RUROUNI KENSHIN NO ME PERTENECE, LA HISTORIA EN CAMBIO SI.
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EL LOBO Y LA DONCELLA
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ACTO 7
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― ¿Q-quieres que seamos amantes?―finalmente tartamudeó la joven
Saito bajó la taza, y con su mirada impasible.
―Nunca me gustaron las etiquetas. Y eso tampoco cambiará ahora. Quiero seguir viéndote, pero sin complicar las cosas ni entrometer extraños. ¿Lo entiendes, ahora?
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Habia pasado casi dos días desde que Saito y ella habían tenido esta conversación. Pero aun así todo se le figuraba como un sueño.
No habían podido conversar desde entonces, ya que al día siguiente cuando fue a trabajar le asignaron una misión encubierta a Osaka que le fue dada directamente por su hermano que estaba a cargo de este tipo de operaciones que implicaba trabajar con parte del escuadrón especial de los Onni.
Tenían que atrapar a unos traficantes peligrosos que estaban siendo patrocinados por yakuzas de Tokio. En realidad la cuestión tenía un doble trasfondo, ya que atrapar a estos delincuentes les abriría camino para atrapar a estos mafiosos que siempre se mostraron escurridizos ante los esfuerzos de la policía, y por tanto habían tenido que derivar el caso al Servicio Secreto.
―! Misao!, vuelve a la tierra, muchacha…― el llamado de atención de Beshimi la regresó al mundo.
Estaba totalmente idiotizada y desconcentrada. No podía podido aportar ninguna sola idea en ningún momento y vaya que siempre era bastante parlanchina y gozaba de entrometerse mucho en los planes. Siempre habia sido una agente muy perspicaz, eso no podía negársele, sumado a su carácter alegre.
Pero estaba extrañamente pensativa. Como ida. Absorta. Extraña. Y además haciendo algo que usualmente nunca hacía, como revisar de manera constante su smartphone, como buscando algún mensaje que nunca llegaba.
Esto no escapó de los ojos vigilantes de Hannya, que fuera de la mancomunion que tenían, ya que la conocía desde que era niña, también la conocía mucho mejor que nadie. Más incluso que el propio Aoshi.
Tuvo un mal presentimiento.
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―Esto debe ser una broma―rió Okita al oír parte lo que su amigo Saito le estaba contando.
De hecho, de por sí, la invitación a este almuerzo ya era extraño, pero todo terminó por volverse hasta cómico cuando Saito confesó que habia echado a andar el plan que éste le habia sugerido. La de seducir a la muchacha que podría llegar a arruinarlo, para seguir ocultando el caso del atentado en casa del ministro de justicia.
―Okita, deberías pensar más las palabras que vas a poner en tu boca―mencionó Saito bebiendo el saké.
Estaban en un bar un poco alejado del edificio de las oficinas del director.
―No, en serio. Pero si no te lo digo yo, nadie te lo dirá. No puedes decirle eso a una mujer y esperar que las cosas te salgan como si nada.
―Ordené que la manden a una misión lejos por unos días. Todavía es extraño para mí―admitió Saito
―Mal―añadió Okita poniéndose serio―. Estas horas son determinantes para ti. Hazla buscar, no sé, quítale esa misión de esa encima, dale un día libre….y muéstrale un poco de esas cosas que a las mujeres tanto le importan, y solo así , estarás seguro de tenerla a tus pies.
Saito, quien no era afecto de tener este tipo de charlas se estaba incomodando. De por si no le gustaba hablar de su vida íntima, y de hecho no le habia contado a Okita de los detalles de la noche que habia pasado con Misao, pero si le contó que habia echado a rodar el plan, y también que le habia dejado en claro unos puntos.
Así que arqueó una ceja cuando Okita hablaba.
