Engaged for New Year

DISCLAIMER: Los personajes le pertenecen a la fabulosa Stephenie Meyer, la trama es de mi autoría. Está prohibida la copia parcial o total de esta historia.


Capítulo 6:

I love you baby

31 de Diciembre. Un día para Año Nuevo.

Mi día comenzó a las nueve de la mañana, y lo primero que enfocó mi vista fue la cajita sobre la mesa de noche, se veía como un objeto cualquiera, pero cada que mi vista la enfocaba, me hacía reconsiderar la decisión que había tomado pero lo hecho, hecho está, y no puedo cambiar las cosas a última hora.

Como no tenía que estar en la oficina sino hasta las once de la mañana, dado que la junta era a las once y media, opté por quedarme algunos minutos más en la cama, en la otra mesita de noche se encontraba mi celular, lo tomé para revisar los mensajes nuevos que tenía y algunos correos de la oficina.

No me sorprendió que de donde más tenía mensajes era del grupo de WhatsApp que crearon las chicas. Alice, Charlotte y Victoria intentaban que Lizzie y mi mamá revelaran con quien había sido la cita misteriosa que me habían programado pero ellas no cedían con el nombre de su candidato.

Tenía mensajes de Victoria preguntando cómo me sentía y me llamaba mentirosa porque mi madre le había dicho que no había pasado la noche en casa de mis padres como yo había dicho. De modo que le mandé un lo siento, ya estoy mejor.

Mamá y Lizzie me habían mandado mensajes, los de mamá continuaban hasta esta mañana, pero los de Lizzie habían terminado ayer por la noche con un "espero que tomes la decisión correcta" así que suponía que Edward ya le había contado cómo terminó la cita.

A mamá simplemente le dije que había tomado una decisión y que la vería en la junta, ahí podría interrogarme todo lo que quisiera.

A la conversación grupal solo les envié un mensaje diciendo que había tomado ya una decisión y por la noche se enterarían en qué acabo todo esto. Silencié la conversación sabiendo que ellas no se conformarían con eso y comenzarían a llenarme de mensajes.

Leí algunos e-mails de la oficina, principalmente de Ángela y tía Olivia, quienes habían estado planeando la fiesta de esta noche. A ambas les mandé un correo agradeciéndoles su esfuerzo y ayuda con este evento, aunque planeaba darles las gracias en persona cuando estuviera en la oficina.

Jessica también me había enviado un mensaje diciéndome que las carpetas para la junta estarían listas a tiempo, junto con la presentación que ocuparía para presentar mi informe. A ella también le mandé un mensaje agradeciendo su ayuda.

Definitivamente su primer cheque del año les llegaría con un bono especial a varias personas.

Habían también algunos mensajes de confirmación y cancelación de asistencia para la fiesta de esta noche, de parte de nuestros clientes más importantes, quienes solo trataban conmigo y los jefes de cada área. Abrí algunos, ordenándolos en una carpeta para más tarde revisar la lista de invitados con Ángela.

A las nueve y media decidí levantarme a tomar una ducha rápida, más tarde tendría tiempo para un baño un poco más largo. De modo que me levanté de la cama, la tendí y me fui directo al baño.

A las diez y cuarto ya vestida y arreglada, así que tomé un ligero desayuno en la cocina y me fui a la oficina, sabía que llegaría con tiempo de sobra, pero quería asegurarme que el día de hoy nada saliera mal.


En la oficina, Ángela y Jessica ya estaban en sus puestos, las saludé cuando llegue y entré a mi oficina.

Unos minutos después, entró Jessica, pidiéndome que la acompañara a la sala de juntas principal para que le diera el visto bueno a la organización que ya había dispuesto. La acompañé segura de que ya tenía todo más que perfecto.

No me decepcione al ver que había adecuado la sala de juntas de modo que todos los integrantes de la familia Cullen tuvieran un lugar dónde sentarse, además de los dos accionistas externos a la familia con los que contábamos.

Habían quitado la usual mesa alargada y colocado otra un poco más pequeña, donde solamente estaban los puestos para mi abuelo, los dos accionistas, mis tíos (Amun, Rachel y Charles), además de mi padre, cada uno con una placa que mostraba a quien pertenecía el lugar.

Detrás de ellos habían colocado pequeños escritorios con su respectiva silla para el resto de mi familia y los jefes de las diferentes áreas de Cullen Corp.

Al frente de todos ya había un pedestal dispuesto en una esquina para que yo lo usara, además del proyector y la pantalla que usaría de apoyo.

En cada puesto ya había dispuesto una botella de agua y las carpetas con la versión ejecutiva de mi informe, pues el único que debía tener la versión extensa era mi abuelo y su carpeta también estaba lista y sobre su lugar.

—Pedí a un pequeño servicio de catering que trajera algunas cosas para cuando termine la junta, solamente serán algunos canapés y pequeños platillos, así como algunas bebidas, espero que no haya estado mal— mencionó Jessica, un tanto dubitativa.

Ella había entrado a trabajar hace poco, pues los primeros seis meses en mi cargo, me quedé con la secretaria de tío Amun, pero era ya una señora mayor que había estado trabajando con nosotros desde hacía mucho tiempo y había pedido su jubilación cuando comenzó este año, por lo cual, era la primera vez que Jessica organizaba este evento.

—Es perfecto Jessica, gracias.

Agradecí a Jessica por todo su esfuerzo y dándole un cumplido por la forma en que había organizado los puestos, pues cuando el tío Amun estaba en mi puesto, generalmente solo dejaban la mesa alargada de siempre y los que no tenían un lugar en la mesa, tan solo ocupaban la primera silla que estuviera vacía.

Y cuando volvíamos a mi oficina, nos percatamos de que mis abuelos ya estaban en las instalaciones, saludaban a Ángela amablemente y estaban preguntando por mi cuando aparecimos.

—Estoy aquí abuelo— dije, llamando la atención de ambos.

Mi abuela, Carmen Cullen, inmediatamente me dio una sonrisa y abrió sus brazos para mí. Caminé hasta ella y le di un abrazo.

— ¿Dónde te has metido, jovencita? Ya nunca vas a visitarme— me regaño cuando me separé de ella. Aunque por la sonrisa en su rostro, yo sabía que no estaba enojada del todo.

—Trabajando abuela, alguien en esta familia tiene que hacerlo— le dije, sonriendo y guiñándole un ojo a ella y al abuelo.

— ¿Y cómo va el asunto que te encargué? — preguntó el abuelo.

Por sus palabras, asumí que mi abuela no estaba enterada de lo que me había demandado el abuelo.

No pude contestarle porque en ese momento llegaron mi tío Charles y su familia, seguidos de mis padres, mi hermano y los dos accionistas externos a la familia, Vladimir Haynes y Henry Van Acker.

— ¿Buenos resultados este año, Isabella? — preguntó tío Charles, tendiéndome la mano a modo de saludo.

—Los mejores, tío— contesté, estrechando su mano.

Vanessa se acercó a mi sonriente, ella estaba trabajando en el área de Marketing de Cullen Corp y era la única de mis primos que no había prácticamente exigido ser el jefe del área donde se desempeñaban. La saludé con un abrazo y comenzó a hacerme tema de conversación con la fiesta de esta noche, quería saber los detalles y el color de mi vestido para no llevar el mismo color.

Tío Amun llegó con su esposa e hija un poco antes de las once y media, saludó a todos y dado que solamente faltaban mi tía Rachel y su familia, mi abuelo dijo que era mejor esperarlos en la sala de juntas.

Cuando mi abuelo dijo eso, fue cuando realmente me di cuenta de lo que iba a hacer.

Por primera vez iba a demostrar a mi familia de lo que era capaz, mis tías verían que sus comentarios sobre mi siendo mejor como una esposa trofeo no encajaban en mi persona. Esperaba que con esto, mis tíos dejaran de verme con aquella mirada incrédula y desconfiada que me daban cada que comentaba alguna de mis propuestas para mejorar la compañía.

Entonces me sentí más segura que nunca, sabía que esto solamente reafirmaría mi puesto en la compañía y que merecía el cargo que tenía.

Justo cuando Jessica y Ángela estaban invitando a los presentes a avanzar para ir a la sala de juntas, tía Rachel hizo su aparición con su familia, justo a las once y media.

—Isabella— dijo, un poco molesta, noté.

