Japón

Seiya no tenía la menor idea de qué hacer. Inesperadamente, el torneo 'galáctico' había sido interrumpido por Ikki, el caballero del Fénix, y otros varios sujetos portando armaduras negras, los cuales al parecer lo seguían como a una especie de líder.

Ikki los había atacado salvajemente, con un horrible rencor desprendiendo de su cosmos. Ni siquiera Shun, quien alguna vez fue su querido hermano menor, había escapado de la poderosa técnica del Fénix.

Geki había intervenido y tratado de enfrentarse a Ikki por su cuenta, pero de alguna manera el Fénix lo había derrotado con un único y extraño ataque, el cuál había dejado al caballero de la Osa Menor completamente inmóvil y con una expresión de terror plasmada en su rostro.

Y lo que era aún más humillante, era el hecho de que posteriormente tanto Ikki como lo sujetos de negro que lo seguían se habían atrevido a robar la armadura de oro delante de las narices de todos en la arena.

'Maldición', Seiya dijo. '¡Te arrepentirás de esto, Ikki!'.

'Seiya', Shiryu le dijo, 'no podemos dejar que esos sujetos se alejen. Tenemos que seguirlos antes de que sea demasiado tarde'.

'Debemos recuperar la armadura dorada a toda costa', Hyoga de Cisne intervino.

'Sí, tienen razón, muchachos', Seiya dijo.

'Entonces pongámonos en marcha', Shiryu dijo.

'Está bien', Seiya dijo, al tiempo que miraba hacia el otro lado del cuadrilátero. 'Shun, Jabu, ¿qué me dicen? ¿Vendrán con nosotros?', él les preguntó.

'Por supuesto que sí', Jabu respondió. 'No dejaré que ese miserable sujeto se burle de nosotros'.

'¿Qué me dices tú, Shun?'.

El caballero de Andrómeda pareció dudar por un instante antes de responder. 'E-está bien, Seiya. Iré con ustedes…'.

Seiya sonrió. 'Perfecto. Ahora que todos estamos de acuerdo será mejor que comencemos a movernos. ¡Vamos, en marcha!'.

'¡Sí!'.


Jamir

'¿Se encuentra bien, señor Mū?', el niño preguntó.

'Eso creo, Kiki', Mū le respondió a su aprendiz.

'Últimamente usted ha estado actuando muy extraño, señor. ¿Sucede algo malo?'.

Durante los últimos días Mū no había logrado sacar de su mente esa extraña sensación de incertidumbre. Aunque fuera difícil de admitir, todo parecía indicar que sus temores eran ciertos. Mū había llegado a una horrible conclusión durante el encuentro con el Patriarca: el hombre que ahora se sentaba en el asiento de honor del Santuario no era su maestro Sion.

Mū no había querido hacerle caso a su intuición en un principio, pero era innegable que desde hacía unos cuantos años atrás él había empezado a notar ciertos cambios en la actitud y personalidad del Patriarca. Al principio no parecía ser nada grave, tal vez sólo la presión que conllevaba ser el sumo sacerdote del Santuario manifestándose de manera ocasional. Sin embargo, con el pasar del tiempo, las numerosas historias y rumores sobre los extraños y erráticos arrebatos de ira y depresión del pontífice se volvieron imposibles de ignorar.

La última reunión ocurrida hacía escasos días atrás en la cámara de audiencias fue lo que había terminado por confirmar los miedos de Mū, puesto que si había algo que él conocía a la perfección, eso era la forma de actuar de su antiguo maestro.

'Creo que será que tengamos cuidado de ahora en adelante, Kiki', Mū le dijo a su joven y algo travieso escudero.

El niño lo miró con una expresión algo confundida. '¿A qué se refiere, señor?'.

'Parece que ciertos extraños sucesos se están desenvolviendo en este preciso momento'. Mū cerró sus ojos y respiró profundamente. 'Creo que es hora de que le hagamos una visita a un viejo conocido'.

'¿Una visita a un viejo conocido?', Kiki repitió intrigado. '¿De quién está hablando, señor Mū?'.

Mū volvió la mirada hacia su discípulo con una sonrisa en el rostro. 'Hablo del hombre más sabio entre los caballeros de oro. El respetado maestro de los cinco picos antiguos: Dōko de Libra'.


Japón

'¡Ahí están!', Jabu les dijo a los demás caballeros de bronce que lo acompañaban. A pocas decenas de metros de ellos, los extraños guerreros vestidos de negro que habían interrumpido el torneo se encontraban parados cerca de un callejón oscuro, casi como si esos sujetos los estuvieran esperando. 'Miserables, ¡ya los encontramos!'.

