Los libros de Harry Potter no me pertenecen, son de J.K Rowling y de quienes sean sus derechos. Escribo esto por puro gusto personal, y para alegrar a otros fans, y no quiero ni busco nada a cambio. Gracias.

Advertencia: Esta historia contiene yaoi, es decir, amor entre hombres, con mucho drama y sufrimiento, criaturas sobrenaturales y escenas de índole sexual.

Sumario: Cuando siete años después de la guerra, Draco Malfoy escapa de su celda en Azkaban, el ministerio no tiene más remedio que enviar a su mejor auror, Harry Potter, para capturarlo de nuevo. Entre los muros de la prisión más dura del mundo, Harry descubrirá, no solo el origen de las criaturas más terroríficas, sino un amor a contrarreloj.

Nota: Um… siento que este capítulo se me ha quedado algo corto aunque me haya ocupado casi 12 páginas. No sé, es la primera vez que escribo una tortura, así que no estoy muy segura de que haya quedado del todo bien, pero ya me diréis que os ha parecido.

Gracias de nuevo a todos mis lectores por seguir mi lenta historia, confío que la disfruteis tanto como yo ^^

-Murtilla: De Pansy todavía no se sabe nada, pero ya nos iremos enterando poco a poco.

Lo de que Draco ha sufrido toda su vida, creo que tienes razón. Al fin y al cabo lo criaron para que fuese de determinada manera, nunca tuvo derecho a decidir por sí mismo. Creo que eso lo hace un personaje algo triste aunque lo oculte. Estoy encantada de que me sigas leyendo y de que encima te guste, ^^ muchas gracias maja.

-Oscurita: Tu entusiasmo como siempre me inspira una barbaridad. ^^ Si, Harry ha traicionado su promesa a Draco. ¿Qué hará ahora? XD

-Hohenheim : Me estoy esforzando por narrar mejor y he intentado seguir tu consejo para ser menor repetitiva y describir más. A ver qué te parece ^^ Me alegra que creas que mi historia tiene un buen hilo, si es verdad que le pongo mucho esfuerzo a que todo tenga un sentido, porque igual que a ti, me pongo malísima cuando encuentro cosas sin sentido en un fic. XD Lo de los baños de vapor de hielo no se me había ocurrido, pero es interesante, creo que podría quedar muy bien ^^ De Pansy todavía no he escrito nada, pero prometo algo para el próximo capítulo. Me ha animado un montón tu comentario, está genial leer las opiniones de los lectores porque me ayuda a hacerme una idea de lo que se espera y de lo que gusta y lo que no, además de cómo mejorar, Estaré esperando tu siguiente review con ilusión. Besos majísima ^^

-Dark: Confío en que Draco sufra lo suficiente y salga tan sexy como yo lo he imaginado. XD Y sí, bueno, no puede ejem…"poseerlo", pero se pueden hacer muchas cosas sin eso. Jurjurjur XD Me alegro de que hayas acabado y te haya ido bien ^^

Ojala que este capítulo te guste tanto como los anteriores. Me hace mucha ilusión ver que sigue mi historia a pesar de mis desvaríos ocasionales XD

-Noriko-Leo: Hola nueva lectora. Bienvenida a esta, mi primera historia. ^^ Me sorprendió mucho tu comentario, pero me divirtió mucho también XD Espero que a partir de ahora también me sigas leyendo y que te emocione tanto como el anterior. Lo siento, pero no puedo decirte que no te preocupes por Draco, porque a mí me encanta hacer sufrir a los personajes XD Así que ya sabes coge un pañuelo, porque lo mío es el drama. XD

Os presento:

El beso del Dementor

Capítulo 7- Hielo

Tragó saliva convulsamente, intentó concentrase, pero era incapaz. No era capaz. No quería hacerlo. Todo él se revelaba ante la idea de quedar expuesto ante aquella criatura. Comenzó a temblar débilmente, el castigo iba a ser terrible.

