Hogsmeade
Sábado por la mañana, un día soleado y nevado, era hora de arreglarse. Como Hermione supuso, en este segundo día de excursión no irían tantos alumnos, o al menos no tan temprano, así que vistió sin hacer ruido para no despertar a las que estaban durmiendo. Se vistió con su ropa, unos vaqueros apretados y unas botas marrones, del mismo color que la camiseta de mangas largas que cubría toda las interiores pero le quedaba como si solo llevara una. Para el frío cogió uno de sus abrigos, era de color azul marino, abierto por el cuello y con grandes botones, se ajustaba justo debajo del pecho y a partir de ahí tenía forma de campana hasta la mitad de los muslos. Para más abrigo, cogió los guantes grises y la bufanda también gris, pero los llevaba en la mano, no iba a ponérselos hasta salir. Se dirigió a la sala común en silencio y después al Gran Comedor, allí estaban Harry y Ron.
-Buenos días Hermione -la saludó Harry con una gran sonrisa.
-Buenos días chicos-respondió ella con otra sonrisa, lo tenía decidido, no iba a dejar que lo de Ron con Lavender le siguiera afectando de esa manera.
-...Hola-dijo el pelirrojo sorprendido pero a la vez encantado de que su amiga volviera a tratarlo bien, él sabía que estaba molesta por todo lo ocurrido.
-¿Hoy si vienes a Hogsmeade no?
-Sí, hoy sí -dijo mientras empezaba a desayunar.
-Bueno pues en cuanto Ginny esté lista nos vamos ¿no? -preguntó Ron mirando a la puerta por si su hermana había llegado ya.
-Oh por mí no os preocupéis, yo voy con Cormac.
Ron se atragantó con la tostada y Harry se quedó mirándola.
-¿Cormac... McLaggen? -preguntó Harry estupefacto.
-Sí, Cormac McLaggen -dijo ella sonriente sin darle importancia e ignorando la reacción de sus amigos.- Es un chico muy simpático y agradable, me lo preguntó ayer, y acepté. Oye Ron ¿y tú no vas a ir con Lavender?
-No, ella ya se ha adelantado con Parvati... pero volviendo a lo de antes... ¿McLaggen? ¡Pero si dicen que es un baboso!
Hermione no podía creer lo que estaba escuchando, él podía salir con quisiera, ¿y ella no?, aun así se tranquilizó y puso la mejor cara que pudo.
-Bueno también hay gente que dice que Harry es un mentiroso por decir que Voldemort ha vuelto y se equivocan, ¿por qué no puedo darle una oportunidad? Estoy segura de que es un buen chico.
-En eso tienes razón -admitió Harry- a lo mejor si debes darle una oportunidad... de conocerlo digo -esto último lo dijo mirando a Ron.
-Sí...a...¡achúú!
-Uff... resfriada ¿no?-Harry le dejó un pañuelo-¿y eso?
-Gracias, pues habré cogido frío durmiendo-y rápido se levantó-. Bueno ya nos vemos por Hogsmeade, adiós.
-Adiós-y mientras se marchaba sus amigos siguieron hablando.
-Oye Harry, ¿no la ves algo rara? No sé... no me ha gritado ni ha pasado de mí.
-Ya... pero es mejor que vuelva a estar contenta ¿no?
-Claro, eso sí.
Hermione salió del Gran Comedor y allí estaba Cormac, apoyado en la pared, esperándola.
-Buenos días Cormac.
Él se dio la vuelta y la recibió con una gran sonrisa de oreja a oreja.
-Buenos días Hermione, te estaba esperando, ¿nos vamos?
-Sí... Ay no espera... -se acababa de acordar que no había avisado a McGonagall de que esa noche no podría quedarse vigilando- Tengo que subir un segundo al despacho de McGonagall, solo será un momento.
-Vale vale, tranquila ve, te espero.
