Siento mucho el retrazo, tuve unos cuantos problemas T.T Pero wueno ya está aquí:
Para mi hermanita Hayame y mis lindos sobrinos, que ojalá estén bien y que Emily no haya sido muy ruda con ellos; y para Rey que al fin nos conocimos.
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Acto Séptimo:
Las Flores del Hielo y el León Tuerto
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Final del capitulo anterior:
–De acuerdo, entiendo lo que dices… lo… lo intentare. –Wufei asintió, tenía lo que buscaba. –Ahora dime, ¿Quién te hizo eso?- Heero refirió la cicatriz de Wufei en el ojo derecho. Sabía que aquel que lo había hecho, era una persona de considerarse temible, pues Wufei jamás permitiría que lo tocasen, ni siquiera, en una batalla cuerpo a cuerpo.
Wufei río un poco y suspiró antes de contestar a la última pregunta de Heero, cuya respuesta, no solo dejaría ver en Heero la capacidad de sorprenderse, sino que también aclararía por que Wufei confiaba de tal manera en cierta persona, y dando a entender a Heero, después de una explicación de lo ocurrido para que aquella marca quedara en el rostro, que el motivo de su desconfianza tendría que ser alguien más.
Así contestó con un nombre…
–Saker.
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Una queja grave, opacada por la puerta del baño, lo despertó.
Duo levantó la cabeza de la almohada, ¿que pasaba? Con los ojos todavía hinchados y la congoja del sueño, se movió entre las cálidas sabanas para ver su alrededor. En la habitación no había nadie y la cama de alado estaba medio arreglada. Estaba algo sorprendido, ¿se había quedado dormido más de la cuenta?, acostumbrado a levantarse a una hora en la que todavía no había luz, le sorprendía lo brillante del día. La luz que había en el cuarto era intensa, brillante y clara, entraba por la ventana detrás de él. Giró su cabeza y estiró su cuerpo hasta llegar a asomarse. Cuando lo hizo abrió descomunalmente los ojos. "Rayos" se dijo así.
Desde su ventana, podía ver el movimiento de una ciudad entra, casi en sus narices, desde ese lugar nada le impedía la vista y cada una de las personitas, moviéndose para todos lados, todas vestidas de un mismo color azul, unas bajando, otras subiendo, muy ocupados en sus asuntos, eran como un hormiguero gigante… y helado.
Luego un sonido lo distrajo. Venía detrás de la puerta del baño. La regadera abriéndose. "Ah, Heero me ganó el baño" Duo se volvió a meter en las sabanas y se acomodó para recuperar el calorcito del sueño. Que rica era esa cama, justo como en la noche anterior… ¿En que momento regresó a su cama? Es más, ¿cuándo había regresado al cuarto?
De nuevo sentado en la cama, Duo se rascó la cabeza. Qué extraño, no tenía olvidos y menos de esa manera. ¿Qué le había pasado a noche? En ese momento los recuerdos de Duo volvían a la noche anterior. La canción de un piano, la luz de la lámpara reflejándose en el rojizo cabello, las galantes manos deslizándose por las teclas, los ojos ambarinos medio cerrados brillando y una sonrisa disimulada en el rostro. Recordó recargarse en el acolchonado respaldo de la silla desde donde contemplaba aquella imagen. Como poco a poco fue cerrando los ojos, si, se acordaba de eso. Recordaba que nunca antes había escuchado algo que lo reconfortara tanto, una extraña calidez de hogar, algo que nunca había tenido o sentido. Al escuchar la melodía de Saker, un hogar.
Le recordaba al padre Maxwell y a la hermana Helen, a la únicas personas que hasta antes de sus amigos habían tenido un valor sentimental para él. Sí, por eso mismo le había pedido a Saker que siguiera tocando, casi con suplica lo había hecho, algo que en realidad era poco común en él. Pero lo había hecho… lo había hecho porque, él estar con Saker, a pesar de que lo conocía hacia tan sólo unas horas en realidad, le hacía sentir muchas cosas: cómodo por su amabilidad, seguro por su carácter, desinhibido por su buen humor, intrigado por su misterio, libre de culpas y tranquilo por la confianza que Wufei tenía depositada en él. Que a decir verdad, eso no era cualquier cosa, Wufei con muchas dificultades había aprendido a confiar en ellos, y que confiara, en tan sólo año y medio en Saker era algo llamativo. Pero para Duo no sólo era eso. Duo tenía que admitir que sentía cierta atracción por Saker,… atracción como la que se siente cuando uno encuentra a un personaje de cuento de hadas de carne y hueso. De este modo lo definía él, al menos eso era lo que pensaba.
