Estaba acostado en la cama con sus ojos negros puesto en aquel delicado cuerpo, ella era completamente perfecta, aunque si tenía un defecto, que era infiel Infiel a su marido y él a su mejor amigo, también a su novia. ¿Cómo comenzó todo esto Una pregunta difícil de preguntar, pero que tenía una respuesta mucho más compleja

El día en que la conoció fue precisamente en su boda, se encontraba sentando junto a su novia de cinco años, una escandalosa y asfixiante chica de hebras rosadas; ¿cómo continuaba junto a ella sabiendo que no la toleraba demasiado? Ni eso él lo sabía. El aburrimiento lo tenía agotado, todo el lugar tan melosamente adornado, esas estúpidas persona con una sonrisa fija en su rostro, ¿acaso podían tener menos neuronas?; cuando en ese momento vio a su amigo Con una sonrisa de oreja a oreja, en ese momento notó que sí habían personas con muerte cerebral que aún podían caminar. La mancha nupcial le pareció anticuada y aburrida, estaba más que claro que nunca se casaría; continúo observando fijamente la situación, cuando entró ella, fue que innegablemente era hermosa, fina, elegante e insignificante, eso estaba completamente claro; por lo cual, volvió a perder su mirada en aquel lugar.

Los meses pasaron y Naruto cada día estaba más inmiscuido en su campaña política, deseando hacer su sueño realidad, costará lo que costará, era su "camino de la vida" como era su eslogan de campaña profesada, pero gracias a eso aquella mujer de cabellos índigos, había quedado relegada a estar encerrada en su casa, sola amándolo sólo en los pocos momentos en que él le podía dar. Algo que para la Hyûga era preocupante, aunque tuviera que mantener un rostro de felicidad, éste ocultaba bajo esa mascara la tristeza que sentía al saber la situación en la que se encontraba. A pesar de todo aquello, ella se preocupaba por cada detalle de su amado esposo, desde que sus zapatos brillaran hasta hacerle de comer su amado ramen, era la mujer ejemplar. Pero ante todo eso que la describía, ella caería en un juego en el cual, la sacaría de sus constantes preocupaciones hogareñas, pasando de la preocupación por la ausencia de su marido a una preocupación de no ser descubierta por el mismo.

Sasuke observaba unos papeles de la campaña de Naruto, claro como su abogado debía mantener todo en orden, lo cual no era complejo; así como su meticulosidad, su inteligencia le hacía realizar todo a la perfección. Tomó su portafolio para dirigirse hacia aquella mansión, y la secretaria del rubio le había dicho que éste se dirigía a su casa, cuando llegó la mujer de su amigo le abrió la puerta.

— ¡N-Naru…! Oh, lo siento Sasuke-kun, pensé que era... Naruto-kun... —completamente avergonzada, ya no se acostumbraba a gritar frente a una persona que no fuera su cerrado circulo.

—Hmp, ¿En dónde está metido, el dobe? —preguntó el hombre sin necesidad de saludarla. Era algo muy típico en él.

—S-Sasuke-kun, lo siento mucho pero , Naruto-kun aún no llega —el hombre bufó molesto, pero observó detenidamente a la figura femenina que tenía al frente de tan penetrante orbes, vestido celeste pastel con un delantal blanco, sus cabellos estaban tomados en una media coleta haciéndola ver como toda una ama de casa de los tiempos antiguos. Sorprendido de sí mismo al ver como la detallaba con la mirada.

—Lo esperaré —esas fueron sus secas palabras, pidiendo de manera informal el paso a su casa.

Hinata corrió a la cocina para prepararle algo, pero recordó que no le había preguntado lo qué deseaba, por eso es que volvió a hacer una aparición en la sala, haciéndole una leve reverencia.

—Disculpa, Sasuke-kun, ¿Deseas algo para tomar? O ¿Quieres comer algo?... —le preguntó, viendo como el hombre desviaba esos oscuros orbes hacia ella. De inmediato una pregunta se cruzó por su mente "¿Cómo demonios el dobe había logrado conquistar a una mujer tan sumisa y elegante como ella?

—Café negro sin azúcar —respondió sin utilizar las típicas palabras de cortesía "por favor" y "gracias", era algo que no formaba parte de su vocabulario. La de ojos perla se movió de manera rápida para traerle su pedido, como si fuera la criada del Uchiha.

—Espero que Naruto-kun... no se demore demasiado —hablaba de una manera suave. Aunque la profundidad de los ojos de Sasuke no se despegaban de tan esbelta figura. Haciendo que hablará sin siquiera pensarlo, y es que esas palabras salían solas de sus labios.

