NOTA DE LA AUTORA: Hola amigos. Gracias por sus comentarios y se que no quieren que los deje en suspenso jajaja tengo algunos capítulos adelantados pero cuando leí sus mensajes habían unos que querían que subiera 3 y otros 2 así que seamos equitativos. Subiré dos por semana y adelantaré el resto.
Segundo punto. Para las personas que leyeron "Intensa Atracción" tengo una noticia importante para ustedes. La historia no termina así, la historia sigue. Lo que pasa es que todos los capítulos que tenia adelantados se borraron gracias a que mi hermano formateo la maquina literal llore porque tenia mis capítulos y como estaba trabajando no los subí. Prometo que trataré de subirlos cuando terminé este.
Sin mas que decir. Muchas gracias a todos. Les mando muchos besos y espero que este capitulo les guste mucho.
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CAPITULO 7
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¿QUE ME ESTAS HACIENDO?
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Voy lo más deprisa que puedo en el auto de Ryoga. Mi teléfono no deja de vibrar y es Mousse el que me está llamando. Creo que necesito llamar a Nabiki, preguntarle si está en la fiesta, creo que debo de llamar a Ryoga y decirle la verdad o decirle a Nabiki que me cubra. No sé qué hacer, solo quiero llegar y saber que le pasa a Ranma.
Cuando salí del departamento, el aire frio había chocado con mi cuerpo haciéndolo estremecer, no había tenido tiempo para coger una chaqueta, o más bien, no me había detenido a pensar en ello. Estoy cerca de la casa de Mousse, por lo que tenía entendido Ranma vivía cerca también, ahora la pregunta del millón era saber ¿Dónde?
Tomo mi teléfono y bajo la velocidad, justo cuando iba a marcar a Mousse, el me llama.
-¿Ya estás aquí? – pregunta un poco agitado ¿Habrá pasado algo malo?
-No sé qué casa es la de Ranma – digo mirando por la ventana, buscando alguna casa.
-Al final de la calle, da la vuelta, yo voy a estar afuera –
Cuelgo y hago lo que dice. Las casas aquí son grandes y al parecer lujosas, viven bien. Me pregunto porque Mousse vivirá solo, es decir, ¿No se sentirá solo en su gran casa? En mi opinión, prefiero un departamento.
Veo a Mousse en la vereda, parece aliviado al verme. En la entrada hay arbustos y una puerta de reja grande ¿Aquí vive Ranma? Bajo del auto inmediatamente y apenas me fijo en los detalles.
-Por fin llegas, ven – entramos y la entrada es amplia, el césped, los árboles son hermosos. También hay una bicicleta y una fuente cerca de la entrada principal.
La casa es de dos pisos y grande ¿vivirá solo? Cuando lo sigo, veo que nos dirigimos por la parte de atrás de la casa, para entrar al patio Mousse abre una puerta de madera. Seguimos un camino hasta llegar al patio. El patio es amplio y tiene una piscina, la miro con mala cara, no me gustan las piscinas, no me gusta el mar. El hecho es que no se nadar.
Comienzo a caminar mas lento.
Mi corazón se quiebra y mis pies se detienen. Más adelante puedo ver a Ranma sentado en una banca de madera. Hay una mesa, también hay un jacuzzi del otro lado de la picina, puedo ver un asadero y un ¿trampolín? Más al fondo.
Nos acercamos más, pero ahora con cautela. Ranma está con la cabeza entre las manos, encima de la mesa hay una botella de wisky vacía. Me estremezco al pensar que el solo se la pudo haber tomado.
-Bueno, yo los dejo – miro alarmada a Mousse, no quiero que me deje sola, trato de decir algo pero él no me deja hablar –llámame si necesitas alguna cosa – luego se dirige a Ranma – Te dejo en buenas manos compadre. Agradece que la señora Moll va arreglar toda esa mierda que dejaste adentro –
Y antes de que yo pueda decir algo, está corriendo.
