Disclaimer: Wno como ya saben Hetalia no es mio es de Himaruya Hidekaz

Séptimo capi va ser totalemente Americest en el próximo capi va haber FrUk y se seguro otras parejas y más personajes no voy a anticipar nada todavía tngo q revolver mis libros de historia 8D


A través de los años

Libertad

¿Qué estamos dispuestos a perder por nuestra libertad?

Ya habían pasado un par de meses desde que Francia y Gran Bretaña se habían separado, las cosas habían mejorado bastante en especial el humor de inglés que después de aquella devastadora pelea su ánimo había quedado por el suelo.

La primera semana después de aquel incidente el inglés había decidido no dormir más en la habitación que había compartido con el francés porque seguir en aquel cuarto se le tornaba desesperante, todo le recordaba a él, por lo que pidió que cerraran aquella habitación bajo llave y el inglés se quedó con la misma guardándola en un cajoncito del escritorio de su estudio.

Una mañana Inglaterra al no poder soportar seguir viviendo en aquella casa decidió mudarse a una casa en la cuidad esta no era tan grande como en la que estaban viviendo pero tenía dos pisos, varias habitaciones, una de ellas ideal para que se convirtiera en su biblioteca y la otra en su estudio, también contaba con un hermoso jardín trasero, y esta estaba cerca del puerto lo que sería más provechoso para el ojiverde ya que podría recibir las cartas que le enviaban desde su patria y a la vez más seguro ya que los mensajeros podrían ser abatidos por los bandidos que asolaban por los bosques y de esa manera podría preservar sus importantes documentos enviados desde su lejana tierra.

Esa misma mañana ya estaban preparando los caballos y el carruaje para que él y sus hijos se marcharan de aquel lugar, solo llevarían algunas de sus pertenencias más importantes y luego todo lo demás sería enviado a su nuevo hogar por los empleados de la casa.

A penas el carruaje paro frente a su nuevo hogar las colonias inglesas quedaron sorprendidas la casa no se comparaba con el aquel pomposo palacio donde habían vivido toda su infancia pero tenía su encanto, Alfred bajó corriendo y fue al segundo piso donde se encontraban todas las habitaciones, con la misma velocidad con la que había ingresado a la casa recorrió todas las habitaciones y a su gusto eligió la mejor para él.

-Está es mi habitación- Gritó asomándose por la venta de la misma.

-Tienes que hacer tanto escándalo- Le dijo Arthur a su hijo, pero el menor no lo escuchó -¿Matthew por qué no vas a elegir tu habitación?- Le sugirió a su otro hijo que seguía a todavía a su lado contemplando el frente de la casa.

-Aah… Está bien Inglaterra- El ojilila ingresó en la casa y subió las escaleras y empezó a recorrer las habitaciones y pasó por la habitación que ya había proclamado como suya su hermano.

-Hey brother- Alfred salió de su nueva habitación -Elige esta habitación- Lo llevó al cuarto que estaba junto a la habitación del ojiazul -Quiero que estemos cerca… Como cuando vivíamos en la otra casa- Sonrió -No quieres estar junto a mí- Dijo Alfred a su hermano mientras le mostraba su nueva habitación.

-Pero yo pero pero…- Matthew trataba de explicarle a su hermano.

-Pero pero… nada vamos a estar siempre juntos- Alfred rió con su típica y ruidosa carcajada.

Arthur ingresó a su nueva casa con un sonoro suspiró de cansancio y se dirigió a la sala miró cada detalle de la habitación dejó una pequeña maleta en uno de los sillones que había en ella y después se dispuso a recorrer toda la casa.

El inglés se había dedicado a la educación de sus colonias exclusivamente, día por medio sus dos hijos recibían lecciones de economía, política o estrategias militares que venían ligadas con las lecciones de historia.

Alfred odiaba todo eso de las clases que le daba Inglaterra, él quería ir a la calle y pasear y conocer a su gente y jugar por ahí pero Arthur no le dejaba hacer seguido aquellas cosas. Desde que Francia y Gran Bretaña se separaron las cosas cambiaron para toda la familia, no solo para los dos reinos, el ojiazul ya no podía hacer lo que se le viniera en gana. Por estas actitudes el inglés y su hijo vivían peleándose casi todos los días y Matthew solo miraba con cierto cansancio aquellas peleas sin poder hacer nada o sin tener el valor de hacerlo. Todas la peleas terminaban iguales Arthur le ordenaba a Alfred que se fuera a su cuarto y luego este se escapaba por la ventana de la habitación.

Esa noche Alfred estaba cansado por lo que decidió volver temprano a su casa y para que Inglaterra no se enterara que se había escapado siendo que estaba castigado, le empezó a tirar piedritas a la ventana de Matthew.

Matthew estaba sentado en su escritorio leyendo y de repente empieza a escuchar unos golpecitos en su ventana, al oír los golpecitos no dejaban de sonar decidió asomarse por su balcón, ya que su habitación al igual que la de su hermano tenían balcones que daban al pequeño jardín delantero de la casa, y su hermano estaba parado bajo su ventana con una sonrisa en su rostro y un par de piedras que agitaba con sus manos mientras era iluminado por el farol de la acera.

-¿Me puedes dejar subir?- Sonrió bobamente.