—Debes estar orgullosa de ser la esposa del próximo senador de la república —comentó de una manera tan seca, que podía sentirlo lo cínico en cada una de sus palabras. Por supuesto que de todo esto, esperaba una respuesta de su parte.

—Sí, claro que estoy muy... Feliz con Naruto-kun —la mujer miraba el suelo mientras que movía esos dedos con nerviosismo, ese tono frío que portaba el Uchiha le causaba temor.

— ¿Y el matrimonio? —Procedió a continuar con la conversación, para no hacerlo parecer un interrogatorio- ¿Es miel sobre hojuelas como todos dicen? -bebió un largo sorbo de café mientras esperaba, la visión de esa mujer lo hacía pensar en muchas cosas, cosas de las cuales no debería estar pensando sobre la esposa de su mejor amigo, aparte de ser su cliente. Aunque para él no estaría de más divertirse un poco, con tal, eso no le hace daño a nadie.

—Es maravilloso, pero Naruto-kun..., ahora está preocupado de su carrera política, y eso es lo más importante en este momento —en la voz de la mujer se oía la tristeza y la soledad; el Uchiha como si tuviera un radar integrado sonrió. Se colocó en pie apoyando sus manos en los costados del sofá en el cual la mujer estaba sentada, acercándose un poco al rostro de ella, la distancia que existía entre los dos era de unos veinte centímetros.

—Me imagino que has pasado muchas noches sola —cada palabra se deslizaba de manera sensual por tan fino labios, obteniendo como reacción por parte de la mujer una respiración que se había agitado a la milésima de segundo; y con tener su rostro enrojecido de manera instantánea, era evidente que conseguiría lo que se tenía propuesto el albino.

—S-Sasuke-kun... ¿Qué haces? —preguntó de manera nerviosa, notando como ese hombre no le sacaba la mirada de encima, y cuando éste se le acercaba cada vez más, al escuchar el sonido de la puerta principal había aprovechado esa oportunidad para poder salir de la sala en dirección a la cocina.

Se sentó sobre uno de los taburetes con el rostro escondido entre sus manos; ¿Sasuke había buscado la forma de besarla? Dudó; aquello no podía ser posible, y sólo eran tontas especulaciones que su mente le estaba inventando. Sí, todo esto era un sueño y tenía que convencerse de una manera u otra, tenía que hacerse la idea de que todo esto era una mentira.

Pasaron las horas y Naruto exigió su cena, y de forma extraña se dio cuenta que estaba solo, aquello le trajo un poco más de calma al corazón y mente de la poseedora de orbes perla; se encontraba sirviendo un humeante plato de ramen de cerdo cuando el teléfono de la casa sonó, se apresuró a contestar y esa serna voz que conocía con anterioridad, provocó un rubor que se hizo presente en las dos mejillas blanquecina de la fémina que escuchaba atenta y nerviosamente las simple palabras que le decía el chico.

—Te espero mañana al medio día en "Luz de Luna"; si es que quieres pasarlo bien —esas palabras se mezclaban entre la frialdad y la sensualidad que el Uchiha portaba, al saber que no tendría respuesta algo –algo que no estaba esperando de igual forma–, cortó la llamada para dejar anonada a la chica que se preguntaba lo siguiente: ¿La estaba citando a un motel?

Desde ese momento Hinata no dejó de pensar en la proposición realizada, como siempre Naruto se pasó la noche en su despacho repasando sus movimientos políticos, mientras que esa mujer daba vueltas en su cama pensando y pensando lo qué podía llegar a pasar si decidiera ir a ese encuentro con el abogado. Amaba a Naruto eso no tenia punto de discusión, él siempre había sido su amor imposible, pero en el momento en que lo alcanzó se sintió en la gloria, aunque nunca pensó que las aspiraciones de éste la harían relegarse a sólo unos minutos de su rutina diaria.

Al día siguiente se vio frente a la puerta de aquel motel en su automóvil, el cual claro tenía los vidrios tintados; respiró dos veces e ingresó a la cabaña número 15. Frente a ella un moreno la miraba con deseo acostado sobre la cama, su rostro se enrojeció por completo mientras se maldecía por haber acudido a aquel encuentro. El hombre rápidamente se colocó en pie sin decir nada y ella lo miraba completamente avergonzada.

—S-Sasuke-kun… —pero no pudo terminar de hablar, ya que él la silenció con un beso en sus suaves labios.

Hinata tenía más que claro que aquello estaba mal, pero no se pudo detener, cada vez el beso del Uchiha era más intenso, desatando emociones que ella muy pocas veces había sentido. Las manos del hombre la recorrían sin control, parecía no querer perder el tiempo ya que de inmediato sin dejar de besarla, comenzó a quitarle la ropa. En el momento en que le retiró la blusa ella pudo hablar:

—Esto... No está bien..., no puedo engañar a... —pero sus palabras volvieron a ser silenciadas por los labios del Uchiha.

