CAPITULO VII
LA FURIA DE HADES
Apretó con fuerza el ojo, ya casi perdiendo el conocimiento.
De pronto Enio levantó su mano con violencia cortando el aire como si de una cuchilla se tratara. En ese momento Esteno y Euríale salieron expelidas contra el muro de salientes rocas que se encontraba a sus espaldas, de donde bajaron raudos gruesos y pesados barrotes, cerrando toda salida posible a las gorgonas.
- ¡Nunca más vuelvan a retar una orden de las greas! – dijo la vieja Enio, desfigurada por la ira. Más allá las gorgonas, graznaban amenazantes mientras las serpientes en sus cabezas, ante la violencia del golpe contra el duro muro, clavaban sus colmillos afilados en los rostros de las gorgonas, quienes a dentelladas arrancaban las cabezas de las que quedaban al alcance de sus poderosas fauces, mientras el resto se clavaba en sus hombros, rostros y orejas, a todas estas Harry, Sirius y Grecia con los ojos bien cerrados se habían unido en un abrazo de protección esperando saber el cauce de sus destinos.
- Entrégame el ojo y el colmillo y los dejaremos ir, te doy mi palabra -dijo la vieja Enio.
- Tu palabra no es suficiente- dijo Sirius- ¿cómo sabremos que no es una trampa?
- ¿Cómo te atreves...? –Exclamó Dino airada –llamarnos mentirosas...
- Yo tampoco les creo –dijo Harry, abriendo los ojos con cuidado – no me fío de ustedes.
Lentamente se irguieron y Grecia y Sirius abrieron lentamente los ojos cuidando de dar la espalda al obscuro rincón de donde provenían los graznidos tristes de las gorgonas.
- ¿Y qué propones, bello mancebo? –dijo la vieja Pefredom, en forma despreciativa.
- Nos llevaremos el ojo y el diente, hasta los límites de la montaña, allí los dejaremos, bajo tres rocas puestas en triángulo, protegidos con el musgo, prometo dejarlos allí, nadie más podría encontrarlos.....
En el cuerpo amorfo de las tres viejas un leve estremecimiento se dejo ver, por momentos Harry creyó que convulsionaban, pronto se dio cuenta de que no. Las tres ancianas comenzaron a reír descontroladamente como desquiciadas, estaba visto que todo aquello no los llevaría a ningún lado.
Si que eres ingenuo, te creí más inteligente –dijo Pefredom apenas controlando la risa. De aquí no saldrán con nuestras preciosas pertenencias.
En ese momento Sirius se levantó y tomando una piedra de regulares dimensiones la dejó caer contra el duro suelo.
-Uno más y destrozaré tu diente y tu ojo, ¡vieja maldita! –exclamó Sirius con furia.
Las gorgonas graznaron nuevamente revoloteando tras los gruesos barrotes.
- Eres un mentiroso ya sabía que no debía fiarme de ustedes, mis hermanas me han dicho que no has golpeado nuestro diente.
- ¿Sí? –dijo Sirius desafiante.
Colocó el diente sobre el suelo y dejó caer la roca sobre él. Un pequeño fragmento de forma triangular se desprendió limpiamente del horrible colmillo dando a parar justo en el rostro de Dino.
- Sirius...- exclamó Grecia mortalmente pálida sin atreverse a detenerlo.
- ¿Y ahora que te han dicho tus hermanitas, linda? –dijo Sirius exhausto pero sonriente.
- ¡Eres un maldito!, exclamó Dino, sobándose la marchita mejilla y tanteando en la fría mesa el pequeño trozo de diente. -¡Detente! -dijo sollozando la anciana –¡lo has destrozado maldito!, ¡lo has destrozado!.
- No, aún podrán comer papillas con el –dijo Sirius comenzando a disfrutar todo aquello.
- Tu madre se retuerce en el infierno con nosotras ¿lo sabías?- dijo Dino retándolo.
- Ja ja, no lo sabía, pero mira que ya lo sospechaba...¿verdad Harry?.
Harry también sonrió divertido ante la ocurrencia de su padrino.
- Ya basta- dijo Grecia, haciendo grandes esfuerzos por mantenerse serena pese al dolor que le abrazaba el hombro. - Enio, - dijo dirigiéndose a la grea de la derecha,- aquí está la lira de mi padre, te la obsequio en nombre del trato que espero cumplamos por el bien de todos. Soy ninfa del Averno y como tal me comprometo a no faltar a mi palabra. Te obsequio la lira y te entrego el ojo –dijo Grecia extendiendo la mano sana hacia Harry. Éste le entregó el ojo en silencio, no muy seguro de hacerlo pero en fin confiando en el buen criterio de Grecia.
- Pero el colmillo sólo se los entregaremos una vez estemos fuera de los límites de Atlas, donde sus poderes y los de las gorgonas acaban, justo allí donde el joven mortal te ha dicho. Te juro que ahí lo encontrarás sano y salvo, lo que queríamos ya lo hemos obtenido.
