Disclaimer: nuevamente, todos los personajes y parte de la trama de este capítulo son creación exclusiva de Rumiko Takahashi :) gracias por todo!

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Capítulo 7 "Fantasma, recuerdos compartidos"

Despertó sobresaltado por la pesadilla. Y no pudo volver a dormir – hace mucho tiempo que ya no tenía este horrible sueño – pensó – ¿por qué ahora?, ¿será porque discutí con Kagome? –. Dirigió su mirada hacia donde descansaba la chica, acurrucada en su saco de dormir junto a Shippou. Su corazón se apretó, porque entre el problema de Kagome y la pesadilla, se encontraba de los nervios.

¡Keh! – masculló entre dientes – me voy a volver loco así. Mientras las cosas no se solucionen, no debo volver a pensar en esto. Se acabó – y dándose la vuelta, se apartó unos metros del grupo.

Kikyou…espero que te encuentres bien, donde sea que estés – musitó mientras amanecía.

El sol pegó de lleno en los ojos de Kagome. Se despertó algo triste por la conversación anterior con Inuyasha. Mientras se incorporaba, notó que el hanyou estaba varios metros más allá – todavía estás enojado, ¿no Inuyasha?... – y de pronto, se dio cuenta que unas telarañas lo rodeaban. Corrió hacia él.

– ¡Inuyasha!, ¿estás bien? – jadeó.

– Sí… ¿por qué me preguntas así de asustada? – preguntó girándose hacia ella.

– ¡Las telarañas! –.

– ¿Telarañas? –.

– ¿Qué?... oh… no puedes verlas entonces… – dijo confundida.

Inuyasha volteó la mirada. Kagome mordió su labio inferior, evidentemente frustrada– no me ve a los ojos… eso sólo lo hace cuando piensa en Kikyou… – pensó – ¿por qué, si estaba tan seguro ayer sobre nosotros? –.

Y al mirar al cielo, notó que las telarañas no sólo rodeaban a Inuyasha, sino que parecían extenderse desde cierta parte de las nubes hacia el pueblo cercano. Avisó a Miroku, Sango y Shippou, y siguiendo sus indicaciones, corrieron a averiguar qué ocurría. Algo extraño estaba pasando, definitivamente.

– ¿Por qué sólo Kagome-sama puede verlas, será algún nuevo plan de Naraku…? – murmuró Miroku mientras iba montado en Kirara, sujetando las caderas de Sango.

– Lo sé, Houshi-sama, esto no se ve nada bien – respondió la taijiya – Shippou-chan, ¿seguro que no quieres ir en el hombro de Kagome-chan? –.

– Seguro – respondió tembloroso el pequeño kitsune – en este momento me da mucho miedo…parece que el tonto de Inuyasha de nuevo metió las patas –.

Un poco más adelante iban los aludidos. Como siempre, él la llevaba sobre su espalda. Pero el ambiente parecía algo tenso.

– Kagome... – habló Inuyasha por fin, después de un buen rato de silencio.

– Dime… – respondió desganada.

– No quise hacerte sentir mal…lo siento por eso –.

– Yo también lo siento… – susurró, abrazándolo por el cuello.

– Anoche soñé algo que hace mucho no recordaba…aún me siento algo perturbado, pero creo que tiene relación con las telarañas que viste –.

– Entiendo… – y mientras la chica decía eso, notó que su amado levantaba la cabeza olisqueando el aire con vehemencia – ¿qué ocurre? –.

– Kikyou… – respondió por inercia, pero se arrepintió al punto de haber dicho palabra alguna. Sintió que Kagome se recogía en su espalda. Quiso confortarla, pero tampoco quería retrasarse. Algo andaba muy mal. La dejó en el suelo, olfateando nuevamente el aire. En eso, se les unió Kouga, siguiendo un rastro similar.

– ¿Qué haces aquí, perro sucio? – saludó cordialmente.

– ¡Ésa es mi línea, lobo sarnoso! – respondió Inuyasha, tirando un golpe que fue esquivado.

Ágilmente, Kouga se colocó de frente a Kagome.

– Hola, cariño – dijo tomándole las manos.

– Hahaha… hola Kouga-kun – rió ligeramente, soltándose con suavidad.

– ¡NO LA TOQUES! – gritó el hanyou, blandiendo a Tessaiga.

– ¡Ya basta, Inuyasha!, ¡osuwari! – y mientras el pobre era lanzado violentamente al suelo, Kagome se dirigió a Kouga – ¿vas a acompañarnos, Kouga-kun? –.

– Nada me gustaría más, amor, pues parece que vamos siguiendo el mismo rastro… ¿Qué tal si te llevo en mi espalda y así te olvidas de ese perro asqueroso por un rato? – e hizo ademán de subirla.

– Eemmm… creo que no es buena idea, Kouga-kun – declinó suavemente – Inuyasha me… – y se detuvo, pues el hanyou se había distraído nuevamente buscando el origen del aroma de Kikyou. Esto la irritó.

– Ya vete, Inuyasha – habló con la mayor tranquilidad de que fue capaz – ella debe necesitar tu ayuda –.

– Gracias… – murmuró. Sin embargo, antes de irse, se inclinó hacia ella – pero no lo olvides, Kagome, nosotros estamos juntos – y salió corriendo.

