Stiles se quería morir. Literal.
Ese día había comenzado de la manera más sorpresiva posible: con una erección matutina provocada casi con total seguridad por el sueño húmedo que había tenido esa noche. Que la tierra se lo tragara, porque ahora estaba caliente, sudado y abochornado por lo que su sueño le mostró con tan vívidas imágenes y sonidos.
No era posible ¿o sí? ¿cómo podía soñar con los gemidos de una persona cuando nunca los había escuchado en la vida real? A lo mejor era que su mente los había inventado, pero eso no quitaba el hecho de que eran el sonido más exitante que alguna vez haya imaginado, presenciado o escuchado de verdad. Tomó con fuerza una de sus almohadas, para ponérsela sobre la cabeza y gritar casi con frustración.
Ya habían pasado un par de días desde que el señor Yukimura le había dicho que iban a hacer una nueva katana para él, el Kitsune. Para qué engañarse, aún no se hacía a la idea realmente, pero por lo menos había dejado de luchar con desesperación contra el demonio que se empecinó en vivir a través de él. Si no le quedaba de otra, lo aceptaría con todos los beneficios y las desventajas, que esperaba que fueran menos que los primeros. Al menos así era para Scott, así que era lo justo.
Sólo esperaba que semejante despliegue de hormonas no fuera provocado por el calor que emanaba del zorro, porque de ser así, su relación de cordialidad se terminaba sin posibilidad de sanar ni con terapia de pareja.
Aún podía, si se concentraba, recordar los detalles de su sueño y, para ser francos, no le molestaba en lo absoluto. Su pene saltaba de gozo sólo de pensar en ello, lo que hacía que todo fuera más embarazoso, porque ¿cómo en el nombre de Hades iba a ver a Derek Hale a la cara de nuevo? No, en definitiva no podría.
Y es que no era posible que el maldito fuera tan bueno en la cama ¿o sí? No es que Stiles tuviera mucha experiencia en eso, ya que sólo lo había hecho con Malia, pero es que la manera en la que el Derek y el Stiles de su sueño casi destrozaban las sábanas por la intensidad de la pasión que desprendieron era casi divina. Uno no podía hacerlo de esa forma y punto, no era legal.
Esa forma de mirarlo, como si quisiera comérselo, o las manos fuertes y grandes tomándolo con fuerza del trasero. Y la voz, Stiles estaba seguro que nadie podía tener la voz así de sexy.
—Pídeme que te lo haga fuerte, Stiles.
El Stiles del sueño se lo había pedido, y lo peor es que él probablemente también lo habría hecho.
Pero no iba a dejar que sus hormonas locas lo traicionaran de esa manera. Ya era suficiente con haber soñado con él, no iba a darle a su mente la satisfacción de además hacerlo masturbarse por el hombre lobo, sin importar lo bueno que estuviera.
Stiles se levantó para darse una ducha, le habría gustado fría pero tampoco estaba loco, el clima no era para nada tan caliente como para arriesgarse a tener un resfriado.
Dejó que el chorro de agua viajara por su cuerpo, poniendo especial cuidado en no tocarse los genitales más de lo necesario para limpiarlos. Normalmente tomaba una ducha larga cuando se levantaba temprano, dejando que sus músculos se relajaran, masturbándose un par de veces para sacar la frustración sexual acumulada. Esta vez no, Stiles se dijo a sí mismo que si dejaba que su mente bajara las defensas terminaría gimiendo algo que no estaba listo para escuchar salir de sus labios.
No era justo. Derek le caía bien. No al principio, cuando era todo un lobo amargado, cuando exudaba arrogancia y peligro por cada poro de su cuerpo; cuando su sola presencia era suficiente para acojonarlo, casi hacer que se hiciera en los pantalones, por muy poco masculino que se escuchara eso.
Pero luego lo había conocido, de verdad. Todo lo que pasó cuando era adolescente, la muerte de Page y el engaño de Kate, lo que tuvo que sufrir después, sólo él y su hermana, cuando creía que nada más quedaban ellos dos con vida. Poco a poco, Stiles fue comprendiendo muchas cosas acerca de Derek Hale, hasta que por fin había comenzado a considerarlo su amigo. Tal vez no su mejor amigo, ese puesto era de Scott así que nadie podría pelear por quitárselo, pero sí lo bastante cercano para bromear a su costa sin recibir una paliza por eso.
En fin, sólo había sido un sueño, por lo que dejó de darle vueltas al asunto para así poder concentrarse en las cosas que necesitaba hacer ese día.
