Dedicado a Yukikoakemi99.

Feliz cumpleaños muy muy atrasado jaja :c

Como siempre, soy mala en los títulos. Lo siento xD

Enjoy!


Quédate conmigo

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Lucy abrió los ojos lentamente al mismo tiempo que su cuerpo volvía a tener movilidad. La base en donde se encontraba acostada era blanda, así que rápidamente la identifico como una cama.

Los músculos le dolían un poco, pero sabía que era por la sensación de estar inmóvil. Necesitaba moverse. Soltó un gruñido delicado y apartó la sabana que cubría sus piernas. Al hacerlo, la sorpresa hizo que el color de su rostro se desvaneciera. No era posible.

— Oh, estas despierta. — Una voz femenina la obligó a levantar la mirada y, de nuevo, de sorprendió.

La mujer no era muy alta, tenía una cicatriz en su frente pero eso no era lo que se llevo su atención, sino el vientre abultado, además de su belleza. Las hembras mantenían los mismos genes poderosos en apariencia que los hacían lucir irresistibles. Había conocido a Juvia antes, y ella también era muy bella. Natsu fácilmente pudo haber elegido alguna de ellas, alguna hembra de su manada que tuviera la capacidad de mantenerse a su lado.

De repente, el engranaje suelto dentro de su cabeza se acopló a su memoria, haciendo que todo lo que sucedió volviera con un ligero dolor de cabeza.

— Natsu, ¿Dónde está?

Aquella desesperación de verlo, el hueco en su pecho ya no lo sentía más. Sin embargo, el ansia de verlo la golpeó con impaciencia. Él había sufrido más, la necesitaba, debía estar a su lado. Ella lo sabía. Pero de nuevo, el no verlo alrededor, a su lado, hizo que el temor se presentara. ¿Y si Iván había vuelto y lo hirió para vengarse? Dios, eso no podía suceder.

— Tranquilízate — le dijo la loba —, Natsu está bien.

— ¿Y donde esta?

La hembra vaciló.

— Es un poco complicado.

Un nudo se apoderó de la garganta de Lucy y el pulso se le acelero. Natsu no quería al bebe. Recordaba al menos su última conversación antes de perder el conocimiento. Él le dijo sobre el bebe, lo percibió dentro de su vientre, y ahora ya no estaba con ella. ¿Qué otra explicación debía haber?
Ella era una humana y él un licántropo. Estaba prohibido desde el inicio. Probablemente buscaba alguna solución para todo esto, para alejarse de ella. Y ese pensamiento le dolía.

— ¿No quiere verme? — las lagrimas se le juntaron en los ojos.

— ¡Por dios! Jamás te atrevas a lastimarte con esos pensamientos de nuevo — exclamó la chica —. Eres lo más importante para él. Nunca lo vi con ninguna hembra como lo es contigo. El vínculo lo prueba. Él te ama.

— ¿Y porque no está aquí conmigo?

— Lo estaba, pero como te dije, es complicado. Especialmente para él.

— ¿Por qué no es como los demás? ¿Tiene que ver con su linaje puro?

— Si.

Eso podía entenderlo. A decir verdad, podía entenderlo todo. Era solo que sus emociones se dispararon al pensar en lo peor. Así que esto significa estar embarazada, pensó.

— Lo siento, deben ser las hormonas. — se disculpó.

La chica le sonrió y se acarició el vientre.

— Te comprendo. A pesar de ser de mi naturaleza, aún conservo muchas cualidades humanas.

Su vientre era demasiado abultado, así que la curiosidad le pico. Lucy tenía muchas preguntas y ella podía responderlas.

— ¿Cuántos meses tienes?

— ¿Todos los humanos son tan curiosos? — preguntó divertida —. Lo siento, eres la primera humana con la que interactuó. Gajeel es muy paranoico y trata de mantenerme a salvo de cualquier cosa, incluso del polvo.

La rubia recordaba vagamente aquel nombre y la imagen de un hombre, al igual que la mujer pelirroja que la ayudó. Él debía ser.

— Cinco meses — le respondió con una sonrisa —. Estos pequeños están a pocos días de nacer.

