Otro cap… y ya es momento de que Eline desarrolle sentimientos por alguien… ¿Quién será?
Ocultándose entre las sombras de la noches, Grell y los niños caminaron a casa de Eline intentando no llamar la atención de las multitudes que se habían formado repentinamente de sorpresa en medio de la noche.
-Rápido, nadie debe vernos o nos harán muchas preguntas- les apuro el pelirrojo.
-¿Por qué la gente ha salido de sus casas, tíito?- pregunto Timo.
-Por un gran problema, pequeño- respondio Grell.
-¿Y por qué algunas señoras salen de sus casas llorando?- preguntaba Aisha.
-Por esos seres feos- contesto esta vez, el niño que iba con ellos.
-¿Esos seres que... lastimaron a tu hermanita?- pregunto Pitt.
-Sí- sollozó el niño, abrazando al bebé que tenía en brazos- yo tenía que cuidarlos, como se lo prometí a mi mamá antes de que falleciera.
-No llores. Lo estas haciendo muy bien- le consoló Aisha- te llevaremos con nuestra mamá y los cuidará bien.
-Tenemos que llegar a casa pronto- dijo Grell- debo regresar pronto a la oficina, de seguro Will nos tendrá mucho trabajo que hacer. No puedo creerlo, lilims sueltos por estos lugares, es imposible.
-¿Lilims?- pregunto el niño nuevo.
-Son esos monstruos que intentaron hacerte daño- explico el shinigami.
-¿Mamá ya habrá regresado?- pregunto Pitt.
-No lo sé. Pero esperemos que ya esté en casa- contesto Grell.
Doblaron una esquina para esconderse y llegar a casa sin encontrarse con nadie.
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-Por favor que mi senpai no nos vea… que no nos vea- suplico Ronald mentalmente, ayudando a Eline a entrar a la casa.
-Ohhhhh… Ronnieee ¿Por qué nos fuimos de la fiesta?- pregunto Eline, aún ebria.
-Porqueee… una linda señorita no debe estar hasta tan tarde fuera de su casa- dijo Ronald.
-Ahhh… que aburrido, una señorita debe divertirse lo que quiera.
-Pero tu casa es diferente, eres una madre y cuidas de muchos niños.
-Sí… muchos niños… maravillosos… niños.
-Muy lindos niños.
-¡Pero estaré solterona para siempre, buaaa!- sollozo Eline.
-Ah… no dije eso, tú te casaras y… y… ¡Vivirás feliz en una casota, de verdad!- intento convencerla Ronald.
-¿Te casarás conmigo entonces?- pregunto Eline.
-¡No dije eso!- corrigió Ronald.
-¡¿Entonces por qué me ilusionaaas?!
-¡¿Cuándo hice yo eso?!
-¡Eres malo, Ronnieee!
-¡Ya no lloreees!
La discusión era tan ridícula que ambos terminaron riéndose. Ronald ayudo a la joven a ir a su dormitorio para intentar recostarla en su cama y luego taparla con la manta. Obviamente, no le cambiaría la ropa, él no se atrevería a desvestirla. Esperaba que al día siguiente, la borrachera se le pasara.
-Ronnie… ¿Por qué quieres echarme en mi cama?- pregunto Eline.
-Tienes que descansar, primita- dijo Ronald.
-¿No será que intentas… hacer conmigo las cosas que me cuentas… que tú le haces a tu novia?
-Claro que no. No podría hacer contigo eso.
"-No puedo creer que recuerde la historia de mi cita con Ginger- pensó Ronald".
-Dime que me… falta… para ser tan linda como tu novia- pidió Eline, con una sonrisa algo tonta.
-¿Ah… quieres la verdad?- pregunto Ronald- Ya que estas... así, puedo ser sincero.
-Dimeeeeeee- pidió Eline, abrazándose de su cuello.
-Sí eres muy linda, agradable e inteligente… pero a diferencia de ella… te falta algo de tamaño en tus duraznitos y... todo el cuerpo. Ginger es sexy, pero tú eres.. adorable y una encantadora chica- dijo Ronald- pero no te ofendas, solo soy sincero.
-Algún día crecerán… ojalaaaa- suspiro Eline.
-Algún día… quizás unos centímetros- pensó Ronald.
Intento separar los brazos de la chica que rodeaban su cuello, pero ella se aferraba tan fuerte como un mono que lo único que logró fue hacer caer a ambos sobre la cama.
Para empeorar la situación, la falda del vestido de Eline se levanto, mostrando sus piernas.
