Chapter 7: El emperador Poseidón


Poco a poco, la trama se va poniendo interesante.
Disfrútenlo

-Ten cuidado donde pones los pies, me previno el maestro.
Asentí, en silencio. Después de ver las ruinas del templo a Poseidón, que parecían desafiar el paso del tiempo, me pregunté cuán conscientes habían sido los antiguos de que justo debajo estaba el verdadero templo del dios.
Bajamos con cuidado hasta llegar a un pequeño pasillo natural. Del otro lado se veía la celda. La marea alta cubría casi la totalidad de ésta.

-La marea cubre todo, me percaté.

Él asintió con el semblante grave. De repente fui consciente de lo que Kanon debía haber sufrido estando aquí encerrado. Casi podía verlo luchar por no ahogarse.

-Por Athena, murmuré,-¿cómo pudo Saga...?
Sentí dos lágrimas rodar por mis mejillas.
Antes de que el maestro me contestara se oyó el dulce sonido de una flauta.

-¿Qué haces aquí, Milo de Escorpio?, se oyó una voz con acento extranjero. El maestro se volvió.

-¿Cómo estás, Sorrento?, saludó.
-¡Contesta! ¡Qué haces aquí!
-Relájate, Sorrento, intervino otra voz. También con acento extranjero
-Pero Isaac...
-He visto a Kanon en la costa. ¿Vino con ustedes?, preguntó. El rubio flequillo le caía sobre...caray. Nunca había visto a un tuerto.
-Sí, contestó el maestro.-Comprenderás por qué se quedó atrás.
-¿A qué viniste, Milo?
-Quería que mi discípula conociera el Cabo.
-¿Sólo el Cabo?, preguntó Sorrento, mordaz.
-Déjalo, Siren. No hay nada malo en venir a mirar. ¿Así qué ella es tu discípula?, preguntó Isaac.
-Sí, ella es Melissia. Está entrenando para obtener la armadura de Serpens.
-Mucho gusto, murmuré, algo cortada.
-Gusto en conocerte. ¿Ya no te burlarás de mi maestro, Escorpio? Tener un discípulo no es fácil.
-No es divertido burlarse de quién te congela sí te burlas de él. Por cierto, Isaac, ¿hace cuánto no ves a Camus?
-¿Él es discípulo de Camus?, pregunté yo. Igual hubiera sido si le preguntaba a una pared. Nadie me contestó.
-Hace bastante. Como sabes, no puedo subir a la superficie a menudo.
-Podrías preguntarle a tu dios. Hyoga está en el Santuario en estos momentos.
-Sería cuestión de preguntar...

-¡Sorrento, Isaac!, se oyó una cuarta voz. Era tranquila, pero desbordaba autoridad. Los dos se volvieron y se inclinaron ipso facto.

-Emperador, murmuró Sorrento con marcada devoción. Oí a Isaac ahogar una risita.

-Vuelvan a sus tareas, intervino el dios.-No tienen nada que hacer aquí.

Ambos se esfumaron.

