Disclaimer: Ya saben la rutina.

Otro pésimo día en el cole, llena de trabajos que debería estar haciendo en este mismo momento… T-T… Pero ya qué, por fin llegué a "Mikasa" – sin duda alguna podrán captar esta bromita que sólo los fans de Shingeki no Kyojin que hablamos español podríamos entender ;) – y como los reviews del último capítulo me animaron un montón, decidí priorizarlos a ustedes y hacer al menos una cosa bien hoy: colgar el 7mo capítulo que les debía. Disfruten :D

Vulnerable

Capítulo 7

Ese día, Samantha (ya recuperada), Breck, Will, Maia, Judson y yo fuimos asignados al equipo de Darius Baer-Varbrun – seríamos miembros oficiales de un equipo cuando tuviéramos medio año de experiencia, y de acuerdo a nuestras habilidades e historial, a lo mejor después ingresaríamos a uno de los escuadrones de élite, como los de Levi, Mike y Hanji; suponiendo que siguiéramos vivos, lo cual ya era un buen punto a favor. Darius era muy inteligente, más serio que Dita Ness y un poco más estricto, pero de todas formas nos caía bien. Esperaba estar con alguno de los dos cuando me asignaran permanentemente a un equipo.

Esta vez no se libró una sangrienta batalla campal como en la última misión, sino que fuimos encontrándonos con titanes solitarios o en grupos pequeños. Aun así, tuvimos nuestras bajas. Mis amigos lograron escapar con vida, aunque no sin algunas lesiones: Terry se torció la muñeca por sostener mal su sable izquierdo al matar a un titán, Breck se hizo un corte en la frente con la rama de un árbol, y Bess quedó gravemente herida cuando la mano de un titán de cuatro metros la golpeó y la estrelló contra el piso.

Más tarde, Maia se encargó de tratar las heridas de todo nuestro equipo. Era una sanadora bastante habilidosa, por lo cual ella había decidido que cuando se retirara del combate, trabajaría como enfermera de la Legión de Reconocimiento. Todos la considerábamos una sabia decisión. Quizás nosotros también lo hiciéramos.

Por horas volé por el aire, pendiente de mis amigos y enemigos, tratando por todos los medios posibles de mantener la calma y esquivando o acabando (de ser posible) con los titanes en mi camino, hasta que noté que mi armamento ya tenía poco gas. Acto seguido, utilicé lo que aún tenía para regresar donde habíamos puesto las carretas de reabastecimiento. Una de las causas de la muerte más comunes en la Legión de Reconocimiento es perder la movilidad al quedarse sin gas. Miles han muerto así, y yo no quería incluirme.

Aterricé cerca de una carreta y estaba corriendo hacia ella cuando vi a dos soldados en el suelo. Uno yacía en el suelo, evidentemente herido, y el otro estaba arrodillado junto a él. No era un espectáculo fuera de lo común entre nosotros, yo había hecho lo mismo con Samantha, Will, Molly, Jesse y Rover cuando se lastimaron en las dos expediciones anteriores – y estos tres últimos murieron de sus heridas. Pero al pasar cerca de ellos vi algo que me hizo olvidar todo a mi alrededor: la figura agachada era nada más y nada menos que Levi.

Para ese momento, después de todos esos encuentros, Levi ya había adquirido algún tipo de significado para mí; se podría decir que éramos algo así como amigos, y no puedo negar que tenía curiosidad por descubrir su verdadera persona.

Me detuve en seco a unos seis metros de ellos, olvidando lo que había venido a hacer. Aun a esa distancia, podía verlos y oírlos con claridad, y reconocí al soldado herido. Se llamaba Erik Morzinger y había sido miembro del escuadrón de Levi durante los últimos cuatro años. Según Hanji, aunque Levi no lo demostrara, sí se preocupaba por sus subordinados, incluso había llegado a tomarles cariño, sobre todo a los integrantes más antiguos como Erik. Yo ya había comprobado que el mejor soldado de la humanidad no era en absoluto como lo había juzgado al principio, pero todavía me costaba creer que hubiera emociones allí dentro. Esas cosas sencillamente no encajaban con su actitud.

Pero en ese instante, esa suposición se desbarató por completo. Aunque su rostro permanecía relativamente inexpresivo, me pareció que toda esa máscara de dureza e insensibilidad se desvanecía, y sus ojos grises reflejaban algo de lo cual yo lo creía incapaz: afecto y dolor.

– Sé honesto conmigo – jadeó Erik con dificultad. Tenía el cuerpo destrozado y le costaba hablar –. ¿Fui útil para la humanidad… o mi muerte no tendrá ningún sentido?

