Capítulo 7: "Su Secreto"

La suave brisa que entró a la habitación se le hizo casi insoportable, era demasiado caliente, asfixiante, sentía que apenas podía respirar. Tosió débilmente y luego suspiró cansada. Tal vez ayunar no le estaba haciendo bien, pensó intentando no imaginar en que podría haberse contagiado, la advertencia el día anterior de aquel hombre parecía que la había puesto más nerviosa... aunque... enfermarse sería una buena excusa para ausentarse esa noche. Al momento se reprochó del pensamiento egoísta.

- Hermana... ¿esta cansada? Anoche cuando desperté vi que oraba... ¿no durmió?

Kagome pestañeó mirándola a los ojos y luego sonrió, posando su mano sobre los cabellos desordenados de la chiquilla.

- Sí, dormí un poco... tu descansa ahora mientras yo voy a darle sus clases a Shippo ¿si?

Rin cerró sus ojos y se acomodó feliz en la cama. La novicia se levantó lentamente de su lado y sintió que estaba mareada. Entonces tragó con fuerza y percibió el latido de su corazón, fuerte, doloroso, tuvo deseos de toser pero lo evitó casi ahogándose. ¡Dios! Estaba nerviosa, no podía evitarlo... se llevó una mano a la boca y luego respiró dos, tres veces intentando tranquilizarse. Bien... tal vez estaba exagerando, sacando conclusiones ante de tiempo, Sango tenía razón, ya había pasado tiempo... la gente estaba preocupada de otras cosas ¿no? Salió al pasillo y deseó no cruzarse con el amo de la casa.

Shippo se encontraba demasiado ocupado ayudando a Miroku y ordenando todo, lo observó desde la distancia sorprendida de su entusiasmo. De pronto los escuchó comentar que era la primera vez que el señor Taisho daba una recepción en la hacienda, Kagome se preguntó qué lo había llevado a hacerlo, tenía entendido que él y el Gobernador no se llevaban muy bien y que además su reputación era de lo peor con la gente del pueblo. Se encogió de hombros. Puro compromiso, pensó, luego suspiró fuertemente sintiendo el corazón asustado. Aquel hombre la había llevado a un callejón sin salida, pues al obligarla a permanecer en la recepción, ella iba a tener que al fin dar la cara ante la gente del pueblo. Aquello la aterraba y por eso casi no había dormido en la noche, sin embargo al amanecer llegó a una conclusión: Había pasado un año... y de acuerdo a Sango... muchas cosas habían pasado... además se recordó que había sido demasiado orgullosa y egocéntrica al pensar sólo en su vergüenza... sí, se dio más valor pero aun así sintió temor de lo que pudiese pasar.

El sol le dio de lleno en los ojos y la joven caminó más lentamente posando la mano sobre la frente y estudiando a su alrededor. Se trabajaba esta vez en el jardín, limpiando la maleza, decorándolo con faroles que situaban en las ramas de los arboles, guirnaldas en los rosales aun florecidos. Se detuvo en seco cuando escuchó a la anciana, junto a Enju que caminaban por el sendero de piedrecilla llevando ambas canastos con vegetales.

- Tal vez anunciará su compromiso... quien sabe...

- ¡Mentira!- Bramó Enju pegando una patada en el suelo. Kagome la miró con ojos brillosos desde la distancia, aferrando más el rosario a su pecho, extrañamente impresionada- ¡Inuyasha dijo que jamás se casaría!... ¡Estoy segura que no lo hará con esa bruja!

Sus chillidos le provocaron dolor de cabeza y se alejó a paso lento con los ojos entrecerrados. Bien, si el amo de la casa se casaba, si esa era la razón de la recepción... ¿no era eso motivo de alegría? Pues así tal vez dejaría de ser un bruto y... dejaría de cometer actos pecaminosos... enrojeció y casi se atoró al recordarlo... y bueno, Shippo estaría bien cuidado, pensó luego sin muchos ánimos.

Se sentó en el borde de una bonita fuente de agua y suspiró otra vez. Extrañaba el convento y a la amorosa Madre Superiora. Miró el rosario y vio sorprendida como la mano le temblaba, sus ojos se llenaron de lágrimas. Tosió otra vez y el pecho le dolió sobre manera, sentía la frente sudada, que el flequillo se le pegaba a la piel y que la ropa la ahogaba de forma tortuosa.

