Hola de nuevo, pues vamos avanzando poco a poco con la historia, espero que les esté gustando. Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, solo los tomé prestados para darle un giro a la historia y hacer feliz a Candy y Anthony quien no se merecía un final tan trágico y ni ella uno tan sonso, así que me decidí a compartirlo es sin fines de lucro y no apto para menores. Quiero agradecer a todas las personas que se han tomado el tiempo de leerlo y expresar su opinión, es muy valiosa para mí gracias por sus comentarios y sus PM. Comenzamos!
CAPITULO 7.
EL COMIENZO DEL DESPERTAR
Candy se levantaba de muy buen humor, con todo el ánimo de comenzar el día. Se bañó, se cambió y abrió las ventanas, cambió las flores y esperó su desayuno.
-¡Buenos días Anthony! – lo saludó con mucha alegría.
-Buenos días princesa ¿y mi beso?
Como si Candy escuchara lo que Anthony decía, se acercó lentamente para besarlo en los labios sonrojándose al hacerlo. Sabía que estaba mal al hacerlo, pero era algo que no quería evitar, además nadie se enteraría. Candy no sabía que Anthony sabía perfectamente lo que pasaba.
-Hoy vamos a hacer unos ejercicios Anthony.
-¿Ejercicios? ¿Qué tipo de ejercicios amor?
-Voy a darte masajes en todo tu cuerpo para que tus músculos vayan despertando poco a poco.
-Ojalá princesa, necesito verte, necesito hablarte, necesito corresponder a tus besos y caricias antes de volverme loco.
Candy empezó poco a poco a mover los brazos de Anthony, para después seguir con sus pies y después con sus piernas. Estuvo con él haciendo los ejercicios por lo menos una hora, ya que la interrumpieron avisándole que ya estaba el desayuno.
Dorothy le preparaba siempre una pequeña mesa cerca de Anthony, como ella lo había pedido, así no lo descuidaba y podía platicar con él y estimular sus sentidos, los cuales poco a poco iban despertando.
Día a día Candy hablaba con Anthony, le leía libros, le contaba historias y anécdotas del colegio, así como los recuerdos de cuando pasaban tiempo juntos cuando niños. Eso ayudaba mucho al cerebro de Anthony ya que seguía fortaleciéndolo y aunque él sentía que iba lento, la verdad es que desde que llegó Candy avanzaba a pasos agigantados.
Ya había pasado una semana de que Albert había salido a Chicago por dos días, pero avisó a Candy que tardaría un poco más debido a los trámites por el traslado de Stear y la llegada de Archie. De este último aun no sabía nada si no ya estaría en Lakewood. Stear estaba al tanto de todo pero por todas las reglas y papeleos a seguir aunado al viaje en barco no podía llegar tan rápido como lo deseaba.
Albert esa mañana había hablado con Candy diciéndole que no se preocupara por el compromiso con Neal, ya que estaba todo arreglado. Hubiera preferido darle la noticia en persona, pero debido a la tardanza de su regreso había optado por decírselo por teléfono para ya no inquietarla más. También le informó que la tía abuela estaba más tranquila de saberla en Lakewood con Anthony, cosa que extrañó a la pecosa.
Candy corrió hasta Anthony a darle las buenas nuevas, quería compartirlo con él, que fuera el primero en saber que no tendría que casarse con el odioso de Neal Leagan.
Candy entró corriendo con su uniforme blanco perfectamente limpio muy emocionada, cuando en eso Dorothy le llamó la atención.
-¡Candy! ¿Qué te pasa? ¿Por qué entras corriendo? Vas a despertar al joven Anthony.
-¿Despertar?
-Si Candy, en estos momentos está dormido. –Candy miró a Dorothy con incertidumbre y ella lo notó por lo que le respondió –Candy, cuando la respiración es más pausada y tranquila significa que está durmiendo, en cambio cuando está un poco más rápida quiere decir que está despierto.
-¿En serio Dorothy? –Dorothy asintió levemente –¡No lo sabía!
-¿Ves? También yo puedo enseñarte algo – dijo guiñándole un ojo. Candy solo le sonrió.
-Dorothy, gracias a ti he aprendido muchas cosas y tengo aún más que aprender de ti.
-Bien, ahora dime ¿Por qué entraste como una niña corriendo tan apresurada? –Candy hizo el típico gesto de sacar la lengua, como cuando hacía una travesura.
-Nada Dorothy, primero quisiera hablarlo con Anthony.