—Tía— contesté, dándole un asentimiento a manera de saludo.

— ¡Hola, Bella! ¿Qué tal todo por aquí? — preguntó William – Billy – su esposo.

—Llegaron justo a tiempo para informarles a todos— bromé y le di un abrazo.

Realmente no sabía cómo mi tía había terminado casada con él, tío Billy era un hombre de lo más amable y encantador, cosa que no era su hijo ni su esposa.

—Isabella— dijo Jacob, dándome un asentimiento que respondí de la misma manera. Él también seguía enojado.

—Por aquí, por favor— les dijo Jessica, invitándolos a avanzar.

Los tres caminaron tras el resto de la familia y entramos todos a la sala de juntas.

Tomó algunos minutos para que todos estuvieran en sus lugares, pero cuando todos estuvieron cómodos, por fin pude comenzar.

—Buenos días, familia, amigos— hablé, saludando nuevamente a todos.

Tomé un respiro y comencé a hablar cuando Jessica y Ángela apagaron las luces de la sala, y lo único que nos brindaba cierta iluminación era el proyector y la poca luz que se filtraba de las persianas.

—Comencemos, si pueden abrir sus carpetas en la página cuatro, podrán identificar la primera sección del informe anual…


Durante dos horas hablé sobre las adquisiciones, contratos de compra y venta, así como de las modificaciones que se habían llevado a cabo durante este año dentro de Cullen Corp. Les hablé del aumento de ingresos que habíamos tenido y cómo se traducía eso para los accionistas, es decir, para mi abuelo, mi padre, tíos, los señores Haynes y Van Acker y para mí misma.

Terminé con un plan de trabajo para el año entrante, donde les mostré algunos cambios que iban a producirse dentro de la empresa.

Cuando terminé con mi presentación, Jessica y Ángela levantaron las persianas y prendieron las luces.

— ¿Alguna duda? — pregunté.

Ninguno de los presentes emitió una palabra, y no sabía decir si eso era bueno o malo.

Hasta que algunos segundos después, mi abuelo y tío Amun se pusieron de pie y me brindaron un aplauso y una sonrisa. Acción que fue seguida por los señores Haynes, Van Acker, mis padres y hermano – quien también dijo algo parecido a "esa es mi hermana" causando la risa de mis padres y abuelos.

Un poco después se unió el resto, aunque tía Rachel y Jacob lo hicieron de manera renuente.

Yo les di una sonrisa en agradecimiento.

—No me cabe la menor duda de que nuestra Bella fue hecha para este cargo, lo siento Amun, pero a ti no te fue tan bien durante tus primeros años al frente de la empresa— habló el abuelo, manteniéndose de pie cuando el resto de los presentes volvió a sus asientos— me llena de orgullo saber que la primera mujer en ocupar este cargo está dejando estándares muy altos para las generaciones venideras, sea hombre o mujer quien ocupe el cargo— finalizó, volviendo a sentarse.

Entonces, tío Amun se levantó.

—Estoy complacido de ver a dónde has llevado a la empresa, creo que yo no lo hubiera hecho tan bien, como ha dicho ya mi padre, debo confesar que tenía mis dudas cuando te cedí el cargo, aun el año pasado dudaba de tus capacidades, pero hoy nos has demostrado que eres mucho más capaz que los dos CEO que te preceden para sacar adelante el patrimonio de esta familia. Espero que el siguiente año hagas que más dólares entren a nuestros bolsillos— finalizó, guiñándome un ojo.

El resto de los presentes se rieron por su comentario.

—Concuerdo con Amun, Isabella, su trabajo nos ha llevado más lejos de lo que hubiéramos pensado, enhorabuena— comentó el señor Haynes, y el señor Van Acker asintió, dándole la razón a Haynes.

—Entonces, sino hay ningún otro comentario, daremos por terminada esta junta, creo que las damas que nos acompañan deben estar ansiosas por comenzar a prepararse para la fiesta de esta noche— comentó el abuelo.

Mis tías y primas se ruborizaron ante el comentario.

—Antes de que nos retiremos, quiero agradecer a los presentes que laboran en Cullen Corp, porque sin ustedes y el resto de los que laboran en la empresa, todo esto no sería posible. Un reconocimiento especial para Jessica, mi secretaria — comenté, invitándola a ponerse de pie — quien nos ha organizado un pequeño aperitivo y ha llevado a cabo la logística de este evento.

Todos los presentes, incluida yo, dimos un caluroso abrazo a Jessica, quien se sonrojó al verse elogiada por su trabajo. Y en seguida se retiró durante un par de minutos para hacer pasar al servicio de catering que había pedido.

Entraron algunas personas empujando carritos con comida y bebidas, y todos los presentes se pusieron de pie para degustar lo que habían traído.

Cuando vi que mi madre se alejaba de papá y se dirigía a mí con claras intenciones de interrogarme, busqué a la persona que tenía más cerca para hacer conversación y evadirla. Afortunadamente era tía Olivia, acompañada de la abuela, Vanessa y Lauren.

Conversé con las tres todo el tiempo que pude y después me fui con tío Charles, Amun y los hijos del primero, quienes a pesar de que me felicitaron por los resultados que presenté, podía notar que tío Charles estaba un poco molesto, supongo yo que por no poder alegar algo en mi contra y poner en mi puesto a su hijo mayor Emmett.

Cuando ellos se retiraron, fui acaparada por Haynes y Van Acker, quienes también me felicitaron y me sugirieron algunas cosas que tenían en mente para la empresa, debatí con ellos durante algunos minutos y después se marcharon, diciendo que los vería en la fiesta. Después de ellos y sin una palabra, se retiraron tía Rachel y su familia.

Entonces sin poder evitarlo, papá se acercó a mí con Jasper.

— ¡Mi pequeña, toda una mujer de negocios! — dijo papá, dándome un abrazo.

Correspondí a él un poco aliviada por que no preguntara por el otro asunto.

— ¡Hermanita! — dijo Jasper y me abrazó también —sabía que la empresa había mejorado, pero no sabía cuánto. ¡Felicidades!

—Gracias a ambos— les dije con una sonrisa.

—Espero que ahora si te tomes algunos días libres, no has parado de trabajar desde que tomaste el cargo— comentó papá.

—Pedirle eso a Bella, es como pedirle al olmo que de peras— dijo Jasper sonriendo.

—Tal vez pronto— comenté, ignorando el comentario de mi hermano.

—Por cierto, tu madre quiere hablar contigo— dijo papá, poniendo serio su rostro.

— ¿Cómo acabó ese asunto? — preguntó mi hermano.

Yo suspiré, sabía que no me iba a librar de esas preguntas.

—Lo sabrán esta noche— contesté.

— ¿Y no nos puedes adelantar algo? — preguntó Jasper.

— ¡Que chismoso resultaste! — le reclamé —Y no, esta noche cuando el abuelo se entere, lo harán ustedes.

— ¿Ni a mí me piensas decir? — preguntó mi madre.

No había notado el momento en que llegó a donde nos encontrábamos, por lo que me sorprendió un poco. Estaba en su pose enojada, y no sabía decir si lo estaba realmente o solo estaba fingiendo.

Pero por si las dudas, solamente negué con la cabeza.

Ella suspiró.

—Bien, pero ¿Segura que estás bien? Victoria esta mañana me mandó un mensaje preguntando cómo seguías— inquirió, con una ceja alzada.

— ¿Te sientes mal? — preguntó papá, poniendo en modo on, su lado doctor.

—Si papá, me siento bien, solo estaba cansada y necesitaba pensar— expliqué.

Papá me dio una mirada incrédula y tocó mi frente con el dorso de su mano y después tomó mi pulso en mi cuello. Yo solo me reí.

—De verdad me siento bien— le dije.

Entonces el desistió de su rápido chequeo y los tres se despidieron de mí para irse a preparar para la noche.

— ¿Tienes quien valla por ti a tu departamento? — preguntó papá antes de irse.

Sabía que él esperaba que revelara algo, pero no iba a contarles nada hasta esta noche.

—Los veré en la fiesta— contesté simplemente.

Los tres se retiraron entre murmullos.

—Nosotros también nos vamos, cielito, nos vemos esta noche— dijo el abuelo.

Yo le di una mirada interrogante, pues el cielito había aparecido de nuevo.

