Casi por las diez de la noche, Edward e Isabella regresaron a la casa. Las luces estaban totalmente prendidas y se podían escuchar los gritos desde la otra cuadra.
Ambos cuadraron los hombros y entraron tomados de la mano.
-¡Bendito sea Dios! -exclamo Renee cuando los vio.
-Hola -murmuro Bella con una sonrisa inocente.
El ambiente apestaba a tensión, y no era para menos. Marcus tenía dos teléfonos pegados a los oídos, al igual que Carmen, la laptop de Isabella estaba abierta sobre la mesa de centro, en videoconferencia con Stefan, el representante de Edward; Felix tenía el radio pegado a la boca y no había rastro de Caius ni de Vera.
-Olvídalo -dijo Felix-. Ya volvieron. Cambio.
-De acuerdo. Cambio y fuera -respondió Caius en el radio.
-¿Se puede saber donde estaban? -pregunto Stefan.
-En donde no te interesa, Stefan -mascullo Edward.
Stefan bufó dejando caer la cabeza en el teclado de su computadora.
-Vas a matarme algún día, muchacho -dijo.
-Bueno, antes de que los sigan regañando, déjenme darles un abrazo -dijo Renee acercándose a los chicos. Los metió a ambos en un abrazo cariñoso-. ¡Dios! Me tenían con el Jesús en la boca, niños. La próxima vez avisen, por favor.
-No habrá próxima vez, Renee -mascullo Marcus. Edward y Bella lo miraron con los ojos desorbitados.
-¡Vamos, Marcus! No seas dramático. Son solo un par de jóvenes enamorados disfrutando de su viernes. Además, nadie los vio, ¿verdad?
-¿En Birmingham? -pregunto Bella-. Supongo que no.
-¡Birmingham, Stefan! -grito Carmen, tecleando violentamente en su iPad.
-¡En eso estoy! -exclamo el hombre-. ¿Como se escribe Birmingham?
Isabella gruñó y se apresuro a cerrar la laptop. Todos la miraron sorprendidos.
-¿Qué? Me insulto al no saber como se escribe Birmingham -dijo inocentemente.
Edward rió y le dio un beso en la sien.
-Eres increíble -le dijo.
-Increíblemente desesperante -soltó Felix. Bella lo miro y le enseño la lengua, Felix imito el gesto haciendo que Marcus bufara.
-Bella, todos en la Universidad los vieron. No es como si hubieran sido totalmente discretos. En especial Angela.
Hasta ese momento, ni Bella ni Edward se habían percatado de la presencia de James, Tanya y Angela en la casa. Los jóvenes estaban sentados en la mesa del comedor jugando poker con la baraja que James siempre llevaba. Angela alzo la vista al escuchar su nombre.
-¿Que yo que?
Tanya rió.
-Sip, definitivamente no eres la bombilla más brillante del grupo, amiga -le dijo.
-¿Y ustedes que hacen aquí? -les pregunto Bella soltando la mano de Edward.
-Tu amable representante prácticamente nos secuestro.
-Tanya... -la regaño James.
-Bueno, bueno. Nos trajeron para sacarnos información.
-O más bien para asegurarse que no abrieran la boca -aventuro Bella cruzándose de brazos. Llevo una de sus manos hecha puño a su boca y fingio toser-. James... -escupió. Le sonrió irónicamente a su ex novio y regreso con Edward.
-Me ofendes, Bella -renegó el chico poniéndose de pie.
-¡Ay, por favor! -exclamo Edward-. ¿Quien si no tu pudo haber divulgado ese rompimiento tan dramático que tuvieron?
-Por si no lo recuerdas, Cullen, ese "rompimiento tan dramático" fue en la cafetería, en pleno desayuno, frente a no se cuantas personas. Cualquiera pudo hablar de más.
-Bueno, en eso tenemos que darle la razón -intervino Charlie, poniéndose en medio de los dos para evitar otra pelea-, el momento y el lugar no fueron los indicados, Isabella.
-Papá, ya hablamos de esto.
-¿Que va a pasar ahora? -pregunto Renee para cambiar de tema-. ¿Los vas a esconder aun más, Marcus, o que?