Con éstas palabras entregó el ojo a Enio, quien rápidamente lo colocó en su vacía cuenca, la observó y le tomó del brazo:
Aquel que conoces como Hades, cuyo verdadero nombre es impronunciable, aquel cuya lengua es la lengua de la serpiente, cuyo destino guía las almas de los antiguos… rey de reyes, hechicero de hechiceros, señor de los demonios y del abismo, Lord de todas las aberraciones infernales, amo de las lágrimas, príncipe de los malditos, está cerca y su furia derramará contra la criatura …
Ya lo sabemos Enio –dijo Grecia cortando las palabras de la vieja grea.
Ésta soltó su mano lentamente y al instante, Pefredom le arrancó el ojo de su cuenca del que se dejó oír un desagradable sonido de succión.
Enio, arrancó dulces y melodiosos acordes de la hermosa lira y una indescriptible sensación de paz llenó toda la cueva, hasta las gorgonas dejaron de graznar quedándose inmóviles al escuchar aquel extraño sonido.
- Márchense pronto -dijo Enio tristemente,- tendrán el tiempo necesario para salir de la cueva y cruzar Atlas, no tomen el bosque de las banshees, vayan por la izquierda de Atlas, allí el velo los espera.
- ¿Quién eres tú para hablar en nuestro nombre? –replicó Dino con furia.
- ¡Ya cállate! ¿O quieres quedarte sin comer para siempre? – dijo Enio, dejando pasear extasiada sus huesudos dedos por las finas y doradas cuerdas de la lira de Orfeo.
- Hermoso Orfeo- suspiró.
Antes de escuchar una palabra más, los tres viajantes emprendieron la marcha cuidando de dar siempre la espalda a las gorgonas que graznaban ya débil y lastimosamente y que parecían haber aceptado que ese día sólo cenarían los putrefactos restos del desafortunado mhorg. A sus espaldas sólo la dulce melodía de la hermosa lira los acompañaba. Las tres greas parecían haber caído en una especie de letargo ante los mágicos acordes de la lira de aquel triste y desafortunado joven que encontró la muerte por culpa del amor.
Una gruesa lágrima se deslizó de la cuenca vacía de una de las greas.
Poco después tres raudos forasteros cruzaban la blanca montaña llena de extrañas y grotescas figuras horadadas por el viento y el tiempo. Momentos más tarde descendían hasta una fresca planicie llena de suave musgo donde horas antes Sirius había cortado gruesos bulbos para bajar la fiebre a Harry. Ahora colocaban entre las tres rocas y protegido con el musgo aquel poderoso órgano que ahora traía tristes recuerdos al alma atormentada de Harry, recuerdos de hechos que estaban por suceder. Dudó un momento, resistiéndose quizás a desprenderse de aquella gran fuente de poder que le permitiría ver mucho más allá de lo imaginable. En ese momento Grecia desfallecía en los brazos de Sirius quien con el semblante preocupado la cargó con facilidad.
Sirius intuyó las dudas de Harry al observarlo ojo en mano:
- Debemos partir Harry, has caso a Grecia, es un poder al que no estás preparado para enfrentar. Sé que viste más de lo debido Harry, pero no quiero saberlo, sólo tu deberás cargar con ese peso, pero no te permitiré que vuelvas a hacerlo- dijo Sirius con aquella mirada terrible que hizo a Harry bajar la vista.
Harry puso el ojo suavemente entre el musgo fresco y lo colocó en el hueco que se hacía bajo las tres piedras alineadas triangularmente, se incorporó y junto a Sirius que llevaba en brazos a la bella ninfa, continuaron en silencio el camino que les había señalado la vieja grea.
Tras algunas horas de camino, sólo interrumpidas para tomar aliento, divisaron a lo lejos una larga escalera contorneada en suave tirabuzón, que de la nada se erguía en las alturas, haciendo imposible divisar su fin. Era extraño pues no había nada alrededor de éstos desnudos y oscuros escalones en extremo estrechos y desprovistos de pasamanos. Sin saber que hacer hicieron un alto al principio de los escalones. Sirius dejó reposar el cuerpo inerte de su amada sobre éstos y la contempló con preocupación.
- ¿Grecia?, ¿Grecia?, despierta por favor – dijo Sirius tomándola suavemente de las mejillas.
Harry del otro lado le acariciaba dulcemente la suave cabellera, se sentía impotente ante el dolor de la ninfa y ante el sufrimiento de su padrino
Grecia, se movió y el dolor punzante que sintió al despertar la hizo estremecerse febrilmente.
- ¿Dónde estamos? –preguntó débilmente.
- No lo sé preciosa- dijo Sirius con dulzura –son unas... escaleras... pero no sabemos hacia donde se dirigen...
Grecia se animó y entornó los ojos hacia la escalera.
