Después de haber perdido mi anterior computadora en un prolongado apagón, resurgí de las cenizas. Lamento mucho la demora, pero la muerte de mi anterior computador se llevó varios originales y fanfics a la fría soledad de la tumba. Nada puedo hacer para recuperar lo perdido, sólo queda mirar hacia adelante.

Si voy a ser sincera, me costó mucho escribir este capítulo. El problema principal que afronté ni bien abrí el borrador, fue que había olvidado la mitad de la trama. Palabras más, palabras menos, logré recordar lo suficiente como para llevarlo a cabo.

Sin más que decir, los dejo con el capítulo.


Disclaimer: Los personajes pertenecen al buen Hiroyuki Takei.


I had no illusions (No tengo la ilusión)
that I'd ever find a glimpse (de poder encontrar)
of summer's heat waves in your eyes. (el calor del verano en tus ojos)

Big in Japan - Alphaville.


-Sexto Capítulo.-

-Conductor Bipolar.-

Fue cómo un chasquido, cómo un "clic" capaz de derrumbar al universo entero. De pronto pensamientos y acciones se mezclaron en un espiral extraño y sus labios se unieron a los del otro, en un beso capaz de congelar el tiempo.

Hao apartó el rostro y sonrió, sus uñas se hundieron en la blanca piel de Lyserg.

– ¿Entiendes?– dijo arqueando una ceja. –Es tu culpa. – agregó viperino.

El inglés lo fulminó con la mirada, sus dientes se apretaron con furia.

–Déjame en paz. – advirtió con un tono que nunca antes había escuchado. –Yo sólo digo la verdad. –

Mi compañero dibujó otra sonrisa divertida, el mundo se detuvo por un momento.

–Existen dos verdades, mi verdad y tu verdad… nadie quiere escuchar tu verdad. – respondió soltándolo brusco. – Si vuelves a entrometerte, te daré un boleto de ida para encontrarte con tus padres. –

Adolorido, Diethel le soltó un golpe en la cara. Los ojos de Hao se abrieron sorprendidos.

–Ten cuidado con quién te metes. – gruñó limpiándose la boca con el dorso de la mano. –No querrás… romperte. – un hilillo de sangre resbaló por su mentón, minutos congelados apuñalaron al ruido.

Refugiado en el silencio Lyserg bajó la cabeza.

–Eres de lo más bajo. – susurró sobre su aliento. – Mereces lo peor.–

El conductor bipolar forjó una mueca desagradable, sus labios se movieron con un sonido mudo. Más allá de esta espantosa escena, allá donde se reunían los vivos, el timbre gritó el inicio de una nueva clase.

Incapaz de tragar saliva, me uní al grupo que caminaba militarizado por la voz del director.

Aquella noche, ahogado en los deberes, ocupé mi cabeza con lo ocurrido. Las clases se habían pasado rápido y mientras mis amigos se reunían, él trabajaba a mi lado. Hao Asakura, el terrible, sonreía explicándome una ecuación sencilla. Ahora con la luz de la luna cayéndole sobre el rostro, lucía relajado, poco peligroso.

–¿Entiendes?–

Tomado por sorpresa, rompí mis pensamientos.

Todo era tan raro, tan inusual. En casa, las personas jugaban a ser planas y todos parecían llevarse bien. Puertas adentro, resguardados de la crítica pública, soltaban su veneno sobre el mundo. Esa era la costumbre, eso era lo mandado por la sociedad. Ese sujeto, sin embargo, aparentaba una falsa empatía capaz de estallar en público.

–No sé por qué te molestas.– la puerta se abrió de golpe, su delicada figura llenó el cuarto. –No logrará entenderlo.–

Regalándome una sonrisa áspera, Len se recargó sobre el muro.

–Bienvenido. – saludó Hao cogiendo unos libros de estudio. – ¿Cuánto te han dado?.–

Tao chasqueó la lengua, dos moretones le maquillaban la piel.

–Trabajo comunitario. – burló cruzándose de brazos. –Tres semanas, atendiendo en la hora del almuerzo… no está tan mal.– soltó un suspiro resignado. – Preocúpate por ti, Lyserg ha contado todo… andan buscándote.–

Complacido Hao se puso de pie, su elegante caminar logró sonrojar a su pareja.

–No es tan malo. – dijo con una mueca neutra. –Sólo un castigo, una llamada a mis padres y…–

Furioso, Len lo fulminó con la mirada.

–Imbécil.– soltó clavándole sus estelas doradas. –Abusas de tu suerte.–

Sin borrar su sonrisa, Hao me dio la espalda.

–Tal vez. – contestó encogiendo los hombros. –¿Te preocupa?–

Con una mano ajena recorriéndole el rostro, Len volvió a mirar la nada.

–Te esperan.– gruñó entre dientes. –Intenta no meterte en más problemas. –

Ignorándolo todo, avanzó por la habitación con un paso que parecía flotar sobre el suelo. A veces creía que era un demonio escapado del mismo inferno, a veces podía ver una chispa eterna en sus ojos.

