Sam comía lentamente una manzana, estaba con Gabriel en el jardín junto al lago, Gabriel le contaba varias cosas sin sentido para él mientras masticaba la manzana que había recogido en el camino cuando varias nubes se acumularon para después escucharse relámpagos.
Ambos miraron a las nubes negras formadas de la nada, Sam miro a Gabriel como buscando una explicación pero Gabriel solo se veía preocupado.
—Oh no, vamos creo que algo malo paso—Gabriel tomo la mano de Sam corriendo de vuelta a la salida.
Otro relámpago atravesó el cielo cuando salieron del jardín, corrieron hasta ver a un grupo de ángeles reunidos alrededor de algo, Gabriel cargó a Sam para pasar entre los ángeles al saber que sucedía.
—¡Luci! ¡Miguel! —grito Gabriel al verlos discutir en medio de todo.
Bajo a Sam al suelo, Sam veía a los arcángeles mayores discutir, Lucifer se acercó a Miguel diciéndole algo y señalándole con un dedo hasta darle un empujoncito en el pecho, Miguel empujo a Lucifer lejos de él gritándole algo de regreso hasta que Lucifer salto encima de Miguel comenzando a golpearlo, estaban rodando en el suelo en una pelea ignorando por completo a Gabriel.
—¡Deténganse! —Gabriel intentaba separarlos, pero por ser el menor era considerablemente menos fuerte por lo que no logro más que uno que otro golpe desviado hasta caerse al suelo—¡Llamen a Raphael! —grito señalando a algunos ángeles que asintieron para irse corriendo.
Gabriel aun intentaba separarlos cuando llego Raphael, ambos se acercaron intentando separar a los mayores de la pelea.
—¡Miguel! ¡Basta! ¡Esto es ridículo! —grito Raphael intentando igual que Gabriel separarlos
Sam vio a un par de ángeles llorar mientras veían como peleaban, él estaba confundido sin saber qué hacer, si se acercaba podría ser herido, no era tan resistente como Gabriel o Raphael pero igualmente dio un par de pasos hacia ellos para intentar ayudar.
—¡Sam quédate allí donde estas! —grito Gabriel
Asintió con la cabeza volviendo al lugar donde estaba.
—¡Suficiente! ¡Lucifer y Miguel! ¡Sepárense ahora mismo! —se escuchó una potente voz desde atrás.
Sam giro para ver a dios que tenía los brazos cruzados sobre el pecho mirando a los arcángeles con el ceño fruncido, por suerte los arcángeles le habían escuchado para detenerse pero aún no se habían separado.
—Gabriel, toma a Sam—ordenó mirando al novato—Los quiero a los cuatro en mi oficina, ahora—
Los cuatro arcángeles asintieron con la cabeza, Gabriel se acercó cargando a Sam.
—Parece que alguien se metió en problemas—se burló Gabriel susurrándole a Sam.
Los cuatro alzaron sus alas para desaparecer, antes de que se diera cuenta Sam estaba en aquel lugar que soñaba constantemente cuando dios estaba en sus sueños, al menos sabía que el lugar existía.
Los arcángeles estaban parados de mayor a menor, casi todos tenían la ropa sucia de tierra, Lucifer y Miguel tenían algunos golpes en el cuerpo y estaban intentando no verse ambos luciendo aún molestos cuando alguien apareció frente a ellos.
—¡Quiero una explicación para tan comportamiento de ustedes dos! —grito apenas apareció dirigiéndose a los arcángeles mayores.
Ambos empezaron a hablar al mismo tiempo intentando justificarse hasta que dios levanto una mano para callarlos.
—Por lo que entendí tuvieron el mismo desacuerdo de su última pelea, pero quiero que cada uno lo explique bien, Miguel, comienza—
—Lucifer piensa que no todos deben tomar las lecciones de entrenamiento comunes—
—¡Son innecesarias para varios ángeles! ¡Deben tomar las lecciones de pelea no entrenamiento! —interrumpió Lucifer
—¡Yo no te digo como dar clases a los más jóvenes aunque también piense que varias lecturas tuyas son inútiles! —grito Miguel de vuelta
—¡La guerra es mucho menos probable, el conocimiento te hace más fuerte, pero creo que a ti te falta mucho ya que tu solo piensas en peleas! —
Sam no se podía creer que el mismo Lucifer dijera que una guerra era improbable, casi quería reírse ante aquello pero sabía que era mejor quedarse callado, miro por un momento a dios, sí que se parecía a Chuck en muchos sentidos, pero era tan alto como los arcángeles, él mismo le miro de reojo antes de volver la atención a los arcángeles.
