No veo Telenovelas, pero este fic esta inspirado en un capitulo de:"La hija del mariachi"
Digimon no me pertenece la trama si. No soy de escuchar musica mexicana pero en la barbería donde le cortaron el cabello a mi hermano y vi un video y pues, ¡BOOM! lo narré aqui xD
Un último error contigo.
"Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos."
-Julio Cortázar-
Sábado 9:30 A.m.
De: Lucas Mcguire.
Para: Hikari Yagami
Asunto: Y ya siento que no te conozco.
Ha pasado muy poco tiempo desde que nos conocimos. Hikari eres hermosa, ya siento que te conozco solo faltaría vernos para cerrar el tratado de nuestra amistad.
Lucas.
Oh Lucas eres un tierno.
Pensaba La joven castaña mientras revisaba su teléfono celular en busca de un nuevo correo de su amigo cibernético Lucas. Desde hace varias semanas la joven Yagami ha estado enviando y recibiendo mensajes de este sujeto. Jamás se han visto, salvo por el Skype, pero nunca en persona. Según le contó el joven indagando entre los amigos de Willis vio su nombre y su foto de perfil, sin pensarlo decidió enviarle una solicitud de amistad. Los días pasaron y nada, un día revisó en la notificaciones de su perfil de usuario que la joven había aceptado la gran y ansiosa solicitud, su cuerpo se llenó de emoción y él no sabía por qué, luego de un "hola" que este le envió sus conversaciones se alargaron y se hicieron duraderas por días y días. Si, esas conversaciones que duran horas, de esas que cuando despiertas hay un mensaje de la noche anterior y te obliga a responder, de esas pues.
DE: Hikari Yagami.
Para: Lucas Mcguire
Asunto: ¡Eres un dulce!
¡OH! Muero por conocerte. Es una pena que no estés aquí en Japón, seriamos grandes amigos. Pero hay un mar que nos separa. : C
Espera un momento y luego recibe la alarma de un nuevo E-mail.
De: Lucas Mcguire.
Para: Hikari Yagami
Asunto: ¡Sorpresa!
Bueno a pesar de la distancia te tengo una gran sorpresa linda, pero es eso, una sorpresa no puedo decírtela. Por cierto ¿Cómo andas con tu novio? Aún estamos en esa amistad "prohibida" ¿no?
La joven frunce el cejo cuando lee el mensaje. Chasquea la lengua y vuelve a escribir.
DE: Hikari Yagami.
Para: Lucas Mcguire
Asunto: de mal en peor.
No me gusta mentirle, pero es un mal necesario, anda con esas estúpidas dudas de que eres peligroso para mí. Tan solo si te conociera. Si las cosas siguen así… no sé cómo terminar esta frase. Pero da por seguro que haré algo al respecto.
Guarda su teléfono en su bolso y sale caminando con Yuiko, su amiga y compañera de clases.
—¿Esta noche iremos a el bar "kissme"? estamos esperando a que nos des seguridad que vas.
—Por supuesto Yuiko. —Hace una pausa, arruga el cejo y pone semblante de "lo lamento"— quedé con Takeru en salir a Tokio Café.
—¡Vaya! —Exclama la chica de ojos negros, tez morena, cabello largo, lacio y castaño cobrizo, una joven de estatura alta y de anteojos.
—¿Qué sucede Yu?
—es que ese es el sitio de moda y uno de los más caros de Tokio, quisiera un novio como Takeru.
Hikari ladea su boca hacia abajo. No sabe si fue un cumplido o una ofensa, pues bien, no es una chica celosa y da gracias a ello. Mira a su amiga y sonríe levemente. La joven de castaño cobrizo detiene el paso y se arriesga a preguntar.
—¿Sucede algo con Takeru?
La castaña se detiene y voltea a ver a su amiga, que posee un semblante indagador y un poco preocupante y triste.
—No —responde sin más, aunque por dentro se muere por decirle que ya con Takeru no es lo mismo y está pensando si seguir a su lado vale la pena— ¡vamos a ver la siguiente tienda!
Logra su objetivo y su amiga sale dando pasos una vez más. Pero el dilema sigue en ella, desde que este Lucas está ya no siente que falte nadie, y parecerá tonto pero ya no cree amar a su rubio novio, por más cruel que suene ya él no la satisface en cuanto a ese "amigo" que debe ser su enamorado al momento de estar juntos.
Esta cenando con su padre y su madre, FELICES. La pelirroja no puede dejar de sonreír, es todo perfecto, su vida no puede ser mejor. Degusta un maravilloso plato que su madre Toshiko ha preparado. Su padre la mira y le pregunta "¿Cómo te fue hoy hija mía?" Sora sonríe y le responde que su día ha transcurrido de forma normal, salvo por un sobre que le ha llegado en la mañana, su padre abre los ojos y feliz responde "UNIVERSIDAD DE TOKIO, ¿Qué te han dicho?" la chica le responde "aún no he abierto el sobre, estoy esperando para hacerlo juntos" Su madre se integra colocando una mano sobre el hombro de su esposo, este voltea a verla y le hecha una sonrisa de enamorado, luego ambas miradas se ponen sobre la ojos escarlata. Ella comienza a abrir el papel, cierra ambos ojos y al sacar el contenido abre solo uno y con temor, lee el encabezado, luego se relaja y abre ambos orbes, continúa leyendo y una sonrisa se aparece. "¡ESTOY DENTRO!" grita de emoción. Sus padres la abrazan y luego siente una mano rodear su cadera, la giran y al voltear queda frente a un castaño de ojos café, se muerde el labio inferior y susurra "ingresé a la universidad" él le sonríe mientras posa su mirada sobre la joven que no tarda en ruborizarse. "no tenía duda de ello Sora" dice en un tono bajo y de enamorado. Luego besa la comisura de sus labios.
