Aclaraciones y demás en las notas finales.
Enjoy!
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7: "Sumisión, dominación"
El suave silbido del látigo cortado el aire hizo eco dentro de sus oídos. Mistrene profirió un gemido ahogado, apretando la mirada, en un vano intento de olvidarse del dolor.
-¡Eres un maldito bastardo! – gritó Natsuhiko, agitando el objeto sobre su cabeza, antes de azotarlo contra el piso de cemento. Observó a Callous con un odio que no se molestó en disimular, percatándose del terror dibujado en su rostro. Lo aborrecía... Lo aborrecía con cada pizca de su repugnante ser.- ¡¿Quién te crees que eres, ah?!¡¿Quién mierda crees que eres?!
-¡Pero yo no lo sabía! – pronunció Mistrene, excitado por el miedo y la adrenalina.- ¡No tenía idea de que...! – el resto de las palabras murieron en su boca una vez que Nepper le hubo sujetado por el cabello, azotándole el cráneo contra uno de los muros.
Un delgado hilo de sangre descendió por la comisura de sus labios, tiñendo de rojo el pavimento. Intentó defenderse, mas le fue imposible, Netsuha estaba demasiado fuera de sus casillas. La conciencia se le resbaló de las manos, escapando de su maltrecho cuerpo. Dio un par de golpes al aire y la vista se le fue a negro.
Ya no había más.
Natsuhiko lo zarandeó cual muñeca de trapo, antes de abandonarlo a su suerte. Se retiró de la habitación refunfuñando por lo bajo, maldiciendo el día en que su inconsciente compañero decidiera regresar a la Rosa Negra.
Lo suyo con Mistrene jamás constituyó algo ni medianamente parecido a una relación cordial, incluso siquiera de tolerancia. Para él, Callous no era más que un niño jugando a ser Dominatrix, vanagloriándose de un estilo de vida que no le pertenecía. Le parecía un engendro plástico, vacío, carente de lo necesario para aspirar a ser un buen torturador.
Una total y completa vergüenza para el oficio.
Aún así, Mistrene se jactaba de ser el mejor verdugo que Rusia hubiese podido concebir.
Se acomodó el cabello, cuidando que la sangre impregnada en sus manos no se adhiriera a las hebras castañas.
En realidad, poco le importaba lo que Callous alardease. Más aún sabiendo que "Netsuha Natsuhiko" resonaba de manera aterradora hasta en el rincón más recóndito del bajo mundo. Muchas eran las barbaridades que se le atribuían a sus lánguidas manos, transformándolo en una entidad temida y respetada. Los fútiles intentos de Mistrene por recibir una fama desmerecida lo tenían sin cuidado, los rumores que pululaban en su perímetro no desaparecerían tan fácilmente.
Entró a su habitación, seguido de un portazo seco, y se lanzó sobre la cama, procurando evadir la correa para perros que reposaba sobre las sábanas. La alzó entre sus manos, observando los patrones del cuero trenzado.
Mistrene podía balbucear cuanta alabanza a su persona desease, incluso mentiras estrafalaria sobre Natsuhiko. Netsuha era completamente indiferente a aquel tipo de provocación barata, su inteligencia iba más allá de eso. Pero, y aún así, no pasaría por alto la violación de su espacio personal.
El muy idiota de Callous maquinó, el día anterior, la absurda idea de profanar los aposentos de Nepper, en búsqueda de algún objeto para humillar a su juguete momentáneo. Escudriñó palmo por palmo la estancia hasta que, dentro de uno de los cajones, divisó una pulcra correa para perro. La arrancó del lugar y huyó con ella, convencido de que Natsuhiko no se enteraría. Desafortunadamente para él, el castaño olfateó su suave perfume a sulfuro flotando en el aire. Salió a su búsqueda apenas descubrió su osadía y, jalándolo de los cabellos, lo arrastró hasta su sala de tortura.