-Ronald… ¿Qué intentas?- pregunto ella, más sonrojada.
-Pero no fue mi culpa, tú no me soltaste- se justificó Ronald.
-Pesas mucho, quítate de encima- se quejó Eline.
-Perdón, perdón- se disculpo Ronald, intentando liberarse todavía de su agarre.
Y entonces…
-¡RONAAAALD KNOOOOOOOOOX! ¡¿QUÉ DIABLOS CREES QUE HACES, MALDITO APROVECHADOR?!
Grell estaba de pie en la puerta de la habitación, con una expresión aterradora en su rostro.
Los niños estaban detrás de él, observando.
-¡Senpai!- grito Ronald, por fin liberándose del agarre.
-¡Tíoooo!- exclamo Eline, alegremente.
-¡¿Elinee?!- exclamo Grell, con sorpresa.
-¿Mamá?- preguntaron los niños.
-¡Petalitos!- sonrió Eline, extendiendo los brazos.
-Miau- maulló el gato Reddish, asomándose a la habitación.
-Se… senpai, no es lo que cree. Mi primita solo… se mareo un poco- intento justificarse, Ronald.
-No hay nada que explicar… todo esta claro- susurro Grell.
-¿Ah… sí?- pregunto Ronald, nervioso.
-Ah… sí… ¡INTENTABAS PASARTE DE LISTO CON MI LINDA SOBRINA, LIBIDINOSO PELITEÑIDO!- grito Grell, totalmente enojado.
-¡Es un malentendido!- exclamo Ronald.
-¡Voy a darte una segunda muerteee!- exclamo Grell, encendiendo su motosierra.
-¡Ahhhhhh… no por favor, senpaiiiii!- suplico Ronald.
Corrió lo mas rápido que pudo, evadiendo a Grell, antes de que lo cortara en pedacitos. Como pudo, tomo su segadora y salto por la ventana para escapar.
-Condenado chiquillo. En la oficina ya verá- gruño Grell, apretando sus afilosos dientes.
-¿Tío Grell, mamá esta bien?- pregunto Pitt, observando a Eline echada en su cama.
-Esta bien, solo algo mareada- suspiró Grell- pero mejor ustedes vayan a la cama, niños. Ah, y alguno comparta cama con… ¿Cómo te llamas?
-Michael Parker- contesto el niño nuevo- pero mi hermanito aun no tiene, mi mamá no pudo ponerle. Papá y ella se fueron al cielo juntos.
-Bien, mi camelia se encargara de nombrarlo cuando despierte. Ahora vayan todos a dormir- ordeno Grell.
-¿Podemos llamarte Micky?- pregunto Aisha- Suena bonito.
-Ah… claro- contesto Michael.
Cuando los niños se dirigieron a su habitación, Grell , con mucho esfuerzo, ayudo a Eline a cambiarse el vestido por su camisón para poder dormir cómoda.
(N/A: Ya que Grell fue mayordomo de Madame Red, no creo que tenga problemas en ayudar a una mujer a cambiarse)
-Tío… -susurró Eline.
-¿Sí? Dime, cielo- respondio Grell.
-Perdón porque me veas así- suspiro Eline.
-No te apenes. Es tu primera fiesta, no estabas tan acostumbrada- la consoló Grell.
-No seas malo con Ronnie, no tuvo la culpa.
-Bueno, pero aún así tengo que desconfiar de él… tiene un largo historial con las chicas.
El shinigami la arropó con cuidado, procurando que ningún lugar de su cuerpo quedara expuesto al frío de la noche. Levanto al gato que estaba observándolos y lo colocó al lado de la chica. Reddish se acurrucó junto su dueña y ronroneo tranquilo.
-Fuiste un buen regalo para ella- dijo Grell, acariciando su cabecita.
Apago la vela que alumbraba y salió de puntillas de la habitación.
-Tío…- lo llamo Eline, cuando él estaba a punto de cerrar la puerta.
-Dime camelita- contesto Grell.
-Te quiero- susurro la chica.
-Yo también te quiero- sonrió Grell, cerrando la puerta.
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A la mañana siguiente, Ciel se despertó cuando los rayos del sol de su ventana cayeron sobre su rostro somnoliento. Sebastian le había llevado el té matutino y el periódico.
También había una carta junto al juego de té.
-¿De parte de quién es?- pregunto Ciel, observándola.
-Un mensajero de Scotland Yard la trajo desde temprano. Dijo que es urgente- respondio Sebastian.
-¿Será que Scotland Yard no puede con algún pequeño problema?- gruño Ciel, tomándola y abriendo el sobre.
