quedaran atrás por su pelea, pero miraba todo el escenario con cara de póker.
— ¡Estaba afirmándome de otra manera, China bruta! – Sougo se sobaba la cabeza mientras se sentaba en el suelo. – me dijiste que no te tocara la cintura, ¿no?
— ¡P-Pero la rodeaste! – Kagura se avergonzaba de decir esto ya que cuando lo hacía recordaba lo recién sucedido y la sensación que le dejó aquello – ¡Eso también es tocar, bastardo!
— Tsk, no sé ni de que te quejas, China. Ni siquiera tienes cintura, mocosa sin curvas. – Sougo se levantó mientras seguía sobándose la cabeza. Sin embargo, el estar de pie no le duró mucho, ya que Kagura le dio una patada voladora en la cara, haciendo que el castaño cayera un poco lejos de donde se encontraban.
— ¡Tú también eres un mocoso, sádico bastardo!
— ¡Pero aun así soy mayor que tú, te llevo 4 años, China tragona! – Sougo se acercaba a toda velocidad para propinarle una patada a Kagura, pero ella esquivó esto, haciendo que el Cataño se resbalase y cayera cerca del scooter de Gintoki.
Se levantó nuevamente y empezó otra de sus tantas peleas. Manotazos por allá, golpes por acá. Algunos acertaban, aunque otros simplemente eran esquivados por los dos. Gintoki veía la escena aburrido y seguía con nula expresión en su cara.
— Oye, Shinpachi. ¿Estos mocosos siempre están discutiendo? – el dedo de Gintoki buscaba a un molesto visitante en su nariz.
— Siempre que se ven están peleando. Otose-san dice que se llevan bien por eso. Aunque yo no veo la razón. Míralos, pareciera que se quieren matar a golpes, Gin-san.
Gintoki los miró fijamente y pudo distinguir algo que su compañero anteojos no distinguía. Las miradas de esos dos se llenaban de intensidad cuando peleaban. Había una química indescriptible entre ellos y parecían divertirse entre tantos golpes y sacudidas. Tenían sonrisas realmente sinceras en sus rostros, como si olvidaran todo a su alrededor cuando peleaban juntos.
El peliplateado esbozó una leve sonrisa mientras los observaba.
— Shinpachi, creo que te falta un poco de aumento.
— ¿Qué quieres decir con eso, Gin-san?
— ¡Oigan, mocosos! – grito Gintoki con ambas manos a los costados de la boca. – ¡Ya vámonos, se está haciendo tarde y tenemos que llegar a Central!
Gintoki se dio cuenta de que ni Kagura ni Sougo le hicieron caso. Fue entonces que usó el plan B.
En su bolsillo tenía guardada una pequeña cajita roja de Sukonbu. No era el original, ya que aquel había desaparecido cuando Kagura intentó devolver a la vida a su escarabajo Sadaharu N°27 junto a Shinpachi, donde lamentablemente él perdió su cuerpo…
— ¡¿Enserio mi cuerpo fue arrebatado por revivir a un mundano escarabajooo?!
Y Kagura perdió el Sukonbu original de todo el mundo.
— ¡EL CASTIGO PARA KAGURA-CHAN FUE DEMASIADO LEVE, AUTORA-SAAAN!
El de cabellos plateados tomó la cajita roja en sus manos, alzándola y abriéndola para que el Sukonbu soltara su peculiar olor a algas en vinagre.
Kagura no tardó en darse cuenta de esto, ya que paró la pelea que tenía en esos momentos con el sádico y comenzó a mover su nariz cual perro, mientras buscaba con el olfato la procedencia de aquel exquisito aroma, claro está, exquisito para Kagura. Nadie entendía como a la joven le podía gustar el Sukonbu.
Cuando logró visualizar de donde provenía el olor, corrió tan rápido como un caballo de carreras usando sus cuatro patas (¿cuatro patas?), y al llegar al fin donde se encontraba Gintoki, le arrebató el Sukonbu con la boca para luego empezar a comérselo mientras estaba agachada en cuclillas.
Sougo se acercó a ella, asqueado por la escena y pensando: "Joder, de verdad parece un perro"
— Oye China, no te comas todo el Sukonbu, maldición, que siempre te he dicho que no es barato hacer esa porquería. – y cuando Okita acercaba su mano para arrebatarle la cajita a la joven alquimista, ella giró medianamente su cuerpo mientras seguía en cuclillas y alejaba aquel "alimento" de la cercanía de las manos del castaño.
— No… no… ¡Es mío! ¡Mi precioso!