Matthew sabía la rutina -Está bien hermano- Volvió a entrar a su habitación y sacó de su armario un juego de sabanas que se encontraba todo anudado, salió otra vez al balcón de su habitación y le tiró esa improvisada soga, pero sin querer tiró el libro que estaba leyendo y cayó sobre la cabeza del ojiazul ya que lo había dejado sobre el barandal del balcón.

-Ay! ¿Por qué me tiras libros?- se quejó bajito para que nadie se enterara que estaba fuera de la casa estando castigado y a esas horas.

-Perdóname, me puedes subir el libro- Le extendió la soga.

-Ok! Brother- Dijo eso y empezó a trepar por las sabanas y luego se subió al balcón de su hermano -¿Qué estabas leyendo?- No había visto la portada del libro de Matthew.

-Dame… -Suspiró -Las historias que nos contaba Inglaterra- Sus mejillas se colorearon de rojo carmesí -Es Rapunzel.

Alfred sonrió maliciosamente -Ahora que lo pienso esa historia se parece a nosotros dos… Rapunzel, Rapunzel.

-Cállate Alfred.

-Rapunzel Rapunzel deja ya tu cabello caer- Alfred había arrinconado a su hermano entre él y su balcón estrechando las distancias entre sus cuerpos.

-Cállate o sino le digo a Inglaterra que te escapaste- Suspiró -Vete a tu cuarto de una vez- Dijo en voz baja.

Alfred sonrió y se trepó al balcón, desde allí saltó al balcón de su habitación y entró a su cuarto sin quitar de su rostro aquella sonrisa y la imagen de ver a su hermano totalmente colorado.

Al día siguiente Matthew le pidió a su hermano que por favor no se peleara con Inglaterra por las lecciones que impartía casi todos los días, y el ojiazul aceptó la petición de su hermano. La clase de economía había sido demasiado aburrida para la colonia de ojos azules.

Los dos hermanos estaban en el jardín trasero de la casa, Matthew estaba leyendo un libro que había sacado de la biblioteca mientras Alfred estaba acostado sobre el pasto viendo la cambiante forma de las nubes al desfilar por celeste cielo, mientras la lee brisa les movía el cabello a ambos hermanos.

-Todo era más fácil cuando Francia estaba con nosotros- Suspiró Alfred.

-Lo extraño mucho- Dijo Matthew dejando su libro a un costado suyo, con una mueca en su rostro que denotaba nostalgia.

Desde que Inglaterra y Francia se habían separado, el rey de Francia había unido la corona francesa con la corona española, había sido como una especie de matrimonio, las dos naciones estaban conformes con ello. Francia y España pasaban mucho tiempo juntos y parecían felices, los dos en sus pasados cargaban con los recuerdos de amores truncos y finales demasiado deprimentes en ese aspecto eran muy iguales; querían recuperarse de tanto dolor y desamor en sus vidas.

Con España el ojiazul viajaba más de lo que lo hacías con Inglaterra, navegar por el océano Atlántico se había convertido en un hábito, y si se podría llegar a decir un hábito rutinario.

Ese día el francés llegaría a las costas del sur del océano Atlántico y conocería a ese niño del que el español hablaba tanto. Ya habían llegado al puerto del Río de la Plata. En el puerto había dos niños jugando entre los marineros que cargaban y descargaban mercancías traídas desde Europa.

Cuando uno de ellos vio bajar del barco al español fue corriendo a recibirlo -¡Papá! -El niño de cabellos claros y ojos verdes, Martín, tomó del brazo a su hermano y ambos abrazaron al ibérico y este correspondió aquel abrazo.

-Te extrañó mucho- Dijo el hermano de Martín señalándolo, él era muy parecido a Martín solo que su cabello era más rubio todavía y sus ojos eran de un verde aguamarina, el niño se llamaba Sebastián.

-Es mentira- Martín se abrazó más al español.

España solo rió ante la acción de la colonia -Y tú Sebastián me extrañaste- Miró a su hijo, con un rostro lleno de ternura.

-Si yo te extrañé- Lo volvió a abrazar.

-Yo los extrañé más.

Francia estaba detrás de ellos viendo la escena familiar, con una sonrisa en sus labios esa escena le había traído del pasado muchos recuerdos familiares. El pequeño ojiverde lo había visto y una duda se le formó en el entrecejo.

-¿Y tú quién eres?- Preguntó Martín mientras seguía abrazado a España.

El galo se agachó para quedar a la misma altura del niño, mientras que Martín deshacía el abrazó y el español y su hermano se quedaban viendo -Yo soy Francia- El ojiazul se presentó.

-¡¿Mamá?- Dijo contentó el chico castaño obscuro .

-…- Se sorprendió le dijo mamá -Mamá.

-Sí, España siempre nos habla de ti y de que algún día ibas a venir- Cuando Martín dijo eso España intentó callarlo pero era demasiado tarde, mientras Sebastián solo se reía.

Ese día estuvieron los cuatro juntos, y Martín le mostró al ojiazul toda su casa, parecían una familia, como la que Francia tuvo con Inglaterra y por una estupidez por parte del galo se acabó todo.

Pero las cosas entre Francia y España no funcionaron del todo bien, ya que después de un largo tiempo juntos hubo peleas y los dos europeos terminaron su relación amorosa y solo mantuvieron una relación de muy buenos amigos y aliados. Los hijos de Antonio no lo volvieron a ver por un largo tiempo.

Las colonias norteamericanas no volvieron a saber de Francia, Inglaterra nunca lo nombraba en su casa y sus hijos no se animaban a hacerlo delante del británico.

