Todos los personajes pertenecen a MAPPA, así como a sus creadoras Yamamoto-sensei y Kubo-sensei. La historia sí es mía C:
Advertencias: este fic contendrá muchas referencias hacia la religión católica, así como su organización; así que si esto es demasiado para ti, te recomiendo leer algo más. Sí, al contrario, deseas caer al infierno conmigo... disfruta.
CAPÍTULO VI
-¡joder, cerdo!- el grito de Yurio me hizo brincar en mi lugar. Como si la sorpresa de lo que vi no hubiese sido suficiente. Di un par de pesos hacia atrás y me golpeé la cabeza contra la pared.
Otabek simplemente me miró desde su lugar en el piso, sentado y esperando que la conmoción pasara; no parecía ni sorprendido por mi presencia ni tampoco por la forma en que Yurio había terminado a casi un metro de distancia de él. Tampoco parecía sobresaltado, simplemente estaba ahí. Sereno. Esperando.
Yurio estaba completamente sonrojado, todo su rostro coloreado y sus ojos verdes casi parecían querer asesinarme.
-¡no te atrevas a decir una palabra!- chilló, levantándose y saliendo corriendo de ahí.
Miré a través de las puertas corredizas hacia uno de los jardines interiores de Yutopia y pensé que, quizás, lo mejor sería ignorar lo que había visto, como venía haciendo con todo lo que tenía que ver con la extraña y peculiar relación que mantenían Otabek y Yurio; no los entendía y era evidente que no alcanzaba a comprender los alcances de ella. Tal vez sería mejor, simplemente seguir ignorando.
Aunque eso fuese bastante cobarde.
Me senté con cuidado al lado de Otabek, acomodando mi pierna con ayuda del bastón –ahora ya podía caminar apoyando un poco el peso sobre la férula que me habían colocado y con la ayuda de un bastón, en lugar de las muletas- y dejé que el silencio de la noche nos envolviera a Otabek y a mí.
Podía sentir que su ansiedad aumentaba conforme el tiempo transcurrido desde que Yurio se fue avanzaba. Algo curioso, cuando había estado tan tranquilo mientras toda la tempestad ocurría.
-entonces…- comencé después de un rato, esperando que me dijera la verdad.
-eh…
-¿qué es lo que está pasando?
El kazajo me observó, sus ojos oscuros llenándose de todas las palabras que no me decía.
-lo que vi… fue un beso, Otabek- seguí, esperando que se explicara. Deseando poder ayudarlo en caso de ser necesario -¿Es esa la relación que mantienen?
-sí.
-¿es ese el lazo que han creado?- pregunté, porque los lazos dedicados a las relaciones amorosas o de amistad con demonios eran raros, casi inexistentes y poderosos.
-no realmente- suspirando, se rascó la nuca -. Cuando creamos el lazo yo no sabía lo que estábamos prometiendo, así que es más o menos un lazo de servidumbre común…
-pero no se alimenta de ti, ni te obliga a hacer nada- no estaba preguntando, era algo que había visto en las semanas que habían pasado ahí, conmigo.
-no… creo que el lazo se está modificando por eso- se encogió de hombros, no como si no le importara; más bien parecía que entendía menos aún que yo -; además de que él hizo una promesa también.
Lo que era poco común de igual forma, los demonios hacían que los demás jurarán todo tipo de contratos; que ellos hicieran promesas a cambio –sin trucos- era algo que pasaba muy pocas veces y dependía de cientos de factores que determinaban la duración de los lazos, lo profundos que éstos podían ser o, incluso, qué tan poderosos serían.
-¿me contarás alguna vez cómo fue que te engañó en tu sueño?- esa era una curiosidad más que desear saber para ayudarlo. Siempre eran diferentes los medios que los demonios usaban para engañar a los humanos y, como sabía que había sido a través de un sueño, las posibilidades eran infinitas.
Una sonrisa grande apareció en su rostro, casi siempre, sereno.
-te baste con saber que cuando yo le prometí estar siempre a su lado… no era él y, al mismo tiempo sí era- arrugó la frente, comprendiendo que era la explicación más ambigua que podía dar y, probablemente, la que menos sentido tenía.
-estás consciente de que no entendí nada, ¿cierto?
Otabek soltó una risita, afirmando con un gesto.
Escuché a Yurio entrar a la habitación de nuevo y sentarse al lado de él. Me miró desde ahí, todavía con un leve sonrojo en las mejillas.