-¿Bien?- inquirió el Lord.

-No puedo.- dijo a penas más alto que un susurro, bajó la mirada.

-Ya veo… - se incorporó. Draco se abrazó a sí mismo aterrado.- Es por tu bien Draco. Cuanto antes aprendas antes dejarás de sufrir.

"¡Déjame en paz! ¡No quiero aprender nada de ti!"

El vapor condensado su aliento… El suave susurró de la túnica deslizándose por la alfombra…

Cerró los ojos.

Temblaba débilmente, y no podía parar de hacerlo.

La oscura aura se expandió haciéndose más opresiva y aterradora, envolviéndolo suavemente. Se le entrecortó la respiración, la temperatura de la estancia descendió hasta hacerse insoportable. Las velas fueron apagándose una a una, las sombras se alargaron cubriéndolo todo.

Fuera se escuchó un trueno.

A pesar de saber que su temperatura era baja parecía que estuviese respirando vapor de hielo.

La situación, demasiado similar a su estancia en la celda y a la enfermedad que casi lo había matado, le produjo terror, desesperación… las costillas oprimieron sus pulmones brutalmente.

El dolor se iba extendiendo a todo su cuerpo por el esfuerzo que suponía estar soportando la asfixiante presencia, apenas percibida como un susurro de oscuridad que poco a poco se adentrase en su cabeza, en su cuerpo, en su corazón…invadiéndolo, arrastrándolo. Haciendo desaparecer en las tinieblas sus esperanzas y sueños, lenta y concienzudamente.

Contuvo un gemido de miedo y se abrazó un poco más fuerte. La sangre caliente de sus palmas empezó a manchar su túnica de un carmesí precioso. Allá donde se agarraba a la tela tratando de encontrar consuelo, aparecían manchas de un rojo profundo como pétalos de rosa.

El oscuro señor se detuvo frente a él, la anticipación, el miedo y el espanto de saber lo que le esperaba fueron demasiado para continuar callado.

-Por favor no… - su voz sonó rota como un vaso de cristal haciéndose añicos.

A pesar de tener los parpados cerrados ponía sentir la humedad que amenazaba con empapar sus pestañas. El odio hacia sí mismo creció hasta hacerse insoportable.

El silencio reinaba en la estancia…ni un susurro, ni un crujido, ni siquiera el sonido de otra respiración que no fuese el doloroso arrastrarse de la suya.

Tomó aire temblorosamente, una convulsión pareció estremecerlo por el esfuerzo.

-Por favor…-repitió aún más quebradamente. El esfuerzo de hablar cobrándose el escaso oxígeno de sus pulmones. Sintiéndose asqueado por su propia cobardía. Pero incapaz de soportar aquello callado, simplemente no podía, tenía tanto miedo… "No puedo volver a pasar por eso." Pensó casi en su sollozo.

Podía sentir el aura tan cerca…. el aliento de la muerte rozando su piel. Una presencia estática, eléctrica, que lo atraía y espantaba a la vez. Tenía ganas de echarse a llorar, de arrojarse a sus pies y suplicar, pero un retazo, apenas un vestigio, del orgulloso Malfoy que había sido, se negaba a ceder el último pedazo de su dignidad.

Su cuerpo tan tenso como la cuerda de un violín, permanecía paralizado incapaz de reaccionar.

Las manos huesudas del Lord Dementor apoyándose en sus hombros…

La sensación… Draco reculó. Tan frío y aterrador… que le arrancó el poco oxígeno que había logrado coger de los pulmones. Comenzó a toser incapaz de obligarse a tomar aire, su garganta estaba seca como si hubiese tragado polvo…o ceniza. Otra convulsión lo sobrevino, como una reacción desesperada de su cuerpo por tomar aire. Pero nada llegó a sus pulmones. Se llevó las manos al pecho donde su corazón bombeaba la sangre como enloquecido, abrió los ojos llenos de lágrimas. Un gris tan brillante y brumoso como un día de lluvia. Detrás de la figura del Lord Dementor, fuera, la tormenta había roto. "Está lloviendo…" la humedad en sus mejillas…y en la apagada vidriera. Comenzó a caer hacia adelante… su cuerpo dejó de sostenerlo…se derrumbó sobre la desgastada alfombra. La sensación de la lana bajo su mejilla…"Es… cálido…" Las gotas deslizándose por el cristal… oscuridad.