—¿¡Qué fue lo que dijiste!? —Miguel se dirigió a Lucifer
—Lo que escuchaste—
—¡Basta! —grito dios—¡Siempre discuten sobre lo mismo y siempre llegamos a la misma conclusión! ¡Todos los estudios son necesarios! —
—Pero…—dijeron ambos al mismo tiempo
—¡No quiero escucharlos! ¿Les parece bien que sus hermanos menores tengan que correr a separarlos porque los otros ángeles tienen miedo de acercarse? —
Sam miro a Gabriel el cual le dio una sonrisa de lado quizás para intentar tranquilizarlo, ambos mayores miraron a otro lado.
—¿Les parece bien que el novato que tienen a su cuidado les vea intentar matarse entre ustedes? ¡Son los mayores! ¡Deben poner el ejemplo para arreglar todo con palabras y no con golpes! —
—Papá yo no quería…—comenzó a hablar Miguel
—Ahora no quiero que ninguno hable Miguel, ni siquiera puedo pensar que podría pasar si algún día los dejo solos a que peleen—Miro por un momento a Sam nuevamente—Han tenido estas peleas desde que eran pequeños y tienen que parar antes de que le hagan daño a algún menor—
—No quisimos hacerle daño a nadie—dijo Lucifer
—Gabriel—hablo dios mirando a Lucifer—¿Qué crees que habría pasado si Sam hubiera estado allí sin que tu o Raphael estuvieran presentes? —
—Se hubiera metido en la pelea—contesto Gabriel, era verdad, todos los ángeles tenían miedo de decir algo o moverse cuando los mayores peleaban, pero había notado que Sam había estado cerca de meterse—Se habría hecho daño—
—Saben las reglas, hacerle daño a un novato es de lo peor y no habrían tenido salida—
Ambos mayores asintieron arrepentidos, Sam observaba en silencio impresionado.
—Díganme alguna razón para no tirar a ambos sobre mi rodilla como cuando peleaban de pequeños—dijo mirando seriamente a los mayores—Y no, no me importa lo mayores que sean, si quieren actuar como novatos entonces no se quejen de ser tratados como novatos—
Tragaron saliva al escuchar aquello, las peleas nunca le habían gustado a su padre y siempre que algún ángel se peleara era castigado por el mismo dios, Miguel y Lucifer eran los que más peleas se metían siempre sufriendo las consecuencias.
—¡Él empezó con sus estúpidas reglas! —grito Lucifer señalando a Miguel el cual se molestó más
—¡Tú eres el que comenzó quejándose de todo sin siquiera escucharme! ¡Además tú fuiste quien salto sobre mí!—
—¡Tú me empujaste!—
—¡Basta! —grito dios interrumpiéndoles—No quiero más gritos y Lucifer te sugiero que cuides tu lenguaje—
Ambos gruñeron en respuesta, dios suspiro apretándose el puente de la nariz, amaba a sus hijos pero siempre que se metían en discusiones necesitaba algo de paciencia.
—Gabriel ve a calmar a los demás ángeles, Raphael vuelve a tu puesto, sé que estabas ocupado—suspiró mirando a los arcángeles mayores—Yo debo tratar con sus hermanos—
—¿Qué pasara con Sam?—pregunto Raphael
Sam miro a dios, también se preguntaba lo mismo.
—Déjalo conmigo, es solo un pequeño y no quiero que se quede con una mala impresión de sus hermanos mayores—
Los dos arcángeles menores asintieron inmediatamente desplegando sus alas y saliendo de la habitación, Sam les observo irse al igual que los dos mayores se ponían nerviosos.
—Pero papá, Sam…—
—Lucifer, Sam es muy pequeño y de seguro no quieren que les tema solo por verlos pelearse ¿verdad? —
Lucifer miro un momento a Sam y negó con la cabeza, Sam estaba un poco confundido, era verdad que le sorprendió ver la pelea pero no se había asustado, ya estaba acostumbrado aun así se quedó en silencio observando.
—Muy bien entonces Lucifer ve a un rincón y Miguel conmigo—
Ambos soltaron un gemido pero hicieron lo que les dijeron.
—Vamos hijo, terminemos con esto—
Tomo la mano de Miguel sentándose en su silla y colocándolo sobre su regazo, no le calentaría con su mano directamente quería acabar con todo así que hizo que un cinturón apareciera en su mano comenzando a bajarlo con fuerza.