Estudiar para su examen departamental de química; ver a Scott comerse a Kira en el receso; ver a Danny comerse a Ethan en el entrenamiento; evitar la mirada de Malia y luego ir con los Yukimura para ver cómo iba lo de la katana, además de leer un par de libros que Noshiko le había dado para que fuera familiarizándose con el Kitsune (por suerte Deaton le había dado una loción que haría que ningún hombre lobo pudiera oler al zorro por ahora). Día ocupado.
En eso estaba cuando le llegó un mensaje al celular y casi se cae por las escaleras cuando leyó el remitente.
"Ven al loft después de clase, no le digas a Scott" DH
En ese momento sintió el aire saliendo de sus pulmones y un ligero estiramiento en los pantalones le avisó que su miembro también había leído el mensaje. Genial.
Decir que no pudo concentrarse en todo el día era un eufemismo. Stiles nunca se podía concentrar, pero hoy menos que otros días. El mensaje de Derek lo había dejado desconcertado y temeroso. ¿Se habría enterado el lobo que tuvo un sueño cachondo con él? imposible, a menos que el otro le hubiera estado espiando, cosa que era aún menos improbable.
Su mente no había dejado de trabajar desde la mañana, tratando de encontrar una solución a semejante incógnita. El mensaje era a la vez críptico y claro: quería verlo, a solar, pero no decía o contenía algún indicio del por qué, algo que estaba poniéndolo muy irritable. Incluso Ethan, en la clase de geografía que compartían le había preguntado si se encontraba bien.
Las clases terminaron, el examen seguro que lo reprobaba debido a su falta de atención, ni siquiera había tenido que esforzarse por evitar las miradas entre molestas y tristes de Malia, porque de verdad no tenía cabeza para prestarle atención.
Stiles subió a su jeep antes de que alguien pudiera retenerlo y condujo hasta el edificio del hombre lobo. Cuando llegó, se dejó caer contra el volante, posición que mantuvo por algunos minutos antes de decidirse a subir al último piso.
Derek lo estaba esperando en la puerta cuando llegó hasta el final. Iba en playera interior negra y jeens oscuros, visión que no hizo mucho por calmar las hormonas de Stiles. "Debí habérmela jalado antes de venir". Literalmente pudo sentir cómo babeaba. El lobo hizo una mueca extraña, como si de repente sus se hubieran puesto alerta, pero volvió rápido a la pose anterior.
—Nada de sexo últimamente, ¿eh?
Stiles casi se atragantó con su propia saliva. Se preguntó cómo era que Derek sabía eso. Estaba ahí con esa pose de chulo, luciendo absolutamente comestible y esa expresión entre seria y burlona.
—Amm —fue lo único que pudo decir Stiles ante semejante pregunta— Supongo que es demasiado obvio.
—Apestas a que ni siquiera te has tocado —contestó con simpleza mientras daba la vuelta y entraba al loft.
—¡Oye!... ¡Derek! —Stiles persiguió al lobo hasta el centro del recibidor, dónde éste se paró para encararlo con su cara mortalmente seria —No uses tus súper poderes conmigo. No es justo.
Derek puso los ojos en blanco.
—Como sea, igual sabes que seguiré haciéndolo.
Eso no era una insinuación, y Stiles lo sabía, pero joder con el maldito bastardo, que no se daba cuenta de las reacciones que provocaba. Bueno, quizá sí las sabía por lo que era mejor tratar de controlarse.
—Ya qué —dijo el adolescente con un encogimiento de hombros— de cualquier forma, ¿me pediste que viniera para discutir mi vida sexual? Porque podría explayarme, si quieres.
—¿Qué es lo que has estado haciendo con los padres de Kira y Deaton? —soltó a bocajarro— Y ¿por qué no puedo oler a ninguno de ellos a pesar de que los has visto al menos tres veces en los últimos días?
Stiles boqueó varias veces antes de comprender que sí, Derek le estaba preguntando precisamente eso. De acuerdo, este era el día de "vamos a hacer que Stiles se sorprenda hasta hacerlo cagar de miedo".
—¿Me has estado espiando? —fue lo único que se le ocurrió, y la verdad la idea le molestaba un pelín.
Derek tuvo la decencia de lucir ligeramente avergonzado, pero la expresión le cambió de regreso a la neutralidad de siempre.
—Fui a buscarte un día, y te encontré yendo hacia el bosque. Así fue como me enteré.
