Título:Enfrentando el pasado
Sumary:Kyoko se fue hace cinco años del Japón, pero ha llegado la hora de su regreso. ¿Qué fue lo que la llevó a esa decisión? ¿Qué ha pasado en su ausencia? Todo ha cambiado y ella también, es momento de enfrentarse al pasado…
Ranking:K+
Género:Romance/Humor/Comedia/Drama
Advertencia/Recomendación:Quizás un poco de OoC/Oc/Notas de autora más largas que el fic/Retrasos sin falta en ninguna ocasión xD.
Cantidad de palabras: 4, 137
Disclaimer:Skip Beat! No me pertenece, todos sus derechos de creación son propiedad de Yoshiki Nakamura perver sensei y no me los quiere prestar, así que haré lo único que puedo hacer sin tener que pagar…
Notas al final :3
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Viejas heridas
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Mimori estaba furiosa. No era ningún modo secreto de interpretarlo, ni vagas ideas sobre el ambiente entre ellas; su rostro ensombrecido, su ceño a punto de unir las cejas de la frustración y sus ojos acuosos, pero dignos de admirar le confrontaban con orgullo y dignidad, dispuesta a no dejarse vencer en esta ocasión. Era increíble para Kyouko como a pesar de la desaprobación presente en cada una de las personas en ese lugar ella se erguía, aún dispuesta a pelear.
En cambio ella… No tenía el suficiente valor para mirarla.
Aunque resistiera ver a sus ojos azules sólo podría dedicarle frases de arrepentimiento, además de querer gritarle en la cara la profunda irritación que conseguía causarle. Era patético, a pesar del escozor de sus ojos ámbares y la sensación de derrota que quiso mantener en sí misma para no lastimarla, todo su cuerpo le pedía a gritos que la viera y le exclamara la verdad de años atrás, que por más que la justificara, eso no cambiaría en nada sus errores.
"— ¡Yo no lo sabía! Al menos, la primera vez…"
Se lo había repetido hasta el cansancio, tratando de acallar sus culpas. Definitivamente era una idiota, ni siquiera podía dejar de sentir compasión por su ser cuándo la persona más afectada fue la pelinegra, y contrario a eso sólo le producía disgusto en su lugar.
La morena le dirigió una mirada fulminante, indicándole con obviedad que no estaba contenta de verla, y, siendo sincera, ella tampoco.
Volver a verla removía en su interior culpas que creía haber logrado enterrar. Su manera superficial de ser siempre le había causado desagrado, pero después de aquella ocasión no podía culparla por nada, por su desprecio hacia ella, Mimori tenía todo el derecho. Había estropeado todo entre ella y Shou por egoísmo, por celos, por dolor creyendo que era lo correcto, buscando acabar con todo. Y al final, solo causó su propia destrucción.
Un pequeño tirón en su ropa la sacó de su ensoñación. La chiquilla que le miraba suplicante parecía a punto de llorar y un vago recuerdo la hizo hundirse más en la miseria; cierto, si Enju la llamaba mamá todo quedaba confirmado, esa niña era la misma que conoció mientras estaba en el vientre de su madre y a la que vio cuándo apenas era una pequeña bebé. Era exactamente a ella a la que le había destruido todo esperanza de tener una familia por culpa del miedo.
Su cabeza dio vueltas mientras recordaba con claridad los reclamos de ella, la madre, a Fuwa tomándole las manos, aguardando el momento en que la pelinegra dejara de llorar. Frente a ambos, su prominente vientre de cinco meses dándole la idea exacta de que estaba pasando y a ella sintiéndose mal, culpable por ser tan egoísta y aceptar con resignación cuándo él la llevó adelante con sus manos entrelazadas, alejándose sin mirar atrás y abandonándola en el pasillo solitario.