—Estoy orgullosa de ti, cariño— dijo mi abuela, besando mis mejillas —nos vemos en la noche.

Ambos se fueron, sin que mi abuelo explicara la razón de llamarme cielito, aunque la intuía.

En la habitación solamente quedábamos Jessica, Ángela, el personal del catering que recogía sus utensilios y yo.

—Nosotras nos quedaremos a terminar aquí, jefa— dijo Ángela, cuando me vio comenzar a limpiar.

—Si, debería ir a arreglarse— animó Jessica.

— ¿Están seguras? — Pregunté —Aún hay tiempo, son solo las tres.

La fiesta no comenzaba sino hasta las nueve, yo tenía que estar ahí desde las siete treinta, pero tenía buen tiempo.

—Insistimos, solamente verificaremos que se limpie lo del catering y nos iremos, los muebles pueden esperar hasta el otro año— bromeó Jessica.

—De acuerdo— acepté sonriendo agradecida —las veré esta noche— les dije, guiñándoles un ojo.

Entonces recordé a Matt, y le mandé un mensaje con la ubicación y la hora de la fiesta.

—Ángela, un último favor, un amigo de mi padre asistirá a la fiesta ¿Podrías agregarlo a la lista de invitados? Su nombre es Matthew Anderson— pedí.

—Sin problema, jefa, ¡Hasta la noche!

—Gracias, nos vemos chicas— me despedí.


Cuando llegué a mi departamento, decidí que era mi momento para tomar un baño largo y relajante, sería mi modo de celebrar mi éxito en la junta.

Dejé llenando la tina mientras preparaba algunos bocadillos sencillos y descorchaba una botella del mejor vino que tenía, preparé todo sobre una bandeja y me lo llevé al cuarto de baño.

Revisé mi celular por si tenía algún mensaje relacionado con la logística de la fiesta de esta noche, pero me topé con mensajes de felicitación por parte de mis amigas en la conversación donde todas estábamos presentes, pues al parecer mi mamá les había dicho que la junta había sido un éxito y ellas no demoraron en darme sus felicitaciones.

Así que rápidamente les agradecí a todas, diciéndoles que esta noche brindaríamos por ello. Y sin más, dejé mi celular cargando en una de las mesitas de noche.

Regresé al baño y agregué sales aromáticas, un poco de burbujas al agua y después de desvestirme y atarme el cabello en un moño descuidado, me tomé mi tiempo dentro de la tina, disfrutando de mi almuerzo y una copa de vino.

Por mi mente pasaban los últimos días, pues nunca pensé que viviría algo como esto. El que mi abuelo me forzara a encontrar pareja era algo que nunca creí que sucedería hasta que ocurrió.

Confieso que el día que me lo dijo, pensé que estaba bromeando al inicio y solamente me pediría que me esforzara más en mi vida personal. Pero cuando comenzó a darme la lista de especificaciones que debería tener mi prometido, fue cuando caí en cuenta que de verdad estaba dándome un plazo para cumplir su orden.

Por un momento pensé en hacer caso omiso de su pedido, pero no podía dejar que me quitaran Cullen Corp.

Ser la CEO de la empresa familiar me daba cierto poder y distinción, de lo cual yo me sentía orgullosa, pues había puesto todo mi empeño para llegar a donde estaba.

Sí, sabía que el puesto sería mío cuando llegara el momento, pero por todos los comentarios despectivos que recibí mientras crecía, diciendo que una mujer no podría llevar una empresa del tamaño de Cullen Corp decidí que iba a probar que se equivocaban, yo era tan capaz como cualquiera para sacar adelante el patrimonio de mi familia.

Entonces, decidí que iba a buscar a un hombre con el cual casarme.


A las cinco comencé a arreglarme.

A regañadientes salí de la tina, más porque me estaba poniendo como pasita y se me hacía tarde, que porque realmente quisiera abandonar el agua calientita.

Colocándome una bata, llevé la charola donde había puesto mi comida a la cocina y rápidamente limpié lo que había utilizado, excepto la copa, pues serví un poco más de vino en ella y regresé a mi habitación para arreglarme.

Pero fui interrumpida por el sonido del timbre.

Aun con la copa en la mano, cerré bien mi bata y caminé hasta la puerta para abrir, pero nadie estaba ahí. Cuando di un paso al frente para revisar el pasillo, mi pie chocó con algo.

Era una cajita de terciopelo, a simple vista podías notar que era de una joyería. Y a lado de ella había un ramo de flores con una tarjeta. Extrañada, levanté ambas cosas y entre a mi departamento.

En la cocina, busqué un jarrón para poner en agua las flores y después de sacar la tarjeta y acomodarlas, las llevé a mi habitación junto con la cajita negra.

Dejé el jarrón con las flores sobre mi tocador, y abrí finalmente la tarjeta.

Felicidades por tu éxito.

Sabía que lo conseguirías.

Dos únicas líneas. Y no había remitente.

Asumí que eran de parte de mi padre, tal vez de Jasper, pero dudaba que fueran del último. Si mi hermano me regalaba chocolates, ya era mucho. Pero le daría el beneficio de la duda.

Abrí la cajita para darme una mejor idea de quién pudo haber sido, y en cuanto vi el contenido, supe que no pudo haber sido Jasper.

Un collar precioso descansaba sobre la superficie acolchada de la caja y se leía Cartier en la otra cara. Seguramente esto era obra o de mi padre, o de mi abuelo, incluso pienso que pudo haberlo enviado mi madre, ella antes también me ha regalado joyería de esa marca.

Cerrando la caja, y segura de que descubriría la identidad de quien lo había enviado en la fiesta, lo dejé sobre el tocador y procedí a secarme los mechones de cabello que se habían escapado de mi moño improvisado y por ende mojado al estar dentro de la tina. Una vez seco, comencé a peinarlo.

Hice un recogido sencillo y un poco desordenado en la parte de mi nuca, y dejé sueltos dos mechones cortos de mi cabello enmarcando mi rostro, les hice un efecto de ondas en las puntas y terminé mi peinado.

Mi maquillaje fue lo siguiente y demoré un poco en terminarlo, pero el resultado me agradaba, esta noche quería verme y sentirme bonita. Pues esta noche marcaría un antes y un después en mi vida.

Para cuando terminé eran las seis y media.

De modo que me apresuré al vestidor para ponerme algo de ropa, pues me llevaría el vestido en un porta ropa para colocármelo después. Así que después de ponerme la ropa interior que usaría debajo del vestido, elegí un sencillo jean azul y sin una blusa, me coloqué una sudadera rosa con cierre al frente y lo subí hasta que no podía notarse que no usaba nada más que mi sujetador debajo.

Me calcé unas Vans negras sin cordones y saqué un porta ropa de las cajas donde los guardaba.

Metí el vestido y mi abrigo en uno y después guardé los stilettos que había comprado para la ocasión en su caja. En una pequeña maleta de viaje metí la cartera que usaría, la caja con los zapatos, mi cargador del celular, la tenaza y estuche de maquillaje para retocarme antes de la fiesta, también metí en ella el estuche que me había llegado hace un rato y lo que entregaría a Edward.

Cuando estuvo todo acomodado, cerré la maleta y metí el celular a la bolsa de mi sudadera, tomé el porta ropa con mi vestido, la maleta y mis llaves para dirigirme al hotel donde se llevaría a cabo la celebración.

Al llegar al Ritz-Carlton, tomé mis cosas de la cajuela y entregué mis llaves al personal del parking, un botones rápidamente tomó mis cosas colocándolas en un carrito y me siguió hasta la recepción, donde me registré pidiendo una de las habitaciones que habíamos reservado para la noche.

El botones me guio hasta mi suite y después de darle una propina, se marchó.

No me molesté en guardar mi maleta, simplemente colgué el porta ropa para que mi vestido no se arrugara y guardando la tarjeta de mi habitación en el bolso de mi sudadera, me dirigí al salón donde se llevaría a cabo la fiesta.

En el lugar ya se encontraba Ángela, quien al igual que yo, se había peinado y maquillado dejando para después el vestido.

—Hola Angie, ¿Cómo van las cosas? — pregunté.

—Todo de maravilla jefa, solamente la estábamos esperando para decidir algunos por menores, la señora Olivia ya se encargó del resto— informó ella.

—Perfecto, entonces ocupémonos de lo que falta.

