TORNEO MÁGICO

Por Akane Kinomoto (Kinomoto-guiónbajo-Akane-arroba-yahoo-.-com-.-mx)

CAPÍTULO 07: Un Momento A Solas

Estaba nervioso. Por mucho que lo negara, el estar mirando el reloj a cada momento, el caminar de vez en cuando alrededor del poste junto a él y el hecho de que su corazón latiera más rápido de lo normal, evidenciaban que se hallaba muy inquieto. Aunque no era para menos, ya que... se había atrevido a hacerlo... Después de casi una semana de estarlo pensando, por fin había decidido pedirle a esa joven que saliera con él... Sin embargo, no podía decir que no hubiese contado con ayuda, ya que su impaciente Guardiana Lunar estuvo, en más de una ocasión, a punto de ir a arreglar una cita ella misma. Sonrió con indulgencia ante este recuerdo. Realmente, Ruby Moon no era buena para actuar de confesor de alguien...

- ¡Eriol-kun! - un escalofrío recorrió su cuerpo al escuchar aquella voz.

Juntando cada gramo de fuerza de voluntad que tenía, intentó controlarse y sonreír a la recién llegada. Aunque no dio tan buen resultado, ya que la joven lucía maravillosamente hermosa. Casi se podía jurar que era una de aquellas princesas que aparecían en los cuentos de hadas.

- Lo siento, ¿me esperaste mucho? - se disculpó ella, admirando en silencio al apuesto joven que tenía enfrente.

No creía tener que aclararle a alguien lo inmensamente feliz que se sentía en aquellos momentos, ya que su sonrisa y su mirada hablaban por ella. Ni que decir del momento en el que el joven inglés se le había acercado silenciosamente después de la última practica de magia. Había estado más serio de lo normal, casi parecía preocupado. Por un instante, Tomoyo pensó que se debía a la oscura historia que le había relatado, pero esta creencia se desvaneció en cuanto lo vio aproximarse a ella, con una mirada firmemente decidida.

- No se preocupe, por verla a usted esperaría todo lo que fuese necesario - respondió sonriendo. No, definitivamente no iba a sonrojarse. ¿Por qué diablos le costaba tanto controlarse cuando la tenía cerca? En las prácticas de magia, le resultaba más fácil... salvo por la última... - ¿Me permite decirle que se ve muy hermosa Tomoyo-san? - declaró ofreciéndole el pequeño ramo de rosas blancas que había comprado.

- Gracias - murmuró apenas, sintiendo un ligero calor en sus mejillas. ¿Cómo se había enterado que esa era su flor preferida? - Adoro las rosas blancas.

- Me alegra saberlo. ¿Nos vamos ya? - preguntó sin dejar de sonreír.

- Claro... ¿y a dónde me va a llevar señor? - le dirigió una cándida sonrisa mientras se colgaba de su brazo, exactamente igual que una dama inglesa.

- Eso es una sorpresa - Eriol sufrió un leve escalofrío al sentir el brazo de la joven rodeando el suyo. Aquel iba a ser un agradable día, después de todo...

Y tal como lo habían pensado, resultó ser el que podrían calificar como "mejor día de sus vidas". Tomoyo sentía que había entrado a un maravilloso cuento de hadas, donde se le había permitido encontrar a su príncipe azul. Eriol la llevó a muchos lugares, la mayoría de ellos los hicieron darse cuenta de que tenían cientos de cosas en común. Risas, animadas discusiones y, sobre todo, largas miradas cariñosas, habían reinado en el ambiente que compartieron. De cuando en cuando, el joven inglés se preguntaba por qué su corazón rebosaba de felicidad... Ni siquiera con Kaho o con Yue se había sentido así... ¿Sería realmente Tomoyo la persona a la que más iba a amar?... Algo en su interior le decía que si, que por fin había encontrado a quien llevaba esperando dos vidas completas. La mañana y la tarde se fueron demasiado rápido para el agrado de ambos. Les parecía increíble que, con tan solo algunos momentos conviviendo, no quisieran separarse jamás.