Al abrir los ojos el dolor estuvo a punto de devolverlo a la inconsciencia. Los cerró en un acto reflejo esperando que todo dejara de darle vueltas.

Un débil gemido escapó de entre sus labios agrietados. ¿Qué había pasado? El recuerdo hizo que se tensara, lo que le provocó un violento ataque de tos al resentirse sus maltrechos pulmones.

Cuando finalmente logró sobreponerse, respirando trabajosamente. Se dio cuenta de que no sentía el aura del Lord Dementor. "Entonces me ha dejado solo. De momento." No se hacía ilusiones de que su castigo estuviese terminado. Tomó aire para tranquilizarse y comenzó a analizar la situación.

"Está bien…me duele… ¿Tengo algo roto?" Por experiencia sabía que cualquier otra herida sería más o menos bien curada por su magia interna, pero una rotura… para eso necesitaría ayuda, y no sabía aún si podría contar con alguna en su presente situación.

Trató de hacerse una idea de la magnitud del daño que parecía haber recibido. Movió suavemente cada miembro evaluando la respuesta de cada uno. "Está bien, no parece que tenga ni los brazos ni las piernas rotas. Pero estoy encadenado" El tintineo del metal cuando realizó los movimientos así parecía indicarlo. "Y tumbado… ¿en un charco?" Sentía la humedad calándolo. Algún líquido helado. "No creo que sea sangre, si fuese sangre fría, estaría seca y pegajosa, no líquida." La superficie sobre la que estaba echado parecía sólida. "Piedra… ¿una celda?" Tragó convulsamente. Lentamente abrió los ojos.

Se encontraba en un espacio de paredes de piedra apenas iluminado por una antorcha, cuya macilenta luz solo conseguía hacer más profundas las sombras. La humedad parecía calar el ambiente y efectivamente el suelo estaba encharcado. Algo de verdín crecía en las paredes. La puerta de metal hechizado que estaba frente a él parecía ser la única entrada, y no había ventanas.

"Al menos no es tan pequeña como mi antigua celda." El pensamiento no fue de ningún consuelo.

Incapaz de moverse miró al techo volcándose por entero en las manchas de humedad que veteaban la piedra. Cualquier cosa que lo distrajese contra el pánico y los recuerdos…

"¿Crees que vales algo? No le importas a nadie…"

"Tendrías que haber muerto…"

"Abre las piernas para tu amo…"

Cerró los ojos fuertemente. Necesitaba olvidar, necesitaba evadirse. Sintió que la respiración se le aceleraba.

"Por favor no, por favor no…"

"¡Basta! ¡No quiero recordarlo!"

Apretó la mandíbula y se concentró en hundir aquellos recuerdos en lo más hondo de su mente.

""-Hey, tranquilo, no voy a hacerte daño.

-¿Porqué te asusta tanto que sepa que puedes hablar?

-¿Ve...Vendrás al menos a verme?

-Todos los días, te lo prometo"

"Harry…" El recuerdo del auror lo calentó por dentro alejando las pesadillas.

Finalmente el chirrido de la puerta al abrirse llegó a sus oídos.

El Lord Dementor.

El agua sobre la que se encontraba tumbado se escarchó al contacto con la túnica del terrible señor. Sintió como se formaba hielo en su cabello y en su propia túnica. El aliento que salía de sus labios se convirtió en vapor.