Hermione fue lo más rápido que pudo al despacho, y cuando terminó, antes de volver con Cormac pasó por el servicio de chicas, el servicio de Myrtle la Llorona, nunca había nadie, pero ella se pasó prácticamente todo el segundo año de Hogwarts allí así que no le daba ningún miedo. Dejó los guantes y la bufanda encima del lavabo, y entró en uno de los retretes. Al salir se lavó las manos y se miró en el espejo, recolocándose bien el pelo. Se puso los guantes y la bufan... ¿dónde estaba la bufanda?
-¿Buscas esto?
Draco Malfoy apareció detrás de ella, sonriendo de forma pícara y con un aspecto fresco y despreocupado. Levantaba con una mano la bufanda de Hermione mientras ella lo miraba.
-Sí, eso. - se acercó a él para quitársela pero pronto la apartó, haciendo que Hermione intentara cogerla de su espalda. Él consiguió darle la vuelta y apoyarla contra la pared. Ese día estaba preciosa y con su colonia favorita recién echada, olía mucho más que la última vez.
-Yo... tengo que irme Draco.-dijo intentando sonar convincente.
-¿Te vio alguien salir ayer?
-No
-Más te vale Granger.
-Tranquilo que no eres el único que intenta borrar todo rastro de anoche. Ha sido el error más grande que he podido cometer. Eres el tipo más repugnante y prepotente que conozc...-pero Hermione no podía hablar más, sentía los labios de Draco, fríos pero a la vez tan suaves, en su cuello, que lo besaba pausada e intensamente. Eso le provocaba un escalofrío por todo el cuerpo, se mordía los labios, esa sensación le encantaba.
-¿Qué decías? -le susurró muy bajo en el oído, y entonces Hermione abrió los ojos.
Draco le dio la bufanda y con esa sonrisa suya se marchó. Ella seguía junto a la pared, reponiéndose. "No puede ser, ¡lo ha vuelto a hacer!, juro que será la última vez" y sin creérselo mucho se puso la bufanda y volvió con Cormac.
-Ya estoy.
-Perfecto, vamos.
Y los dos se pusieron a andar. Durante el camino a Hogsmeade hablaron de todo un poco, del colegio, de las clases, de sus familias... Cormac era un chico gracioso y la estaba haciendo reír por todos esos días que no lo había hecho. Se sentía a gusto a su lado.
-Me enteró de lo que te pasó con el asesino, Ernie, ¿te siguen doliendo las cicatrices?
-No, ya no me duelen, pero en un largo tiempo sí me hicieron gran daño.
-Lo debiste de pasar fatal, ¿cómo fue?
Al segundo Hermione pensó en esos lazos señalando su cuerpo, aquellos ojos verdes que despertaban terror, y en Draco, el que la sacó de allí.
-Prefiero no hablar de eso…
-Oh perdón por mi poca sensibilidad, todavía lo tienes que tener muy presente-e intentando enmendar su metedura de pata, le habló de otro tema- Mira, ya estamos llegando, ¿qué te apetece hacer primero? Hoy eliges tú.
Entraron en muchas tiendas, entre ellas Zonko, donde Cormac sin querer había caído en la trampa de uno de los artilugios, y eso hacía que Hemione soltara carcajadas de risa. Se lo estaba pasando realmente bien, él estaba todo el rato pendiente de ella, sabía cómo conseguir que Hermione se olvidara de todo lo malo que le había ocurrido y solo pensara en divertirse. Más tarde entraron en la tienda nueva, Ginny tenía razón, dentro estaba todo lo que una chica querría. Había estanterías repletas de peluches adorables, bombones, anillos, filtros de amor, globos de corazones que escribían tu nombre y el de tu pareja… y hubo un objeto que a Hermione le llamó la atención, era un espejo, que cuando te mirabas en él, podías ver a la persona que más querías a tu lado, "Perfecto para amores platónicos" ponía en la etiqueta.
-Qué inventos ¿verdad?
-Sí… para mi gusto es demasiado romanticón, pero aun así es precioso-dijo pasando la vista por toda la habitación hasta encontrarse de frente con Cormac.