- Eso es... lo hemos logrado...el velo... al final de la escalera se encuentra el velo de Hades.
- ¿El velo?- preguntó Sirius –pero no recuerdo éstas escaleras.
- No podrías, las escaleras sólo te llevan hasta el velo pero para descender de él no las necesitas, es otro el camino. Camino que por cierto ya debes recorrer.
- ¡NO!, no podría dejarte así.- replicó Sirius tristemente.
- No me dejarás, sé que no lo harás -dijo Grecia rozando su mejilla con su blanca y pálida mano. Sirius la tomo entre las suyas y la besó.
- Grecia...
- No debes perder el tiempo, escucha –dijo Grecia – acompaña a Harry, yo esperaré aquí por ti pero deben andar con cuidado, estamos en los recintos de Hades y el velo es uno de sus objetos más preciados.
- Grecia – dijo Harry con tristeza plantándole un suave beso en la frente – No sé cómo podría darte...
- ¿Las gracias, querido mío?, no hay porque darlas, soy yo quien está feliz de haber podido contribuir a que logres tu destino Harry y feliz de que no todo en la vida de Sirius fue tristeza, es bonito saber que antes de morir tu lo hiciste feliz.
- Grecia- dijo Harry entrecortadamente conteniendo un suave sollozo- no quiero...
- Shssssssssssss, no hables... Tu madre habría estado orgullosa del hombre que eres.
Harry no pudo contener el llanto y se arrojó suavemente sobre la fría mejilla de la ninfa. Sirius tragó profundo, pero el nudo en su garganta no desapareció.
Te sacaré de aquí y te curaré, es como hacerlo...-dijo con la voz entrecortada.
- Si, amado lo sé, esperaré por ti pero ahora debes acompañar a Harry, llévate mi cuerda podría serles útil, te esperaré aquí, suerte amado Harry.
- Gracias Grecia, gracias por todo, nunca podré olvidarte.
- Si...creo que no lo harás,- sonrió Grecia con dulzura, -ahora váyanse- dijo girando el rostro y cerrando los ojos.
- Vamos Harry –dijo Sirius con premura,- toma tú la soga, debemos ir de prisa pero cuidado los escalones son estrechos, tan pronto te deje deberé llevar a Grecia con la vieja Enio, ella la ayudará.
- ¿Estás loco? , las gorgonas los destrozarán apenas verlos...
- No si tomo el ojo antes de que lleguen...
- Pero...
- Basta de peros, ¿no ves que la pierdo?
- Lo siento Sirius...
No habían logrado subir unos tres escalones cuando violentos arreboles tornaron el cobrizo cielo en un mar de fuego escarlata, la tierra bajo ellos se estremeció y un violento temblor los hizo caer nuevamente al principio de la escalera, mientras negras grietas en el piso dejaron escapar poderosas y fugaces llamaradas que poco a poco se hicieron más densas y llameantes.
Harry y Sirius abrazaron a Grecia para protegerla de las amenazantes llamas que ahora parecían venir desde todos lados, densos gases minaron el aire y un sofocante calor los invadió.
De una profunda y gruesa grieta justo frente a ellos emergió.
- ¡HADES! – exclamó Grecia.
Majestuoso e hipnótico se irguió en la negrura, la colosal figura del temido Hades.
De labios negros, al igual que sus globos oculares carentes de pupilas y enmarcados en un glaciar rostro de mármol, la expresión de su vacía mirada dejaba entrever en su profundidad, el infinito del espacio-tiempo, en un remolino de odios y desesperanzas. Su silueta, alargada y potente cubierta por capas de mantos ardientes, de las que asomaban largos y delgados brazos y de cuyas manos surgían flameantes llamas que hablaban en susurros, lenguajes amorfos de su propia inventiva, olisqueando el aire nerviosamente, mientras que de una de esas pálidas manos, pendía un labrado cetro de dos puntas. De su cabeza un fuego eterno danzaba con lentitud.
Bajo sus pies un mar de calaveras servía de descanso al infame y obscuro trono de negras y labradas simbologías custodiado por broncinas gárgolas, donde se posaba incólume aquel ser ancestral y poderoso. En su otra mano una espada de fuego flamígera arrojaba amenazantes destellos. A sus pies, el portento, el enorme can Cerberos, cuya potente y enorme cabeza, intimidaba con su presencia a todas veces invulnerable y poderosa.
La negrura se apoderó de las tres almas que observaban aquella petrificante imagen, un frio interior cubrió sus cuerpos y los poseyó por completo. ¿Cuántos más tormentos tendrían que soportar antes de alcanzar la destrucción o la gloria en aquel lugar?
Sólo Hades tenía la respuesta, esa criatura arcaica que habitaba en los confines más aterradores de aquel submundo, un lugar donde el dolor y el terror inyectaban el ambiente nutriendo cada roca, cada desdichada criatura, cada grano de arena. Al fin, el nombre del Inframundo cobró el poderío y esplendor de su verdadera esencia, la de la región más sombría, demoníaca y devastadora del mundo.