Depositó el trozo de cuero a su costado, sin despegar las pupilas del techo descolorido. No era secreto para nadie en la Rosa Negra que aquella correa era el único objeto con el que arribó a Rusia, un par de día después del accidente en Tanabata. Y por mucho que Nepper deseó deshacerse de ella le fue imposible, no podía abandonar el único recuerdo que conservaba de Atsuishi Shigeto. Muy a su pesar aún seguía enamorado de aquel rubio, ese mismo que fuera su amante durante tanto tiempo.
Se tapó los ojos con la banda que solía llevar, molesto consigo por recordar tales tonterías. Aún así, no podía evitar sentirse melancólico, abrumado por el recuerdo de su primer y único amor.
-Cómo me gustaría saber qué estás haciendo ahora, Shigeto
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Un suave suspiro escapó desde sus labios resecos, perdiéndose en la infinidad de su cuarto. Atsuishi arqueó la espalda con violencia, absorbido por el placer que le recorría de pies a cabeza. Deslizó una de sus manos por sobre su pecho mientras que, con la otra, empujaba el vibrador aún más profundo en su carne.
-Natsuhiko... – gimió en un murmullo.- Te amo, Natsuhiko
Aumentó la velocidad del aparato, derritiéndose en el deleite de sus propias caricias.
Bien sabía que Nepper ya no lo amaba, que ni siquiera deseaba verlo; pero fantasear con su compañía era lo único que lo mantenía moderadamente cuerdo. El amor que le profesaba a su antiguo novio rozaba el límite entre la obsesión y la completa demencia. Natsuhiko era – y siempre sería.- lo único que tuvo y lo único que siempre pudiese tener. Para Atsuishi no había nada además de Nepper. Sus sueños, sus deseos, su corazón y su cordura giraban en torno al castaño. Sin él su vida estaba vacía, carente de cualquier indicio de utilidad, por más superflua que ésta fuese. Lo amaba con locura y devoción, con la cabalidad de su cuerpo y alma.
Masturbó su entrada con frenesí, gimiendo el nombre de aquel que no lo amaba.
No existía, en ese mundo, un lugar al que perteneciese distinto al lado de Natsuhiko.
El orgasmo se presentó aletargado, abalanzándose sobre sus cuerpo con desinterés. Heat permaneció arropado en su lecho por un breve momento, recuperando lentamente el aliento. El sexo no era lo mismo sin Natsuhiko. Se levantó y se acomodó el pantalón del pijama, antes de tallarse los ojos perezosamente. Necesitaba darse una ducha. Ya más tarde se ocuparía de remplazar las sábanas.
Emprendió camino a su baño personal, cuando el tenue sonido de la puerta le llenó los oídos.
-Shigeto ¿Estás ahí? – esa era, indudablemente, la voz de Nagumo Haruya. El picaporte giró despacio, dejando entrar al pelirrojo.- Vaya, pensé que habías salido.
Atsuishi lo miró por demás desganado.
-¿Y adónde iría? Que yo sepa no tengo ningún otro sitio al que acudir.
Un silencio de ultratumba poseyó el ambiente. Burn suspiró resignado. Desde que Netsuha lo abandonó – hacia tres años atrás.-, el rubio acabó por convertirse en un ser arisco e inestable, semejante a una maraña de indiferencia y apatía. Nada parecía importarle, ni siquiera su trabajo, el que cumplía por mera obligación. Tratar de razonar con Atsuishi Shigeto era como discutir con una roca: estúpido y tedioso. Pero, aún así, Haruya contaba con la esperanza de lograr persuadirlo. Él sabía que tras su coraza diamantina se escondía un joven tímido y encantador, ese mismo que fuera su primer amigo de infancia.
-Claro que lo tienes – habló entonces, tomando asiento en la orilla de la cama.- Sabes que eres bienvenido en mi casa cuando lo desees.
-Quizá hace diez años realmente lo era, pero desde que estás con Suzuno me ha quedado bastante claro que sobro en tu vida, en la tuya y la de todos.- siseó, con los brazos cruzados sobre el pecho.- Desde que comencé a vivir en Rusia nunca contestaste ninguna de mis llamadas, tampoco fuiste capaz de devolvérmelas. Es realmente hipócrita de tu parte aparecer después de todo este tiempo y seguir pensando que somos amigos, porque, hasta donde yo sé, los amigos están para apoyarse en las dificultades, y tú me abandonaste cuando más te necesité... Si viniste a ofrecerme disculpas será mejor que te vayas, no tengo ni el tiempo ni el ánimo para escuchar tus tonterías.