-Está bien Candy, yo me retiro, te dejo a solas. Sé que sabrás reconocer cuando el joven Anthony esté despierto.
Candy no podía esperar a decírselo, pero pensó que dormir le servía también a su Anthony, así que se sentó junto a la cama para esperar que despertara. No hubo pasado mucho tiempo que se quedó dormida junto a él. Aunque no era común en ella dormir por las tardes, debía reconocer que estaba cansada, que a pesar de que lo hacía con gusto era muy cansado cuidar de él "pero por ti lo haría toda la vida amor" pensaba Candy cuando cayó profundamente dormida.
Cuando despertó se acercó a Anthony para observar detenidamente lo que le había dicho Dorothy y efectivamente, la respiración era diferente, pero también notó algo poco común en Anthony, sus párpados comenzaban a moverse como tratando de abrirse, como si sus ojos se movieran de un lado a otro. Candy se emocionó y comenzó a hablarle.
-Anthony, amor ¿Estás despierto?
-Si Candy, desperté antes que tú dormilona –Anthony había sentido un ligero peso en su brazo adivinando por el aroma a rosas que se trataba de Candy.
-Anthony, quiero decirte algo que me pasó – Candy hablaba pero estaba al pendiente de la reacción que tenía.
-Dime Candy, debe ser algo bueno porque te escuchas feliz.
-¿Sabes? Hace unos días la tía abuela, Elisa y la Sra. Leagan, querían comprometerme con Neal.
-¿Qué? ¿Cómo está eso? ¿Qué pasó? ¿Cómo se atrevieron? ¿Por qué? –Candy sintió como el pulso de Anthony se aceleraba y que su respiración era más agitada, por lo que comprendió que la estaba escuchando.
-¡Anthony! ¿Me escuchas? – Anthony seguía sin responder, pero sus signos vitales incrementaban, así que Candy optó por tratar de tranquilizarlo lo más pronto posible. – Anthony, no te preocupes ya todo se arregló, he hablado con Albert que es el tío William y él habló con la tía abuela. Ya quedó todo aclarado, no habrá tal compromiso.
En ese momento Candy sintió que la respiración de Anthony se relajaba y que el pulso y el ritmo cardíaco se tranquilizaban, así que comprendió que Anthony si la escuchaba, por lo tanto, las terapias estaban funcionando. Candy comenzó a llorar de la felicidad y abrazó fuertemente a Anthony.
-¡Anthony! Amor puedes escucharme, ¡puedes escucharme!
-Si Candy, tengo días que te escucho atentamente y también puedo sentirte, sentir tus besos. Pero aún no puedo moverme- pensaba tristemente.
-Entonces, si puedes escucharme ¿tal vez puedes sentir? – Al decir esto Candy se ruborizó por completo recordando los besos que le había robado, las caricias que le había hecho y sobre todo los baños que le daba. -¡Oh Dios! – dijo tapándose la cara mientras se sonrojaba. Anthony comprendió lo que pasaba y no podía evitar reírse internamente.
-Candy, no te preocupes, si tan sólo pudiera decirte lo mucho que me han servido tus terapias, no vayas a suspenderlas por favor pecosa. – le decía en modo de súplica, ya que por ningún motivo quería perder los dulces besos de su amada y mucho menos las caricias que le proporcionaba, que si bien no podía corresponder, no evitaba que le proporcionaran un verdadero placer, sobre todo los baños que le daba.
Candy seguía hablándole para que él siguiera escuchándole y los ojos de Anthony de repente parpadeaban. Candy quería abrirle los ojos, quería verlos. En eso llamaron a la puerta, fue a abrir y era el doctor que iba a su visita semanal. En cuanto Candy lo vio lo jaló del brazo apurada para acercarlo inmediatamente a Anthony.
-Doctor venga rápido, Anthony acaba de mover sus párpados. - Decía mientras lo jalaba junto a él.
-¿Está usted segura señorita Andrew?
-Si doctor, por favor examinelo.
El doctor procedió a revisar a Anthony y notó que efectivamente había algo diferente en el joven Andrew. Cuando abrió sus ojos para revisarlos, al acercarle la luz estos respondieron dilatándose la pupila, una muy buena señal.
-Enfermera ¿Qué ha estado haciendo?
- ¿Yo? Nada doctor! – respondió Candy un poco nerviosa, creía que iba a retarla por los métodos que utilizaba.