-aparecí con la forma de un niño- explicó, en voz baja; me sorprendió muchísimo que, en realidad, me estuviese compartiendo algo así -, hice que me viera en una calle oscura, mientras nevaba…
-¿no es demasiado dramático?
-lo estuve vigilando por un tiempo- explicó, encogiendo un solo hombro -, sabía que no podría ignorar algo así, es demasiado sensible. Así que aparecí como un niño desamparado y solo. Él se detuvo para hablar conmigo y terminó por prometerme que no me dejaría, para que dejase de tener miedo…
-no me detuve por eso- interrumpió Otabek mirándolo sólo a él, la sorpresa reflejada en los ojos del rubio -, ni porque parecieras un niño desamparado o porque no pudiera dejarte en esa situación.
-¿no?
-no. Lo hice porque tus ojos pedían que me quedara…- acarició muy suavemente su mejilla –parecían solitarios, de la misma forma en que me sentía yo. Así que dije eso, justo después de que prometiste estar ahí siempre.
El sonrojo de Yurio se volvió muy pronunciado antes de que recargara su rostro en el pecho de Otabek, escondiéndose ahí.
-supongo que ya no está solo ninguno- murmuré. Levantándome y saliendo de ahí. Brindándoles la privacidad que obviamente necesitaban.
Caminé por los pasillos hasta llegar a la sala común, al ser entre semana, el lugar se hallaba solo y silencioso; probablemente mi familia estaba por ahí, preparando todo para la hora de la cena. Me senté con todo el cuidado que pude y encendí el televisor con el control remoto.
Estaba cambiando de canal, buscando algo interesante para ver, cuando Víktor apareció justo a mi lado.
La sensación de sorpresa por sus repentinas apariciones y desapariciones había menguado hacía un tiempo; no era que no fuese extraño verlo estar en un sitio y desvanecerse en la nada, sino que últimamente parecía estar siempre cerca, incluso cuando no estaba ahí. El sentimiento de tenerlo alrededor se había convertido en familiar.
Él se estaba convirtiendo en familiar para mí.
-no me puedo creer que los humanos desperdicien así su tiempo- soltó irritado, mirando la pantalla de la televisión con fastidio.
-¿disculpa?
-es que la historia es muy predecible- explicó, apuntando a la escena de un drama que se desarrollaba en la pantalla -, ella terminará por perdonarlo y serán felices…
-¿cómo podría perdonarlo por mentirle todo el tiempo?- pregunté, notando muy levemente que quizá mi pregunta había tenido más de una intención.
-es obvio que lo justificarán con toda la fuerza de su amor…- Víktor hizo un ruido con la lengua que, yo pensé, englobaba lo mucho que le molestaba.
-así que, ¿piensas que hay cosas que no deben perdonarse aun cuando quieras mucho a la persona que te lo hizo?
Víktor me miró, parecía como si de pronto se hubiese percatado de todo el subtexto que yo le estaba imprimiendo a la conversación.
-¿es así? Las mentiras… ¿no deben perdonarse?
Lo vi parpadear antes de responder, su dedo índice presionándose contra sus labios.
-¿quieres una historia predecible, Yuuri?- cuestionó, como si eso tuviese algún sentido.
-¿qué significa eso?
-que en ocasiones sólo debes hacer lo que sientas que es correcto- su mano se apoderó de la mía, con suavidad -. Creo que tienes la equivocada idea de que te he mentido… no lo he hecho.
-¿de verdad?, ¿todo lo que me has dicho ha sido la verdad?- lo estaba probando, esperando que me contara todo. Manteniendo la esperanza.
Porque durante el paso de las semanas me había dado cuenta de que… tal vez, podría estar sintiendo cosas por él. Lo cual era una completa locura, comenzando por su naturaleza demoniaca y finalizando terriblemente con su idea de irse en cuanto dejara de resultarle interesante.
-todo lo que te he dicho ha sido la verdad- juró.
-lástima que seas un demonio y la verdad no sea algo importante para ti- me levanté y salí de ahí.
-¡Yuuri!
Sólo deseaba que me tomara en serio y me dijera lo que estaba pasando de verdad. Quería que me contara quien era la persona con la que hablaba a través del espejo –había escuchado voces proviniendo de su habitación varias veces al pasar las noches-, que explicara por qué lo ocultaba y por qué razón mentía sobre sus motivos para estar ahí, conmigo.