El tercer comandante le tomó la mano empapada de sangre. Todo el mundo sabía que Levi odiaba ensuciarse, pero esta vez no dudó en cogerla ni hizo la más mínima señal de asco ante ello.

– Has hecho más que suficiente por la humanidad, Erik – respondió Levi. Su voz ahora era un poco más suave y con leves trazos de dolor –. Y lo seguirás haciendo. Tu espíritu permanecerá conmigo y me dará valor para continuar. Tu muerte será cualquier cosa menos en vano. Es una promesa.

Erik intentó articular algo, inútilmente. Sus ojos dejaron de ver y su mano se quedó inerte en la de su líder. El soldado más fuerte de la humanidad cerró los ojos por unos segundos, luego cerró los de su subordinado por respeto y soltó su mano. Permaneció arrodillado por unos momentos más e hizo el saludo de la milicia ante él: una mano sobre su corazón, lo cual significaba ofrecer el corazón a la humanidad.

Se levantó y reparó en mi presencia, y me di cuenta de que había estado observando la escena como una idiota. No me dijo nada; sólo me dirigió una de sus frías miradas por un instante antes de elevarse por el aire hacia los titanes. Pero ahora algo en él había cambiado. A pesar de que seguía asesinando a todo titán que se le acercara, yo podía notar que ya no era indiferente, incluso auténtica furia; como si quisiera vengar a Erik.

Fue entonces que caí en la cuenta de algo que había ignorado desde el principio: Levi tenía sentimientos. Que no los demostrara era otra cosa muy distinta. Él era realmente un humano. Era vulnerable.


– ¿Él siempre es así cuando alguien muere bajo su cargo? – le pregunté a Hanji esa misma tarde, después de lograr que atendieran a mis amigos y compañeros heridos.

– Así es – replicó la subcomandante, más seria que de costumbre –. Aunque nunca lo admitirá, le duele perder a alguno de sus subordinados, especialmente un miembro fiel y valeroso como lo fue Erik Morzinger. Él era alguien importante para Levi, y sin duda alguna éste lo habría salvado si hubiera podido.

Pensé en cómo Levi no había derramado ni una sola lágrima, aunque yo había podido notar el indudable afecto allí. ¿Su pasado sombrío lo había hecho ser así? Sin duda alguna todos los líderes odiaban cuando se perdían vidas bajo sus órdenes, pero Levi no había hecho grandes gestos ni dicho cosas demasiado sentimentales. Si yo hubiera estado en la misma situación, probablemente me habría echado a llorar y a disculparme sin parar ante él en sus últimos momentos. Por más que trataba, no podía imaginarme a Levi haciendo algo similar.

– De todas formas, por unos días no sería prudente acercarte o intentar hablar con él, mucho menos de lo de hoy – continuó Hanji, todavía con su semblante serio –. Si ya de por sí no es precisamente amistoso, después de la pérdida de un miembro de su escuadrón, está peor que nunca. Incluso para ti.

– ¿Qué quieres decir con eso? – pregunté, confundida.

– Como te dije antes, tú eres una de las pocas personas que es capaz de confrontarlo. La mayoría de la gente huye de él en cuanto ven lo huraño que es, pero tú no. Volviendo al tema, lo mejor en estos momentos es dejarlo solo. A veces es mejor de ese modo.

No insistí, y entonces empezamos a hablar de otras cosas. Pero por muchas horas, hasta que me fui a la cama, no pude quitarme de la cabeza la imagen de Levi sosteniendo la mano de su subordinado y consolándolo. Más aún, Hanji me había dicho que a diferencia de muchos, yo podía plantarle cara sin dejarme intimidar por su frialdad, franqueza y hosquedad. ¿Significaba que realmente podía acercarme a él? ¿Que yo era, de alguna manera, "especial"?

De acuerdo, ahora sí que Levi había llamado mi atención definitivamente. Ya hacía mucho tiempo había descartado del todo la posibilidad de que estuviera "interesado" en mí, al menos en ese sentido. Nunca nadie se había enamorado de mí y estaba convencida de que nadie jamás lo haría. Yo podía hacer amigos y agradarle a la gente, pero nada más allá de eso.