Me quedo de pie sin saber bien que hacer. Ahora hace más frio y me arrepiento de no haber traído abrigo, sobo mis brazos tratando de calmar el frio y los nervios. Ranma sigue así, sin decir nada y justo cuando le voy a preguntar si está bien, me dice:
-¿Qué haces aquí? ¿Dónde dejaste a tu noviecito con complejo de príncipe? – con voz osca.
-Ranma detente – digo despacio. La verdad, es que no quiero pelear. No, así no.
-¿Acaso no estaban siendo felices y comiendo…? ¿Qué mierda era eso? – mueve su mano en el aire mientras ríe - ¿perdices? – ríe tontamente mientras sus hombros se sacuden.
-No es gracioso –
-Sí, si lo es – sigue riendo. Luego respira haciendo ruido con su boca y se pasa las manos por el cuello - ¿Y? bueno, aún sigo sin saber qué haces aquí.
-¿Qué hago aquí? Mousse me dijo que viniera, además ¿Qué haces tú en ese estado? – con cuidado me siento en la banca, alejada de él, claro.
-Que te importa, no es tu problema ratoncito – Dice con un tono de voz que no me agrada.
-Deja de comportarte como un imbécil, Ranma – corre una ráfaga de viento, haciendo que mi cuerpo se estremezca por el frio. Mi piel se pone de gallina y maldigo silenciosamente el no haber traído un abrigo conmigo.
Ranma me observa de soslayo, con un movimiento lento se quita la chaqueta que trae encima y la sostiene en el aire para que la tome.
-No quiero que tengas frio – digo en voz baja, rechazándolo.
-Estoy lo suficientemente ebrio como para sentir frio, créeme – sacude su mano hacia mí, para que tome la chaqueta. Sin decir una sola palabra la tomo. Si no hay más remedio.
-Gracias – murmullo. Ranma suelta una risita y me mira -¿Qué? –
-Es la primera vez, desde que nos conocemos, que me dices algo amable –
-Pues, también es la primera desde que nos conocemos que haces algo amable – digo indicando la chaqueta que me acabo de poner. La chaqueta de cuero huele a él, cierro los ojos sin que se dé cuenta y me dejo embriagar por su aroma.
-¿Por qué viniste? – Hecha su cuerpo hacia atrás – Nadie pidió que vinieras –
Oh, juraba que la amabilidad duraría por lo menos dos minutos más. Ruedo los ojos y también me arrimo al respaldar de la banca, meto las manos en la chaqueta, esta calientita.
-Mousse parecía muy preocupado ¿Sueles comportarte así? –
-En primer lugar, Mousse solo estaba preocupado por estar en la fiesta. Y, en segundo lugar… - me mira directo a los ojos. Los suyos están rojos, claro, estuvo bebiendo –Si me comporto así o no, ese es mi problema – me señala casi tambaleante, y deja caer su mano –Pero, ya que estas aquí… puedes traerme otra botella, están en la cocina – ríe por un momento mientras toma la botella de wisky vacía y la lanza hacia el asadero.
Yo pego un brinco al escuchar el estallido. Ranma maldice en voz baja.
-No voy a traerte nada, es mejor que dejes de beber, no te hace bien – me siento recta y espero su siguiente ataque.
-¡Oh! Mira quien habla, la que se emborracho el otro día y dijo que le desagradaba – hace ademan de querer levantarse, pero enseguida se sienta – yo no diría que te desagrado, eso no me lo demostraste ayer, ni el otro día.
Me sonrojo ferozmente, aún tengo en mi piel el rastro de sus manos, aun siento en mis labios los suyos, la fuerza de su cuerpo sobre el mío. Pero no, se lo que pretende, solo quiere que me avergüence y poder burlarse de ello. Ese es Ranma, y solo para eso me usa. Para divertirse.
-No te comportes como un cabron, Ranma – respiro hondo, no debo molestarme –Solo vine porque Mousse me lo pidió –
y porque según él, tu no parabas de nombrarme
-Dices muchas groserías – dice riendo, pongo los ojos en blanco ¿Qué pasa con su humor?