¿Qué había hecho? Torció todo de tal manera que el pequeño mundo ilusorio que había construido con retazos de felicidad robada terminó por caerse a pedazos sobre ella. No merecía esa sonrisa amigable de superioridad que le regalaba Fuwa ni que estuviera defendiéndola frente a esa mujer. No era su intensión volver a ver las lágrimas en la pelinegra, ni esa furia ciega que poseía todos sus sentidos cuándo avanzó a su lado, ignorando al resto y murmurando una frase que en el fondo se merecía. —Eres una perra…
Sí, lo es. Pero no podía negar que Mimori también lo era.
Y la aguazul se fue, contoneando sus caderas y atrayendo la atención de varios asistentes quienes se encandilaban de su belleza, caminando con elegancia directo a su sitio en la pequeña reunión, recibiendo de inmediato toda la atención por ser la última en llegar. Sonriendo por fuera, aparentando con gracia detrás de su perfecta máscara de vanidad, alentando en Mogami la decisión de seguir sus pasos y fingir ante los demás.
Se estaba dejando llevar por sus emociones, y eso era muy peligroso.
Pronto el presidente elevó su voz, distrayéndola y comentando con alegría que finalmente podía continuar con el tema del nuevo proyecto, causando que todos sus sentidos se pusieran alerta. Su cuerpo instintivamente se puso a la defensiva, cuando cayó abruptamente hacia la realidad.
Una de sus peores pesadillas estaría trabajando junto a ella, día tras día y si todo era como esperaba, sería su rival en el dorama. Sería insoportable.
Juntos, tras toda aquella gente fuera de su alcance y sin que les prestaran atención su viejo enemigo se permitió permanecer a su lado, junto a ella y observarle con tranquilidad, palmeando sus hombros y brindándole algo de paz.
Quizás, sólo quizás, él entendía porque el maquillaje de su rostro caía y la dejaba expuesta, mientras miles de cristales saldas enrojecían sus mejillas con sus lacerantes caricias.
Y tal vez, sólo tal vez, tomar su mano de nuevo y aferrarse a su calidez se le permita en este mundo si lo que trata de hacer es guiarla lejos de esa pena, a pesar de saber que dos personas vigilaban con cautela sus movimientos pues no tenía el valor de dejarla sola, aunque estuviera causando peores problemas.
OoOoOoOoOoOoO
El ambiente frío de la ciudad no siempre era de su agrado, sin embargo aquella frescura que golpeaba con fuerza contra sus mejillas era bienvenida si seguía siendo como un aliento seco que azotaba sus pensamientos contra las circunstancias.
Un gesto desdeñoso nació en sus labios, retocados apenas por el rastro de lo que fue su labial, mientras se apoyaba contra el barandal de metal en la azotea.
Era un buen sitio, para conversaciones de temas viejos y cordiales entre amigos separados por el tiempo, para las reuniones improvisadas dónde alguien buscara privacidad, un perfecto sitio para huir de los problemas a la hora en que los empleados pudieran huir de la hora laboral y el sutil recordatorio de que sería muy doloroso saltar treinta pisos abajo, solo por si intentaba escapar.
El rubio se colocó a su derecha, expulsando el vaho que producía su cálido aliento al salir de su boca. A pesar de ser verano el día se había transformado en cuestión de instantes a un clima frío y nada acogedor; excelente representación de su interior. —Shou, ¿por qué me trajiste a este lugar? —Preguntó recelosa. No es que no lo agradeciera, pero le daba curiosidad que la ayudara.
Un par de años atrás se habían prometido hacer lo imposible por remediar sus errores. Precisamente por ello se había alejado, para no causar más daño, y no lo había vuelto a ver hasta unos días atrás. A pesar de haber quedado como una especie de mejores enemigos por su pasado en común y las injusticias que cometieron, él aún tenía el deber de ir adentro y resarcir su daño.
Aún no era el tiempo para que Kyouko comenzara a pagar por su pecado. —Me llamaste por mi nombre. —Sonrió, haciéndola enojar. Su mueca arrogante era la de antaño, pero contrastaba enormemente con sus orbes de color verde oscurecidos por las sombras del tiempo. Un verde seco, añejado y si no fuera por el delicado atisbo de familiaridad podría definirlo sin encanto.