'Tengan cuidado', Shiryu el caballero del Dragón dijo. 'Es muy posible que todo esto sea una trampa'.

'Trampa o no, me encargaré de recuperar la armadura de oro', Hyoga de Cisne dijo.

'Si todos luchamos juntos estoy seguro de que venceremos', Shun de Andrómeda comentó.

Justo en ese momento, el tonto de Seiya esbozó una sonrisa. 'Tienes razón, Shun', él dijo. 'Nosotros cinco unidos podemos derrotar a cualquier oponente que tengamos en frente sin ningún problema'.

'Yo no estaría tan seguro de eso si fuera ustedes', uno de los extraños sujetos vestidos con ropajes oscuros dijo entre risas.

'¿Qué dijiste?', Jabu preguntó.

'Si creen que pueden derrotarnos, nosotros los caballeros negros les demostráremos cuán equivocados están'.

'¿Caballeros negros?', Seiya preguntó. 'Jamás he escuchado hablar de sujetos con ese nombre'.

El sujeto de negro rió. 'Aunque lo hubieran hecho, eso no cambiaría nada. Nosotros los caballeros negros somos los guerreros más temibles de todo el mundo. Es imposible que unas simples basuras de bronce pretendan hacernos frente. No importa cuántos sean, el resultado será siempre el mismo: todos ustedes morirán'.

'¡Miserable!', Jabu dijo, apenas logrando contener su ira. '¡Te haré tragarte tus palabras, ya verás!'.

'¿Por qué no lo intentas?', el sujeto dijo. '¿Qué sucede? ¿Acaso tienes miedo?'.

Fue en ese momento que la última pizca paciencia de Jabu se desvaneció. '¡Ya me hartaste!', Jabu exclamó mientras se abalanzaba hacia los caballeros de negro. '¡Prepárate para recibir mi golpe!'.

'¡Espera, Jabu!', la voz de Shiryu le dijo. '¡Es una trampa! ¡No lo hagas!'.

Sin embargo, Jabu estaba tan enfurecido que él decidió ignorar las advertencias del caballero Dragón por completo. '¡Les daré su merecido, malditos!'.

No obstante, pocos instantes antes de que Jabu lograra llegar hasta el insolente sujeto, otro de los caballeros negros se interpuso en su camino y cobardemente le lanzó un veloz golpe.

{¡Maldición!}. Jabu instintivamente esquivo el ataque, el cual pasó rozando a menos de un centímetro de su mejilla. Sin perder tiempo, él trató de contraatacar a su oponente, pero justo en ese momento otro caballero negro saltó en su dirección y lo atacó con una patada. Jabu nuevamente trató de esquivar el ataque, pero esta vez fue demasiado tarde. La patada del caballero negro impactó su rostro y lo hizo caer al suelo con gran fuerza.

Lo siguiente que Jabu supo fue que los cuatro caballeros de bronce que lo acompañaban saltaban en su ayuda y comenzaban a enfrentarse a los extraños caballeros negros.

Con algo de dificultad, y con su cabeza aún dándole vueltas, Jabu logró levantarse del suelo lo más rápido que le fue posible, listo para luchar contra sus adversarios. Él estaba decidido a demostrarles a esos sujetos de negro su verdadera fuerza. Bajo ningún motivo Jabu se dejaría derrotar de una manera tan cobarde y deshonesta.

'¡Cuidado, Jabu!', la voz de Shun de Andrómeda exclamó repentinamente.

Para sorpresa de Jabu, uno de esos misterios caballeros negros nuevamente se atrevió a atacarlo con un feroz golpe. Jabu rápidamente asumió una posición defensiva y esperó el impacto, usando sus brazos para cubrir su rostro lo mejor posible.

Al recibir el golpe de lleno, Jabu inmediatamente sintió un intenso dolor recorrerle el cuerpo, casi como si sus brazos hubieran sido golpeados por un enorme mazo.

{¡Demonios!}. Jabu trató de contraatacar a su enemigo con una patada, pero increíblemente el caballero negro esquivó el golpe con facilidad y casi inmediatamente retrocedió unos pasos, dejando escapar una risa burlona mientras lo hacía.

'¿Qué sucede?', el caballero negro le preguntó. 'Creí haberte escuchado decir que nos darías nuestro merecido. Qué decepción. Me parece que hablas demasiado para lo poco que haces'.