Alguien llamaba a la puerta y un joven de ojos violáceos de no menos de quince años, se dirigió a la puerta y averiguar de qué se trataba, abrió la puerta y se encontró con un mensajero real que tenía una carta en sus manos y le informó a Matthew que esta carta tendría que ser entregaba urgentemente a su padre, el ojilila tomó la carta y le agradeció al mensajero.

Matthew se encaminó a al estudio donde generalmente se encontraba Inglaterra, pero en el camino se topó con su hermano que al ver la carta que llevaba en sus manos los empezó a seguir, para que le develara su contenido.

-¿Qué tienes ahí?- Preguntó Alfred.

-Una carta para Inglaterra- Siguió caminando para intentar dejar atrás a su hermano.

-Eso ya lo sé- Rodó sus ojos -Pero que dice.

-No lo sé Alfred, es de Gran Bretaña la carta yo no puedo abrirla y espiar su contenido- Siguió caminando.

Alfred se acercó a su hermano y lo acorraló contra una pared -Pero no quieres saber – Preguntó tomándolo por las muñecas.

-Déjame Alfred- Trató de sacarse de encima al ojiazul pero en el forcejeo cayeron al piso y sus rostros quedaron muy cerca el uno del otro, sus respiraciones se chocaban y sus miradas no podían dejar de escudriñar la mirada de su contrario, Matthew estaba sonrojado y por su parte Alfred tenía una sonrisita en sus labios -Alfred déjame- Lo empujó, se levantó y con la carta todavía en sus manos y se dirigió al estudio de Gran Bretaña para poder entregarle la carta, Alfred se quedó sentado en el suelo con la sonrisa dibujada todavía en su rostro.

Matthew golpeó la puerta del estudio de Inglaterra -Permiso- Dijo con su suave voz.

-¿Que sucede Matthew?- Arthur estaba sentado detrás del escritorio con un par de papeles esparcidos en el centro de la gran mesa.

-Es una carta con el sello real- Le informó al inglés y le llevó la carta hasta donde se encontraba.

-Gracias- Le sonrió a su hijo.

-El mensajero dijo que era urgente- Le comentó con preocupación -Me voy- Sonrió y salió de la habitación.

La carta le informaba al ojiverde que debía partir inmediatamente hacía Asia y que un barco lo estaría esperando en el puerto. El británico leyó la carta en inmediatamente fue a prepararse para su viaje y pidió que reunieran a sus hijos en el salón principal.

Los dos chicos estaban sentados en los sillones, impacientes querían saber porque los había llamado el inglés, que les tendría que decir que era tan importante.

-Yo no hice nada esta vez, no sé qué hago aquí- Dijo el ojiazul de brazos cruzados -¿Qué decía la carta Matthew?

-La carta… -Dijo causándole más intriga a su hermano.

-Sí, sí la carta- Estaba emocionado.

-La carta…- Meditó un poco, su hermano se moría de los nervios y la curiosidad -No lo sé.

En ese momento apareció Arthur en la sala y los dos hermanos se callaron y miraron al nombrado, Alfred estaba nervioso de que le echara la culpa de algo, siempre lo llamaba para hablar de una de sus travesuras, pero no entendía porque lo había llamado a su hermano también, será que se portó mal su querido hermano, al ojiazul una sonrisa perversa se le formó en el rostro. El Reino Unido se sentó en un sillón frente a sus dos colonias, no parecía enojado pensó el ojiazul.

-Hoy he recibido una carta con el sello de la corona- Vio que Alfred estaba muy impaciente, suspiró pesadumbradamente y prosiguió con lo que le tenía que decir -Y la carta decía que un barco me estaba esperando para ir a Asia.

-Y tú te vas a ir- Dijo Alfred un poco triste.

-Es mi deber- Dijo Arthur levantándose del sillón donde se encontraba y empezó a caminar.

-Y yo soy tu hijo- Miró a su hermano que estaba sentado al lado de él sin decir nada -Somos tus hijos- Le gritó levantándose también.

-Alfred ya estás grande para hacer estos berrinches- Se dio vuelta y le contestó muy enojado.

-No me importa- Alfred le volvió a gritar, Matthew se levantó y lo abrazó por los hombros para que se calmara, el ojiazul lo miró por el rabillo del ojo y apartó la mano de Matthew de su hombro.

-Me voy hoy mismo- Volvió a su camino -Y para cuando vuelva quiero que hayas madurado Alfred- Sentenció el inglés sin darse vuelta para volver a mirarlo.

-Si te vas hoy para cuando vuelvas ya no estaré- El ojiazul abandonó el salón.

-Hermanó…- Quiso seguirlo pero alguien lo detuvo.

-Déjalo, tiene que entenderlo- Inglaterra lo había tomado de su muñeca -Intentaré volver pronto- Le sonrió al ojilila y se fue, Matthew suspiró y fue a buscar a su hermano.

Habían pasado dos años desde que Inglaterra se había marchado, y el comportamiento de Alfred era siempre el mismo salía todas las noches pero ahora lo hacía sin esconderse, no tenía que treparse por una ventana a la madrugada para no ser descubierto por el inglés, ahora hacía lo que quería en aquella casa.

Una noche Alfred estaba por salir de su casa a quien sabe qué lugar, ya eran las diez de la noche. Matthew estaba sentado en la escalera esperándolo, cuando su hermano bajó por esa escalera el ojilila los siguió hasta la puerta.