―Hazla venir y sorpréndela en su departamento. Tráele unas flores, averigua cuáles son sus favoritas. También puedes regalarle uno de esos bombones occidentales y dale una de esas noches difíciles de olvidar….créeme, las mujeres son así de simples― y luego, señalándole con el dedo agregó―. Y tú, mi amigo, precisas que esa chica este a tu merced. Puede destruirte. Así que debes jugarte tus cartas bien.
― ¿Tanto fanfarroneo?―apuntó Saito.
―Si no eres capaz de recordarlo, lo apuntaré para ti en unas notas, así no se te olvidan. Estaba obviando que justamente no eres el ser más vivaz que conozca―agregó Okita
―Ya me arrepiento de habértelo dicho―atinó Saito metiendo un cigarro a la boca
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Aunque quiso no darle importancia a los consejos de Okita, tras el almuerzo, Saito no pudo dejar de pensar en los dichos de ese loco. Y él, pues tampoco era tan tonto para no darse cuenta que lo que decía tampoco era tan ilógico.
Y eso que Okita no sabía ciertos detalles, como que Misao habia sido inexperta y que él no habia tenido muchos miramientos a eso. De hecho, no la habia buscado, ni llamado. Es más, lo primero que ordenó es que se fuera lejos de misión.
Saito arrojó el cigarrillo en el cenicero.
Tenía que admitir que Okita tenía más tacto, y que si no quería echar a perder todo el numerito que venía haciendo, pues tendría que adecuarse y ponerse en un plan más tierno con la joven.
Lo primero que hizo fue teclear a uno de los centros de mando y ordenar que la agente Makimashi fuera relevada de su misión de inmediato, y que regresara cuanto antes.
El hombre suspiró luego de cortar la línea.
Al menos la primera parte más fácil ya estaba hecha. Ahora venía lo difícil.
Buscar alguna de esas porquerías que Okita le habia sugerido que busque.
Pero por sobre todo, mantener el factor sorpresa. Ya que el objetivo era sorprender a Misao con un detalle.
Porque ese era el objetivo ¿no?
Aunque detestaba estar en un plan como ése. No es que tuviese escrúpulos, pero no se sentía bien haciendo esto de manera fingida.
Él no era muy ducho en sus relaciones privadas. La única mujer con la que habia llegado a estar por mucho tiempo habia sido Tokio, pero al final tampoco habia aguantado compartir sus intimidades con alguien y él mismo habia acabado esa relación, aunque eso no fue impedimento para que durmieran juntos algunas veces más después. Aunque también eso lo habia cortado.
Pensaba en el consejo de Okita.
Arrojó su cigarrillo al cenicero.
Ya estaba dentro del juego y no estaba ahora para perder lo que ya habia ganado.
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Cuando recibió la orden de regresar a Tokio, Misao se sorprendió mucho, aunque tampoco se detuvo a analizarlo. Más bien lo único que se le pasó por la cabeza es que quizá ya no confiaban tanto en sus habilidades.
Seguramente Beshimi habría informado que estuvo un poco desatenta, y eso le valió aquel trabajo.
¡Bobo!, ya se vengaría de ese estúpido. Aunque no negaba que le venía muy bien tomarse libre, porque tenía que admitir que estaba fatal.
No porque aun podía sentir sobre su cuerpo, como vagos recuerdos, las manos de Saito sobre ella, o porque ya no era capaz de sentir en su boca, el sabor de los labios de ese hombre.
O que el muy imbécil luego de proponerle "seguir viéndose", se habia hecho el desentendido y ni siquiera le habia mandado un mensaje de texto miserable.
Si, ya sabía que él habia sido claro con la regla de que en el trabajo las cosas no cambiarían.
Pero se supone que en el resto si debían cambiar. ¿Qué hacían los amantes como ellos?
Escribirse textos, amanecer algunas noches juntos, almorzar …
Para Saito, parecía que ninguna de esas cosas parecía algo viable o posible.
―En que problema vine a meterme―se dijo la chica, bajando del tren bala, que habia tomado para llegar a su casa esa misma noche.