-Efectivamente el paciente presenta una mejoría, sobre todo en sus ojos es más notorio. Sus pupilas respondieron a la luz, es quiere decir que está bien de la vista. Unos días antes de que usted llegara, yo le había hecho esta misma revisión y no había cambio alguno, estaba igual que cuando el Sr. William me contrató, sin embargo sea lo que sea que usted está haciendo está funcionando. El rostro de Candy se iluminó.
-He estado hablando con él doctor, leyéndole libros, poesía, anécdotas de nuestra infancia juntos, pero hoy le di una noticia que me hizo muy feliz y ahí fue cuando noté el cambio, como si quisiera abrir los ojos. -El médico miró a Candy muy serio y le dijo que siguiera con ese tipo de terapia tanto física como mental, ya que le estaba ayudando mucho.
-Se nota que usted es muy importante en la vida del joven Andrew, y eso lo va a ayudar a salir adelante, solo nos queda esperar que sea pronto.
Candy ya tenía más de dos semanas en Lakewood junto a Anthony, Albert iba y venía a Chicago por los negocios y por sus sobrinos y por supuesto la tía abuela. Un día Albert acompañaba a Candy en la habitación de ambos, había algo diferente en ella, tenía días que lo había notado.
-Candy ¿puedo hacerte una pregunta? Hace días que quiero hacerlo, pero no me atrevía.
-Vamos Albert, soy yo Candy ¿Qué pasa? ¿Sucede algo malo?
- No Candy, no te preocupes, pero hace unos días que te veo diferente, te ves más linda con ese peinado. – Candy se sonrojó y sonrió tímidamente.
-¿Qué peinado Albert? –preguntó Anthony, ya que tenía la imagen de Candy con sus eternas coletas.
-Gracias Albert, lo que pasa que una sola cola me permite trabajar más a gusto, que con el cabello en mi cara.
- Mmmmm ¿Y los rizos que caen al lado de tu rostro no te incomodan? – preguntó divertido.
-Se debe de ver más hermosa –Anthony imaginaba a Candy con su cabello recogido en una cola con algunos rizos a los lados y su cofia blanca, simplemente bellísima.
Anthony comenzó a parpadear insistentemente y esta vez Albert y Candy lo observaban.
-Candy, creo que Anthony quiere ver cómo te ves con tu nuevo peinado.
-Vamos Albert, que cosas dices.
-Cierto tío, quiero verla, tocarla, besarla, ¡Dios ayúdame por favor! – Decía Anthony mientras unas gotas de sudor aparecían en su rostro por el esfuerzo que hacía.
-Candy creo que Anthony necesita un motivo muy fuerte para que abra los ojos por fin.
-¿A qué te refieres Albert?
-¿Alguna vez le has contado de tu vida en el colegio?
-Sí, Anthony ya sabe varias anécdotas mías Albert.
-¿Sabe de Terry? –Candy se tensó guardando silencio, dando por hecho que no había hablado de él.
-¿Terry? ¿Quién es Terry, Candy? ¿Por qué te quedas callada? ¿Qué pasa? – el corazón de Anthony se llenó de angustia, no sabía por qué pero presentía que no le gustaría mucho lo que escuchara, si es que Candy se decidía a hablar.
Candy negó con la cabeza, no podía hablar de Terry era algo para ella que había sido doloroso, pero que no tenía caso hablarlo con Anthony, no así, él no debía sufrir ni padecer estrés en su estado. Ella quería que Anthony despertara pero no así, no de esa manera.
-Albert, Terry forma parte de mi pasado, fue importante para mí en su momento, pero hoy lo más importante para mí es Anthony y nadie más. El día que despierte, si me pregunta yo le hablaré de él, más sin embargo hoy no importa Albert, ya no. Dijo Candy con una gran sonrisa y un brillo en sus ojos. Albert notó feliz que el brillo de sus ojos seguía ahí, era el mismo que tenía cuando hablaba de Anthony el de una mujer enamorada y que ya no desaparecía al recordar a Terry. Sintió una enorme dicha al saber que sus ojos reflejaban limpiamente el amor por su sobrino.
-Tienes razón Candy, perdona me emocioné al ver la reacción de Anthony al escucharte hablar. Pensé que tal vez sería más rápida su recuperación.
Anthony seguía escuchando y se quedó intrigado por saber quién era ese tal Terry, y aunque Candy dijo que ya no importaba, era algo de lo cual quería saber, quería saber todo de su pecosa.
Albert se retiró a su despacho y Candy quedó con Anthony, pero lo veía inquieto así que trató de tranquilizarlo.