-Confío en que hayas tenido tiempo para pensar en tus actos.- siseó levemente deteniéndose a su lado. Draco no se dignó a contestarle. "Ahora no, necesitas descansar." La amabilidad de Harry…

Desde su posición en el suelo pudo ver que llevaba algo en la mano. Una caja dorada y finamente labrada.

-Ya veo…Creía que ya habíamos superado esto, Draco. –dijo amablemente, como si reprendiese a un niño desobediente.

El blanco se limitó a devolverle una mirada fría como el hielo de su cabello. Desde que había despertado en la celda el poco espíritu que le quedaba parecía haberse reavivado. "¿Qué he estado haciendo?" Los últimos días su voluntad se había ido extinguiendo poco a poco, y lentamente había empezado a convertirse en otra de las fieles marionetas del Lord Dementor. Pero extrañamente ahora parecía haberse roto esa capa helada que había estado a punto de esclavizarlo. ¿Por qué? "Trata de dormir un poco, hablaremos por la mañana." La calidez de esas palabras pareció derretir el helor que la presencia del Lord parecía querer verter en sus entrañas. "¡¿Es porque me estoy acordando de Potter?"

Perplejo miró al monstruo que lo acechaba.

El Lord Dementor frunció el ceño. Había algo en Draco que no había estado allí la última vez. "Creía que ya había acabado con casi todos sus recuerdos felices" Molesto por la demora en el vaciado de los desagradables retazos de humanidad propinó un puntapié al preso.

Draco contuvo el grito de dolor que le produjo el golpe. "Definitivamente tengo al menos una costilla rota." El puntapié parecía haber tocado una rotura que debió haber recibido mientras estaba inconsciente. Apretó los dientes contra el dolor. "Un verde tan intenso como el avada kedavra, cálido como un hechizo de calor" La mirada del auror. Pensar en ello le alivió un poco.

El Lord Dementor retrocedió un paso al percibir la presencia de un recuerdo agradable.

"Habrá que darle otra cosa en que pensar" Una risa siseante y cruel escapó de su garganta ante lo que había planeado hacer con el joven rubio.

Se sentó a su lado con una sonrisa que destilaba veneno.

Draco tragó saliva. Esa sonrisa le produjo escalofríos. "Acurrucado entre los brazos del auror dejándose envolver por su calidez."

El Lord Dementor mostró lo dientes en un rictus de desagrado, cuando, después de un leve estremecimiento, la mirada que recibió de Draco fue limpia como cristal. Sin miedo.

Lo agarró brutalmente por la barbilla girándole la cabeza hacia él.

-¿Crees que puedes combatirme con un par de ridículos recuerdos?- le siseo amenazante.

El aliento helado del monstruo le rozó el rostro, olía a muerte y putrefacción. La mano en su barbilla amenazaba con romperle la mandíbula.

Hizo acopio de voluntad. "Hundió suavemente la nariz en el abrigo de Harry, olía a jabón, a sudor y a algo poderosamente masculino" Un estremecimiento de placer lo recorrió al recordarlo.

Asqueado, el Lord Dementor hundió las garras en su mejilla haciendo que la sangre resbalara por el mentón de Draco, y manchara de nuevo la blancura de su túnica.

-Está bien… pensaba darte mi regalo más tarde pero veo que estás impaciente por recibirlo.- dijo maliciosamente, liberándolo de la presa. La cabeza de Draco chocó contra la piedra al ser liberada, pero se las arregló para contener cualquier expresión de dolor.

Las manos huesudas del Lord Dementor rasgaron sin ningún miramiento su blanca, y ya de por sí, maltrecha túnica. Exponiendo a la débil luz de la antorcha una piel blanca como porcelana, cruzada una y otra vez por cicatrices de torturas pasadas. Algunas todavía en proceso de curación. La extrema delgadez hacía que sus costillas fueran claramente visibles, las clavículas se marcaban como un collar de hueso. Sin embargo, de una manera que bordeaba las lágrimas, resultaba hermoso. La esbeltez de la figura, las perfectas proporciones, la cremosa piel, la increíblemente estrecha cintura…todo él hablaba de la elegancia solo propia de un pura sangre.