Pensaba comprar palomitas instantáneas y ver algún drama. Pero en su cabeza, no dejaba de pensar en Saito.
Todo lo conducía a él. Y no dejaba de darle vuelta a todo. Como por ejemplo, que le hubiese gustado no estar ebria cuando tuvieron sexo, para así por lo menos tener imágenes con que recrearse cuando estaba así de nostálgica.
También pensaba más allá y recordaba a la mujer esa con quien lo habia visto aquel tiempo cuando fue a vigilar su casa cuando el director estaba de reposo luego de aquel atentado.
Aquella mujer llamada Tokio. Tan femenina y de aspecto tan tierno.
Unos celos encomiables vinieron a apoderarse de ella.
Finalmente vió la tienda abierta y entró a comprar las palomitas, y varios potes de ramen instantáneo.
Pensaba atiborrarse de comida y autocompasión.
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Habia tardado bastante en el minimarket comprando esas cosas que llegó ya casi pasada las once de la noche a su departamento.
Obviamente el lugar estaba a oscuras, así que ni siquiera tocó el interruptor de luz, para ir a bajar la bolsa del supermercado sobre la mesa.
Solo cuando sintió que la lámpara del otro lado de la sala se encendía, fue que sus sentidos se agudizaron.
Igual, si hubiese sido un asesino, ya la hubiesen matado. Porque sus sentidos se vieron paralizados al ver a la figura que se erigía sentada en el sofá, junto a aquella lámpara.
Hajime Saito estaba allí mismo, con un infaltable cigarro en la boca, y su mirada de autosuficiencia característica.
―Al fin llegaste.
Misao aún estaba incrédula. ¿Esto era en serio?, ¿Él en verdad estaba aquí?
Como vió que la joven estaba como perpleja se acercó, pasando por atrás de ella, para encender el interruptor de luz.
― ¿Cómo entraste?―preguntó la joven, casi estúpidamente de hecho. Saito era "el espía", así que habría sido cosa de niños para él. Pero Misao no sabía ni que decir.
―Pues por la puerta ¿Qué son esas porquerías que trajiste?―añadió mirando las bolsas que Misao habia dejado sobre la mesada.
La joven, finalmente se repuso y fue a quitar el contenido de las bolsas.
―Traje algo de cena...
―No entiendo cómo puedes seguir viva comiendo esas porquerías, tira eso…traje comida de verdad. No quiero que vayas a trabajar mañana débil, porque no eres capaz de alimentarte bien. Esa es una regla principal en una agente―agregó Saito encaminándose hacia la cocina y haciéndole una seña para que ella lo siguiera
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Y no es que lo habia comprado. La deliciosa cena habia sido preparada por Saito, que era un experto cocinero.
― ¿Cómo aprendiste a cocinar de esta forma?―apuntó la joven al tiempo que bebía
una taza de saké caliente.
―Tu deberías saberlo. Aprender a sobrevivir de todas las formas posibles es parte de la cualidad de un agente―agendó el hombre bebiendo también lo suyo.
Extrañamente, contrario a lo que pensaba, estaba muy relajado y calmado. La presencia de la joven se le hacía natural, y de por si eso era extraño.
Ella rió con todos sus dientes, y llevó una mano a la cabeza. Poco a poco también iba perdiendo nerviosismo y volver a ser la de siempre.
―Es que siempre tuve un restaurant a mano, y la verdad no cocino muy bien.
―Mph. No es algo difícil―argumentó Saito
― ¿Podrías enseñármelo?, ya sabes…algunas veces, cuando tengamos días libres―lanzó Misao, aunque apenas decirlo enrojeció violentamente.
Pretendía desdecirse, pero Saito la sorprendió.
―Mientras no sea molesto...
La verdad hasta el hombre estaba sorprendido de su respuesta, pero estar así con la chica le daba un ambiente de distensión que le hacía decir estas cosas.