- Este fue un día que nunca olvidaré - murmuró Tomoyo, recargada del joven, mientras observaban la enorme ciudad desde la torre de Tokyo. El sol comenzaba a ponerse tiñendo el cielo de diversos tonos de rojo.

- Opino lo mismo... - un repentino temor invadió al hechicero. - Tomoyo-san... ¿Me serviría de algo pedirle que se quede y no nos acompañe? - ella dudó unos segundos.

- Eriol-kun... hoy me has hecho muy feliz... - bajó la mirada, algo apenada. - ... y no mentiría si te dijera que soy capaz de hacer cualquier cosa que me pidas... con la excepción de que deje marchar solos a mis amigos hacia algún peligro...

- Pero, ¿recuerda la historia que le conté? ¿la creyó? - ella asintió - ¿y a pesar de saber aquello desea ir?

- Dime... si las cosas fueran al revés, ¿me dejarías ir sola? - esto turbó un poco al joven.

- Por supuesto que no... - murmuró.

- Entonces, no me pidas que yo lo haga... Eriol-kun... - le tomó cariñosamente el rostro entre sus manos, fijando su mirada en la suya - Te quiero - confesó, el ardiente sentimiento brillando en sus irises azules - Sé que me arriesgo a morir acompañándolos... pero, si algo malo te pasara... estuviese donde estuviese, igualmente moriría...

Sin responder, y profundamente emocionado por tan noble y entregado amor, Eriol terminó de cerrar la distancia entre ambos, permitiendo a sus labios fusionarse con los de la joven. Aquella dulce unión les pareció que duraba horas cuando en realidad apenas pasaron unos segundos hasta que se separaron.

- Te amo Tomoyo... - confesó también, sin apartar la mirada. Ella le ofreció una cálida sonrisa.

- Es la primera vez que no eres tan formal conmigo - comentó. El sonrió también.

- Es verdad, creo que mi educación se está esfumando.

- Lo prefiero así... Tanto en Inglaterra como en Japón, eso quiere decir que confías en mí... - expresó demostrando sus amplios conocimientos.

- Confié en ti desde el primer instante - replicó el joven.

- ¿Eso quiere decir que me permites ir?

- No estoy de acuerdo... pero supongo que no puedo hacer nada más que protegerte - y lo haría hasta más allá de la muerte, de ser necesario.

- Gracias... pero recuerda que sin ti... - sus ojos se mostraron tristes - ... yo no podría vivir mucho tiempo...

- No te preocupes, el que lleve dos vidas y contando demuestra que acabar conmigo no es nada fácil.

Riendo ante el comentario, ambos se abrazaron contemplando lo último que quedaba de la puesta de sol. Sus sentimientos estaban aclarados por fin, al igual que sus decisiones para el futuro... Y en lo más profundo de sus corazones, sabían que ninguno dejaría que nada le sucediese al otro...

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A pesar de ser un poco tarde, una pareja de jóvenes caminaba sin temor por el conocido Parque Pingüino, recordando viejos tiempos con entusiasmo. Después de unos minutos, se detuvieron ante la enorme estatua del rey, cuya boca hacía las veces de resbaladilla(1) como juego infantil. Ahí se encontraron para muchos momentos importantes, descontando cuando fueron rivales en la captura de las Cartas Clow.

- Aquí quedamos de vernos cuando salimos juntos por primera vez... - comentó la joven, quien iba abrazada a su novio. - ¿Lo recuerdas?

- Lo difícil sería olvidarlo - respondió sonriendo. - Casi toda la ciudad está llena de recuerdos...

Eso era verdad. De hecho, aquel día se permitieron dar un largo paseo desde temprano por todos los lugares en los que habían estado juntos, finalizando con aquel parque. Durante este, a la joven hechicera le pareció distinguir entre la multitud a Eriol y Tomoyo juntos. Por lo menos había reconocido la presencia de su mejor amiga...