La desdobló y leyó el contenido:
"Estimado conde Phantomhive.-
Lamento informarle de esta forma tan repentina que sucedió una desconcertante tragedia en Londres. Es comprensible que esta noticia aún no llego a su conocimiento, después de todo, ocurrió a altas horas de la noche, horario en el que una persona de su edad se encuentra sumida en un profundo sueño.
No tenemos suficientes datos sobre este monstruoso crimen, solo testimonios vagos de desdichadas madres que sufren el peor dolor de todos: perder a sus hijos recién nacidos.
El motivo por el que le mandé esta misiva, es porque usted y yo sabemos que su majestad, la reina; quién ya sabe lo que ocurrió, solo elegirá a su Perro Guardián para resolver este nuevo misterio.
Por mucho que Scotland Yard no este de acuerdo con sus métodos ni como pone fin a sus casos designados, me doi cuenta de que no tenemos un solo recurso para encargarnos de un crimen de este calibre. Pero usted si podrá, después de todo su familia se ha encargado de ellos tiempo atrás.
Sinceramente, le deseo mucha suerte.
Oficial Edwart Abberline".
Ciel dejó caer la carta. No podía creerlo. No había pasado ni una semana y había ocurrido un nuevo crimen, y por lo que decía la carta, mucho peor que el anterior.
Sin embargo estaba desconcertado ¿Por qué el oficial Abberline opinaba que, solo él, se ocupara del caso? Sea difícil o no, lord Randall nunca estaría de acuerdo con eso. Después de todo, no le gustaba que Ciel resolviera crímenes, de los que solo Scotland Yard debería encargarse.
Sin embargo, era obvio que la reina se lo designaría.
Y esta vez, daría todo de si para no archivarlo como "No resuelto".
-Hay que apresurarnos, Sebastian- ordeno el joven conde- debemos saber que paso anoche en Londres.
-¿Aún sin el permiso oficial de su majestad para que usted resuelva el caso?- pregunto Sebastian.
-Sé muy bien que lo dejará en mis manos- dijo Ciel.
En ese momento, tocaron la puerta de la habitación. Sebastian fue a abrirla y allí estaba Mei-Rin con una carta que tenía el sello de la reina.
-Llego justo ahora- dijo Mei-Rin - el joven amo tiene una nueva orden.
-Gracias Mei-Rin – respondio Sebastian, recibiendo la carta y despidiendo a la criada.
Entrego el sobre al joven conde, quien lo abrió y leyó su contenido:
"Mi querido niño.-
Una aciaga nube portadora de dolor ha cubierto todo Londres.
Inocentes almitas, que aún les quedaba mucho porqué vivir, han sido cruelmente arrancadas y aquello ha sembrado en sus familias un desgarrador dolor en sus corazones.
Esto me recuerda a aquel desafortunado caso de los niños secuestrados, en el cual no pudiste apresar al culpable y rescatar a esas inocentes víctimas. Te otorgo la responsabilidad de este misterio, tienes la oportunidad de al menos impedir que más bebés sean lastimados.
Por favor, esta vez da todo lo que puedas para resolver o al menos terminar este horrible suceso. Esos pequeños eran el futuro de esta sociedad y los que esperamos que vengan en el futuro, deben estar a salvo de todo mal.
Con todas mis bendiciones.
Reina Victoria".
Ciel termino de leer la misiva y miro a su mayordomo que esperaba nuevas órdenes.
-Te lo dije- contesto Ciel.
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Grell se quejaba.
No había podido darle su anhelada paliza a Ronald por lo que paso la noche anterior, pero al menos le había reclamado en voz alta, y así todos se habían enterado.
-De modo que ¿Ahora te gustan las niñitas, eh?- río Ginger- No te creía como ese tipo de hombres, Ronnie.
-Preciosa, nada pasó. Primero ¿Qué voy a ganar ligando con una chica de apenas 20 años? Nada. Segundo, ella es la protegida de mi senpai, me mataría si intento acercarme con intenciones no amistosas. Tercero, tú sabes muy bien quién es la única mujer que amo- le aclaro Ronald, sonriéndole al final.
-Y tú también sabes muy bien a quién adoro con todo mi corazón- le sonrió Ginger- pero aún así desconfió de ti, no me busques esta noche Knox. Sé de tus historial con las mujeres y no me agradaría que mi chico regrese a las andadas de casanova.
-Pero… Gingi- insistió Ronald.
-Dije que no- dejo en claro Ginger.
