7

Smallville. Kansas.

Granja Kent. Navidad.

Tom terminó de colocar mas leña recién cortada en la chimenea encendida y volvió a la cocina. Su padre estaba allí cocinando el pollo navideño relleno en el viejo horno a gas de la abuela Martha.

-Es una receta de mi madre – le explicó a su hijo, mientras preparaban la ensalada – Ya te la pasaré cuando llegue el momento.

-Últimamente, en nuestra familia todo llega en determinado momento – comentó Tom.

Su padre lo observó con atención.

-Repítemelo, hijo: ¿Desde cuando tienes los poderes? – quiso saber.

-Ya te lo conté. Aparecieron luego de que ese clon me tirara por el aire.

-No me lo recuerdes – Clark meneó la cabeza – Has hecho muchas tonterías juntas, Thomas. La próxima vez quiero saber dónde estas y si la cosa dice "peligro extremo" quiero que ni te acerques. ¿Estamos?

-¡Oh, rayos, papá!

-Tom…

-Ok, ok. Te lo prometo.

Clark sonrió. Palmeó a su hijo en la espalda.

-No estarás solo en esto – le dijo – Te ayudaré con tus poderes. Aprenderás a controlarlos, como yo lo he hecho.

-Gracias, Pa.

-No me lo agradezcas. Mejor pórtate bien – Clark se sacó el delantal de cocina – Hazme el favor: cuida que el pollo no se queme. Voy a ver a tu madre.


Lois descansaba recostada en su cama. Miraba como la nieve caía lentamente, por la ventana del dormitorio matrimonial.

Estaba cansada.

La quimio la dejaba siempre así.

Clark entró y se sentó a su lado. Sonrisa en rostro, la tomó de la mano.

-¿Cómo esta la reina de la casa?

-Parecida a Luthor – se señaló a su cabeza. Llevaba atado un pañuelo violeta que escondía pudorosamente la calva, producto del tratamiento prolongado de quimioterapia – Más allá de eso, normal. Viendo caer la nieve por la ventana.

Silencio. Lois y Clark se miraron a los ojos.

-Soy una tonta.

-No, no lo eres.

-Sí, lo soy. Yo misma me lo busqué. Bien merecido lo tengo.

-Lois, no digas esas cosas…

-Pero si es la verdad.

-La verdad es que en la vida las cosas no siempre salen como queremos, ni podemos manejarlo todo. Lo único cierto que nos queda es… seguir adelante.

-¿Aunque me quede flaca y pelada? ¿Aunque me ponga fea y horrible?

Clark sonrió. La besó tiernamente en los labios.

-No eres fea ni horrible – dijo él – y aunque estuvieras flaca y pelada, yo te seguiría amando como el primer día que te vi.

Lois lloró. Clark la abrazó.

-Te amo – dijo ella – Te amo tanto…

-Yo también… y tu hijo también lo hace. No llores más. Seca tus lágrimas y vamos al comedor. Pasaremos una bella Navidad los tres juntos, en familia.

-Le doy gracias a Dios por Tom y por ti, Clark – le confesó ella – No sé que seria de mí sin ustedes dos…

-Lois, no sé que haría yo sin ti – admitió él.

Ella lo abrazó con más fuerza.

-Prométeme que si me pasa algo, cuidaras de Tom.

-Lois…

-Por favor, Clark. Prométemelo.

Él no quería pensar en eso. Una parte de su ser mas intimo se negaba, rechazaba "esa" posibilidad… que ella no estuviera mas a su lado…

Pero sabía que negar el problema nunca seria la solución.

-Te lo prometo, amor – dijo al fin, mirándola a los ojos – Te lo prometo…


Epilogo

Aquella fue la última Navidad de Lois Lane.

Falleció a mediados de Marzo, el año siguiente. Si bien la quimioterapia la ayudó, el daño a sus pulmones era muy importante para revertirlo.

Clark y Tom la enterraron en el cementerio de Smallville, en una tumba al lado de Jonathan y Martha Kent.

Padre e hijo quedaron desolados por la pérdida, pero decidieron que la mejor manera de honrar la memoria de Lois era siguiendo adelante. Encarando la vida como mejor podían.

A mediados del nuevo año, Clark entrenó a su hijo en el uso de sus superpoderes. La granja era el sitio ideal para hacerlo; en varios kilómetros no había nadie, por lo que no tenían que temer por testigos accidentales entrometiéndose.

Todo marchó sobre ruedas, pese a la dolorosa pérdida, pero entonces, sucedió algo muy curioso…


Metrópolis. Edificio de "El Planeta".

Interior de la oficina del Editor. Día.

Franklin Stern era un hombre de augusta presencia. Clark siempre lo consideró un importante hombre de negocios, con escaso tiempo para ocuparse de sus empleados. Sin embargo en persona Stern era bien diferente; desbordaba cordialidad y un profesionalismo envidiables.

Hacía escaso tiempo que había adquirido el periódico metropolitano. Lo consiguió comprándoselo a LexCorp por una elevadísima suma de dinero.

Como Lionel Luthor había fallecido luego de su infortunado cuadro de salud y Lex Luthor II quedó implicado en los acontecimientos ocurridos el año anterior (recibió acusaciones formales de ser el responsable directo de la creación del doble de Superman, con el único fin de ensuciar su buen nombre) la venta del diario se produjo sin contratiempos.

Stern, amigo de toda la vida de Perry White y de George Taylor, quiso honrar la memoria de sus camaradas muertos llamando al viejo staff de trabajadores del periódico, para ofrecerles nuevamente trabajo entre sus filas por un excelente sueldo.

Clark no fue la excepción. Stern sabia que durante la época dorada del diario, el reportero era el mejor en su rubro, por lo que cuando ambos se reunieron en aquella oficina, no le extrañó que el gran hombre de negocios pensara en él, considerándolo para retornar también.

Pero Stern no solo lo quería como miembro del periódico en calidad de periodista. No. Quería algo más de Clark…

Quería ponerlo en el puesto de Editor.

-Pe… co… ¿Yo? ¿Editor del diario? – preguntó Clark, anonadado.

-Es el indicado para el puesto – Stern lo miró, cruzando los dedos sobre el escritorio – No conozco a nadie mas calificado para ocupar el cargo, fuera de usted.

-Muchas gracias, señor Stern… pero no sé si pueda hacerlo…

-Tonterías. Lo hará y me consta que muy bien – Stern sonrió, afable – Empieza el lunes. Llegue temprano.

-¡Caray!


Tom se enteró de la noticia cuando su padre lo fue a recoger con el coche a la salida del campus universitario de Smallville. Lo festejó como si hubiera sido un logro propio.

-¡Mamá estaría orgullosa de ti! – dijo. Clark se conmovió con la mención de Lois.

-Gracias, hijo. Veremos que sale de esta locura…

-Relájate. Todo ira bien. Ya veras.

Sonrió. Su padre le devolvió el gesto.


El lunes, la puerta de la oficina del Editor tenia el rotulo recién puesto en ella. Decía lo siguiente:

CLARK KENT

EDITOR EN JEFE

Clark lo miró con cierto orgullo, mientras tomaba una taza de café. Se volvió hacia el personal de la Redacción y les dijo:

-¡Muy bien, gente! Tenemos un periódico que sacar a flote. ¡Todo mundo a trabajar!

¡FIN!