Un lindo recuerdo mientras va caminando a punto de entrar a su primer día de clases como universitaria, tiene la mejor vida: un padre y una madre juntos y a él, a su Taichi Yagami. Sonríe al darse cuenta de que el joven la espera al frente de la entrada de grandes rejas, él menea su mano y sonríe mostrando su increíble dentadura. Al lado está su padre que tiene la mirada oscura y seria ¿Qué hace él aquí? Se pregunta y al dirigir su mirada se da cuenta de que su madre yace en el piso, llora desconsoladamente detrás de ella un joven pelirrojo ríe y echa la mirada hacia el papá de Sora. Parpadea y sale corriendo a cruzar la calle para ver por qué llora su madre. Un auto casi la arrolla, se detiene y espera, luego corre pero al llegar a la entrada las puertas se cierran en su rostro alejando a Tai, que a su lado está una Mimí riendo con jactancia y esta besa en los labios al moreno que le corresponde, después está el señor Takenouchi junto al joven pelirrojo riendo junto a una señora esa imagen de ellos se aleja al igual que la de su madre, Toshiko, sollozando y dejada en el suelo, y a la propia Universidad de Tokio se desintegra frente sus ojos. Siente que cae muy a lo profundo. Abre los ojos al sentir tierra firme y al ver a su alrededor esta oscuro mira hacia arriba y observa una luz
"¿un pozo?"…
Abre los ojos, sudada, el aliento rápido y constante, siente un frio recorrer su cara, es sudor. Un sueño recurrente que le resume la vida de mierda que le ha tocado vivir. Primero: una familia feliz, su mejor amigo junto a ella, una oportunidad de estudio. Luego una familia rota y dispersa, una madre desolada, un Tai alejado durante un año y su oportunidad de estudio paralizada por culpa de su padre… pues bien si él no le hubiese roto el corazón a su madre ella no hubiese tenido que paralizar su primer año, no hubiese tenido que atender la tienda ni a su madre que estaba hecha "nada" y luego estaba Tai que se había alejado de ella por un tortuoso año y luego la trataba como una amiga con derecho burlándose de lo que ella sentía mientras andaba con diferentes chicas, y el ahora: turnarse en navidad y fechas especiales para ver a sus padres, una madre que aún no termina de volver de su crisis y un Tai que la alejó de Mimí y que… ¿Qué demonios es Tai ahora? Es decir… ¿somos novios, amigos…? ¿Habrá dejado anoche a Mimí? Pues, llegó tarde de verla. Porque si, si se vieron anoche él no lo puede negar. –suspira- luego vuelve a sus pensamientos originales y cae en cuenta de que Matt, Tai y ella… el trio de mejores amigos se ha disipado y en gran parte es su culpa, por alejar a Tai cuando sucedió lo de sus padres y al perder ese año que la atrasaba, está a punto de graduarse, pero ya Matt y Tai iban por otro título y su moreno amigo trabajaba en una embajada como asistente del asistente de un asistente (o eso lo escuchó cuando él ojos café alardeaba hace no mucho) no obstante este nuevo título lo figuraba a ser el asistente de un jefe de alta calaña, y su amigo Yamato pues este con su banda y sus giras ya estaba más que asegurado para tener una vida de ensueño.
Vuelve a suspirar pesadamente. Mira la hora en su reloj que se encuentra en la mesa de noche "10:03 am"
¡Diablos debo levantarme!
Se decía ya que no era usual que durmiera más de las ocho de la mañana. Fue a su baño que está dentro de su habitación (única habitación con baño ganada a Tai por una apuesta)
10:45 A.M
Llega cansado de su juego de futbol, lanza el bolso en la puerta de entrada, se quita los zapatos deportivos y anuncia que ya ha llegado. No obtiene respuesta, Sora no está en casa.
Da unos cuantos pasos hacia el living que queda al lado de la cocina, mira por inercia al lugar, tal vez buscando el olor a comida recién hecha. Su sonrisa se estrecha de oreja a oreja.
¿Cuántas veces va a tener que ver esta escena?
Sora con un diminuto pantalón de jean de esos que parecen desgastados, una camisa de tiros blanca, su ahora cabello un poco más largo amarrado en una coleta pequeña y su IPod en el bolsillo de su pantalón que dejaba mostrar el cable de los audífonos que llegaban hasta sus orejas. En medio de todo ella le daba la espalda al living y a la entrada de la cocina, está al frente del horno de microondas y en ese momento movía las caderas de lado a lado…
Sin duda es el hombre más afortunado del mundo.
Se escucha de repente: "te amo con toda mi fe sin medidas, te amo aunque estés compartida… mis labios pierden el control" de parte de Sora que aun ni cuenta de la presencia de Tai se da.
El joven que anda aun con el uniforme de futbol en representación a su universidad, el de blanco que indica que estaban de visitantes. Anda sudado y lleno de lodo. Mira embobado a la pelirroja, siempre la encontraba de esta manera que a él lo enloquece, nunca pudo hacer lo que se le venía en mente cuando la sorprendía así, bailando inspirada y tan… tan sexi, solo eran amigos en aquel entonces y aunque su situación hoy no estaba definida (aun), sentía que tenía el derecho de acercarse darle un gran beso y bailar cualquier canción junto a ella. Sonrió con malicia, se acercó sigiloso, con movimientos suaves colocó sus manos sobre las caderas de la joven y esperaba voltearla y plantarle un beso pero…
Sora se volteó rápidamente al sentir las manos de Tai y su mano giró más rápido que su cuerpo con gran fuerza, en eso su codo golpeó la cabeza del futbolista dándole en la mejilla. El chico se echó hacia atrás dando pasos torpes y tapándose rápidamente sus rostro con ambas manos, y solo pudo espetar.
—¡Maldita sea, Sora! —Se quejaba— ¡RAYOS MUJER!
La ojos escarlata al mirar que era Tai se cubrió la boca y se alarmó. Abrió sus orbes que miraban desconcertada la situación
—¡OH! Tai eras tú lo lamento, en serio lo lamento ¿estás bien? —hizo el ademán de acercarse pero Tai echó más pasos hacia atrás.
—¡No! No me toques, ¡DEMONIOS! —Movía una mano mientras con la otra sostenía su mejilla.
—no seas tonto Tai, ven déjame verte.
El moreno lo miraba con cierto recelo y los ojos achicados, bueno, un solo ojo porque el otro permanecía cerrado por culpa del dolor. Al final cedió y se dejó examinar por Sora.
—Solo es un pequeño enrojecimiento, ya pasara y no quedará rastro de ningún tipo.
—pero Sora —hizo una pausa y colocó una mirada tierna, infantil y de mimado a lo que soltó a su vez una voz suave, quejosa y malcriada— ¡me duele!
—A Ver —dijo Sora acercándose y con su mano acariciar el cachete de Tai, el joven que no paraba de quejarse se relajó y hasta cerró sus ojos por un segundo sintiendo la respiración más cortante y pesada mientras Sora acariciaba el lugar afectado –la mejilla del castaño-. Ese roce de la mano de Sora enviaba pequeñas descargas en todo su cuerpo, tan solo un poco de tacto y ya todos sus poros se erizaban poniéndole la "piel de gallina"
—¿Aun duele? —preguntó ella. Que también había sido atrapada por el momento.