-Tú me obligas a decirlas… - apoyo los codos en las piernas y lo miro – tu provocas eso en mi-
-¿Ah, sí? – Mis nervios aumenta cuando se acerca a mí – y… ¿Qué más provoco en ti?
Me aparto un poco, por mucho que mi cuerpo me traicione no puedo dejar que Ranma juegue conmigo de nuevo.
-Ranma, solo dime que te pasa – trato de cambiar de tema, no puedo dejar llevarme por el –tal vez, tal vez pueda ayudarte – no se ni que estoy diciendo. Solo digo lo que sea, con tal de cambiar de tema.
Hecha un bufido y tira su cuerpo hacia atrás, tapa la cara con sus manos y se jala de los pelos.
-¡Mierda! – grita.
-¿Podrías por favor calmarte? – trato de ser suave con él, que sepa que no quiero pelear. Aparta dos dedos para que su ojo azul asome.
-¡Ha! La santa Akane aparece para ayudar al cabron de Ranma. Miren que novedad–
-me voy – digo resignada.
-¡Entonces lárgate maldita sea! – grita alzando sus brazos. Pego un brinco por el susto de su grito. Estoy harta de él. Me levanto inmediatamente.
-¿¡Sabes cuál es tu problema, Ranma!? – Me paro frente a él, estoy cansada de sus groserías - ¡Tú crees que puedes tratar a las personas como se te da la puñetera gana! – Respiro hondo y trato de calmarme - ¿Pero sabes qué? Yo no soy cualquier persona, cometí un error al venir aquí. Deje a Ryoga por venir ayudarte y me sales con esta mierda. ¿Sabes qué? Por mi puedes ahogarte en alcohol si es lo que quieres ¡Por mi puedes irte a la mierda! –
Los ojos me pican, me arden, maldita sea quiero llorar.
Camino lo más deprisa para irme de aquí, mi pecho sube y baja acelerado. Me quito la chaqueta y la tiro al suelo. Casi no suelo decir malas palabras, casi siempre prefiero evitar las discusiones, pero con Ranma… con Ranma no puedo evitarlo. El saca esa parte de mí que trataba de enterrar en el pasado.
-¡AKANE! – Escucho que grita, pero no paro - ¡Espera! – luego escucho como maldice y ruidos de que algo se cae.
Me giro rápidamente y veo a Ranma en el suelo. Una mesa redonda en el suelo con algunas sillas, Ranma se pasa la mano por la cadera mientras rueda sobre su cuerpo para ponerse boca arriba. Corro hacia donde está el.
-¿Ranma, estas bien? – Pregunto mientras tomo su cara entre mis manos y reviso algún daño – Mira que eres torpe – lo regaño.
El suelta una risa.
-Estoy bien. Me lo merezco. Tienes razón… soy un imbécil y un torpe y un cabron y todo lo que dices de mi – dice riendo y quejándose a la vez.
Lo ayudo a sentarse. Me siento a su lado en el frio suelo y ahora lo que menos me importa es eso. Aun me tiene sujeta de la mano y con la otra se peina la cabeza.
-Lo siento – murmulla.
Lo miro con los ojos entrecerrados esperando que diga alguna grosería, porque, al parecer, después de un halago dice algo grosero.
No dice nada, sigue mirándome. Estoy a punto de reír cuando hace un puchero.
-¿Lo dices enserio? –
-Sí, y… sé que no soy de andar pidiendo disculpas, pero… - me mira. Me sonrojo ya que sus intensos ojos azules -ahora un poco rojos por el alcohol-, me hacen estremecer –pero… no quiero que te vayas, no me dejes solo – me enternezco ante su murmullo. Quisiera abrazarlo y decirle que todo va a estar y que no me voy a ir.
Me sujeta con más firmeza la manga de la blusa. Se queda en silencio mirándome fijamente, yo tampoco puedo apartar la mirada y es cuando siento de nuevo esa corriente ente nosotros, ese magnetismo invisible que nos atrae. Sube su mano hasta mi antebrazo y arruga el gesto.