Ángela me guio por el salón, donde requería que le aclarara dónde quería el atril para el discurso que cada año daba mi abuelo en esta celebración, cambiamos la disposición de algunos invitados, supervisamos la colocación de las flores que se habían pedido para la ocasión, así como la vajilla que sería utilizada.

En la barra, estábamos eligiendo las bebidas y algunos tragos que serían servidos durante la noche, después de la cena, cuando Ángela llamó mi atención.

—Creo que la buscan, jefa— comentó, señalando en dirección de la entrada al salón.

Ahí estaba Edward. Buscaba algo con la mirada del otro lado del salón, hasta que se encontró conmigo.

—Disculpen, ahora vuelvo— les dije a Ángela y a los chicos que atenderían la barra esta noche.

Ellos asintieron y caminé hacia Edward. Comprobé la hora en mi celular y eran las ocho exactamente.

—Muy puntual, señor Masen— lo saludé, guardando mi teléfono.

Él no contestó, en cambio me dio una sonrisa nerviosa.

Edward ya estaba listo para la fiesta, estaba usando un traje color negro, y me sorprendí, porque nunca lo había visto con uno puesto y realmente le quedaba bien.

— ¿Tienes una respuesta? — preguntó, mirando directamente hacia mis manos, que estaban ocultas dentro del bolso de mi sudadera.

—La tengo, pero me gustaría hablar contigo en privado antes de dártela.

Dirigió su mirada a mi rostro, con una expresión confundida.

—Tengo que terminar algunos asuntos con Ángela, pero no creo demorar… mucho ¿Puedes esperarme unos minutos? — pregunté.

—De acuerdo— aceptó.

—Puedes quedarte aquí, no hay problema — comenté, señalándole las mesas.

Estas estaban siendo arregladas con la vajilla que habíamos dispuesto, pero algunas se encontraban ya listas.

Él asintió.

—Ya vuelvo — le dije y me di media vuelta para regresar a la barra.

Ahí, Ángela y los chicos siguieron dándome opciones de mezclas para los invitados, y cuando estuvo listo, pasamos con los músicos, pues aún no se les instruía el horario en el que se presentaría cada uno.

—Bien, entonces el grupo de cuerdas tocará durante la recepción — yo asentí, mientras Ángela leía la versión final del horario que habíamos acordado — después el maestro de ceremonias presentará a tu abuelo para dar su discurso, en cuanto este termine, sobre las once, la orquesta comenzará su turno, y antes de las doce el maestro dirigirá la ceremonia de cambio de año, y después continuará media hora más la orquesta y finalmente el DJ amenizará hasta las tres. ¿Todos de acuerdo? — preguntó, observando a los representantes de cada organización musical.

Todos asintieron y se retiraron a donde cada uno de sus equipos de trabajo, terminaba de montar sus instrumentos.

— ¿Qué más falta, Angie? — le pregunté cuando estuvimos solas.

—Solo falta que elija los vinos con los que servirán la comida, su tía tenía ya algunas opciones, pero dijo que le dejaría la decisión final, eso y que revise por última vez la lista de invitados.

—De acuerdo — acepté, no tenía mucho conocimiento sobre vinos, pero sabía de una persona que si — dame un minuto, Angie, necesito que alguien nos ayude con los vinos.

Ella asintió.

Cuando lo busque con la mirada, lo encontré ocupando una de las mesas del fondo, de las más cercanas a la salida, se veía un poco nervioso.

—Casi termino, pero ¿Puedes ayudarme con una cosa? — pregunté cuando llegué a donde se encontraba.

—Por supuesto— me dijo, regalándome una sonrisa.

Tomé su mano y tiré de él conduciéndolo hasta donde Ángela me esperaba.

—Buenas noches, señorita Webber— saludó Edward.

—Buenas noches señor Masen— respondió Ángela.

—El señor Masen nos ayudará con los vinos, Angie. — informé a mi asistente.

—De acuerdo— dijo asintiendo y nos guio hacia las cocinas.

Nos pidió que esperáramos un momento en lo que buscaba al encargado y después regresó con un hombre de mediana edad, vestido de traje.

—Señor Smith, ellos son la señorita Cullen y el señor Masen— nos presentó Ángela.

—Gusto en conocerla señorita Cullen, es un honor para el Ritz que nos haya elegido para el evento de esta noche— dijo el hombre, estrechando mi mano.

—El placer es nuestro, señor Smith, Cullen Corp necesitaba cambiar de locación para su celebración— comenté.

Pues en años anteriores, la celebración se realizaba en casa de mi abuelo, en su enorme jardín trasero.

—Mucho gusto, señor Masen, mande mis saludos a su madre, dígale que el Ritz está esperando ansioso por su aniversario de bodas— comentó el hombre.

—Un gusto señor Smith, y le daré el mensaje— dijo Edward sonriendo.

Su madre amaba este hotel, se había casado aquí con el padre de Edward y había vuelto a reservar hace unos meses el mismo salón donde se casó para celebrar sus treinta y cinco años de casada.

—Después de las presentaciones, pasemos con lo que nos concierne— dijo el hombre.

Nos llevó a una de las mesas más cercanas y sacó un aproximado de diez botellas de vino diferentes, había de todos los que yo conocía.

El señor Smith comenzó a explicarnos las opciones pero realmente de vinos no entendía nada, sabía cuáles eran los que me gustaban a mí y punto.

— ¿Puedes ayudarme a elegir tres? — le pedí a Edward, cuando el señor Smith terminó con su explicación.

Él asintió.

— ¿Qué es lo que va a servirse? — preguntó al señor Smith.

El hombre le nombró los platillos que había ordenado mi tía Olivia, diciéndole lo que contenía cada uno.

Edward lo pensó por un momento y después nombró tres de los vinos que nos habían mostrado.

—Excelente elección, señor Masen— alabó el hombre con una sonrisa.

—Gracias, señor Smith.

—Ahora si me disculpan, iré a ordenar que traigan su vino— dijo, saliendo del lugar.

—Entonces… —dijo Ángela, marcando algo en su tableta— solo nos queda pendiente la lista.

—De acuerdo, podemos revisarla en una de las mesas— sugerí.

Ángela asintió y caminó delante de nosotros, llevándonos a una de las mesas cercanas al pasillo que llevaba a las cocinas.

Tomé la mano de Edward y caminamos detrás de ella.

—Te esperaré por allá— dijo Edward, cuando iba a sentarme con Ángela.

—No es necesario, quédate aquí, cuando terminemos con esto, podemos hablar— le dije.

Edward asintió y después de ayudarme con mi silla, tomó asiento a mi lado.

—Bueno, prácticamente está lista, pero necesito las confirmaciones o cancelaciones de algunos invitados— comenzó Ángela.

—Si, esta mañana recibí correos de los que faltaban— informé.

Saqué mi teléfono y dirigiéndome a la aplicación de correo electrónico, comencé a decirle los que habían confirmado su asistencia, y después los que habían cancelado para que quitara su nombre de la lista.

— ¡Ah! ¡Por cierto! A Matthew Anderson… ¿Lo pongo en la mesa de su familia? — preguntó Ángela, y sentí tensarse a Edward.

— ¿Hay espacio en la mesa de Victoria Sabbatello? — le pregunté, ignorando la mirada de Edward.

—Quedan dos asientos libres en esa mesa— informó Ángela.

—Ponlo ahí, entonces.

—De acuerdo— contestó, colocando el nombre en la lista de la mesa —eso sería todo jefa, debería ponerse su atuendo, casi son las nueve.

—Gracias Angie, — le dije, colocándome de pie, Edward imitó mi movimiento —deberías hacer lo mismo, asumo que me hiciste caso y has pedido una habitación para ti.

Ángela se sonrojó.

—Si, señorita.

—De acuerdo, entonces no te entretengo más, nos vemos en un rato y gracias nuevamente— le dije.

Ella asintió.

Tomé la mano de Edward y salimos del salón.

—Tengo una habitación reservada, ahí podemos hablar— le dije, mientras caminábamos hacia los ascensores.

—De acuerdo— aceptó, aunque podía detectar un poco de decepción en su voz.

El ascensor nos llevó rápidamente al piso donde estaba la suite, y cuando este se detuvo y abrió sus puertas para dejarnos salir, nos conduje hasta la puerta, abrí y lo invité a entrar, llevándolo hasta la habitación, donde había un par de sillones donde lo invité a sentarse, él me hizo caso y se sentó en uno de ellos.