'¡Miserable!'. Jabu atacó nuevamente a su oponente, lanzando un golpe con su puño a pesar de que sus brazos aún se encontraban algo entumecidos.

Sin embargo, su esfuerzo resultó ser inútil. El caballero negro simplemente volvió a evadir su ataque, devolviéndole una patada como respuesta, la cual Jabu logró esquivar a duras penas.

'No tienes ninguna oportunidad de vencerme', el caballero negro le dijo con una sonrisa en su rostro. 'Realmente eres patético. Sólo estoy perdiendo mi tiempo al luchar contra alguien tan insignificante como tú'. En ese momento, para desconcierto de Jabu, su rival decidió retroceder y retirarse rápidamente del lugar, en dirección a un oscuro y abandonado callejón del muelle en que ellos se encontraban.

'¡Espera!', Jabu le gritó al caballero negro. '¡No huyas, cobarde! ¡Vuelve aquí y termina la pelea!'. Sin embargo el sujeto ignoró completamente sus palabras. En su lugar él sólo continuó alejándose del sitio del combate. '¡Maldición!'. El orgullo de Jabu no podía permitir que alguien lo humillara de tal manera y se saliera con la suya. Él había trabajado por mucho tiempo, entrenando sin descanso largos años, con el fin obtener su armadura y así lograr convertirse en un caballero. Por esa razón, Jabu decidió perseguir al sujeto de negro y derrotarlo a toda costa.

Al llegar al callejón, Jabu no encontró ningún rastro del caballero negro, por lo cual él asumió que su adversario se estaba ocultando como el cobarde que era. Harto de que se burlaran de él, Jabu le gritó al sujeto que saliera de su escondite y lo enfrentara como un hombre. No obstante, la única respuesta que llegó a sus oídos fue una risa que parecía provenir de todos lados. Jabu maldijo y retó nuevamente al caballero negro a dar la cara.

'Parece que tienes muchas ganas de morir antes que los demás', una voz familiar dijo.

Jabu volteó rápidamente hacia atrás. Al hacerlo, él vio a Ikki el caballero del Fénix parado a pocos metros de él con una expresión fría e inmisericorde reflejada en sus ojos.

'Miserable', Jabu le dijo. 'Al fin te he encontrado. Esta vez no escaparás. Será mejor que me entregues la armadura de oro antes de que te arrepientas'.

Ikki miró a Jabu por unos instantes antes de responder. 'Pobre loco'.

'¡¿Qué dijiste?!'.

El caballero de Fénix miró a Jabu directamente a los ojos. 'No eres nada más que un simple estorbo'.

'Permítame que me deshaga de este insolente, señor', la voz del caballero negro dijo desde las sombras. 'Este sujeto no digno de ensuciar sus manos'.

'No', el Fénix respondió. 'Este tonto es mío. Con mi fuerza me encargaré de mostrarle los horrores mas temibles del infierno'.

'Si crees que me asustas estás muy equivocado, Fénix', Jabu dijo. 'En este instante te demostraré que tan poderoso soy. ¡Toma esto!'. Él se abalanzó velozmente hacia Ikki y procedió a lanzarle un golpe con todas sus fuerzas. Sin embargo, en un simple abrir y cerrar de ojos, el caballero del Fénix atrapó el puño de Jabu con su mano de una manera extremadamente fácil, dejándolo totalmente sorprendido.

'¿Eso es todo?', Ikki preguntó. 'Vaya, eres incluso más insignificante de lo que imaginaba'.

{¡¿Qué?!}, Jabu pensó. {¡Esto es i-imposible…!}.

Sin advertencia alguna, el caballero Fénix procedió a apretar el puño de Jabu con tanta fuerza que él pensó que sus huesos estaban siendo triturados por una especie de prensa. A pesar de su esfuerzo por resistir el dolor, no pasó mucho tiempo antes de que Jabu dejara escapar un grito debido a la horrible agonía que él sentía.

Pero luego, sin explicación alguna… Ikki de Fénix lo soltó. 'Sólo un golpe', Ikki le dijo. 'Eso es todo lo que necesito para mandarte al otro mundo: sólo un golpe'.

'Miserable…', Jabu dijo, tratando comprobar los daños que su mano había sufrido. 'P-pagaras… ¡pagaras por esto…!'.

'Será mejor que te prepares', el caballero Fénix dijo. 'Tu mente está a punto de ser destruida por mi siguiente ataque'.

{¿Q-qué…?}.

¡Toma esto: Puño Demoníaco del Fénix!'.