Hola! He tardado montones, lo sé. Este mes es del terror en el trabajo así que esa es mi excusa. Téngame paciencia, porque puede que el próximo mes sea igual. En fin, no dejaré de publicar ni abandonaré el fic.
No les quito más tiempo. Espero que este capítulo les guste.
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-No voy a extrañar a un niño tonto como tú -exclamó cruzándose de brazos y volteando para darle la espalda.
-Adiós, Rukia.
Aquella vez fue la última que vio a Rukia Kuchiki. Se habían conocido cuando Byakuya se había casado con Hisana y, de inmediato, su madre se había hecho muy amiga de la joven esposa del líder del clan Kuchiki.
Casi todos sus recuerdos de infancia se relacionaban con esa pequeña morenita de vivaces ojos y gran temperamento. Mientras vivieron en el condado sus días los pasaba en la residencia Kuchiki junto con Rukia y otros niños de familias menores. Le gustaba ese lugar, aun cuando su propia casa fuese grande y nada tuviese que envidiarle.
Creció junto con ellos, siendo el mayor de todos, situación que nunca le importó, como no importa eso cuando los niños son eso… niños. A veces el grupo era grande, cuando todos se reunían, quizás unos diez muchachitos. Desde él, con ocho años, hasta sus pequeñas hermanas de 3 años.
No recordaba mucho antes de esos tiempos, de jugar en los enormes jardines de la residencia Kuchiki, desde temprano por la tarde hasta que anochecía. No importaba el frío o el calor, para los niños eso jamás ha impedido los juegos.
Eran los mejores recuerdos antes que precipitadamente tuviese que convertirse en hombre.
Poco después de cumplir doce años, su padre fue ascendido a capitán general de las fuerzas imperiales y, con ello, debieron trasladarse a la capital. No pasó mucho para cuando él ingresó a la academia de guerra para formarse como oficial. Su pertenencia a un clan, aun cuando fuese menor, marcaría desde siempre su vida.
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No pasaron más de un par de días antes que la situación a las afueras del condado fuera controlada. Kaien seguía en la capital y, tal parecía, que no regresaría aún.
-Aquellos soldados que se encuentren condición de reintegrarse a las fuerzas deberán regresar a la capital a la brevedad -dijo el teniente del ejército.
Rukia asintió. Si bien una mujer casada no debía dirigirse a otros hombres, en su calidad de señora de la casa, aquella regla podía omitirse… siempre y cuando Eimi estuviese presente o el oficial de seguridad de la residencia Shiba.
-¿Qué pasará con aquellos que aun se encuentran heridos? -preguntó la sirvienta.
-Pueden ser trasladados a otras casas de familias menores, de manera de no importunar a la señora en su estado.
-Me parece adecuado -Eimi miró al oficial de seguridad -Informa a tus hombres, yo lo haré con la servidumbre. Deberán dejar la residencia mañana a mediodía.
Rukia podía estar presente, pero Eimi o el oficial serían su voz. Pero…
-El capitán permanecerá aquí -sentenció la muchacha con voz firme. Todos fijaron sus ojos en ella -Es un Shiba también. Esta es su casa, es su derecho.
-Señora -habló Eimi -El joven dejó de serlo en el minuto que su padre asumió como líder del clan de su esposa.
En el caso de no contar con herederos varones, el esposo pasará a asumir el liderazgo familiar.
-No creo que mi señor esposo acepte eso como respuesta si se entera que su pariente fue arrojado a la calle como un perro. Es mi última palabra.
El oficial hizo una amplia venia.
-Como diga la señora.
No era únicamente por el afecto que le guardaba a su amigo de infancia. Realmente temía a un arranque por parte de Kaien… La familia es el pilar fundamental de la sociedad. Ella, como su esposa, debía salvaguardar aquello. Si no lo hacía, si Kaien llegaba a enterarse que no supo imponerse... Ichigo era un Shiba por línea paterna, aun cuando ahora llevara el nombre del clan Kurosaki.
Rukia se puso de pie con algo de dificultad, Eimi la ayudó en ello. Sin embargo aquello no restó ceremonia a su retirada de la sala. Su nana pronto la alcanzó en su recorrido por el pasillo.
-Rukia-sama -la llamó obligándola detenerse -Vaya a desayunar.
-Ordena que lo lleven a la habitación del Capitán -Eimei frunció el ceño -Creí haber dejado claro que no me moveré de su lado…
-Cuide su actitud, al Señor…
-Al Señor nada. En su ausencia yo tomo las decisiones. El capitán es su pariente y no creo que le gustaría saber que he hecho caso omiso de ello, creo que fui muy clara -exclamó.