Los pensamientos de Duo retrocedieron unos instantes a la noche anterior.
"Vamos Duo, levántate, no es bueno que duerrmas en el sillón"
Le llegaron las palabras como si las hubiese sacado del pozo más profundo de un sueño, y no estaba equivocado. Recordó la imagen medio borrosa de Saker en frente de él, tratando de hacer que se levantara.
"Duo, vamos, te lastimarras"
Duo recordó haberse movido, pero no despertado, estaba tan cómodo. Se había quedado más que dormido en la silla mientras le escuchaba tocar. Saker había conseguido, sin quererlo, que se quedara suavemente dormido. La silla era incomoda pero sensación se desvaneció, se elevó de la silla y en los brazos de Morfeo, cálidos y fuertes, llegó a su habitación, recostándose en la anhelada cama. También recordaba como las sabanas le habían cubierto mágicamente y había caído en el sueño, más pesado que un yunque.
"Quien habría pensado que mis problemas de insomnio, se arreglarían con una canción de cuna" bromeó para si mismo. Rascándose la cabeza y bastante colorado por identificar de quien eran los "brazos de Morfeo". Sonrojado pensó: "Saker debe de pensar que soy un inmaduro por como me comporto. Pero no importa, le agrado igual. Sí a él le gusta como soy", no le incomodaba en absoluto saber que Saker le había cargado hasta la cama, algo avergonzado si estaba, pero no le molestaba.
Entonces los ruidos del baño, cesaron un momento para luego dejar aparecer por la puerta, el estoico Heero Yuy, cubierto con una bata de baño larga y gruesa. "A diferencia de otros" pensó Duo, frunciendo el entrecejo mirando a Heero más en gesto infantil que de enojo.
Este ni lo miró y se dirigió a su maleta sobre su cama y sacó la ropa que iba a usar, bajo la atenta mirada de Duo.
–Al menos me hubieras despertado –le reprochó a Heero, cruzando los brazos. –O me hubieras dicho que te ibas a bañar primero –Heero le dirigió una mirada de esas que no decía nada, sólo demostraba que lo estaba escuchando, que ya era decir. Después acomodó sus pocas cosas de la maleta en el ropero, entre ellas su inseparable laptop, que revisó minuciosamente con el ceño fruncido, como si esperara ver al menos un diminuto rasgón.
Duo había decidido levantarse y dirigirse al baño. –Seguro ya te acabaste el agua caliente –volvió a reprocharle mientras se deshacía la trenza.
–No había agua caliente –contestó, para su sorpresa, Heero.
–Claro, de seguro te la acabaste –murmuró Duo, abriendo la puerta del baño.
–Duo. –Heero lo llamó, él lo miró y dijo algo increíble en un tono de amenaza, viéndolo directamente a los ojos. –No te laves el cabello o te mueres.
–¿Qué? –exclamó con el corazón dándole un brinco mortal y helando su sangre. "Oh, no, seguro se acordó de lo de ayer en la tarde, seguro es una advertencia" los pensamientos de Duo eran rápidos, nerviosos e incoherentes que mas decir. Su cuerpo se había tensado y estaba convencido de que tenía la cara de "What" más pasmada que nunca.
Al ver la reacción de Duo, tan alarmada y con el cuerpo tenso –Te dará hipotermia, demasiado fría –contestó telegráficamente, Heero, explicando su advertencia.
–¡Ahh! –exhaló Duo aliviado, dejando de tensar su cuerpo y todavía con los ojos medio fuera de sus orbitas, sin poderlo evitar se metió al baño medio tieso –Claro. –Cerró la puerta tras él. Heero lo observó, en realidad era divertido ver como lo había espantado con una tontería semejante. Si Heero fuera menos estoico, se hubiera reído. Pero volvió a su tarea como si nada.