Un vacio se instauró en su pecho al verlo tan triste y abatido por el simple hecho de escucharla pronunciar su nombre, pero no pudo evitar caer en la añoranza también. Una infancia que alegre o infeliz habían compartido, y que a pesar del abandono de su madre y los engaños a los que la sometió. fue una persona que estuvo en los momentos más importantes de su crecimiento.
—Shoutarou… —Murmuró, una vez más.
—Era algo que creí no volver a oír, Kyouko. —Su semblante sereno y la sinceridad de sus esmeraldas la cautivaron por un momento, sintiendo la tibieza de su bondad. — Estoy feliz de volver a verte, de verdad. —Contuvo el aliento, incapaz de creer que llegara un día tan similar a sus sueños, dónde de al fin lograba saldar esas cuentas pendientes entre ambos.
— ¿Eres verdadero? —Cuestionó, apuntándolo acusadoramente con el dedo, sonriendo felizmente. No podía ser de otra manera frente a él, sin acusaciones y peleas tontas de por medio. Sabía que estaba exagerando, pero era divertido seguirle la corriente mientras fuesen capaces de comunicarse adecuadamente.
—Por supuesto, tonta. El grandioso y magnífico Fuwa Shou en persona esta ahora mismo frente a tus ojos, pero supongo que el impacto es tan fuerte que tu pequeña mente no lo puede procesar.
—Sí, eres el real… Es increíble que no puedas madurar ni por tu hija…
Fuwa cambió su sonrisa por un gesto serio. Kyouko se arrepintió al instante de haber hablado, pero ya no podía retractarse; la niña aún era un tema dolorosa para ambos si la madre de Enju estaba involucrada.
Le resultaba sorprendente como una pequeña criatura era capaz de darle tantos cambios a la vida de las personas por el simple hecho de existir; ella y su madre se odiaban a muerte y aún así, no entendía porque estar con la castaña solo le producía bienestar y paz. E incluso era capaz de pelear como en los viejos tiempos con el idiota, sin silencios incómodos ni miradas de culpabilidad. Y precisamente eso había sido una de las razones por las que no se había vuelto a ver. — ¿Sabes? —Le llamó. —Tener a mi hija fue lo mejor que pudo suceder. —Colocó sus manos sobre el frío metal, apretándolo con disimulo. —Pero Pochiri es…
—Le diste la oportunidad. —Murmuró ella, sintiendo como lentamente la hiel corroía su garganta. —Lo intentaste con ella, pero aunque no funcionara la forma en que acabó… —Su voz descendió, como un susurro apagado, apenas se escuchó el término de su oración. —Lo nuestro nunca debió pasar. —El ambiente se volvió denso y pesado, lleno de languidez. —Tú no me amabas, solo buscabas retener lo mismo que yo, a la única persona que conocía todas tus fallas y sin embargo estaba dispuesta a aceptarte como eres…
Shoutarou la miró con incredulidad, remarcando el hastío en su voz. — ¿Tratas de decir, que conoces mejor lo que siento que yo?
—Siempre supe que nunca me quisiste…—El rubio contrajo la mandíbula, negándose a entender lo que ella trataba de decir; Kyouko solo buscaba una excusa, librarse de sus sentimientos para sentirse mejor y apartarlo de su camino de manera indirecta. La muy maldita trataba de manipularlo. —De verdad lamento haber sido tan intensa contigo desde que éramos niños, es sólo que…
— ¿Qué? —Masculló irritado, pero trató de no ahogarse en su furia mientras la dejaba terminar. —Anda, dilo ya. —Kyouko suspiró, sonriendo con suavidad fingiendo no percatarse del tono cortante y como se agravaba lentamente más la voz masculina.
—Fuiste lo primero que tenía. —Respondió, mirándolo directo a los ojos, causándole un malestar en la boca del estómago. Era difícil de creer que el color fundido de sus ojos dorados causara una revolución de enjambres furiosos en su abdomen y la ira se acumulara de manera diferente en sus enrojecidas mejillas. —Lo único que quería era poderte conservar. —Murmuró ella en un timbre suave, muy delicado y que se armonizaba con los latidos de su corazón. Solo podía observar embelesado sus labios rosados moverse de un lado a otro, atrayendo toda su curiosidad. Las manos de Kyouko se posaron en sus mejillas, antes de continuar hablando. —…De verdad lo siento.