—Sí, un poco, pero sigue haciendo lo que haces se siente bien.
La joven frunció el cejo, y arrugó su boca que retenía una sonrisa divertida. Tai era un consentido y aprovechador.
—¡Ya está! —soltó ella, quien quiso dar media vuelta para terminar de hacer su desayudo, pero unas manos fuertes la retuvieron y no la dejaron marcharse. Los ojos de Tai estaban firmes y plantados en el rostro de Sora, estaba serio y su mirada emitía deseo, deseo por aquellos labios carmesí que moría por probar. Al ver sus fogosos ojos la chica supo cuáles eran sus intenciones y dijo en un susurro, un susurro cortante y grueso producto de la mirada de su acompañante.
—¿no que estas adolorido?
—sí. Por eso debes de curar mis heridas. —hizo una pausa, ladeo de manera seductora sus labios en una sonrisa que apenas se dejó ver. Su mirada permanecía igual o más fuerte y fogosa que antes— me debes una Sora, ese golpe trajo consecuencias y si no quieres una demanda debemos arreglar por cuenta propia como quedará la situación.
Era horrible ver que Tai usaba sus métodos seductores en ella, por años vio como las implementaba en sus chicas de una noche, pero era diferente cuando lo aplicaba en ella. ¡Diablos, es irresistible! Pensaba. Y que comenzaba a creer que si Tai la soltaba de su agarre caería al suelo, pues sus piernas se tambaleaban y no la mantenían en pie. Deseaba besarlo.
Él se acercó poco a poco y al estar frente a su boca soltó en un siseo:
—se me ocurren varias ideas, por el momento quiero calmar el dolor con un beso tuyo.
Ella cerró los ojos envolviéndose en la sensación que este castaño le causaba, sus labios se tocaron en un beso: él tomó entre los suyos el labio inferior de la chica, para luego soltarlo y volver a hacer lo mismo -tomarlo lenta y pausadamente mientras sentía el sabor de la boca de Sora-, después tomó el labio superior y lo retuvo ligera y momentáneamente luego lo dejó ir.
—Dios —dijo musitando aun cerca de los labios de la pelirroja— como extrañaba tus besos.
Dicho esto volvió a besarla, esta vez de una manera más profunda.
Por otro lado lejos de sentirse en una nube, Sora sentía que estaba mal, TODO estaba mal, no podía hacerle esto a Mimí. Sí, es su "enemiga" ahora, pero no se merece eso… aún mantenía la fe de volver a estar junto a ella. Culpa, traición, dolor se mesclaban con el gozo, la excitación y el grandioso momento que le propinaba Tai al besarla. Se sentía bien y a la vez mal hacer algo que para ella moralmente estaba prohibido, pero le gustaba. Concluyó en corresponder el beso e intensificarlo dándole paso y más espacio para saborear a Tai.
A lo lejos un teléfono sonaba, pero a ciencia cierta se sabía que no sería respondido por el momento.
Miraba la pantalla se su computadora de mesa. Había pasado toda la mañana viendo los perfiles de usuario de sus amigos, fotos de personas de su universidad, de la escuela de cocina, de su trabajo corto en aquel restaurante, de sus compañeras de "banda" y de sus antiguos grandes amigos como lo era Koushiro, Joe, Yoley, Iori, Ken, Daisuke, Kari, Takeru y las de su Tai… incluso vio las fotos del perfil de Sora –que en su mayoría eran en un estadio de Futbol junto a Tai- ¿aun estará enfadada conmigo? Se preguntaba la castaña de cabellos largos. Miró las fotos en el perfil de Tai era cómo ver el perfil de Sora, en casi todas aparecía junto a ella y justo en una se detuvo y observó con detenimiento. Era una foto de ellos dos juntos a la edad de once años, ella llevaba una camiseta amarilla, pantalones azules ajustados, unos guantes rojos "que pésimos gusto por la moda" Pensó la castaña. También traía consigo un sombreo azul y se veía relajada con una gran sonrisa. Él vestía esos bermudas marrones, esa camiseta azul con detalles amarillos, sus Adidas con detalles azules igualmente, guantes blancos y esos Goggles de aviador.
—pero que feo chico. —Rió—
No pudo evitar sentir celos, él la rodeaba con su mano sobre los hombros de la pelirroja, emitía una sonrisa verdadera y feliz, una sonrisa que dejaba ver sus dientes y hacían brillar sus ojos cafés.
—¡que ridícula! Esa fea y horrible niña vestida y actuando como niño.
Se detuvo ¿desde cuándo ella se refería tan despectivamente hacia Sora? ¿Acaso tenia celos de ella?
—para nada, yo no tengo celos.
Suspiró. Hablar con ella sola no era grato, la verdad es que extrañaba hablar con su amiga, extrañaba verla y se moría por contarle que junto a Tai la pasaba genial. Bueno eso si no existiera el pequeño detalle de que ella poseía sentimientos por el moreno. ¿Acaso es un capricho mío? Se preguntaba. Es que nunca vi a Tai de otra manera, me parecía inmaduro, terco, payaso, algunas veces ofensivo, peleón, mandón y ni hablar la manera horrible de vestir.
—siempre de azul.
Echó una risilla, es que Tai ya no era así… bueno si un poco, pero ahora era más enigmático, más maduro y podía controlar sus emociones a eso súmale que viste genial y muy bien y está como el hombre de sus sueños. Pero debía de dar merito, Sora lo entendía y era notorio que lo amaba desde antes de producir ese cambio, pues, creo que si ella no lo hubiese acompañado en el trayecto para convertirse en hombre no sería este chico de ensueños por el que hoy peleaban.
Me estoy entrometiendo.
Pero comenzó a recordar lo que había sucedido la noche anterior junto al moreno tenaz y atrevidamente sexi, sexi pero tacaño y sin glamour.
Recuerda que iba caminando hacia el supermercado de la cuadra, iba a hacer las compras de la semana en eso un mensaje le entra al teléfono:
*Hola, como no puedo verte mañana en el almuerzo pensé que sería bueno vernos en la noche para comer algo*
Y allí iba la invitación tan romántica que la joven esperaba desde hace mucho, si sobre todo "romántica" pensaba ella. No importaba, sonrió y decidió responderle un poco más tarde, así no se daría cuenta él de que había esperado su llamado el día entero.