La laptop estaba intacta, rayos se le había escapado un buen pretexto para fastidiar al estúpido Coronel. Sacó poco a poco sus cosas y las acomodo en el pequeño closet, de todos modos este quedaba bastante vacío. Heero nunca cargaba con muchas cosas, pero ahora que lo notaba, tenía que admitir que la ropa que traía no le serviría de mucho.
"Wufei lo debe de tener previsto, la Teniente mencionó algo sobre unos trajes" pensó. Luego sus pensamientos derivaron a otra cosa, o más bien a otra persona, como desde el momento que había llegado a la base, cuando conoció al pesado Coronel. Ese rígido personaje que nada más se reía con Duo o con Wufei, pero parecía estar buscando pelea con él.
"El Coronel" Heero pensaba ese cargo con especial rabia, no le agradaba y si no fuera porque Wufei le tenía tanta confianza, sería el encabezado de la lista de sospechosos infiltrados en la base, seguido de la loba de Wufei.
Heero fruncía el entrecejo con tan sólo pensar en Saker. ¿Por qué demonios le molestaba tanto?, estaba seguro de que nunca antes le había pasado eso con nadie y con éste estuvo a punto de perder los estribos.
La noche anterior regreso a su mente.
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Heero mostraba por primera vez en su vida, sincera sorpresa. Sentado en la silla en la que había estado toda la tarde, con la vista en Wufei, pero con su atención en el fondo de su cabeza. Pensando, recordando. Wufei acababa de contarle como era posible que Saker lo hubiera marcado de aquel modo y la situación por la que había ocurrido.
–Increíble, ¿verdad? –Wufei lo regresó a la habitación, su rostro ahora se veía diferente, no sólo por la cicatriz de su ojo o por el cabello más largo y el flecho que caía como una cortina en el costado derecho de su cara. Ahora, Heero, entendía mejor por que el extraño y radical cambio de su compañero. Wufei había vivido dos veces más que ellos en ese tiempo. Wufei había vivido una guerra oculta y encerrada en esa base y también había, por así decirlo, renacido. Ese lugar le había enseñando muchas cosas, que por ahora sólo había mostrado algunas a sus amigos.
Suponía que la cara de Wufei, ahora se reflejaba un mito de su cultura, un mito que sólo se les daba a los ancianos, pero que ahora veía materializado frente a él. "Sabiduría" Era extraño. Pero no encontraba otra forma de definir esa expresión y esa actitud. Menos después de haber oído esa historia que acababa de salir de la boca de su amigo.
–Si –se limitó a contestar. Wufei suspiró.
–Han pasado muchas cosas, Heero. Poco a poco las sabrán todas, no pretendo ocultárselas, pero todo será a su tiempo. Si con lo que te he contado he logrado sorprenderte y no es ni la mitad –contestó Wufei sonriente, pero cansado, muy cansado, se le notaba en la cara.
Era cierto, para lo que le había contado estaba bastante impresionado. –Si –repitió. Miró a Wufei, tan tranquilo. Éste acariciaba a Frela tan dócil como un cachorro echada a su lado. Ella le miraba. Heero le devolvió la mirada. ¿Por que le miraba de ese modo? No despegaba su vista de él desde que empezó la conversación, no le había tomado importancia, pero ahora esa mirada tan humana que tenia la loba le parecía curiosa. Demasiado azules, demasiado profundos, demasiado inteligentes.
–Su mirada, ¿no es cierto? –pronunció Wufei de repente. Heero le miró. –Si, lo mismo me pasó a mí. Es extraño, pero esa mirada que tiene parece de humano. Lo curioso es que también se comporta como uno. Ella es la criatura en la que más confió, incluso por arriba de ustedes.- Heero no contestó, pero miró de nuevo a la loba. Entonces esta reaccionó. Se levantó de la cama y se acercó a Heero, recargando su cabeza en una de sus piernas. Wufei rió suavemente. –Acaríciala, dile que no estás preocupado como pareces. –Heero levantó la vista. ¿Preocupado? –Si Heero, ella siente que estás preocupado, dile que no es así. Aunque no sea verdad. –Heero miró a Wufei intensamente. ¿Cómo demonios hacia eso? Se daba cuenta de todo y parecía leer su mente. Era cierto, por alguna razón, una que no entendía, estaba preocupado. Bajó la vista y posó su mano en la cabeza de Frela.
