-O-o-o-o-o-o-o-
Hospital Princeton-Plainsboro
(Nueva Jersey)
3 meses antes del "suceso"
Plan tipo A: Enamorar al idiota
[Parte IV]
-O-o-o-o-o-o-o-
House era/es/y será siempre un hijodeputa, todos lo saben y quienes no… lástima, dicen que el dolor es bueno para aprender, ¿y quién mejor que Gregory para enseñarles? Él no es un hombre malo, simplemente hace lo que quiere. Tampoco es buena persona ya que él mismo considera ambigua la categoría de "buen samaritano" House es… House. No hay explicación.
Por eso no se inmutó ante los claxon que las personas le otorgaron, eran música para sus oídos a fin de cuentas, un camino de desdicha que él con el tiempo ha ido trazando; conformado por buenos y malos momentos pero, sobre todo, repleto de reproches. Con su casco amarrado a la parte trasera del asiento, disfrutando del aire que le cosquilleaba la nuca y rozaba —ya de una forma un poco irritante— su rostro al verse descubierto, con sus lentes negros resplandeciendo por el reflejo del sol.
House es libertad, neutralidad pura. Es el egocéntrico y sabelotodo de un grupo pero, sobre todo, un adicto. Adicto al vicodín. Adicto a las drogas en general. Adicto al dolor.
Adicto a la adrenalina que le provocó el esquivar los automóviles a toda velocidad en su motocicleta. Es el que se inclinó a la derecha abruptamente y asustó a una señora, provocando que desviara su dirección para así evitar chocar la parte delantera de su automóvil cuando Greg se inclinó a la izquierda, al tiempo en que un grupo de niños corrían despavoridos en un vano intento de cruzar la calle.
House era aquél que condujo mientras las bocinas de los autos pasaban a segundo plano, aquél que se metió de lleno a sus pensamientos. Aquél que fue de izquierda a derecha.
Izquierda.
Dolor.
Derecha.
Izquierda.
Claxon.
Derecha.
Izquierda.
Golpe de aire.
Derecha.
Aquél que zigzagueó por las calles mientras su mente se nubló de poco en poco.
"Ah, maldita droga" pensó. Porque el sueño comenzó a llenarlo y no pudo ni quiso evitarlo, le gustó la sensación de peligro que su cerebro registró… porque lo liberó, le despejó las ideas y se convirtió una forma clara de pensar. La única forma en la que pudo analizar todos los pros y contras de sus acciones sin tomar en cuenta sus sentimientos… porque estos no existen, no cuando su corazón palpitaba desbocadamente por la adrenalina que el zigzaguear entre autos le provocaba.
House es un todo y una nada. Una persona miserable que aprendió a valorar a pocos individuos, aquél que te insulta y discrimina por mero antojo, para divertirse.
Escuchó lejanamente el chillido de las patrullas y bufó, no molesto… simplemente aburrido. Irritado de que todo termine así; él intentando ser libre en un mundo de basura, pero que todo se vea truncado por las mentes cerradas de las personas.
Greogry aceleró, se desvió a la izquierda y aparcó cerca de un edificio. Las náuseas llegan a él como por arte de magia cuando un pie toca el pavimento y su cuerpo no registra más movimientos bruscos. El nefrólogo es un gruñido ahogado de desesperación mientras ingresa a una cafetería, nadie se le acerca, su aspecto no ayuda en mucho. Los ojos comenzaron a arderle y las náuseas aumentaban.
No pidió nada pues nadie le tomaba la orden, sólo lo observaban, una que otra con un intento fallido de disimulo. House hubiese sonreído sólo por ironía antes de preguntarle si quería ser su puta de turno pero el sabor amargo que comenzó a subir por su garganta le indica otra cosa.
Caminó por el corredor en dirección a los baños, se encerró en un cubículo y comenzó vomitar… las pastillas, su escasa comida, sangre… intentó liberarse de todo lo que aquél estúpido día le propinó. Intentó regurgitar su declaración para con Wilson, intentó expulsar el dolor de cabeza y pierna, deseaba —por una vez en su vida— desechar todo lo que él representaba y figurarse —aunque fuera una sola vez— si el hacerlo lo haría sentir mejor…. Bien, en paz.
Por que, para el nefrólogo, esto era mejor que llorar.
Para él era mejor el dolor, porque lo conocía y sabía hasta dónde podía soportarlo, en vez de luchar ante la decepción que una sola mirada de James le provocó.
Porque ahí, encerrado en un cubículo de alguna cafetería que jamás había visto, con la mente nublándose a pasos rápidos por los medicamentos-drogas en su sistema, él es Gregory Masoquista House y nadie —en absoluto— podrá cambiar eso.
.
.
.
.
.
James miró el bastón a que se encontraba ladeado en el asiento del copiloto al tiempo en el que de sus labios salían quedas maldiciones para todo aquél que viera.