-No se que planeen hacer Carmen y Stefan, pero si fueran mis representados ya Edward estuviera en un vuelo directo y sin escalas a Los Ángeles e Isabella inscrita en un convento hasta que pase la prueba de los novatos de Hollywood.
-Eso no es mala idea -dijo Carmen con tono mordaz.
-¿¡Disculpa!? -exclamo Isabella.
-Compórtense y podrán viajar juntos a Los Ángeles -concedió Marcus.
-Si me permiten mi opinión, no creo que eso sea lo más indicado -dijo Felix dando un paso hacia adelante. Bella y Edward lo miraron con los ojos entrecerrados-. La prensa va a estar sobre ellos hasta que o confirmen o se cansen de desmentir y aun entonces dudo que los dejen en paz. Que lleguen juntos a Los Ángeles solo los animara y los seguirán paso a paso.
-Eso es cierto -dijo Tanya. Bella la miro enojada, la rubia volvió a sentarse en la silla negra del comedor.
-Ya vendrá después el asunto del viaje -concluyo Renee agitando una mano en dirección a Carmen-. Es tarde y los jovencitos decentes ya deben de estar en sus casas a estas horas...
James, Tanya y Angela se levantaron de las sillas, se despidieron de todos y salieron de la casa acompañados por Felix quien los llevaría de vuelta a sus propias casas.
-Tengo que regresar a Los Ángeles -dijo Marcus-. Aro esta teniendo problemas con los permisos para la sesión de fotos promocional y me necesitan allá, tratare de volver pronto. Edward, por lo que más quieras, quédate en Londres hasta que Isabella vuelva de la Universidad, por favor.
-Vete a hacerla de superheroe, O'Donnell -mascullo Edward. Marcus sonrió, se despidió de todos y salio de la casa.
-Nos vemos el lunes, chicos -se despidio Carmen antes de salir detras de Marcus.
Charlie miro severamente a Edward y Bella cuando la puerta se cerro, los chicos rápidamente se sentaron en el sillón, claramente intimidados por la dura mirada del patriarca.
-Charlie, antes que nada quiero pedirle una disculpa por llevarme a Isabella de esa manera, yo...
-Edward -lo interrumpió Charlie-, no te disculpes por nada. Ambos son jóvenes y tienen todo el derecho de divertirse.
-¿Entonces no estas enojado? -le pregunto Bella con una sonrisa.
-Por la escapada no -concedió haciendo sonreír a los muchachos-, pero por las circunstancias si -las sonrisas de Edward y Bella decayeron-. Chicos, tienen que entender que no son unos jóvenes normales, sus nombres están en todo el mundo ahora; Isabella, estas en la cuerda floja, ¿cuantas veces te lo tiene que decir Marcus para que lo entiendas? La serie esta tan relacionada a ti que cualquier escándalo en tu nombre la puede poner en peligro. Ni siquiera el hecho de que Rosalie y Emmett estén en ella va a poder ayudar, tu eres la única que la convertirá en un éxito. Hija, es tu mente la que esta ahí. No creas que vas a estar en las sombras por ser la escritora, si fuera así, ¿piensas que la televisora estaría gastando tanto para lanzarte? Tu eres la imagen, y solo tu la puedes dañar.
Bella suspiro.
-Tienes razón, papá -concedió la chica.
-Muchachos, Marcus y sus representantes no están haciendo todo esto para molestarlos, al contrario, los están cuidando, y ustedes les están faltando al respeto por desobedecerlos así. Esta bien que quieran pasar tiempo juntos, en este breve anonimato, aprovechar antes de que en Los Ángeles tengan que fingir que no se conocen. Háganlo aquí, ni Renee ni yo se los prohibiremos, pero allá afuera tú -señalo a Edward-, estas en Londres con una mujer misteriosa. Y tú -señalo a su hija-, lidias con tu rompimiento. Ya llegara el momento en el que puedan salir tomados de la mano y pasar tiempo juntos, ahora no es ese momento.
Ambos asintieron.
-Vayan a dormir -les dijo Renee-. Tenemos muchas cosas planeadas para mañana.
Los muchachos asintieron y fueron a sus habitaciones.
Renee miro a Charlie con una ceja alzada, el le regreso la mirada con inocencia.