-Vienes conmigo Matthew- Le sonrió.

-No- El ojiazul por salir por la puerta, Matthew estaba parado detrás de él sin hacer -¿Por qué te sigues yendo por las noches si Gran Bretaña se fue?- Preguntó en voz baja sosteniéndolo de la muñeca.

Alfred se dio vuelta y lo miro a los ojos -Porque quiero- Le mostró una sonrisita tonta y se fue dejando la puerta abierta.

Matthew se había quedado toda la noche detrás de esa puerta por su hermano, sentado en la escalera se había quedado dormido, y antes de que la primera luz del día apareciera su hermano estaba golpeando la puerta de la casa con mucha fuerza, el ojilila despertó de su sueño y rápidamente fue a abrirle la puerta al ojiazul.

Alfred tenía los ojos rojos y olor a alcohol en su ropa había estado bebiendo, se tambaleaba a cada paso, Matthew lo vio pero no dijo nada que podía decir que lo que hacía no estaba bien para que no lo iba a escuchar en silencio pasó su brazo por detrás de la espalda de su hermano y lo ayudó a subir las escaleras hasta su cuarto, lo acostó en la cama y lo desvistió.

-Ay! yo puedo solo- Intentó quejarse la colonia inglesa.

-Guarda silenció- Matthew solo suspiró y terminó de hacer su trabajo, lo arropó bien y esperó a que se empezara a quedar dormido, cuando el ojilila sintió que su hermano ya estaba completamente dormido decidió salir de aquella habitación haciendo el menor ruido posible.

-Matthew no te vayas- El ojiazul había reaccionado con el rechinido de la puerta de su habitación.

-Está bien hermano- Pero lo que Matthew dijo no fue lo que hiso ya que salió por aquella puerta dejando solo a Alfred.

-Te dije que no te fueras- Se quejó antes de que el ojilila cerrara la puerta de su habitación.

Matthew empezó a caminar por los obscuros pasillos y hasta llegar a la cocina donde buscó una jarra y la llenó con agua, luego volvió a hacer el mismo recorrido de regreso a la habitación de su hermano, abrió la puerta y su hermano estaba acostado casi a punto de dormirse, el silencio era hipnótico.

-Aquí estoy- Dijo Matthew acercándose a la cama y dejando la jarra en la mesita de luz, luego el ojilila se sentó en la cama del rubio ojiazul con una mueca de cansancio, Alfred se acomodó sobre sus piernas -Duerme, debes descansar- Matthew empezó a acariciarle el cabello muy delicadamente.

-Me gusta que me hagas eso…- Le dijo Alfred a su hermano con la voz cansada -Pero más me gustas tú- Se giró para quedar frente a su hermano.

Matthew trató de alejarse pero la cabecera de la cama se lo impidió estaba acorralado y Alfred se empezó a acortar las distancias entre ellos dos y comenzó a besar el cuello del ojilila mientras le quitaba el chaleco que tenía puesto.

-Alfred aléjate de mí- Dijo con la voz jadeante mientras se acomodaba la ropa.

-Pero yo te quiero- Intentó besarlo pero al ojilila lo apartó con sus manos.

-Estás ebrio Alfred- Como pudo tomó la jarra que había puesto en la mesita de luz y vació todo su contenido sobre Alfred.

-¡Ay! ¡Está fría!- Un escalofrío recorrió la espalda del ojiazul -¿Por qué me tiraste la jarra con agua?

-Estabas diciendo tonterías- Contestó Matthew volviendo a colocar la jarra, ahora vacía, en la mesita de luz.

-Lo que dije fue la verdad- Alfred se sentía decepcionado, su hermano lo estaba rechazando -Pero si no sientes lo mismo no te culpo- El ojiazul cubrió su mirada con un mechón de su rubia cabellera mientras giraba de lado su cabeza.

-Eeh…- Matthew estaba atónito -De verdad estás diciendo esto.

-Claro, nunca mentiría con algo como esto, es más nunca te mentiría a ti porque yo te amo- Alfred rodeo el cuello de Matthew con sus brazos y se lo quedó mirando con una sonrisa -Tu que dices me quieres.

-Yo… yo te amo- Matthew besó al ojiazul, nunca pensó que se podía animar a hacer tal cosa a medida que el beso se iba profundizando las mejillas del ojilila se tornaban de un rojo carmesí. Alfred se sonreía mientras correspondía al beso del ojilila.

El beso a cada momento se volvía más fogoso, sus lenguas jugueteaban y se conocían, era la primera vez que sus lenguas se inmiscuían en la cavidad del otro, necesitaban reconocerse reclamar esos labios como suyos y de nadie más, se necesitaban, querían tenerse cerca, querían estremecer ante en roce con la piel de su contrario. Pero el aire es indispensable para el funcionamiento del cuerpo y sus pulmones empezaron a pedir a gritos una bocanada de aire y por lo que se tuvieron que separar.

-Abrázame Alfred- Le pidió la ojazul, con la respiración entrecortada, sin rechistar lo abrazó.

-¿Por qué lloras Matt?- Alfred sintió las lágrimas en su pecho.

-No quiero que te alejes de mí.

-Nunca lo haría.