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Misao ya estaba lavando los cubiertos, con el único objetivo de mantener sus manos ocupadas. Nunca le interesaron esas cosas, pero haciendo eso, podía mantener sus ojos en el hombre que leía algo en su sala.
En realidad ni siquiera estaba segura de que hacer ni decir. Era la primera vez que tenía un hombre con ella de esta forma.
¿Saito querría tener relaciones sexuales?
¿Cómo tenía que pasar?
¿Ella o él tenían que iniciarlo?
Un sinfín de interrogantes y dudas la estaban carcomiendo.
¿Esto era ser amante de alguien?
Sus pensamientos estaban como idos, es por eso que no se percató cuando unos brazos rodearon su cintura por detrás.
Touché
No lo habia visto venir.
Y más cuando una de esas manos empezaron a darle un toque contorneando sus formas por encima de su camiseta blanca, haciendo que la piel de Misao se erizara desde la planta de los pies.
Esas manos siguieron explorando, trazando, acariciando, y a la vez sintiendo la respiración pausada y tibia en su cuello que le hacía temblar.
Misao estaba tiesa. No podía moverse. Sentía como si una excitación se le subiera por debajo de sus caderas que no podía controlar, más cuando esas manos empezaron a distribuirse de tal forma que la hicieron gemir.
Una se coló por debajo de la camiseta, pasando sus dedos por el vientre, el ombligo y el inicio del brassiere, sopesando delicadamente los senos de la muchacha.
La otra hacia lo mismo, pero con su cintura a la vez que contoneaba parte de sus glúteos, haciendo que la joven pegara un respingo.
Todos esos movimientos sumados a ese eterno olor a té verde y bergamota, con notas de tabaco que salían del aliento de ese hombre ya la estaban haciendo perder el sentido.
En algún momento, esas manos traviesas desprendieron su pantaloncillo y fueron más allá, haciendo que Misao diera un gemido más fuerte.
― ¿Te gusta?―lo oyó decir, pegando su aliento a su cuello, besándolo, sin dejar de explorar con sus dedos expertos.
Esos dedos finalmente fueron más allá, en las profundidades de la intimidad estrecha de Misao.
―Ay…por todos los cielos…―exclamó Misao entre el medio de tan delicioso frenesí
―Te llevaré a uno―volvió a murmurarle al oído.
Misao estaba ya al borde del colapso.
―! Si!―gritó sin pensar
Eso bastó, para que él la volteara y en un movimiento rápido se deshizo del pantalón de ella y de su prenda íntima que ya estaba hecha jirones a esas alturas.
Misao instintivamente se cargó por el cuello del hombre y lo rodeó con sus piernas.
Fue ahí que sus labios hicieron contacto apasionado.
Si fuera por Saito, quien en verdad estaba bastante excitado, no le hubiera molestado hacerle el amor sobre la mesada, pero también recordaba que iba a ser la segunda vez de la joven.
Todavía podía dolerle.
Así que se la llevó al cuarto, caminando despacio con ella colgada a su cuello.
Misao se aferraba con toda su fuerza, como si con este aprisionamiento se asegurara de no dejarlo ir nunca, aunque a Saito le supo cómo pluma.
En verdad, Misao no querría dejarlo ir nunca.
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Saito le hizo el amor de una forma que nunca pudo imaginar. Mejor que en sus sueños o los pocos recuerdos que tenia de su incidentada primera vez.
El hombre la besó y acarició cuanto pudo, y aunque se convencía que lo hacía por cumplir, la verdad es que no podía parar.
Misao se le hacía demasiado bonita. Y despedía una aroma rico.
Era imposible pretender que esto era una obligación como él intentaba grabarse en su mente.
Sus gemidos y suspiros le gustaban. Su piel era demasiado suave. Sus maneras eran tan delicadas.
Recordaba la primera vez que se habia acostado con ella, y si bien, a él le habia gustado mucho lo que sintió esa vez, en esto no podía comparase.