— Pásame esa mierda, China, que no eres un gollum. Aunque sí lo pareces por lo fea y enana que eres – Sougo rio con sorna mientras Kagura se levantaba y lo miraba enojada.
— ¡¿A quién le dices gollum?! ¡Maldito, sádico! ¡Menos mal que no eres un gremlin y no te reproduces con el agua, o sino tendría que aguantarte un montón de veces! Aunque no creo que eso pase porque se nota que nunca has tocado el agua en años, maldito bastardo-aru – Kagura lo miraba con socarronería y con los dedos tapándose la nariz.
— ¡Ya basta ustedes dos! – Gintoki golpeó a la bermellón y al castaño en la cabeza, dejándoles un gran chichón – y dejen de hacer referencias a películas famosas. ¡¿No tienen otra mejor manera de pelear?! Ya vámonos, hay que llegar a central – y fue ahí que Gintoki se montó en su nueva moto voladora 74-Z Speeder Bike* con Shinpachi en el asiento trasero.
— Gin-san… ¿esta moto no es la de Star…?
— ¡Sshh! Cállate, cuatro ojos, ¿acaso quieres que nos demanden? – interrumpió el peliplateado a Shinpachi mientras se hurgaba la nariz.
— ¡¿Otra vez ese mismo chiste usado y repetitivo?! ¡¿Es que acaso la autora no sabe qué más usar para sus chistes?!
— Lo siento, Patsuan – dijo la autora, mientras también se hurgaba la nariz.
— Ponle un poco más de amor a tu fanfic, autora-san…
La autora se sacó un moco, lo hizo bolita y se lo lanzó a Shinpachi, quedando pegado en su vidrio izquierdo. Lamentablemente esto era tan asqueroso que nadie se animaría a limpiar al lentes flotantes. Pobre Shinpachi-kun.
En otra parte, y en otro momento. Hijikata había llegado ya al hospital a ver a su querida amiga.
Llevaba algunas flores de colores llamativos y varios paquetes de galletas picantes, aquellas que tanto le gustaban a la chica de cabello castaño y ojos carmín.
— ¿Qué tal, Mitsuba? – Hijikata entró a aquella habitación de hospital blanquecina. Ella se encontraba recostada en la camilla, cada día se le veía mejor semblante en su rostro.
— Que linda sorpresa, Toushiro-san – Okita Mitsuba sonrió amablemente al ver que llegaba Hijikata.
— Luces mejor que ayer – el joven de flequillo en "V" tomó asiento al lado de ella mientras le entregaba las galletas y flores – son para ti, espero que te gusten. – Hijikata le sonreía cálidamente a Mitsuba, haciendo que ella se sonroje.
— Están bellísimas las flores – la castaña le dedicó una sonrisa sincera mientras el corazón del pelinegro se aceleraba gradualmente con aquella muestra de afecto. Giró la cabeza un momento, no quería que la chica lo viera con las mejillas levemente coloradas.
— ¿Cuándo te darán el alta? – preguntó, interesado en la respuesta que le daría la ojicarmín.
— Falta poco, el doctor dijo que mi estado estaba progresando favorablemente. En unos días podré salir del hospital. – Ella sonreía, su sonrisa era la más hermosa que pudiera existir. Una sonrisa llena de bondad y gentileza.
— E-Entones… – Hijikata se encontraba un poco nervioso – Cuando te den el alta… ¿Te gustaría salir a caminar conmigo?
— ¿Eh?... – Mitsuba lo miraba confundida. El pelinegro estaba completamente rojo y su nerviosismo se notaba en el sudor que emanaba de su frente.
— ¡D-Digo…! Quizás te gustaría salir a caminar conmigo, Sougo, la chica China y su hermano anteojos, ya sabes, de seguro ellos te extrañan. Y podemos ir al parque de diversiones con Sakata-san y Tsukuyo… y… y… ¡N-No es necesario que estemos solos! E-Este… – Más nervioso no podía estar, estaba tan nervioso que a ratos se le escapaba lo tsundere y sus manos se movían descontroladamente tratando de manejar la situación.
— Está bien – Mitsuba sonrió y tomó la mano de Hijikata – Quiero salir contigo, Toushiro-san
Él sonrió y logró esbozar una sonrisa mientras la mano que tenía libre se posaba en el rostro de ella, acariciando su mejilla y acercándose cada vez más a sus labios. Todo estaba resultando hermosamente, sin embargo, Hijikata se detuvo al sentir que la explosión de una bazuca sonaba demasiado cerca de él… bastante cerca.
— ¿Qué crees que le estás haciendo a mi querida hermana, Hijibaka-san? – Sougo se encontraba en la puerta de la habitación, con una bazuca en sus hombros acompañado de Kagura, Gintoki y Shinpachi. Scardaharu estaba afuera del hospital ya que no dejaban entrar animales.