-Veo que aquí falta alguien.
-Kanon se quedó en la costa, señor. Comprenderá que es duro para él venir por estos sitios, se justificó el maestro.
-Pequeña, ¿no querías conocerme?
Levanté la vista hacia el rostro del dios, muerta de vergüenza. Me miraba con curiosidad. El cabello rubio le caía por la espalda. Aunque estaba vestido con una sencilla camisa y un pantalón de vestir, la expresión de sus ojos y el aura que lo rodeaba lo delataban como uno de los seis dioses olímpicos primordiales. Ni siquiera la mirada de la señorita Athena provocaba esa sensación. Los ojos del emperador de los mares, verde azulados, profundos y sobrecogedores como el mismo océano, me escrutaron atentamente. Mis nervios aumentaron
- Mi sobrina ha dado con una joya, ¿eh? Esta muchacha posee una capacidad poco común para percibir los cosmos de los demás, puedo percibirlo.
-Sí, señor, contestó el maestro.-Esta niña es algo especial.
-Milo, ¿puedes decirme una cosa?
-Lo que usted quiera, emperador.
-¿Mi sobrina no ha recibido la visita de algún espectro, últimamente?
-¿Usted también?, contestó con otra pregunta.
-Sí, asintió.-Minos de Griffon. Parece que mi hermano se ha aburrido del Inframundo, y planea hacernos una visita.
-Genial, manda a Minos aquí, y a nosotros nos manda a Radamanthys, murmuró para sí.
-¿Qué dices?, preguntó Poseidón.
-Nada. De hecho, Rata..., digo, Radamanthys se apareció en el Santuario hace unos días.
-Ya veo. ¿No tienes idea de lo que le dijo a Athena?
-De hecho, la señorita Athena está en Japón. No sé qué está pensando hacer Hades, porque, según Wyvern, las instrucciones estaban en una carta que le dio a Shion, y éste no nos ha dicho nada al respecto.
-Entiendo. Supongo que no es necesario que les diga que deben tener cuidado con mi hermano. Es más, deseo advertirles.
-¿Sobre qué?
- Según Minos, mi sobrina se encarnó hace poco y mi hermano la está buscando. Está enojada con su hermanastra por lo que nos hizo, y la confrontó cuando fue a pedirle a Apolo que la ayudara a revivirlos.
-¿Su sobrina?, ah...sí, Perséfone, la hija de Deméter, cayó en la cuenta.- ¿Por qué debería preocuparnos?
-Porque ella estaba decidida a darle problemas a Athena.
-Pero si Hades está bien, se aturdió el maestro
-Eso no quita lo que hizo la niña Palas, reconvino el dios.
- Ya veo. En cierto modo, la culpa fue de Hades
-No te pido que comprendas los motivos de los dioses, ni que nos juzgues desde tu perspectiva humana y mortal. Sólo limítate a proteger a Athena, había cierto malestar en la voz de Poseidón.
-Mis disculpas, señor.
-Y ya les advierto: Estoy de parte de ustedes, pero como me hagan enfadar, tendrán a un poderoso enemigo. Ya sé que es propio de Athena cometer imprudencias cuando se trata de protegerlos a ustedes.
-Le comunicaré a Shion sus palabras.
-Y por cierto, dile a tu compañero que no le guardo resentimiento por lo que hizo.
-Cómo usted desee. Di adiós, Melissia.
-Adiós, dije mientras inclinaba la cabeza a modo de despedida.
El dios se despidió de nosotros con una inclinación de cabeza y se internó en las aguas. Creí ver a Sorrento acudir a su encuentro.

-¿Qué quiso decir con perdonar a su compañero?
-Se refiere a Kanon. En realidad, no importa que el dios lo perdone si él no se perdona a sí mismo.

De repente, la tierra empezó a temblar. El maestro me cogió de la mano y me pegó a la pared.
-Maldición, Sorrento, ¿tenías que hacerlo enojar?, murmuró.
La tierra se agitó más. Él me cargó en su espalda y dio un salto para llegar hasta arriba. Las ruinas del templo se tambaleaban.

-¿Qué pasa?, pregunté.

Las aguas empezaron a agitarse. El dios salió del agua de nuevo. Pero esta vez era claro que estaba enfadado. Su cosmo había crecido mucho más. Y yo que me asustaba con el cosmos de Shaka, y eso que ni siquiera se enojaba nunca. Tragué saliva.

-¿Todavía estás aquí? ¡Largo, antes de que los sepulte bajo las ruinas!

Mi maestro apretó el paso y no desaceleró hasta llegar a la costa. La tierra seguía temblando. Kanon, fue a nuestro encuentro. Estaba visiblemente nervioso.

-¿Qué mierda le has dicho? Parece que quiere provocar una hecatombe.
-Yo no le he dicho nada, se defendió el maestro.-Debe haber sido Siren.
-¿Sorrento?
-Digo yo.
- Vámonos de aquí. Poseidón es un dios muy sereno, pero su temperamento es fuerte. Basta con una chispa para encenderlo.
-¡Esperen!, nos gritó alguien a lo lejos.
-¡Oh, por el amor de...! Isaac, ¿qué haces?
- Quería que le dieras esto a mi maestro, dijo, tendiéndole un papel. Kanon se lo arrebató de las manos.
-¿Por qué se enojó?, pregunté.
-Sorrento le insinuó que era demasiado benevolente con vosotros. Le dijo que debería hacer lo que Hades...Se ha puesto furioso porque dice que no tiene porqué andar buscando grescas injustificadas con otros dioses. Aparte, digamos que el comentario acerca de "la culpa es de Hades" lo ha molestado más de lo que parece.
-¡ISAAC!, el grito vino acompañado por un furioso sacudón.
-Mejor me voy. Dale mis saludos a mi maestro.
Salió corriendo y se zambulló.