Eimi caviló, pero no pudo dar una contrarrespuesta. Menos aún cuando leyó en ella un profundo terror que se mostraba en su mirar. La nana le tomó el antebrazo con suavidad, deslizó el contacto hasta tomarle la mano de manera maternal.
-No es solo por eso, ¿verdad? -dijo con voz suave -¿Tienes miedo? -Rukia desvió la mirada -No te desvivas tanto por ese muchacho… Sé que le guardas afecto, sé que es pariente de tu esposo… Kaien está lejos, no tiene porqué saber si cuidaste bien o no de ese chico. Piensa en tu bebé… Duermes mal, comes peor…
-Diles que me lleven el desayuno a la habitación del capitán… -la interrumpió -y se me antoja una naranja. ¿Puedes arreglarlo?
Eimi la soltó lento.
-Sí, señora.
-Gracias…
Inició la marcha hasta la habitación y descorrió el shoji suavemente, con disimulo, aun cuando todos sabían que se pasaba el día allí.
Ingresó y tomó el futón que dejaba sobre un pequeño mueble. Se lo puso sobre los hombros antes de sentarse junto a él.
-No quiero ser el hijo mayor -bufaba Saito como cada vez que jugaban a ser una familia.
-Entonces puedes ser el perro -se rió Ichigo -Yuzu dijo que quería ser el gato.
La chiquita sonrió amplio y asintió varias veces encantada con la idea.
-¿Por qué no jugamos a los ninjas? -propuso Rukia con las manos en las caderas -Tú serás el jefe -indicó a Saito -Y nosotros los invadiremos…
-¿Los ninjas tienen gatos, Rukia-chan? -preguntó la pequeña Yuzu.
-Claro que tienen… puedes ser un gato ninja -propuso la morenita -Y yo seré la líder de los invasores… -miró a Ichigo -¿Alguna queja que miras tan feo?
-Yo no miro feo a nadie -gruñó cruzándose de brazos.
-Puedes ser mi guardia personal si quieres -le propuso risueña ante su molestia.
-A veces desearía que jamás te hubieses marchado… -le tomó la mano -Tú… tú jamás me habrías hecho lo que Kaien, ¿verdad? -bajó la vista -¿Te acuerdas cuando jugábamos a los esposos de mentira? -se sonrió -Saito se enojaba tanto, decía que eras muy viejo para mí y odiaba ser el hijo mayor… Eran buenos tiempos. Cuando todo está mal pienso en ello… Si tu padre nunca hubiese sido convocado por el Emperador, si Hisana nunca hubiese muerto… -suspiró -Son demasiado "si". Pero pienso mucho en eso… -una lágrima escapó y rodó por su mejilla -¿Por qué nunca me escribiste? Lo prometiste… prometiste que volverías por mí…
-Solo serán unos pocos años. Te prometo que cuando sea oficial… volveré por ti -ella se sonrojó furiosamente -Solo espérame, ¿sí?... Voy a extrañarte...
-No voy a extrañar a un niño tonto como tú -exclamó cruzándose de brazos y volteando para darle la espalda.
-¿Es porque dije que no te extrañaría? ¿Fue mi culpa? -apretó algo más la mano -¿Por qué no viniste por mí?... Tú no serías como él, ¿verdad? Eras bueno y bondadoso… ¿sigues siendo así o ese horrible lugar destruyó aquello?...
Hisana salió al jardín y vio a su hermanita arrodillada en el césped arrojando guijarros al estanque. Se arrodilló junto a ella.
-¿Qué pasa? -preguntó con voz suave. Rukia negó suave -Yo también voy a extrañar a Masaki, pero los amigos se llevan siempre en el corazón. Esos lazos jamás se romperán. Seguro vienen de visita pronto…
-No me importa -exclamó la pequeña sin mirarla -No quiero que vuelvan.
-Imouto…
-Solo vive, ¿sí? Eso… si sobrevives… si pude ayudarte estando aquí… si la razón por la que debo estar aquí era esperar este momento y ayudarte a vivir… Habrá valido la pena.
No sabía bien como la pelea de ninjas se transformó en una pelea de verdad. Saito se ensañaba con Ichigo y el chico no se quedaba atrás. Ante la mirada atónita de los otros niños, se metió entre ellos y a punta de codazos y patadas logró separarlos.
-Ya déjenlo -exclamó tomándolos a ambos por el pelo los chicos se quejaron. Miró a Ichigo -Deberías comportarte y no pegarle a Saito, eres más grande y eso no se hace -Ichigo masculló -Y tú -miró a Saito -No vas a seguir golpeando a mi esposo ninja -entrecerró los ojos amenazadora.
-Se suponía que él era tu guardia personal… -murmuró Saito al tiempo que Rukia soltaba a ambos.