-¿Sabes? Hoy estas hermosa –Cormac acercaba su cara a ella, mirando sus labios.
-¡Achíís! –Hermione se tapó nariz y bajó la cabeza, entonces él se volvió a alejar dándole un pañuelo y dando por perdida esa oportunidad-Gracias.
-Todavía nos queda mucho por visitar, peo ya es la hora de comer, ¿vamos a las tres escobas?
-Vale
Almorzaron una deliciosa comida, y en el postre Cormac le trajo un pastelito de nata con chocolate por encima mientras él esperaba el suyo.
-¿He acertado? –le dijo poniéndoselo sobre la mesa.
-Sí, es mi favorito, ¿cómo lo has sabido?
-Intuición… bueno intuición, y que te he visto varias veces con uno de esos en Hogwarts.
Los dos se sonrieron, y al darle Hermione la primea cucharada se le quedó un poco de nata en la comisura.
-Tienes… un poco de… -Cormac la limpió y de paso le acarició la mejilla, ella se sonrojó.
-Aquí tiene el pastelito-el camarero los interrumpió.
Entonces Cormac empezó a comer también. Con todo lo que habían andado la bufanda de Hermione se bajó mostrando su cuello y él aprovechó para mirarlo, pero vio algo raro…
-Hermione ¿qué tienes ahí?
-¿Dónde?-dijo ella sin saber a qué se refería.
-En el cuello, justo a…
-¡Eh Cormac! Qué bien acompañado te veo ¿no?- Dean desvió la atención del chico de ojos azules bromeando con él.
-Hola Dean-le respondió y empezaron a hablar.
Hermione mientras tanto pensó en lo que Cormac le había dicho, y de repente se le vino a la cabeza la imagen de Draco y ella esa misma mañana.
-Oye Cormac voy un momento al baño.
-Vale-y siguió hablando con su amigo.
Hermione entró aprisa en el servicio, "No, no puede ser, seguro que estoy equivocada, no será nada de eso, será… ¡Mierda!" –pensó Hermione-, estaba mirándose al espejo y Cormac tenía razón, tenía algo en su cuello, algo rojizo, y Draco había tenido mucho que ver.
Hermione se quedó pasmada, tan solo unos pocos segundos valían para marcar su cuello con un chupetón que tardaría días en quitarse. "Mierda, ¿qué voy hacer ahora?" Se sentó apoyando su frente en las palmas de sus manos. Estaba en el lado izquierdo de su cuello y un poco más bajo que el medio, pero aun así se veía. Tendría que pasarse todos los días hasta que eso desapareciera con bufanda, y con suerte de que era invierno y estaba resfriada no llamaría tanto la atención, pero tenía que tener mucho cuidado, de llegar a descubrirla la acribillarían a preguntas, ella nunca había estado con un chico, y tendría que inventarse algo, algo convincente. Tapándose bien el cuello volvió a reunirse con Cormac, Dean ya se había marchado.
-Ya estoy.
-Bueno, tú dirás lo que quieres hacer ahora.
-¿Terminamos de ver todas las tiendas o te apetece volver ya?
-Todo lo que tú quieras a mí me parece bien-y le dedicó una sonrisa.
Los dos se levantaron con los pastelitos en la mano. La tarde siguió siendo divertida, después de pasar por todos los locales del pueblo descansaron un rato contemplando el paisaje nevado, donde más tarde harían toda clase de muñecos, angelitos y guerras de nieve. Durante las siguientes horas Cormac había vuelto a intentar besarla, pero ella se resistía, y lo haría las veces que hiciera falta, Cormac era un buen chico y le hubiera encantado que le gustara, pero por desgracia no sentía nada por él. Estaba anocheciendo y era mejor volver al castillo. Al llegar al retrato los amigos de él lo llamaron.
-¡Cormac! Vamos a jugar a los naipes explosivos en el gran comedor, vente.
-En seguida voy, esperadme allí-se dio la vuelta para mirar a Hermione, esos ojos azules le encantaban- Bueno... -dijo riendo tímidamente-hoy lo he pasado muy bien.