Una para aquél muchacho que dejó llorando a una chica; otra para aquella señora que no sabía tranquilizar al niño que golpeaba con devoción el letrero de algún establecimiento antes de que el semáforo cambiara a verde y él tuviese que avanzar; perros, aves, personas… cosas… todo le animaba a soltar balbuceos bajos.
De izquierda a derecha todo merecía —a su parecer— algún comentario irónico porque… vamos, ¡House no estaba aquí para darlos, y eso te ponía eufórico!
Porque Jimmy no sabe dónde está House.
No sabe cómo está House.
Y el no saberlo le fastidiaba, porque le preocupaba. Le molestaba tener sólo un bastón de manera inútil sin su dueño a un lado, una herramienta que no podía moverse porque no tenía a nadie para hacerlo… y él no lo haría, ¡diablos, no! Porque es de House y el pensar siquiera en tocarlo es… qué mierda, James sabe que no puede, porque si lo toca y se detiene a pensar demás su mente terminará jugándole una mala broma y ponerlo más histérico.
Por eso Wilson indicó con sus direccionales que daría vuelta a la derecha para dar un retorno, porque aquél vecindario desde hace tres horas que lo recorre y no hay —mientras duda de que lo haya— rastro alguno de su amigo.
Decidió buscar en algún otro lado de la ciudad, quizá cerca de los prostíbulos o bares que, para House, venía siendo lo mismo.
Le tentó la idea de marcar a Cuddy, preguntarle si lo había visto y así, con pocos ánimos, tomó el celular y tecleó el número… deteniéndose en la tecla de llamada, pensando qué le diría, cómo explicarle la situación y, después de un discurso mental medianamente estructurado, se retractó… no lo hizo. Porque hablar con Lisa en un momento así podría ponerlo más histérico de lo que ya estaba.
James miró una última vez el bastón antes de doblar a la izquierda en la esquina y seguir su camino, perdiéndose entre sus nublosos pensamientos y la lejanía de un rumbo desconocido.
.
.
.
.
.
El lugar se encontraba abarrotado por tumultos de gente sudorosa, con bebidas en el suelo y lanzadas al aire mientras las taberneras intentaban entregar las mismas a sus respectivos clientes, esforzándose por esquivar los golpes que personas ya alcoholizadas lanzaban al aire en un intento fallido de baile.
—¿No podemos ir a otro lugar? —bufó Allison, incómoda por el intenso calor que desprendía el sitio gracias a la cantidad de gente.
—¡Vamos! Un poco de esto nos relajará, ya lo verás —sonrió Chase encaminándose a alguna mesa desocupada en el fondo del lugar.
—¡Foreman! —suplió la chica.
—Tragos son tragos —gruñó Eric sin mucho ánimo—. A fin de cuentas prefiero estar encerrado aquí que en la oficina haciendo los reportes —bufó—. Si gustas buscar un lugar más cómodo puedes irte, no pienso salir, Chase nos hizo caminar demasiado.
—Ustedes dos son unos idiotas —resopló Cameron mientras tomaba el camino que su rubio compañero había tomado anteriormente—. Más cuando tú estás de mal humor.
Foreman sonrió, sabía que la rubia no estaba enojada realmente, sólo enfadada por el trabajo en exceso y la poca atención que recibía departe de Robert. Negó levemente la cabeza y siguió a sus colegas.
Puede ser que Eric no fuese el centro o el dios de la fiesta pero sabía como divertirse, como pasar el tiempo de manera agradable. Así que no se molestó en seguir a Chase y Cameron a la pista de baile, prefirió sentarse en un rincón cercano a una ventana con una botella de cerveza en mano y observar por ella. Regresar de vez en cuando la mirada a sus amigos solamente para reír y recordarse no dejar que Robert tomara tanto en la próxima ocasión; Allison luchaba por hacer que los burdos movimientos de su colega fuesen más presentables, recibiendo uno que otro pisotón y que las risas estruendosas de otras parejas que copiaban los movimientos del rubio no le incomodasen tan visiblemente.
Divisó que la pareja regresaba a la mesa.
—¡Nada de eso, Chase! —gruñó Cameron al tiempo que le arrebataba una botella de cerveza y el pequeño vaso de Vodka que le habían ofrecido.
—Un café, por favor —pidió Foreman a la tabernera, quien le sonrió y se encaminó con charola en mano a por la taza.
—Aún sigo bien —replicó el rubio.
—Si pudiera clonarte y hacerte bailar contigo mismo no durarías ni un minuto.
—Pudiste bailar conmigo una canción, ¿cierto?
—Los peores tres minutos de mi existencia —bromeó la rubia, Eric rió siguiéndole Robert poco después; la tabernera depositó la taza de café en la mesa.
—Es amargo, creo que le servirá —murmuró bajito.