–Estoy bien, Frela –dijo, aunque su voz continuaba monocorde, se limitó a acariciarla. La loba le simpatizaba. En realidad si algo le agradaba en la vida era la fidelidad de los caninos y Frela era una excepcionalmente peculiar, pues parecía más humano que animal. La música de piano que venía de la estancia había terminado. Heero levantó la vista y vio los ojos cansados de Wufei, unas grandes ojeras se veían bajo ellos, y con el pálido color que ahora tenía su piel, se notaban más. Wufei había crecido al igual que ellos, él se había alargado más y estaba delgado.
–Me retiro Wufei, necesitas descansar –dijo levantándose de la silla. Frela se hizo a un lado y se sentó observándole de nuevo.
–¿Eso crees? –le sonrió Wufei. Heero le miró. Tal vez su actitud había cambiado, pero seguía siendo igual de terco. –Tal vez sólo necesito descansar una noche. Mañana estaré bien y les enseñare la ba…
–Te noquearé si es necesario para que cumplas lo que le prometiste a la Doctora –cortó Heero secamente. Wufei lo miraba con franco asombro, después, muy divertido al parecer, torció la boca en una sonrisa sarcástica, pero resignada. "No creí que se lo tomaran enserio, tal vez Quatre y Duo, pero ¿Heero? El cambio ha empezado." pensó Wufei.
–De acuerdo, Heero, tú ganas –suspiró. –Será mejor que tú también descanses. Tu habitación en la tercera. –Sin más Heero se dirigió a la puerta, y Frela lo siguió. Al notarlo, la miró como si acabara de preguntarle la hora. Después de unos segundos en los que ninguno se movía, Heero miró a Wufei.
–Dile que no me siga. –Le dijo.
–No me hará caso –contestó Wufei calmado, pero divertido.
–Es tuya.
–Es mía, sí, pero no soy su dueño, Heero, ella hará lo que quiera. –Wufei ahora estaba serio, Heero no contestó, instantes después, Wufei volvió a sonreír. –Tranquilo Heero, seguramente sólo quiere asegurarse de que tú y Saker no se maten en el camino. –Heero le miró de nuevo con el entrecejo fruncido, mientras la sonrisa de Wufei se ampliaba. Talvez no estaba tan agotado del todo.
–Hm –fue lo único que contestó, en tono molesto y abrió la puerta.
Lo que vio le dejó tieso.
Saker llevaba a Duo en brazos y estaba metiéndose a "su" recamara. Tan veloz como pudo, llegó al marco de la puerta donde Saker terminaba de cubrir a Duo con las sabanas. El pelirrojo alzó la vista y la media sonrisa que llevaba en el rostro se desvaneció.
Caminando hacía la puerta y haciendo retroceder a Heero, un paso por la amenazante y decidida cercanía, Saker cerró la puerta tras él y dijo muy lentamente como tentándolo a matar.
–Buenas noches, Señorr Yuy. –A Heero le irritaron estas palabras como si hubiesen sido el peor insulto y su reacción inmediata fue acercarse a Saker tanto que la vista se hacía borrosa por la corta distancia. La amenaza era directa, Saker entendía muy bien. Heero no estaba seguro de por que lo hacía y casi al mismo tiempo que realizó el movimiento, el potente gruñido de Frela se escuchó a su lado. La intimidación era mucho más clara de lo que Frela soportaría. Bajó su vista para clavarla en los azules eléctricos de la loba. Esta no mostraba los dientes, pero sus labios estaban prestos a abrirse. Volvió a alzar sus ojos y clavaros en los fulgores amarillos, pero sus movimientos, al igual que los de Saker y la loba, se detuvieron por completo. Después de unos instantes de la más grande de las tensiones, Frela se movió y empujándolos a ambos se interpuso entre los dos.