—De esto no se tiene por que enterar Naruto y Sakura —no habló más y la arrojó a la cama con solo tener su ropa interior.

Montándose sobre ella, los besos del azabache comenzaban a robarse los labios de la mujer quien no lo soportó más y respondió, abriendo los suyos para que su lengua ingresara; las manos del hombre eran diestras a la hora de placer y Hinata se sentía como Eva al momento de probar el fruto prohibido. Cada beso y cada caricia que hacía la enloquecía. Ella paso a paso desnudaba a Sasuke, y eso que no tenía idea de lo que estaba pasando con ella, pero este secreto moriría en aquel cuarto de motel.

Por la mente de la mujer no pasaban los rostros de su amado esposo y el de Sakura... Ellos nunca entenderían que estaba siendo infiel, pero su cuerpo no reaccionaba, su mente le gritaba que escapara, pero su cuerpo se derretía ante el placer que le causaban las caricias del Uchiha. Por el contrario él con cautela la devoraba para no asustarla, pero su excitación lo estaba dominado, con cada movimiento que hacía se comenzaba a cuestionar las miles de razones del por qué hacía todo esto; para llegar a… ¿Amarla? Eso era algo completamente innecesario, ¿Gozarla? ¿Devorarla? Unas acciones de primera necesidad, que daban con mucha evidencia que era su principal objetivo en esta lujuriosa escena que se estaba creando.

Las manos de él liberaron su cuerpo de la ropa interior y ella le quitó el bóxer... a ese hombre sin necesidad de palabras de amor o pequeños dulces besos que dieran a conocer la fascinación de lo que era probar lo prohibido. De una sola profunda estocada entró en ella mirándola a los ojos, ella gemía con una dulce voz, que estremecía por completo a su lujurioso amante, y eso que el vaivén que le proporcionaba tenía un equilibrio perfecto de lo que serían la suavidad y el salvajismo. Ambos se funcionaban así como lo era el agua con el aceite, por primera vez se fusionaban en uno. El placer los tenía completamente enloquecidos, cada gemido desgarraba sus gargantas, cada embestida los unía más.

Cuando él finalmente se derramó en ella, cayó sobre sus senos besándolos de manera corta y rápida; el pecho de la mujer no dejaba de subir y bajar, no sólo por el placer que acababa de recibir, sino que también por la adrenalina que sentía por haber engañado a su esposo.

En ese preciso momento su celular sonó y Hinata palideció al ver el nombre en la pantalla "Mi vida", miró al Uchiha quien asistió a su instintiva pregunta de si contestar o no esa llamada.

—N-Naruto-kun… —era evidente que su voz temblaba ante el llamado, pero por como era su marido, no sabría reconocer lo nerviosa que se encontraba.

— ¡Hinata, estoy liderando las encuestas! ¿Qué te parece si salimos almorzar para celebrarlo? —La voz del hombre se oía llena de felicidad, pero la de su mujer se seguía escuchando un tanto jadeante— Hinata, ¿estás bien? Te oyes cansada —le preguntó preocupado por su actual estado, que había colocando nerviosa a la mujer que recordaba lo sucedido.

Y eso que no se daba cuenta de la sonrisa que se dibujaba en el rostro de cierto azabache que recordaba lo antes ocurrido por la aludida, y eso que acaba de comenzar a jugar con la ayuda de sus dedos en la intimidad de la poseedora de orbes perlas.

—Es... Que me encuentro..., corriendo... —mintió como pudo, intenta contener ese suave jadeo.

— ¿Cuánto piensas demorarte? Así podría pasar por ti a la casa —le comentó, sin saber que la respiración de la mujer se agitaba con rapidez antes las oleadas de placer que el abogado del rubio le proporcionaba; y como todo desgraciado a los minutos había comenzando a lamer uno de sus pechos sin que se diera cuenta que esos dedos se adentraba y salían de manera consecutiva de su interior.

—E-En un p-par de horas… —respondió como pudo, mordiéndose su labio inferior para evitar que ese delatador gemido saliera de sus labios.

—Está bien, mi amor. Me avisas entonces —con decirle eso, había colgado la llamada.

La señora Uzumaki lanzó el teléfono a la nada, para volver a fundirse en un apasionado beso con ese hombre que aún tenía una par de horas para disfrutar de su perfecto cuerpo, antes de volver a sus ordinarias vidas.

Esta es la primera vez que diré algo y quiero agradecer a todos los que se han tomado unos minutos de sus vidas para leerme, muchas muchas gracias, espero que puedan decirme que les parece el fic n.n un beso enorme... Adiós