La hermosa shinigami dio media vuelta y se alejo con su andar provocativo.
-Pero no hice nada- dijo Ronald, por lo bajo.
-Ay Ronald, en serio no tienes remedio- comento Dorothea, acercándose- pero con la niña de Sutcliff, eso ya es demasiado.
-¡Que no paso nada!- exclamo Ronald.
-Bueno, bueno, pero a la próxima no te caigas sobre la sobrina de tu superior- comento Dorothea.
William se hizo presente frente a todos.
-Escuchen bien- hablo con su seria voz- ha surgido un problema en la tasa de mortalidad. Infantes que no estaban incluidos en las listas, han muerto por violentos ataques de… lilims.
Todos en la oficina se quedaron callados, expectantes. La raza más odiada por los shinigamis merodeaba por su territorio de cosechas.
-Cada uno tiene órdenes de liquidar a todo lilim que vea- dijo William- no queremos a bestias como esas sueltas y devorando vidas a su antojo. Sobretodo porque son vidas a las que no les toca morir. Ya están avisados. Ahora, a trabajar. Con este incidente, hay mucho papeleo por hacer.
Se oyó un gran suspiro de disgusto en toda la oficina. Cada empleado se dedicó con esmero en su trabajo. Lo último que querían eran horas extra.
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La sinfonía de lamentos y sollozos todavía se oía por todo Londres. En casi todas las puertas de las casas, se habían instalado pequeños ataúdes, decorados con lirios blancos, que permanecían sellados. Encima de ellos, estaba la foto del pequeño bebé fallecido o algún objeto que le hubiera pertenecido, como un juguete o algo así.
Al lado de cada ataúd, se encontraban las desdichadas madres, vestidas de negro y con el rostro inundado de lágrimas. Su esposo, hijos mayores u otros familiares o conocidos las acompañaban, compartiendo un mutuo y profundo dolor.
Entre vecinos se daban el más sentido pésame y algunos agentes de Scotland Yard intentaban hacer algunas preguntas, pero pocas personas estaban dispuestas a contestarlas.
-Estos son escenarios lamentables- opino Sebastian, acompañando a Ciel- parece que todos eligieron de esta forma compartir su tragedia, ya que es la misma que asola a cada familia.
-Por el estado de esas mujeres, se ve que ninguna nos dirá que fue lo que paso- opino el conde- lo último que querrán recordar es como encontraron a sus recién nacidos asesinados.
-Al menos debe saber de qué forma los mataron, joven amo- dijo su mayordomo- por lo que…
-Sé que la única forma de saberlo es preguntarle a Undertaker- suspiro Ciel.
-Tarde o temprano, sabia que requeriría de sus servicios- dijo Sebastian.
Pasaron cerca de una casa, que también tenía instalado un ataúd en la puerta. Para sorpresa de Ciel, el oficial Edwart Abberline se encontraba allí con expresión de máximo pesar. Llevaba un abrigo negro.
-Oficial ¿Intenta descubrir algo?- pregunto Ciel, acercándose.
-En estos momentos no estoy de servicio, conde- respondio el oficial, con esfuerzo- estoy aquí porque… es un momento triste para mi querida cuñada y para mí.
Presento con los ojos a una mujer que sollozaba sin consuelo, siendo abrazada por una jovencita.
Ciel recordó entonces que el fallecido Fred Abberline, hermano gemelo de aquel oficial, le había comentado hace tiempo atrás que su prometida esperaba un hijo suyo. Seguramente ya habría nacido… pero, tristemente su corta vida ahora había sido segada.
-Lo lamento en serio- comentó Ciel, mirando a la madre llorosa.
-¿Por qué… por qué?- repetía la pobre mujer, aferrándose a la chica que la abrazaba.
-Tranquila María- la consoló la jovencita, acariciando su cabello- ahora esta con su querido padre.
Aquella voz… le parecía muy conocida a Ciel…
-¿No te conozco de algún lado?- pregunto a la chica.
Ella dirigió su mirada al conde. Allí estaban aquellos enormes y redondos ojos rojizos y ese largo cabello marrón con puntas rizadas. Esta vez vestía un sencillo y largo vestido negro.
-Eres… ¿el conde Phantomhive?- recordó Eline.
-Sí, te reconocí por tu voz- contesto Ciel- no esperaba verte de nuevo.
-¿Cómo es que conoce a Eline, conde?- pregunto el oficial Abberline.
-Sí Edwart, te conté que perdonó la travesura de mi hijo Pitt- dijo Eline- ¿Pero que hace por aquí, señor?