Sin perder el tiempo, coloque mi maleta sobre la cama y saqué la cajita que me había dado.

Se la entregué sin decir nada. Y caminé hasta la entrada del baño quedándome en la puerta a unos pocos metros de él.

Él se quedó mudo durante unos minutos, mientras yo lo observaba desde mi lugar.

— ¿Esta es tu respuesta? — preguntó, con un tono triste y sin mirarme a los ojos.

—Lo es. Siempre y cuando tú sigas de acuerdo con lo que hablamos.

—Pero ¿Por qué?

—Porque es lo que siento… porque no podría vivir de otra manera.

—Entonces… ¿Esto se quedará así…? ¿Esto es todo?

—Espero que entiendas mi decisión y la compartas, realmente me costó decidirlo y aunque sé que te causará daño, espero que sea lo mejor para ambos.

— ¿Realmente crees eso?

—Si— contesté, con un nudo en la garganta.

—Entonces… entonces no creo que haya más que decir, seguiré con mi vida y tú serás feliz con ese tal Matthew… — dijo, levantándose y aferrando la cajita entre sus manos.

Iba a irse cuando hablé.

— ¿No abrirás la cajita? — pregunté.

—No creo que quisieras su contenido— contestó, siguiendo su camino a la salida.

— ¿Te veré en la fiesta? — le pregunté, antes de que saliera.

No contestó, y salió de la habitación cabizbajo.

Suspiré y comencé a sacar mi vestido de la funda, lo dejé sobre la cama y comencé a quitarme la ropa.

Cuando estuve solo en ropa interior, me coloqué el vestido pero no pude subir el cierre por completo, desistí, después le pediría ayuda a una de las chicas o a mamá.

Saqué de la maleta los zapatos y el estuche que me había llegado hoy. Comencé por los accesorios.

Estaba abrochando la última pieza, el collar, cuando tocaron la puerta.

Colocado el collar en la posición correcta, y tratando en vano de subir el cierre, abrí la puerta.

No tuve tiempo de reaccionar cuando un par de brazos se cerraron a mi alrededor, sin haber visto a la persona, inmediatamente reconocí a quien pertenecían.

Edward había vuelto.

Recargué mi cabeza en su hombro y como pude lo abracé por la cintura, pues mis brazos estaban atrapados bajo los de él.

— ¿Cuándo te diste cuenta? — le pregunté con una sonrisa.

—Entonces ¿Es cierto? — me preguntó, liberándome de sus brazos y viéndome de frente.

Tenía los ojos un poco rojos, pero había una sonrisa en su rostro.

— ¿No lloraste cierto? — Pregunté preocupada, tocando su rostro con mis manos —no pensé que fueras a irte, no pensé que reaccionarías así.

—Es cierto entonces— dijo, quitando mi mano izquierda de su rostro y evaluándola, pero se quedó confundido al no ver el anillo en ella.

—Está aquí — le dije, mostrándole la derecha.

Me miró confundido.

—Sí, mi respuesta es un si — aclaré — pero no quiero que toda mi familia se entere esta noche, solamente comenzaran a armar líos e historias en sus cabezas, comenzando por mis tías, que seguro querrán casar a sus hijos lo más pronto posible— aclaré, rodando los ojos ante la perspectiva.

— ¿No tenías que presentarme hoy? — preguntó confundido.

—Hablaré con el abuelo, le pediré que solo los más cercanos sepamos de esto por ahora, no quiero que mi familia enloquezca.

El soltó una risita y me atrajo hacia él, abrazándome, acción que correspondí.

—Creo que debemos entrar— mencioné.

Edward asintió y me liberó de sus brazos, tomé su mano y lo conduje a la habitación.

— ¿Cómo es que se te ocurrió que darme la caja cerrada era una buena manera de aceptar mi propuesta? — preguntó, sentándose en la cama, a lado de mi maleta.

Mientras, yo sacaba los zapatos de la caja y la funda de tela que los protegía.

—En mi mente, tú abrías la cajita antes de irte y al darte cuenta de su contenido, entenderías y me besarías— admití, sonrojándome.

Edward negó.

— ¿Por eso preguntaste si no la iba a abrir?

Yo asentí.

Coloqué los zapatos en el piso y cuando iba a ponérmelos, él se puso de pie, sosteniendo mis manos para ayudarme a mantener el balance mientras me los ponía.

—Si te hubiera tomado la palabra, me hubiera ahorrado la cara de confusión de tu padre— mencionó, tomarme entre sus brazos cuando tuve los zapatos puestos.

Esta vez, los míos quedaron sobre sus hombros.

— ¿Te encontraste con mi padre? — pregunté entre sorprendida y divertida por la escena.

—Estaba a punto de irme, ya estaba por subir a mi auto, y justo en ese momento tus padres y Jasper llegaron, tu padre bajó primero del auto, por lo que fue el único que me vio, lo saludé con la mano y fue cuando abrí la caja, imagina mi cara de sorpresa cuando vi el cuadrito de chocolate dentro con el sí y no el anillo que yo esperaba— comentó, medio en regaño, medio divertido —solamente atiné a aventarle las llaves al hombre que había traído mi auto y entrar corriendo. Te podrás imaginar la cara de confusión de tu padre al ver la escena.

Me reí ante la imagen que se colaba en mi mente.

—Perdón, creo que no fue la mejor manera de decirte.

—Bueno, alégrate de que la abrí aquí, pensaba meterla en un cajón y no volver a sacarla en lo que me restaba de vida— comentó.

—Perdón— volví a decirle.

—Creo que te debo algo— comentó, colocando su frente contra la mía.

Yo lo observé frunciendo el ceño.

—Dijiste que cuando lo descubría, te besaba, en tu imaginación— aclaró.

Entonces, con una sonrisa, acortó la distancia entre nuestros labios y me besó.

El beso comenzó lento, como si nuestros labios estuvieran reconociéndose, saboreando la dulzura de los labios del otro, mezclado con el vino que habíamos probado.

Una mezcla embriagante si me lo preguntan.

Edward profundizó el beso, pidiendo permiso con su lengua para entrar en mi boca, cosa a la que accedí gustosa.

—No quiero parar— dijo Edward entre besos.

—No lo hagas— conteste, volviendo a besarlo.

—Por mucho que quiera hacerte caso— respondió, repartiendo besos por mi rostro —hay gente esperándote— finalizó, dejando un último beso en mis labios.

Suspiré resignada, por un momento me había olvidado por completo de la fiesta.

Lo abrace por unos minutos, mientras ambos normalizábamos nuestras respiraciones.

—¿Me ayudas con el cierre?— pedí, recordando que no había podido subirlo por completo.

Di media vuelta, quedando de espaldas a él. Sentí sus dedos trazar el camino sobre mi piel desnuda, desde mi cuello hasta donde había dejado el cierre, lo tomó y lo subió lentamente. Cuando estuvo en su lugar, dejó un beso en mi cuello.

—Luces preciosa— comentó, tomando mi mano y haciendo que diera una vuelta para él —sabia que era una buena elección— comentó, tocando el collar y los aretes.

—¿Fuiste tú?— pregunté sorprendida.

—¿Pensaste que fue alguno de tus pretendientes? ¿El tal Matthew, tal vez?— pregunto serio.

—No te pongas celoso— pedí, enredando mis brazos en su cuello —si sirve de algo, eres el único al que besé en las citas.

Me dio una sonrisa un tanto engreída cuando escucho mi confesión.

—Gracias por esto— le dije, dejando un beso en sus labios —pero, no quiero que gastes tanto en mi.

—¿Si hubiera sido de uno de ellos… les habías dicho lo mismo?

—Estaba segura que no había sido ninguno de ellos, pensé que lo había enviado mi abuelo o mi padre. A cualquiera que no fueran ellos se lo hubiera regresado— aclaré —pero aún así no me gusta que me regalen cosas así de costosas, me agradan, si, pero no me gusta recibirlas de alguien a quien no conozco bien.

—A pesar de la creencia popular, no soy millonario como tú, así que no está en mis planes regalarte cosas como está cada semana, pero hoy era un día especial, te lo mereces y quería ser yo quien te regalara esto.

Sonreí y volví a besarlo.