Hades habló.
No fue una voz, ni dos, ni diez las que salieron de su garganta. Miles de voces- las voces de todas sus presencias - fundidas en una sola garganta y a una sola voz retumbaron en el sombrío Averno:
- Has roto el fino equilibrio de mi mundo, has irrespetado a mis criaturas, has mentido y traicionado y has evadido tu destino. Es tiempo criatura de pagar tu afrenta.- dijo potente pero conciso. Todo estaba más que claro.
- Pagaré señor, pagaré pero no les hagas daño. – dijo Sirius precipitadamente- el chico está aquí por error.
-Silencio, mal penitente, que evades tu destino, te he observado en el limbo que tú mismo te has labrado. Ha mucho tiempo ya, has debido cruzar el Aqueronte y evitar males mayores.
- Soy culpable señor, de todo ello soy culpable, pero necesito ser escuchado.
- Sabed que Cerberos no tolera a los vivos y pronto dará cuentas de él –dijo Hades señalando a Harry.
- No ha venido por voluntad propia - se atrevió a replicar Sirius. Mientras Harry y Grecia guardaban silencio, el uno desconcertado y la otra demasiado débil para hablar.
- No señor... por favor –dijo Sirius suplicante.
- Calla, no eres tú el juzgado...
- El chico no tiene la culpa... fueron los lichs quienes lo trajeron...
- He dicho silencio- dijo Hades dirigiendo su cetro de dos puntas a Sirius.
Un poderoso rayo con aspecto de llama le alcanzó el pecho fulminándole. Sirius cayó al piso retorciéndose de dolor.
- ¡El no es culpable!, sólo me ayudó, si va a exterminarnos hágalo de una vez, pero hágalo con los dos, ambos somos culpables – replicó Harry con furia corriendo a socorrer a su padrino.
- ¡NO! - Gimió Sirius- ¡NO!
La voz de Hades retumbó nuevamente.
- ¡Idiotas!, mientras os peleáis la culpa yo haré lo que he venido a hacer.- dijo Hades mirando divertido a Sirius y a Harry, pero entonces sus facciones se hicieron terriblemente duras, terriblemente inmisericordes.
-Si hay algo que no tolero es la traición. – dijo Hades con solemnidad.
- Levántate ninfa – continuó.
Grecia se levantó lentamente mientras dos gruesas lágrimas recorrían sus mejillas y violentos estertores sacudían su cuerpo. Harry y Sirius la observaron atónitos.
- ¡NO!, ella no ha hecho nada, ella es inocente -dijo Harry, mientras Sirius hacia grandes esfuerzos por recuperarse del doloroso rayo que lo había herido.
- Ella cometió traición contra su mundo, contra su señor, contra su protector.- dijo Hades rotundo.
- No señor por favor, ella sólo nos ha ayudado a cruzar el Averno, porque yo se lo pedí y jamás dañó a ninguna de sus criaturas, fui yo quien mutiló a la gorgona, no ella –dijo Sirius, más repuesto y loco de desesperación.
- Ninfa – dijo Hades dirigiéndose a Grecia – de los tres mundos de la creación es sabido que Hades es justo. Serás juzgada. Contesta con sinceridad a mis preguntas porque igual ya se las respuestas.
Grecia bajo la mirada y susurró:
-Por favor... señor...
- ¿Fuiste desleal conmigo?
- ...Si...
- ¿Has mentido a tus amigos?
- ...Si...
- ¿fuiste desleal con éste mundo que te cobijó?
- Si...señor
- Destruiste a la más preciada de mis criaturas...
- ...Si...
- ¡Miente!, ¡ella miente!, no ha destruido a nadie fui yo, yo mutilé a la gorgona...- se atrevió aún a protestar Sirius desesperado sin lograr entender de un todo. Nadie parecía escucharlo.
- ¡Calla de una, he dicho! - bramó Hades – Cuéntales ninfa.
- Yo... dije...
- ¿Dijiste que cosa...?- preguntó Hades.
Grecia guardó silencio, no podía continuar.
-Diles que hiciste.
- Yo... dije... la respuesta... del enigma... a la esfinge... a través de Harry...
- Tú destruiste a mi hermosa esfinge, mi más preciada criatura, revelaste mi secreto y te ufanaste de mi ira
- Yo no...me ufané –dijo la ninfa tímidamente.
En ese momento Hades con su cetro, apunto a Harry lanzando con él una poderosa fuerza invisible que lo envolvió en una especie de trance. Harry con la vista vacía y tal cual lo había hecho ante la esfinge repitió:
"El ser que sueña ser mil seres es Hades y los mil seres, son su séquito de demonios. El mundo del que hablas sin caminos y sin mapas, es el infierno, en el cual y a través de los ojos de su séquito, ve y castiga los pecados de los condenados tal cual lo haría una conciencia... ...su cuerpo es el mismísimo infierno... en el cual arde ahora mismo con la ira de las mil condenas, porque el enigma ha sido resuelto. ...Pero el portal fue traspasado para develar el secreto, y el desdichado que osó profanarlo, nunca mas existirá ni reencarnará... Su creador, destruirá su alma y cuerpo...
