Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.

Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo Don't missSwan me, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.

A mi Miss Swan tata favorita, a mi tatita Vero, a Gen porque ha esperado mucho por mis actualizaciones, a Alex porque es un sol, a mi esposa simplemente porque es la luz de mi vida y la amo, A mi hija Kath y mi madre Diana por sus chantajes y porque las quiero, a Bego porque no me he olvidado de ella y a Natalia porque es la mejor.

Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, Laura Brooks, El palacete, el lado ciego del amor, Carne fresca, Mi pequeña Emma, en carrera y a esthefybautista.

CAPÍTULO 7 NO TENGO ELECCIÓN

Un beso, robado a la sombra de un manzano, un gesto simple y a veces desprestigiado, en ocasiones regalado sin pensar en el enorme valor que ostenta. Un beso, caricia suave sobre sus labios, de sabor a inocencia, pureza y juventud, un beso que desató la peor de las tormentas en su alma y , a la vez, despertó la alegría durante años dormida, despertó el deseo, por una vez en su vida, de dejar todo atrás y simplemente fundirse, dejarse llevar, un sueño utópico del que debía despertar y, aun así, tras varias semanas soñando día y noche con esos labios, no fue capaz de llenar sus cofres y baúles para partir, no fue capaz de alejarse de ella, de Regina, de la mujer que le había robado el sentido por completo.

Durante sus noches de insomnio revivía cada detalle con una sonrisa en el rostro, con mil lágrimas poblando sus mejillas, con el corazón quebrado en mil pedazos y a la vez latiendo con más vida que nunca. Durante sus días la rutina se volvió tediosa y aburrida ya que se negó a recibir a Regina en su casa tras ese encuentro, alegado que era mejor distanciarse ya que él no podía proporcionarle el alivio que ella necesitaba. A pesar de su amarga insistencia, tras una semana de rechazos deliberados la joven Mills pareció darse por vencida.

Intentaba sacarla de su cabeza, salía a cabalgar al alba y tornaba a su hogar con el cuerpo adolorida, el alma cansada y la mirada triste. La mejor opción era embarcarse y lo sabía, cada día se juraba a sí misma que al día siguiente dejaría todo atrás y subiría a bordo de cualquier navío que le retornara a su hogar en Londres mas tocaba el alba y simplemente cogía su corcel sin atreverse a partir, a marcharse… La sola idea de no volver a ver a Regina jamás dolía tanto que prefería la tortura de sus pensamientos, del recuerdo de ese beso, sufrir en silencio… Llegaba nuevamente el amanecer y se negaba a marcharse, su corazón agrietado se lo impedía.

Mientras deambulaba por las estancias de su morada escuchaba los susurros de sus criados, cotilleos que resonaban en las cocinas… Su joven señor estaba enamorado y se negaba a complacerse, a cumplir el capricho de tomar a la muchacha como su esposa, sin juicio, sin motivo… Enloquecía encerrada en la biblioteca releyendo los textos que tanto le gustaban a Regina, gritaba en la soledad, gemía entre lágrimas porque todo había acabado, porque ella no era digna de Regina, no al haber deseado su mal durante toda su vida, no al ser una mentira, una farsa, una mujer encerrada en ropajes masculinos, disfrazada con un nombre y un título que por derecho no le pertenecían, su amor por la joven Mills solo podía llevarlas a un final más aterrador que aquellos finales de tragedia. Había hecho bien en rechazarla, había hecho bien abandonándola…

O eso se repetía hasta el cansancio cuando caía la noche y los fantasmas de sus acciones la aprisionaban. Había escuchado la noticia, aquella que corría por el pueblo de boca en boca, Robin Hood había pedido la mano de la joven Mills y Henry con gusto se la había concedido, en unos días se iba a celebrar por todo lo alto en la residencia de los Mills una fiesta en honor a los recién prometidos y muy pronto esposos. Robin, el hombre al que Regina detesta, el hombre que la mira como si fuese un objeto y que solo ansía poseerla, no amarla como ella se merece, el mismo hombre por cuya mano tantos habían sucumbido en la desgracia, él la iba a tener, iba a desposarse con la mujer a la que amaba y solo de pensarlo le hervían las entrañas.

Llegó la mañana, y ese anochecer sería el gran día, el principio del fin, la noche traía consigo la desgracia de saber a Regina prometida con un bandido, con un hombre despreciable y ella no podía hacer nada para evitarlo.

No sabía cómo ocupar su tiempo para no destruir por su rabia todos los objetos que se encontraban a su paso, por su mente pasó la desquiciada idea de convertir su preciado manzano en astillas, mas tal afrenta contra el árbol no calmaría le ardor de su alma, los celos, la rabia, la locura cada vez más intensa que se apoderaba de su ser al imaginar los suaves labios de Regina mancillados por un hombre que no merece ni besar el suelo por donde pisa.

Encerrada en su habitación con las manos en sus cabellos, sueltos y rebeldes, con la mirada fija en un punto inexacto de la pared y las lágrimas descendiendo lentamente por sus mejillas, Diana la encontró al entrar en la estancia, preocupada por su amiga ya que durante las últimas semanas se había comportado como una auténtica demente y sabía de sobra el motivo, la boda de Regina.

Emma la miró, en sus ojos apagados no había signo de lucha, de rabia, de odio, simplemente se había desvanecido la vida de sus orbes azulados, por lo que Diana, mirándola de frente resopló.

-¿Has visto en qué te has convertido? Pareces un muñeco de trapo, una marioneta sin vida, sin un propósito ¿Qué diablos te pasa?