—Gracias. Me alegra saber que no despertaré una mañana y frente a mí habrá otra caja como la de hoy.

—Tampoco te confíes— dijo, guiñándome un ojo.

Sonreí y lo besé.


Para no levantar sospechas entre mi familia, decidimos que era mejor que yo llegara antes que él al salón.

Cuando llegué al lugar, uno de los hostess me recibió.

—Señorita Cullen, bienvenida, su familia ha llegado ya y su abuelo me encargo personalmente que la llevara con él en cuanto usted llegara— informó.

—Gracias, entonces lo sigo— acepte, sabiendo de antemano para que me querría mi abuelo.

El hombre me guio por el recibidor y luego entre las mesas, hasta que se detuvo frente a la puerta de acceso a la terraza del salón y abrió la puerta para mí.

—La esperan, Madame— dijo el hombre.

—Gracias.

Hizo una breve reverencia y se fue.

Salí al aire frío de New York, y la piel se me puso de gallina al no haberme puesto el abrigo.

— ¿Dónde está?— preguntó el abuelo, llamando mi atención.

Había tomado asiento en uno de los sillones que había dispuestos alrededor del lugar.

—Dentro— contesté, sabiendo a quien se refería.

Asintió pensativo y palmeó el lugar a lado de él. Cuando me senté, me pasó su abrigo sobre mis hombros. Cosa que agradecí.

— ¿Quién es el afortunado?— preguntó.

—Lo conoces, es hijo de John Masen.

— ¿Edward o James?

—Edward.

Entonces y contra todo pronóstico, sonrió.

—Es un buen muchacho, sabrá llevar el apellido Cullen.

—No pareces sorprendido, es como si lo hubieras sabido todo el tiempo.

—Cielito, yo se muchas cosas que tú no.

Lo observé confundida.

—Me siento aliviado, ¿Sabes?, Sabia que el muchacho de Masen sentía algo por ti y que tú no podías ser tan indiferente por como lo tratabas y hablabas de él. Lo que te pedí, lo hice con la esperanza de que reaccionaras a lo que sientes por él, que finalmente te dieras cuenta y no anduvieras por ahí dando tumbos con tipos que no eran para ti.

Lo miré estupefacta.

—Entonces… ¿Entonces lo de quitarme mi puesto…? ¿Era una mentira?

—No se me ocurrió otra manera de hacerlo. Nunca le quitaría el trabajo a la mejor CEO que Cullen Corp ha tenido desde su fundación.

Comentó, encogiéndose de hombros, sin una pizca de arrepentimiento. Me quedé muda. Procesando lo que había dicho.

— ¿Y el anillo?— preguntó, señalando mi mano izquierda.

Le mostré mi mano derecha, donde descansaba el anillo de oro que había pertenecido hasta hace poco a Eleonor Masen, el anillo con incrustaciones de rubíes y diamantes rojos era simplemente perfecto.

—Esa no es la mano correcta para usarlo— dijo con el seño fruncido.

—No quiero que la familia se entere, mis tías harán de la fiesta una cacería de esposas y maridos para mis primos.

—De acuerdo, pero me presentarás al muchacho como se debe.

Me levanté dispuesta a irme, pero me detuve antes de siquiera dar un paso.

— ¿Cómo sabías que yo quería a Edward?— pregunté, interesada en saberlo.

Mi abuelo sonrió.

—Fue muy fácil realmente. Desde que lo conociste, no había momento en que no te acordaras de él y lo mencionaras, siempre era "Edward esto…" "Edward aquello…" tus ojos siempre brillan cuando alguien menciona su nombre y cuando tú misma lo haces. Cuando te pedí el reporte de su empresa, unos días después de que lo conocieras, me hablaste más de las capacidades del muchacho que de los beneficios que traería el trabajo de su empresa a la nuestra.

Nunca me había percatado de ese hecho, recordaba un poco la conversación de la que hablaba mi abuelo, y al analizarla, me di cuenta que no exageraba sus palabras.

—Creo que deberíamos entrar, tu abuela quería presumirte con sus amigas— comentó divertido.

Tomó mi brazo entrelazándolo con el suyo y nos llevó de regreso al salón. Ahí, quitó su abrigo de mis hombros y me condujo entre las mesas, saludando a nuestro paso a algunos invitados que ya se encontraban presentes.

Busqué a Edward entre la multitud, pero no pude encontrarlo.

Nos reunimos con los miembros de la familia quienes estaban vistiendo sus mejores galas esta noche, para dar realce al apellido Cullen.

Como mi abuelo lo había dicho, la abuela enseguida me separó del grupo y me llevó con ella para conversar con sus amigas, aunque más que conversar, la abuela dirigía toda la conversación sobre mis logros. Me alagaba que mi abuela estuviera orgullosa de mí, pero parecía que sus amigas pensaban igual que mis tías, que mi lugar estaba a lado de un hombre atendiendo la casa y a los niños que tendría.

Estuve solo unos minutos con ellas, y después conseguí escaparme de la conversación diciendo que tenía que saludar a uno de nuestros clientes más importantes.

No era del todo mentira. Este año era el segundo donde yo fungía como representante de Cullen Corp y por ende tenía que saludar a todos nuestros invitados y agradecerles su asistencia, pues este tipo de eventos nos ayudaba a mantener una relación cordial con nuestros proveedores y clientes.

Minutos antes de que la cena diera comienzo, Victoria y Charlotte aparecieron, ambas lucían espectaculares en sus vestidos de gala, Victoria usaba uno straples azul, mientras que Charlotte llevaba un corte imperio en color blanco.

— ¡Ya dinos quien fue el elegido! ¡Necesitamos saber quién será tu madrina de bodas! — dijo Victoria en cuanto estuvieron a mi lado.

—Y ¿Quién fue el misterioso hombre con el que te citaron Lizzie y tu madre? — preguntó Charlotte.

—Lo único que puedo decirles es que ninguno de sus candidatos fue el elegido — les dije con una sonrisa.

Ambas hicieron un cómico puchero de decepción.

—Por otra parte… ¡Felicidades por el éxito de esta mañana! Sabíamos que tu informe sería un éxito, has trabajado mucho para llevar a tu empresa al lugar donde se encuentra— me felicitó Charlotte y me dio un abrazo.

—Concuerdo con Lottie, estábamos seguras que los dejarías impresionados— dijo Victoria, abrazándome también.

Estaba separándome de Victoria cuando escuchamos un gritito emocionado. Mi mirada buscó de inmediato a la persona que lo había emitido y me encontré con Lizzie, parada detrás de las chicas y viéndome con absoluta felicidad.

— ¡Sabía que aceptarías! — dijo y corrió a abrazarme.

Correspondí a su abrazo con una sonrisa.

— ¿Cómo…? ¿Él te dijo? — pregunté.

—Puedo reconocer ese anillo donde sea, lo he visto durante veintisiete años ¿Recuerdas? — dijo, como si fuera obvio.

—Esperen… ¿Qué está ocurriendo aquí?

—Bueno, tal vez tendríamos que buscar a mi madre antes de que se enteren, creo que le gustaría estar presente cuando les informe sobre mi decisión— comenté.

— ¡No es justo! Lizzie ya lo sabe— se quejó Charlotte.

Lizzie le enseño la lengua a modo de burla.

—Creo que podrán esperar a después de la cena— dijo Lizzie, recordándonos que la cena estaba por comenzar.

Yo asentí y las dejé hablando con Lizzie, pues aún no había visto a Edward y mi abuelo querría verlo.

No tuve suerte y decidí buscarlo después de la cena.

Cuando llegué a la mesa que había sido dispuesta para mi familia, me encontré con que era la única que faltaba por tomar asiento. Mis padres y Jasper ya estaban ocupando sus lugares, al igual que mis abuelos y tío Amun con su esposa e hija.

—Te vez fabulosa Bella, creo que tú y Lauren son las jóvenes más guapas de esta noche— comentó tío Amun cuando tomé asiento.

Tía Olivia asintió, en conformidad con lo que dijo su marido. Mientras que Lauren sonrió sonrojándose.

—Gracias tío. Y gracias a ti tía, por ayudarme con el evento de hoy, todo ha quedado magnifico— comenté.

—Años de práctica querida— dijo tía Olivia.

—Y siempre se supera a si misma— alagó tío Amun a su esposa.