-Anthony
-Dime Candy
-No tienes de que preocuparte
-¿De verdad pecosa?
-¿Sabes? Estuve cinco años lejos de Lakewood.
-¿Cinco años? Entonces tengo 19 años y tú Candy tienes 17.
-¿Sabes que me fui a Londres a estudiar? Conocí mucha gente, ahí conocí a Terry fue el primero que conocí camino a Inglaterra. Lo confundí contigo, pero luego me arrepentí de haberlos confundido, me di cuenta que eran muy diferentes. Cada uno tenía su estilo y aunque fue importante en mi vida… no lo fue tanto como tú Anthony.
-Cinco años Candy, cinco años en esta cama y a punto de perder tu amor, cuantas cosas han pasado, es comprensible que hayas conocido a alguien más y de seguro no es solo él el que se ha enamorado de ti, también Neal. Recuerdo que Stear y Archie también. No he sido el único que se ha enamorado de tus encantos, dulce pecosa, debes de estar hermosa a tus 17 años.
-Pronto cumpliré los 17 años Anthony, cada año lo festejaba triste porque tú me regalaste ese día y el celebrarlo sin ti no era motivo de fiesta. Pero este año será diferente, este año estás de nuevo tú mi querido príncipe, te amo Anthony, te amo no tienes por qué preocuparte, aquí estoy contigo, sigo aquí y mi corazón siempre ha sido tuyo.
Anthony sentía que su corazón explotaría de dicha al escuchar esas palabras, lo amaba a pesar de su condición, ¡lo amaba! No era justo para ella amar a un muñeco, ella merecía a un hombre de verdad, uno que pudiera demostrarle físicamente cuanto la amaba, cuanto la deseaba, por ese amor él tenía que despertar. Siguió esforzándose para tratar de abrir sus ojos y sintió un leve movimiento en su mano derecha, su dedo índice empezaba a tener movimiento. Candy se acercaba lentamente a él para besar sus labios, cuando Anthony sintió el roce movió ligeramente sus labios y al sentir que Candy hizo contacto mas fuerte con los suyos pudo moverlos más.
Candy sintió como era correspondida pero no quiso alejarse, al contrario siguió besando a Anthony que cada vez hacía más notorio su movimiento. Candy entre abrió los labios para profundizar el beso y Anthony hizo lo mismo, ¡por fin! Anthony le respondía su beso, Anthony la besaba al mismo tiempo que ella lo tomaba de la mano y sentir una vez más una corriente eléctrica por su espalda al sentir que su mano era estrechada por la de él. Candy no quería abrir los ojos, estaba soñando, no quería despertar, era un beso de su príncipe, le estrechaba su mano y la besaba al mismo tiempo. Para Candy era un sueño, así que hizo el beso más audaz entre abrió más la boca y con su lengua empezó a explorar la boca de Anthony, él se sorprendió pero gustoso la recibió no tardándose en encontrarse con la propia comenzando una danza en la boca de ambos. Candy seguía besándolo cada vez con más pasión, era un sueño tenía que aprovecharlo. Tenía que aprovechar ese sueño donde él la besaba, besaba muy bien, Anthony le correspondía ese beso con la misma pasión. Le estrechaba su mano con amor, el calor iba en aumento y poco a poco cesó la intensidad del beso, era momento de despertar, así que sin separarse de él dejó de besarlo y lentamente abrió sus ojos buscando los de él. Cuando abrió los ojos al mismo tiempo se encontró con un par de bellos ojos azules que la miraban con un inmenso amor, con un brillo tan espectacular que nunca había visto en él, la miraban con amor, con deseo, con pasión, con súplica de que no se alejara. Los ojos de Candy se llenaron de lágrimas, no era un sueño no estaba dormida, Albert se acababa de ir hace unos minutos, ella había besado a Anthony y él le había correspondido con la misma pasión que ella le había dado. No era un sueño, Anthony la miraba, estaba despierto y se perdía en el verde intenso de su dulce mirar y ella en el azul cielo de sus hermosos ojos. Anthony la veía sonriente con mucho Amor.
Continuará...
Aahhh hasta yo me emociono con esto jajajajaja por fin despertó mi adorado príncipe de las rosas! ya era mucho martirio por parte de la pecosa, mucho becho, abacho y apapacho y se cansó de estar sólo de espectador... jajajaja espero que les haya gustado tanto como a mí, espero pronto subir el siguiente capitulo, saludos a todas y un fuerte abrazo!
03/06/19