—Gracias —sonrió Cameron en son de despedida—. Ahora bebe —bufó a su rubio amigo.
—No lo creo, preciosa.
—Vamos, amigo, no pelees. No podrás ganar —bromeó Eric.
—Dime preciosa una vez más estando medio borracho, Robert, y no tendrás descendencia —resopló Allison.
—¿Por qué?
—Porque parece como si un drogadicto me dijera indirectamente si quiero sexo.
Foreman rió mientras depositaba la botella vacía en la mesa y Chase prefirió callarse al tiempo que tomaba unos pequeños sorbos de café.
—Así me gusta —aprobó ella.
—Ni una palabra de esto, viejo —replicó Robert al ver cómo Eric reía entre dientes.
—Lo que digas, Fido*
.
.
.
.
.
Cuatro horas no son nada, ¿cierto?, pensó Jimmy después de ver su reloj por vigésima octava vez en el día. Deseando quizá que House comprendiera su desesperación y apareciera, así podría llorar para luego sermonearlo por tan estúpida desaparición y posteriormente, cuando él se calmara, golpearlo fuertemente hasta que le rompiera algo y valiera el tiempo de histeria que tuvo que pasar.
Recorrió una tercera vez aquél centro y decidió tomar la autopista principal e ir a otro lugar.
Es House de quien hablamos, no podía no pasar desapercibido.
.
.
.
.
.
Gregory se paró de aquél cubículo del baño cuando pasó una hora y acudió a la cafetería, encargando un café amargo, deseando que eso le ayudase a controlar la acidez que le recorría la garganta. Tomó su frasco de vicodín y consumió otro puño de píldoras más, masajeó sus sienes y bufó molesto.
—Maldito cáncer aburrido —resopló bebiendo de la humeante taza.
Relajó su cuerpo y se quedó sentado en aquella silla por varios minutos, cuando pasó una hora y media decidió que no resistiría más "ambiente hogareño", pagó la cuenta y partió entre cojeadas hacia su moto. Subió a ella, revisó su celular y torció la boca.
—Así que Jimmy ha intentado contactarse conmigo, interesante, interesante. Es una lástima que no quiera hablar con él —habló a su transporte sin ganas realmente, guardó el aparato, encendió la motocicleta y partió hacia su departamento… haciendo una parada especial, claro está, en cierto prostíbulo de lujo.
.
.
.
.
.
Allison Cameron es miembro del grupo de diagnóstico de House, es una inmunóloga que trabajaba en la Clínica Mayo y que fue contratada porque el mismo House la escogió por su aspecto: "una chica guapa que estudiase medicina muestra mayor compromiso que un estudiante mejor pero de aspecto normal, ya que una chica guapa podría haber usado su aspecto para conseguir un trabajo más fácil." Y, gracias a eso, ahora se encontraba ahí. Con Chase, con Foreman, con House. Con todo un hospital que esperaba lo mejor de ella.
Con el paso del tiempo la rubia comprendió que era lo mejor que todo el establecimiento esperaba de ése equipo, de House especialmente. Porque, aunque lo negaran, por más piedra en el zapato y golpe en el culo que dijeran que su jefe era, Gregory era el mejor.
Un ángel despiadado, salvación y condenación misma, incoherencia andante.
House no creía en la derrota, negaba que la palabra siquiera existiera en su vocabulario. Para él, pronunciar aquella palabra era una blasfemia, una idiotez. Nada estaba perdido hasta que éste lo dictara así. Mientras aquél corazón siguiera latiendo Cameron sabía que su jefe lo salvaría, aún cuando el paciente tuviese los días contados él llegaría, entraría por aquellas puertas de cristal (que había aprendido en su primer mes de trabajo, a Gregory le impacientaban) y le daría una nueva oportunidad, una nueva esperanza —aunque lo negara rotundamente después— en la que, muy seguramente, ni él mismo confiaba.
Allison creía, confiaba ciegamente en House.
Porque sólo su equipo sabía la verdad: House jamás se equivocaba. Y si llegase a ser así nadie lo mencionaría debido a que ellos tenían una enfermiza lealtad para con su jefe; lealtad que, sin importar nada —y queriéndola o no— todos respetaban de manera conciente —e inconciente al tiempo—.
Por lo cual, cuando Wilson los llamó solicitando su ayuda (Chase y Foreman pagando los últimos tragos) ninguno dudó en ir a buscarlo…
Porque cuando James Wilson llamaba indicaba que la situación era importante y peligrosa. Sumándole a la ecuación el estado de su jefe y la alteración de Jimmy al pasar ya más ocho horas sin saber de él daba como resultado: pánico.
A Cameron nunca le gustó el pánico.
.
.
.
.
.
Llamadas.
Mensajes.
Preguntas.
Carros a la derecha.
Carros a la izquierda.