Los dos hermanos durmieron abrazados toda la noche, hasta que los primeros rayos del sol aparecieron por entre las cortinas abiertas de par en par de la ventana del ojiazul. El ojilila comenzó a removerse sobre el pecho de Alfred, que seguía aun dormido. Cuando Matthew despertó completamente sintió que el cuerpo de su hermano estaba extremadamente caliente, la colonia de ojos lilas se sentó sobre el colchón y observó el cuerpo de su gemelo con cierta preocupación, las mejillas de Alfred estaban teñidas de un color rosado a causa de la temperatura, Matthew acercó sus boca a la frente de su hermano y la rozó con sus labios. Alfred tenía fiebre.

El ojiazul se empezó a despertar y vio como su hermano lo estaba mirando y luego sintió como lo besó -¿Qué sucede Matthew? Abrázame que tengo frío- Le dijo un poco adormilado mientras le sonreía.

-Alfred tienes fiebre- Dijo el ojilila muy alarmado.

Matthew le sonrió y acarició la frente del ojiazul, mientras le sonreía cálidamente- Espérame aquí, no hagas ninguna tontería, ya regreso- El ojiazul se fue de la habitación, tenía que buscar un termómetro.

El ojilila de regreso a la habitación de su hermano, llenó una fuente con agua y tomó unos paños y haciendo equilibrio regresó a la habitación del ojazul.

-Abre la boca Alfred- El ojilila le mostró el termómetro a su hermano y este abrió su boca sin rechistar -Acuesta bien- Matthew lo arropó y luego mojó uno de los paños en la fuente con agua que había llevado a la habitación y lo colocó en la frente de Alfred.

-Aaah esta fría- Se quejó con el termómetro en la boca.

-No hables- El ojilia había acercado una silla a la cama de su hermano y le sonrió.

-Falta mucho- Alfred se cruzó de brazos.

-Has silencio Alfred- Buscó un reloj -No falta mucho.

Matthew le quitó el termómetro de la boca del ojiazul y lo examinó -¿Y?

-Tienes treinta y ocho grados y medio de temperatura- Le quitó el paño de la frente y lo volvió a mojarlo para luego colocarlo en la frente de su hermano.

-Tengo frío- Tembló Alfred al hablar, Matthew lo cubrió con un edredón y le sonrió -Gracias- Matthew se levantó de su silla y se fue de la habitación.

El ojilila entró en su propia habitación y empezó a juntar una pila de libros que tenía en un estante de su cuarto y en su escritorio y luego de la selecta búsqueda volvió a la habitación de su hermano. Matthew dejó toda la pila de libros sobre el suelo junto a su silla y luego el se sentó en ella y volvió a sonreírle a su hermano.

-Descansa un poco, yo te cuidaré- Acarició el cabello de su hermano hasta que este se quedará dormido.

Matthew cuido de Alfred por todo un mes, la fiebre no le bajaba, el ojilila le llevaba la comida a la cama le tomaba la temperatura muy seguido y hacía hasta lo imposible para que su hermano se sintiera cómodo mientras estaba enfermo. Con el correr de los días y a medida que la temperatura de Alfred comenzó a descender Matthew empezó a volver a su actividades habituales y lo primero que hizo fue dormir en su habitación ya que dormía con su hermano para no dejarlo solo, la primera noche que el ojiazul durmió no dijo nada al respecto pero con el correr de las noches y teniendo que dormir solo acostumbrado a la presencia de su hermano decidió actuar y a la mitad de la noche se dirigió a la habitación de su hermano y se escabulló entre sus sabanas y lo abrazó. Luego de eso y a pesar de que Alfred se había curado por completo seguía yendo por las noches a la habitación de su hermano y dormían juntos.

Después de varios años sin recibir una carta de su padre, casi cuatro años para ser exactos, el cartero dejó una carta en la puerta de la casa donde estaban viviendo los gemelos y era de Inglaterra.

-Alfred mira es una carta de Inglaterra- Matthew fue corriendo hasta el jardín donde se encontraba se hermano.

-No la abrí todavía, esperaba que la leyéramos juntos Alfred- Matthew se sonrojó.

-Está bien leámosla.

La carta decía que el inglés volvería en cualquier momento que los esperaba y que volvería con una sorpresa pero en ella no explicaba porque no había enviado ni una sola carta para decir que todavía seguía con vida.

Luego de seis meses de que había sido enviada la carta el inglés estaba de regreso en tierras norteamericanas, con aquella sorpresa que les había prometido a sus colonias en la carta. Los gemelos no pensaron que el inglés iba a llegar tan pronto de aquel viaje, Alfred se preguntaba que sería esa sorpresa.

Las dos colonias ya bastante grandes, cuerpos de niños habían cambiado un montón de la última vez que el ojiverde los vio, eran altos de contextura un poquito fornida. Una tarde de verano el inglés apareció por la puerta de su casa donde vivían sus colonias, cuando los gemelos escucharon el rechinido de la puerta dejaron todo lo que estaban haciendo y fueron a ver a su padre que estaba de regreso, aunque Alfred solo quería averiguar cual sería aquella sorpresa. El británico todavía no había entrado en la casa y Matthew lo estaba abrazando, en cambio el ojiazul solo lo mirada desde un par de pasos más atrás sin decir nada.

-No te fuiste- El inglés no se olvidaba de ninguna de las palabras que había dicho el ojiazul.

-Porque me lo pidió Matthew- Excusándose en su hermano por su falta de valor.