Cinco minutos luego otro mensaje entra al teléfono. Este decía:
*¡Vaya! Andas molesta. ¿Por qué? ¿Qué he hecho? ¿No deseas verme? RESPONDE.*
Y así es como se trata a un hombre, pensaba Mimí mientras tomaba un litro de yogurt líquido del mostrador y lo colocaba en su carro de compras. El abasto estaba hecho, era hora de pagar.
Un nuevo mensaje aparece, ella lo lee. Echa una risa por lo bajo, muy divertida y va al mostrador a pagar. La tortura acabará cuando termine de cancelar el pequeño abasto y allí le responderá.
Estaba afuera de la tienda, entrando en el auto cuando un nuevo tono, distinto al anterior resuena en el interior del bolsillo de su chaqueta rosa.
Colocó las bolsas en el auto y comenzó a buscar el teléfono que no paraba de sonar, lo contestó sin ver el remitente.
—Diga.
—¡eh Mimí es Tai! ¿Has leído mis mensajes?
—sí, es que andaba haciendo mercado.
—¡oh! Que feo Mimí ignorar a tu chico. Te recojo a las seis en tu casa te llevaré a cenar. Chao.
Tan directo, tan seco y distante. La ojimiel confiesa que sintió decepción ni un "hola mi amor" o un "chao te quiero" suspiró y se adentró al carro.
Y esta era su idea de salir a "cenar" estar a las siete de la noche en un callejón en donde ella pudo haberla apodado "la calle del hambre" ya que desde el comienzo hasta el final de la pequeña calle habían carritos y puestos de Hot Dog, hamburguesa, Shaw arma, pizza y de todo lo que pudiera representar la comida chatarra. Y allí estaba ella observando al moreno degustar de su tercer Hot Dog, mientras ella veía el suyo que apenas y había mordido.
Si supieras la cantidad de grasa y carbohidratos que posee tan solo una mordida y ya no puedo darme ese gusto, esta mañana comí un desayuno grasoso. Pensaba mientras veía a Tai tan animado pidiendo su cuarto "perro caliente".
—¿no piensas comer? Mimí.
La sacó de sus pensamientos. Suspiró y emitió una sonrisa mientras daba su segundo bocado a la comida.
Estaban sentados al frente de una avenida muy poca transitada, el cielo despejado, nada que ver con los días anteriores o esa mañana lluviosa. Las estrellas y la luna brillaban como nunca y en ese banco de madera (típico de plazas y lugares abiertos en Japón) estaba ella comiendo al lado de un chico que jamás pensó que le gustaría. Y no solo eso sino que admiraba el restaurant del frente, muy elegante y cálido. Suspiro por dentro. Allí era donde quería ser llevada no a una calle llena de comida chatarra e insana. Seguro a Sora si le hubiese gustado este lugar y aún más seguro era que él deseara estar con ella en ese momento. Si, sentía celos de Sora y Tai juntos.
—Esta tarde —Tai hizo una pausa y miró a Mimí que volteó y atendía a lo que este decía— estaba muy preocupado por ti Mimí. Usualmente respondes al instante los mensajes y cuando no lo hiciste yo… yo me preocupo. Es que no sé si hice algo malo o te pasó algo malo a ti y eso me exaspera, cualquier de las dos ideas me mortifica y debes de saberlo. Eres muy importante para mí y me he dado cuenta que no estas a gusto con el lugar apenas y has probado tu cena. No es que sea tacaño es que me gusta disfrutar de las pequeñas cosas de la vida.
Ella lo miraba intentando ocultar su felicidad, valía la pena comer esa "comida chatarra" escuchar esas palabras le resultaba sensacional. Lo miró y esbozó una sonrisa luego tomó un gran bocado de su comida y sonrió. Y antes de poder decir que lo estaba pasando Tai habló.
—no lo vuelvas a hacer. Intenta siempre responder ¿De acuerdo?
Asintió con la cabeza.
—esta ha sido una grandiosa cena Tai.
—¿de verdad? yo pensé que...
—grandiosa Tai.
Se miraron por un instante y el moreno subió su mano hasta la barbilla de Mimí quien miraba con curiosidad. Con el dedo pulgar rosó el labio inferior de esta.
—¡oh disculpa! —Dijo avergonzada— ¿tenía kétchup?
Tai la miró y sonrió con picardía, la castaña se ruborizó. Negó con la cabeza y, con voz profunda y seductora respondió en un susurro.
—ahora sí.
Mimí frunció el ceño y miró con desconcierto. Tai se acercó y con su boca limpió el rastro de salsa de los labios de la chica que él mismo había dejado. No pudo evitar reír y ella lo acompañó pero no duró mucho pues, Mimí lo tomó con ambas manos por el rostro y unió sus labios con los de él quien correspondió dejándose llevar por la pureza y calidez de la joven.
—Estás loco —susurró ella rompiendo el beso.
—lo sé. —Respondió él— eres grandiosa Mimí, me robas la respiración.
Se alejó un poco de ella y dijo:
—este es un momento a recordar, Kari dice que hay que plasmar cada momento en un recuerdo físico.
Se movió y de un bolso que tenía el joven sacó una cámara digital. La colocó a distancia y capturó el momento: él mirando a la cámara con su sonrisa jovial y fresca y ella dando un beso en la mejilla del moreno mientras guiñaba el ojo y veía hacia la filmadora. Ella lo volvió a besar y entre un sin fin de comida y de diferentes olores su velada fue maravillosa pues estar al lado de Tai era estar en el cielo.
Encogió sus pies, los colocó en la silla de escritorio y comenzó a girar en ella, levantó sus manos y gritaba con alegría.
—¡Te adoro Tai Yagami!
Pero su alegría se esfumó al ver la hora en el reloj de pared… otro grito al aire:
—¡ES TARDE!
Y dicho esto cayó al piso en su desespero por salir corriendo a prepararse.
Yamato iba hablando con Takeru su hermano menor que estaba ansioso por mencionarle a Matt que llevaría a Hikari a cenar esa noche al Tokio café. El rubio mayor le comentó que él iría por un café esa tarde.
—creo que te lo mencioné.
—¡sí! Por eso es que se me ocurrió llevar a Kari.
—ya veo. Creo que tengo tiempo sin salir a una cena. Seria grandioso ir juntos.
—¡NO! —dijo alarmado.
—viejo no era necesario gritar. —se quejó el rubio mayor mirándolo de reojo.