Lucy se encontraba fascinada por los sentimientos fuertes que sentía de ella. Una emoción la invadió y tocó su propio vientre. No esperaba un embarazo tan pronto, haberse enamorado como lo hizo, ni tampoco la situación que tuvo que pasar, pero no se arrepentía de ninguna de sus decisiones.

— ¿Pequeños? — Preguntó Lucy —, ¿Son más de uno?

— Gemelos. Al tercer mes tú y tu pareja pueden percibirlo, también el sexo de los cachorros. En tu caso, solo Natsu, ya que él es licántropo aquí.

Bien, esa declaración la asustó un poco, o tal vez mucho.

— ¡¿Cachorros?! ¡¿Voy a tener cachorros?! — y el descontrol hormonal tampoco ayudaba. — Oh, por dios. Voy a matar a Natsu.

Levy la miró con evidente sorpresa para después explotar a carcajadas. Para ella no debía ser gracioso porque es lo que era, los lobos sabían lo que sucedía con sus vidas. Sin embargo, un humano era ajeno a los conocimientos sobre los licántropos. Nunca antes se había hecho un acercamiento entre ambas especies, o simplemente no aparecían en los registros de la aldea.

Bueno, ¿Qué esperaba? Lo amaría de todas formas, pero aún así era difícil de asimilar.

— Ya entiendo porque me eligieron a mí para verte — se sentó a su lado de la cama para conversar —. Antes que nada, este pequeño o pequeña que crece aquí dentro — tocó el vientre aún plano de Lucy —, tendrá un cuerpo humano. Los órganos humanos son más complejos y la forma que más solemos utilizar, por lo que debemos desarrollar primero este cuerpo. Somos licántropos, la forma lobuna es natural, así que no es difícil lograrla; solo debemos aprender cómo hacerlo y controlarla. Además, cuando una hembra está preñada, se le prohíbe cambiar de forma para no dañar a la cría. El cuerpo humano es muy delicado.

— ¿Entonces el parto no es doloroso?

— De cualquier forma es doloroso, pero es algo que estamos dispuestas a hacer, ¿no es cierto?

Por supuesto que sí. Mentiría si dijera que no tenía miedo. No obstante, sabía que no estaba sola en esto. Natsu no la dejaría. Ambos se amaban. Eso no cambiaría nunca. Lo que si cambiaba y continuaría cambiando era su cuerpo, especialmente lo más obvio cuando apartó las sabanas.

— ¿Qué sucedió con mi pierna? — le preguntó curiosa.

El lugar en donde Iván había enterrado la daga y cortado su piel, se había convertido en una cicatriz. El simple recuerdo del dolor y miedo le trajo lágrimas a sus ojos. Nunca lo olvidaría y aquella marca sería el perfecto recuerdo del peor momento de su vida.

— Dios, Natsu debería estar aquí y no estar comportándose como un cobarde — gruñó la hembra —. Todo esto se debe al cachorro, ''bebe'' como lo llamarías tu. Ya no tenias la fuerza y estabas perdiendo demasiada sangre, el bebe se encargó de protegerte. Tardaste tres días en recuperarte por completo. Una loba solo habría tomado un día.

— ¡¿Tres días?! — al menos eso explicaba porque necesitaba con urgencia moverse.

— Natsu no se separó ni un segundo mientras estabas inconsciente. Se negó a dejarte sola. Se fue hace unas horas y no ha regresado, supongo que necesita pensar. Fue muy difícil para él — Lucy podía darse una idea de lo que se trataba. A decir verdad, era bastante obvio. Por eso tenía que llegar a él —. Y no te preocupes, fue Juvia quien te vistió. Natsu no quiso hacerlo porque…

Asintió, entendiendo completamente.

El vestido y la ropa interior le quedaban de maravilla. Salió lentamente de la cama y tomó una respiración profunda antes de ponerse de pie. Sintió un leve mareo, pero se recupero rápidamente. Ya no había dolor, solo el anhelo de ver a Natsu, sentir su tacto en su cuerpo, la delicadeza y amor en sus caricias. Deseaba tocarlo, sentir que era verdad, que ambos estaban bien y ya nada los separaría, quería escuchar esas palabras.