-I see…- Arthur sabía que eso era una mentira.

Mientras abrazaba al inglés el ojilila vio que detrás del ojiverde había dos niños de entre once y doce años quizás, él les sonrió y les guiñó un ojo.

-¿Y ellos quiénes son?- Matthew le preguntó a Inglaterra.

-Ellos son la sorpresa, son sus hermanos menores- Dijo sonriendo -Ellos son Steven y Kyle.

-Hola yo soy Matthew y él es Alfred- Les sonrió para darles confianza.

-Yo soy Steven- Dijo un chico de cabello castaño obscuro y profundos ojos verdes.

-Y yo soy Kyle y tengo once años- Se presentó el otro niño de cabellos rubio con un rulo que parecía un pequeño cuernito y ojos celeste muy claro.

-Vamos Alfred a mostrarles las habitaciones así eligen con cual quieren quedarse… Síganme- Matthew les volvió a sonreír y tomó de las manos a sus nuevos hermanos -¿Vienes Alfred?- Entre el inglés y el ojiazul el clima estaba muy tenso y el ojilila quizo tranquilizar el ambiente no quería que discutieran a delante de los dos niños como cuando él era más chico.

Los niños pasearon por las habitaciones, mientras Alfred los seguía un par de pasos más atrás sin decir ni una palabra, bastante raro en él quizás estaba celoso de la llegada de los dos niños o solo no tenía ganas de hablar. Los hermanos eligieron las habitaciones que estaban al lado de la de Matthew le habían tomado mucho cariño inmediatamente.

Esa noche cenaron todos juntos Arthur parecía muy feliz con su gran familia parecía que había olvidado por completo al ojiazul que ya no le dolía lo que hizo hacía ya bastante tiempo pero era mentira todavía sentía que algo dentro suyo estaba roto, algo que no sanaba aun, pero el ojiverde trababa de no pensar en eso, así que el británico mostró la mejor de sus sonrisas delante de sus hijos.

-¿Qué sucedió en estos cuatro años?- Le preguntó a los gemelos.

-Eeeh…- Matthew no sabía mentir bien, pero fue interrumpido por su hermano un mentiroso de primera.

-Nada en absoluto… Mathew y por desgracia yo estuvimos estudiando- Pero no todo lo que dijo era cierto el ojilila si había estado estudiando pero si había sucedido algo.

Una tarde el francés apareció por la casa donde vivían los gemelos, había averiguado la dirección y sabía que inglés se había ido de Norteamérica. Francia quería ver a sus hijos y el inglés no se lo iba a impedir. Los tres salieron toda la tarde y estuvieron charlando amenamente y Francis les contó a sus hijos sobre el Iluminismo y lo que los pensadores franceses sostenían, les había dado una nueva mirada sobre el mundo en especial a Alfred. Pero de ese encuentro Arthur nunca se va a enterar, los tres juraron mantener el secreto.

La cena transcurrió tranquilamente y Arthur creyó en las palabras que dijo Alfred, sin prestarle atención en las miradas cómplices que compartieron los dos hermanos luego de la anécdota del ojiazul. En la noche Alfred se inmiscuyó en la alcoba de Matthew y se metió entre medio de sus sabanas y le besó el cuello al ojilila que estaba plácidamente dormido que soltó un gemido y rápidamente abrió sus ojos se acomodó en la cama y luego se topó con la mirada azulina de su hermano.

-¿Qué haces aquí? Arthur puede enterarse- Dijo Matthew.

-Quiero estar contigo como nunca antes lo hemos estado- Le sonrió de tal manera para que se dé cuenta de lo que quería y luego lo empezó a besar.

Matthew se alejó de él -No Alfred, yo no quiero- El rostro del ojilila se veía asustado, Alfred no entendía porque se alejaba de él.

-¿Por qué te alejas de mí? ¿No me quieres?

-Yo… Yo claro que te quiero, pero no estoy listo para hacer esto- Matthew estaba muy ruborizado.

-Yo no te voy a lastimar, pero igual te esperaré- Alfred lo abrazo.

Ambos hermanos se acostaron juntos en la cama de ojilila, el rubio hiperactivo se quedó dormido inmediatamente pero Matthew no pudo dormir en toda la noche, su mente era un mar de dudas una parte de su ser quería entregarse a su hermano pero otra parte tenía mucho miedo no sabía qué hacer, al cabo de la noche solo logró dormir un par de horas y para cuando despertó Alfred ya se había ido.

Todas las noches se escabullía en la cama de su hermano lo abrazaba y le decía que lo amaba, Matthew lo esperaba siempre dormido en su cama o eso pretendía ya que su cabeza estaba ocupada pensando en lo que le había dicho su hermano noches anteriores, solo pretendía estar dormido. Alfred no quería insistir más con aquel tema, el carácter de su hermano era un poco impredecible a pesar de que le había jurado se amor.

Como todas las noches Alfred fue a la habitación de su hermano, pero esa noche su hermano estaba sentado en el medio de la cama esperándolo, con una sonrisa en sus labios. El ojiazul se acercó y se sentó sobre el colchón.

-¿Qué sucede Matty?

El ojilila se acercó a su hermano y le susurró -Estoy listo Alfred- Matthew tomó con ambas manos el rostro del ojiazul se arrodilló sobre la cama y lo besó tiernamente.