Una pequeña risa le erizó de pronto el cuerpo, levantó el rostro y para su completa sorpresa, vio al dueño de casa, guapo como siempre, con el cabello suelto esta vez, de pantalón negro, botas y camisa blanca con las mangas arremangadas hasta el codo, caminando hacia donde estaba ella y del brazo de una dama bien vestida y refinada que lo observaba casi embobada pero que luego ladeaba el rostro y la miró. Kagome se puso de pie de súbito y la mujer se detuvo, palideciendo completamente cuando sus ojos se encontraron. Inuyasha frunció el ceño y miró a Kikyo.

- ¿Qué sucede?

Kikyo miraba fijamente y bastante impresionada a Kagome. La novicia finalmente inclinó la cabeza a modo de saludo y al ver Inuyasha que su acompañante parecía estar casi en shock... y él quería saber porqué, casi la arrastró para posarse en frente de la novicia. Esta alzó los ojos casi en súplica a él e Inuyasha frunció el ceño.

- ¿Cómo esta hoy, hermana?... no luce... muy bien...- Musitó deteniéndose en sus ojos brillosos y luego en el sudor de su frente. La joven negó rápidamente con la cabeza intentando tranquilizarse.

- Me encuentro perfectamente, señor...- Luego se volvió hacia Kikyo e intentó sonreír.- ¿Cómo esta señora Kikyo?

- Bien... bien...- Murmuró la otra incómoda, seria y cortante-... gracias.

- Así que ustedes se conocen...- Dijo Inuyasha levemente satisfecho. Bien, tenía a la fuente justo a su lado y recién ahora se enteraba.

- Un poco...- Dijo Kikyo recuperándose por completo, ladeando el rostro despectiva y entonces Kagome dejó de sonreír y bajó la vista. – Inuyasha... ¿me acompañas a casa? Ya debo prepararme para la recepción...

El joven amo quiso sonreír pero sólo afirmó con la cabeza, deseoso por comenzar el interrogatorio.

Kagome los observó marcharse y suspiró con dolor. Jamás se le había pasado por la mente que ella... ella era la amante de Inuyasha... la viuda, como había escuchado a Miroku decir... viuda... recordó la actitud y la mirada de ella y entonces comprendió con infinito dolor... que este era el principio de nuevas humillaciones, Dios ¿qué iba a hacer?

- No sabía que la conocías...- Comenzó el joven hombre mirándola fijo. Kikyo aferró más sus lindos guantes de encaje al asa de su sombrilla.

- Eh... fue hace tiempo... no sabía que era novicia ahora... ella... antes... era mi amiga... – Se mordió el labio. ¡Cielos!... ¿por qué Kagome era la maestra del protegido de su prometido?... ¿qué clase de cruel destino era esto? Sintió el corazón latir con fuerza... y de pronto pensó... que sus planes por ser la esposa de Inuyasha podrían irse por la borda...

Los ojos de Inuyasha se abrieron con sorpresa ante la revelación.

- Vaya... pero... me parecen dos personas completamente distintas...

La mujer tragó con fuerza, decidida a dar la pelea finalmente.

- Claro, yo, una mujer casada, de la aristocracia, y Kagome, una chica de la clase media... no pueden tener muchas cosas en común... pero estuvimos en el mismo colegio... y bueno... ella siempre gana amigos fácilmente... aunque supongo... que sólo se acercó a mí para conseguir un marido rico...

El joven hombre frunció el ceño. No, eso no iba con la personalidad de una monja. Se detuvo en seco y ella también lo hizo.

- ¿Qué dices? No puedes hablar de esa forma de una novicia...

La mujer se encogió de hombros y siguió caminando. Inuyasha se quedó mirándola pero no estaba convencido de sus palabras, la siguió rápidamente intentado saber más.

- ¿Y porqué decidió ser monja entonces? Eso no concuerda con, según tu, ambición...