-¿Qué?
-Creo que fuiste un poco duro con ellos.
-¿Me vas a decir que debemos dejarlos hacer lo que quieran y arruinar sus carreras?
-No, Charlie. Solo creo que debiste estar un poco más tranquilo. Recuerda que pasamos por lo mismo con mi padre.
-Pero nosotros no teníamos la mirada del mundo encima.
-Son jóvenes y lo único que quieren es disfrutar. Nuestra niña apenas cumplirá los diecinueve y te aseguro que Edward no llega a los veinticinco...
-Por algo les están prohibiendo las cosas, Renee. Yo no quiero saber que pasaría si siguen así.
-¿Sabes? He estado pensando en lo que dijo James y creo que tiene razón. ¿Que sentido tiene esconderlos ahora cuando los van a esconder también si es que sucede algo más entre ellos? Están perdiendo su tiempo.
-¿Que sugieres entonces?
-Por experiencia sabemos que conforme más les prohibamos salir juntos, más lo harán. Si les soltamos la rienda un poco, quizá se controlen.
-¿Psicología inversa?
-No se lo que sea, pero puede que funcione.
-Puede ser. Los arriesgamos a que los vean.
-Con todo lo que hacen cuando están separados, que los vean juntos no será un problema. Gracias a Cristo que nadie más se entero de lo que hizo tu hija en la cafetería.
-Es una Swan -dijo él con orgullo.
-No es algo para estar orgulloso, Charlie. ¿Te imaginas lo que hubiera pasado si Marcus no se hubiera enterado?
-Lo sé. Mi pobre niña...
Esa noche, Renee convenció a Marcus de soltar las riendas, él acepto aunque a regañadientes, al igual que Carmen, Stefan dijo que lo iba a pensar pero que esperaba que los padres de Isabella tuvieran razón. Y así, Edward y Bella tuvieron la oportunidad de salir juntos.
Al día siguiente, después de desayunar, los Swan y Edward fueron al supermercado más cercano. Los dos jóvenes no pudieron ocultar su confusión, apenas la noche anterior los estaban regañando por su escapada romántica a Birmingham, y ahora no decían nada cuando los veían en actitud cariñosa frente a todos los compradores en el supermercado.
-Chicos, ¿por que no nos ayudan? Así terminaremos rápido -pidió Renee. Los jóvenes aceptaron de inmediato, Bella tomo la lista de compras y fueron a la puerta del supermercado por un carrito de compras.
-¡Uhh! ¡Helado! -exclamó la chica caminando a un lado de Edward quien llevaba el carro por el supermercado. El chico rio-. ¿Pastelillos? ¿Tiramisu?
-¿Nos mandaron por el postre?
-Nos mandaron por el postre. Esto es raro, una lista completa de dulces.
-¿Por que es raro?
-Por que nunca me dan tanta azucar -respondió ella. Esbozo una sonrisa enorme haciendo reír de nueva cuenta a Edward. Bella cruzo su brazo con el de Edward y se tomaron de las manos, ambos llevaban el carro hacia la zona de postres.
Hubo un momento, durante su breve estancia en Birmingham, que sin saberlo, de alguna manera se convirtieron en novios frente al mundo exterior, quizá era de manera inconsciente, pero se tomaban de las manos, se abrazaban, incluso se besaban. Cualquiera que los viera pensaría que eran una pareja ya consolidada, pero no... Aun.
Llegaron a los refrigeradores donde recogieron tres botes de helado y dos cajas de tiramisu. Edward rió al ver como la chica colocaba los postres en el carrito.
-Ya vi por que no te dan azúcar.
-¡Oye! Tengo que aprovechar. Mis papás nunca están tan condescendientes conmigo.
-¿Por que sera?
Bella rió y se acerco coqueta a él.
-Cállate y mejor besame.
Edward sonrió. La tomo de la cintura y la pego mas a él. Sus alientos se mezclaron en esa casi inexistente distancia que había entre ellos, sin mirar a sus costados para asegurarse que no había nadie cerca juntaron sus labios en un suave y lento beso; Bella llevo sus pequeñas manos a la espalda de Edward y ajusto sus curvas al cuerpo de él como si fueran las piezas de un puzzle.
