SEIKAI/KAMANOSUKE
Sólo hay una manera de escapar….
ADVERTENCIA: yaoi / non-con / lemon
*no menores de 18 años*
El regreso a Ueda fue en silencio. Cuando llegaron al castillo todos estaban reunidos allí esperándolos, inclusive Sanada. Varios, incluyendo a Izanami, se acercaron a Seikai a felicitarlo por su conquista. También expresaron su sorpresa y les dieron miradas divertidas mencionando lo bien que lo tenían guardado. Saizou miró extrañado a Yuri pero al final se acercó a él para molestarlo sobre como las peleas que tenían entre los dos eran para ocultar algo más, riendo. Jinpachi sólo se quedó mirando a Yuri, sin decir nada, y salió del cuarto diciéndole a Kakei que le acompañe. Eso hirió a Yuri más de lo que él se hubiera imaginado.
El día prosiguió con normalidad. Seikai no se apartaba de su lado ni por un instante. Por la noche, Rokuro se les acercó y les guio hasta una caseta apartada del edificio principal. Les dijo que a partir de ahora, por ser pareja, tenían derecho a una habitación privada. A Seikai se le iluminaron los ojos, mientras que Yuri sólo mirada al suelo desoladamente. Rokuro también agregó que dentro había una bandeja con una cena muy especial para ambos, regalo de Sanada. A la mención de este nombre, Yuri se estremeció. Antes de partir, Rokuro le entregó un papel a Seikai de parte de Sanada y se fue. Seikai lo leyó pero no comentó nada al pelirrojo.
Ya adentro, a puertas cerradas, ambos se sentaron en el suelo a comer su cena. Seikai le alcanzó una copa de vino y le pidió a Yuri que la tomara; éste quiso oponerse pero pensó que tal vez el alcohol haría más soportable lo que se vendría. Terminada la cena, Yuri comenzó a sentirse muy extraño, era como si todo su cuerpo ardiera y su piel es estremeciera con cualquier cosa que tocada; su respiración era agitada y para su horror, un bulto empezaba a formarse en sus pantalones. "el vino!" pensó Yuri, "Sanada debe haber colocado alguna especie de afrodisiaco en la bebida y le indicó a Seikai que copa entregarle. Ese bastardo".
"Te noté un poco triste por lo que sucedió pero era necesario, así que Sanada me dijo que esto te ayudaría a levantar tu ánimo" Dijo Seikai mientras se quitaba la ropa. Yuri estaba que ardía, el calor era insoportable así que se deshizo de su abrigo. Seikai tomó esto como una buena señal de que Yuri ya no se sentía mal por lo que había ocurrido y lo cogió de la cintura para darle un beso en la boca. Devoró su boca como si quisiera comérselo en ese instante, mordiendo, chupando y lengüeteando toda la cavidad y los dulces labios. Esto empeoró la condición de Yuri y sin poder evitarlo respondió al beso. Cuando se dio cuenta de lo que hacía, empujó a Seikai pero sin lograr apartarlo. Seikai se volvió loco cuando sintió que Yuri le besaba también, así que sin ningún cuidado se deshizo de las ropas del chico en un instante.
Seikai comenzó a besar el cuello y pecho del muchacho con avidez y Yuri no pudo evitar gemir en apreciación.
"Esto está mal, muy mal. Tengo que acabarlo pronto" pensó el chico. Por ello, tomó su propio miembro en su mano y se masturbó con energía. Se vino en su propia mano, soltando un sonoro gemido que captó la atención de Seikai. El monje estaba deleitado por lo que ocurría y continuó besando el pecho del muchacho, le echó en el suelo y continuó con su abdomen hasta llegar al pene. Para sorpresa de Yuri, su miembro comenzó a erguirse de nuevo. La droga era muy fuerte y no sabía cuántas veces más sucedería eso. Su mente se puso en blanco cuando Seikai comenzó a lamer la región púbica sin tocar su ya erecto miembro.
"Esto es una tortura, no lo quiero pe-ro…mierda!...no aguanto esto" sin poder evitarlo, Yuri comenzó a llevar su pelvis hacia adelante y atrás para obtener algo de fricción ahí abajo, cuando Seikai cogió su pene con una mano. El monje estaba extasiado, nunca antes había sacado tal respuesta del chico, así que comenzó a masturbarlo con fuerza. Yuri gimió más alto, casi gritando, su respiración agitada. Seikai no aguantó más y tomó el miembro en su boca. Luego de unas cuantas mamadas, Yuri se vino en su boca. Mientras el menor recobraba el aliento, Seikai volteó a Yuri boca a bajo y, con su lengua llena del semen del chico, lamió las nalgas del más joven hasta llegar al orifico del ano, humedeciendo toda esa zona. Casi sin aliento pero extremadamente cachondo por la droga, Yuri sintió como nuevamente su pene cobraba vida y crecía bajo suyo. Seikai estaba sujetando sus manos contra su espalda, así que no podía masturbarse. Entonces comenzó a mover su pelvis para frotar su falo contra el suelo y conseguir algo de alivio.
Seikai dejó lo que hacía para probar algo que Sanada le había dicho. Se sentó en el suelo, con las piernas extendidas hacia adelante, levantó a Yuri por la cintura y lo sentó entre sus piernas abiertas. Lo miró fieramente a los ojos antes de volver a levantarlo por la cintura para luego descender rápidamente el delgado cuerpo sobre su hinchada erección, clavando su pene por completo dentro del ano del menor. Yuri lanzó un grito entre adolorido y excitado, muy a su pesar. Seikai lo dejó así, colocó las manos del chico tras la espalda de éste y las sujetó con firmeza ahí. Luego agachó su cabeza y, encorvando su espalda, comenzó a asaltar con avidez el cuello desprotegido del muchacho.