- Ehh, bueno... es que cometió una imprudencia y... su reputación quedó por los suelos... todos pensábamos se había ido del pueblo... no que había ingresado a un convento...- Musitó aun sorprendida.- Es demasiado orgullosa... Kagome siempre me sorprende...

- ¿Qué clase de imprudencia cometió?- Preguntó Inuyasha más interesado y ansioso. La mujer se detuvo y lo miró reconociendo su exaltación. Aferró los dedos más a su sombrilla y arrugó levemente la frente.

- Fue sorprendida con un hombre en actos... no muy respetables que digamos...

La miró sin expresión, luego se movió y pestañeó rápidamente, la quijada se tensó.

- ¿Qué dices?- Su voz casi no fue oída.

- Fue en mi cumpleaños... – La mujer lo miró fijo a los ojos-... en mi propia casa... yo sabía que estaba enamorada de ese hombre pero... jamás pensé que iba a querer atarlo a ella de esa manera... dijo que él la había forzado... por supuesto era mentira, se acostó con él para comprometerlo... sólo quería atraparlo... nadie le creyó... fue muy aprovechada... una muchacha pobre queriendo atrapar a un hombre rico... muy bajo realmente...

Inuyasha sintió los latidos del corazón bombear fuerte, aquella historia era extraña e irreal, no concordaba con la novicia, no... eso no era cierto... no... ¿era ese su secreto? Apretó los puños y la cabeza le dio vueltas... ella... ¿se había acostado con un hombre?

Kagome bajó la pendiente por unos minutos y finalmente llegó a la playa. Miró a su alrededor, solitaria, pequeña, rocosa en un extremo, arrastró los zapatos gastados por la arena casi blanca y recibiendo el sol de lleno en su cabeza. Las gaviotas le dieron la bienvenida sobrevolando el cielo y el aire salino pareció refrescar sus adoloridos pulmones. Se sentó casi cayendo en el suelo, derrotada. Cada vez se sentía más cansada y estaba roja de calor. Sus ojos se detuvieron en las olas que rompían en la orilla y algunas gaviotas que estaban allí buscando comida caminaron rápidamente esquivándolas. Ella suspiró con fuerza y se deshizo de su cofia, la frente ardía, sus mejillas también y apenas podía respirar, tosió nuevamente y el dolor del pecho se le hizo más que doloroso. Sin la cofia percibió un leve frescor en la cabeza. Pero aún así sentía que se estaba consumiendo por dentro.

Miró el suelo y dibujó con un dedo en la arena una cara sonriente, la borró de inmediato ¿a quien engañaba? La presencia de Kikyo ahí en la hacienda, mirándola de la forma en que lo había hecho... se cubrió el rostro y sollozó recordando lo sucedido ¿porqué de una buena vez no podía olvidar? Se sentía culpable, miserable, perdida... ¿de que valía que hubiera ido al convento si al final no había sacado nada, todo seguía igual?... y ella siempre sería mirada de esa forma, como una desvergonzada, como una perdida mujerzuela... menospreciada, humillada... era todo tan injusto... tembló de sólo pensar en lo que sucedería en la noche.

- ¿Ya se fue la viudita?- Preguntó burlón Miroku. Inuyasha, que estaba sobre un caballo de color chocolate suspiró con fuerza mientras sus ojos parecían recorrer el lugar.

- Sí, dijo que necesitaba tiempo para prepararse... quiere elegir su mejor vestido para esta noche... sabes como son las mujeres...

- Cierto... – Musitó el otro.

- ¿Has visto a la novicia?- Preguntó el amo de frentón. Miroku que tenía la vista baja, la alzó sorprendido y sonrió con malicia.

- Ahh con que esperabas que se fuera tu prometida para irte tras la monjita...

- Necesito hablar con ella...- Musitó demasiado serio sin hacerle mucho caso. El otro suspiró y apuntó hacia el oeste, en dirección del océano.

- La última vez que la vi, bajaba la loma... tal vez fue a la playa... no me extraña, apenas caminaba, debe estarse sofocando con este calor y ella vestida de esa forma, que tortura para esas pobres mujeres...

Bien, sólo había escuchado hasta la mitad... golpeó el costado del caballo y se alejó rápidamente de él, el joven criado movió la cabeza preguntándose qué diablos tenía en la cabeza. Una religiosa era una religiosa... a pesar de no llevar la misma religión... habían cosas que debían ser respetadas ¿no? Seducir a una monja en cualquier parte del mundo era una aberración.