Sin embargo, fueron cruelmente interrumpidos cuando un coche choco contra el suyo golpeando a Edward en la cintura. Edward salto separándose de Bella, ella frunció el ceño y ambos miraron hacia la dirección del golpe.
James y su madre los miraban con los ojos abiertos de par, pero la mujer rubia recompuso su expresión convirtiéndola en una más irónica y suspicaz.
-Mira a quien nos encontramos aquí -dijo la mujer con un tono que destilaba veneno.
Bella rodó los ojos.
-Buenas tardes, Mathilde. James.
-Hola, Bella -respondió el muchacho rubio con la voz tensa e ignorando deliberadamente a Edward. Él supo que era solo para provocarlo así que ni siquiera lo miro, ni reacciono, hizo como que no había visto nada aunque por dentro estuviera muriéndose de risa por lo troglodita que estaba resultando ser el ex-principe azul de Isabella. James suspiro mirando de reojo al actor-. Ire por lo que falta, madre.
-Te alcanzo en un minuto. Quisiera hablar con... Isabella.
-De acuerdo -dijo el muchacho. Miro una ultima vez a Edward y paso por su lado para ir a los siguientes pasillos.
-A solas -mascullo la mujer mirando despectivamente a Edward. El chico rió y afianzo más su agarre en la cintura de Bella. Ella sonrió.
-Lo que tenga que decirme puede hacerlo frente a Edward. Además, es imposible estar a solas en un supermercado, señora -le dijo, haciendo un énfasis burlón en la ultima palabra.
-Pues debiste de pensar en eso antes de hacer todo este... Espectaculo.
-Ese es mi problema, no de usted. No le afecta, ni a su hijo así que no se meta en donde no la llaman.
-Pues lo creas o no, muchachita, a mi hijo le afecta bastante. Tiene sus sentimientos.
-Mire usted, que interesante que diga eso. ¿Su hijo habrá pensado en los míos cuando me llamo zorra frente a todos en la Universidad y en Estados Unidos? ¿Cuando desmereció el trabajo de mi vida? ¿Y usted y su marido pensaron en mis sentimientos cuando no me aceptaban como la novia de su hijo? Por favor, no venga a hablarme de como tener consideración con el corazón de James si no sabe predicar con el ejemplo.
Mathilde la miro destilando rabia por los ojos, con muchas palabras e insultos en la punta de la lengua para dedicárselos a esa chica insolente, pero no pudo hacerlo por que a lo lejos escucho la voz de Renee.
-¡Oh, ahí están! -exclamó al ver a su hija y a Edward frente a los refrigeradores-. Los hemos buscado por todos lados, ¿ya terminaron? -les pregunto. En ese momento, reparo en la mujer que enfrentaba a su pequeñita con la mirada-. ¡Mathilde, que milagro! -dijo interponiéndose entre las dos-. Escuche que este fin de semana visitarían la universidad de James en Francia.
-La reunión fue pospuesta -respondió tensa la mujer.
Bella rió irónica. Edward le puso una mano sobre la boca silenciandola.
-¡Que pena! -lamento Renee con un timbre falso en su voz-. El chico estaba tan emocionado. Ayer no dejaba de hablar sobre eso. ¿Te contó que estuvo anoche en casa? Ya sabes, tuvimos que asegurarnos que tanto él como las chicas no hablaran de más sobre la escapada de este par.
-Cállate -murmuro Edward en el oído de Bella cuando la sintió reír sobre su enorme mano. Bella rodó los ojos-. Si me prometes que no dirás nada, quitare mi mano -le dijo. La chica asintió mirándolo con ojos brillantes. Edward le sonrió encantado y retiro su mano dejando su brazo sobre los hombros de ella, Bella le tomo la mano.
-James nunca diría nada -resoplo Mathilde.
Renee se encogió de hombros.
-Igual fue precaución de sus representantes. No quisieron arriesgarse a que dijeran algo aunque sea indirectamente. Lo que me recuerda... Niños, hay que movernos. Tenemos que hablar con Marcus sobre los viajes.
-¿Qué? -le pregunto Bella confundida. Renee le hizo una seña con los ojos sin que Mathilde la viera, Edward le dio un apretón en la mano-. ¡Ah, claro! La llamada a Marcus...