-Vas a enfermar ¿Dónde dejaste la chaqueta? ¿En la basura? – mira por todos lados buscándola. Entonces la ve un poco más adelante, en el suelo –Si… lo imaginaba –
-Ya voy por ella – trato de levantarme, pero me detiene y con algo de dificultad se levanta.
-Vamos adentro – sin soltarme, me lleva hasta donde está la chaqueta y la recoge – Con esto te verás cool ¿Te digo algo y no te molestas? A veces vistes como abuelita – se ríe, y su risa es tan contagiosa que hasta yo termino riendo.
-No eres nadie para criticar mi manera de vestir – digo mientras dejo que me ponga la chaqueta. Me viste con cuidado como si de una niña se tratase.
-Eso es, así te ves mejor – sus manos acomodan el cuello de la chaqueta y sus ojos se encuentran con los míos.
Y de nuevo, ahí está esa corriente nadando entre los dos. Muerdo mi labio y su mirada baja de mis ojos a estos. Sube la mano lentamente hasta mi cabello, lo acaricia suavemente y juega con las puntas. Mira mis ojos, mi nariz, mi cuello, me siento nerviosa al ver cómo me examina detenidamente. Su mano acuna mi rostro y es tan relajante que cierro los ojos y dejo que me acaricie.
-Tengo… tengo tantas ganas de besarte… - dice casi sin aliento.
Las mariposas, golpean fuertemente mi estómago. Siento que he perdido el equilibrio y que en cualquier momento caeré en sus brazos, el frio se fue, lo que siento es el cálido tacto que tiene sobre mí.
-¿Qué me estás haciendo? – susurra. Abro los ojos y su mirada azul intensa me envuelve, me acobija.
Veo a un niño perdido, y tengo tantas ganas de abrazarlo.
-¿Puedo hacerte una pregunta? – pregunto suavemente. La curiosidad me está matando y no me gusta verlo de esa manera.
-Si digo que no, de todas formas la vas hacer ¿verdad? – dice acariciándome el rostro.
-No suelo… meterme en la vida de los demás. Ni siquiera en la de Ryoga – siento un pequeño pinchazo en el pecho al nombrarlo -Pero… pero, quisiera saber… ¿Por qué estas así hoy? ¿Por qué no te vi en la universidad? ¿Por qué Mousse me llamo a mí para venir a verte? ¿Por qué yo? – suelto todo lo que tenía guardado.
Ranma enarca una ceja y sonríe.
-Esas son muchas preguntas. Dijiste que solo era una – dice mientras juega con el cuello de la chaqueta y me zarandea suavemente.
-Bueno, digamos que… es una pregunta que consta de tres partes – no puedo evitar sonreír.
-Eres tan… – susurra y no deja de sonreír. Me gusta tanto verlo sonreír.
-Tu solo contesta – apresuro a decir, por si se le ocurre alguna grosería a mi parte.
-Bueno, contestando a la primera… - respira hondo y cierra los ojos para volver abrirlos – la vida es una jodida mierda. A la segunda, no fui porque no quería ir. A la tercera no sé porque carajos te llamo Mousse y a la cuarta… bueno, en realidad si le dije que te llamara. Yo… creo haberlo dicho, no lo sé - respira hondo de nuevo - ¿Podemos ir adentro? Se me congelan las pelotas –
Golpeo su pecho y todo el mágico momento que estaba viviendo lo estropeo en un segundo. No paro de reír ni el tampoco.