Nagumo se mordió el labio inferior, apartando sus ojos de la mirada esmeralda de Shigeto. Aquella boca resultó ser más desdeñosa de lo esperado, inclusive lo suficientemente atrevida como para escupirle la verdad a la cara sin el menor miramiento. Había escuchado rumores de lo cruel que Atsuishi podía llegar a ser, mas lo pensó como exageraciones, simples relatos engrandecidos por la degeneración característica de la trasmisión oral.
Sin embargo, la molestia producida por las dicciones del rubio se debía, únicamente, a la certeza de sus palabras, y no a la frialdad macabra con la que fueron pronunciadas. Entendía que Shigeto lo odiase después de la forma en que lo trató, de cómo lo abandonó de la noche a la mañana, aún a sabiendas de su crítica situación. Al final, Atsuishi se halló solo en un país que no conocía, con nada más que el collar de sumisión que Natsuhiko le obsequió en su primer aniversario.
Decir "Lo siento" no sería suficiente.
-En eso estás equivocado, no voy a disculparme contigo o, al menos, no hasta recuperar tu confianza... Sólo vine a comentarte que ayer vi a Natsuhiko – Shigeto alzó una ceja, sin comprender del todo las intención del pelirrojo.
-¿Y qué con eso? He hablado un par de veces por teléfono con él para solucionar el asunto de los secuestros y, créeme, no ha sido la gran cosa – esbozó un gesto de indeferencia forzada, procurando que Haruya no vislumbrara su descarada mentira. Escuchar la voz de Nepper le llenó el alma de un gozo que no sentía hacia mucho tiempo. Pero eso era algo de lo que Burn no se debía enterar, mucho menos ahora que anhelaba apartarlo de su vida.- Lo nuestro quedó en el pasado.
Un gesto extraño se posó en las facciones de Nagumo, uno que el rubio no fue capaz de descifrar.
-No es necesario que me mientas, Shigeto – lo miró con complacencia, como quien atrapa a un niño en plena jugarreta.- Si Natsuhiko te importara tan poco como dices no llevarías ese collar.
-No me mal interpretes. Si aún conservo el collar es para recordar lo que pasó. Para recordar que Natsuhiko y tú son unos ególatras infelices. Sólo se preocuparon de ustedes mismo, aún después de la forma en que consagré mi vida a ambos. Les di cuanto pude, lo mejor de mí en bandeja de oro, y ni eso fue suficiente... Nunca les importé.
-Sabes que eso no es verdad, Shigeto – la sonrisa de su rostro desapareció en post de una expresión de reproche.- Eres muy importante para mí, no en vano fuiste mi primer amigo, todavía lo eres...Realmente lamento todas las cosas que pasaron, mi manera de proceder no fue la correcta. Comprendo que me odies, pero eso no quita que te conozca... Sé que todavía piensas en él, lo escuché mientras te masturbabas...
-Lo que yo haga o deje de hacer no es tu asunto, Haruya... Pero si tanto te interesa, sí, estaba pensando en Natsuhiko, no hay hora del día en la que no piense en él...Lo extraño, lo amo con obsesión y locura, aunque no espero que lo entiendas...
La tensión del ambiente se acrecentó con premura, cubriendo cada rincón de la estancia. La molestia podía casi olerse en el aire, presentándose como una fragancia a su sopor y desdén. Shigeto se limitaba a acariciar el collar, rozando fantasmalmente el metal y el cuero. Aquella prenda permanecía ataviada en su cuello la mayoría de las veces, siendo retirada sólo en lo estrictamente necesario. Aquella prenda representaba la ya lejana promesa de amor eterno que se hicieron. Natsuhiko juró amarlo y protegerlo, velar por su bien ante todo. Y aunque hubiese faltado a su palabra, eso no significaba que Shigeto faltara a la suya. Ofreció su entera devoción y sumisión, le sería fiel a él y sólo a él incluso hasta después de la muerte.