—no es eso puedes ir, siempre y cuando actúes como si no me conoces.
—Sientes vergüenza de mí, — lo tomó por el cuello y le hizo un pequeño gancho, luego alborotó el cabello dorado de su hermano— pequeño bastardo.
—no, es todo lo contrario — se soltó del agarre y reía— te admiro Matt, pero deseo ver a Kari hoy y pasar un momento romántico.
—Ya veo, creo que cambiaré la cita de un café a una cena —hizo una pausa y espetó— mira quien viene allí, tu morena Yagami.
—¡ey! Eso sonó a una burla.
—los Yagami son una familia peculiar ¿o no lo crees? Si no me crees mira y estudia bien a Tai.
—ella es diferente y calla que está cerca.
La chica sonrió y saludó a Matt que con un movimiento de cabeza seguido de uno con su mano saludó y se despidió dejando a los chicos solos.
En el camino a su departamento sacó una pequeña tarjeta en donde había un número en letras plateadas y el nombre de Zoe Orimoto.
—¿Por qué no? —pensó en voz alta. Sacó su teléfono y marcó el número— halo, con Zoe Orimoto. Habla Matt.
—Ishida que placer escucharte, iba a hablar con tu manager a ver si la cita por el café iba en marcha.
—por eso llamaba me temo que cancelaré la cita.
—oh ¿y eso? —se notaba decepción en su voz.
—quería cancelarla y posponer tu pago hacia mí, a cambio te llevaré hoy por una cena. ¿Qué dices?
La chica del otro lado de la línea estaba inmutada y silenciosa.
—¿hola? Zoe ¿estas allí? —preguntaba al no escuchar a nadie hablar.
—si Matt y si, será un placer salir a cenar contigo.
—genial, paso por ti en la noche. Dijeron que hoy habrá un especial mexicano. Nos vemos, adiós.
Finalizó la llamada y se dirigió a su casa ahora por su nuevo plan debía de buscar un traje que encajara con el estilo del lugar. Miró su teléfono ni un mensaje de Tai.
No contesta ni envía mensajes ¿estará con Mimí?
Ella se alejó y lo miró por un instante con admiración. Él hacía lo mismo, no era necesario decir "me vuelves loco" pues, ya sólo con esa mirada y esa sonrisa que ocultaban sus labios era suficiente, decirlo era caer en la redundancia. Sin embargo el joven Yagami dejó salir las palabras de su boca:
—deberías de ir a cambiarte de ropa, te llevaré a un lugar especial.
—¿a un lugar especial?
—sí, es una sorpresa y como sabrás las sorpresas no se dicen antes de darlas.
—Tai…
Se detuvo, su tono de voz indicaba que algo malo sucedía pero, debía de callar, debía de dejar que el momento la llevara sin más, detener este tiempo casi perfecto no le seria perdonado… luego preguntaría ¿Qué había pasado con Mimí? Pero sería luego, hoy, ahora no, eso no importaba.
—ok, ve a ducharte. Termino de comer y voy a cambiarme. —dijo la pelirroja.
Él se acercó y le dio un beso casto en la boca y luego de una palmada en el trasero a la chica –que miraba asombrada por la acción- luego le guiño un ojo y se perdió por el pasillo.
¡¿Desde cuándo Tai actuaba tan… tan así con ella?!
Un momento más tarde. El moreno había salido con una camisa negra de botones, encima una chaqueta azul de algodón y unos pantalones de mezclilla, con detalles rasgados; sus zapatos eran de cuero, casuales y negros. Él miraba a Takenouchi que lo esperaba en el comedor sentada, al verlo ella quedó un tanto sorprendida, a pesar de la distancia podía oler el perfume de Tai, era asombrosamente divino, su aroma la embobaba a tal punto de perder el juicio. Ella se levantó y se dejó ver. Llevaba un pantalón negro pegado por todo su cuerpo (desde las caderas hasta los tobillos) una camisa de vestir azul rey, botines negros, pulseras y aretes del mismo color, un poco de delineador negro para sus ojos y un rosa claro en sus labios. Su cabello suelto que llegaba unos centímetros debajo de sus hombros. Tai la miró sorprendido.
—No sé a dónde vamos —dijo con timidez Sora— ¿espero así este bien?
Hablaba de su ropa. Que estaba más que bien para Tai, dejaba ver una sensual y traviesa Sora. Una que no veía desde la preparatoria.
—No está lloviendo. ¿Quieres ir en motocicleta?
—No sé a dónde voy Tai. Podría decirte que iré en camello y no sabría la diferencia.
—Pero que directa estas hoy Sora. Te hace falta un par de besos para que te tranquilices.
No era una mala idea. Se decía para sí misma. Él moreno rió con descaro y mordió de manera sensual su labio inferior manteniendo la risa. Paso a la mesa donde estaba Sora tomó sus llaves y su teléfono y sin decir más llevó de la mano a su amiga hasta afuera del apartamento, para luego ir a aquel lugar en donde había planeado ir.
Era muy evidente que el chico sentado en el público era Yamato Ishida, el muy reconocido Yamato junto a una rubia de ojos verdes. Muy linda y despampanante en aquel vestido negro que resaltaba su silueta. El dueño del lugar lo observó y no quería ser un aguafiestas, pero varias personas del lugar habían ido a preguntar si el rubio cantaría esa noche. No le quedaba de otra que molestarlo.
—Disculpe joven Ishida. Lamento molestar, pero varias personas que vinieron al restaurant hoy quieren saber si usted…
—Estoy en una cita ahora. Lo lamento no…
—Sí, si desea que cante él lo hará.
Matt giró a ver a Zoe, suspiró y miró al señor mayor.
—¿está de acuerdo? —preguntó el dueño del luga.
El joven rodo los ojos y con el cejo fruncido aceptó. El señor dio las gracias y luego se fue.
—¿Por qué el mal humor? —preguntó divertida Zoe.
—no debiste comprometerme. —dijo secamente.
—Lo sé, pero eso quise hacer. Comprometerte, veo que no te gusta hacerlo.
El joven soltó un suspiro. Cambio de conversación.
—¿Cómo has estado?
—muy bien, aunque debo decir que estuve a punto de cancelar la cita.
Matt se sorprendió.
—¿en serio?
—¿te sorprende? Nadie cancela a Yamato Ishida ¿no?
—de hecho te sorprendería saber cuántas lo hacen.
Esta vez la sorprendida era la rubia.