-¡Eres un vulgar! –
-No me critiques, desde que te conozco tú solo dices palabrotas –
Me toma de la mano y me dirige hasta el interior de su casa. Entramos por la cocina, es amplia y las puertas de vidrio, el mesón es de mármol y hay fotografías por todos lados, no puedo ver bien quienes son los de las fotos ya que me guía por un pasillo que nos conduce a la sala, hay unas escaleras pegadas a la pared que llevan al segundo piso. Esta casa es hermosa, hay adornos, hay un piano en la sala cerca de la ventana, también hay un cuadro grande encima de la chimenea. Lo miro con cuidado y puedo ver a una hermosa mujer sentada con el cabello recogido, una mirada y sonrisa dulce, lleva un kimono precioso y al parecer muy bien elaborado y caro. Ella tiene la mano apoyada encima de la mano de otro hombre, esta esta recto y mirando con seriedad a la cámara, tiene un turbante blanco y un traje elegante, lleva lentes y su postura es firme. Atrás de ellos hay dos chicos. Uno claramente es Ranma, está muy serio, esta como perdido, como si no sintiera que estuviera en la foto. Pero, se lo ve realmente hermoso, un poco mas joven, sus ojos destellan y su cuerpo hace que me quede sin aliento. A su lado hay una linda jovencita, por lo que puedo ver es casi de mi altura ya que yo le llego por los hombros a Ranma la igual que ella. Su cabello es rojo como el fuego, está sonriendo abiertamente y tiene un poco inclinada la cabeza. Lleva un kimono rosado y puedo decir que es realmente hermosa.
La familia de Ranma, son ellos. ¿Vivirán aquí con él?
-La foto familiar… - dice Ranma haciendo que me asuste un poco, estaba tan concentrada en el cuadro que su voz me despertó.
-Ellos están… ¿Aquí? – pregunto bajando un poco la voz. Me daría mucha pena que me vieran en estas fachas ya que al parecer ellos visten muy bien.
-No te preocupes, están en China o yo que sé – se tira en el mueble con los brazos abiertos.
Yo sigo de pie, estar a solas con Ranma en su casa me intimida un poco. Juego con mis manos y trato de perderme en los adornos, pero ahora solo me da vueltas en la cabeza algo.
-¿Por qué has bebido hoy? – pregunto sin rodeos.
-¿Por qué haces tantas preguntas? – resopla cansado. Tiene los ojos cerrados y la cabeza apoyada en el mueble blanco.
-No respondiste a las que te hice hace un rato –
-Si, si lo hice – abre un ojo y me mira enojado. Lo vuelve a cerrar.
-No lo hiciste, respondiste cualquier cosa – me cruzo de brazos y lo miro enojada también.
-A-ka-ne – asentua cada letra con cansancio.
-Ran-ma – repito con su mismo tono de voz.
Hay un momento de silencio hasta que por fin habla.
-Yo… estoy molesto, muy molesto con mi jodida familia. Toman decisiones sin consultarme, hacen cosas sin avisarme. Pensándolo bien, en realidad me importa una mierda lo que hagan ¿Sabes qué? Su puto dinero a mí no me interesa – se sienta apoyando los codos sobre las piernas – De ser por mí, ni siquiera viviría en esta puta casa. Son extraños ¡Todos! Son unos jodidos extraños. Ni siquiera recuerdan lo dura que fue la vida cuando era más niño. Parece que olvidaron toda la mierda que me hicieron pasar a mí y a mi hermana para hacernos según ¡valientes! Y sobrevivir a la crisis. Para justificar la miseria en la que vivíamos –
De golpe se levanta del mueble y coge una foto que hay encima de la chimenea para luego lanzarla a la pared. Ahogo un grito y tapo mi boca, no sé qué decir.
-¡No recuerdan! – Lanza otro objeto a la pared - ¡A solo un niño de cuatro años que obligaron a pasar sufrimiento! ¡Ja!, todo porque el padre irresponsable no sabía cómo cuidar un niño y se la pasaba bebiendo. Porque no sabía cómo salir adelante ¿Sabes lo que hiso mi madre ante todo esto? – Yo negué con la cabeza, los ojos me estaban ardiendo – Nada, ella no hizo nada –
Ahora, hace unos diez años tuvo suerte de hacerse jodidamente millonario ¿Acosta de qué? – Apoya las manos en la pared y agacha la cabeza – Acosta de mi hermana, acosta de su felicidad. ¿Sabes porque bebí? ¿Quieres saber? Porque ellos hace poco decidieron que era tiempo de… tiempo de… Yo… - respira con dificultad – yo… necesito otro trago –
Se da la vuelta para ir a buscar más, pero lo retengo de la camisa y lo jalo.