En el caso de Levi, lo máximo a lo que podía aspirar era a conocerlo y a ser algo así como una amiga para él, ya que ambos nos tolerábamos el uno al otro. Por una vez, lo había visto vulnerable, y había comprobado que podía sentir. Y por alguna razón, quería descubrir su verdadera persona. Quería ver qué había más allá de su apariencia estoica, insensible e inexpresiva, porque ahora sabía que cualquiera que fuera su pasado, no lo había vuelto inhumano, sino todo lo contrario. Estaba consciente de que no podía esperar gran cosa, pero también segura que valía la pena tratar.

Más de lo que creía, de hecho.


La tarde siguiente, estaba caminando por los balcones del castillo, pensando en estos asuntos, en mis compañeros caídos y en mis amigos que se encontraban en la enfermería, cuando de repente miré hacia adelante y vi que los pensamientos que invadían mi mente desde ayer se habían vuelto realidad. Sentado en una banca, con la vista fija en el atardecer y una taza de té en la mano, el mismísimo Levi. Al parecer, yo tenía un don para cruzarme precisamente con él.

Por un instante, pensé en dar media vuelta e irme, pues según Hanji, acercarse a él en estos días era meterse a la boca del lobo. Sin embargo, a pesar de su advertencia, decidí arriesgarme. Intuía que aún estaba pensando en la muerte de Erik Morzinger, y podía notar que lo estaba agobiando; y sí, él podía sentir eso. Levi ya me había consolado una vez que yo me sentía así. Ahora era mi turno de devolverle el favor, o al menos intentarlo. Aunque me mandara al diablo.

– Si vienes a decirme lo mucho que lo sientes, lárgate, Kayla Nakamura – Levi se me adelantó, con un tono más abrasivo de lo normal. Al parecer ya había notado mi presencia –. No me interesa oír disculpas vacías.

Por enésima vez me llamaba por mi nombre completo. ¿Qué demonios le costaba decirme simplemente Kayla, como todo el mundo hacía? Bueno, había asuntos más importantes que atender en ese momento, así que resolví dejarlo para otro día.

– Sólo pasaba por aquí, Levi, y no voy a decir "lo siento" – contesté con voz neutral pero firme. Él no volteó para mirarme.

– Es lo que la mayoría de la gente hace.

– Pero ni tú ni yo somos como la mayoría de la gente, ¿o sí? – respondí –. Si me disculpara contigo por Erik Morzinger, no sería sincera. Yo no lo conocía, y por lo tanto no puedo extrañarlo ni lamentar su muerte. Personalmente, no me gusta que las personas que no conocían a mi padre me digan "lo siento" cuando se enteran de su muerte, porque no son honestos al decirlo, y por lo tanto yo tampoco me disculpo si no conozco a quien murió. Como tú mismo dijiste, son disculpas vacías. ¿Tú lo harías?

– No – dijo tras una larga pausa y un sorbo de té –. Y para tu información, si crees que ayer viste algo único o extraordinario, te equivocas.

– Claro que no lo era – declaré, preparada para hablarle de una de mis mayores creencias –, porque era sólo afecto. Una vez me dijiste que para poder derrotar a un monstruo, tenemos que dejar de lado nuestra propia humanidad.

– Y lo hacemos – replicó el tercer comandante secamente. Tenía la mirada perdida en la lejanía, y supe que estaba intentando ocultar cómo le afectaba en verdad la pérdida de su subordinado –. Mira a tu alrededor, Kayla Nakamura. Sin sacrificios, no podemos lograr nada. Erik Morzinger era consciente de ese hecho, al igual que todos aquí. Excepto tú, aparentemente.

– Claro que lo sé. Ya he perdido a muchos amigos y compañeros. Pero lo que quería decir es que el amor es la característica más básica, predominante y primitiva de la humanidad, Levi. Las más grandes proezas se hacen por amor. Mi padre dio su vida por sus compañeros, yo conseguí una herida en el abdomen por salvar a mi mejor amiga – me llevé una mano a la cicatriz que tenía en el estómago desde mi segunda expedición –, y tú hiciste que Erik se fuera en paz. Sabes que no puedes salvarlos a todos, pero aun así te duele. Está en nuestra naturaleza, y no es posible para nadie hacer eso de lado, ni siquiera para ti. Puedes ignorarlo, pero no puedes dejar de amar.

Levi arqueó una ceja. De repente abrió su mano izquierda, la cual había tenido cerrada y apoyada en su regazo hasta ahora, y vi lo que tenía allí: una insignia de las capas de la Legión de Reconocimiento. Entonces…

– Es la de Erik, ¿verdad? – dije tras varios segundos contemplándola.

– Es la prueba de que vivió – contestó –. Al menos para mí.

Sucedía de nuevo: podía ver sentimientos allí dentro. Y no quería conformarme con sólo un fugaz vistazo.

