Capítulo seis: Estrés post traumático.

― Esa fue la última. ―dije de regreso en el ático, hablando de las bolsas de basura.

― Estoy agotada. ―bostezó Gisselle, recostándose en el sofá que ahora era su cama.

― Pero valió la pena. ―respondió Helena con una gran sonrisa― este lugar es un palacio.

Me senté en uno de los colchones inflables y sonreí también: tenía razón. Las ventanas brillaban, podías comer en el piso y no habían señales de polvo o telas de araña. Los tres intentos de cama dejaban un buen espacio en el cuarto y habíamos encontrado algunos juegos de mesa que podían usar en el caso de aburrirse.

― Gracias. ―dijo Rubí recostando su cabeza en mi hombro.

― Las amo chicas. ―respondí mientras Helena se sentaba a mi lado.

― ¿Tu familia sabe de...? ―preguntó, mordiendo sus labios.

Negué de inmediato y bostecé al restregar mis ojos con una de mis manos.

― No...no sé cómo decírselos y...pensé que...Cole y yo debíamos...juntos, ¿entiendes? ―pregunté jugando con la pulsera de mi mano.

― Lo siento. ―murmuró Rubí.

― Yo también. ―respondí sin sonreír, sin llorar.

― Hey no estés tan triste, ―dijo Gisselle levantándose de la cama― al menos lo sabe y nunca sabes si se arrepiente de su decisión.

― No lo hará. ―respondí levantándome con destino a la ventana, sentándome en una caja― él ya lo sabía, ¿Verdad Helena?

― Sí. ―susurró.

Dejé caer algunas lágrimas por mi rostro, las cuales limpié con la manga de mi blusa. No quería que me vieran llorando, aunque pensar así era estúpido: ellas me habían visto haciendo de todo, ya no tenía secretos para con ellas.

― No quiero darte ilusiones Phoebe, ―dijo Helena, quien de repente estaba abrazándome por la espalda― pero creo que necesita tiempo...

― Realmente espero lo mismo. ―respondí apretando los labios, empezando a sollozar y a esconder mi cabeza en su cuello.

Gisselle y Rubí se unieron al abrazo y no pude dejar de llorar, de nuevo. Estaba demasiado asustada y lo extrañaba mucho...una vida sin él, no era vida.

― No me quería...enamorar...―logré decir, sintiendo lágrimas de ellas cayendo sobre mi cara.

― ¿Por qué no? El amor es hermoso. ―dijo Gisselle tratando de animarme.

― ¿Por qué duele tanto? ―le pregunté de vuelta― ¿Por qué no podemos estar juntos?, ¿Por qué no me ama como yo lo amo a él?

Tenía mis ojos cerrados, pensando en aquellos momentos de felicidad que compartimos pero...no encontré ninguno; tampoco momentos tristes, simplemente neutrales. Sabía que Cole podría haber sido un gran padre para este hijo, pero quizás era mejor así: la abuela nunca lo aceptaría, Prue...ella lo mataría con sus propias manos. LO sé.

― ¿Qué hora es? ―pregunté en voz baja.

― 12.45 ―respondió Rubí.

― La abuela estará aquí dentro de quince minutos, ―dije poniéndome de pie con camino a la puerta― iré a mi cuarto, intentaré calmarme un poco y luego almorzaremos; ella se va a las dos. Volveré por ustedes, para que puedan comer, ducharse y todas esas cosas. ―dije, y sin esperar una respuesta salí del ático.

En esos quince minutos me quedé dormida, estaba muy cansada después de tanta acción y la limpieza, y de despertarme temprano por las náuseas matutinas y acostarme tarde entre llantos por el amor que había perdido.

Supongo que ahora lloraré mucho más.

― ¿Duermes, cariño? ―me preguntó la abuela abriendo la puerta de mi cuarto.

― No...descanso. ―respondí.

― Vamos a comer, los fideos están listos.

― No tengo mucha hambre...

― ¿Cómo te sientes? ―me preguntó sentándose en el borde de la cama.

― Me duele el estómago...y la garganta. ―mentí haciendo un puchero.

― Me gusta cuando eres así de dulce...―sonrió besándome la mejilla.

Sonreí débilmente y me recosté bajo las sábanas otra vez.

― Mejor me voy, si tienes hambre la comida sigue en la cocina.

― ¿Y tú? ―pregunté abriendo uno de mis ojos.

― Compraré un sándwich o algo, tengo mucho trabajo pendiente y nada de tiempo que perder. ―respondió besando mi frente― Duerme bien hija, bendita seas.

Apenas la abuela se fue empecé a llorar de nuevo. No tenía tiempo para comer, ni para sí misma, pero aún así venía a casa a verme todos los días, ¿Por qué?, ¿Por qué era tan dulce y buena?, ¿Por qué conmigo? Yo no era más que una pérdida de tiempo, de todo, de esfuerzo y ella...ella seguía ahí para mí, ¿Entonces por qué me daba tanto miedo decirle la verdad?

Porque no quería decepcionarla otra vez.

Pero ya era demasiado tarde.