— Gracias por hablar conmigo…

— Levy. Ya que eres pareja de Natsu nos veremos mucho por aquí. Fue un placer conocerte, Lucy.

Le sonrió a la peliazul y salió en busca del hombre que amaba. Justo en el momento en que salió, la mayoría de las miradas se posaron en ella: curiosas, expectantes. Supuso que fue por el simple hecho de ser una humana en una manada de licántropos. Para su sorpresa, ninguno de ellos la miraba con desprecio, ni ella tampoco podía percibir el peligro o alguna advertencia por parte del bebe. Tal vez por eso se sentía segura.

— Ignóralos, se acostumbraran. — reconoció la voz de Gray de inmediato. Un rostro familiar lo haría todo más fácil y dos eran mucho mejor.

Juvia se abalanzó sobre Lucy y le dio un fuerte abrazo. Al principio, el gesto la confundió, pero se lo devolvió. Aquella chica, ambos la ayudaron y estuvieron con ella hasta el final.

— Me alegra tanto que estés bien, Lucy. El bebe te salvo la vida, si ese pequeñín no estuviera en tu vientre no quisiera imaginar lo que hubiera pasado.

La rubia frunció el ceño. La forma de hablar de Juvia era muy inusual, diferente a la de Levy. Gray lo notó.

— Ella solo es rara, no lo pienses demasiado, Lucy.

La peliazul fingió ofenderse.

— Yo no soy rara.

— Su personalidad es espontanea, extrovertida, muy inusual en nuestra especie — explico él —. Es por eso que atrae a los demás lobos, incluso a los humanos. Un problema con el que debo lidiar cada día y la razón principal de que sea incapaz de dejarla sola. Me la pueden quitar en un segundo y el vínculo nos mataría.

La chica giró los ojos.

— Siempre dices eso, pero amas estar conmigo.

Gray curvó sus labios levemente y atrajo a Juvia hacía él, abrazándola por la cintura.

— Si, eso también.

Lucy sonrió. Era tan lindo ver muestras de cariño sin avergonzarse, parecía tan natural en la manada. Los lobos eran los seres más increíbles que había conocido.

— ¿Saben en donde puedo encontrar a Natsu? — odiaba interrumpirlos, pero necesitaba verlo.

— Tiene una cabaña en la colina, siempre va ese lugar cuando quiere estar solo.

No tenía más tiempo que perder. Su pierna se encontraba perfectamente, el cuerpo le dolía un poco, pero nada comparado sin el tacto de su pareja. Tantos días sin él le destrozaron una parte del corazón. Debía verlo. Tenía que hacerlo.

Antes de irse, les dijo a ambos lobos unas últimas palabras.

— No sé como agradecerles todo lo que hicieron por mí.

Su comentario arrancó una sonrisa de Gray.

— Él siempre pensó que iba a estar solo, que jamás encontraría a alguien que lo aceptara por lo que es, una hembra que no le temiera. Y déjame decirte que fue un completo idiota al creerlo — Le respondió sin apartar la mirada de ella —. Solo hazlo feliz.

Ambos se ofrecieron a guiarla hacía allí, pero Lucy conocía el bosque. Sabría cómo llegar. Además, ya nada podía asustarla. No cuando su lobo la necesitaba.

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Algunos de los muebles que consiguió en uno de tantos viajes estaban cubiertos de polvo. Se encontraba sentado sobre una silla mirando hacia la nada. A veces caminaba en círculos o intentaba pensar el algo más que no fuese su pareja, o su bebe.

De igual manera nunca los sacaría de su cabeza, ni los apartaría de su vida. Era simplemente imposible de hacer.

Se encontraba en un gran dilema. Cuando Lucy se desplomó en sus brazos sintió que el mundo se le caía a pedazos y, cuando percibió el olor a sangre, una parte murió dentro de él. Su instinto asesino despertó con la furia, Iván había herido a Lucy, su Lucy.