- ¡Te burlaste de mi ira! –gritó Hades hundiendo su potente puño en la cabeza de Cerberos- ¡Traspasaste el portal!,- dijo clavando la espada en una de las calaveras a sus pies y un torrente de pútrida sangre brotó de ésta. - ¡Mentiste, traicionaste y destruiste y por si fuera poco te burlaste de mi ira! –dijo atronadoramente y por momentos las llamaradas del Averno se elevaron en el firmamento con mayor potencia como si respiraran el oxigeno de la ira del señor del inframundo.
- ¿Quién sufrirá ahora, el dolor de las mil condenas, desdichada ninfa?- sonrió infernal el maligno.
- ¡Piedad! – gimió Sirius destrozado de dolor, abrazando con fuerzas a la bella ninfa - no me la quites señor...
- ¡Nunca te perteneció! –respondió Hades airado.
- Lo se... pero es un ángel – respondió Sirius entre sollozos.
- ¡Con más razón no debe estar aquí! –dijo Hades impaciente.
- ¡No la destruyas! –Dijo Sirius abrazándola como un niño atormentado, -no la destruyas por favor, es mi hermosa Grecia... mátame a mi...
- Ja, ja, no puedo, ¿se te olvida que ya estás muerto, patético penitente?- rió Hades aburrido. –me impacientas ¿sabes?
- No la destruyas...por favor – repitió Sirius desconsolado – es todo para mí.
- A mal árbol te arrimas – dijo Hades, mas para sí mismo que para Sirius.
Mientras, Grecia temblaba febrilmente como la hoja de un árbol marchita por el otoño y a punto de caer al arroyo.
- Destrúyenos a los dos...-suplicó desesperado.
- Tu destino es otro mal penitente, cruzaras hoy mismo el Aqueronte, pero te dejaré sumergirte en el Lete para que olvides primero tus tormentos y así purgues mejor tu condena. ¿Ves que Hades es justo? - dijo levantando el entrecejo.
Un fuerte estremecimiento se apoderó de la ninfa.
Grecia se llevó las manos al rostro, un dolor insoportable se alojó en su frente como si de ella quisiera salir ella misma. Miró aterrorizada a su amado.
-Sirius...-pudo dejar escapar de su boca –Sirius... abrázame -el dolor la había paralizado.
- NOOOOO! ¡Hades! ¡Maldito!, ¡mal nacido! ¡no la hagas sufrir!, ¡Ya ha sufrido bastante! ¡piedad!, ¡piedad!...-gemía Sirius aferrándose febrilmente a su amada como si con ello pudiera evitar aquel funesto desenlace.
- Amor mío...perdóname...-susurró débilmente Grecia.
- Calla...calla... no hay nada que perdonar...-lloró Sirius.
Allí en su cara, su rostro se rompió, como se rompe una hoja seca antes de las primeras nieves del invierno.
Los ojos de Grecia se abrieron con mesura y su último impulso fue abrazar a su amado para soportar el terrible dolor que le torturaba, sus puños apretaron con fuerza los brazos de Sirius, mientras, sentía de su pálida frente brotar toda la energía vital que la mantenía con vida, la sentía escapar dolorosamente, allí frente a su amado Sirius que la veía desesperado como si su alma también escapara de su cuerpo. Sirius sin saber que hacer y desconsolado e impotente se volvió loco de dolor, ante el dolor. Loco de amargura ante el terrible trance que aquel monstruo provocaba sobre la criatura más dulce del mundo, de éste, del otro y de cualquier mundo, porque su amada Grecia se le había incrustado en el alma como nadie nunca lo había hecho y como nadie jamás lo volvería a hacer, en ese instante ambos morían, no sus cuerpos, no sus almas, sino la energía vital que una vez los consumiera de amor y que ahora se extinguía inexorable... para siempre, morían sus corazones. Un suave suspiro fue la señal y el menudo cuerpo de la valiente ninfa se relajó suavemente en los brazos de Sirius, quien no podía verla, porque sus ojos bañados en lágrimas nublaban su vista, mientras entrecortados sollozos lo hacían temblar febrilmente.
Quería morir, pero Hades tenia razón...ya estaba muerto.
En ese terrible momento Harry que aún se mantenía en el extraño trance, que Hades le había inducido habló:
..."pero como nada desaparece y todo se torna, transmutará, y por siempre en el firmamento, antes de rayar el alba un nuevo astro resplandecerá en los cielos, cuyo nombre develará el alma de su noble sacrificio, porque Dios el único, aquel cuyo poder es infinito, así lo ha decidido.