-Hermoso…- murmuró el Lord Dementor acariciando posesivamente la plana extensión de su vientre.

Asqueado, Draco buscó en su mente algo lo bastante intenso para repelerlo, pero no conseguía recordar nada lo bastante cálido, lo bastante agradable y envolvente para ello.

"Piensa Draco PIENSA. ¿O es que vas a dejar que este monstruo te…?" Se estremeció de repugnancia y sintió nauseas. La leve risa siseante del Lord llegó a sus oídos. Sus manos comenzaron a descender hacia sus muslos "¡Tengo que pararlo ya!"

"Reconfortante…cálido…-imaginó los brazos del auror rodeando su cuerpo, suave, muy suavemente- "Sintió que las manos avanzaban más despacio. "Su olor… A jabón, a sudor…a Harry. –Suspiró plácidamente, se sentía tan bien…protegido-." Las manos se detuvieron completamente a la altura de su cintura. "Su pecho, fuerte y amplio, cobijándolo….El roce de sus revueltos cabellos en el rostro…haciéndole cosquillas…- sonrió levemente." Las frías palmas abandonaron su cuerpo. "La suavidad de su piel tostada… el intenso verde de sus ojos…. –emitió un delicado gemido- el roce de sus labios…"

Una bofetada lo sacó de las ensoñaciones en las que ni siquiera se había dado cuenta de que se había hundido.

El Lord Dementor estaba furibundo. No sabía en quien había estado pensando Draco, pero había percibido la minúscula chispa de amor. Pequeñísima, apenas viva, pero tan hermosa. Se sintió asqueado. Repelido y furioso de percibir un sentimiento que él hacía mucho que había olvidado, si es que alguna vez lo conoció. Por un instante deseó matarlo…pero logró retener el impulso. "¿Para qué matarlo? Cuando acabe con él, si que deseará estar muerto….Y será mío." Rió desquiciadamente.

Draco tragó saliva ante el loco sonido, mezcla de siseo y carcajada. Y aún se sintió peor al sentir como la criatura acariciaba su mejilla en una burlona imitación de afecto.

-Con que esas tenemos… ¿um?- dijo dulcemente. Se inclinó hasta rozar con los labios su oído. – Tendrás tiempo de arrepentirte….Y suplicar.- susurró antes de apartarse.

-Confío es que te gustará mi regalo.- dijo, como si estuviera conversando con un amante. Abrió la caja dorada que había traído con él.

Draco observó como la giraba para mostrarle el contenido.

Dentro de la caja había unas dos docenas de magníficas agujas doradas. Tan largas como su mano, brillaban levemente bajo la luz de la antorcha. Finas como alfileres, y llenas de exquisitos labrados. Verdaderas obras de arte.

-Son preciosas ¿Verdad? Me las regaló mi padre.- Cogió una y empezó a girarla entre sus dedos admirándola - De oro, hechas a mano. Están hechizadas para que solo alguien de nuestro linaje pueda sacarla una vez clavada. –Dijo amablemente, mostrándosela.- Originalmente eran para hacer disecciones. Así se evitaba que otra persona estropeara el experimento, o pudiese robarlas. Pero ya ves… no creo que mi padre pensase en que más usos podía tener un hechizo así, ¿verdad?- sonrió, y la luz hizo destellar la dorada herramienta.

"Lo abrazó un poco más fuerte."

-Yo también les di mi toque personal.- dijo apoyando la afilada punta en el pecho de su inmovilizada víctima.

Draco contuvo el aliento, pero no apartó la mirada. "Nada de lo que diga va a servir para detenerlo."