Alguien más me llamó.
No desde la sala común, sino desde el recibidor.
Fue mi turno de parpadear sorprendido.
-¡Yuuri!- escuché, antes de que sus brazos me rodearan por la cintura y su rostro se perdiera en mi pecho.
Era un saludo bastante efusivo, aun para él.
-¿qué pasa aquí?, ¿quién es ese?
Miré sobre mi hombro a Víktor frunciéndome el ceño y sus ojos clavados como dagas hacia Phichit. Él elevó su rostro y también fijo su mirada, curiosa, en el demonio.
-¿quién eres tú?
Solté a Phichit y di un paso atrás, mientras ambos sólo estaban ahí viéndose el uno al otro.
-soy Phichit- explicó con voz suave, las preguntas rodando en cada silaba -, el mejor amigo de Yuuri- el "y él no me ha dicho nada de ti" estaba implícito.
-él es Vitya, lo conocí en Rusia.
Aunque lo había soltado, Phichit se mantuvo cerca de mí; estaba confundido sobre por qué lo hacía, parecía estar manteniéndome a su espalda y bastante cerca. Lo cual no le hizo nada de gracia a Víktor, cuya presencia se volvía más fría a cada segundo que pasaba.
-no recuerdo haber escuchado de él.
Me golpeé la frente internamente, no creyendo que se hubiese atrevido a decir algo así en voz alta.
-bueno… no tuvimos tiempo de conversar antes de que fueras a Corea- intenté enmendar la historia – y después fue lo del accidente, así que no había tenido la oportunidad…
Phichit entrecerró los ojos con sospecha, pero debió pensar mejor las cosas antes de ponerse a interrogarme ahí. Se limitó a hacer un gesto afirmativo y comenzar a preguntar por mi hermana y padres.
Lo acompañé hasta la habitación que siempre usaba cuando venía de visita –que por fortuna estaba libre-, lo cual no era mucho pero se había familiarizado con ella; mientras sentía la ira irradiar de Víktor que nos seguía de cerca, simplemente escuchando cada palabra que decíamos.
El ambiente se volvía más y más denso, conforme pasaba el tiempo.
Cuando Phichit dejó la maleta sobre la cama, observé a Víktor querer acomodarse contra el marco de la puerta, sin embargo, yo necesitaba aclarar las cosas con mi amigo y también preguntarle sobre lo que estuvo investigando en Corea –sus correos electrónicos eran, bastante, confusos-.
-¿podrías… esto, dejarnos solos?
Víktor arrugó la frente con fastidio y lo vi salir, pero no escuché sus pasos alejarse; caminé hasta el pasillo y lo observé vacío, aunque tenía la sensación de que no se había ido del todo y estaba por ahí, escuchando.
-así que… ¿quién es ese tal Vitya?
Me giré para ver a Phichit sentado y me apoyé más sobre el bastón, tratando de hacer tiempo para dar una respuesta plausible; después de todo, era él quien mejor me conocía y sabría al segundo de que la mentira se deslizase entre mis labios. Debía ser muy cuidadoso.
-me siguió desde Rusia- comencé, partiendo de la verdad –quería… pasar tiempo conmigo y otro par de amigos que también se están quedando aquí.
-¿"otro par de amigos"?, ¿qué está pasando aquí, Yuuri? Te conozco desde siempre y los dos sabemos que, a pesar de que eres grandioso, nunca has sido del tipo amigable…
Bueno, eso era ciento por ciento, verdad; pero no tenía otra forma de explicar la relación que tenía con todos ellos. Al menos, ninguna que no incluyera una extensa charla sobre mis verdaderas habilidades y la demoniaca naturaleza de Víktor y Yurio. Algo que no podría decirle nunca.
-fue extraño, pero supongo que… congeniamos y tenían mucha curiosidad por conocer un verdadero onsen- esperaba que sonara lo suficientemente convincente.
Phichit suspiró y me observó por varios segundos.
-no sé por qué razón estás mintiéndome pero, por ahora, diré que te creo y lo dejaré ahí- soltó, levantándose y caminando hasta la ventana -; deberás decirme algún día qué es lo que pasa realmente.
-de acuerdo.