- ¿Crees que fuese Eriol-kun con quien vimos a Tomoyo-chan? - en realidad, deseaba que fuera así. Pese a que la joven de cabello negro no le había comentado nada al respecto, la intuición de Sakura se había desarrollado mucho, dándose cuenta de sus sentimientos por el joven inglés.

- Estoy seguro de que era él... Me alegra saber que se decidió al fin... - este comentario extrañó a la joven.

- ¿Es que él te había dicho algo? - preguntó sorprendida.

- No, pero la forma en la que miraba a Daidouji... Era exactamente la misma con la que yo te miro a ti... - atrajo suavemente el cuerpo de la hechicera, haciéndola quedar frente a él.

- Entonces, también estoy segura - murmuró sonriendo, para después juntar sus labios con los del joven que amaba.

Algunos minutos más tarde, ambos se perdían entre los árboles, utilizando una ruta secreta que se habían creado solo para ellos, cuando deseaban perder al hermano de Sakura en sus primeras citas. Sus corazones estaban algo angustiados y temerosos, pero se habían cuidado de no demostrarlo... al menos por aquel día. Después de todo, mañana partían rumbo a lo desconocido... y solo el cielo sabría si volverían...

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Aquello no le gustaba... Ese viaje al que iba a mandar a su hija no le agradaba en lo más mínimo... No era la primera vez que tenía presentimientos, pero nunca había tenido uno tan fuerte. ¿Sería acaso por sus nuevas habilidades? Un suspiro escapó de sus labios. La pequeña charla que tuvo con ese joven inglés tan misterioso le había aclarado muchas cosas, sobre todo en las que su hija no le supo dar razón... aún así... todo se le hacía tan extraño... Deseando poder irse a dormir, se sentó nuevamente en el sillón de la sala, donde había dejado encendido el televisor antes de pararse a mirar la noche por la ventana. Observó las imágenes parpadeantes por un rato, pero fue inútil. Sus pensamientos y su instinto de padre no lo dejaban en paz. Recargó la cabeza en el respaldo y se llevó una mano a la sien. De repente, un ruido en la planta alta atrajo su atención. ¿Quien estaría allá arriba? Sakura había salido, entonces... oh... ya lo recordaba... Seguramente se trataba de aquella extraña criatura... ¿Cuál era su nombre? Sonaba a algo griego... Kerberos, ese era...

Una sonrisa cruzó sus labios. Ahora, si se concentraba, podía sentir claramente que había algo vivo y diferente en su casa, aparte de él. El hechicero inglés le había enseñado un par de cosas sobre como utilizar su nueva habilidad... quizás por eso estaba tan intranquilo... Cuando recién se había enterado de las cosas que había vivido su hija siendo tan pequeña y peor aún, cuando ella le dijo que había liberado "poderes mágicos" en él, se le había hecho un poco difícil de creer en un principio; sino fuera porque siempre había pensado que existían ciertas cosas diferentes a las que todos los humanos conocían... tal vez nunca lo habría creído... sin embargo, cuando Eriol Hiiragizawa se presentó trayendo una historia aún más fantástica, no le fue difícil confiar en su palabra... alguna parte de su mente, que recién había despertado, le decía que todo era verdad... justo como le decía en esos instantes que dejar ir a Sakura era la mejor opción... Pese a todo... a un padre no le era sencillo aceptar esto... Ni siquiera a uno cuya alma estaba dividida y que en el pasado había sido un gran y poderoso hechicero...

Todo sonaba tan irreal... Sin embargo... debía dejar ir a su pequeña... Por sobre todos sus presentimientos e intuiciones, sabía que su decisión era la correcta... Nunca había estado tan seguro de algo... y... nunca había tenido tanto miedo...