— ¡¿Quieres matarme, bastardo?! – el pelinegro se levantó de su asiento y dirigía su palabra al castaño hermano de Mitsuba.
— ¿Qué cosas dices, Hijikata-san? No quiero matarte. – Sougo hizo una pausa y le dedicó una sádica sonrisa al pelinegro con flequillo en "V" – No al frente de mi hermana.
— Si serás bastar…
— ¡Mitsu-chan! – Kagura interrumpió la pelea de Sougo y Toshirou pasando por entremedio de ellos y así acercarse a Mitsuba.
— ¡Gura-chan! – La de cabellos castaños sonrió al ver a la joven alquimista y le dio un cálido abrazo. Nadie podía explicarse como Mitsuba, quien era un ángel, podía ser hermana de Sougo. — ¿Cómo les fue en su viaje?
— ¡Bien! El sádico te trajo unas galletas picantes que hizo él. Aunque deben estar asquerosas porque todo lo que cocina es asqueroso-aru – la castaña sonrió, le agradaba el humor de Kagura.
— ¿Qué pasa, Sou-chan? – ella notó que Sougo no se acercaba para saludarla, lo que le pareció extraño.
— ¿Por qué la cerda tiene que abrazarte primero?
— ¿Estás celoso, Sou-chan? – Mitsuba rio dulcemente y Okita giró su cabeza un poco molesto. – Aunque no se de quien de las dos estarás más celoso. – la chica tenía una cálida sonrisa en su rostro.
— ¿Por qué estaría celoso de la cerda ésta que traga Sukonbu todo el día?
— ¡¿A quién le dices cerda, bastardo-aru?! – y ahí comenzaban de nuevo con otra de sus tantas peleas.
Mitsuba miraba todo el escenario divertida. La llegada de esos dos le había llevado alegría a la habitación.
Los conocía desde que eran niños. Sougo siempre jugaba con Kagura en sus días de infancia, mientras ella a veces les horneaba galletas o pasteles para que comieran cuando estuvieran cansados. Shinpachi era quien le ayudaba en la cocina. Siempre fue un niño tranquilo, no como su hermana de cabellos bermellón y su castaño vecino, quienes se la pasaban jugando juegos bruscos.
Otose era quien cuidaba de todos. Era la mandamás en aquella casa, como la madre de todos los chicos. Sougo y Mitsuba quedaron huérfanos cuando sus padres fallecieron. Estaban comiendo maní y los dos se atragantaron, lamentablemente no había nadie para salvarlos en esos momentos.
La anciana los vio vagar por las calles y decidió recogerlos para darles cobijo y alimento. Lo mismo sucedió con Kagura y Shinpachi. La pequeña de cabellos bermellón había escapado de su casa junto con Shinpachi ya que su padre nunca estaba para cuidarlos.
Y así Mitsuba pudo estar presente en el crecimiento de su hermano y de los que consideraba hermanos pequeños.
— ¡Dejen de pelear, bastardos! ¡Están en un hospital! – gritó Hijikata a los dos jóvenes que estaban madreándose.
— Déjalos, Toushiro-san – Mitsuba le llamo la atención al pelinegro mientras sonreía de forma amena. Luego volvió a abrir la boca para decir algunas palabras. – Gura-chan, Sou-chan. Veo que se llevan bastante bien. ¿Cuándo le vas a pedir matrimonio, Sou-chan? – mantenía una sonrisa victoriosa y grata al mismo tiempo. Mitsuba sabía que esa era la única forma de que esos dos acabaran la pelea.
— ¡¿Aaah?! ¡¿Quién se casaría con este/a bastardo/a?! – dijeron los dos jóvenes al unísono. Se miraron y alejaron la mirada rápidamente enfadados. Odiaban coordinar en palabras.
La castaña no pude evitar soltar unas pequeñas carcajadas.
Los jóvenes se quedarían en el hospital acompañando a Mitsuba ese día. Ya podrán buscar los ingredientes de la piedra filosofal luego.
Gracias a todos por leer! Espero que les haya gustado.
Información importante!
Puede que la próxima semana demore en subir un capitulo porque me voy de viaje y no tendré internet ni esas cosas xD
Pido disculpas por demorar en subir el cap de esta semana. Se supone que lo subiría el domingo, pero tuve que hacer unos papeleos y no tuve tiempo de escribir.
Aclaraciones:
*74-Z Speeder Bike: es la moto voladora usada por los stormtroopers scout del Imperio Galáctico en Star Wars.
Sin nada más que decir
Nos leemos!