Me levanté, no tenía ni un minuto que perder al igual que ella: Piper volvería dentro de tres horas y las chicas me esperaban. Tan pronto como oí el sonido del auto dejar Prescott, subí las escaleras y abrí la puerta del ático.

― Es hora. ―les dije luego de verlas saltar y casi dejar de respirar.

― ¡Maldita sea Phoebe! ―se quejó Rubí, asustada.

― O te acostumbras o mueres. ―respondí amarga― Ahora, por favor, síganme: Piper llegará pronto.

― Se fue rápido. ―comentó Gisselle, hablando de la abuela.

― No comimos. ―respondí dejando el ático con ellas siguiéndome como cachorros perdidos en la vida.

― ¿No? ―preguntó Helena― Eso no está bien, necesitas comer.

― No tengo hambre. ―resolví dando la vuelta en la esquina de la pared para pasar al segundo piso.

― Ese no es el punto. ―dijo Rubí.

― ¿Se pueden sentar y cerrar la boca? ―les grité con mis manos temblando, realmente mareada.

― Tranquila, calma, calma. ―me dijo Gisselle acercándome una silla mientras Helena y Rubí me ayudaban a sentar.

― Respira. ―murmuró Helena.

Respiré profundo y traté de relajarme. El cuarto giraba, y giraba, y giraba...y giraba.

― Estoy bien, sírvanse los fideos o van a enfriarse. ―les dije afirmándome de la mesa, de otra forma terminaría en el suelo.

Oí sus pasos, sonidos de platos y vasos además de varias cosas moviéndose para ser posadas sobre la mesa.

― ¿Te sientes mejor? ―preguntó Rubí.

― Sí; si quieren algo más, el refrigerador es de ustedes. ―les dije aún mareada, pero mucho menos.

― Aquí está tu plato. ―me dijo Helena y yo abrí mis ojos para verla dejarlo frente a mí.

― Dije que no quería. ―gruñí, cerrando mis ojos de nuevo.

― Estás embarazada, tienes que comer. ―me dijo Gisselle y reconocí nerviosismo en su voz.

― Lo sé. ―respondí― Pero no quiero comer.

― Pheebs si no...

― ¡Dije que no! ―grité abriendo mis ojos, mostrando rabia en ellos a quien fuera que hubiese hablado― No puedo...―sollocé― No con este nudo en mi estómago. No puedo porque no comprendo por qué está haciéndome esto. Por qué todo terminó así. Yo...él...él estaba conmigo siempre, me salvó y...y ahora...me dejó sola.

― Sé como te sientes Phoebe, ―me dijo Helena arrodillándose para tomar mi mano― Me sentí igual cuando mi papá eligió a su nueva familia por sobre mi. Aún me siento así...a veces...y sé lo mucho que duele amiga, cuando estás sola y asustada cuando...cuando la persona que más amas ya no quiere verte más, te da la espalda, pero, si no aprendes a lidiar con eso y no sigues adelante, le vas a hacer lo mismo a este pequeño.―dijo poniendo su mano sobre mi vientre― Esta cosita necesita una mamá, y sí, un papá también pero...existen muchos tipos de familia en el mundo...quizás no tendrá un papá, pero te prometo que tendrá seis tías amándolo y cuidándolo con todo el corazón. No vamos a dejarte sola Phoebe. Este bebé es tuyo, pero te prometo que lo amaremos como si fuera nuestro.

La dejé abrazarme y lloré más aún. Tenía razón, tanta, tanta razón pero aún me sentía tan tonta al insistir en que, ¡Ellas no son Cole! Me sentía bien al saber que no estaría sola, que no estaba sola pero seguía lastimándome el hecho de saber que él nunca más estaría conmigo. Que nunca podríamos ser la familia con la que soñé y, ¿Seis tías? No estoy segura. Prue, Piper, Paige...y la abuela...no, no van a contentarse con esta noticia y me daba miedo que fueran a echarme de la casa en cualquier momento...a mi, mis amigas y mi hijo.

― Nunca vas a dejar de sentirte así, pero mejorará. El estrés post traumático es común en estos casos, además de las hormonas y...bueno, toda la situación. ―agregó Helena, hablándole también a las otras― Si no puedes comer, dormir, esas cosas son normales pero si no logras aprender a manejarlas vamos a tener que pedir ayuda Pheebs...por tu propio bien y por el del bebé.

― Guarden el secreto por ahora, por favor...―susurré desesperanzada.

― Sólo por unos días más, porque si es to no cambia...―me advirtió Rubí.

― Gracias. ―susurré.

― Ahora por favor, come un poquito. Está rico. ―dijo Gisselle con un tenedor cerca de mi boca.

No quería pero la abría, dejando guiar el tenedor con fideos hasta mis dientes. Mastiqué lento, aún llorando pero sin rendirme. Tenía que avanzar, yo misma lo había dicho antes, ¡Qué mentirosa era, no quería avanzar! Solamente quería volver a tener a Cole, hacerle el amor, tenerlo para siempre...

Para siempre.


No es un buen cap, lo sé, lo sé! pero sentí que tenía que escribir esto, espero que el cap que viene sea mejor.

Respuesta(s) de review(s) :

Daniie Armstrong: Jajaja es un pésimo plan, pero bueno...adolescentes!