Miguel intento mantenerse firme cuando comenzó a sentir el dolor del cinturón, pero después de varios golpes comenzó a patalear y a retorcerse en el regazo de su padre saltando cada vez que el cinturón bajaba.
—Porfavor ow lo siento padre ow no lo volveré a hacer pero porfavor ay d-detente—
Las lágrimas comenzaban a caer, Miguel apretó la pierna de su padre aun retorciéndose.
—¿Por qué te castigan?—pregunto sin detener las palmadas
—Por-porque me pelee con Luci ¡Ay!—
—Eres el mayor Miguel, debes enseñar con el ejemplo y no liarte a golpes con tus hermanos eso ya te lo he repetido muchas veces—
—L-Lo siento padre—sollozo
—Discúlpate con tu hermano—
—Lo siento Luci no debí pelear contigo—dijo llorando aun intentando alejarse de cinturón que continuaba cayendo
—¿Escuchas a tu hermano Lucifer? Quiero que te des cuenta de tus errores—
Bajo tres veces más el cinturón y lo dejo de lado, comenzó a acariciar la cabeza de Miguel para calmarlo mientras seguía llorando. Sam les observaba sorprendido sin saber qué hacer, solo se quedo observando en silencio, era impresionante ver al arcángel más poderoso llorar como un niño.
Tomo a Miguel en un abrazo hasta que se calmó lo suficiente, Miguel parecía mucho más calmado de lo que se le veía siempre, dios le susurro algo a Miguel e hizo que se pusiera de pie dirigiéndose a otro rincón.
—Lucifer ven—
Lucifer camino lentamente hacia donde estaba su padre, mirándole lamentablemente, dios le sonrió acariciando la mejilla de Lucifer para calmarlo un poco y sonriéndole, le tomo la mano y como hizo con Miguel se sentó tirando a Lucifer sobre su regazo, empezó dándole palmadas con la mano.
Sam desvió la mirada hacia Miguel el cual intentaba secar las lágrimas de su cara desde el rincón donde estaba.
Lucifer comenzó a luchar y gritar más rápido que Miguel, cuando Sam volvió a ver dios ya tenía el cinturón en la mano.
—¿Por qué te castigan Lucifer?—
—P-Por ¡ow! Pelear con Mikey ¡ay! Porfavor papá perdóname ¡ow!—
Lucifer ya era un lio de lágrimas, rápidamente llevo una mano para cubrirse.
—Retira la mano muchacho sino quieres que yo te la retire y ganes más palmadas—
—p-pero papá…duele mucho—
—Lucifer—
Resoplo quitando su mano, continuo llorando mientras dios seguía bajando el cinturón.
—Discúlpate con tu hermano—
—Perdóname Mikey, no volveré a pelear—sollozo moviendo las piernas para aliviar un poco de su dolor
Un par de golpes más y dejo el cinturón, Lucifer continuaba llorando aun después de que dios lo levanto en un abrazo.
—Ven Miguel—dijo más amablemente para unir a ambos en un abrazo
Sam los miraba sorprendido, de verdad que dios habría acabado el apocalipsis solo hablando con ellos, si tan solo se hiciera responsable de sus hijos en el futuro y no los abandonara, ahora mismo estaban los dos seres que querían terminar con el mundo llorando como unos niños sentados en el regazo de su padre.
Ya que ambos arcángeles mayores se calmaron lo suficiente miraron a Sam un poco avergonzados.
—¿Tienen algo que decirle a Sam?—
—Lamentamos pelear y que tuvieras que vernos—dijo Miguel
—Lo sentimos—agrego Lucifer vacilando con la mirada
Sam asintió en señal de perdón, para él no había nada que perdonar.
—Se pelean frente a Sam los castigo frente a él, tienen suerte que no decidiera bajarlos en mi regazo frente a todos los otros ángeles—
Ambos arcángeles miraron con terror a su padre sin querer imaginar aquello.
—Ahora, vayan con Raphael para que cure las heridas que se hicieron en la pelea—ordeno—No quiero excusas, tienen que curarse hasta los pequeños rasguños y cambiar sus ropas sucias, yo cuidare a Sam—
Asintieron desplegando sus alas y desapareciendo, Sam miro hacia dios, no sabía que decir, quizás preguntar cualquier cosa sería hablar sobre el futuro por lo cual era mejor no hablar hasta saber qué era lo que dios quería para cuidarlo y no dejarlo con algún otro ángel.