-Puede ser mi guardia y mi esposo, no son excluyentes.
Escuchó un quejido y miró a Ichigo. El corazón le dio un brinco.
-Despierta… por favor…
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-Tienes 20 años, Ichigo. Deberías empezar a pensar en tomar una esposa -dijo su padre mientras bebían el té.
-He sido bastante claro, papá. No lo haré.
Isshin Kurosaki soltó un suspiro pesado.
-Byakuya Kuchiki ya ha rechazado dos veces la propuesta de comprometerte con su hermana. ¿Cuántas veces seguirás insistiendo?
-Las que sean necesarias hasta que de su brazo a torcer -exclamó molesto por la insistencia de su padre. Habían tenido esa conversación desde que cumplió los dieciocho años -No voy a tomar a otra mujer por esposa. Es Rukia o nadie.
Lo había prometido, le había dicho que volvería por ella. Aun cuando nunca respondiera sus cartas, imaginaba que eran interceptadas antes de llegar a su destinataria. O que no se le permitiría responder, que sería lo adecuado. Pero eso no impidió que dejara de escribirle, contándole de sus días, de sus aventuras con sus amigos… y de las cosas malas también, como cuando su madre murió… Sabía que Rukia lo estaba esperando para dejar a de jugar a la familia con sus amigos de infancia… y si Byakuya daba su bendición, formar una familia de verdad… con ella.
-No sé cual es tu obsesión con esa muchacha. Tienes varias opciones… ¿qué hay de la chica Inoue?
-No -sentenció -Y no es una obsesión, pero no voy a perder mi tiempo tratando de explicártelo una vez más. Si es necesario iré directamente hasta Kuchiki.
Isshin suspiró pesado.
-Ichigo… comprometieron a esa chiquilla… se casa en una semana…
El muchacho se quedó estático. ¿La comprometieron? Un frío recorrió su espalda y parecía que le desgarraran el pecho. Ella no lo esperó… No, ella seguro no vio opción. Las mujeres no tenían derecho a oponerse. Pero conociéndola, ella daría la batalla. Era momento de regresar y tratar de revertir el acuerdo. Dos días de viaje bastarían…
-La comprometieron con tu primo Kaien.
Con Kaien… con Kaien… con el líder de un clan principal… un clan del que dependían los Kurosaki… un clan al que debía respeto por ser su origen. Comenzó a tiritar y su padre lo observó con compasión. Su hijo se venía abajo. Lo vio ponerse de pie.
-Necesitan un capitán para el frente… -la vista al suelo -Parto mañana.
Se casaba… con su primo. Con alguien a quien jamás podría combatir. Ahora estaba completamente fuera de su alcance. La había perdido para siempre. Debió regresar antes, debió hacerlo en lugar de buscar ser un capitán. Debió subeditarse al pequeño ejército del condado y ganarse la venia de Byakuya.
-Hijo… es solo una chica, las hay muchas y más bonitas…
No era solo una chica. Recordaba cuando la vio por primera vez. Él tenía unos ocho años, Rukia cinco. Pero, a pesar de aquello, mostraba un carácter fuerte. Se molestaban mutuamente mucho, pero no permitía que ninguno de los otros niños lo hiciera con ella. Tenía una especie de adoración por Rukia, aunque lo sacara de sus casillas. Ella lo desafiaba, lo hacía querer ser mejor para demostrárselo (y enrostrárselo un poquito)… Se convirtió en su mejor amiga, pronto cuando llegó ese momento en que los chivos gustan de las chicas no tuvo ojos sino para ella y cuando se marchó supo que se había enamorado de ella… En todos esos años habían construido un vínculo que jamás podría negar, jamás podría obviar. Jamás podría amar a otra mujer.
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Los oficiales y soldados habían abandonado la residencia hacía un par de horas y, con ello regresaba la perpetua paz del lugar. Podía escuchar los pasos de las sirvientas por los pasillos arreglando el lugar, para dejarlo impecable y perfecto como siempre. Todas esas habitaciones volverían a estar vacías…
Terminaba de comer otra naranja y se limpió una gota de jugo del mentón. Luego de ese quejido nada más había salido de la boca de Ichigo. Pero reconocía algunos gestos en su rostro. Durante esos días se había dedicado a observarlo mucho. Se había convertido en un joven muy atractivo… y debía reconocer que se parecía mucho a Kaien. Aun cuando ese parecido debería molestarla no lo hacía, no la incomodaba en lo absoluto. Quizás, sin saberlo, era ese parecido lo que le había llamado su atención en primera instancia de su esposo.
Lo escuchó quejarse una vez más. Puso una mano en su mejilla.
-Tranquilo… estoy aquí.
Abrió la boca y tomó una gran bocanada de aire.