-Verás… les añadí otro hechizo, para que en caso de ser clavadas en una criatura viva… reaccionasen de forma un poco diferente. Provocan tremendos dolores a la víctima, una sola puede paralizarte un miembro, pero si te clavasen más de cinco.... fiebre, nauseas…sientes como si te murieras. Pero tranquilo, están preparadas para impedir que eso suceda. Sin descanso, ni alivio, hasta que yo decida extraerlas. – clavó la punta en su pecho tan fácilmente como si hubiera sido mantequilla. Una horrible descarga de dolor atenazó a Draco, que de no haber estado encadenado se habría convulsionado. Emitió un débil gemido.

-¿Te ha gustado?- susurró el Lord en su oído, lamiendo el lóbulo sensualmente. El joven aristócrata se negó a contestar, volviendo orgullosamente el rostro hacia el otro lado.

-Como quieras.- lentamente, muy lentamente, hundió la aguja hasta que solo quedó una gota dorada sobre la piel, como si de un adorno se tratara. La sangre manando lentamente, creando un hilo carmesí que contrastaba bellamente con la destrozada y pálida piel.

El dolor era horrible… se convulsionó con cada milímetro que era introducido en su cuerpo, revolviéndose contra las cadenas, incapaz de escapar de ello. Las lágrimas de dolor inundaron sus ojos y comenzaron a deslizarse por su mejilla…antes de escarcharse sobre la pálida piel. Gritos desgarradores escaparon de su garganta.

-Si…disfruta Draco.

Habían pasado tres días.

Tres días de registrar la torre, de vigilar a los guardias, y de buscar en los libros que MacGonnagal les había mandado con Hedwing. Todo sin resultado. Y sin embargo había estado desapareciendo mucha más comida de la habitual de las cocina sin que nadie hubiera visto nada.

-¿Cómo lo consigue?- Ron indignado daba vueltas por la sala de los guardias como un tigre enjaulado.

En ese momento estaban los tres aurores solos en uno de los raros momentos en que lograban librarse sin sospechas de ambos guardias. Que en ese momento se estaban ocupando de sus tareas en la prisión, mientras, un par de elfos domésticos vigilaban las cocinas.

Hermione sentada ante el fuego rodeada de pesados volúmenes. En ese momento ojeaba otro, ignorando el mal humor de Ron y la extraña actitud de Harry, que no hacía otra cosa que murmurar alguna afirmación de vez en cuando mientras miraba a las musarañas.

-¡¿Me estáis escuchando?- Harry se sobresaltó y Mione levantó la vista.

-Sí, sí…te escuchaba Ron.- murmuró el auror moreno.

-Ya… ¿Y que acabo de decir?- dijo su amigo cruzándose de brazos molesto porque le ignoraran.

-… - Harry miró hacia otro lado tratando de ocultar su culpabilidad. Ron echó las manos al cielo.

-Lo que yo decía. Ni caso.

-Ron no seas crío, otras veces nos hemos encontrado con situaciones difíciles. –intervino Hermione levantando finalmente la vista del libro. El pelirrojo suspiró y se dejó caer a su lado.

-Ya lo sé…es solo que no tenemos ni una pista. Nada. Desde que llegamos aquí todo han sido conjeturas. Es como tratar de atrapar humo. Yo digo que interroguemos a los guardias.

-Ya lo hemos hablado Ron. No podemos sin permiso del ministerio, y para solicitar algo así tendríamos que tener pruebas que nos respaldaran. Sobre todo porque ya fueron interrogados antes de llegar nosotros.- el pelirrojo se revolvió el pelo frustrado.

-Entonces es que no sé qué podemos hacer.

Harry se levantó y comenzó a pasearse pensativo. Finalmente se detuvo y miró a sus amigos con una mirada de determinación inquebrantable.

-Vale. Tendremos que repasar lo que ya tenemos. Tu Hermione, vuelve a los sótanos a ver si eres capaz de conseguir algún detalle más de Zabini.- Mione asintió y comenzó a reducir los libros para volver a guardárselos en el bolsillo.- Ron, tú a la cocina. Se me ocurre que aunque nosotros no hayamos logrado descubrir nada, los elfos domésticos que trabajan allí tienen que haber visto algo.