-Investigo este crimen, la reina lo dejo en mis manos- dijo Ciel.
-Parece que no me equivoqué- dijo el oficial Abberline, abrazando a su cuñada María- espero que logre descubrir qué fue lo que paso.
-Ténganlo por seguro- afirmo Ciel- pero ahora debo retirarme.
El conde siguió su camino, acompañado de su mayordomo.
-Debo retirarme también, y de nuevo lo lamento mucho- se despidió Eline.
-Gracias- dijo la dolida María.
-Otro día iré a visitarte y te llevaré ese lindo vestido que te prometí- le sonrió Eline.
Se dieron de nuevo un fuerte abrazo.
-Micky- llamó Eline al niño que había llevado consigo.
El niño se acercó al llamado de la joven y tomo su mano.
-Ojalá no se halla ido muy lejos- dijo Eline.
-¿Quién, señorita?- pregunto Micky.
-El conde que intenta resolver este caso- dijo Eline- quizás si le cuentas lo que viste, pueda serle de utilidad. Y así pequeñitos inocentes no volverán a ser lastimados.
Apuraron el paso y lograron alcanzar a Ciel.
-Conde Phantomhive- lo llamo la joven.
-Ah, eres tú de nuevo- dijo Ciel al verla.
-Sé de un dato que puede serle de utilidad, anoche mi hijo y su pequeño hermano se salvaron de ser atacados por uno de esos engendros que mataron a los pobres bebés- dijo Eline.
-¿Tu hijo, el de la otra vez?- pregunto Ciel.
-Ah, no no, Pitt no- corrigió Eline- sino mi pequeño Micky.
Colocó al pequeño delante de ella.
-Vamos tesoro, dile lo que paso- pidió dulcemente.
-Bueno, cuando mis padres murieron tuve que cuidar de mis hermanitos yo solo. Prometí que nada les pasaría, pero anoche… ese monstruo arranco de mis brazos a mi hermanita y… la devoró… y… y…
Micky se aferro al vestido de su madre y sollozó desconsoladamente.
-No llores pequeño, yo estoy aquí. Cuidaré de ti y de tu hermanito- le susurro Eline.
-¿Y dónde esta el otro bebé?- pregunto Ciel.
-Se encuentra muy bien, suerte que no le paso nada- respondio Eline.
-No estoy muy seguro del testimonio de tu hijo- opino Ciel- no es algo muy creíble.
-Tal vez no suene como algo cierto- dijo Eline- pero por lo que sé, los niños siempre dicen la verdad. Además, mi tío también es un testigo, protegió a mis otros pequeños.
-¿Otros? ¿No eres demasiado joven para tener tantos hijos?- pregunto Ciel.
-Acabo de cumplir 20, ya soy una joven mujer- dijo Eline.
-Es admirable cuando una mujer de apariencia delicada tiene un espíritu fuerte- comentó Sebastian.
-Como sea ¿Tú tío también vio a la supuesta criatura?- pregunto Ciel.
-Claro, pero ahora creo que se encuentra en horario de trabajo. Cuando regrese, los dos lo buscaremos y podrá preguntarle todo lo que quiera, conde- sugirió Eline.
-Esta bien- acepto Ciel- mientras tanto iré por más información a otro lado.
-Lo estaremos esperando- dijo Eline- vamos a casa, Micky.
-Sí señorita- dijo el pequeño, tomando su mano.
Se dirigieron a casa.
-Todavía no sé si creer en la palabra de ese niño- dijo Ciel.
-Sin embargo, la señorita Eline tiene de razón, los niños pequeños siempre dicen la verdad, al igual que las personas ebrias- dijo Sebastian.
-Primero veamos que tiene que decirnos Undertaker- dijo Ciel- y luego veremos que tiene que decirnos el tío de esa chica.
-Yes, mi lord- asintió Sebastian.
NOTA DE LA AUTORA.-
-Dedicado a ustedes, mis kurofans.
-Pobrecito Ronald, se metió en problemas.
-No me califiquen de insensible por escribir la... tristísima muerte del hijo de Fred Abberline, yo lloré con la muerte de este personaje, en serio. Me imagino que no ha pasado mucho tiempo, por lo que el pequeño aún sería un bebé… que triste…
-Los lilims en el verdadero mito solo eran demonios femeninos, pero aquí los diseño como niños pequeños… y sanguinarios.
Hasta el próximo cap, los amo.
Death! (y gesto de Grell).
Posdata: Lean los fanfics de mi amiga DJ Valquiria, apoyenla por favor mis amores.