El silencio recorrió la habitación y se volvió, extrañamente, incomodo. Tenía la sensación de que Phichit quería decirme algo, pero se mantenía callado; lo habría presionado, pero eso no funcionaba con él y, además, no estaba seguro sobre qué estaría dudando. Nos lo contábamos todo –o casi-.
-si sigues sin decirme qué ocurre, terminaré por pensar lo peor- dije después de un rato; había terminado sentándome sobre la cama, ya que la pierna tenía la molesta costumbre de ponerse a palpitar cuando permanecía mucho tiempo de pie o utilizándola para moverme.
-no es que haya pasado algo… malo.
-¿entonces?
Phichit permaneció mirando por la ventana, desde ahí podía verse la ciudad pintada con las luces de los faroles y las casas; más allá, podía observarse la playa. Quizá podríamos ir todos, Víktor todavía no la conocía y tenía ganas de salir ahora que no tenía que llevar encima las engorrosas muletas.
Esa vez, casi no me amonesté por pensar en Víktor y como pasar tiempo con él. Casi.
-tuve que dejar la investigación.
-¿por qué?
-descubrí algo…- se calló de pronto, mordiéndose el labio inferior, como si se estuviese preguntando si debía continuar contándomelo o no.
-¿qué cosa descubriste?- insistí, sabía que no era muy justo querer saberlo todo cuando yo le ocultaba cosas; pero aun así, tenía el presentimiento de que era algo grande –Fuiste buscando pruebas de una aparición milagrosa, ¿no? ¿Encontraste algo?, ¿era falso?, ¿no era algo milagroso?
-no… exactamente.
-¿eso qué significa?- ¿acaso era realmente necesario que todas las personas a mi alrededor fuesen tan crípticas?, ¿de verdad? O quizá, sólo lo hacían para molestarme.
-encontré evidencias de que las apariciones no eran realmente milagrosas…- suspiró y desvió la mirada, por fin, de la ventana para poder hablarme a la cara –no había nada ahí que indicara que pasaba algo fuera de lo común. Al menos, eso fue lo que pensé hasta que yo lo vi…
-¿qué cosa?, ¿una imagen llorando?, ¿un rostro divino en algún lugar?- esas eran las apariciones más comunes y también, las que más trucaban para hacerse famosos.
-no… la persona a la que entrevisté estaba recibiendo mensajes de un ser divino, en sueños.
-oh, vaya…- eso no lo vi venir, eso era poco común; había sólo un par de cosas similares, todas experimentadas por personas que habían alcanzado algún grado de divinidad en algún punto. Santos o mártires -¿y qué viste?
-yo… no le creí al principio, hasta que lo vi.
-¿a quién?
-al ángel con el que soñaba.
-¿disculpa, qué?
-te estoy diciendo que vi un ángel, Yuuri- Phichit se pasó las manos por el rostro, en un gesto desesperado -. Vi un jodido ángel y…
-¿y?
¿Qué estaba pasando ahí? Nunca había visto a Phichit tan desconcertado y, aunque la impresión de ver algo de esa naturaleza debía ser enorme –para mí no sonaba tan descabellado, si podía ver el mal en el mundo, era obvio que debía haber formas de ver el bien en él-, no alcanzaba a comprender qué era lo que lo tenía en esa condición.
-no importa- soltó, se sentó de golpe a mi lado y me miró con una sonrisa fingida -, necesitaba un descanso después de eso y aquí estoy.
-aquí estás- sonreí, esperando que mi sonrisa no se viese tan actuada como la suya.
Mi mundo y el de todos alrededor se estaba torciendo bastante, así que no podía dejar de preguntarme, ¿dónde terminaría esto?
Hola a todos (as), traigo nuevo capítulo, sé que implícitamente los miércoles se habían convertido en día de capítulo nuevo y así quería continuar, pero salí de viaje el fin de semana y me fue imposible ponerme a escribir durante esos días, así que estaba un poco retrasada; aunque espero no haya sido tan larga la espera (sólo fue un día u.u).
Ya vieron a dónde mandé a Phichit u.u
Les agradezco infinitamente sus reviews, lectores fantasma follows y favs, de verdad que hacen a mi corazón muy feliz C: Por cierto: eh, si tengo cuenta de wattpad, pero sólo la utilizo para leer porque... la verdad es que no sé moverle y ni idea de cómo publicar allá (tal vez debería considerarlo...).
Espero que lo sigan disfrutando...
~Clarisee (Silvia)