El poderoso Hades por primera vez perdió el dominio de si mismo, desconcertado, ante las últimas palabras de Harry las cuáles escuchaba por primera vez.
- ¡Contesta penitente!, ¿éstas palabras...fueron parte de la respuesta al enigma? –dijo nerviosamente.
Sirius lo miró con odio, aún con el cuerpo de Grecia en sus brazos.
- ¿Qué, no conoces poderoso señor, ni tus propios enigmas?- dijo hiriente, al tiempo que acariciaba con su húmeda mejilla el rostro pálido de Grecia.
En ese momento un ruido estremecedor invadió el inmenso recinto del Averno, todos hasta el mismo Hades y el can Cerberos miraron en dirección al atronador sonido. Harry quien apenas pronunció las últimas palabras del enigma salió del extraño trance, había corrido a socorrer a su padrino encontrándose con el horrible hallazgo de la muerte de Grecia, sólo atinó a abrazarla en un fugaz y desesperado adiós. Ambos viajantes también miraron al extraño cielo cupular de tonos cobrizos que enmarcaba el Averno.
Como tocada por un rayo poderoso, caído en el mismo infierno, las paredes de la enorme cúpula cedieron estruendosas, los muros del terroso cielo se abrieron zigzagueantes y una luz pura y cegadora iluminó el opaco recinto, descubriendo por primera vez colores y formas que eternamente habían permanecido en las sombras. Al instante miles de criaturas se desvanecieron entre rocas y escondrijos, al parecer, innumerables miradas atisbaban desde hacia rato lo que allí acontecía.
Hades sin perder el aplomo de su legendaria y obscura estirpe, aguardó impasible mientras la hermosa luz descendía del firmamento, hasta posarse justo frente a él.
- Aquel que es más poderoso que tú ha hablado y su voz es ley. Se oyó una voz desde la misma luz. - es ley que entregues los despojos de la ninfa Grecia Athenea.
- ¡Con que derecho tú!...- exclamó Hades fuera de si.
- Con el derecho de Dios, con el derecho de su noble sacrificio, con el derecho de su amor abnegado... Con el derecho del padre. Entrégame a mi hija, porque hoy mismo reinará en el firmamento junto a sus nobles ancestros.
- ¡Orfeo!- exclamó atónito Hades.
- ¿Me recuerdas, Hades?, ha mucho tiempo ya, pero ello no te ha bastado, no sólo me arrebataste a Euridice, sino también has destruido a mi hija.
La luz que poco a poco había ido tomando la forma del hermoso Orfeo, miró con tristeza el cuerpo de su hija y al penitente que la abrazaba.
- Entrégamela –dijo Orfeo tristemente a Sirius.
Sirius dudó unos instantes y observó con estupor aquel rostro luminoso que tanto se parecía al de su amada, su corazón se conmovió y entrego el inmóvil cuerpo de Grecia a su padre, Orfeo.
La luminosidad que rodeaba como un aura de energía el cuerpo-luz del noble Orfeo, poco a poco se extendió hasta la bella ninfa. Ahora ambos resplandecían en una dulce luz que no lastimaba los ojos, era una luz de gozo, de amor. La ninfa como en un soplo de vida, se estremeció suavemente en los brazos de su padre.
- Grecia... exclamó Sirius débilmente ante el cúmulo de sucesos y de emociones que lo abrumaban más allá de sus límites –Grecia mía...- dijo extendiendo su mano pero sin atreverse a tocarla.
Harry a su lado lo sostenía conmovido, pues hacia rato ya estaba pendiente de las amainadas fuerzas de su doblegado padrino.
- Amado Sirius debo volver con los míos, - habló la dulce voz de Grecia desde el cuerpo-luz - un ciclo se ha cerrado y un nuevo ciclo comienza, me enseñaste mucho del amor y de la alegría, me protegiste y no dudaste en sacrificarte por mi y por tus seres amados- dijo Grecia mirando dulcemente a Harry – Ya has purgado tus penas, no cruzaras el Aqueronte, es ley de Dios. Quienes te aman esperan por ti y con ellos morarás feliz en los campos Elíseos hasta que Dios asi lo disponga.
- Pero Grecia, no sin ti...-susurró Sirius.
- Algún día amado Sirius, volveremos a ser el uno con el otro, pero hoy nuestros caminos se separan, por lo pronto las aguas del Lete aminorarán tus penas.
- ¡Eso no!, no quiero olvidarte
- No me olvidaras, pero mi recuerdo será tu gozo, no tu desdicha, hasta volver a ser el uno con el otro...sumerge tus penas en el Lete y deja allí todo sufrimiento. Un carruaje de luz guiado por las ninfas de los Elíseos te llevarán a tu morada. Hasta un buen día amado mío.
- Grecia...- trató Sirius de hablarle pero su cuerpo-luz había desaparecido. Suspiró afligido, mientras Harry le prodigaba un silencioso abrazo.