-Ya les preguntamos Harry, no sabían quien la había cogido.- dijo su amigo cansinamente.

-Tú lo has dicho, quien. ¿Y si nos equivocamos y no ha sido un quién, sino un qué?

-¿Un que…?... Podría ser….- comenzó levantándose de inmediato con energías renovadas.- ¡!- rápidamente se hizo con su abrigo. –Nos vemos en la cena. Suerte. –se despidió apresuradamente por encima del hombro mientras salía por la puerta.

Cuando se hubo cerrado tras él Hermione se acercó a su amigo moreno.

-Harry. ¿Y tú?- inquirió seriamente.

-¿Yo?- preguntó como si no hubiese entendido la pregunta de su amiga.

-Ya sabes a lo que me refiero. ¿No irás a volver a la torre, verdad?

-… Es lógico que sea yo quien lo haga, ya he estado allí. Además tú fuiste quien habló con Zabini, a ti será más dificil que se te escape algún detalle. –Hermione lo agarró del brazo antes de que intentara sacar el abrigo de invisibilidad de la mochila.

-A la torre también podría haber ido Ron.

-Pero yo ya había estado antes.- dijo sin apartar la mirada de la mochila. Su voz monótona, sin inflexión ninguna intranquilizó a la pelirroja.

-Precisamente. Harry, ya habíamos hablado de esto. Prometiste que no lo buscarías hasta haber resuelto el caso. – le recordó seriamente.

-Ya lo sé. No voy para verlo a él Mione.- la dura mirada verde como cristal que recibió al girarse el auror hizo retroceder a Hermione.

-Está bien.- le soltó el brazo. – Ten cuidado.

-¿No lo tengo siempre?- inquirió con una sonrisa torcida. Recogió el abrigo y salió dejando a una intranquila Hermione sola.

Suspiró mientras avanzaba hacia la envejecida puerta. Desde que le había prometido a Hermione que no iría a ver al pequeño blanco se había estado sintiendo intranquilo. En su cabeza no paraba de taladrar la sensación de que algo espantoso le había pasado. Sintió de nuevo el azote de culpabilidad cuando apoyó la mano en el picaporte. Furioso consigo mismo lo aplastó salvajemente. "Primero tengo que acabar la misión." Las palabras de Hermione acerca de que su irresponsabilidad acabaría por poner en peligro a la gente del mundo mágico volvieron a su mente. Con renovada determinación abrió la puerta y comenzó a avanzar pasillo adelante.

Lady Margaret miró tristemente la rana de chocolate que había conseguido de la mochila de uno de los aurores. El papel dorado de la envoltura brillaba bajo la luz de las velas que adornaban el pasillo.

-Espero que esto si lo coma…- apretó la caja contra su pecho. Sabía que era arriesgado pero…su pequeño no había probado bocado desde hacía tres días. Desde que lo encontró en el suelo de su propia habitación en un charco de sangre. Delirando, temblando sin parar, consumido por la fiebre… Su túnica no más que unos retazos destrozados y ensangrentados. Y aquellos adornos dorados… la sangre parecía manar de ellos. Había intentado sacarlos, pero no había podido, y el solo hecho de tocarlos lo había hecho gritar desgarradoramente.

Lo arrastró como pudo a la cama, y corrió desesperadamente en busca de ayuda, pero… El Lord Dementor no había querido ayudarla. Dijo que Draco lo merecía, que era su castigo. Margaret no sabía que podría haber hecho el pequeño para merecer algo así. Había rogado, suplicado ayuda para él. .. Pero…

Después de eso no se había atrevido a pedir ayuda al resto de dementores. Si el Lord Oscuro decía que lo merecía nadie se atrevería contradecirlo. Pero no podía dejarlo en ese estado.