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Yukito había estado bastante pensativo. Solo cuando Touya se esforzaba por atraer su atención, el otro parecía volver de un largo sueño, riendo y mostrándose alegre. Pero sus ojos no podían mentir... Si hubiesen sido los de Yue, quizás habrían confundido al joven de cabello negro, sin embargo, siendo Yukito, le era más difícil ocultar sus emociones. En aquellos momentos, se encontraban en la casa del Guardián, luego de haber pasado todo el día juntos.

- ¿Piensas decirme que es lo que te tiene tan preocupado? - preguntó Touya, intranquilo también. - Has estado así desde que volviste de la casa de ese mocoso.

- Pese a que ya no lo sea, ese "mocoso" alguna vez fue mi creador... te agradecería que no lo volvieras a llamar así en mi presencia - había un deje de molestia en su voz.

- De acuerdo... en realidad no tengo nada contra él, solo es mi forma de hablar... - ¿por qué ahora casi le daba miedo molestarlo?

- Lo siento... estoy consciente de qué es por eso por lo que ellos te quieren tanto - bromeó, regresando a la realidad.

- Yo también puedo ser aterrador cuando me enfado ¿sabes? - gruñó desviando la mirada. Yukito sonrió acomodándose junto a él.

- En realidad, no lo eres tanto.

- ¿Vas a decirme que te dijo de una buena vez? - siendo justos, Touya se había reprimido de preguntarle nada al ver la expresión con la que había regresado en aquella lejana noche.

- Te lo diría si pudiera... le prometí que no se lo contaría a nadie... No es porque sea la reencarnación de Clow, Touya - añadió notando la cara que había puesto el otro. - Solo es porque siempre soy fiel a mi palabra - aquel comentario atrajo nuevamente la intranquilidad al joven de ojos azules.

- Yukito... ¿es ese torneo tan peligroso como lo presiento? - El Guardián se mordió el labio, sin saber como responder. - Solo dime la verdad... no es solo mi hermana quien va a ir... sino también tú...

- Supongo que... si... lo es... - susurró resignándose.

- Imagino que Sakura te pidió que no me dijeras los detalles, ¿cierto?

- No es que mi Ama no confíe en ti... es solo que no quiso discutir contigo... sabía que no le permitirías ir...

- ¡¿Y cómo iba a permitírselo?! ¡Es mi hermana! - su voz se volvió un murmullo - Tengo que protegerla...

- Touya... - los ojos castaños de Yukito se tornaron serios - lo quieras aceptar o no, mi Ama es mucho más fuerte que tú. Incluso si recuperaras tus poderes, ella se ha convertido en una poderosa hechicera. Lo que más desea, es utilizar ese poder para proteger a aquellos que ama... además de que sabe que tiene que ir, suceda lo que suceda...

- ¿Tiene que ir? ¿A qué te refieres con eso?

- Quizás no te lo haya dicho, pero posee el don de la clarividencia... - el joven Kinomoto se mostró sumamente impresionado con esa información. - Algunas veces tiene sueños que predicen el futuro... y esos sueños le han mostrado que el peligro se acerca, no solo para ella, sino para todo el mundo... - estas palabras hicieron reír ligeramente al otro joven.

- Jamás imaginé que esa kaijuu, tan miedosa que siempre estaba pegada a mi espalda, se convertiría en una persona tan decidida... y fuerte...

- La experiencia con las cartas la ayudó a madurar mucho... aunque desde siempre ella me ha parecido una persona muy especial... - el Guardián calló. Había recordado que en sus inicios, Sakura no le había agradado nada, pero gracias a los recuerdos de Yukito y a sus propias experiencias, un profundo afecto había nacido en él hacia su ahora dueña.

- Dime algo, si aprecias tanto a la kaijuu, ¿por qué le dices "Ama"? Antes simplemente la llamabas Sakura.

- Por si se te ha olvidado, la memoria de Yukito estaba cambiada, y, fuera de esto, por mucho que la aprecie, sigue siendo mi Ama.