-"Yo no he dicho nada", dijo Kanon con voz de falsete.-No me digas Milo. Últimamente estás más imprudente que de costumbre, bicho.
-¿Qué? Me reprendió y pedí disculpas. La culpa fue de Sorrento.
-"La culpa fue de Sorrento" Eso, sigue echándole las culpas a otro.
-Envió a Minos a hablar con Poseidón, intervine yo.
-¿Qué, a Minos?, se sorprendió Kanon.
-Sí. Y a nosotros nos manda al unicejo. Mejor hubiera mandado a Aiacos de una vez, completó el maestro
- A Hades le gusta jodernos la vida, resumió Kanon.
-Dijo que te perdonaba.
-¿Eh?, el gemelo parpadeó sin comprender.
-Don Pose.
-Ah..., fue todo lo que dijo.- ¿Y a qué mandó a Minos?
-A lo mismo que mandó a Radamanthys allá, se pasó la mano por las sienes.
-Hades se aburrió del Inframundo.
-Y hay otro problema, y con nombre femenino.
-¿Quién?, preguntó el geminiano.
-Perséfone.
-¿La amiga de...?
-¡Claro que no, idiota! ¡La diosa!
-Ah..., volvió a decir.
-Pareces retrasado, Kanon, se burló el maestro.
-Ya cállate, bicho rastrero. ¿Sabes qué? Mejor me voy al Cabo y me encierro de nuevo, ¿eh? ¿Qué les parece?
-Kanon...si no ibas a acercarte al Cabo, ¿por qué me hiciste ir por la armadura?, pregunté
-Porque quería usarla de nuevo.
-Kanon...sabes que está prohibido llevar la armadura porque sí.
-Blah Blah Blah. No te preocupes, doña sabionda.
-Si se dan cuenta...
-Oh, por el amor de Hermes. Pareces Saga, Mel. "No hagas esto, no hagas lo otro" Ni cuando me toca ir a alguna misión me presta la armadura, ése...
-Estoy seguro de que Shion te entenderá.
-Claro. Entenderá tan bien que me mandará al calabozo por una semana. No le vayas a decir. A no ser que pregunte, porque con ésos malditos poderes psíquicos...parece que lo sabe todo.

Cuando pasamos por el pueblo nos topamos con Shion, acompañado de Aiolia.

-¿Qué hacen, gato?, preguntó el maestro.
-Estirar las piernas un poco. Y recoger ofrendas. ¿Qué tal ustedes en el Cabo? No lo habrán hecho enojar eh? Se ha venido un buen sacudón.
-Fue Sorren...
-¡Deja de echarle las culpas a Sorrento, Milo! ¡Tú también lo molestaste!
-Oh, claro, me olvidaba que era tu amante, ¿no?
-¡Eres un...!, Kanon hizo ademán de pegarle.
-¡Ya basta!, intervino Shion, autoritario.-Milo no sé qué te pasa últimamente, estás demasiado imprudente. ¿Quizás debería castigarte? No creas que tú te salvas Kanon, dijo, y la cara de satisfacción de éste se desinfló un poco.- ¿A santo de qué le has pedido la armadura a Saga, si sabes bien que no te acercas al Cabo ni de broma? ¿Y por qué has mandado a la chica?

-Pues verás, Shion...yo...

-Dijo que hace mucho no la usaba, intervine yo.
-¡Melissia!, me regañó el maestro, mientras me daba un sacudón.
-Y tú lo sabías, ¿verdad? "No pensaba pedirle que se acercara al Cabo. Sé que es demasiado para él...", recitó.-No regañes a la niña por decir la verdad, Milo, o le estarás dando un mal ejemplo, dijo Shion.
-Es que la extrañaba..., se quejó Kanon
-Claro, es que es tu ropa, preferida, ¿verdad, δεύτερος*?
-¡No te atrevas a llamarme así, Milo!
-¡Te llamo como me dé la gana!
-Muchachos, tranquilos..., trató de calmar las cosas Aiolia.

-¡CÁLLATE!, vociferaron ambos.

-Vale, no tenían que gritarme, dijo el pobre, mientras áquel par se seguía gritando.