Algunos en el centro de la ciudad.
Algunos en los límites.
Chase preguntando en bares.
Allison acudiendo con Foreman a prostíbulos.
Wilson siendo la imagen misma de la desesperación.
La búsqueda duró cuatro horas y no pararon hasta que una llamada de House hizo explotar la poca serenidad que tenía James.
—¡¿Dónde carajo estás, idiota!?
—Ah, de putas, Jim.
Wilson gruñó disgustado, sin saber si sentirse dolido también era una opción.
—¿Dónde estás? —murmuró el oncólogo una vez más.
—Algo a lo que le llamo departamento.
—¡Pendejo! —soltó James cortando la llamada.
Ni Chase ni Cameron dijeron nada, se encontraban igual de irritados por lo ocurrido. Foreman simplemente bufó entre decepcionado y dolido por los actuares de su jefe. Pero nadie dijo nada, mucho menos cuando Wilson subió a su automóvil y partió de ahí… quizá a un bar, quizá a ver a House.
Simplemente se fue.
Jimmy estaba herido.
.
.
.
.
.
Al día siguiente nadie del equipo de diagnóstico, a excepción de Eric, le dirigió la palabra cortésmente a House durante todo el día. Inclusive Cuddy se alejaba de él cada vez que lo veía pasar. A Greg no le pudo importar menos y siguió haciendo caso omiso a todo, sobó su nuca cuando se encontró solo y comenzó a jugar videojuegos en su computadora cuando la puerta se abrió con la tentativa de romperse al ser una corrediza de vidrio.
—¿A qué se debe tu no agradable visita?
—¿¡Por qué mierda desapareces así, House!? —replicó Wilson.
—Según sé, mami, no debo pedir permiso al ser niño grande.
—¡Compórtate, carajo!
—Estaba dolido, Jimmy —dramatizó Gregory.
—Estuviste con una puta, House. ¡El mismo día en que te declaraste!
—Que me haya declarado no indica que te jure cariño eterno, idiota —rodó los ojos y pausó el juego tomando su bastón.
—¡P-Pero-!
—Sabes cómo soy y lo que esto puede traer consigo, Jimmy. Tú tampoco eres un santo, polla sociable.
—¡No soy una polla sociable!
—Es verdad, tú le llamas matrimonio.
—¡House!
Wilson lo miró entre dolido y cansado.
—¿Y bien, Jimmy? —repitió el de iris azul.
James se preguntó el porqué no se iba de aquella habitación.
Porque es House. Pensó, finalmente.
—Acepto el juego —gruñó.
—Ganaré, Wilson. Siempre lo hago —bufó el nefrólogo, acariciando su bastón.
El oncólogo partió del despacho rumbo a su siguiente paciente, House masajeó sus sienes una vez más en el día.
El plan había comenzado.
House abrió la ventana de su juego una vez más y siguió matando zombies.
.
.
.
.
.
Notas finales:
31 de Mayo de 2013
Más de cinco tazas de café. Una lata de coca-cola bien fría. Ver los capítulos 9, 10 y 11 de la sexta temporada por puro antojo. Word abierto con unas míseras trescientas ocho palabras con un sensual fondo de Love me do – The Beatles alternado con [It's] The climb – Miley Cyrus, además de unas cuantas canciones de AC-DC. Terminando con Libertad – Christian Chávez y Más vale tarde que nunca –Christian Chávez; así, mis lectoras, es cómo este capítulo se hizo. Así que quizá quedó un tanto raro. Pero ya saben, no soy una escritora que tenga un orden realmente fijo de los hechos, soy de ésas que tienen la trama el inicio y el final, pero que dejan su mente vagar en las ideas que en el momento se vean mejores para el desarrollo.
*Fido: Entiéndase como una broma en donde Foreman le dice "perro" a Chase por la manera en que Cameron le habló.
15 de noviembre de 2013
Escrito en tiempo récord, lo terminé en un día. Merezco que mi ego se sienta bien, lol. Y, ¿por qué no lo publiqué antes? Well, tengo otras historias que también suplican mi atención (además de querer quemar el colegio por las putas tareas y que olvidé dónde había guardado el jodido documento). Y… no encontraba un JODIDO final que me gustara ): así que dudaba en cualquier mísero segundo.
Me gustaría aclarar que, pese a que me tarde, ninguna de mis historias estará sin finalizar, si en algún momento creo que será así pues… mejor no publico la historia hasta que la tenga avanzada. ¿Vale? Pero YO les avisaré (:
Besos.
Y…
.
.
.
.
¿Quién me deja unos lindos reviews después de tanto?
Realizado y terminado: El 31 de mayo de 2013
Editado y vuelto a finalizar: 15 de noviembre de 2013
/¡Carajo que me tardé para tan poco!/
Por: Fernandha's
The bitch of your dreams