Detuvo el caballo a orillas de la loma y bajó el camino viendo desde su altura las olas chocar contra las rocas. El vientecillo tibio pero refrescante le meció los cabellos y él aun no podía creer lo que Kikyo había dicho de ella. ¿Sería cierto?... ¿Era una ambiciosa hasta el punto de querer forzar a un hombre a casarse con ella manchando su reputación? Pero había cosas que no concordaban... o en realidad no podía tolerar el saber que ya había sido de otro... se detuvo en seco al verla sin su cofia, abrió más los ojos y retuvo la respiración, casi ocultándose tras las rocas. Ella estaba a la orilla, con el agua mojando el borde su vestido, con su cabello negro, trenzado y coronado en la nuca que brillaba como hebras azabache al sol, visible ahora, el rostro le pareció de pronto más perfecto, más delineado, el cuello delicado y desnudo, la joven en sí misma le pareció... más real, más mujer. De pronto la novicia se llevó ambas manos al rostro, Inuyasha creyó que el corazón se le hacía trizas... ella... ella estaba llorando. Se acercó lentamente casi hipnotizado y entonces, cuando estuvo en frente suyo, con las botas hundidas en el mar, le habló y su voz fue tan ronca que se sorprendió.

- Hermana...

Kagome se quedó estática, con las manos cubriendo el rostro, él vio que comenzaba a temblar, entonces ella lentamente se quitó las manos y sus ojos enrojecidos miraron despavoridos los de él, que estaban tan cerca, más de lo permitido como dictaban las reglas de sociedad.

Se alejó un pasó y entreabrió sus labios sin saber qué hacer, las piernas le temblaban y ni siquiera podía correr, huir.

Inuyasha notaba la palidez extrema en su rostro de ángel, las mejillas ardientes, la frente sudada, el flequillo húmedo y desordenado, la fuerte respiración de su pecho, él frunció el ceño asustado.

- ¿Esta enferma?- Se acercó y ella alzó una mano para que se detuviera.

- ¡No!... ¡Déjeme!- Gimió. Tenía las piernas acalambradas y al querer moverlas una ola rompió fuerte y estuvo a punto de hacerla caer, Inuyasha la sujetó de la cintura y la joven gritó con horror y se movió desesperada para que la soltara, él se sorprendió, parecía fuera de sí, la tomó más fuerte y la novicia lloró para finalmente quedarse tranquila con el rostro hundido en su pecho. El joven amo sintió los latidos de su corazón¿o eran los de ella?, muy fuerte, sus lagrimas que empapaban su camisa, sus dedos que estaban fijos palpando la tela gruesa y áspera de su vestido y los suspiros que rebotaban en su pecho calentándole la piel. Tragó con fuerza y finalmente aflojó el agarre de su cintura. La novicia respiraba con fuerza, parecía que se iba a ahogar y finalmente se separó de él, lo miró con rencor y le abofeteó la mejilla. – ¡No vuelva a tocarme!- Bramó.

- ¿Qué hace? Sólo quiero ayudarla- Respondió impaciente y mirándola a los ojos. Vio como una lágrima resbala por su mejilla y tuvo deseos de quitársela con un dedo y abrazarla. ¿qué estaba pensando? La joven lo miró con rencor.

- Sí... claro... después de que ya averiguó lo que quería saber de mi... ¿verdad? No tiene que disimularlo... sé que Kikyo le contó... lo que pasó...- Ella se mordió el labio y volteó para caminar rápidamente hasta la arena en donde estaba su cofia. Inuyasha le siguió los pasos.

- ¿Pero qué sucede?... digo... a veces... cometemos errores... cualquiera se puede equivocar ¿no? No dicen por ahí que... bueno, algo de los arrepentidos y el cielo...- Gruñó nervioso-... Argg, no sé... usted debe saberlo más que yo.

Kagome se inclinó tomando la cofia entre sus manos y luego volteó a mirarlo.

- Usted... claro... como todos cree... que soy culpable...- Musitó tragando con dolor.