-¡YA BASTA!, gritó Shion,-¿quieren castigo? ¡Pues tomen castigo! Kanon ya que te gusta tanto estar en Cabo Sunión, vas a ayudar a Poseidón en lo que él diga, por espacio de un mes. ¡Sin protestas!

Éste se quedó callado ipso facto. Sus ojos delataban lo que pensaba. No quería ir al Cabo ni de broma.

-Y tú, Milo, una semana en el calabozo, para que aprendas a controlar tu lengua. Primero das información que no debes y después le dices a Poseidón semejante estupidez como que la culpa de las Guerras Santas es de Hades. Sabes que, por mucho que así nos parezca, los dioses tienen sus motivos para hacer lo que hacen y nosotros no deberíamos meternos. Por ese comentario casi hundes el Cabo.

-¿Y qué hago con...?

-Tu discípula tendrá que entrenar sola. Puede buscar la ayuda de otros.

-La próxima semana tengo un enfrentamiento con Corónide, me quejé.
Shion me miró con dureza.
-No me importa, jovencita, tu maestro se lo ha buscado. Y ya deja de quejarte, por el amor de Hades. Aprende a mantener la boca cerrada, me reprendió.

Hice un mohín de disgusto bastante elocuente, bufé y, sin darme cuenta, saqué la lengua. Lo siguiente que sentí fue la mano de Shion estampándose en mi cara.
-¡Ay!, dije, mientras me llevaba la mano a la cara. Inmediatamente, apreté los labios.
-¿A tí también se te ha pegado lo imprudente, niña? ¿Te atreves a desafiarme?
-No señor, dije con cara de dolor.
-Bien. Le notificaré a Saga que se prepare para ser tu maestro suplente, mientras Milo cumple con su castigo.
-¿A Saga?, dije, con espanto.
-Sí, a Saga. Muévanse.
-¿Yo que hago?, preguntó Kanon.
-Vas a devolver esta armadura y mañana a primera hora te quiero en Cabo Sunión.

-Ven conmigo, Mel, me dijo Aiolia.- Ayúdame con esto, añadió, mientras me señalaba la canasta con las ofrendas. Shion había agarrado al maestro y a Kanon por los codos y los arrastraba a buen paso.

-Se han metido en una buena, comenté.
-Nadie los tiene de idiotas.
- ¿Cómo se enteró Shion de lo de Kanon?, pregunté.
-¿Cómo más? Saga se chivó. No más se fueron ustedes, le fue con el cuento a Shion.
-Así que por eso sonrió, me dije, perpleja.-De seguro ya estaba pensando en delatar a Kanon.
-Como sea, la idea fue del borrego, por eso a él también le ha caído un castigo.
-Pobre Mu, me compadecí.
-No es culpa de Mu. Las jaquecas de Shion se han agravado últimamente y eso lo tiene de muy mal humor y estresado. El asunto de Hades lo puso más peor.
-¿Entonces exageró cuando dijo que le diría a Saga que fuera mi maestro?, dije, esperanzada.
-Ni tanto, Mel. Shion es muy bueno con nosotros pero es muy estricto. No perdona las insolencias ni las desobediencias. Como mucho te echará un sermón y luego te mandará con el bipolar.
-¿Afrodita no lo ayuda con las jaquecas?
-En efecto, pero, ahora que es joven, yo diría que son producto del estrés, no de la edad. Lo que necesita es una sesión de meditación. Eso lo ayuda mucho.
-Una semana en el calabozo es demasiado, me quejé.
-Milo se lo buscó. Si sólo hubiera hecho enojar a alguno de los mariners, la cosa hubiera quedado ahí. Pero hizo enojar a Poseidón. A Shion le interesa que los dioses estén contentos con nosotros, así no habrá más problemas., dijo el león con marcada desaprobación.
-¿Por qué la señorita Athena no regresa?, me interesé.
-Ya debe estar por volver. Nunca se queda demasiado tiempo en Japón. Y además, el asunto de Hades es de suma importancia, no podemos manejarlo sin ella.
-Ahora me acuerdo: Kanon tiene una carta de Isaac para Camus.
-Ya se la dará. No empieza el castigo hasta mañana. Pero compadezco a Death y a Alde. Ése par se gritará hasta que se les desgarre la garganta y les sangren los oídos. No podrán escapar al ruido.
-Death siempre se mete, dije.
-Sí, pero esta vez es mejor que no se meta. Me apuesto a que ambos se traen un cabreo monumental y no admitirán interrupciones. Lo mejor será que Alde se mude con Mu por hoy y yo tendré que acoger a Death. Así podrán gritarse lo que les venga en gana. Entiendo a Kanon, es cierto que Saga no le presta esa armadura ni cuándo debe, pero hacer eso fue muy arriesgado.
-¿Cómo se enteró Shion de lo que dijo el maestro Milo?
-Tu amiga se lo contó. Bajó al pueblo a propósito, para emboscarlos cuando volvieran.
-Todo ha sido mi culpa. Yo le insistí a Kanon para que fuera, y le insistí al maestro para que me llevara.
-No te culpes, dijo, mientras me ponía una mano en el hombro.
-¿Y ahora qué hago? Saga me va a desollar viva.
-Saga nos desolló a todos en su momento, me dijo.-Menos a mi hermano, por razones obvias. Si no tuvieras un enfrentamiento en camino, iría más suave, pero como es así, te matará. Quizás debiste callar quién iba a ser tu rival. Eso lo empeora.
-Pobre maestro.
-No te preocupes, no es la primera vez que encierran a Milo por bocazas.
-Algo me dice que tú lo acompañaste alguna vez.
-Pues sí, solíamos pelear demasiado, reconoció Aiolia.