—¿y eso? ¡AH! Déjame adivinar: eres seco, arrogante, lobuno y para nada sociable. —hizo una pausa y luego ironizó— ¡NO! No veo porque te dejarían plantado.
Yamato la veía con mirada insondable. Risueño… con esa sonrisa ladeada y galán.
—nunca dije que me hacen desplantes. Solo dije que te sorprendería saber cuántas chicas se hacen las desinteresadas y me cancelan… solo para que yo las busque, al final ellas vuelven arrepentidas.
¡que arrogante!
La joven antes de responder fue interrumpida por el camarero que le servía una botella de vino y dos copas señalando al señor panzón, enano y de calva a un lado. El dueño del lugar que hace un momento había ido a hablar con los jóvenes.
—Su cena va por la casa. —Apuntó el joven que luego se fue.
—¿siempre es así? —dijo Zoe.
Yamato la miró con la ceja arqueada.
—Siempre tus cenas ¿son gratis?
—prestaré un servicios hoy, así que no es gratis.
—pero te habías reusado, si no es por mi…
—hubiese tenido que pagar. No es mal de morir.
De nuevo la jactancia del rubio salió a relucir. Zoe lo miraba era algo enigmático, su porte de chico rudo y malo. Sonreía fascinada.
—Un hombre jactancioso. —dijo con petulancia mientras bebía un sorbo de su vino.
—¿soy un hombre jactancioso por decir la verdad?
—No, es por como dices la verdad.
El joven tomó un sorbo de su copa. Se levantó y espetó.
—Me han estado haciendo señas, debo ir a trabajar — se inclinó y justo encima del hombro de la joven susurró— gracias a ti.
Se repuso y siguió su camino hacia tras vestidores. No sin antes detenerse y darle la mano a un joven de traje negro y de alta costura, elegante y de buen porte. La joven giró su vista y notó que una pareja de chicos entraban por la puerta y reconoció al caballero que acompañaba a la chica, era Takeru, el hermano menor de Matt, sacaría información sobre Ishida. Debía conocer al menor de los rubios.
Ella llevaba un vestido rojo, ceñido al torso y suelto en su falda, botas marrones hasta sus rodillas de tacón algo alto y una chaqueta de cuero hasta mitad del torso. Su cabello castaño con reflejos rubios y ligeramente ondulados en sus puntas. Mimí Tachikawa era sin duda una hermosa mujer, y aunque pareciera imposible lograba verse más hermosa cuando humedecía sus labios en gloss y realzaba sus pestañas y ojos con rímel y delineador sobre la fina capa del polvo compacto y en sus mejillas colocaba un poco rubor durazno lograba deslumbrar aún más.
Un hombre se acercó a ella y le dijo:
—hubo un cambio de planes, tocaras ahora ya que más tarde lo hará el vocalista de lobos adolescente.
¡Maldito hijo de…!
—¡¿Yamato Ishida cantará hoy?! —dijo con asombro y elevando aún más la voz— ¡ESTTA AQUÍ!
El chico que no era más que un camarero indicó con su vista la dirección en donde estaba el rubio. Mimí dio pasos rápidos y pesados hacia Matt que al verla ir hacia él se disculpó con el hombre con quien hablaba y entró hacia una especie de bodega o camerinos. Mimí lo siguió.
—¿me estas siguiendo ahora? —Dijo con enfado— me acosas.
—Mimí por favor, no es más que una coincidencia. —respondió relajado.
—pues no lo creo.
—Mimí, ando en una cita. Ni sabía que estabas aquí. ¿Cantaras?
—¡NO! —ese no era asunto de él. Andaba furiosa aún más porque posiblemente él esté con otra chica.
El rubio rió y miraba el pecho de la joven.
—¿Qué miras pervertido?
Matt pasó su mano por su nariz con rapidez, soltó una risa graciosa y luego metió su mano en el bolsillo del pantalón elegante que portaba. Lucia muy distinguido en un traje de camisa blanca, saco y pantalón de una tela fina y de color negro, corbata plateada y zapatos de vestir negro.
—¿se puede saber que te causa tanta gracia?
Y con sus ojos volvió a señalar el pecho de la joven, luego sacó una mano de su bolsillo y señaló con ella, esta vez.
—es curioso que no cantes hoy y lleves contigo ese pase de cantante.
Mimí se puso colorada y frunció el cejo, arrugó su nariz y labios e infló sus mejillas.
—¿pucheros Mimí? ¿No estamos muy grandecitos para ello?
—Eres de lo peor Yamato. — caminó hacia Matt y le pasó por el lado rumbo hacia la puerta— hazme el favor y no te entrometas en mi vida.
—te dije que no estoy aquí por ti.
—Sí, seguro —dijo en sarcasmo— sólo… sólo no te metas más en mi vida, sufriente daño has hecho en ella.
—lo sé. Por eso hace mucho que me fui de ella. — Dijo con su cara relajada y con culpa.— pero debes saber que estoy con una hermosa rubia aquí. No vine por ti Mimí, en serio, sólo fue casualidad.
—no creo en casualidades. Pensé que tú tampoco.
—Casualidad, destino, coincidencias. Llámalo como quieras pero no estoy aquí para acosarte, sé que lo tuyo y lo de Tai va en serio.
—muy en serio. —recalcó la castaña.
—no tienes que restregármelo.
—y tu si podías restregarme a tus mujeres por el rostro.
Y allí dejó salir su rabia contenida por años.
—¡Cuantas veces te diré que lo mío y Jun no fue nada!
—las que quieras. Igual no te creeré.
—lo sé. Por eso no fui tras de ti.
La joven sintió una punzada. Era tan poco para Matt que ni la pena valía para él.
—¡Idiota jactancioso! —Decía mientras se acercaba a él y con el dedo índice pulsaba fuerte en el pecho del joven— eres poco hombre, idiota, arrogante… no vales la pena, no vales lagrimas ni noches de dolor eres un…
Se sentía atacado pero divertido. Mimí se había vuelto loca ¡MAS AUN! Solo hay una cosa para hacerla callar. Pensaba el rubio. Ella seguía insultando.
—…un altanero y…
Fue silenciada por el agarre repentino y el beso casto del rubio. Abrió los ojos sorprendida mientras este la besaba, no reaccionaba y sentía que… sentía que… sus pensamientos se borraron y sin darse cuenta ya estaba besando al rubio. Su mano estaba sobre la de Yamato, la otra se movía en dirección al cuello del joven que la atraía más hacia él y apretaba la pequeña cintura de la castaña con fuerza. Sus labios bailaban en el compás de una música inigualable, la música expedida desde los corazones acelerados y emocionados que retumbaban en el lugar. Sus cuerpos se relajaron olvidando todo y dejándose consumir en aquella unión de labios que se profundizaba y estaba llegando al frenesí.