Todos en la mesa estuvieron de acuerdo.

Dado que mi lugar estaba entre mi padre y mi abuelo, mi madre me dirigió una mirada desde su lugar, a lado de mi padre, con la que me decía que tenía que hablar conmigo en privado, sabiendo de sobra el motivo, asentí.

—Ya vi al joven Masen— me susurró mi abuelo —debiste decir que era tu novio y sentarlo con nosotros, aún queda un lugar en nuestra mesa.

Lo observé sorprendida.

—Tú mismo has dicho que nadie puede sentarse a la mesa con nosotros si no es un Cullen oficialmente, nunca has dejado que Alice se siente con nosotros y es la novia de Jasper— expliqué, susurrando también.

—Las cosas cambian— comentó encogiéndose de hombros.

— ¿Qué tanto susurran? Si son cosas de negocios, es mejor que lo dejen para después de la cena— nos reprendió la abuela.

Después del regaño, la cena pasó sin problemas. Disfrutamos de la comida que tía Olivia y Ángela habían ordenado acompañada de los vinos que Edward nos ayudó a elegir, y debía decir que realmente tenía un excelente gusto.

Entre conversaciones amenas sobre futuras comidas familiares y planes para el año entrante, la cena se pasó muy rápido.

—Buenas noches a todos— dijo el maestro de ceremonias, llamando la atención de todos los presentes— como cada año, el señor Eleazar Cullen dirigirá unas palabras. Por favor, démosle un fuerte aplauso.

Los presentes comenzaron a aplaudir mientras un reflector seguía el camino de mi abuelo al escenario, y una vez frente al atril, agradeció los aplausos para comenzar su discurso.

—Buenas noches a todos, gracias Rupert por la introducción— comenzó el abuelo —este año no he preparado un discurso como tal, porque tengo un anuncio muy importante para compartirles…

Contuve la respiración, porque mientras el abuelo pronunciaba esas palabras me observaba directamente a mí, para terminar guiñándome un ojo. Inmediatamente mi mente asoció sus palabras con mi pedido de no hacer mención de mi relación con Edward y como iba a ignorarlo.

—Pero antes de realizar el anuncio, quiero agradecer la presencia de todos ustedes, esta fiesta es para honrar a todos los integrantes de Cullen Corp desde nuestros empleados, hasta nuestros clientes y proveedores, porque la empresa no sería lo mismo sin alguno de ustedes.

Pero las generaciones vienen y se van, y ni yo ni mis hijos nos estamos haciendo más jóvenes. Es por ello que he tomado la decisión de ceder por completo el legado de la familia Cullen a la actual CEO de la empresa, a mi nieta Isabella Cullen —un jadeo de sorpresa inundó la habitación, y desde mi lugar en la mesa, pude ver el rostro enojado de tía Rachel y René —hoy nos demostró que es perfectamente capaz de sacar adelante la empresa y mi hijo Amun y yo estamos de acuerdo en que ni él ni yo somos necesarios ahora, es tiempo para dejar que la nueva generación Cullen tome las riendas de la familia y nos haga relucir ante la sociedad. Finalmente, propongo un brindis por mi nieta, la nueva cabeza de la familia y CEO de Cullen Corp Isabella Cullen, a quien deseo un futuro próspero y feliz. Salud.

Los presentes emitieron un Salud a coro en respuesta al brindis del abuelo, mientras yo aún procesaba sus palabras y lo que implicaban.

Ser la CEO de Cullen Corp me había dado ya cierto poder, pero el que mi abuelo me cediera su lugar como cabeza de la familia, realmente marcaba un hito en la historia de los Cullen, pues nunca antes alguno de mis antepasados había cedido ese puesto en vida.

Y se debía a las implicaciones que tenía para los hijos del que cedía y los nietos en caso de haberlos.

Pues hasta ahora mis tíos habían estado recibiendo las ganancias que correspondían a su porcentaje de acciones dentro de la empresa, pero con esto, ninguno de ellos tenía derecho a seguir recibiendo tales beneficios.

Sí, continuaba la opción de que alguno de mis primos se casara y tuviera un hijo antes que yo lo hiciera y aquel niño o niña sería el siguiente CEO y por lo tanto a quien pasaría el legado, pero mientras tanto, ninguno de ellos tenía derecho a nada más que su actual puesto dentro de la empresa.

—Entonces recibamos a Isabella Cullen con un aplauso, con suerte ella no dará discursos tan largos como los míos— bromeó mi abuelo, pidiendo mi presencia en el escenario.

Un coro de aplausos inundó la habitación, pero claramente noté que los únicos que no aplaudían eran mis tías Rachel y René, en conjunto con sus hijos.

Aun algo aturdida me levanté de mi lugar, y bajo la luz del reflector hice mi camino al escenario, donde mi abuelo me recibió con los brazos abiertos y dejó un beso en mis mejillas para después cederme su lugar en el atril.

—Buenas noches a todos— comencé, mi mente vagó por todo el lugar hasta que me concentré en una sola persona: Edward, quien me sonreía desde su lugar en la mesa de sus padres y levantó su copa hacia mí — es un honor el que mi abuelo esté cediéndome su lugar en esta noche, me siento alagada por ser merecedora de la confianza que están depositando en mí, no solo él sino también tío Amun, y ante todos ustedes, me comprometo a seguir trabajando para hacer crecer el legado de nuestra familia y hacer que se sientan orgullosos de mí. No pienso fallarles ni a ellos ni a ninguno de los presentes. Y sin más que decir, a nombre de la familia Cullen, espero que se sigan divirtiendo y que pasen una excelente velada.

Nuevamente un coro de aplausos no se hizo esperar cuando terminé de hablar. Y del brazo de mi abuelo bajé del escenario. Entonces la orquesta comenzó a tocar y en lugar de ir a la mesa con nuestra familia, mi abuelo me dirigió a la pista.

Fly me to the moon de Sinatra era interpretada por los músicos mientras bailaba con mi abuelo. Usualmente el primer baile lo hacían la abuela y él, pero este año era diferente y lo sería por los próximos años.

— ¿Por qué no me habías dicho nada? — le pregunté, mientras nos movíamos al compás de la canción.

Varias personas se levantaron de sus lugares para acompañarnos en la pista.

—No hubiera sido una sorpresa— explicó —llevo planeando esto desde antes de navidad, Amun se hizo cargo ya de los trámites legales, firmarás pasado mañana y estará hecho oficialmente.

— ¿Y qué hay de tío Amun? ¿Aceptó quedarse sin nada? — pregunté sorprendida.

—Cuando les cedí acciones a tus tíos y el puesto de CEO a Amun, a todos les dije que invirtieran sabiamente lo que recibirían de la empresa, tu tío ya tiene un negocio propio con el que le va bastante bien, por no hablar de la herencia de Olivia, con eso pueden pasar lo que les resta de vida sin trabajar y aun así heredarían una cuantiosa fortuna a Lauren. No te preocupes por ninguno de mis hijos, son bastante mayorcitos para depender del trabajo de alguien más.

—Tía Rachel va a odiarme— comenté, entre divertida y preocupada.

—No hagas caso de sus comentarios, ella siempre fue la consentida de tu abuela y piensa que por eso iba a tener lo que quisiera de nosotros durante toda su vida. Pero algo si te digo cielito, al igual que yo estoy cediéndote el legado Cullen hoy, tu tendrás que hacerlo con el próximo primogénito Cullen llegado el momento, guíate con el ejemplo de Amun y emplea bien las ganancias que obtengas de la empresa, piensa siempre en tu futuro— me aconsejó, guiñándome un ojo.

La pieza terminó y mi abuelo me llevo de regreso a la mesa, donde estaban tía Rachel y tío Charles acompañado de su esposa. Las mujeres le reclamaban a tío Amun, tan calmadas como les era posible para no crear una escena.

— ¿Cómo puede ser posible que apoyaras eso, Amun? ¿En serio accediste a dejarnos sin nada? — reclamaba tía Rachel.

—No está dejándonos sin nada, Rachel.

— ¿Qué no piensas decir algo, Charles? El futuro de tu familia está en juego con esa decisión tan descabellada— dijo René.

El abuelo se aclaró la garganta, llamando la atención de los presentes.