-¡Ya basta! -exclamó Isshin -¿Acaso no entiendes? ¿Estás sordo? Tu primo va a desposar a esa chica dentro de una semana. ¡Cásate con otra!
-Nunca. El sordo pareces tú.
-Necesitas hijos…
-No, eres tú quien quiere asegurarse con un heredero. Casa a mis hermanas… ahí tendrás quien pueda reemplazarme cuando muera. Es mi última palabra. Serviré al emperador y dedicaré mi vida a ello. No necesito más.
-Vas a casarte y es mi última palabra. ¡Me debes respeto con un carajo!
-¡No!
Rukia se sobresaltó cuando un escuchó negar. Aun cuando no fue más que un murmullo, su ceño se frunció y volvió a murmurar algo que no entendió.
-¿Qué sueñas? -preguntó más para ella que esperando una respuesta -Estás a salvo… Estoy contigo, no estás solo. No estás en el campo de batalla… estás conmigo…
De pronto los murmullos se detuvieron, como si sus palabras hubiesen sido escuchadas.
-Ichigo…
Respiró profundo otra vez. Lo vio apretar los párpados. Un gesto rápido antes que lo viera abrir los ojos. Aquello fue como si le trajeran de vuelta el alma al cuerpo. No dijo nada, solo pasó la mano suave por su cabello. Él la miró.
-Hola… -dijo Rukia con voz suave -Tiempo sin vernos, Ichigo.
Parecía sorprendido y lo estaba. Trataba de hilar ideas. Recorrió la habitación con la mirada y volvió a mirarla. Aunque hubiese querido decir algo no podía. ¿Era un sueño? De esos que tenía a veces, esos donde revivía los viejos tiempos. ¿Estaría muerto?
Un punzante dolor en el costado lo hizo moverse, pero ella puso las manos sobre sus hombros impidiéndole que se moviera.
-Quieto o abrirás la herida -ordenó.
No era un sueño… Ahí estaba ella, aunque pareciera confuso…
-Tus hombres y tú fueron trasladados aquí luego del enfrentamiento. No te preocupes, están bien -aseguró -Se les trasladó a otras residencias.
La observó en silencio. Había algo diferente en ella, que no era el efecto de los años transcurridos, de hecho era la misma imagen que veía en su mente cuando pensaba en ella. Había algo en su mirada, algo opaco y vacío.
-Rukia… -murmuró en voz baja y ronca.
Ella se sonrió al saber que la reconocía. Una sonrisa sincera que iluminó su rostro.
-Me has hecho pasar el susto de mi vida, tonto -exclamó de buen humor. No había ya nada que pudiera quitarle la sonrisa del rostro. Todo estaría bien ahora, todo -Ordenaré que traigan algo de comer. Necesitas recuperar fuerzas -trató de incorporarse, pero él la detuvo por la muñeca -Tranquilo, ya podremos hablar. Tenemos tiempo.
La soltó suave, tenía razón. Pero habían sido tantos años, tanto tiempo añorándola. Quería retroceder el tiempo, a uno donde nada estaba entre ellos, uno donde pudo hacer algo… Temía que si ella se fuera no volvería a verla. Que esto fuera un sueño aun cuando sabía que no lo era.
Rukia se puso de pie y notó que lo hacía con algo de esfuerzo. Fue cuando la vio de pie que lo notó… estaba embarazada. Sintió que se le revolvía el estómago, rodó hacia el otro lado y vomitó. Nada más que bilis. La fuerza de ello le hizo doler el costado, pero más le dolía esa sensación que lo estuvieran desgarrando por dentro… Kaien la había tomado, Kaien había tomado a la que siempre para él fue su mujer…
-¿Estás bien? -ella volvía a hincarse a su lado y tomó un trapo húmedo para limpiarle la boca -Iré por el médico…
-No…
Le apartó la mano bruscamente y ella se lo quedó mirando angustiada. En ese momento solo había frustración en el joven capitán. Verla… verla así…
-¿No? -preguntó. ¿Qué debía hacer? ¿Y si ahora se ponía peor? -Pero…
Verla así era un recordatorio de no haber hecho las cosas como debió, un recuerdo de las negativas de Byakuya Kuchiki… La señal que ella ya no le pertenecía, que nunca lo hizo.
El shoji se descorrió, Rukia se volteó.
-Ve por el médico -ordenó a su nana y la mujer asintió en silencio -Dile que despertó…
Eimi se retiró no sin antes dar una mirada a la escena. Ese joven capitán no iba a dar sino problemas, lo supo en ese momento.
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Con que estos dos tenían historia después de todo. Siéntanse libres de comentar, sus reviews siempre me hacen inmensamente feliz.
Nos leemos más temprano que tarde.