Si pudiera consumirse a sí mismo en fuego en este momento, sería genial, pero no tenía tanta suerte.
—¿Qué posibilidad hay de poder irme de aquí sin tener que responder a tus preguntas?
El lobo gruñó por lo bajo y la mueca le cambió al mismo tiempo que los ojos ámbar aparecían en sus pupilas.
—Bien, ya capto —contestó Stiles levantando las manos en ademán apaciguador— No puedes olerme porque Deaton me rocía con una loción especial para ocultar mi rastro de los sentidos lobunos a menos que estés muy cerca. Supongo que mi frustración sexual era tan grande que tuvo que haberte llegado en cuanto me acerqué a ti.
—¿Por qué haces eso? —siguió preguntando Derek, aunque en realidad Stiles lo entendió como una reiteración de la pregunta principal.
Stiles quería salir corriendo de ahí, con todo el asunto de la frustración sexual olvidada ya por completo de su cabeza.
—Derek… de verdad no creo que sea el mejor momento para que lo sepas. Ni tú ni nadie.
Derek acortó la distancia que los separaba, Stiles lo vio venir con el corazón latiéndole a mil por hora y la sensación de que iba a ser golpeado hasta la muerte. Se hizo bolita en su lugar, esperando el golpe. Pero este no llegó, cuando regresó su mirada al otro, lo encontró a una distancia prudencial, pero con cara de preocupación.
—Stiles— dijo el lobo con la paciencia un poco perdida, lanzándole una mirada con la que le quería decir que no se andaba con chiquitas y que más le valía ser sincero. Mirada que Stiles no tuvo ningún problema en interpretar —no puede ser tan malo.
—Soy un Kitsune —soltó de repente— me he estado entrenando para controlarlo.
El cuerpo de Stiles se puso en automático en tensión, esperando que el otro le gritara, se asustara de él o lo atacara con sus poderes al tope. Pero nada pasó, sólo se quedaron ahí por varios minutos, mudos, sin despegar la mirada del otro.
La de Stiles era de puro terror y expectación y la de Derek reflejaba desconcierto, seguido de un gradual entendimiento de la situación. Sin embargo la mirada de miedo nunca llegó por parte del lobo, tampoco la de cautela, sólo se quedó así, escrutándolo por largos minutos, con la boca entre abierta y pestañeando de vez en cuando.
El adolescente maldijo su suerte, porque ahora se sentía excitado de nuevo. Lo raro era que ni siquiera había habido alguna insinuación por parte del otro. Sólo la mirada cristalina, la mueca de comprensión, la manera en sus ojos brillaban ante el sol de la tarde o sus labios húmedos. Que Derek era atractivo lo había sabido siempre, pero nunca se había percatado realmente de ello hasta ahora, lo que mandó señales de alerta a su cabeza…. Mejor volver al tema del Kitsune.
—¿No vas a encadenarme o sí?
Derek volvió a mostrarse neutro, pero hizo una pequeña sonrisa como mueca, expresando que el comentario le había resultado gracioso.
—No —respondió—. Creo que sí, tienes razón en no querer decírselo a nadie todavía.
—¿ves? Los tres chiflados no quieres creerme —dijo Stiles haciendo referencia a sus entrenadores personales.
—Ellos no conocen a la manada como tú y yo. Pienso que lo mejor es comenzar poco a poco, en lugar de decírselo a todos al mismo tiempo.
—Yo quisiera que no se enteraran nunca.
—No puedes mantenerlo escondido para siempre.
Stiles miró hacia todas direcciones, de nuevo nervioso.
—¿No te molesta? ¿o asusta?
—¿El Kitsune? —preguntó Derek con incredulidad— Me intriga ¿cómo es posible que seas uno? Creí que nacían… y qué todos eran mujeres.
Stiles llevó sus brazos al cielo en ese ademán tan exagerado que tanto le gustaba hacer, como queriendo decir que por fin alguien hacía un comentario inteligente.
—No lo sabemos con certeza —respondió luego de tranquilizarse ante una mirada molesta del mayor—. De hecho, el señor Yukimura no deja de decir lo fantástico que es que yo, un hombre, haya sido el depositario del zorro, es un poco estresante, a decir verdad.
—Supongo que no estás muy contento con todo esto.
—Me cuesta un poco, pero ya lo voy aceptando. Al menos ya no me provoca dolores y alucinaciones, como antes.
—El día que te desmayaste en el entrenamiento ¿fue por esto?
Stiles asintió.
—Es porque lo estaba reprimiendo.