Eso parece más una amenaza…pero igual me hace feliz… – pensó la chica.

Kouga frunció el ceño, pues fue el único que pudo escucharlo, debido a su oído altamente desarrollado.

– Nosotros debemos ir también – sugirió Miroku.

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Inuyasha llegó a una cabaña siguiendo el olor de Kikyou. Entró decidido, y encontró a la miko tirada en el suelo. Una horrible herida se extendía por su cuerpo, desde el pecho hasta más arriba, subiendo por el cuello. Asustado, corrió a sujetarla.

– Kikyou! – la tomó por los hombros, enderezándola.

– Inuyasha… por qué estás aquí… – respondió con un hilo de voz.

– Seguí tu olor, ¿qué está pasando? – y notó que el hermano de Sango no estaba con ella – ¿dónde está Kohaku? –.

– Al cuidado de mis shikigamis, no te preocupes –.

Y de pronto, la telaraña se hizo visible.

– No te preocupes, Kikyou, te sacaré de aquí, estarás bien – Inuyasha comenzó a cortar los hilos, pero estos no parecían desaparecer nunca.

– Es inútil, no podrás cortar la telaraña –.

– Kagome me advirtió de la presencia de ellas –.

– Así que también puede verlas… – una idea cruzó por su mente – ¿por qué?, ¿porque ella es yo?, no…tiene que haber algo más… –.

Mientras Kikyou pensaba qué estaba pasando realmente, la silueta de Kagome se dibujó en la entrada. En ese momento, la miko comprendió el verdadero plan de Naraku.

– ¡Kagome, no entres! – gritó, pero ya era tarde, pues la chica fue arrastrada por las telarañas hacia adentro. Por el otro lado, una barrera se creó, impidiendo que los demás pudieran hacer algo. Estaban virtualmente "atrapados".

¿Qué es esto?… oh, son… Inuyasha y Kikyou hace 50 años… no quiero verlos, por favor… se están abrazando… Inuyasha le promete volverse humano usando la Shikon no Tama para vivir siempre con ella… el engaño de Naraku… el día que Kikyou lo selló usando su flecha sagrada… ya no quiero seguir viendo esto, siento que mi corazón se va a partir en pedazos… mi dolor se ha fusionado con el dolor de Kikyou… el día que selló a Inuyasha, así tan grande era su odio, también lo era su amor por él… el lazo que los une no puede ser roto… –.

Kagome despertó con los ojos húmedos. Se incorporó débilmente, y notó que Kikyou e Inuyasha la observaban en silencio – así que sí vino a buscarla… – su corazón se oprimió.

– ¿Estás bien, Kagome? – preguntó el hanyou, visiblemente preocupado.

– Sí… sólo necesito un momento… –.

– Kagome – interrumpió la miko – ¿qué te mostró Naraku a través de las telarañas? –.

– …yo…no… – balbuceó – no puedo decirlo, no puedo explicarlo, aún siento el dolor quemándome… – pensó, y guardó silencio.

– Ya veo. Te mostró a Inuyasha y a mí hace 50 años, en nuestros últimos momentos – sentenció.

– ¿Cómo? – Inuyasha ahora estaba incómodo.

– Mi historia con Inuyasha es algo en lo que no tienes nada que ver, Kagome – afirmó la miko –nosotros tuvimos un final muy triste, eso ya lo sabes –.

– Voy a purificar tu herida, así que por favor no sigas hablando – la chica se acomodaba para curar a Kikyou.

Inuyasha en tanto observaba la escena. Podía leer la angustia de Kagome en sus ojos, y eso le dolía lo indecible.

– No puedo curarte con mis manos... ¿hay algún otro método, Kikyou? – era inútil, no lograba sellar la herida.

– Intenta usar una flecha sagrada. La disparas hacia mí, y así la cerrarás – respondió, pasándole su propio arco. En el instante en que Kagome lo tomó, la cuerda se cortó violentamente.

– ¿Qué ocurre? –.

– Naraku logró su cometido. Tu corazón está impuro, porque viste a Inuyasha y a mí en el pasado – dijo secamente.

– Un momento – interrumpió por fin el hanyou – eso fue hace mucho tiempo, ¿por qué la iba a afectar tanto? –.

– Porque ustedes tienen un lazo que no puedo romper, y aunque lo acepte, igualmente me duele mucho… sus recuerdos no son míos, y sin embargo ahora los compartimos. Me duele tu dolor, Kikyou. Es también mío, ahora – sollozó.

Muy lejos de ahí, alguien observaba la escena regodeándose – Kukuku…haré que se enfrenten, su dolor alimentará la perla y no podrán escapar… –.

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Continúa en capítulo 8 "Muerte, como superar tu ausencia"

Hola! :) cómo están todos?, espero que todo bien ^^ aquí les traigo un capítulo más, agradeciendo como siempre a Vale, Mille y Nata por apoyarme siempre en mis escritos :D xD también a tennyoukai por seguirme y comentarme :D me alegro que les guste ^^ a partir de ahora dejaré de basarme en esta parte del manga, la usé como apoyo para lo que vendría… el final aún no está cerca, pero empiezo a visualizarlo xD saludos, espero publicar de nuevo mañana o antes del martes ^^ see ya!