Una morena de pelo corto y de falda negra hasta la cintura con un cinturón y encima de una camisa de botones blanca de manga cortas, con zapatos negros altos y de suela roja. Una joven de ojos rubíes y muy bien conocida por los dos chicos entró a la bodega en busca de Mimí para desearle buena suerte, pues, había recordado que ella le mencionó que tocaría allí esta noche.
—oh disculpen —dijo con vergüenza aun sin darse cuenta de quienes eran y con intención de retirarse.
Los jóvenes se sobresaltaron y miraron a ver a la joven que no tardó en reconocer a Mimí y a Matt.
—¡KARI! —dijeron al unísono. Aun abrazados y con las manos en la masa.
La castaña Yagami miraba con los ojos abiertos y sorprendida. Los miró a ambos y se giró saliendo con rapidez del lugar cerrando la puerta. Mimí se alejó de Matt quien se notaba preocupado, independientemente de todo Tai era su amigo y él no debía de entrometerse entre ellos.
—¡¿ves lo que has hecho?! — su momento de debilidad acabó y su rabia había vuelto.
—¡¿yo solo?!
—sí, tu empezaste todo.
—oh pero mírenla, te lavas las manos. Si no recuerdo mal tú continuaste el beso, te pudiste haber negado.
—¡te odio! ¡Siempre estas arruinando mi vida!
La joven salió con rabia del lugar y Matt resoplaba mientras la veía alejarse. Caminó hacia Kari pero antes de llegar a la mesa de la chica fue detenida por un hombre que le indicaba que debía salir a escenario. Miró a la castaña que no apartaba la vista de ella, luego notó que veía hacia otra dirección. Mimí volteó y miró a Yamato que parecía calmado y charlaba con una rubia alta.
¡Infeliz! Aún sigue jugando conmigo. Me besa y pone en una situación delicada con Kari y Tai y luego va con su rubia teñida. ¡Canalla! Me las vas a pagar. Cavilaba Mimí. Es un idiota infeliz, sólo me hace daño no sé cómo pude tan solo pensar en un momento que él… que él era el amor de mi vida.
Mimí estaba molesta, aunque no sabía si era por el beso que debía ser secreto y fue descubierto o por el hecho de ver a Matt sonreír como si nada hubiese pasado con una rubia que para ella era horrible y sin glamour.
—¿señorita? —dijo el joven sacando a Mimí de sus pensamientos.
—¡ya iré a cantar! ¿Están listos los mariachis?
—si señorita.
Se dio media vuelta y se dirigió a la tarima del lugar.
El lugar era hermoso, el acabado post moderno, los colores cremas y los cuadros de artistas reconocidos hacían que Tokio café se viera elegante y sofisticado. Pero era su música la que fascinaba y aunque Mimí era una cantante de música contemporánea del siglo XXI, esa noche cantaría canciones rancheras debido a que ella sabía muchas y a que el dueño del lugar le había pedido que cantara ese tipo de música. Algo diferente para el lugar y atraer nuevas clientelas. La chica se acercó a uno de los mariachis y dio el nombre de una nueva canción.
El mariachi dijo:
—muchachos "me equivoqué contigo" y uno, dos, tres…
Comenzó la música y la mirada de la castaña estaba fija en Matt, lo veía enrabiada y con dolor. Los violines y las guitarras empezaron a hablar dejando un deleite en el ambiente. Mientras que a Matt le puso los sentidos a valer, sorprendido y algo molesto al darse cuenta de que toda esa música era con él.
La letra emitida y cantada por Mimí comenzó:
"me equivoque contigo, me equivoque a lo macho… como muy pocas gentes se habrán equivocado. Te conocí en la iglesia y te miré en silencio por no turbar tu rezo que para mí es sagrado. Por tu carita buena y tu mirada clara, por tantas otras cosas hubiera yo jurado."
En medio de la canción Matt miraba el espectáculo, su sangre estaba que hervía y debía de callar a Mimí. Dejó a Zoe en la mesa y se levantó hacia el escenario donde aguardó su turno. Esta lo miraba subir y comenzó a cantarle girando y dándole un lado al público que aplaudía la llegada de Matt.
"pero que triste realidad me has ofrecido, que decepción tan grande haberte conocido, quién sabe Dios ¿por qué te puso en mi camino?"
Yamato se acercó hasta el mariachi que había hablado hace rato y le susurró algo. Luego espero que terminara la canción y le quitó el micrófono a Mimí.
El "un, dos, tres" del mariachi indicaba una nueva canción y la cara de Mimí al escuchar la nueva melodía se sorprendía.
"se me acabo la fuerza de mi mano izquierda. Voy a dejarte el mundo para ti solita como al caballo blanco le solté la rienda más a ti también te suelto y te me vas ahorita. Y cuando al fin comprendas que el amor bonito lo tenías conmigo vas a extrañar mis besos en los propios brazos del que este contigo. Vas a sentir que lloras sin poder siquiera derramar tu llanto y has de querer mirarte en mis ojos claros que quisiste tanto, que quisiste tanto que quisiste tanto
Por cada palabra salida de la boca de Yamato, por cada acto de dramatización y mímico que daba Matt, Mimí fruncía el cejo y lo miraba como para matarlo, en cambio de caerle a golpes prefirió ir hasta el mariachi una vez más e indicarle una nueva melodía, tomó otro micrófono y al acabar la canción de Matt un nuevo "un, dos, tres" seguido de un aplauso se hacía escuchar.
"no me amenaces, no me amenaces. Cuando estés decidido a buscar otra vida, pues, agarra tu rumbo y vete. Pero no me amenaces, no me amenaces, no me amenaces. Ya está grandecito, ya entiendes la vida, ya sabes lo que haces. porque estas que te vas y te vas, que te vas te vas y te vas, que te vas y te vas, que te vas y te vas y no te has ido y yo estoy esperando tu amor, esperando tu amor, esperando tu amor o esperando tu olvido.
Matt miraba con incredulidad. E hizo lo de hace rato: se acercó a pedir una nueva canción. El mariachi dijo una vez más.