Corónide ocupó mi campo de visión. Me eché para atrás.

-Escuché que han castigado a Milo por tu culpa, enana, me dijo con petulancia.
-¿Y eso a tí qué te importa?, le dije de malos modos.
-Que se ve que aún no sabes las reglas. No se supone que debas comportarte como una mocosa caprichosa, y meter a tu maestro en líos. Una mocosa como tú no se merece un maestro como Milo. Es más, no te mereces ni siquiera estar aquí.
Sentí que me hervía la sangre. Maldita. Se me trabó la lengua.
-Corónide, ya basta, intervino Aiolia.
Ella lo ignoró.

-Yo me merecía un mejor maestro que una santa de plata. Me merecía a un santo de oro.

Aiolia abrió los ojos como platos.

-¿Cómo te atreves a insinuar que tu maestra no es suficiente para tí?, murmuró, furioso.

-No es que lo sea. Es que no me presta toda la atención que merezco, dijo, con petulancia.
-Ya...y supongo que se te alborotaron las hormonas con Milo, murmuró Aiolia.
-¡Aiolia!, exclamé y empecé a darle puñetazos.

-¡Auch! ¡Auch!, ¡era una broma, era una broma!

-Quiero ser la mejor. Quiero que mi maestro sea Saga de Géminis.
-¿Saga?, ¿quieres morir de agotamiento, Corónide? El entrenamiento con Saga es demasiado duro, escuché la voz de Marin.-Agradece que Shaina te trata bien...a Cassios lo mataba. Tienes suerte de tener compañeras.
-Es que yo NO debería tener compañeras. Debería entrenarme sólo a mí.
-Pues ruégale a Athena que no le diga a Shion acerca de semejante insubordinación. Concéntrate en tu enfrentamiento de la próxima semana, y no te metas en problemas. Sobre todo ahora que viene Hades, le advirtió Marin.
-¿Qué me importa a mí, Hades? Me comportaré como me venga en gana, dijo esa maldita.-Muy bien enana, hagamos una apuesta: La que gane el enfrentamiento se quedará con Milo como maestro.
-No, dije.
-¿No? ¿Acaso tienes miedo?
-No te tengo miedo. Mi maestro no es algo intercambiable, bruja. Ya verás cómo te pateo el trasero.
-¡Repítelo!
-Bruja, dije, y me fui corriendo. Cuando pasé por las columnas del templo de Aries, vi a Shaina detrás de una columna. La santa tenía la mirada perdida y le temblaban las piernas. Maldición, ¿habría escuchado...?
-Shaina...intenté decir.
Me apartó la mano de un manotazo y subió corriendo las escaleras.

Reparé en que Mu estaba sentado en las escaleras con una cesta de olivas en las manos.
-¿Ella escuchó?, le pregunté.
Él asintió con la cabeza.

-Maldición.