—No hay nada en juego René, y no los estoy dejando sin nada, le di estudio a cada uno de mis hijos, les di un puesto en la empresa cuando Amun tomó el cargo, les di acciones que les remuneraron durante años, algo deben de tener, y no les costó más que el estudiar y aceptar el puesto que les ofrecí.

Tía Rachel se quedó callada, pero su rostro mostraba cuan enojada se sentía.

Mamá me tomó del brazo, llamado mi atención y con señas me pidió que la acompañara. La seguí alejándonos de la mesa, donde mi padre y tío Amun apoyaban a mi abuelo.

—Primero, estoy muy orgullosa de ti, no pude haber pedido una hija mejor— dijo mamá, dándome un abrazo —y segundo, ¡Dime que aceptaste a Edward!

Me reí antes de contestarle, divertida con su expresión de ansiedad.

—Lo acepté mamá.

Mamá soltó un gritito de felicidad y volvió a abrazarme.

— ¡Lo sabía! Edward es perfecto para ti y esta tan enamorado de ti…— dijo con un tono soñador.

—Ahora me tienes que acompañar a ver a las chicas, deben estar ansiosas por saberlo.

—Pero antes… ¡Déjame ver el anillo! — pidió.

Sonriendo, levanté mi mano derecha, donde se encontraba el anillo que me había dado Edward.

— ¿Es el de Eleonor? — preguntó mi madre sorprendida.

—Y el de otras señoras Masen al parecer— comenté.

— ¡Es precioso! — exclamó, observando mi anillo.

Después de unos minutos, mamá tomó mi brazo y ambas fuimos hasta la barra, donde localizamos a mis cuatro amigas.

— ¿Nos dirás ahora quién fue el afortunado? — preguntó Charlotte, al llegar junto a ellas.

—Es bueno que Alice esté aquí también, y sí, les diré a quién elegí— aclaré.

— ¡Ya dinos! Nos tienes en suspenso— exclamo Victoria.

Le dirigí a Lizzie y a mi madre una mirada cómplice y sonreí.

— ¿Quieres dar la noticia Lizzie? Sé que te mueres por hacerlo— le dije.

Ella asintió emocionada.

— ¡Será mi cuñada! — Dijo emocionada —Mi hermano favorito va a ser un Cullen dentro de nada.

Mis amigas me abrazaron felicitándome, las cuatro se mostraban felices por mí.

—Aunque es un poco injusto ¡Será tu cuñada y tu madrina de bodas! — se quejó Victoria.

—Yo no me quejo, sé que por ser mi cuñada, seré una dama de honor ¿Cierto? — dijo Alice.

—Las tres serán damas de honor— aclaré divertida.

—Creo que te buscan— comentó Charlotte, señalando detrás de mí.

Ahí, con una sonrisa se encontraba Edward. Le di una sonrisa y me disculpé con mis amigas y mi madre para ir con él.

—Hola de nuevo— dijo sonriendo.

—Antes de que los pierda de vista, nuestros padres quieren que les presentes a Bella oficialmente— dijo Lizzie a Edward, apareciendo junto a nosotros.

Sin esperar respuesta, tomó mi mano y me llevó junto a sus padres, quienes esperaban por nosotros a lado de un ventanal, Edward venía detrás de nosotros con una sonrisa.

Al llegar junto a ellos, ambos nos observaban con una sonrisa.

—Papá, mamá, ya conocen a Bella pero la presento oficialmente a ustedes como mi prometida— dijo Edward, tomando mi mano.

Estaba un poco nerviosa, él había dicho que sus padres lo apoyaban en todo, pero no sabía si eso incluía el que su hijo cambiara de apellido por mi causa.

—Bienvenida a la familia, Bella. ¡Ahora oficialmente tendré dos hijas! — dijo Eleonor Masen emocionada, y no demoró en abrazarme.

—Estamos muy felices por ambos, confiamos en que tendrán una vida larga y feliz juntos— agregó John Masen.

—Cullen o Masen, ustedes deben estar juntos— comentó Eleonor guiñándome un ojo.

Respire tranquila, sabiendo que su familia nos apoyaría.

— ¿Reunión familiar y nadie nos avisó? — dijo la voz de mi padre, apareciendo detrás de nosotros acompañado de mi madre.

—Señor Cullen… yo… sé que debí ir con usted primero, pero… pero— trató de explicar Edward ante la mirada severa que le dirigía mi padre.

Entonces su ceño fruncido cambio a una sonrisa.

—Estoy bromeando Edward, estamos más que contentos de darte la bienvenida a la familia, aunque Jasper dijo que quería tener unas palabras contigo en otro momento— aclaró sonriendo.

Edward respiró aliviado.

Mi padre se acercó a John y lo saludó, mi madre haciendo lo propio con Eleonor. Mientras que Lizzie nos abrazaba a Edward y a mí, mi amiga estaba que no cabía en sí de alegría.

—Tienen que casarse pronto, quiero una sobrinita para malcriar— demandó divertida.

Edward y yo solamente compartimos una mirada.

—Aun no hablamos de la boda, Lizzie, déjanos pasar primero por eso y después pensaremos en hijos— aclaró Edward divertido — y si nos permites, quiero bailar con mi prometida antes de que den las doce.

Con una sonrisa, Edward nos llevó a la pista de baile justo cuando una canción comenzaba.

Sinatra volvía a ser interpretado de la mano de los músicos de la orquesta, su versión de Can't take my eyes off you era interpretada por el cantante principal mientras Edward dirigía nuestros pasos.

You're just too good to be true, I can't take my eyes off you— canto Edward en mi oído, hacienda que mi piel se enchinara al sentir su respiración junto a mi cuello.

Pasé mis brazos por su cuello, enredando mis dedos entre el cabello de su nuca.

Sabía que estábamos dando de qué hablar al bailar de esta forma, pero en este momento no me importaba, todo en lo que podía pensar era en Edward.

I love you baby, Trust in me when I say it's okay— continuó, dejando un rápido beso en mi cuello.

Me separó de él para hacerme girar y después volver a sus brazos. Guiándonos en un baile perfecto. Nadie más existía a nuestro alrededor, estábamos en una pequeña burbuja que duró tanto como la canción.

Pues tan pronto como terminó, el maestro de ceremonias subió nuevamente al escenario, anunciando que era hora de tomar nuestras copas y realizar la cuenta atrás.

Un mesero pasó frente a nosotros ofreciéndonos una copa de champan, Edward tomó dos y me entregó una. Rápidamente nos guio a uno de los ventanales un poco apartado de la multitud, desde donde aún podíamos ver el escenario, pero que nos garantizaba cierta privacidad.

Entonces, comenzó la cuenta atrás.

—12, 11, 10…— contaban los presentes en voz alta.

Edward pasó uno de sus brazos por mi cintura y me acercó todo lo posible a él.

—4, 3, 2, 1, ¡Feliz Año nuevo! — gritaron todos, felicitándose unos a otros.

Pero Edward y yo no dijimos nada, comenzamos nuestro año con un beso, promesa del compromiso de año nuevo que habíamos hecho.


Después de 10'586 palabras y 30 hojas solo en este capítulo, les traigo el final de Engaged for New Year, ¡Es el capítulo más largo que he escrito! Pero ustedes mis lectoras lo merecen, realmente espero que les haya agradado el cierre que le di a la historia, aún nos queda el epilogo, pero no creo que sea tan largo como este capítulo.

Muchísimas gracias por todos sus comentarios y favoritos. Sinceras gracias a quienes comentaron: Maiisa, kaja0507, Cary, Adriu, saraipineda44, tulgarita, Vanina Iliana, Tata XOXO, Isabelfrommowon, Yoliki, bealnum, PanchiiM, Cherryland, Tecupi, , Sabrina, BereB, Kriss21, Valery1, cavedano13, Liz Vidal, Adriana Molina, liduvina, Jade HSos, Lupita Pattinson Cullen, jupy, paramoreandmore, carolaap, sandy56, Alizce, injoa, Lizdayanna, bealnum, Jessica Acevedo, caritoeh, Diana2GT, Jen, nydiac10, Robaddict18, karoSwan, Melania, VampireQueenR18, Leah De Call, LicetSalvatore, Nanje y Alejandra Nash. ¡Gracias por todos sus comentarios! Ver que les agrada mi trabajo me motiva a escribir mucho más.

¡Nos leemos en el epilogo!

Besos desde México. Bella J.