Porque sentir por sus poros a una mujer completamente consciente, que se dejaba hacer y se entregaba con confianza, era mucho más delicioso.
Al inicio fue un poco incómodo para Misao, pero esas manos y el saber que estaba entregándose al hombre que habia amado desde siempre, fue suficiente aliciente para que la muchacha se relajara y se diera al placer de sentir este cielo.
Misao durmió esa madrugada arropada entre esos grandes brazos que la recibieron cuando cayó exhausta del cansancio y la felicidad.
Estaba feliz, porque estaba plenamente convencida que alguien que podía hacerle sentir todo esto, solo podía ser, quien en verdad le correspondiera.
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Al día siguiente despertó sola.
Sonrió, con una sensación única en el vientre que salía como cosquillas en el corazón.
Tocó la parte de las sabanas donde él habia dormido. Las olió. Seguían teniendo su aroma.
Pero no se sintió turbada ni molesta. Ya sabía cómo era Saito, y quizá se habia marchado temprano porque debía irse a su casa a cambiarse antes de ir a la oficina.
No se sintió sola ni abandonada como la otra ocasión.
Estiró sus brazos en señal de satisfacción.
Entró a ducharse así como estaba. Habia dormido desnuda así que no tuvo que hacer nada más.
No podía pedirle nada más a la vida.
¿O sí?
Solo contaba los segundos que faltaban para llegar al trabajo y encontrarse con el hombre que habia cancelado su misión para tenerla de vuelta en la ciudad, que le habia preparado una deliciosa cena y regalado una noche de amor que difícilmente olvidaría.
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Mientras Misao se entregaba al placer de la tina, en su teléfono inteligente estaba recibiendo un mensaje de seguridad clase A, de ese tipo que solo mandan o el Director en cuestiones de urgencia o el Consejo de Seguridad.
El remitente era del segundo.
"Agente Makimashi: se requiere su presencia en la base del consejo a las 10 horas. Razón: Protocolo de investigación en atentado contra Ministro de Justicia".
Misao seguía cantando en el baño, totalmente ajena a que uno de sus más grandes temores se estaba haciendo realidad.
El consejo de seguridad, que estaba por sobre el Director del Servicio Secreto habia comenzado una investigación y la habían convocado a ella para interrogarla.
CONTINUARÁ
NOTAS
Cuanto tiempo sin actualizar ni venir aqui.
Los que me conocen saben que no pasé buenos tiempos con una perdida que tuve. No supe manejar mis tiempos luego de esa tragedia y ni siquiera pude escribir como acostumbraba.
He ahi mi excusa por tanta tardanza. Mis disculpas a todos.
Siguiendo al fic, en el sigte capitulo veremos la reacción de Saito luego de esta noche con Misao pero por sobre todo, veremos que pasa con este asunto de la citacion a Misao por el asunto aquel.
Veremos como lo resuelve, porque si recuerdan ella tenia muchos remordimientos sobre eso.
No tardaré mucho en venir con el Acto 8, también estoy bosquejando mi fic mas complicado, el cap 14 de La Mentira.
Veremos que sale entre medio.
Estoy con planes de quitar un Saito/Misao nuevo, como regalo a alguien en el foro Sakabato, que si se fijan tengo un fic publicado alli, donde hice guiño a esta pareja que me fascina.
Bueno, ahora si besos a todos mis comentaristas del ultimo episodio.
BLANKAORU
CONNOR REDFIELD
LE CHAT ET LE EBEILLE
PAJARITO AZUL
KAMISUMI
En serio agradezco mucho el apoyo!
Besos a todos, les quiere.
Paola.
pd: También les cuento que estoy haciendo un blog de recomendación de fics, llamado Los fic de Rogue, es bien nuevo, estan super invitados a verla.
Alli hago repaso a todos los fics terminados que me gustaron desde siempre.
Los espero!