Orfeo habló por última vez:
- Es ley sabida que sólo sobre los muertos morarás, aquel mortal que hoy permanezca en el Averno, conseguirá su destino entre los vivos, no entre los muertos. – seguidamente la luz desapareció.
Hades reprimió aún más su ira, el último bocado de sus presas tanbien se le había escapado.
- Sirius no debes sufrir más, debes partir antes de que el dolor te consuma - dijo Harry preocupado ante el devastado ánimo de su padrino.
- Pero tú, ...hijo...debo llevarte...-dijo Sirius como sumergido en una especie de estupor y con el rostro bañado en lágrimas. Hacía tiempo no había experimentado tantas emociones como en esos últimos momentos, ni siquiera en vida.
- Yo estaré bien, subiré hasta el velo, ya es momento de regresar, como dijo nuestra Grecia, este ciclo termina y otro comienza, debemos despedirnos...
- Harry - dijo Sirius abrazando a su ahijado con todas sus fuerzas.
- ¡Sirius!, doy gracias a los infiernos por haberte encontrado- dijo Harry desbordado de emociones – y porque se que estarás bien, ve enjuga tus penas en el Lete porque una vida feliz te espera, ahora no lo ves pero se que así es aminora tu carga y saluda a mis padres por mi, diles que también algún día estaré con ellos.
- Harry, ten cuidado, cumple tu destino, de alguna forma Grecia y yo...estaremos contigo...
- Lo se padre mío –dijo Harry abrazando una vez más a su padrino.
- Hasta pronto Harry - respondió Sirius sonriendo en un mar de lágrimas y besándole la frente.
- Que no se diga que Hades no es justo –dijo el rey de las tinieblas – Hoy mismo morarás en los Elíseos.- diciendo esto y a un movimiento de su cetro, Sirius desapareció en un halo de luz, no sin antes dar un último adiós a su querido ahijado con la mano en alto y la sonrisa triste. El destino al fin se había compadecido de él.
Sentimientos encontrados de gozo y tristeza minaron el corazón de Harry, pero en breves instantes tuvo conciencia de encontrarse allí sólo ante el poderoso Hades. Observó la larga escalera que le esperaba. Se sintió incómodo, por lo que había entendido podía marcharse. ¿Qué se decía en éstas situaciones?
- Hasta pronto- dijo Harry emprendiendo lentamente su camino.
- Ja, ja, ese es un buen saludo –sonrió malévolo Hades, aún exasperado por la derrota del día –yo también espero verte pronto, no te pierdas – dijo irónicamente.
Harry sonrió con timidez y pensó en que mejor era no decir nada. Sin atreverse a dar la espalda de un todo se dirigió con rapidez hasta las escaleras, que comenzó a subir de dos en dos, cuanto antes saliera de allí sería en creces mejor, ya habría tiempo para meditar todo cuanto acababa de ocurrir, desde abajo Hades lo observaba pensativo entrecerrando sus maléficos ojos como midiendo sus posibilidades, pero en un dejo de fastidio observó a su can y le acarició la cabeza, no había nada que hacer.
En ese momento, una legión de lichs hizo acto de presencia ante el poderoso señor de las sombras.
- Señor, el mortal, es nuestro, se oyó decir a uno de ellos desde lo profundo de sus mentes.
Hades al fin había encontrado con quien descargar su ira.
- Ineptos, merecen la destrucción total, como osaron traer a un mortal al Averno y peor aún como osaron dejarla que lo cruzara.
- Señor, lo matamos o al menos eso debió ocurrir, pero una extraña fuerza lo protegió –respondió con impasible voz el lich que comandaba el grupo.
- ¡Y una extraña fuerza lo sigue protegiendo!, no hay nada que pueda hacer...
- Pero señor, el mago tenebroso, aquel cuyo poder sólo se ve eclipsado por el poder de Hades, ha tomado en prenda nuestros phylakterions.
- Idiotas ¿y qué quieren que yo haga?- respondió Hades impaciente – merecen su destino por ineptos. Pero no puedo dejar a mis criaturas desprotegidas, no haré nada que me esté vedado, pero ustedes pueden alcanzarlo, no podrán destruirlo aquí porque es ley de Dios que salga con vida del Averno, pero una vez fuera, pues ¿Quien sabe?, dijo divertido, acariciando a Cerberos. –Agárrenlo y sáquenlo, una vez fuera extermínenlo y acaben también con el mago tenebroso.