— ¿Eh? —Balbuceó, siendo sacado de su ensueño al sentirla alejarse. — ¿A-a que te refieres?
—A todo. —Exhaló. —Era tanto mi afán de no perder lo único que creía que tenía que me obsesione contigo cuándo no valía la pena pelear. —Él trago pesado, pero no emitió palabra alguna, la ambarina interpretó eso como una buena seña. —Acabaste por odiarme y nos separamos, aunque tampoco es que tu fueras tan buena persona y… —Volteó a verlo con nerviosismo, con un ligero sonrojo. —No me malentiendas, en el fondo te agradezco eso porque llegué a este lugar y… Lo conocí a él, pero…
— ¿Quieres callarte de una buena vez? —Interrumpió.
—Shoutarou…—Masculló ligero, sin verdadera intención de dejarse percibir.
—Esto es estúpido. —Se cruzó de brazos, incapaz de sostenerle la mirada. —Kyouko, sabes bien que me gustas…
— ¡Eso no es verdad! —Gritó con rapidez, ignorando el dolor que ocasionaba al rubio con su actitud indiferente. —Tú y yo lo sabemos, Shoutarou, aquello fue un error que nunca debió pasar…
— ¿Qué sentido tiene todo esto? —Le preguntó. —Tú, yo, hablar de cuánto te arrepientes de que no ame a Mimori y pretender que es por tu culpa.
—Ninguno en realidad. —Comentó con aparente franqueza, si no la conociera bien casi consideraba que podía racionar la nota de desesperación sin ser evidente. —Nunca hubo un sentido…
—Sólo quieres fingir demencia para liberarte. —La tomó de los hombros con rudeza. — ¿Pero adivina qué? No puedes obligarme a estar con Mimori solo porque no quieres sentirte como una criminal. —Apretó más el agarre, conteniéndose de no hacerle verdadero daño. — ¿Por qué lo haces? —Inquirió intrigado, a pesar de que su antipatía natural hacia esa clase de respuestas hiciera efecto, eso no significaba que la chica no estuviera en lo cierto.
No podían huir para siempre. O más bien, no tenían ese derecho; habían continuado su relación a pesar del embarazo de Mimori pero las cosas siempre fueron claras para los dos. Shoutarou siempre estuvo consciente de que no era más que un reemplazo para ocultar la realidad a Tsuruga Ren, y que no duraría. En cuánto Kyouko tuvo uso de razón se había largado al país americano y había ignorado descaradamente lo que él sentía por ella. —Mogami-san, Fuwa-san…—Interrumpió una voz.
En el momento en que alzó sus orbes doradas no estaba preparada para encontrar a los preciosos ojos verdes de su antiguo mentor, mirándolos con fingido agrado. —Tsuruga-san…
—Todo mundo los está buscando. —Comentó el hombre de cabello castaño a su lado, sonriendo incómodo ante la terrible presión maligna del ambiente. Su representado había actuado desinteresado pero la intensidad de su mirada dirigida a la unión de ambos cuerpos era notoria. —La reunión terminó hace poco, y mañana habrá una conferencia de prensa.
— ¿Interrumpimos algo? —Reprendió con su voz grave, enronqueciendo debido a la rabia.
Fuwa sonrió con ironía, pero mordió su lengua antes de contestar. —No es nada, Kyouko y yo nos íbamos…—La jaló de la muñeca, haciéndola reaccionar. Evadió la furibunda presencia de Ren todo lo que pudo mientras se dejaba arrastrar por el rubio el esto del camino hacia la salida. —Gracias por el aviso. —Pronunció antes de empujarla por delante y cerrar la puerta.