Edward rió dándole un beso tímido a Bella en la sien. Mathilde vio ese intercambio con los ojos entrecerrados, gesto que Renee miro en vivo y a todo color.
-Chicos, ¿por que no se adelantan y terminan su lista? Yo buscare a Charlie y nos vemos en las cajas.
-De acuerdo -respondió Bella soltando a Edward, el tomo el carro y lo giro dirigiéndolo hacia el otro lado. Renee espero que los muchachos se alejaran para enfrentarse a Mathilde.
-Te lo diré una sola vez, Mathilde. Deja a mi hija y a su amigo en paz. Tu y tu marido nunca la aceptaron, no vengan a darse baños de moralidad cuando la despreciaron tanto.
-¿De que hablas, Renee?
-Ustedes y mi hija creían que no me daba cuenta, pero no podía ser más obvio el odio infundado que le tienen, no se como James no lo supo. Era increíble lo mucho que se esforzaban en desplazarla y lo inocentes que parecían ser frente a James. Agradezco al cielo que ya no tiene que lidiar más con ustedes -soltó. Se dio media vuelta y siguió el mismo camino de su hija y Edward dejando a Mathilde rabiosa y con mil respuestas inteligentes en la punta de la lengua.
Edward y Bella se toparon con James un par de veces más mientras recorrían el supermercado recolectando todos los víveres de la lista, llego al punto que pensaron muy seriamente que el rubio los estaba siguiendo, pero no se encararon a él, no querían perder el tiempo.
Ya esperaban a Charlie y Renee en las cajas. Bella hablaba con Tanya sobre sus planes de ir a Londres a una pista de hielo, o al boliche.
-No hay pistas de hielo en Londres hasta noviembre, Tanya.
-Bueno, al boliche. ¡Anda, Belly! No hemos ido a Londres desde hace mil años, necesitamos empaparnos de urbanidad unas horas.
Bella rió.
-No se si pueda, Tanya. Recuerda lo que paso ayer.
-¡No paso nada! Te llamo en quince minutos y más te vale que me digas que si -soltó la rubia y colgó sin darle permiso a Bella de responder.
-¿Tienes ganas de ir al boliche conmigo y las chicas? ¿A Londres?
-¿Londres?
-Ya se. Están locas.
-Nos escapamos ayer, nena.
-Si. Pero una cosa es Birmingham y otra muy diferente es Londres. Marcus definitivamente nos mataría -dijo. Edward asintió, estando de acuerdo con ella. No pudo decirle nada por que en ese momento se acercaban Charlie y Renee.
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Estaba siendo un día muy extraño para Edward y Bella. No solo les permitieron ir a Londres sin tener que disfrazarse, si no que también Marcus ofreció llevarlos a donde quisieran; Bella rechazo esa oferta diciendo que ya llamarían lo suficiente la atención sin chófer. Así que en punto de las cuatro de la tarde, Tanya y los otros tres autos se detuvieron frente a la casa de los Swan, la rubia toco el claxon llamando a Edward e Isabella.
-¡Vamos, tortolitos! ¡Son dos horas de camino a Londres! -los llamo Angela. Bella abrió la puerta rodando los ojos, lista para reclamar, pero se quedo callada cuando vio la enorme caravana de autos.
-¿¡Que demonios!?
Angela y Tanya miraron hacia atrás y torcieron el gesto.
-James -articulo Tanya.
-¿Que paso? -le pregunto Edward colocándose a su lado.
-Algo quiere James contigo, y no precisamente una amistad.
Edward rió.
-Es a ti a quien quiere molestar, nena, no a mi. ¿Esa no es la chica que me dijiste? ¿La que estuvo con él el día de la pelea?
Bella entrecerró los ojos mirando hacia el auto que manejaba James. En efecto, Victoria estaba en el asiento del copiloto con un brazo alrededor de los hombros de James. Bella rodó los ojos.
-Vamonos -le dijo ella caminando hacia los abrigos-. ¡Mamá, papá! ¡Ya nos vamos! -grito. Ninguno de los dos respondió, los muchachos salieron de la casa y caminaron al auto verde brillante de Tanya, se subieron en los asientos traseros y se pusieron los cinturones-. ¿Que rayos hacen ellos aquí?