Ya Harry había recorrido un buen trecho de las escaleras y pese al cansancio sus piernas respondían con aplomo a su deseo de escapar de allí cuanto antes, no quería pensar en la horrible experiencia que acababa de vivir, un solo pensamiento podía permitirse en esos momentos: Ginny, volver a ver a Ginny, salir de allí y abrazarla, besar sus cabellos, tenerla entre sus brazos, su hermosa Ginny. Atrás habían quedado sus resquemores, su rebeldía, su autosuficiencia. El Averno le había hecho madurar una vida entera, no habría poder en ningún mundo que le hiciera flaquear en su deseo y en la convicción de su amor. En estos pensamientos ocupaba Harry su mente mientras el ritmo enérgico de sus piernas aceleraba a cada momento ante la visión del final de aquella escalera. El arco, ya podía verlo ya veía flamear el obscuro velo, su pecho vibraba, su respiración entrecortada mas por la emoción que por el cansancio lo hacía jadear, a lo sumo unos veinte escalones lo separaban de la vida, de su vida que pensaba recuperar cuanto antes con mayores bríos con renovado ímpetu.
En estos pensamientos se encontraba Harry cuando repentinamente algo llamó su atención.
Una fuerte explosión lo hizo salir de sus cavilaciones y de su enérgico ritmo, se volvió desconcertado y miró hacia abajo. Una nueva explosión, esta vez más fuerte lo hizo tirarse al suelo y sostenerse fuertemente a los escalones, por poco cae.
Entre el humo provocado por la fuerte detonación pudo verlos:
Una legión de lichs se aproximaba a paso rápido por las escaleras, más que a paso rápido se diría que flotaban veloces acercándose peligrosamente.
Su corazón se desbocó, se apresuró a alcanzar el velo, sólo unos cuantos escalones lo separaban de la vida.
Una nueva explosión hizo detonación, ésta vez estuvo muy cerca pues sintió pasar el poderoso rayo justo sobre su cabeza, de hecho su cabello estaba chamuscado. Continuó pero instantes después paró en seco, un peligroso abismo se abrió ante sus ojos, los escalones habían desaparecido ante la explosión, solo humo y vacío lo separaban del ondeante y obscuro velo, tras de sí, los lichs se acercaban a peligrosa velocidad.
Midió la distancia, pero era imposible sortearla. De pronto su corazón saltó de vértigo, un vértigo visceral, una euforia, que le hizo dormir la piel: ¡La cuerda de Grecia!. Sin pensarlo dos veces, la desdobló con rapidez y con una floritura de su mano como quien se dispone a atizar un látigo, la extendió sobre su cabeza en dirección al velo, la cuerda se extendió limpiamente en una perfecta y firme recta justo a las puertas del misterioso portal.
A toda prisa, Harry se lanzó sobre las cuerdas y comenzó a avanzar con dificultad acercándose lentamente al velo, no se atrevía a mirar pero sabía que los lichs le pisaban los talones, miró hacia abajo y sólo el vacío minó su vista.
- ¡Ginny! – exclamó Harry para darse fuerzas – ¡Ginny, hoy mismo estarás en mis brazos! – pensó. Sus manos sudorosas resbalaban de la gruesa cuerda, por su mente pasó el rostro de la dulce ninfa y el de su amado Padrino. – Sirius...Grecia, ayúdenme –pensó. El sudor resbalaba por su rostro. Ya no podía sostenerse más, caería, estaba perdido, lo sabía, hasta allí había llegado, era su fin y nunca nadie sabría todo lo que había hecho para llegar allí, tanto inútil esfuerzo, a punto ya de caer, la impotencia lo hizo gritar a todo pulmón:
- ¡GIIIIINNNNNYYYYYY!
- ¿HARRY?, se oyó una voz del otro lado del velo – ¿Harry, eres tú?
Cuando creyó que ya nada podía causarle más emociones de las que había vivido ese día, cuando creyó sus sentidos dormir para siempre, la sangre corrió torrencial por todo su cuerpo, la sorpresa le hizo abrir los ojos exorbitadamente y se aferró como nunca a la cuerda que lo separaba de la vida.
- Ginny soy yo Harry –gritó casi ininteligible.
- ¡Harry!, ¡Harry! – se oyó sollozar del otro lado - ¡te ayudaré Harry!
- No, no puedes, morirás, no debes cruzar Ginny
- Pero...tú,
- Yo debo traspasarlo, pero tu morirías Ginny, quédate allí no lo traspases
- Espera...- contestó la chica buscaré ayuda.
- ¡No hay tiempo Ginny!
El corazón de la chica estaba a punto de salir de su pecho, por momentos la repentina emoción le nubló el entendimiento, miró a todos lados desesperada, miró sus zapatos y reaccionando con rapidez sacó la trenza del zapato.
- ¡Engorgio! – exclamó y la trenza comenzó a crecer y a engrosarse. Con rapidez la ató a la columna del velo y la lanzó a través de éste.
- Harry sujétate –gritó apresurada.
Del otro lado el grueso cordón se deslizó hasta donde Harry pendía peligrosamente. En un rápido movimiento soltó con una mano, la rígida soga para sujetarse con fuerza de la trenza de Ginny.
Apenas la chica sintió la tensión del cordón exclamó
- ¡Accio cordón!
En pocos instantes Harry fue a dar de lleno contra Ginny cayendo ambos al piso de aquel tristemente conocido recinto.