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–¡AH! –el grito de Duo dentro del baño, lo regresó al presente. Se giró a tiempo para ver salir a Duo, medio mojado y agarrando únicamente con la mano una toalla cubriéndole ustedes saben donde, con la otra mano señalaba el baño como hacían los niños al señalar el closet debajo de las escaleras de donde salía el monstruo de pelusa por la noche. Con la respiración agitada, exclamó. –¡Esta helada!
–… baka… –contestó Heero.
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Medía hora después, Heero, vestido y bien bañado y Duo, con el cabello seco pero medio mojado de las raíces y con frío, a pesar de llevar casi toda su maleta de ropa encima, salían de su habitación. Afuera en la estancia, Trowa y Quatre los esperaban sentados en uno de los sillones, este último esta sonrosado de la cara… quizá por el frío de la mañana que no había disminuido durante la noche.
–Buenos días –los saludó Trowa totalmente inexpresivo como de costumbre.
–Hola –contestó Duo un poco refunfuñón, Heero no contestó, Quatre saliendo poco a poco de su sonrojo, preguntó:
–Eh… ¿que tal durmieron?
–Hizo frío… –dijo Duo, parecía que estaba de malas, pero recordó algo y sonrió. –Aunque bien, la cama estaba muy cómoda, ¿y ustedes?
–…muy bien también Duo, gracias.- contestó Quatre, bastante contento.
–Sólo que nosotros no sentimos el frío –complementó Trowa, Quatre se quedó muy quieto al escuchar eso, sin despegar la vista de Duo y sostenía el poco aire que le quedaba.
–¿Ah si?, que suerte –comentó Duo con total inocencia, pero Heero se permitió fruncir el ceño.
–En rrealidad, no hizo frío a noche –una poderosa y grave voz femenina quebró el momento de tensión que seguiría, todos se giraron para ver a quien bajaba las escaleras al fondo de la estancia con pasos militares.
–Buenos días, Teniente –saludó Quatre diligentemente.
–Buenos días, muchachos –contestó la mujer con su marcado acento y modales militares. Sus facciones eran muy parecidas a las de Saker. Cejas doradas y delineadas con esa curvatura en triangulo que los ayuda a poner cara de villanos de película, ojos afilados y miel profundo, oscuros pero brillantes, su boca era de labios gruesos, sensuales y rojos, a pesar de que notoriamente no traía maquillaje, una nariz perfecta y estética, y la piel tan blanca como nieve. Recubierta con su espectacular e impecable uniforme azul de bordes y solapas blancas, sus rubios cabellos deslumbraban. Tenía una peculiar característica: un lunar casi en forma de lágrima en la mejilla derecha, un pulgar debajo del ojo. Y aunque era difícil de creer, esto acentuaba su expresión fría, e incluso podría decirse que sádica. En ese momento les sonreía amablemente, aunque se notaba el esfuerzo. –Esperró que a pesarr del frío, hayan tenido una noche agradable. –Torció su sonrisa con notable burla, viendo a Quatre, quien sonrió amablemente pero en sus ojos se notaba un dejo de nerviosismo.
–Si, Teniente… gracias por su preocupación –dijo Duo con la voz desinteresada. La teniente daba miedo, con esa o cualquier otra expresión. Dirigió su fiera mirada a Duo y este contestó con esa común sonrisa suya, algo más forzada de lo habitual. Todos estaban tan ocupados viendo a la mujer de acero, que no se percataron de lo que llevaba en las manos. Algo de un color intenso, pero de formas delicadas y hermosas. Flores.
–Bien, Fhler, si ya dejaste de aterrar a nuestros huéspedes, te sugiero que les invitemos a pasar con el General –otra voz, esta vez suave y cautivadora, llenaba todo el espacio de una habitación sin esforzarse, entró a la escena y los chicos volvieron a girar la cabeza. Otra mujer. De rasgos menos perfectos y más exóticos, de piel canela, labios moderados, sin pizca de maquillaje y atrayentemente cautivadores, cabello negro sideral que enmarcaba su rostro delgado. Las cejas perfectamente hechas y con la imposibilidad de mostrar tristeza. Y esos ojos, verde gélido, que permitía ver con claridad los profundos pozos de las pupilas, cada una de las líneas de los iris y la negra aureola que delineaba el circulo de color de los ojos. Una frialdad con emociones. Frialdad de mujer. Y a pesar de todo, la expresión de su faz era de las más afectuosas que hasta el momento habían recibido en aquel lugar.