-Y yo, gracias por convencerme ayer, ha merecido la pena.
-Yo soy el que tiene que darte las gracias, me encanta estar contigo, y la tarde de hoy la repetiría cien veces más -Hermione le sonrió- Buenas noches.
Y dándole un dulce beso en la mejilla bajó las escaleras, mirando algunas veces hacia arriba, donde estaba ella. Hermione entró en la sala común fascinada, puede que no sintiera nada por Cormac, pero eso no quitaba que no le gustara su físico y su personalidad. Llegó a su cuarto y lo primero que hizo fue deshacerse de la bufanda, pero volvió a rodearla en su cuello cuando se dio cuenta de que Ginny estaba ahí sentada, en su cama, sin quitarle ojo.
-Ginny, ¿qué haces ahí sentada y en silencio?
-Esperándote.
-¿A mí? ¿Por qué? -Ginny estaba muy seria y eso no le gustaba nada.
-¿Cuándo pensabas contármelo?
El corazón de Hermione empezó a latir mucho más rápido y le estaba entrando mucho calor.
-¿Contarte... el qué?
La pelirroja se levantó de la cama y se puso al lado de su amiga sin mediar palabra. Hermione tragaba saliva, esos pasos se le hicieron interminables.
-¡Lo de Cormac! -dijo finalmente cambiando el rostro y preguntando intrigada, Hermione suspiró sintiendo un gran alivio, por un momento había llegado a pensar que se trataba de su "historia" o lo que fuera que tuviese con Draco-Me he tenido que enterar esta mañana por Ron. ¿Por qué no me has dicho nada?
-Ah… Cormac… Se me pasó, lo siento.
-Bueno pues quiero saberlo todo-y volviendo a la normalidad le hizo un interrogatorio- ¿Cuándo hablaste con él? ¿Cómo te lo pidió? ¿Qué habéis hecho? ¿Es tan encantador como dicen? ¿Te besó?
-Ginny, Ginny -dijo Hermione intentando calmarla- No ha pasado nada, solo hemos pasado un fantástico día pero ya está. Y sí, es encantador pero no es para tanto.
-¡¿Qué no es para tanto? Es uno de los chicos más guapos del castillo ¿Volverás a quedar con él?
-Pues no lo sé la verdad, me dijo que le encantaría volver a repetir una tarde así.
-¿Y tú que le dijiste?
-Nada, aunque no estaría mal volver a quedar con él, lo he pasado muy bien.
-¡¿Nada? Hermione era tu oportunidad –y resopló indignada como si de ella se tratase- Oye ¿no tienes calor? Toda la habitación está caliente, hasta yo que estoy en mangas cortas estoy asada.
-No, estoy bien,… además estoy resfriada y creo que será mejor que me ponga para dormir un cuello vuelto.
-Ah... como quieras, bueno me voy a dormir, ¿mañana vas a Hogsmeade?
-No, mañana me apetece quedarme aquí, relajada. Quizás aproveche para adelantar algo de deberes.
-Bueno pues entonces hasta mañana por la noche. Que descanses.
-Buenas noches Ginny.
Hermione entró en el servicio y se puso el pijama, ¿para qué habría dicho Ginny nada?, ahora notaba más el calor que antes. Se bajó el cuello vuelto y miró el chupetón, se estaba poniendo incluso un poco más grande, no podía creer que eso le estuviera pasando a ella. Nunca había tenido nada con ningún chico y para una vez que hacía algo, tenía que ser con su peor enemigo. Aún le costaba asimilar que estuviera en esa situación con Draco, pero le gustaba la manera en la que se odiaban, en la que se hacían daño, en que se insultaban, algo muy raro de explicar y más difícil de entender.