– No está muerto, Levi – murmuré en mi tono reflexivo –. Mi padre decía que una persona no muere realmente hasta que todos la olvidan. Por eso ni tú ni yo conocemos a alguien que esté muerto del todo.

Ahora sí me miró. Directo a los ojos. Yo ya no lo temía. Luego se volvió hacia el horizonte nuevamente, y por un par de minutos, ninguno de los dos dijo nada. Observé su rostro inmutable e inexpresivo, iluminado por la luz del sol poniente, y aunque no había cambiado nada desde que lo conocí, ahora sabía que había emociones debajo. Parecía igual y totalmente diferente al mismo tiempo. Quizá, por primera vez, veía al verdadero Levi.

– ¡Kayla! ¡Te estábamos buscando! – Una voz alegre y conocida me sacó de mi ensimismamiento. Era Will, quien como siempre, venía acompañado de Breck.

– Sí, lo siento. Perdí la noción del tiempo – me disculpé mientras me levantaba.

– No te preocupes, es sólo que te habías ido por un buen rato y nos preguntábamos dónde estabas, sobre todo Bess y Terry – me tranquilizó Breck, recordándome que dos de mis amigos seguían en la enfermería por sus heridas del día anterior. Ambos le dieron los buenos días a Levi cuando vieron que estaba sentado a mi lado, y éste les respondió el saludo con su habitual tono seco que usaba con todo el mundo, sin mirarlos. No se despidió de mí y yo tampoco esperaba que lo hiciera. Le dije "Nos vemos" – bastante acertado, considerando todas las veces en las que nos habíamos encontrado – y me fui con mis amigos.

– Oye, Kayla – dijo Will con una sonrisa burlona unos minutos más tarde, en el camino a la enfermería, donde estarían los heridos y por lo tanto el resto de nuestros amigos –, dinos la verdad… ¿qué hay entre ti y Levi?

– ¡¿Qué?! ¿Qué clase de pregunta es ésa? – respondí, sorprendida.

– Vamos, amiga mía. Hablaste con él cuando te salvó la vida, luego al día siguiente para disculparte, y nos contaste que entrenaron juntos en combate cuerpo a cuerpo y que conversaste con él después de lo de Gwen; sin embargo, tengo el presentimiento de que no nos dijiste todos los detalles, ¿o sí? – dijo con picardía.

– Chicos, ustedes y Samantha saben mejor que nadie que no soy de esas cosas, si es eso a lo que se refieren – contestó lo más calmadamente posible, aunque sentí que me sonrojaba (¿qué demonios significaba eso?) –. Sí, hemos hablado y me agrada su compañía hasta cierto punto, pero eso es todo. Nosotros somos la prueba viviente de que los hombres y las mujeres pueden ser sólo amigos, por no mencionar que yo no soy la clase de chica que les gusta a todos.

– Kayla, Trevor fue un completo idiota al echar a perder su oportunidad con una chica como tú – dijo Breck, dándome un empujón amistoso –. No dejes que eso te afecte. Ya encontrarás a alguien. Además, me gustaría tener un cuñado. Siempre que te trate bien, claro.

Breck era hijo único, por lo cual siempre se quejaba de no tener hermanos, y yo solía bromear diciendo que con gusto le daría uno de los míos (aunque no lo decía en serio, por supuesto; por complicados que fueran, no podía imaginar una vida sin Mason, Jules, Cedric y Finn). Por eso él a menudo se refería a mí, Samantha y Will como los hermanos que nunca tuvo. En mi opinión, Breck habría sido – y era – un muy buen hermano, ya que era muy protector y no perdonaba a quienes les hacían daño a sus seres queridos: estuvo a punto de pegarle una paliza a Trevor por herir mis sentimientos (yo misma tuve que convencerlo de que no era necesario, pues no podía obligarlo a enamorarse de mí) y al ex novio de Samantha por dejarla plantada, y se puso furioso cuando se enteró de lo que Gwen me dijo.

– Bien, par de listillos, pero no esperen nada – repliqué, medio en broma y medio en serio. Ellos se rieron y asintieron.

Todos nos equivocamos de vez en cuando, ¿de acuerdo?


Seguramente ya sacaron alguna conclusión de esa última parte ;) En fin, recuerden que los reviews me alientan a actualizar más rápido y ¡mil gracias desde el fondo de mi corazón a todos los lectores! Si el cole no nos explota la próxima semana, entonces el siguiente capítulo estará colgado como máximo el viernes 17.

Los quiere,

Audrey-chan