La cena de navidad había estado increíble, y la familia Potter regresó todavía entre villancicos y bromas navideñas. Pasar las navidades con la familia Weasley era simplemente mágico, con tantas personas que se amaban y que los amaban en un mismo lugar.

—¡Tengo que saber si llegó alguna lechuza hoy! —Exclamó Lily apresurándose a su habitación.

—¿De quién será que esperas un paquete con tanta emoción, Lily? —Preguntó Harry creyendo conocer la respuesta.

—¡De Scorpius! —Respondió su hija subiendo las escaleras lo más rápido que podía.

—¿Y se puede saber qué te traes con ese muchacho? —Gritó para que se escuchara hasta el segundo piso.

—¡Ay, papá, es sólo un amigo! —Dijo su hija desde arriba.

—Un muuuy buen amigo, papá —comentó James con cierta picardía—. Yo que tú tendría cuidado con él, después de todo, tú te quedaste con la hermana de tu mejor amigo, y Scorpius es el mejor amigo de Albus…

—James Potter, quiero ver qué te regaló tu tío George —dijo Ginny severa—, la última vez fueron muestras de su nueva selección de artículos para broma, y no quiero que te metas en más problemas después de la pelea de comida…

—Papá —murmuró Albus tocando el hombro de su padre para llamar su atención. Ya eran casi del mismo tamaño—, ¿podemos hablar un poco… a solas?

—Claro, Albus —respondió Harry acompañando a su hijo menor al cuarto, mientras James buscaba una forma de evitar que su madre viera el regalo del tío George.


En la recámara de Albus, su hijo se sentó en su cama, y él en la silla del escritorio que había frente a él. Harry lo miró unos segundos, dándole una sonrisa cálida, hasta que su hijo tomó confianza y habló.

—¿Nunca creíste que te sentías atraído… por un chico? —La voz de Albus trataba de sonar tranquila, aunque sin mucho éxito.

Harry trató de hacer memoria, centrándose en responder a su hijo de la manera correcta, en lugar de ponerse a pensar lo que podría estar detrás de aquella pregunta. Final!ente, respondió.

—Que yo recuerde, no. ¿Por qué?

—Oh, por nada. Un amigo del colegio, ya sabes...