Tuvo que utilizar todas sus fuerzas para contener aquel sentimiento y pedir ayuda. Alguien en la manada debía saber cómo detener la hemorragia o cualquier herida que le causara un daño aun peor. Se quedo con ella hasta que el último de los lobos a cargo de la medicina en la manada le explico que todo estaría bien. La herida era profunda pero sanaría gracias al poder del cachorro y los genes licántropos en él. Ella, al ser una humana, no tenía la misma resistencia, así que su cuerpo se recuperaría más lento. Incluso podía tardar días en despertar.

Y ya habían pasado tres.

Se negaba a tocar a Lucy de cualquier forma. Temía hacerle daño, a los dos.

La noticia de que sería padre le inundaba el pecho de felicidad. Por fin tenía todo lo que siempre anhelo, y le asustaba perderlo, o ser él mismo quien se arrebatara la felicidad. Siempre sería diferente y sufriría por su autentica naturaleza. Ojala hubiera nacido en una manada cualquiera, así no se preocuparía por nada.
Pensó que el estar unido suprimiría esa parte bestial e incontrolable, obviamente no era tan cierto como espero.

Perdió el control cuando Iván le mostró las prendas con rastros de sangre y se dejo llevar por la ira. Aún la sentía hirviendo dentro de él, al igual que la imagen de Lucy en su cabeza.

Antes de vincularse, cuando solía perseguirla a todas partes en el bosque, recordó su postura al leer, la manera en que sus delicados dedos daban vuelta a las páginas, como sus ojos seguían atentamente la lectura. Podría mirarla por toda la vida.
En una ocasión ella lo había descubierto. Sus ojos se encontraron y la más tímida, embelesadora y bella sonrisa se formó en esos perfectos labios. Esa era una mirada que podía poner de rodillas a Natsu. Ese fue el momento exacto en que supo que no habría alguien más para él. Incluso si Lucy no lo aceptaba, él no amaría a nadie más. Afortunadamente, ella era suya, estaba a salvo, pero era él quien ahora dudaba.

Se pasó las manos por el rostro y se puso de pie, gruñendo. Aún podía percibir el aroma de Lucy mientras estuvo a su lado. Su esencia aún permanecía en su nariz. Debería volver por ella y cuidarla hasta que despertara. Sin embargo, le pareció una buena idea tomar al menos unas horas para controlar sus sentimientos, convencerse de que todo estaría bien.

Pero, ¿Y si no lo estaba? ¿Y si lo rechazaba?

Momentos como ese, envidiaba a los humanos por sus sentidos débiles que hacían que el alcohol eliminara sus penas hasta que el efecto desapareciera. Los licántropos no podían embriagarse. Además, no sería apropiado.

Dio un pequeño paseo por la cabaña. La había encontrado abandonada años atrás y decidió tomarla como suya. Estaba deteriorada, pero el tiempo libre le dio algo que hacer. También conservaba ciertos muebles. Parecía que los humanos que la habitaban dejaron todo atrás.

No fue hasta que percibió un aroma familiar que salió de su ensoñación. Perdió el sentido de sus pensamientos y cuerpo al percibirla. El pulso se le aceleró y se apresuró a llegar a la entrada. Antes de que pudiera escuchar los golpes, abrió la puerta.

Lucy se quedo con el puño en el aire, que bajo lentamente sin apartar la mirada de él. No pensó que el verlo de nuevo la dejaría sin aliento, sin palabras. Él estaba increíblemente sexy con ambas manos apoyadas sobre el marco, con una postura demandante y atrayente por naturaleza. Alto y masculino. Ni siquiera podía pensar mientras una oleada de emociones la atravesaban.

Natsu no podía respirar cuando miró dentro de esos ojos cafés que resaltaban la belleza e inocencia de su pareja. De su Lucy.
Dios, ella era tan hermosa. Ante él estaba la mujer que deseaba desesperadamente.

— Natsu. — pronunció su nombre, rompiendo el silencio que se había hecho entre ambos.

El sonido de su voz le encogió el estomago, calentando su cuerpo solo con la cercanía. Anhelaba estirarse, tomarla entre sus brazos y besarla. Pero ella aún podía seguir lastimada, podría herirla más si la sentía más cerca.
Se trago el deseo que sentía por ella y retrocedió, porque honestamente, no confiaba en su propio control.