-"¿Qué me pasa? Se va a casar con un impresentable"

-Y tú te quedas aquí, encerrada en la alcoba sin hacer nada

-"¿Y qué se supone que debo hacer? ¿Presentarme en la fiesta y llevármela? ¿Reclamarla? No tengo derecho"

-Creo recordar que nos embarcamos hace meses en un viaje absurdo porque estabas empeñada en convertir a Regina Mills en tu mujer para vengarte de su padre, ahora dejas que otro hombre la despose, no hay quién te entienda

-"Entonces era distinto Diana, yo no la conocía, no sabía que era una persona maravillosa, no importaba hacerla sufrir"

-Si ahora te importa ¿Por qué dejas que sufra cuando sabes que una palabra tuya romperá esa farsa de compromiso? Ella no quiere ese enlace, no lo quiere a él.

-"No, ella quiere a James Swan, al conde… a alguien que no existe Diana"

-Te equivocas, ella te quiere a ti, seas quien seas… Deseabas tenerla, casarte con ella, vengarte… ¿No hay mejor venganza que arrebatarle al hombre que tanto te hizo sufrir a su única hija? Esas fueron tus palabras hace meses cuando embarcamos. ¿Quieres vengarte? Ves a buscarla, rompe ese compromiso, cásate con ella y hazla feliz.

-"No puedo"

-Sí puedes, lo que te pasa es que tienes miedo. Os he visto juntas, he visto como te mira, si fueses una campesina te miraría igual porque esta enamorada, no de tu nombre, no de tu título, está enamorada de ti.

Emma cerró los ojos notando como un torbellino de emociones nacía en su interior mareándola durante unos instantes. Su mente ennegreció hasta que un solo recuerdo anidó en ella, el recuerdo de un beso que lo cambió todo, un beso que le devolvió la vida.

Al abrir los ojos en esto se veía una nueva determinación, iría a esa fiesta de compromiso, no podía perdérsela por nada del mundo.

-"Prepara mi mejor traje Diana, tengo que ir a una fiesta y ya llego tarde"

El sonido de la gente a su alrededor la asfixiaba, las risas de los hombres, los susurros de las mujeres… Se sentía fuera de lugar y era irónico ya que era la protagonista de esa función sin sentido.

Su mente no dejaba de repetir una y otra vez el recuerdo de un casto beso robado bajo un manzano, el conde Swan la inquietaba, no salía de su cabeza y, en esos instantes, apunto de convertirse en la prometida de un ser odioso, no dejaba de preguntarse por qué él no había ido a rescatarla, por qué le negó la entrada a su hogar y, sobre todo se preguntaba por qué no se había marchado a Londres como le había dicho que haría.

No es que lo hubiese espiado, al menos no a propósito, solo se dejaba caer cada mañana por el monto desde el cual podía verlo cabalgar durante horas sin rumbo fijo, con los ojos llorosos y preguntándose a qué e tenía tanto miedo para no querer desposarla.

El amor no era un problema, hacía ya mucho tiempo que sabía que el conde la amaba, sus ojos eran un libro abierto y ella doraba adentrarse en ellos, lo que sentían ambos era intenso y bello… No comprendía por qué les negaba el derecho a empezar una historia, por qué la obligaba a desposarse con ese hombre, por qué no había pedido ser él quien la llevase al altar.

Resopló hastiada, cansada, llevaba semanas sin poder dormir, llorando amargas lágrimas por su corazón roto, por sus porqué sin respuesta, por ese beso que abrió las puertas de un sueño hecho realidad para cerrarlas con fuerza, quebrándola por completo. Una cosa estaba clara, por mucho que se casara con Robin jamás sacaría de su mente ese beso, el mejor momento de su vida, un error.

Alzó la vista y le vio, su futuro esposo, solo de contemplarlo se le revolvían las tripas. Ni siquiera el día de su compromiso se privaba de mirar como un lagarto a todas las muchachas del lugar, con ojos cargados de lujuria, sabiendo que su matrimonio con la joven Mills era fachada, era subir un escalón en la jerarquía entrando a formar parte de la familia más adinerada del pueblo.

De pronto, cuando pensó que no podía soportar un minuto más el atronador sonido de las risas y las copas brindado en honor de una felicidad hipócrita, las puertas de su casa se abrieron con estruendo, dando paso a James Swan. Las voces enmudecieron contemplándolo en el acto ya que hacía semanas que se había atrincherado en su mansión y no acudía a reuniones sociales. Su rostro, acalorado, mostraba los signos de quien ha llegado apresurado y sin darse tiempo al descanso, mas ese hecho quedo eclipsado por la elegancia de su atuendo, ostentando una vez más su alto puesto en la jerarquía, estaba por encima de todos y eso era un hecho que nadía olvidaba.

No necesitaba presentación y lo sabía. Sus ojos verdeazulados la buscaron durante unos instantes y Regina no fue capaz de descifrar todo cuanto deseaba decirle en esa fugaz mirada. Henry Mills, al ver que el Conde se había dignado a presentarse a la fiesta en honor a su hija, se acercó a él como buen anfitrión para darle la bienvenida a su morada, mas James Swan le cortó en el acto, antes de que pudiera pronunciar palabra.

-"Lo siento señor Mills, sé que llego tarde"

-No os preocupéis señor, vos siempre seréis bien recibido en este hogar

-"No me refería a la fiesta mi señor, sé que llego tarde, que le habéis prometido a vuestro socio el señor Hood la mano de Regina en matrimonio, no quise interferir, no quise interponerme mas la razón y el buen juicio han quedado eclipsadas por mi ardiente amor por vuestra hija, un amor que cada día crece y no puedo esconder, un amor del que no quiero escapar. Sé que no es civilizado presentarme de esta manera el día de su compromiso, no tengo elección, vengo a rogaros que me concedáis la mano de vuestra hija en matrimonio"