-Bueno, te diremos la verdad: Mientras ustedes estaban de Romeo y Julieta en Birmingham, James y nosotras planeábamos una salida a Londres, pero cuando ya estábamos dando por hecho los planes ustedes llegaron y ya no los concretamos, hoy estuvimos platicando y nos acordamos de eso así que te llamamos y hace como media hora James nos dijo que pasaban por nosotras para ir a Londres.
Bella y Edward se miraron.
-Chicas, vimos a James en el super. Cuando tu me llamaste, estábamos ahí y creemos que nos estaba siguiendo.
-Entonces por eso nos llamo... -aventuro Angela. Edward asintió-. Pobre Victoria -murmuro la morena entendiendo las verdaderas intenciones de James. Bella jadeo.
-Bueno, hay que hacerle entender que ya no tiene oportunidad -dijo Edward.
-Que interesante que lo digas tu -ironizo Isabella.
-Hey, tengo que hacer mi lucha.
-¿Cual lucha? Si nada más falta que te avientes formalmente -dijo Tanya.
-Tu y tu bocota -la regaño Bella.
Dos horas después estaban llegando a uno de los muchos boliches de Londres, todos los autos se estacionaron uno tras otro, todos los jóvenes bajaron y entraron al establecimiento. Eran un enorme grupo de once universitarios, presidido por Edward y Bella quienes, por supuesto, llamaron la atención lo suficiente como para que la actividad en el boliche se detuviera.
-Ups -murmuro Tanya.
-Te dije -mascullo Bella.
-Bueno, vamos a jugar -dijo Angela. Todos fueron a recoger los zapatos y las bolas. Fueron a las mesas mientras se ponían de acuerdo en los equipos, al final quedaron en un chicos contra chicas y Bella disfruto de la cara de desagrado que puso James cuando Edward se encargo de meter todos los nombres en la computadora.
-¿Que van a tomar? -pregunto una chica rubia con uniforme del boliche.
-¿Pueden...? -pregunto Edward.
Bella lo miro con los entrecerrados.
-¿Cuantos años crees que tenemos?
-Cervezas para todos -dijo Edward. La chica rubia asintió.
-Enseguida las traigo.
-¿Comenzamos? -pregunto Edward.
Nadie pudo responder pues en ese momento se acercaron dos chicas adolescentes, con el rostro sonrojado y ojos brillantes. Tanya le dio un codazo socarrón a Isabella cuando Edward acepto a tomarse una foto con las dos niñas, Bella le sonrió a su amiga, una sonrisa enorme, hermosa, que nunca le habían visto.
-Es tu novio, amiga -le dijo Angela.
-Todavía no -canto Bella. Sus amigas rieron.
-Solo tienen que hacerlo oficial, pero ya lo son, acéptalo.
-Ay, las odio -mascullo, pero su sonrisa la traicionaba. Angela y Tanya rieron y la abrazaron.
-Nosotras también te queremos -le dijo Tanya.
Las chicas se fueron corriendo después de agradecerle a Edward la foto, el miro a Bella quien no le quitaba los ojos de encima. Bella aparto la mirada sonriendo con timidez y mordiéndose el labio inferior.
-Juguemos -dijo Alec, rompiendo el silencio por la incomodidad que causo en el grupo ese breve intercambio entre Edward y Bella. La camarera regreso y dejo las cervezas sobre la mesa.
-¡Oficialmente comenzó la fiesta! -grito Tanya.
-¡Oh, por Dios! -exclamaron Bella y Angela entre risas.
Todos rieron a la reacción de las chicas, y con esa simple acción el grupo se compenetro. Por unas horas no hubo resentimiento, ni celos y mucho menos intrigas y malas miradas; Edward y James pactaron una tregua, al igual que Bella y Victoria.
Sin embargo, James no podía mirar cuando Edward y Bella se besaban; el chico podía bromear con Edward y reír con Bella, pero no soportaba verlos juntos. No aun.
A mitad del juego, las cervezas ya no fueron suficientes así que Bella se ofrecio para ir por unas papas fritas, James la acompaño a la cafetería en completo silencio.