Hao y Len se miraron por un largo rato, pero mi indebida presencia silenció cualquier palabra. Quizás lo que había entre ellos aún no había muerto, quizás esa relación podía eclipsar al cielo. Sentándose sobre su cama, buscó algo en la mesita de noche. Asakura suspiró, giró sobre sí mismo y cerró la puerta al marcharse. Esa parecía ser una ridícula regla de oro, nadie más podía entrar a ese cuarto, nadie debía saber lo que ocurría.

Incómodo me revolví sobre mi asiento, su respiración parecía acariciar mi nuca. Queriéndome concentrar en mi trabajo, ignoré su risilla déspota.

–No puedo creer que aún no lo entiendas.– dijo con un tono burlón, lo imaginé curvando su mejor sonrisa irónica. –Es sencillo, cerebro de hielo.

Maldije por lo bajo. Cerebro de hielo, así me había llamado en clases, así me llamaría durante el resto de los años. Odiándolo desde cada una de mis células, deseé acallarlo.

–Tienes que prestar más atención a lo que dicen los maestros, Hoto-Hoto.– regañó molesto. –Prueba con los ejercicios a partir del seis, esos entrarán en tú examen.–

Sorprendido solté el lápiz, ¿se estaba preocupando por mi?

–¿Qué dijiste?– volteando lo miré fijo, la luz artificial bañaba su delicada figura.

Ignorándome por completo, siguió con su tarea. Con habilidad cosió un botón plateado a su chaqueta, sus hermanos dorados quedaron opacados ante su brillo.

–Esos ejercicios no van a entrar en examen, a los becados les toman los difíciles para reprobarlos.– respondió dejando que la aguja subiera y bajara por un rato.

Con el rostro desencajado dibujé una mueca muda.

–Si eso pasa…– trabado ante su indiferencia, solté un respingo. –¡¿Cómo puedes decirme eso tan tranquilo!? – mugí levantando la voz. –¿¡Cómo puedes estar tan interesado en arreglar ese mugroso trapo, cuándo todos saben que tu papito puede comprarte la fábrica entera!?–

Pisando terreno peligroso le arrojé un cuaderno. Enfurecido, Tao levantó la cabeza.

–Yo no le pido nada a mi papito. –siseó igualando mi tono. –No necesito a mi papito, cerebro de hielo.–

Harto de sus insultos, me puse de pie con los puños cerrados.

–Sólo eres un niñito de papá, Tao.– mascullé incapaz de pensar lo dicho. –Tan sólo tienes que verte, cualquier cosa por llamar la atención, incluso ese botoncito plateado… ¿es adrede, no? ¿Para demostrarle a todo el mundo que estás por sobre las reglas del colegio porque tu papito pone dinero?–

Divertido, dejó que la aguja resbalará de sus manos.

–¿Te gusta mezclar las cosas?– soltó cruzándose de brazos. –El botón es simplemente para que nadie ponga sus sucias manos en mis pertenencias, quiero reconocerlo, quiero saber que sólo es mío; pero no te alarmes, te dejaré que corras el rumor por toda la escuela… así le demuestras al mundo cuán malo soy.–

Apretando los dientes, reí ante una broma interna. Con su delicado físico era imposible que otro chico usara ese talle.

–Lo que digas, señorito.–ironicé dejándome caer sobre la silla de estudios. –Seguro que todo el mundo quiere probarse tus cosas.–

Satisfecho con el resultado, Tao se probó su chaqueta. El botón dorado, el segundo contado de arriba hacia abajo, latió al lado de su frío corazón.

–Te encanta perder el tiempo. – afirmó avanzando hacia mí. –Ahora muévete cerebro de hielo, deja que te explique cómo se hacen estos ejercicios.–

Pestañeé, una, dos, tres veces. Asimilando la realidad, abrí la boca.

–¿Perdón?.–

El que ante mis ojos era un acto incoherente, parecía satisfacerlo, la confusión debía ser su segundo nombre.

–Te dije que estos exámenes estaban hechos para que los becados reprueben lo antes posible, y yo no quiero quedarme sin mi esclavo.– mal cubriendo su preocupación, cogió una birome.

La respuesta sencilla me hizo sonrojar, un calor extraño invadió mi cuerpo.

–Esto es así. – dijo garabateando una serie de números. –Si recuerdas estas reglas, es bastante sencillo de realizar y…–

Con el corazón acelerado y una punzada en el pecho, caí preso ante el movimiento de sus labios. Deseosos, descuidados, delgados y pálidos. Atendiendo cada uno de sus movimientos, me pregunté cuán normal era fijarme en cada uno de sus detalles.

–¿Me estás escuchando, cerebro de hielo?– quizás enojado, quizás molesto. Len me miró fijo y sus labios forjaron un gesto tentador, la pálida luz de la luna aclareció nuestras pieles.

Impulsado por los bajos instintos, acerqué mi rostro al suyo para unir nuestras bocas en un impensado roce.

Caliente y frío, bipolar. Len abrió los ojos sorprendido, la cálida cortesía de su frialdad me inundó por unos instantes.


Oh, no, no es un capítulo de relleno… es uno al que se tiene que prestar atención. :3… los reviews serán contestados en mi LJ (link en mi profile)