Estaba fuertemente decidido a regresar a Netsuha a su lado, a la fuerza de ser necesario. No había para ellos un destino distinto a permanecer juntos por la eternidad...
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Goenji paseó los dedos por sobre la mesa con molestia, sin despegar los ojos del estoico rostro de Fudou Akio. El joven del mohicano simplemente se dedicaba a observar sus celular, casi sin parpadear, mientras tipiaba las teclas tan rápido como podía. Se le notaba un tanto molesto, iracundo por algo que no conocía.
-No tengo todo el día, Fudou – articuló. Bastante tenía ya con saber que Kazemaru había resultado herido, lo que menos quería eran malas noticias.
Akio dejó su teléfono sobre la mesa, suspirando con desgano. No se sentía de ánimos como para comunicarle semejante contratiempo a su compañero. Pero, y por mucho que quisiera delegar el cargo, él era el único disponible.
-Tranquilo, tigre, seré breve – soltó, a son de burla.- Asesinaron a Otomura
Goenji lo miró con las pupilas contraídas, sin asimilar del todo aquellas dicciones.
-¿Qué dijiste? – inquirió, alterado.
-Lo que escuchaste, asesinaron a Otomura... Tsunami acaba de llamarme, dijo que uno de los sirvientes de Endou lo descubrió mientras reunía información... Lo obligaron a hablar...
-¡Maldición!
El estridente sonido de los puños de Goenji impactando contra la mesa resonó por toda la habitación. Akio se limito a cruzarse de brazos, sin desdibujar la impasibilidad de su mirada.
Resultaba increíble pensar que habían descubierto al espía que tanto les constó introducir a los Yakuzas. Y es que, a fin de cuenta, de entre todos los integrantes de su servicio secreto, Otomura era el mejor.
-¿Qué mierda se supone que haremos ahora? – logró articular Shuuya luego de un rato, recobrando sutilmente la compostura. Fudou levantó la mirada con cuidado, sonriendo con más calma de la esperada...
-Eso es simple, mi querido Goenji...
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Eskaba Bamel se aclaró la voz en un gesto reafirmatorio, buscando llamar la atención de su compañero. Ambos se encontraban en la pequeña sala que componía el servicio médico de la Rosa Negra, ese mismo que Genda Koujirou atendía con tanto empeño. Mistrene le dirigió un atisbo colérico, ofendido por la leve nota de burla en sus acciones. Eskaba simplemente le sonrió, divertido por la expresión tan amarga que se dibujada en las facciones del joven de cabellos verdosos.
-¿De qué te ríes, desgraciado? – preguntó Callous, fulminándolo con sus ojos violáceos. Las actitudes de Bamel le resultaban, la mayoría de las ocasiones, realmente molestas e infantiles. Sinceramente, aún no comprendía porqué debía soportarlo...
-Si que te dieron una buena paliza, Mistre – clamó en respuesta, utilizando un tono especialmente desagradable.
-Será mejor que te calles, a menos que quieras tragarte tus palabras – siseó.- Las cosas no van a quedarse así, Eska. Voy a vengarme, tenlo por seguro...
El moreno permaneció expectante por algunos segundos, antes de estallar en francas carcajadas.
-¿Y de qué planeas vengarte, Callous? Lo que te pasó fue tu culpa. Tú te metiste donde no debías, Natsuhiko sólo te dio un escarmiento, y él no va a ser el único – hizo un pequeña pausa, permitiéndose contemplar la extrañase en el rostro de su amigo.- Goenji está furioso contigo...
Mistrene palideció en el acto, aún así, intentó permanecer indiferente. Ahora si que se hallaba en grandes problemas. De una u otra forma, la culpa era exclusivamente de su persona, no podía quejarse ante ello.
Goenji les había dado indicaciones claras a él y a Eskaba respecto a su trabajo en la Rosa Negra: Debían mantener bajo estricta y secreta vigilancia a Kazemaru, además de protegerlo sólo si la situación lo ameritaba. Ciertamente, ninguno de los dos comprendía del todo la intenciones de Shuuya; pero órdenes eran órdenes, y debían ser cumplidas al pie de la letra.