—Es normal, tenías miedo de que fuera como el Nogitsune.
Stiles se le quedó mirando medio estupefacto. ¿De dónde Derek sabía tan bien lo que le pasaba a él? pareciera como si le leyera la mente, pero eso no podía ser, porque si no ya le hubiera arrancado la garganta debido a los pensamientos morbosos que había tenido antes.
—Algo así. Lo que me recuerda: se supone que necesito un compañero para entrenar, pero Kira no está disponible y Noshiko no puede pelear ya… y cómo tú eres el único que sabe…
—Te ayudaré —lo interrumpió el mayor antes de que pudiera terminar la frase— sólo avísame dónde y cuándo se verán.
—¿En serio? —dijo Stiles con incredulidad— Waw, eso fue fácil.
—No hagas que me arrepienta. Por favor, dile a Scott cuando lo veas que me gustaría que organizara los entrenamientos aquí, ya he comenzado a montar un gimnasio en el sótano.
Stiles se extrañó de tener que llevar el mensaje cuando era obvio que Derek podría haberle llamado o mandado un mensaje. Pero igual, no hizo ningún comentario al respecto. De hecho, sentía las palabras del mayor como una despedida, así que le dijo que se tenía que ir, a lo que Derek sólo asintió.
—Mándame la ubicación de tu próxima reunión con los "tres chiflados".
Stiles se rió como un niño mientras las puertas del ascensor se cerraban, dejando a Derek del otro lado, y la sensación de haber roto una barrera más con el lobo. No importaba nada todo el rollo sexual, seguro que sólo se trataba de frustración por no haberse masturbado en la mañana.
Derek se había abierto un poco ante él y lo que era mejor, había aceptado a Stiles aún y con demonio dentro, lo cual era increíble.
Stiles, sin duda, ya no tenía ganas de morir.
—Este es el otro cuerpo —dijo Araya mientras descubría el segundo wendigo que habían recogido de Beacon Hills.
—Está destrozado —contestó Chris sin apartar la vista de los restos.
—Lo mató Derek Hale —explicó Severo, desde un rincón de la morgue personal de los Calavera— el wendigo intentó matarlos a él y su novia, pero el lobo se le adelantó.
Chris Argent asintió, todavía con la vista clavada en un punto exacto del cadáver, debajo del mentón, cerca de dónde comenzaba el pecho y terminaba el cuello. El sello era bastante claro.
—No es una coincidencia, Christopher —volvió a hablar la mujer— la chica que acorralamos, dijo que la habían enviado a vivir al pueblito de tus amigos porque era un buen lugar. No sabemos qué planea, pero dos Wendigos en una sola noche no es para tomarlo a la ligera.
Chris asintió, despegando su vista por fin del sello de propiedad que era idéntico al que la chica, Ana, portaba sobre su piel. Un wendigo, incluso dos, no era tan raro, pero dos wendigos marcados y además tan lejos de su país natal eran malas noticias.
—¿Qué pasa con Kate? —dijo, sabiendo que le mostraban eso porque querían que él se hiciera cargo.
—Nosotros nos encargaremos personalmente de atraparla. Necesitamos que vuelvas a Beacon Hills… lo más pronto posible. Quién sabe cuántos más haya enviado.
—Hablaré con Selena hoy mismo, para que me dé toda la información que tenga sobre el asunto. Su grupo es el que ha peleado contra "Ella" más veces que cualquier otro.
—Te lo encargo, mijo, cuídalos bien —dijo Araya mientras asentía al verlo salir de la habitación.
Chris esperó hasta estar fuera del edificio de los Calavera para tomar su celular y marcar un número de memoria. Tardó un poco en contestar, pero no le sorprendía en lo absoluto, ya que su destinatario estaba del otro lado del mundo.
—¿Chris? ¿todo bien? —Dijo una voz somnolienta del otro lado de la línea.
—Isaac, ¿Listo para volver a Beacon Hills? Te necesito… tu manada te necesita.
El silencio se prolongó por un par de minutos, Chris incluso pensó que la comunicación se había cortado. Dio un respingo cuando volvió a escuchar la voz de Isaac del otro lado.
—¿Estás en México?
—Guadalajara —contestó Chris de inmediato.
—Salgo para allá ahora mismo.
Chris Argent sonrió ante esas palabras porque ya era hora de que Isaac saliera de su autoexilio, que demostrara lo que había aprendido en todos esos meses. Ya era hora de que Scott recuperara a su primer Beta.