- Me parece que ya te ha pedido que la llames por su nombre.

- Lo ha hecho, pero no me agrada ser tan... irrespetuoso... - sus ojos se mostraron abatidos - Quizás lo parezca... pero no soy un ser humano, sigo siendo un ser viviente que nació de la magia...

- Tanto Sakura como yo te hemos dado nuestra opinión al respecto - comenzaba a exasperarse. ¿Es qué nunca iba a entenderlo? - No importa como hayas venido a este mundo, tu corazón es tan humano como el de cualquiera... incluso hay muchos seres humanos que no merecen ser llamados así... más bien parecen animales - gruñó recordando algunos documentales sobre la extinción de las especies.

- Gracias... - sonrió de forma cálida - Intentaré tenerlo siempre en mente.

- Más te vale - el joven sonaba divertido. - Bien - añadió luego de permanecer unos segundos en silencio. - Me ha quedado claro que no puedo hacer nada para impedir que vayan a ese torneo... - Yukito lo miró, esperando - ... pero... al igual que el día en el que te brindé mis poderes... Prométeme que vas a cuidarte y que cuidarás de mi hermana... - Touya posó sus ojos en los del Guardián, se veían bastante serios.

- Sabes que lo haré... y no te preocupes... nada malo va a sucedernos...

La promesa se cerró otra vez entre ellos, más en esta ocasión, fue con un suave y tranquilo beso. El temor habitaba en el corazón del joven de cabello negro y sabía muy bien que no lo abandonaría hasta ver regresar sanas y salvas a las personas más importantes de su vida. Por otro lado, aquellos oscuros presentimientos que habían reinado en la mente del Guardián Lunar comenzaron a percibir una leve luz de esperanza. Sonriendo para sus adentros, recordó el conjuro de su Ama... "Pase lo que pase... todo estará bien..."

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Pasar el día entero en completa calma y sin tocar sus videojuegos no era nada normal en él, pero no podía evitarlo, se hallaba demasiado nervioso. Con gesto impaciente, se asomó a la ventana para contemplar la luna en su penúltima fase... Cuando saliera el sol... Por una vez, no le agradó del todo su símbolo de poder mágico. No estaba muy seguro de qué pensar sobre todo aquello, y más con la desconcertante historia que Eriol les había relatado... Había cumplido su palabra, como lo hacía siempre... Sakura no sabía ni una palabra al respecto... aunque no se sentía bien ocultándole las cosas a la que se había convertido en su mejor amiga...

Suspirando, se acercó a la pequeña habitación que la joven hechicera le había hecho. Era interesante que después de tanto tiempo aún le durara... Revisó por última vez una bolsita que ocupaba de maleta, la cual contenía su cargamento de dulces para el viaje, y con la cabeza llena de ideas tanto malas como buenas, se recostó en su cama. Necesitaba dormir, ya no podía seguir esperando a Sakura, quien en esos momentos, seguramente aún se encontraba con el "mocoso". Solo esperaba que llegara pronto, todos debían estar descansados para el gran día... que llegó más pronto de lo que hubiera querido...

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- Estoy aburrida, a estas horas ya no hay nada interesante en el televisor - comentó una voz femenina, mientras cambiaba continuamente de canal con el control remoto.

- ¿Por qué no te vas a dormir? Yo esperaré al Amo Eriol - ofreció otra voz, desde un cómodo sofá, en el que leía tranquilamente.

- ¡Ahh! ¿Quien se cree para llegar tan tarde? - Nakuru se enfadó, lanzando el control a un lado. - Y se atrevió a decirme que no saliera...

- Era mejor así, sueles tardar demasiado. Además ¿no eras tú quien quería que el Amo saliera con la señorita Daidouji?

- Si, pero no que me mantuviera encerrada - la mirada de la guardiana se iluminó - ¡Sería genial si Tomoyo-chan se viniera a vivir con nosotros! Esa Kaho nunca me cayó muy bien, era demasiado... extraña...