–Buenos días, caballeros –saludó de la misma forma suave y cautivadora. –No nos hemos presentado, me temo que yo llegue ayer igual que ustedes. Soy Araxiel Verona. –Se presentó sólo con una elegante y leve inclinación. –Comandante en Jefe de la Base, es un placer conocerles.
–Gracias Comandante… el placer es nuestro –reaccionó algo turbado Quatre, levantándose en el acto. Trowa lo imitó pero con movimientos lentos y veía de reojo a la Comandante, no le agradaba. Ni ella ni la Teniente. Heero tampoco sentía mucha confianza que digamos. Se guardaba sus comentarios, pero empezaba con sus sospechas. Duo tenía una expresión indescifrable, entre asombrado, cohibido y receloso… y muriéndose de frío, lo cual pareció llamar la atención de la Comandante.
–¿Tiene frío, Señor Maxwell? –preguntó la mujer, viéndolo con los ojos entrecerrados, con esa mirada de quien sabe mucho más de lo que demuestra; pero su tono seguía siendo suave y no ponzoñoso como el de la Teniente. –No se preocupe, eso se solucionará muy pronto –continuó la Comandante al no recibir contestación de parte de Duo. –Por el momento les pido que me acompañen con el General, al parecer los esta esperando –continuó, con la misma dio vuelta y se dirigió a la puerta de Wufei.
La Teniente se rió pasando entre ellos. –Tiene rrazón, vamos.
Los chicos las siguieron con algo de reticencia. Al entrar en la habitación, todo se veía diferente, pues la ventana había sido abierta y la luz invadía el lugar. Todo se veía luminoso y extremadamente limpio. Ellos se acomodaron en el costado de la cama como la noche anterior. La Teniente y la Comandante, después de dar los buenos días, se colocaron frente a la cama, en posición de firmes y atentas a cualquier orden. Frela no estaba.
Saker se encontraba ahí sin el uniforme de piloto militar y algo despeinado, ahora, estaba perfectamente vestido en el inmaculado uniforme militar azul marino, con los bordes azul claro y su cabello rojo completamente estirado en la coleta que tiraba desde la nuca, destacando como fuego resbalándole por la espalda; asintió con la cabeza en forma de saludo. Prestaba mucha atención a Wufei, que se encontraba despierto y sentado en su cama, aun con las vendas puestas y sin nada más que lo cubriera, como si no sintiera el frío (al igual que los uniformados) atendiendo sus asuntos. Tenía sus lentes de lectura puestos y revisaba… Un momento. ¿Wufei con lentes?
Dos finos cristales con elegante curvatura en la montura, afinaban mucho más los ojos rasgados del chino y tras ellos los profundos y negros ojos se movían a gran velocidad a través de las hojas que sostenía en la mano y regadas por toda la cama. En un fugaz momento levantó los ojos para encontrarse con los ojos que le observaban.
–Buenos días –saludó y regresó a prestar atención a las hojas de nuevo. –¿Pasaron bien la noche? –preguntó sin alzar la vista.
Ninguno contestó, todos estaban un poco embobados. Wufei al no recibir respuesta levantó de nuevo la vista interrogando que era lo que ocurría.
–Wufei… –el aludido miró a Duo, quien le llamaba. –¿Desde cuando usas lentes? –Wufei alzó las cejas, con sorpresa por la pregunta.
–Desde siempre –y volvió a sus papeles, como si nada. En la cara de los ex-pilotos se veía la sorpresa. ¿Como demonios había hecho durante la guerra? "¿Pupilentes?" pensaba Duo cuando, sin tiempo a meditar más sus pensamientos, las ordenes de Wufei a los comandantes le interrumpieron, en perfecto ruso, dándoles a cada uno, un montón de los papeles que tenía en la cama.