-¡Espera Ranma, no lo hagas! – Quiere zafarse de mi agarre, pero no lo dejo – Esa no es la salida a tus problemas-
-¡Tú no sabes nada, Akane! – grita. Se da la vuelta y enseguida lo abrazo por la espalda. Fuerte.
-No sé qué habrá pasado con tu familia, Ranma. Y entiendo que sea algo realmente jodido para que estés así, pero, pero no voy a dejar que sigas bebiendo y no voy a dejarte solo… no – apenas soy consciente de las cálidas lagrimas que resbalan por mi mejilla.
Me duele verlo de esa manera, me duele verlo así y no poder hacer nada para hacerlo sentir mejor. Esta triste, esta cabreado y su salida es beber hasta olvidar y me duele que piense así. Ranma permanece inmóvil, yo lo aprieto fuerte contra mí.
-Akane… - dice casi en un murmullo.
Se da la vuelta y me toma el rostro, me besa, me besa fuerte. Mi boca se abre y el arremete con su lengua. Jadeo, necesitaba esto, necesitaba sentirlo. Lo jalo del cabello y lo atraigo más hacia mí. Me olvido de todo a mí alrededor, ahora solo quiero sentirlo, quiero estar cerca suyo, poder tocarlo, acariciarlo, curar sus heridas. Me empuja suavemente hasta que caemos en el sillón. Siento la presión de su cuerpo encima del mío, paso mis manos por su espalda mientras seguimos besándonos, ahora más lento. Muerde mi labio y lo jala. Abro los ojos y él también lo hace, estamos mirándonos fijamente, diciéndonos todo con la mirada, diciéndonos cuanto nos necesitábamos. Acaricio su mejilla y la acuno. Cierra los ojos y respira profundo. Apoya los brazos a cada costado de mi cabeza y se aparta un poco. Se agacha y me da un beso corto.
-Le dije a Mousse que te llamara porque… porque estoy jodido Akane, y tú… desde que te vi, perdida en la universidad buscando no sé qué mierda. Mirando a las personas como si te fueran a morder y no sabías con quien hablar. Y cuando te vi tan distraída leyendo esos papeles, decidí chocar contigo apropósito para hacerte enojar porque… porque me gustaba la forma en que arrugabas el entrecejo… - Dice tocando en medio de mis cejas con un dedo. Mi corazón se me va a salir del pecho –desde la primera vez que te vi, no he podido sacarte de mi cabeza y eso me molestaba tanto, por eso me comportaba como un imbécil y tal vez lo seguiré siendo, porque. Mierda. Estoy jodido por dentro. Tengo tanto rencor, tanta mierda guardada.
Juro por todo, por todo que no sé qué responder. Esto me ha dejado completamente en shock, Ranma, el Ranma que era un grosero conmigo ¿ese Ranma? Dice que no pudo dejar de pensar en mí desde que me vio. La imagen de Ryoga viene a mi cabeza, me siento culpable, me siento mal por hacerle esto, me odio a mí misma por esta confusión.
-Sé que estás pensando en Ryoga… – dice leyendo mis pensamientos – pero dime, Akane ¿que sientes cuando estás conmigo?
Mis ojos se humedecen ¿Qué siento? Siento muchas cosas, cosas que hacen que mi cuerpo vibre, que mi corazón lata a mil por hora. Siento muchas cosas con Ranma, que con Ryoga no siento. Así también, siento muchas cosas con Ryoga que con Ranma no estoy segura si las sienta algún día. Por ejemplo, seguridad, estabilidad.
-Dímelo – repite con voz dulce pero fuerte.
-Ranma yo… no lo sé… estoy muy confundida – titubeo.