- Mizuki-san es una persona muy respetable, lo que pasa es que no te agradaba que se metiera con tu forma de vestir.

- ¡¿Quien es ella para decirme como debo ser?! - Nakuru arrugó la nariz en un gesto de enfado - Siento que Eriol lo haya pasado tan mal, pero me alegra que se separaran. Ella jamás comprendería a nuestro Amo.

- Como si tú lo hicieras - murmuró Spinel cambiando de página.

Ambos guardianes se encontraban solos en su hogar bajo sus formas falsas. El hechicero inglés les había pedido que no salieran y que se mantuvieran alertas. Sin embargo, esta decisión no agradó del todo a la Guardiana, tal como ya lo expresó.

- Oye Supi... ¿crees que todo salga bien allá? - preguntó, repentinamente preocupada.

- Nadie puede asegurar que algo va a salir bien o mal... ni siquiera el Amo... - levantó la mirada del libro, fijando sus pequeños ojos en su compañera - ... pero quiero confiar en que las cosas no se nos pongan tan difíciles...

- Tienes razón... yo también confiaré en ello...

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"Ten siempre esperanza en el futuro" le había dicho su padre alguna vez. Sin embargo, dudaba mucho que mantuviera ese tipo de ideas si se hubiera hallado en la misma situación en la que él estaba... aunque... quizás no... Una sonrisa de amargura se pintó en su rostro. Tal parecía que aquella noche tampoco iba a dormir bien, pero eso ya no se le hacía ningún problema, hacía mucho que no lo conseguía de todas formas... Suspiró, intentando apartar la repentina furia que lo había invadido... o debería decir, odio... Si, lo odiaba. Jamás había tenido ese tipo de sentimientos hacia nadie y sus padres lo educaron para que aprendiera a perdonar, pero... ¿cómo perdonar a alguien que había asesinado a toda su familia? A pesar de que algunos habían sobrevivido no era lo mismo... no eran sus padres, ni sus hermanos...

Sacudió la cabeza desesperado. Debía apartar, de una vez por todas, esos pensamientos y recuerdos de su cabeza, tenía que descansar lo mejor posible, ya que... mañana era el gran día. El momento en el que se enfrentaría a ese sujeto... y obtendría su venganza... aunque algo en su interior le decía que ese no era el camino correcto y que si lo seguía, una gran catástrofe caería sobre él. Pero no le importaba, nada lo detendría, aún cuando perdiera la vida, iba a llevarse a ese sujeto al infierno... y si para eso tenía que hacer a un lado las claras advertencias de su corazón... lo haría...

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La noche pasó tranquilamente para casi todos los habitantes de la colonia Tomoeda... sin imaginar siquiera que el destino de, quizás todo el mundo, se hallaba en manos de un grupo de jóvenes que en aquellos momentos dormían intranquilos, asediados por horrorosas imágenes en las que fallaban con su misión... sin embargo, solo a una se le mostraban hechos reales y mayormente posibles que a los demás... Y aquellas visiones la llenaban de más valor y decisión que el que nunca había tenido hasta esos momentos... el final... nadie lo sabía...

Continuará...

NOTAS:

(1) Resbaladilla, así se le llama en mi país al juego que tiene ese pingüino en la boca, aunque creo que otros lo conocen por tobogán.

Siento no haber descrito muy bien la cita entre Eriol y Tomoyo, pero en realidad no soy nada buena con ese tipo de cosas -- Y en cuanto a la pareja Shaoran / Sakura... bien, los voy a estar tratando todo el rato, así que no creí que necesitaran mucho protagonismo en este capítulo. Para ser sincera, me centré en las parejas nuevas. Otra cosa, siento tanto besuqueo, suelo ser bastante cursi cuando me lo propongo.

Akane Tsukiyo Kinomoto