Alfred se sorprendió por la actitud de su hermano pero sus habidas manos lo empezaron a desvestir mientras rozaba su piel, el ojilia soltó un suspiró y deshizo el beso. El ojiazul lo tiró sobre la cama y lo empezó a besar primero el cuello ahí dejó una marca, reclamando ese territorio como suyo, Matthew también intentaba desvestirlo como podía ya que los besos de su hermano lo inmovilizaban era exquisitamente tortuosos una sensación totalmente nueva para el ojilila, pero trataba de contener los suspiros no quería que nadie se despertará y los vieran así.

El ojiazul se dirigió a la zona baja de su hermano con su mano empezó a masajear el miembro de su gemelo despacio y luego rápido, el ojilila se acomodó quedando casi sentado sobre el colchón mientras se mordía un dedo para no gritar de placer, un placer tan doloroso como exquisito, de repente sintió como si todo terminaría allí en ese momento y se corrió en la mano de su hermano, Matthew tenía la respiración descontrolada y estaba sumamente sonrojado nunca antes le habían hecho algo así, Alfred sonreía al ver a su hermano agitado y tratando de contener esos suspiros que él provocaba, se acercó a la boca del ojilila la besó luego abrió la piernas de su hermano.

-¿Qué que vas a hacer?- Tenía un poco de miedo.

-Tu solo tranquilízate y respira profundo- El ojiazul dirigió su mano impregnada de la semilla de su hermano a la entrada del ojilila e introdujo un dedo en ella y empezó a hacer círculos. Matthew soltó un gritito cuando su hermano metió un dedo en su entrada, luego cuando introdujo los demás, solo contenía la respiración ya no dolía tanto y se sentía placentero.

-Aaah- Matthew estaba agitado -Te quiero Alfred…

-Eso ya lo sé- Le sonrió sosteniendo una de sus piernas para separarla más -Estás listo.

-Cre…creo que sí.

-Confía en mí voy a hacer lo posible para que te duela muy poco.

Alfred introdujo el miembro en la entrada de su hermano lentamente, la entrada de su gemelo era demasiado estrecha po lo que se sintió un poco incomodo, el ojilila se aferró al cuello de Alfred no soportaba el dolor que su hermano le estaba inflingiendo sentía que se partiría en dos, pasó sus manos por la espalda del ojiazul y clavó sus uñas mientras las lágrimas de dolor caían por sus mejillas, pero el ojiazul no se detenía.

-Por favor detente- El ojilila elevó su voz al notar que su hermano no dejaba de penetrarlo -Me duele mucho- Matthew se había abrazado a Alfred y no dejaba de llorar.

-Respira y pronto el dolor se detendrá.

-Me duele mucho- No paraba de llorar, el ojiazul había entrado por completo en su cuerpo pero no había realizado ningún movimiento. El ojilila había envuelto sus piernas alrededor de la cintura de su hermano respiraba entrecortadamente pero ya no lloraba.

-¿Te siente mejor?- Sonrió -¿Puedo continuar?- Matthew hizo un leve asentimiento con la cabeza y el ojiazul lo empezó a embestir despacio para que se acostumbrara a esa sensación.

-Aaah me aaah duele- Gemía entre sollozos el ojilila.

Pronto sus cuerpos se acompasaron y las embestidas se volvieron más rápidas y menos dolorosas, ambos gemían los nombres de sus compañeros a causa del placer incontrolable aunque había procurado no hacer mucho ruido para no despertar a toda la casa. Si bien el ojilila seguía sollozando por el dolor que estaba sufriendo no la estaba pasando tan mal.

-Aaah- Trataba de ocultar sus gemidos entre suspiros y jadeos.

-Te gusta esto Matthew- Trató de susurrarle al oído.

-Mucho… aaah- Volvió gemir, el ojiazul había apretado con cierta fuerza su hombría otra vez. Con la ternura que solo Matthew puede tener besó a su hermano en los labios.

-Y esto… aaah- Alfred volvió apretar el miembro de su hermano mientras lo embestía con salvajía.

-Si…- Se aferraba más a la espalda de su hermano, lo volvió a besar y lo besó una vez más.

Alfred lo empezó a masturbar con más fuerza mientras que las estocadas a la entrada de su hermano se volvían más violentas a cada segundo, la entrada de Matthew estrujada el miembro de su hermano y Alfred con las frenéticas embestidas llegaba a ese lugar de su hermano que lo hacía perder el control.

-Aha aha aha…- Su respiración agitada no le permitía hablar con claridad –No aguanto más- Las lágrimas se le caían de sus ojos, estaba llegando a su orgasmo.

-No aah llo llores Matthy- Decía con dificultad el otro rubio mientras lo penetraba con habidaza.

-Aah duele aah- Se quejó el ojilila -No aguanto más Alfred…- Matthew se corrió en la mano de su hermano llenando de un liquido blanquecino y espeso.

Alfred lo siguió embistiendo y el ojilila solo se aferraba como podía a su espalda y le besaba el cuello con mucha dedicación mientras las lágrimas que recorrían sus mejillas llegaban al cuello de su hermano y le recorrían el pecho. Alfred lo recostó en la cama y le empezó a besar el pecho al ojilila lamía y jugueteaba con sus tetillas para hacerle olvidar un poco el dolor.

-No llores…- Le dijo al oído tiernamente.