Se hizo con una palangana de agua tibia y regresó con Draco.

Durante los siguientes días estuvo limpiando sus heridas. Aplicando compresas frías en su frente, aunque la fiebre no había hecho más que aumentar. Procurando evitar que se hiriera cuando sufría espasmos debido al dolor…

Observando destrozada como su condición empeoraba día a día.

Había estado intentando alimentarlo, pero no conseguía que tragara más que un poco de agua. Parecía incapaz de retener ninguna otra cosa. En una ocasión había tratado incluso de darle un pequeño recuerdo. La reacción había sido tan violenta, que creyó que las convulsiones lo matarían.

No había vuelto a intentarlo.

Esta pieza de chocolate, rapiñada de los visitantes, era el único alimento que sabía con certeza le haría algún efecto. No sabía si sería beneficioso, o dañino… pero si no hacía algo pronto, creía que Draco moriría igualmente.

Se apartó de la pared del pasillo donde había estado apoyada y echó a andar hacia su cuarto.

Cuando entró tuvo que ahogar un sollozo.

En el centro de la enorme cama Draco parecía poco más que un muñeco de trapo. Su túnica se había recuperado un poco, y ahora parecía más un harapo sucio que otra cosa. Temblaba como una hoja.

Gimió débilmente incapaz de emitir ningún otro sonido a través de una garganta que ya llevaba tres días en carne viva, destrozada tras emitir un grito tras otro, una y otra vez, hasta que ya no fue capaz de nada más.

Cuando el Lord Dementor había acabado con él había perdido la cuenta de todas las veces en que se había desmayado, solo para ser despertado de nuevo por el terrible dolor de una nueva aguja perforando su piel.

Finalmente, tras perder por última vez la conciencia, había sido arrastrado de vuelta a su habitación por William.

"Golpeó el suelo brutalmente.

El dolor casi volvió a sumirlo en la inconsciencia, y lamentó que no lo hubiese hecho.

Percibió vagamente que William volvía a dejar la habitación cerrando la puerta tras él y

gimió débilmente, le dolía tanto… no podía moverse. Empezó a llorar en silencio, sin fuerzas para nada más.

"Olía a jabón, a sudor y a algo poderosamente masculino, de algún modo resultaba reconfortante.

Calidez y de seguridad.

Se sentía protegido, a salvo de todo el horror que había tenido que sufrir."

"-Vendré todos los días, te lo prometo."

"Harry… ¿Dónde estás?"

Dolía tantísimo…"

De eso hacía tres días.

Margaret se sentó en la esquina de la cama, cogió el paño ya seco de la frente de Draco y lo humedeció en el balde que había en la mesilla. Cuidadosamente volvió a aplicárselo. Observó aprensiva la trabajosa respiración de su pequeño. La forma en que sus músculos se contraían dolorosamente bajo la piel. La palidez casi azul de sus labios…

Sacó la rana de chocolate de su bolsillo y tras mirarla un momento más abrió la caja. La pequeña creación de chocolate trató de salir saltando, pero Lady Margaret logró cazarla a duras penas antes de que escapase.

-Menos mal.- suspiró aliviada de que el dulce no hubiese conseguido huir.

Miró al agonizante rubio, miró a la rana.

Finalmente arrancó una de las patas al batracio chocolateado. Suavemente echo hacia atrás la cabeza de Draco. Desmigó la porción de chocolate y se la introdujo en la boca. Le dio un poco de agua para ayudarlo a tragar y masajeó su garganta. El joven tragó convulsamente. Margaret lo miró expectante.

Las plateadas pestañas se estremecieron, finalmente, Draco abrió cansadamente los ojos.

Acababa de entrar en la torre cuando una exclamación proveniente de una de las habitaciones hizo que se detuviera. Algo chocó contra su zapato.

Al bajar la vista extrañado vio como una rana de chocolate escapaba saltando a tres patas.

Continuara