— ¿Qué estás haciendo aquí? — el tono duro de su voz la hirió. Lo supo por su expresión.

Si no lo conociera mejor, juraría que estaba tratando de que lo odiara. Obviamente no se lo permitiría, no dejaría que se lastimara de esa manera con aquellos pensamientos egoístas.

— Puede que sea una humana, puede que no sea tan fuerte como lo quisiera, se que puedes romperme el cuello sin ningún esfuerzo, ¿crees que no lo sé? — Cuestionó — No me interesa lo que seamos mientras estemos juntos. Quiero estar contigo.

La miró y la miró por largos segundos, hasta que por fin respondió.

— Soy inestable, te puedo hacer daño.

Ignorando su posible reacción, rompió las distancias y posó una de sus manos sobre la mejilla de él, obligándolo a mirarla.

— Me amas, ¿Cómo podrías hacerme daño?

La dulzura en su mirada y tacto lo endurecieron. Apretó los puños y se maldijo mentalmente por ser tan débil ante ella.

— No hagas esto, Luce. — rogó. Se sentía de lo peor, ¿Cómo podía desearla tanto si aún estaba herida?

Lucy lo ignoró. La única manera de eliminar sus dudas era demostrarle todo lo que sentía por él. Su cuerpo estaba bien y ansiaba el tacto de Natsu. Sentir sus fuertes manos acariciarla y propiciarle el placer con solo un roce.

Ella se estiró hacia él, tomando su rostro con ambas manos. Él se quedo inmóvil. Si ella lo tocaba sería incapaz de contenerse. El plan de Lucy no había sido nada más que un beso, no lo obligaría, ni tampoco tentaría para que estuvieran juntos, pero ella ya era una tentación.

En el momento en que sus labios se rozaron, lo oyó gruñir al mismo tiempo que la atraía a sus fuertes brazos y la llevaba hacia la habitación. Él violo su boca con pasión, mordisqueando sus labios gentilmente, bajando por su mandíbula hasta su cuello; lamiendo, incitando su deseo.

Lucy jadeó. Sus pechos se hincharon, su cuerpo ardía en cada parte que él tocaba. El centro de su placer palpitaba en dolor, en necesidad. Quería sentir su boca, su piel desnuda contra la suya.

— Debería detenerme. — le dijo con la respiración acelerada.

— Por favor…

— Aún estas herida.

— Tócame. — pidió. Si fuera la misma chica antes de todo lo sucedido, jamás habría pronunciado esas palabras. No obstante, sintió como sus hormonas encendían su cuerpo; podría ser el embarazo o simplemente la sensación de él llenándola.

Natsu se encontraba entre dejarla libre o besarla una vez más. Aquellas semanas alejado de Lucy fueron insoportables, pero esos tres días se convirtieron en una eternidad insufrible. Ver su delicado cuerpo inmóvil postrado en cama fue como clavar una daga en su corazón. Sabía que todo era el plan de venganza de Iván, y utilizó a Lucy para llegar a él y así hacer que dejara que los genes que lo convertían en una verdadera bestia se manifestaran.

El verla frente a él, tan preciosa, tan vivaz, inundó su alma en una completa felicidad. Era lo más hermoso que vio jamás. Incapaz de detenerse, la tiró hacia él y la beso, esta vez con más fiereza. La esencia de Lucy lo llenó. La necesitaba desesperadamente. El lobo estaba hambriento y sus labios buscaban cada parte de su piel.

Deslizó el vestido lentamente por sus hombros, arrastrándolo por su cuerpo. El tacto de sus manos callosas y masculinas fue suficiente para tenerla húmeda y necesitada. Sus pechos desnudos quedaron expuestos y sus pezones se endurecieron cuando él acarició los pequeños montículos de carne. Sus ojos estaban oscurecidos por el deseo. Ella tembló cuando la recostó sobre la cama y vio como se quitaba la camisa. Su piel aún conservaba las cicatrices de batalla que mostraba orgulloso. Alcanzó la parte frontal de sus pantalones y los saco lentamente. El nudismo no era un problema para los lobos, sentir timidez por la desnudez no funcionaba con ellos.

