No tengo ningún derecho sobre los personajes y el universo de Mass Effect. El único propósito de este Fic es el de entretener.
Kaidan Alenko
Solo para mí
Lo primero que me llamó la atención de ella, fueron sus ojos: fríos a primera vista, pero espejos de su fuego interior, para todo aquel que los observaran con calma. Vi a muchos, en pavor, someterse ante unas de sus duras miradas, pero para a mí, eran un acertijo. Tantas veces traté de ver más allá del exterior sin logran descifrar con éxito sus verdaderos deseos. Eran peligrosos y atrayentes, y yo no era el único que se daba cuenta de ello.
–Ella también es una mujer –murmuraba para mí, desde adentro de la consola de ingeniería que intentaba en vano reparar –. No creo que Shepard se de ese tipo ¿o no?
–Teniente.
PUM.
Mi coronilla golpeó con gran fuerza el panel superior de acero de la consola al levantarme de espanto ante la voz repentina de Shepard. El fuerte impacto empeoró por sí, mi ya persistente dolor de cabeza, sin olvidar que aceleró mi corazón a un millón por hora.
Salí de aquel apretado lugar, para encontrarme con la comandante. Estaba sería e impasible, como regularmente se le veía dentro de la nave. Fuera de ella, en combate, era otra cosa.
– ¡Comandante! –dije, con aún la sorpresa en mi voz, y desde el suelo.
– ¿Está bien, teniente? –preguntó ella. Intenté en vano percibir algo más en sus palabras, pero nunca me había resultado con Shepard.
–No es nada, comandante –dije sobándome la cabeza –. Solo es un golpe leve.
–No es eso a lo que me refiero.
¿Acaso me equivocaba?
Ella siguió inmutable; solo cruzó los brazos mientras yo la miraba incrédulo.
–Sus constantes murmuraciones –explicó –, parecen perturbar a los demás tripulantes.
Con sus palabras, mis ojos saltaron a dos oficiales a nuestras espaldas, al otro lado de la habitación. Ellos murmuraban bajo y nos miraban sobre sus hombros. Malditos entrometidos.
– ¿Hay algo que le moleste, teniente? –insistió Shepard clavando sus ojos en mí. Hubiera deseado que no lo hiciera; no podía con su penetrante mirada. Sí, había algo que me molestaba, pero era bastante estúpido confesárselo en la cara. Sin embargo, sus ojos eran lo suficientemente poderosos en mí como para ofrecer resistencia. Y creo que ella lo sabía.
–Es por la Dra. T´soni.
– ¿Desconfía de ella? ¿Debido a su madre, cómo dice Ashley?
–No es…
– ¿O tiene un problema con las asaris?
–No, comandante.
– ¿Y bien?
En realidad ella quería mi respuesta. ¡Maldición! ¿Qué podía hacer? Estoy convencido que ella seguiría hasta obtener la verdad. Al final, cedí:
–Es por usted, comandante –solté –. Todos los tripulantes del Normandía rumorean que ella está interesada en usted.
Su expresión cambio por unos instantes: abrió mucho más los ojos y sus cejas se arquearon. Uno se acostumbraba fácilmente a ver a Shepard fría o enojada, que al verla con otra emoción en su rostro, no me fue difícil darme cuenta de que la tomé por sorpresa.
–Si fuera cierto –contestó ella, recuperando rápido su antigua expresión –, no hay nada que yo, usted o cualquier otro pueda hacer al respecto. Aunque no significa que el sentimiento sea mutuo.
– ¿Quiere decir…?
–Pero tampoco significa que yo tenga sentimientos hacia otra persona.
Sentí que algo me estrujó mis entrañas.
–Me percaté en nuestro arribo a la Citadel su fijación hacia mí, teniente –continuó ella, destrozándome –. Agradezco el sentimiento, pero no lo comparto.
Yo creía que ella… me daba a entender…
Sentía como si me hubiera abofeteado. Me dolía, estaba confundido y para mi sorpresa, sucedió algo que empeoró esa montaña rusa de emociones: en completo contraste de acciones, Shepard posó su mano sobre mi cabeza y frotó despacio mi cabellera.
–No se ve muy bien, teniente –dijo ella con una vaga sonrisa. ¿Estaba siendo tierna conmigo? ¿Aún había una oportunidad? ¿La había mal entendido de nuevo? –. Debería ir a la enfermería para que la doctora revise ese golpe.
– ¿Co… comandante?
–Que no comparta el sentimiento –Shepard apartó su mano de mí y me miró levemente decepcionada –, no quiere decir que sea indiferente. Me preocupo por usted.
¡¿En serio?!
–Tenemos una importante misión que cumplir, lo necesito en optas condiciones.
Oh… era eso.
–Comandante, si me permite ser sincero con usted –no sé que se apoderó de mí para atreverme a decir lo que dije a continuación, pero creo que estaba un poco molesto ante la manera en que ella jugaba conmigo, tal vez no ha propósito–: pero percibo de usted, tantas y diferentes señales, que no se qué piensa de mí.
–Si le di a entender algo que no era, me disculpo por ello.
En ese momento el sorprendido era yo. Aunque su disculpa fue muy seca, por primera vez creo en haber acertado en sus verdaderos sentimientos; realmente lo sentía.
–No es para tanto –continuó Shepard cruzando de nuevo los brazos –. Eso, ya por si es mucho, así que no espere más.
Extrañamente, me sentí satisfecho.
–Gracias, comandante. En especial por su sinceridad.
–Vaya haciéndose a la idea –agregó con una sonrisa picara –. Generalmente no miento, al menos que lo necesite.
Le sonreí.
–Qué tal si –dije mucho más animado –, con esta racha de sinceridad, ¿me permite contarle más sobre mí?
–Sera en otro momento. Ahora debería ir a que lo examinen.
Me levanté de un solo impulso, y una punzada de dolor, sacudió mi cabeza. Tenía razón.
–Así lo hare, Shepard.
– ¿Shepard? –la pillé.
–No le molesta ¿verdad?
Volvió levemente su cuerpo en preámbulo de alejarse, pero sus ojos aún me miraban directamente.
–No –dijo –. Debo marcharme. Kaidan, vaya con la doctora Chakwas, y eso es una orden.
–Sí, Shepard.
Aunque me desilusionó a gran medida, sentí una paz al final de aquella extraña conversación. Tal vez no obtendría lo que deseaba de Shepard, pero al menos me dio algo que no creo que se lo demostrara a todo el mundo. Por un segundo, en su despedida, noté un destello en sus ojos diferente al fuego que generalmente emanaban, algo especial, solo para mí. Y eso era suficiente.