—"das media vuelta" un dos tres…
"te vas porque yo quiero que te vayas a la hora que yo quiero te detengo, yo sé que mi cariño te hace falta porque quieras o no yo soy tu dueño. Yo quiero que te vayas por el mundo y quiero que conozcas mucha gente, yo quiero que te besen otros labios para que me compares como hoy como siempre…
La última canción del duelo se hizo presencia. "tomate esta botella conmigo" pedida por Mimí. Ella comenzó a cantar.
Tómate ésta botella conmigo y en el último trago nos vamos quiero ver a que sabe tu olvido sin poner en mis ojos tus manos.
Matt
Ésta noche no voy a rogarte, ésta noche te vas de deveras* que difícil tener que dejarte sin que sienta que ya no me quieras.
Mimí y Matt.
Nada me han enseñado los años… siempre caigo en los mismos errores, otra vez a brindar con extraños y a llorar por los mismos dolores.
Tomate esta botella conmigo y en el último trago me besas, esperamos que no haya testigos por si acaso te diera vergüenza, si algún día sin querer tropezamos no te agaches ni me hables de frente, simplemente la mano nos damos y después que murmure la gente.
Tómate esta botella conmigo y ¡en el último trago nos vamos!.
El aplauso del público fue colosal, la función repentina había tenido éxito. Mimí y Matt se miraban con esa mirada de odio, dolor, resentimientos y amor, un amor frustrado. Mimí miró al público Kari la miraba con una mirada póker. Abrió sus enormes ojos, miró a Matt y le dio una revirada de orbes seguida de la espalda y se marchó del lugar. Matt hizo lo mismo y bajó del escenario molesto sin duda molesto por caer en el juego de Mimí, molesto por no dejar que le explicara lo de Jun, molesto por estar ella en los brazos de Tai. Miró a Zoe, quién lo miraba estupefacta, indignada y algo celosa, era notorio que se querían aun. Ella lo sabía después de todo era reportera y acababa de indagar en la vida de Matt.
—Lo siento —se disculpó el joven— fue un impulso es que…
—tranquilo. ¿Seguimos con la cena?
—sí, pero antes debo arreglar unas cosas antes. ¿Me esperaras?
—seguro.
Se dio media vuelta y buscó a Mimí que lloraba en el lugar en donde hace un rato había sido besada. Él la miraba sollozar y no sabía qué hacer. Quiso dar media vuelta pero…
—no importa lo mucho que repita que no te extraño. Siempre sabré que es una mentira.
Mimí habló y echó una confesión que sorprendió a Matt.
—no creo que sea mentira, estas con otro ahora, otro que es mi mejor amigo.
—pero te amo a ti.
—Mimí, ¿Qué deseas de mí? —estaba confundido por las señales confusas que Mimí dada.
—sabes… yo siempre esperé a que fueras por mí, a que llamaras, enviaras un mensaje ¡algo! Pero en cambio recibí tu olvido. —hizo una pausa y siguió. Matt guardaba silencio, observaba sin decir o moverse— tenías razón con aquella canción, he deseado ver tus hermosos ojos en los de Tai.
—querías que te olvidara Mimí.
—¡no! —Gritó— Quería que lucharas por mí. Esperé y esperé. Pero tú nunca fuiste por mí.
—¡tú dijiste que no querías escuchar nada! —respondió con otro grito.
Ella que le daba la espalda bajó la voz. Aun lloraba.
—estaba dolida.
—¡¿pero quién te entiende Mimí?! —Se podía sentir la frustración en su voz— No deseabas escucharme y por ello no intenté hablar ahora vienes y dices que debía de haberlo hecho cuando tú misma me pediste que no lo hiciera. ¿Si lo hubiese intentado me habrías perdonado?
Callaron. Mimí lloraba y le daba aun la espalda a Yamato, quién la miraba desde una distancia prudencial.
—¿habrías vuelto conmigo? Sinceramente no lo creo. Sólo eres capaz de ver lo que quieres y no lo que debes, te pedí disculpa y te dije que lo de Jun fue un mal entendido que fue ella quién me tomó por sorpresa y me besó. Pero preferiste correr. No fue Jun, tenías miedo.
—¿miedo? —dijo volteándose.
—sí, miedo a sentir lo que yo te hacía sentir. Cosas que ni con Tai lo has logrado hacer. De nuevo sincerándome sé que no es lo mismo y que ni un 10% de lo que te producía yo lo lograras con él.
—tú eras un capricho. A él lo amo.
—por eso te dejaste besar hoy.
—¡tú comenzaste, La culpa fue tuya!
—así como fue culpa de Jun que te alejaras de mí.
—eso no es igual.
Volvieron a los gritos.
—¿a no? Entonces ¿Qué es igual para ti? Sabes que tengo razón. Tú me amas aun y no sientes nada por él. ¿Por qué no lo aceptas? Lo acabas de decir me extrañas, me amas. Acéptalo.
—¡no quiero que me vuelvas a herir! —su voz se quebró y dejo aflorar sus sentimientos— ¿Bien? Me daba miedo volver a sentir lo que sentí al verte con Jun, el pecho lo sentía presionado y pesado. El alma se fue de mi cuerpo no latía mi corazón, me sentía a morir.
Él se acercó a ella con pasos dudosos, mirada apacigua y triste, podía sentir el dolor de ella, la miseria y el sufrimiento lo podía sentir porque eso sintió el al enterarse de su relación con Tai.
—lo siento. Mimí yo…
—No —interrumpió con un susurro— déjame cometer el ultimo error contigo.
La joven avanzó con mucha agilidad y rápidamente. Colocó los brazos sobre los hombros de Yamato y besó su boca. No fue necesario siquiera decir algo. El cerrojo de la puerta fue pasado y la desnudez de aquellos dos cuerpos se hizo evidente, sus manos rosaban el cuerpo del otro, y sus labios se unían con pasión y libídine. En aquella bodega que no estaba muy lejos de Kari (la hermana menor de Tai) o de Zoe (la cita de Matt), no muy lejos de ellos y sin ningún remordimiento hicieron el amor. El amor que fue cohibido por más de dos años y ahora era imposible de evitar, imposible de callar aquellos cuerpos que gritaban estar unidos.
"un último error contigo"
(*) de deveras: según sé, es una palabra que está en el léxico mexicano y se refiera a "de verdad" "en serio". Puede que sea dicho por personas de origen humilde.
lamento lo tarde o la tardanza.
gracias por sus RR's.
PD: Matt aprendió rancheras cuando salia con Mimí y esta las aprendió de su tío en USA Texas. xDDD