Lucy tragó saliva al ver su cuerpo expuesto. Era grande y grueso, su cuerpo desnudo era la perfección en un hombre.

Él se inclinó sobre ella y saboreó sus labios. Se sentía tan bien tenerla otra vez, sentir sus pechos rozar su piel. Estaba tan duro y excitado que dudaba poder durar más de lo que acostumbraba.

— Dime si te hago daño. — le dijo suavemente. Lucy respondió con un gemido cuando atrapó su pezón con los dientes.

Lo mordisqueó suavemente y chupó. Metió una mano por debajo de los bordes de la falda del vestido y acarició el muslo en donde había sido herida hasta llegar a la humedad de sus bragas. Estaba tan mojada, lista para recibirlo, y él ya no podía esperar a enterrarse en ella y disfrutar del placer que su estrecho canal le proporcionaría.

Dejó su pezón y le quitó lo que restaba de la ropa, dejándola completamente desnuda. Se inclinó nuevamente sobre ella y depositó un beso en su vientre. El acto la derritió por completo. Natsu era todo lo que ella amaba.

Él subió encima de ella, atrapándola con su cuerpo. Lucy sintió una descarga de erotismo recorrerle el cuerpo, su intensa mirada la calentaba.

— Extiende los muslos.

Hizo lo que le ordenó. Le dolía el cuerpo al no tenerlo.

La torturó un poco, pasando la cabeza de su pene de arriba abajo por los pliegues de su sexo, empapándola por completo. Se movía lentamente, frotándose contra ella para arrancarle aquellos gemidos que lo volvían loco.

— Natsu…— gimoteó.

— Lo sé, preciosa.

Ajustó el ángulo de sus caderas y se guió en ella, abriéndole el cuerpo y llenándola. Todo su cuerpo gritó de alivio al sentir como sus estrechas paredes lo apretaban. Se sentía tan condenadamente bien.

Lucy soltó un gritó ante la sensación caliente en su interior. Su cuerpo entero lo recibió y tembló de placer. Natsu era tan viril, demasiado apasionado.

Él se deslizó fuera y volvió a empujar para penetrarla hasta el fondo. La lujuria dominaba en sus miradas, en sus movimientos. Los huesos de su cadera golpeaban con los suyos, enterrando su dura erección haciendo que cada movimiento lo sacudiera en excitación.

La rubia lo envolvió con las piernas, apretándolo más hacia el fondo y moviendo sus caderas contra su pelvis. La fricción de sus cuerpos estimulaba su clítoris, aumentando las deliciosas sensaciones de su entrepierna.

Natsu sonrió y empujó más fuerte.

— Ya me tienes, Luce.

Sus empujes ganaron velocidad, cada vez más duro. Lucy se retorcía debajo de él, la intensidad era tanta que pensó que explotaría. Gemía en cada movimiento, era tan placentero. Una ola de placer le recorrió el cuerpo y gritó cuando el clímax la alcanzó, arqueando su cuerpo por la fuerza del orgasmo.

Natsu la penetró una y otra vez, sintiendo como su interior lo succionaba y apretaba contra su pene. Sus deliciosos gritos y el placer lo cegaron, enterró las manos en las caderas de ella, metiéndose profundamente dentro de su cuerpo y gritó su nombre, corriéndose con intensidad, expulsando su orgasmo dentro de ella.

Lucy sintió el calor de su cuerpo y lo sostuvo cuando se dejo caer sobre ella, cuidando de no aplastarla.

Ambos jadeaban. Estaba sin aliento y sin ganas de separarse aún.

Natsu se giró sobre el colchón y dejo a Lucy sobre él, aún sin salir de su interior. Sentir su respiración lo llenaba de tranquilidad. Estuvieron varios minutos en silencio, solo sonriendo cuando sus miradas se encontraban.

