Fairy Tail es una obra del maravilloso Hiro Mashima. Sin mucho más que decir empezaré.
¡A leer, fans del Nalu!
Se había visto obligada a aminorar su marcha pues a penas le quedaba aire en los pulmones.
"Magnolia en verdad era bastante grande" pensó, llevaba un largo rato corriendo y aún no había salido de la ciudad, para variar Natsu vivía a las afueras, en la linde del bosque, ¿No debía de sentirse solo ahí? Bueno tenía a Happy pero aún así, Lucy intentó imaginar la vida en aquella rustica casita, a las afueras de la ciudad sin vecinos o la presencia de cualquier humano cerca. Simplemente no podría vivir de esa forma, ella sola al menos. De pronto la imagen de ella y sus compañeros de equipo compartiendo esa casita juntos invadió su mente, y un ligero rubor tiñó sus mejillas, ¿juntos en la misma casa? Bueno era cierto que prácticamente vivían en casa de Lucy pero por alguna razón imaginar vivir en casa de el Dragon Slayer le produjo cierto sofoco.
- Jovencita yo que tú no aparecería por ahí con las manos vacías.- Una anciana voz la había sobresaltado, volteó en la dirección de donde provenía y se encontró, en efecto, una entrañable anciana, de cabellos blancos bien recogidos en un meticuloso moño, parecía una pasa pero su piel era increíblemente blanca y de apariencia delicada. Parecía ser la dueña de un pequeño puesto de flores ambulante.- El chico al que vas a ver es un mago ¿No? Dime ¿Qué tipo de magia usa?
Lucy se encontraba aturdida, ¿qué clase de situación absurda le había tocado vivir en esos momentos? Bueno la cosa es que la vieja mujer había acertado con ella, pues sí, se dirigía a ver a alguien, si, era un chico y sí, era un mago. Suspiró.
- Oh, estas enamorada, entiendo.- la mujer pronunció aquello como si hubiese afirmado algo tan obvio y sencillo como que el cielo es azul, el sol brilla y el agua moja. La mujer mayor mientras preparaba un meticuloso ramo, por el rabillo del ojo comprobó con satisfacción que había dado en el clavo, aquella jovencita de pelo rubio estaba ahí plantada y completamente roja. Le temblaban las piernas y parecía algo sudada, decidió añadir un par de flores, las cuales su olor impregnaba la ropa y la piel.- Listo.- anuncio triunfal la anciana mientras le tendía un enorme ramo a la perpleja joven que tenía delante.- No solo a las chicas les gusta recibir flores, ¿sabes? Como tampoco es nada raro que una chica regale flores al chico al que ama.- guiñó un ojo la mujer, mientras la palabra "al chico al que ama" daba vueltas en la cabeza de Lucy, no tenía palabras sólo había tomado el ramo entre sus manos sin pensarlo.
- No puedo, lo siento mucho, señora, no llevo dinero encima.- realmente lo lamentaba, si hubiese podido entrar en razón antes no podría haber parado a la señora de las molestias de preparar aquel ramo.
- Pero qué dices pequeña, son flores para tu amado, no puedo cobrarte por ellas.- "¿m-mi amado?" Lucy se quitó el collar que llevaba puesto, era una joya cara, de su vida pasada en la mansión Heartfilia. Se lo había regalado su padre por su cumpleaños número trece, obviamente era un regalo por compromiso, lo había guardado quién sabe por qué, pero no era algo extremadamente importante para ella, pero quizá a aquella anciana tan amable podría alimentarla por días. Tendió la joya en sus arrugadas manos y se alejó sonriente.
- Muchas gracias.- se despidió Lucy, aquella mujer miró con infinuta ternura a la joven mientras continuaba su camino a paso ligero, enviándole su apoyo silencioso, deseando que le fuese bien con "aquel chico".
El agua caía a chorros, estaba fría, inhumanamente fría. Era lo único que podía tranquilizarlo y de paso despabilarlo un poco. No había pegado ojo en toda la noche, al final, había llegado a casa cubierto de nieve y algo tembloroso y no precisamente por el frío, el nunca sentía frío. Su corazón por alguna razón un tanto inexplicable para él, había estado latiendo molestamente rápido tras abandonar la casa de la Heartfilia, estaba cansado así que decidió echarle la culpa a la carrera que había emprendido hasta su casa. Luego se la había pasado dando vueltas y vueltas en su cama, sin quitarse "esa sensación" tan reciente que tenía en sus labios, como si aún le quemasen los de su compañera. Mientras que en su cabeza no paraba de repetirse la misma pegunta "¿por qué había hecho eso?".
Salió con una blanca toalla atada a la cintura y otra por encima de sus hombros, esta última tenía las iniciales " L.H" grabadas en un tono dorado en ella, no reprimió para nada el impulso de llevársela a la cara y embriagarse con el poco olor que conservaba de su amiga en ella. Aquel día, Asuka había empapado por completo a Natsu con una pistola de agua, como estaban cerca de casa de Lucy esta se apuró en correr a buscarle una toalla. Suspiró. ¿Pero qué estaba haciendo? Seguro que parecía un maniático pervertido o algo así comportándose de aquella manera. Dio gracias a que Happy no estuviese ahí. De pronto recordó su conversación de aquella mañana, nada fuera de lo normal salvo que aquel día Natsu había decidido no ir al gremio justificándose ante Happy con la excusa de que aquella noche había nevado sobre él y que al ser un mago de fuego estaba algo débil. Él exceed le había dedicado una mirada llena de preocupación, y afirmó que iría al gremio a saludar a Charle, pues tenía que darle algo y que a su regreso traería a Lucy con él para que así pudieran continuar con aquel libro que el Dragon Slayer había prometido ayudar a escribir.
La reacción de Natsu había sido todo impulso, le aterró la idea de tener a Lucy en su casa, tener que mirarla a los ojos, aquellos enormes ojos color avellana que tanto le gustaban, y recordar el roce de sus labios. Se sentía mal, eso estaba claro, pero no por haberla besado, había disfrutado de ese beso, demasiado quizá, se sentía una horrible persona, un terrible amigo por haberla besado mientras dormía. Cómo iba a mirarla a la cara después de haber invadido de aquella manera su intimidad, simplemente no podía.
Entonces, ¿Pensaba evitarla el resto de su vida? Tampoco podía hacer eso, no habían pasado si quiera unas horas desde el incidente del beso, desde la última vez que la había visto y casi ya no aguantaba las ganas de echar a correr hasta su casa, ser un mal amigo y no pedirle perdón por haberle robado algo tan importante mientras dormía. Seguro que era su primer beso, pensó y notó cierta esperanza, ilusión en él, ¿pero qué diablos pasaba con él? En el fondo se sentía orgulloso de haber robado el primer beso de su compañera.
Y… ¿qué tal? Tenía pensado seguir escribiendo pero un mensaje por parte de "cierta persona" me llegó acabando con mi buen humor y concentración, en fin, luego intentaré seguir a ver si publico dos capítulos en un día. Vuestros comentarios me hacen muy feliz, así que dejadme vuestra opinión, sea buena o mala quiero saberlo. Graciaaaaaas.