-Cuatro ordenes de papas -pidió Bella. La chica que estaba atendiendo asintió con una sonrisa y comenzó a prepararlas.
-¿Te puedo preguntar algo? -inquirió James mirando a su ex novia.
-Si quieres... -respondió ella sin regresarle la mirada.
James suspiro.
-¿Que va a hacer tu representante con todo esto?
-¿De que hablas?
-Tu y yo terminamos el lunes y tu ya estas con Edward...
Bella lo callo con un gesto y miro a la mesera que estaba más atenta a ellos de lo que debería.
-¿Podemos hablar de esto después? -pidió Bella con los dientes apretados.
-Bella...
-James, por favor, esos asuntos no se pueden hablar en publico.
-De esto era de lo que hablaba cuando te dije que te iban a cambiar. ¿Ahora ya no vas a poder platicar libremente?
-Sus ordenes -dijo la mesera dejando cuatro charolas rojas sobre la barra.
-Gracias -dijo Bella con voz tensa. Tomo dos charolas mientras James lo hacia con las otras dos y caminaban de regreso a las mesas; Edward y Angela estaban tirando cuando ellos llegaron, la morena tiro dos pinos mientras Edward hacia una chuza perfecta. El equipo de los chicos festejo esa pequeña victoria mientras Angela regresaba a la mesa encogiéndose de hombros.
Edward frunció el ceño cuando vio como Bella azotaba las charolas sobre la mesa de las chicas, se acerco a ella y la abrazo por la cintura.
-¿Qué pasa? -le pregunto al oído. Bella negó.
-Nada -dijo ella girándose con una pequeña sonrisa.
-¿Quieres irte?
Bella torció el gesto.
-No. Estoy un poco cansada, eso es todo. Ha sido una... Singular semana.
Edward rió.
-Vaya que lo ha sido -dijo él-. ¿Segura que no quieres irte aun?
-¿Tu quieres irte? ¿No te la estas pasando bien con estos locos británicos?
-Están más locos de lo que pensaba, pero nada para escandalizarse. Y practico mi acento, además.
Bella rio, pero decayó un poco al recordar las preguntas de James. Jalo a Edward hacia un rincón.
-James esta de preguntón -dijo. Edward suspiro.
-Me lo esperaba. ¿Que te pregunto?
-Lo que haría Carmen con todo lo que esta pasando.
Edward la tomo de la cintura y pego su frente a la de ella. Bella le sonrió y enredo sus brazos detrás del cuello de él.
-No tengo permitido decirte esto pero lo voy a hacer por que mereces saberlo: Terminaron el día de la discusión en las audiciones, no frente a todos nosotros, si no en el hotel. Por eso fuiste conmigo a Londres, por eso ya no viajo él contigo...
-Pero todos vieron que regresamos juntos.
-No de la misma manera en la que llegaron.
-¡Oh! -murmuro ella-. ¿Desde cuando esta el rumor?
Edward rió.
-Desde ese mismo día, por que se quedo afuera de la sala y ya no fue a la televisora.
-¡Carmen es una bruja!
-Si, lo es. No tienes que preocuparte por nada, ella solucionara todo y seras la más querida novata de Hollywood.
Bella esbozo una pequeña sonrisa mirando hacia sus pies.
-Tengo miedo de cambiar -confeso en un murmullo. Edward tomo su barbilla y subió su cabeza lentamente.
-No lo harás, te lo juro. Yo mismo me encargare de que sigas siendo esta adorable jovencita que me tiene loco.
Bella lo abrazo y le dio un beso en la mejilla.
-Gracias -murmuro en su oído. Edward sonrió al escuchar su suave voz y la apretó aun más a su pecho.
-Lo que sea por ti, nena.
Los muchachos que los acompañaron miraron ese intercambio con reacciones distintas, pero todos estaban de acuerdo en algo: Eran la pareja más adorable que habían visto. Incluso James comenzaba a entender que la había perdido para siempre, aunque eso no quisiera decir que se iba a dejar vencer. No, señor.
Por que ustedes lo pidieron... Que tengan bonito fin de semana y gracias por la paciencia.
Annie. xx.