La ambarina se sostuvo con fuerza de su muñeca, enterrando las uñas en la piel disponible; estaba agradecida por su ayuda, y por el hecho de que no se quejara por hacerle jirones la piel. —Eres una tonta, mira que quedarte congelada…
Sí, era tan tonta. Verlo causaba que su corazón latiera desenfrenado, y la boca se le secara, haciéndola torpe con sus palabras; pero a la vez, le producía un enorme malestar.
Él era cómo su maestro, lo adoraba cuál dios de los consejos y su presencia divina la ayudó en infinidad de situaciones de las cuáles no sabía cómo escapar. Siempre estuvo ahí, aún cuándo nunca estuvo de acuerdo con su decisión respecto a Shoutaro y sin embargo ella lo único que conseguía era evadirlo anhelando en silencio no volverlo a encontrar. No podía culparlo si él prefería olvidarlo todo; lamentablemente eso no disminuía la sensación dolorosa en su pecho.
Cuando intentó escapar a sus sentimientos de culpa y arrepentimiento lo dejó a un lado y utilizó los sentimientos de su amigo de la infancia, lastimando a personas inocentes en el proceso. En el momento en que descubrió lo que había hecho su superior y cuánto afectaba ella en sus decisiones intentó abandonarlo todo, su cercanía con él, sus consejos, e incluso su amor. Su vieja relación con su enemigo se convirtió en el medio perfecto de escape, aunque eso significara lastimar a una persona inocente y engañar a su antiguo amor.
Huyó de su presencia y las falsas esperanzas que ésta pudiera darle, estaba interviniendo en algo que jamás hubo de conocer y para lograrlo había incluso jugado con las posibilidades que tenían Mimori y Shou de lograr felicidad.
Ella era tan… despreciable. Se odiaba a sí misma. Y estaba segura de que todos deberían hacerlo también… —Sabes que no puedes huir por siempre…
—Lo sé. —Sonrió sin energía, causándole preocupación su semblante. Ella apretó su mano, queriendo brindarle un apoyo que sin duda quién lo necesitaba era ella. A pesar de no corresponderlo, él se mantenía a su lado. —Aunque lo niegue, en el fondo a esto es a lo que vine…
OoOoOoOoOoOoO
—Muy bien, que la entrevista comience.
Alzó la mano una reportera. —Buenas tardes, Kaoru Yukimura de la revista "Sweet Love"—Kyouko frunció el ceño disimuladamente ante tan ridículo nombre pero su representante rápidamente la codeó.
La noche había dado paso a un nuevo día, y finalmente el momento de la presentación había llegado. El recinto, el amplio recibidor del edificio dónde figuraba el departamento de LoveMe, había sido bien decorado para algo tan improvisado como un nuevo proyecto de su loco presidente. —Adelante, siempre es un placer atender a la revista que cubre todos nuestros nuevos proyectos. —Declaró el presidente, con una sonrisa elegante. —Y a la bruja mayor… —Murmuró sin ser escuchado.
Kyouko sonrió por lo bajo, recordando con nostalgia sus momentos junto a Kuu Hizuri, luego de seguirlo a Estados Unidos y empezar su carrera, siempre había tenido que salvarla de "los lobos hambrientos" como él les decía, ya que su inglés aún no era perfecto y parecían ser mucho más amarillistas que en Japón. Su lugar era cómodo, siendo la última de una fila de siete, dónde por suerte o desgracia (no sabía a quién culpar) no figuraba Mimori, pero si Tsuruga Ren.
—Hemos descubierto de muy buena fuente que la actriz Mogami Kyouko vino desde Hollywood para la realización de este proyecto. —Comentó la periodista, llamando su atención porque el tema la involucraba; miró a Lory, quién asintió, presintiendo a dónde se dirigía el tema. La mujer castaña sonrío con autosuficiencia y con todo el porte de una maliciosa reportera amarillista continuó. —Mi pregunta para la señorita es, teniendo tan próspera carrera dentro del ámbito americano, ¿qué le hizo decidirse a volver?