Me pierdo en sus ojos, y mi mano acaricia su mejilla. Mi pulgar pasea por sus labios y tengo unas enormes ganas de besarlo, consolarlo, decirle que todo va a estar bien.
-Eso me basta – dice antes de unir sus labios con los míos.
Me besa, suave y salvaje la vez. Sus manos recorren mi pierna y aprietan en el muslo, gimoteo y el aprovecha para meter su lengua en mi boca, muerde mi labio y va dejando rastros de besos por mi mejilla hasta llegar a mi cuello, muerde y yo ahogo un grito, siento una fuerte corriente abrazadora que me quema por dentro, una corriente que nunca había sentido, esa corriente que se concentra en una zona en específico. Lo agarro fuerte de la camisa y volteo la cabeza para darle más acceso a mi cuello, entonces embiste y siento esa presión, lo siento a él. Gimo y me invade el pánico, Ranma lleva su mano hasta mi pecho y aprieta un seno, muerdo mi labio y trato de apartarlo.
-Ranma… - lo llamo pero no me escucha. Vuelve a besarme, ahora más apasionadamente. Su mano viaja hasta llegar a la cinturilla de mi calentador – Ranma, espera –
Me levanto un poco, el me mira confundido, respirando por la boca, esta sonrojado.
-¿Qué, que pasa? –
-Estamos… es que yo… lo que pasa es que yo…- no sé cómo decirlo, esto nunca lo he hablado con nadie. Y rara vez lo hable con Ryoga. Oh, no. la culpa.
-¿Nunca has tenido relaciones? – me mira como si fuera de otro planeta. Niego con la cabeza - ¿Ni con Ryoga? ¿Con nadie? – niego avergonzada. El parece más sorprendido – Yo… lo siento. Enserio. Ven aquí –
Se acuesta boca abajo y deja que repose sobre su pecho. Estar así con él es una sensación familiar, pero se siente aún mejor. Acaricia mi mano lentamente y yo cierro los ojos, estoy disfrutando estar así con él.
-Me dejaste con la polla dura ¿lo sabes?– murmura. Yo suelto una risa, Ranma puede llegar a ser tan vulgar. El también ríe.
-Dios, ¿nunca dejas de ser vulgar? – digo tratando de calmar mi risa.
-¿te parece divertido? Ahora tendré que hacerme una paja – el no ríe, pero puedo notar que le divierte - ¿tú también lo harás? –
Oh, estamos atravesando una zona no explorada. Me sonrojo ferozmente y no contesto.
-¿Akane? No me digas que tampoco… - niego con la cabeza sobre su pecho –Mierda, esto es increíble – susurra. Su voz suena más suave, y su respiración más relajada –Gracias por venir aquí, y no dejar que rompa cosas –
-Se lo que es eso… también lo hacía, antes – me calló ¿Por qué dije eso? Diablos, ¿Por qué lo dije?
-Quiero conocerte mejor – murmura casi sin voz, alzo un poco la mirada, y veo que tiene los ojos cerrados. Se quedó dormido. El alcohol hizo su efecto.
Y dejándome llevar por su cálido abrazo, yo también quedó dormida junto a él.
No sé cuánto tiempo habrá pasado, pero cuando alzo la mirada para ver la ventana está amaneciendo.
-mierda – me levanto despacio para no despertar a Ranma. Necesito irme, necesito salir de aquí. Ryoga seguro va a matarme. Me saco la chaqueta y salgo de su casa lo más rápido que puedo.
Mi corazón late a mil por hora y sé que seguramente estoy metida en un gran lio. Llego hasta el carro y tomo el celular, para mi suerte aún tiene carga. Veo muchas llamas perdidas y mi cuerpo se congela por dentro, la sangre desaparece y sé que estoy pálida. Tengo llamas de Mousse, Nabiki y Toshi, además de las de Ryoga. Rezo para no meterme en problemas. En ese momento suena el móvil. Por poco me da un paro cardiaco.
Es Nabiki. Contesto rápidamente.