A pesar de que Seikai ya estaba dentro suyo, el hombre no se movía, sólo atacaba su cuello. La erección de Yuri ya comenzaba a doler, desesperada por alivio. Sus manos estaban inmóviles tras su espalda así que no podía satisfacerse con ellas. El menor no soportó más e hizo lo impensable: meció su cuerpo, ayudándose con sus piernas, de arriba abajo, frotando su erección contra el abdomen musculoso del monje a la vez que se auto-impalaba con el miembro del hombre que tanto repudiaba. Seikai gruñó, de placer, fuertemente, clavando sus dientes en la tierna piel del cuello.
"Sí precioso, sigue con eso" le animó Seikai, pero a Yuri no le importaba complacerlo, sólo quería venirse de una vez y, ojalá, sacar de su sistema por fin la droga que lo hacía portarse de esa manera. Yuri continuó meciéndose pero, debido a la posición incómoda y la participación nula de Seikai (aparte de besar su cuello no hacía otra cosa), no lograba su objetivo. La fricción no era suficiente para llegar al orgasmo, precisaba de más. Gruñó frustrado, entonces Seikai habló muy bajito, pegado a su oído. "Tengo tantas ganas de tomarte en este momento pero primero tengo que escucharlo una vez más. Dime en voz alta que me amas y te complaceré en este instante". Yuri estaba atónito pero no dejó de moverse. Estaba en una encrucijada, no quería decir de nuevo esas malditas palabras a su agresor pero el dolor que sentía ahí abajo era demasiado. Se frotó con más fuerza esperando que Seikai cambie de parecer pero nada. Casi rechinando los dientes y con lágrimas de humillación por lo que se veía obligado a hacer, cedió por fin.
"T-te..a-amo" retumbó en el cuarto, entre jadeos y gemidos. Seikai se sentía en el cielo y, complacido, se despegó del cuello de Yuri y le soltó los brazos. Yuri, para no caer le cogió por los hombros mientras Seikai le cogía por el falo para masturbarlo con vehemencia. No mucho tiempo después el chico se vino sonoramente en la mano del más grande. Seikai, sin perder tiempo, lo echó en el suelo, cogió sus caderas y embistió el agotado cuerpo de Yuri con estocadas salvajes. Yuri ya no se movía, sólo se quedó ahí tendido mientras el otro terminaba dentro suyo, diciéndole lo mucho que le quería.
Cuando todo terminó, sólo la respiración pesada de ambos se escuchaba en la habitación. Seikai no salió de su cuerpo, más bien, aún dentro, se recostó en el suelo colocando a Yuri sobre él para que descansara ahí, abrazado por él. Sin que ninguno de los dos lo supiera, cierto pirata había pasado por ahí y había visto y escuchado casi todo. Jinpachi había querido conversar a solas todo el día con yuri pero nunca se despegó de Seikai, así que fue a la caseta que les habían dado, para conversar con ambos y constatar por sí mismo la verdad tras esta supuesta relación. El chico nunca le había mencionado nada al pirata y Jinpachi nunca percibió algún interés de él por el monje; sentía que había algo raro. Sin embargo, luego de escuchar a Yuri confesar su amor mientras se follaba contra el cuerpo de Seikai le quedó todo muy claro. Luego de eso, se fue del lugar, no tenía nada que hacer ahí.
Asqueado por lo que había ocurrido ese día, Yuri no volvió a tomar nada que no se hubiera servido el mismo. Los días siguientes eran casi todos iguales: Seikai vigilándolo durante el día, Yuri intentando no estar mucho tiempo a su lado, comer, entrenar, y luchar. Seikai había confiscado su arma, sólo se la daba en los momentos en que había alguna pelea, para luego quitársela después. Las noches eran peores: Kamanosuke se echaba a dormir sólo para se despertado bruscamente por el monigote quien, cual perro en celo, le montaba una o dos veces a lo largo de la noche, todos las noches. Yuri sólo se dejaba hacer, sin participar en absoluto. Había intentado huir, dejar Ueda por sus propios medios pero Seikai logró traerlo de vuelta con ayuda de Sanada. Yuri se sentía derrotado, prisionero, sin control, totalmente resignado a su suerte.
Como habían acordado, una vez a la semana, Sanada se metía muy de noche a la caseta de la pareja y tomaba a Yuri por la fuerza. A veces Seikai estaba ahí viéndoles, otras veces se iba; incluso en una oportunidad participó del acto, follándose a Yuri por el culo mientras que Sanada se la metía al chico por la boca. Kamanosuke ya no se resistía.
Así pasaron algunas semanas hasta que Yuri tuvo una revelación: este martirio nunca terminaría a menos que uno de los dos, Seikai o él, muriera. Ya había intentado eliminar al monje con malos resultados, así que sólo tenía un camino: terminar con su vida. No le fue fácil tomar esa decisión pero se sentía muy deprimido. En todo este tiempo pareciera que los demás alrededor suyo seguían adelante con sus vidas. Saizou se había acercado más a Izanami, lo cual le incomodaba, pero lo que le hirió más fue saber que Jinpachi estaba con Ana. No sabía con certeza que fueran pareja pero conociendo a Ana y el verlos juntos de arriba abajo casi todos los días ya decía mucho.
Aprovechando un descuido de Seikai, tomó un cuchillo de la cocina, lo escondió bajo su ropa y salió corriendo en dirección al depósito de víveres (un cuarto cerrado, mediano, al otro lado del castillo y muy apartado de éste). Una vez dentro, cerró la puerta y levantó el cuchillo con intención de clavárselo en el abdomen. Sabía que iba a doler y demoraría unos minutos en desangrarse pero no le importó. "Esto es el fin" y cerró los ojos.