La ambarina tomó la palabra. Sonriendo con pena y sintiendo los nervios a flor de piel pero sin dejarse vencer por la mirada castaña se dispuso a responder. —Bueno, dentro de muchas razones, yo tengo fe en que este proyecto es el correcto. Su guión y la historia me atraparon desde el primer momento en que la leí, así que decidí que el papel sería el ideal para volver a un proyecto de mi nación. —Comunicó con una sonrisa, primera semana en Japón y ya tenía que estar mintiéndole a los medios. Ella ni siquiera tenía la más mínima idea de que iba la historia o como haría el loco de su presidente para evitar que ella misma lo asesinara con sus propias manos en este momento, pero jamás diría sus razones reales para volver. —Además, no veo porque no habría de trabajar de vez en cuándo en mi país natal.
—Oh, excelente respuesta. —Afirmó la mujer, acrecentando su emoción con exageradas señas. —Un ejemplo ideal de nuestros valores de humildad. —Pronunció, antes de tomar asiento y después de dejar con el rostro rojizo a la actriz. ¡Lo había hecho bien…! O algo así, pero el hecho era que la había librado, si su maestro viera eso… Siempre había tenido que salvarla de las veteranas como ella.
Otro reportero se alzó de su sitió al ser seleccionado y prosiguió. —Saitou, del canal Tv Tokio. —Les hizo una pequeña reverencia, haciendo notable la serenidad y el respeto en su grave voz. — Mi pregunta es para el actor principal, Tsuruga-san. —El pelinegro hizo una mueca amable y colocó su micrófono en la posición correcta, preparándose para responder lo que presentía sería algo incómodo. —No hace mucho tiempo hubo rumores de que la señorita Mogami fue su aprendiz de actuación antes de irse y que mantenían una relación muy estrecha. —Ren no cambió su expresión, pero quienes le conocían hicieron un gesto disimulado de terror, tema tabú para el gran demonio. Kyouko tuvo ganas de golpear al tipo, pero se contuvo. — ¿Qué podría decirnos al respecto?
—En realidad, yo no considero así…—Expresó con su típica máscara de amabilidad. —Tuvimos una buena relación de trabajo gracias a "Dark Moon" e hice lo posible por ayudarle, como todos lo hicimos entre todos; considero que nuestro equipo fue muy unido. —Suspiró e hizo un mohín de reproche, encantando a las féminas del grupo y causando en la expelinegra un escalofrío. —No creo que por eso pueda considerarme su maestro.
—Eres tan humilde Tsuruga Ren —Los reporteros sonrieron, conmovidos. Kaoru volvía a tomar la palabra, esta vez sin permiso alguno. —A propósito de esa relación, ¿no te molestó que la tomara a su cuidado un actor tan experimentado como Kuu Hizuri?
—Por supuesto que no. —Negó con caballerosidad. En la izquierda Yashiro trataba de contener la risa por semejante mentira. A su derecha, Lory le indicó con la mirada que tenía la opción de no contestar, el pelinegro le indicó que estaba bien. —Me ofenden al preguntarlo…
Ren entrecerró sus ojos, en un vano intentó de evitar que el tema le afectara. Sin embargo, el presidente no sólo lo notó sino que también observó interesado como él apretaba con demasiada fuerza el micrófono y su mandíbula parecía tensa; no podía engañarlo, era un tonto si creía que él no lo veía.
Después de que Mogami se fuera, recordaba con precisión la infinidad de veces que las sensaciones oscuras que habían controlado a ese chico por tantos años se habían desatado, las consecuencias fueron difíciles de cubrir. Ren siempre creyó que Fuwa le había causado huir lejos y se culpaba haberle permitido alejarse, no haberla apoyado, no haber luchado.
Se volvió incontrolable, al menos hasta aquella vez en que ella regresó durante unos días al poco tiempo de irse y su conducta cambió drásticamente. Nunca le contó que sucedió para calmarle, pero sabía que no había sido suficiente, de forma disimulada, volvió a aquellos viejos hábitos de ocultarse de todos, y esta vez no hubo quién le salvara.