Un suspiro brotó desde lo más profundo de Callous.
Kazemaru no era tonto, por lo mismo, Goenji se esforzó en cubrir sus propios pasos. Asignó falsas tareas tanto a Mistrene como Eskaba. Callous fingiría estar allí como refuerzo de tortura, mientras que Bamel haría lo suyo como ayudante de inteligencia. Además de eso, Akio y Natsuhiko también participaban del juego, haciendo aún más improbables que Ichirouta se enterara de la verdad.
-No debiste haber dejado tu misión de lado por ponerte a jugar a la Dominatrix, Mistre... Un idiota hirió a Kazemaru y yo solo no pude atraparlo cuando se dio a la fuga. Si hubieses estado el cuento sería otro.
-Y ahora, en castigo, Goenji quiere que lo atrape ¿Verdad? – inquirió, apartando lo vista con fastidio.
-No, pero los planes cambiaron. El hijo de los yakuzas vio el ataque y, hasta donde Fudou me ha contado, tal parece ser que Otomura habló...
-Ve al grano de una puta vez, Eska... ¿En qué nos afecta a nosotros? - El moreno se mantuvo en silencio, ordenando las palabras y los acontecimientos.
-Hasta el momento no hay nada seguro, pero Fudou piensa que ahora que saben quien es Kazemaru, posiblemente aumenten la vigilancia alrededor de Endou. De ser así, las probabilidades de convencerlo de aliarse a la Rosa Negra son bastante escasas. Aún así, todo esto puede favorecernos más de lo esperado...
-Te dije que sin rodeos, imbécil – lo interrumpió Mistrene, con el ceño fruncido. Los modales jamás serían su fuerte
-Goenji quiere, sólo en el caso hipotético de que las cosas se den así, que capturemos a el o los guardaespaldas que pueda llegar a tener Endou. Si Kazemaru no logra convencerlo por las buenas, siempre podemos sobornarlo a unírsenos apelando a la vida de sus subordinados...
Callous sonrió con ganas. Eso sonaba mucho más divertido que su misión anterior.
-¿Y qué va a pasar con el que hirió a Kazemaru? Porque dudo que Goenji lo deje así como así
-¿Con él? – inquirió Eskaba, contemplando a su compañero con curiosidad.- Eso no es asunto nuestro, Goenji ya envió a Someoka para que se hiciera cargo
-¿Y cómo se llama el afortunado? No todos los días se ve que Goenji mande a su guardaespaldas favoritos para acabar con una basura, a menos, claro, que sea una verdadera molestia.
Eskaba sonrió con cierto grado de sarcasmo. Someoka podía ser un asesino realmente terrible si se lo proponía, tanto así que sentía lastima por aquella pobre alma que tenía por blanco.
-La verdad no estoy muy seguro, pero hasta donde he escuchado, creo que se llama Fubuki Shirou...
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Ya está, séptimo capítulo terminado. Y debo admitir que no me siento para nada satisfecha con él ù.u ...
Para serles totalmente sincera, ni siquiera yo misma sé que diantres estaba pensando cuando escribí algunas partes, pero bueno...
Y pues, luego de ser mencionado de pasada en dos capítulos, por fin Atsuishi apareció oficialmente en el fic... Aunque ciertamente, no estoy muy segura de si les gustará la faceta más oscura que quise darle al personaje, en contraste a la personalidad inocente y tierna que se le suele dar en la mayoría de los escritos...
Lo otro, es primera vez en mi vida que trabajo con Mistrene y Eskaba, así que por favor discúlpenme si quedaron demasiado fuera de carácter ; - ;
En fin...Espero esta rareza con tintes de cultura BDSM (?) haya sido de su agrado. Muchísimas gracias por darse el tiempo de leer. Dudas, sugerencias, amenazas, tomatazos y reviews bomba (?) son muy bien recibidos...
Con mucho amor, Mitaili Ciz