-A alguien la expulsarán la próxima semana, murmuró.-Mi maestro se pondrá furioso cuando se entere.
-¿Por qué está aquí?
-Shaina la encontró en una misión. La muchacha era buena en artes marciales y poseía ése sexto sentido que tenemos varios aquí. Pero resultó ser de ésas que no puedes elogiarlas porque se ponen egocéntricas, y empezó a pensar que era mejor que nadie. Al día de hoy, ningún discípulo la había superado. Hasta que llegaste tú. Eso la puso peor. Y como siempre se ha hecho la melosa con Milo...
-¿Qué es la cosa con Saga?
-Que quiere morir, eso es lo que pasa, dijo sarcástico.-Desconozco quién lo entrenó pero él tiene un método de entrenamiento demasiado duro. De eso puede hablarte Kanon. En parte, puede ser por eso que no ha querido entrenar a nadie.
Tragué saliva.
-Pero Corónide cree...
-Ella cree que como Saga es el que entrena más duro es el más fuerte, y quiere que sea su maestro. En realidad, podríamos decir que todos somos iguales en fuerza, sólo que algunos desarrollan más algunas habilidades que otros. Recuerdo que, cuando se turnaban entre él y Aiolos para que nos entrenaran, Aiolos tenía el grupo más grande siempre. El entrenamiento de Saga no es jugando. Y por supuesto, Shaina no puede ser demasiado dura teniendo un grupo de varias, por lo que, comparándola con Saga, sale perdiendo. Pero, por ejemplo, tanto Saga como Milo serían maestros inexpertos, a diferencia de Shaina, que ya tiene experiencia. Pero igual, es su mejor discípula, no sé de qué se queja. Shaina ha sacrificado mucho por Corónide. Y ella le paga así..., negó con la cabeza.
-Marin amenazó con decirle a Shion.
-Shaina no lo hará, porque es una herida a su orgullo. Es tan terca y cabezota como tu maestro. Sólo abrirá la boca si mi maestro se entera por otro. Con suerte, el día del enfrentamiento, Corónide hable de más. Sobre todo sí le vas ganando.
-¿Qué hago con Saga? Tengo miedo, admití.
Sonrió y me acarició la cabeza
-Pasarás una semana dura, Mel. Pero algún día lo agradecerás, me dijo mientras se levantaba y me invitaba a ir con él.
-No puedo creer que no le importe que venga Hades.
-Lo pagará caro. Como siga aquí, claro. No durará mucho. Lo mejor que pueden hacer es expulsarla. Al menos saldrá sana y salva. Sí crees que mandar a alguien de criado o encerrarlo una semana es un castigo duro, no has visto nada. Sí Poseidón es capaz de contener su enojo, Hades no lo hará. Y es, en cierta manera, peor que su hermano.
-Mu, ¿tú sabes algo de Perséfone?, pregunté.
-¿De la Emperatriz del Inframundo? El mito, ¿por qué?
-Poseidón dijo que Minos le contó que reencarnó porque está enojada con la señorita Athena.
-Oh...eso. Puede que la advertencia de Poseidón haya llegado demasiado tarde. La diosa apareció hecha una furia hace un par de meses. Dejó claro que no se movería de esta zona sin ver a Hades, pero eso ni Minos, ni el propio Hades podían saberlo. Por ahí debe de andar merodeando. Aunque ha cumplido su palabra de no interferir con las labores del Santuario.
-¿Eso es malo?
-No tiene por qué serlo. Cuando la señorita Athena regrese, se encargará de todos estos entuertos.
-Eso espero.

A Kanon y a Milo les ha caído una buena xD Shion no estaba de humor ese día.
Sobre Poseidón...en este fic quiero darles a los dioses más en común con los dioses de la mitología, de lo que se mostró en Saint Seiya. De antemano les digo que no esperen un Hades como el de Kurumada.
De vuelta al hermano de en medio, se le suele dar como epíteto "el que hace temblar la tierra" o, dicho de otro modo, "aquel que bate la tierra"
Esto en referencia a que muchas veces, el epicentro de los terremotos cae en el océano.
Me gustó la descripción de su mirada xD Me lucí LOL
Bueno ya, espero que les haya gustado. Dejen reviews o MP's :3

Como ya sabrán, la palabra del griego antiguo Δεύτερος (Deuteros) significa "segundo" y designa a dicho número cardinal. Jaja, todo lo que encuentra uno en los folletos de griego clásico cuando estudia el idioma LOL

Un beso grande