Pero ahora, si ella estaba a su lado… Quería creer en el todopoderoso amor celestial pero no podía evitar tener sus dudas al respecto. Él parecía molesto y lo que le dijo el día en que ella llegó le hizo entender que quería vengarse. ¿Hizo bien al traerla de regreso? — ¿De verdad no hubo agravios? —Insistió la reportera.
—Por supuesto. —Masculló convencido. —Si hubiera sabido de ello en su momento yo mismo la hubiera alentado. —Kyouko entendió el reclamo indirecto en esa frase, "si lo hubiera sabido" Pero él nunca lo supo, no al menos hasta se fue, cuándo ya era tarde. Y sus ojos verdes mirándola con dureza fueron la confirmación perfecta al crimen.
—Ustedes tenían una relación tan hermosa, siento algo de envidia. —Emitió la castaña, negándose a soltar el micrófono a pesar de la petición del guardia. Lory hizo una seña, otorgándole más tiempo por petición del actor a su lado. —Y, díganme, ¿mantuvieron comunicación? Para trabajar en el mismo proyecto después de años de no estar juntos se ven muy unidos.
Takarada se sintió aterrado ante la pregunta. Suficiente, esa mujer estaba metiéndose en temas que no le importaban, dejando de lado el tema del dorama; lo único que buscaba era una nota malintencionada, y por el semblante de Ren veía que él estaba a punto de no soportar nada más.
Iba a responder en su nombre cuándo alguien más se le adelantó. —No. —Tomó la palabra Kyouko, sorprendiendo a todos por su reacción, en su voz se dejaba entre ver un tono de angustia y decepción. —Jamás volví a dirigirle la palabra a Tsuruga-san, ni siquiera para agradecerle y me disculpo por eso. —Las silla fueron removidas al instante y Lory retomó el control, sonriendo nervioso.
—Bueno, esto parece más un interrogatorio para mis actores, señorita Yukimura. —La aludida sonrió en correspondencia, dejando entrever que esa era su intención. —Díganme la verdad, ¿tan poco esperan de mi proyecto?
—Oh, no. No era mi intensión que creyera eso, Takarada-san. —Y lo miro desafiante. —Solo me causaba curiosidad saber de la relación de los protagonistas.
—Bueno, creo que fue suficiente, no quiero que dejen al proyecto de lado.
La mujer se sentó con evidente fastidio por su nota arruinada, pero siguió aportando preguntas relacionadas al dorama. El resto de la entrevista continúo con normalidad, más sin embargo tanto Kyouko como Ren no volvieron a responder una pregunta más.
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N/Kou: Sé perfectamente que habrá personas que desearán asesinarme por lo que voy a escribir pero este fic se volverá KyoukoxShou. (Mentira, pero si habrá algo de la pareja y muy pronto el yaoi… del drama, calma, calma…) Nah, la verdad lo que quería decir es que tenía este capítulo desde hace más o menos dos meses… ¡P-Pero recuerdo que si me matan ya no puede haber actualización!
Lo siento enormemente, el día de mi cumpleaños tuve una pelea fuerte con mi padre, o podría decirse expadre… Ok, el caso es que cuándo lo escribí como al mes de eso simplemente no me convenció, y ya he pasado lo suficiente sin actualizar para dejarles cualquier cosa, aunque no me quedó tan espectacular no creo justo que me tarde más tiempo. Pero créanme, el original apenas iba a las mil palabras, fue mejor que esperaran xD
No contestaré reviews porque seguro nadie recuerda lo que puso hace tres meses… Y en algunos casos casi dos años xD (kotoko-98, Lineve, lobita22 son algunos ejemplos que recuerdo, perdón por no mencionar más) Pero quiero decirles que agradezco profundamente su tiempo, sus comentarios, sus amenazas -que son lindas porque en realidad no pueden hacerme nada (?) *Se cubre de la lluvia de tomates- Quería hacer el capítulo más largo, hay una escena con Enju y Mimori que no alcancé a poner y otra con Ren, pero sinceramente la cabeza no me da para más y esta nota está quedando muy larga…
Recuerden que los amo-doro y fumen chocolate, es bueno para la salud. Anyou :3