- Yo no creo nada- Respondió rápidamente, aunque en verdad se sentía nervioso. Kagome alzó sus ojos a él y lo miró con extrema seriedad, iba a decir algo pero ¿qué importaba realmente? Se mordió los labios y negó con la cabeza.

- De todas formas... yo me iré pronto de aquí... no tiene que preocuparse... un caballero como usted podría tener problemas por tener a una persona como yo...

Inuyasha hubiera reído de buena gana, eso, si no estuviera tan triste por ella.

- Yo no soy un caballero... y su reputación es lo que menos me importa... – Declaró y luego tragó con fuerza. Bien pensó, un error lo comete cualquiera, si ella ya había estado en brazos de otro... ¿qué importaba? La joven novicia lo miró sin creer.

- Si no le importara no haría esta recepción... sé que quiere cuidar su imagen... y le entiendo... el pueblo... es demasiado desconfiado...- Caminó y se puso la cofia en la cabeza ocultando su bonito cabello, él se acercó rápidamente a su lado.

- Bien... cierto... pero eso es otro asunto... ¿no quiere contarme lo que sucedió?- Preguntó condescendiente, porque la versión de Kikyo se le hacía irreal. La novicia siguió caminando rápidamente.

- ¡No!

- Yo no creo que sea culpable...- Dijo él. Kagome se detuvo y respiró fuertemente.

- Ya no vale la pena...- Murmuró ladeando el rostro-... por favor... no me atormente más... yo sólo quiero olvidar ¿entiende?

- ¡Con olvidar no saca nada!- Respondió él impaciente. Kagome volteó y lo miró asustada- Usted lo que ha hecho es huir y por eso jamás olvidará. ¿Le tiene vergüenza a la gente? Claro... pero debe enfrentarlos... esta noche es una muy buena ocasión...

- No...- Ella lo miró con súplica-... no por favor, después de ver a Kikyo... no, no quiero...

- ¡Sí lo hará!... ¡Usted trabaja para mí y soy el amo!- Dijo él tomándole una muñeca y Kagome lo miró con pánico, pues sus ojos dorados parecían hechos de fuego. De pronto Inuyasha sonrió con cinismo y ella casi se encogió de temor- ¡Estará ahí y se enfrentará a sus miedos! Y mas le vale hacerme caso porque juro que si no aparece yo mismo la arrastraré al salón ¿entendido?

La novicia no le respondió, lo miraba a los ojos fijamente, Inuyasha pensó, que bajo cualquier circunstancia, sus ojos eran los más hermosos que había visto. Se turbó y la soltó finalmente, la joven se volvió y retomó la marcha. No la siguió, pero si la observó hasta que desapareció ante su vista. Sentía una extraña opresión en el pecho, un deseo vehemente de darle consuelo, un hormigueo irrefrenable en los labios porque deseaba besar el cuello desnudo que quedó al descubierto cuando la vio sin la cofia y un increíble malestar de sólo imaginar... que su cuerpo pertenecía a otro. Suspiró con fuerza y tuvo una sensación rara en el corazón... y un cosquilleo en el estómago. Se tensó y volteó observando las olas del mar... pensando... ¿qué le estaba sucediendo?

Continuará...


N/A: Hola, gracias nuevamente por todos sus comentarios, gracias Rei (feliz Cumple anticipado XD), elizabeth-236, Mary-JVR, Keren-Alfaro, lina, inu-kag-kat, inuyasha-xsiempre, kagome-sama chan, abril-chan (espero seguir alegrándote el día), AmiMizunoR., Yesmari (acuérdate de las fotos XD), Mary1416, Fanitix, tsuki (gracias x leer), Kikyo-dono, yuiren3, Dita-chan, MICH-SAMA, MaríNa, peca-chan, thegirlwhostolethestars, serena tsukino chiba, LaUrAcHaN99, Rei II y a todos quienes leen.

Muchas gracias por el apoyo, espero que les haya gustado, vamos poquito a poco pero así debe ser, paciencia n.n y nos vemos pronto.

Hoy salí y lo único que quería era volver a casa a escribir esta historia, me gusta tanto n.n' estoy loca XD.

Cuídense todas.

Lady Sakura.