Hacer el amor con Lucy era lo mejor de la vida, tenerla junto a él, disfrutar de su compañía. Nunca había sentido lo que sentía por ella. Amaba la sensación de su piel contra la suya, sus rubios cabellos en su mano y el dulce olor de su cuerpo. Incluso la amaba aún más ahora que le daría un hijo. Podía imaginarse a un pequeño con los ojos de Lucy o una pequeña con su carácter. Pensar más allá de los años junto a ella era como estar en el cielo. Vivirlo sería mucho mejor.

— ¿En qué piensas? — le preguntó ella, curiosa.

— En lo hermosa que eres y lo que me haces sentir.

— ¿Solo eso? — sonrió.

— Si, y que estoy enamorado de ti. Y me refiero a realmente enamorado, Lucy, no creo que pueda vivir si algo te sucediera por mi culpa.

— Natsu…— sabía a dónde iba la conversación.

— Cada vez que te miró recuerdo nuestras diferencias. Yo podría herirte fácilmente, Luce. Soy fuerte, impulsivo, violento y tú eres tan pequeña en mis brazos, tan delicada.

Y ella quería quedarse con él. Alzó un poco el rostro y lo miró directamente a los ojos.

— Dejemos algo claro: eres fuerte, pero nunca me harías daño. Eres impulsivo, pero amo eso de ti; y no eres violento, eres todo menos eso conmigo.

Él la miraba fascinado.

— ¿Cómo puedes confiar en tanto en mi?

— Porque te amo — la ternura de su mirada lo dejo sin respiración —, y has hecho todo para mantenerme a salvo. La manera en que me tocas, la manera en que me besas, puedo saber lo que sientes por mi solo cuando me miras — sonrió —. Y el bebe me ha vuelto más sensitiva.

Él le devolvió la sonrisa y volvió a girarla para tenerla debajo de su cuerpo. Su cuerpo se endureció de nuevo y el movimiento le robó un gemido a Lucy.

— Dios mío, eres la mujer más sexy que existe y llevas a mi bebe en tu vientre. Soy un bastardo afortunado.

Ella rió y enterró los dedos en su pelo.

— Bésame. Me encanta besarte.

Evitó decir otro comentario y probó de su boca hasta que le faltó el aliento. Su Lucy se estaba volviendo más atrevida y eso le gustaba.

— Te diré que prefiero el sexo con una hembra humana.

Su comentario obtuvo la atención de Lucy.

— ¿Con cuantas humanas te has acostado? — sabía que Natsu no era un inexperto, pero los celos la abrumaron. No pudo evitarlo.

Natsu sonrió a su pregunta. Percibió la aceleración de su pulso y le agradaba ver nuevas facetas en ella. Nunca la vio molesta por otra mujer.

— Mi pequeña celosa, eres la primera humana en mi vida.

— Bueno, tú también eres mi primer lobo. Mi único hombre.

Él suspiró y saboreo sus palabras.

— No sabes lo bien que suena eso. — admitió. Lucy lo miró curiosa y expectante por una respuesta —. Soy un jodido posesivo, Luce. Si alguien más te hubiera tocado, lo habría matado. No pienso compartirte nunca. Eres mía.

Al completar el vinculo, su etapa de ''luna de miel'' como solían llamarlo los humanos, ambos fueron separados y toda la energía sexual acumulada estaba saliendo a flote. Además, con el embarazo, las hormonas de Lucy estarían incontrolables. Lo mejor era darle privacidad a la pareja y disfrutar del placer. Y era justamente lo que Natsu planeaba hacer durante todo el día.


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Algunos de ustedes me han preguntado sobre el lobo que atacó a Lucy en el primer capítulo, sobre que era. Supongo que la historia gruvia les trajo muchas preguntas xD Y por supuesto se las responderé, ya que no aclaré ese punto. Ese lobo es solo uno de tantas manadas. El bosque es muy grande, por lo que es común para los lobos viajar por ahí, en donde pueden mantenerse alejados de los humanos y no asustarlos. No fue ningún carroñero, ni nada por el estilo ;) Lucy no hubiera vivido para contarlo.

¡Gracias por todos sus comentarios! Esta historia ya está llegando al final. El próximo es el penúltimo capítulo. Wait for it ;)

¡Nos leemos!


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