Pasó muy mala noche, no paraba de estornudar y tampoco de sudar, llegó a coger el sueño muy tarde y por la mañana se le pegaron las sábanas. Cuando se levantó no quedaba nadie en el dormitorio. Se puso unos vaqueros grises, unas botas azul marino y un jersey de una talla más que le suya del mismo color. Le habían quedado los rizos bastante bonitos y decidió dejar su pelo suelto, se impregnó de vainilla y sin olvidar la bufanda -esta vez rosa- bajó a desayunar. Bebía una taza de leche caliente mientras leía en El Profeta todos los artículos interesantes, se tomó su tiempo, hoy no tenía prisa por nada. Más tarde no le vino mal matar el tiempo repasando unos cuantos hechizos para tenerlos perfectos y realizando algunas de las pociones que se le resistían, pero Hermione siempre aprende rápido y le quedaba mucho tiempo libre. Llegó la hora de comer pero ella no tenía mucho apetito, así que cogió tan solo una manzana del Gran Comedor y se dirigió hacia los jardines de Hogwarts, pero los más alejados, a un lugar que descubrió el último año por casualidad. Era un ambiente muy relajante. Olía a césped recién cortado y se escuchaba como las hojas de los árboles se acariciaban entre ellas movidas por la fresca brisa que corría. Para Hermione, el aleteo de los pájaros era muy agradable, esos animalitos que parecían vivir en un mundo tan diferente al de ella volaban libres, todos juntos siguiendo un camino, dejando un adorable rastro en el cielo azul de ese día. Se sentó apoyada en un árbol grande, de tronco gris muy claro, y sobre la hierba, de un armonioso verde limón gracias a la luz del sol y con leves tonos blanco provenientes de los copos de nieve. Sintiéndose la chica más afortunada del mundo por estar rodeada de ese maravilloso ambiente, comenzó a leer un libro, uno muggle que le regaló su madre en verano y no lo había sacado del baúl hasta ahora. Pero poco a poco los párpados se volvían pesados, sus manos apenas podían sostener el libro, el sueño pudo con ella. Percibía como algunas hojas caían rozando su cara provocándole cosquillas, hasta que en sus mejillas notó como otro tacto distinto la tocaba con suavidad, la dejaba con una dulce impresión, y en un segundo sintió en sus labios una sensación fría, delicada y fugaz. Inconscientemente, inundaron sus pensamientos unos ojos grises, y recobrando la razón, abrió los ojos ansiosa. Pero no fue lo que ella pensó. Sola, estaba sola, había sido producto de su imaginación, únicamente de su imaginación.
Era casi de noche, había perdido la noción del tiempo y durmió más de la cuenta. Se levantó quedándose con el cuerpo a baja temperatura, hacía mucho frío y llegó al castillo con la nariz colorada. El Gran Comedor estaba más lleno, la gente empezaba a llegar de Hogsmeade, pero supuso que sus amigos llegarían más tarde, cada uno estaba con su pareja, pasándoselo bien. Dejó el libro en su cuarto y volvió a bajar para cenar algo mientras esperaba a Harry y a Ron, pero sus planes cambiaron, Draco también estaba en las escaleras, no la había visto. Esta era su oportunidad para reprocharle el chupetón que le había hecho.
-¡Draco!
Él se dio la vuelta y la miró sorprendido. Acto seguido, observó con rapidez su alrededor, asegurándose de que nadie lo había visto. Siguió bajando las escaleras ignorando a Hermione, pero paró entrando en un atajo que llevaba a la clase de Encantamientos. Ella lo siguió, no iba a dejar que se le escapara.
¿Qué os ha parecido? :) Draco ha conseguido hacerle un chupetón en el baño y ella tendrá que aguantarse. Cormac después de intentar besarla unas pocas de veces casi se da cuenta pero parece ser que lo han distraido y se le ha olvidado xD Y ahora Hermione ha visto a Draco y está dispuesta a pedirle explicaciones, pero, ¿lo alcanzará? ^^
Muchas gracias Paola-crepusculera y tormenta oscura por los comentarios y espero que os siga gustando la historia :)
Espero que os haya gustado y dejeis reviews! :D
Cristina94