-¡Por fin contestas! Ryoga ha estado llamándome como loco ya no sé qué inventarle –
¿Qué?
-Nabiki yo… ¿Dónde estás? – estoy alterada.
-En el departamento de Toshi. Tranquila. Mousse nos contó todo así que estoy haciéndote la cuartada, Ryoga me llamo preguntándome si estaba bien porque tú le dejaste una nota y le dije que estaba mal y que tú estabas conmigo y que te ibas a quedar conmigo y juro que ya no sé qué inventarle – ella también habla apresuradamente – será mejor que traigas tu trasero hasta aquí porque parece que está sospechando.
-Estoy cerca, gracias, te amo –
-Quiero los detalles cuando te vea. Suerte – cuelga.
Mucha cosas pasan por mi cabeza. Escenas de la noche anterior con Ranma, sus confesiones, sus besos, sus caricias. Trago en seco y trato de no pensar en nada, solo en una excusa para no hacer enojar a Ryoga. Estoy cerca del edificio y mi corazón late aún más deprisa. Siento que me va a dar un paro cardiaco.
Subo lo más rápido que puedo hasta llegar a mi piso. Una vez antes de entrar el pánico se apodera de mí y respiro hondo antes de girar la perilla. La puerta está abierta. Seguramente Ryoga la de dejo abierta.
Entro y lo veo en la sala de pie con el celular en la mano. Cuando me ve, veo que el alivio que producen sus ojos seguidos del coraje.
-¿¡Dónde estabas!? – Se acerca a mí y me toma de los hombros – Estaba preocupado, no contestas el teléfono, te llevas el auto y Dios sepa dónde te metiste –
-Estaba… - murmuro pero enseguida cierra los ojos, como si intentara controlarse.
-¡No estabas con Nabiki! – Se aparta de mí y da vueltas por la sala - ¿crees que no la vi llegar en la madrugada con ese amigo suyo? Tú no estabas con ellos, o ¿sí? –
Mi pecho sube y baja con fuerza. No tengo idea de que decir, me quedo de pie, buscando las palabras correctas. No puedo mentirle, pero tampoco quiero decirle la verdad. No quiero lastimarlo, cuando el claramente me dijo que no me acercara a Ranma.
No quiero que se enoje conmigo. No quiero que se aleje.
Siento ese frio recorrer todo mi cuerpo, el ambiente pesado y la vergüenza de mirar a Ryoga a los ojos. Sencillamente no puedo verlo, mi cuerpo cae, pero el no lo ve. Todo mi interior se rompe al saber lo egoísta que he sido.
-Dime la verdad, Akane – dice con la mano sobre su boca. Lo veo agotado ¿habrá dormido?
Soy de lo peor. Me siento tan mal por todo esto, siento que en algún momento me pondré a llorar.
Mis manos tiemblan, mi labio también lo hace.
-Ryoga yo… -
La puerta se abre de un golpe. Pego un brinco y volteo del susto. Ranma está de pie, su mirada fija en mí, sus ojos furiosos. ¿Qué hace aquí? Llevo la mano al pecho. Esto tiene que ser una pesadilla.
-¿Por qué te fuiste sin avisar? – dice con voz tosca.
Las palabras se van de mi boca al igual que mi alma se va de mi cuerpo. Me tapo la cara con las manos y trato de desaparecer. Esto no puede estar pasando, esto no puede estar pasando.
-¿Qué dices? – Ryoga se adelanta y se pone delante de mí. Me mira y luego lo mira a el -¿De qué diablos está hablando, Akane? –
-Ryoga yo… - mis ojos se humedecen y parpadeo rápidamente para secar las lágrimas.
-Díselo Akane – habla Ranma ¿Por qué está haciendo esto? Quiero matarlo – Díselo o se lo digo yo-
Y aquí estoy, en medio de lo que siempre he tratado de evitar. Lo que siempre he tratado de superar, la razón por la que evito las discusiones. Y ahora estoy viviendo una, con dos hombres que me tienen muy confundida.