Alfred siguió distrayéndolo para que no sufriera tanto, las lágrimas del ojilila habían menguado. El ojiazul lo embistió hasta que se corrió dentro de él, luego se recostó al lado de su hermano. Matthew se sentía extraño un liquido escurría por su entrada pero no se sentía mal estaba feliz de haber hecho eso estaba, feliz por complacer a su hermano.

-Te quiero Matthew- Alfred se giró y le besó la frente.

Matthew respiraba agitadamente por lo que tardó en responderle a su hermano -Yo…yo también hermano- Cuando Alfred lo besó el ojilila sonrió y lentamente fue cerrando sus ojos hasta quedar dormido.

Al verlo así Alfred sonrió de una manera especial realmente estaba enamorado de su hermano, esa noche ambos se habían entregado en cuerpo y alma. El ojiazul se vistió y acomodó su cabello, lentamente salió de la habitación para no hacer ningún ruido, su hermano había quedado tendido en la cama cubierto por las sabanas que minutos antes los vieron demostrar tal acto de amor. Cuando salió Alfred se topó con uno de sus hermanos menores, Steven.

Alfred tenía una radiante sonrisa en sus labios, pero el ojiverde estaba serio cruzado de brazos como si lo estuviera esperando -¿Qué le hiciste a Matthew? ¿Por qué lloraba?- El chico castaño obscuro le había tomado mucho cariño al ojilila por eso lo quería defender de Alfred, ya que su relación con él no era de la mejores, ambos habían empezado con el pie izquierdo al conocerse, más el ojiazul.

El ojiazul no sabía que contestar el chiquillo lo había descubierto in fraganti, que le diría si le decía la verdad se lo contaría a Arthur y los dos estaría en problemas y no sabía que mentira inventarle -Matthew no estaba llorando, quieres ver- El rubio abrió la puerta de la habitación y le mostró a su hermanom que Matthew estaba durmiendo cubierto por las sabanas, con una expresión bastante feliz, estaba sonriendo. El otro chico no sabía que decir lo estaba viendo con sus propios, Matthew estaba bien.

-Eeeh… bueno está bien te creo- El ojiverde se fue a su habitación y Alfred también pero con una sonrisa victoriosa.

Las noches pasaron y los gemelos seguían durmiendo juntos, no se les escapaba una noche en la que no dormían abrazados y nadie en la casa lo sabía exceptuando ellos dos, claro está.

Pero la miel no dura par siempre las peleas en la casa volvieron y más intensas que nunca, como protagonistas al ingles ojiverde y al ojiazul norteamericano. Steven como siempre quiso defender a Arthur pero Matthew no lo dejó pidiéndole que no se metiera en sus absurdas peleas y los tres hermanos miraron como se gestaba aquella discusión.

-Estoy harto de todo esto, estoy harto de tu asqueroso té y tus estúpidas costumbres- Alfred tiró la taza de Arthur al suelo, rompiéndose esta en mil pedazos.

-Madura de una vez Alfred, estas grande para estos juegos- Arthur no elevó su tono de voz.

-Estoy harto de tus malditas clases… El iluminismo de Francia es mucho mejor que esto- Arthur se levanto par estar ala altura de su hijo

-Como te atreves a decir su nombre en esta casa- El ojiverde estaba muy enojado -A demás tú ¿Qué sabes del mundo? ¿Qué del iluminismo?

-No necesito saber del mundo, se lo que me pueblo necesita y no te necesita a ti, yo no te necesito.

-¡Hermano!- Matthew se metió en la conversación.

-Me voy a ir de esta casa y tu Matthew te vienes conmigo- Sentenció el ojiazul.

-No Alfred, yo no puedo seguirte- Agachó la mirada.

-Eh! Qué estás diciendo.

-Yo me quedo con aquí. Aquí está mi familia

-Yo soy tu familia, yo soy más que tu familia.

-Alfred si lo vas hacer hazlo de una vez- Dijo Arthur.

-Ya o me conocerás más con Alfred de ahora en adelante voy a ser los Estados Unidos de América.

El ojiazul se fue de la casa, estaba muy triste ya que el inglés le había quitado lo que más quería en este mundo, a su hermano, pero no tenía que sentirse así el ahora era un país libre, pero estaba solo a pesar de que su gente lo acompañaba él se sentía solo. Su hermano, su alma gemela lo había abandonado en ese momento tan importante de su vida y ahora de su vida como país.


Gracias por leer y por los comentarios y los que agregan la historia a favoritos y a las alertas, nunca en mi vida tuve tantos comentarios eso de los favoritos y las alertas en una historia es un logro para mi me siento satisfecha y me alegra mucho que les guste la historia. Creo que sin ustedes la historia no sería nada mil gracias.

En cuanto a este capi gracias por leer a mi gusto quedo bastante pobre le falta algo y no se que es será que estoy perdiendo el talento para escribir u.u wno muchas gracias por leer. Perdon si tiene alguna falta de ortografía o me di vueltas las letras cuando escribía lo revisé y corregí todo lo q estaba mal pero seguro se me pasaron por alto unas cuantas cosas si me avisan lo corrijo.

Aclaraciones del capi:

Martín: Argentina

Sebastián: Uruguay

Steven: Australia

Kyle: Nueva Zelanda

Voy a tratar de actualizar en tres semanas espero no excederme de ese tiempo y el ultimo capi espero poder publicarlo en marzo ya que este año se me viene complicado ya q voy a tener q estudiar por tres TT_TT

Gracias por seguir la historia son geniales

Ja ne!