–Y algo más, que Julia no se entere, ¿entendido? –todos asintieron. Del mismo preciso modo, los comandantes obedecieron las ordenes saliendo de la habitación, pero Wufei detuvo a Saker antes de que saliera, pidiéndole que en cuanto acabara volviera. La ultima en salir fue la Teniente, quien acercándose a Wufei le susurró algo en ruso al mismo tiempo que ponía la flor que llevaba en la mesa de noche de Wufei, éste sonrió un poco con el comentario.
–Y bien, repito: ¿Cómo durmieron? –preguntó una vez que todos se fueron.
–Bien, Wufei, gracias –contestó Quatre. Wufei se quitó los lentes y se acomodó mejor en la cama, tocándose el costado –Deberías hacer lo que la Doctora te ordenó. La verdad es que no tienes buen aspecto.
–No te preocupes Quatre, no me pasa nada –contestó fríamente Wufei, luego miró de manera divertida a Duo, que estaba con toda su ropa encima y agarrándose los codos. –¿Tienes frío? –le preguntó.
–¡Por supuesto que tengo frío!, ¡este lugar es un congelador gigante, no entiendo como tú puedes estar tan campante! Mira como si nada, con sólo verte me da más frío –exclamó un helado Duo.
–Si, me pasó al principio, pero la temperatura era más baja. Bueno no tengo por que decírtelo, ya lo descubrirás.
–¿Quieres decir que hace todavía más frío?, me voy a morir de hipotermia… –la risa de Wufei y Quatre, y hasta una sonrisa de Trowa se hicieron presentes después de este comentario. A partir de ese momento, resurgió la conversación en la noche cortada y ahora sin la presencia de Saker, el ambiente era memos tenso. Duo contaba su trabajo como preventivo, Quatre hacía de ves en cuando comentarios, incluso Trowa contó algo sobre el circo, a lo que Wufei respondió, que ahora podía buscar competencia artística dentro de la base, pues muchos de los soldados tenían por pasatiempo la acrobacia o las destrezas del circo. En la base tenía que buscarse una actividad aparte del servicio militar, si no querías acabar trastornado. Así continuaba la plática. Heero casi no intervenía, cuando mucho aclaraba algún dato sobre algún lugar. En realidad le sorprendía que Wufei, a pesar de lo que anoche acababa de contarle, actuaba con gran tranquilidad e incluso parecía descansar. Heero dirigía su mirada ocasionalmente hacia donde la noche anterior había estado Saker y donde ahora se encontraban esas flores.
Eran unas flores peculiares. Al menos él nunca las había visto. Tenían las terminales de cada uno de los cinco pétalos, como lenguas totalmente blancas que conforme se acercaban al centro, adquirían un color rojizo, que justo en el corazón de la flor se hacía negro por la intensidad acumulada del color. Los tallos eran pálidos, lo que hacía denotar enormemente el intenso y peculiar tono. El comentario que hizo Quatre entonces, expresó su propia pregunta.
–Wufei, esas flores, son peculiares. Tengo la impresión de haberlas visto antes –dijo la vocecita de Quatre. Wufei giró la cabeza para ver las flores, no más grandes que unas rosas.
–Si, Quatre, probablemente las conozcas. Son Ignis Hiemila –contestó como si el nombre lo diera a entender todo.
–¿Fuego de Inverno? –exclamó Quatre. –Esas flores sólo crecen en el desierto. Es decir necesitan estar secas y a altas temperaturas casi siempre, es increíble que estas estén aquí.
–Es extraño, pero como ves, no imposible –contestó calmado Wufei.
–¿Qué? –Duo mirada de Quatre a Wufei y de Wufei a Quatre –¿alguien quiere explicar que pasa? –Quatre se volteó.
–Ocurre que estas flores son increíblemente peculiares incluso en el desierto, donde crecen naturalmente. Se les llama Fuego de Invierno, por que como ves, son las únicas flores que tienen sus pétalos blancos como la nieve y también porque de ellas se puede hacer una bebida, un té precisamente, del cual se obtiene una frescura que calma la fiebre más alta. Sin embargo, estas flores crecen en los lugares y las temporadas, en que el desierto es más arduo y por el color de su centro se dice que tiene fuego por dentro, de ahí su nombre. Es por eso que me impresiona que Wufei las tenga.
–¡Vaya Wu-amigo, quien se molestaría tanto en mandar esas flores, anda dinos quien es la admiradora!
–¿Admiradora, Duo? –Wufei rió de buena gana. –Si crees que es una gran molestia, cortar algunas flores del jardín y subirlas unos cuantos pisos –había estallado en una risa sin igual, completamente alegre y divertida, la impresión se mostró incluso en el rostro de Heero.
–Wufei –murmuró Trowa. Cuando este dejó de reír pero al percatase del por que de la impresión de sus amigos, aclaro:
–Creí haberles dicho que no se sorprendieran por mi comportamiento. Creo que ayer dejé bastante claro que he cambiado –les recordó Wufei.
–Si, pero no es lo mismo saberlo que verlo –dijo Duo.
–Pero les recomiendo que tengan presente la idea, no pueden sorprenderse todo el tiempo. –Wufei tenía razón. Pero era la cosa más difícil que les podía haber pedido. ¿Qué rayos había pasado para que cambiara tan radicalmente? Simple y llanamente era algo inimaginable. Todo se había quedado en silencio, un silencio pensativo, pero este necesitaba romperse y esa siempre ha sido y será la especialidad de Duo.
–¿A que te refieres con "contarlas del jardín y subirlas unos pisos"? –preguntó, reanudando la platica.
–Exactamente eso. Las flores fueron cortadas hace unas horas y enviadas aquí. –Al ver la cara de sus amigos, agregó. –Tenemos un invernadero. Los encargados tienen un sistema casi mágico. Cualquier planta, flor o vegetal, puede crecer con las condiciones y temperatura de la base.
–¿Los encargados? –preguntó curioso Quatre.
–Personas educadas exclusivamente para eso. Una familia para ser exactos: Los Verliak. _Wufei sonreía, a ellos el nombre les sonaba, Heero estaba seguro donde lo había escuchado y a quien pertenecía el apellido. –Y estas flores, son un regalo de la cabeza de la Familia… –Wufei sonrió de nuevo al contemplar las flores. Y en ese momento tocaron a la puerta. –Adelante.
La puerta se abrió y detrás apareció una mujer de cabellos castaños, alta y delgada, de ojos azules inexpresivos y rostro delgado, entró a la habitación seguida por un joven soldado. Ambos se cuadraron ante Wufei. –Buenos días, Generral.
–Buenos días, Débora –saludó Wufei y luego presento a cada uno, por como estaban sentados. –Trowa Barton, Quatre Winner, Duo Maxwell y Heero Yuy; ella es Devora Ligden. –La mujer asintió con la cabeza –Encargada de la costura. –Los demás la saludaron.
–Vengo parra lo de los trrajes que encarrgó, Señorr –dijo la mujer a Wufei.
–Adelante Devora, son todos tuyos. –Wufei sonrió a sus amigos.
–Grracias –y sin más, la mujer se acercó a Trowa, el soldado la siguió al momento de sacar una pequeña carpeta. –¿Me perrmite? –le preguntó, ofreciéndole la mano como si le invitara a bailar. Trowa algo confuso, sujetó su mano y se levantó. –Grracias –fue lo único que dijo antes de volverlo a soltar y empezarlo a zarandear…
La mujer sujetó los brazos de Trowa y los levantó a la altura de los hombros. En forma de cruz. Éste desconcertado, intento bajar los brazos instintivamente, pero la mujer los volvió a subir, al momento que sacaba una cinta métrica de la nada. Estiró la cinta en un solo movimiento, haciéndola chasquear y la extendió por los brazos de Trowa. –1.76 –dijo y el joven soldado que la acompañaba anotó en la libreta. Después del mismo modo rápido, preciso y algo brusco, midió, dando números exactos al joven que la ayudaba y vueltas al cuerpo de Trowa, los hombros, la cintura, el pecho, cada brazo, la espalda, las piernas, el grosor de estas, el cuello (en el que Trowa hizo una expresión que denotó le faltaba el aire), la cabeza y… Aquí llegó a un problema. La mujer pasó la cinta entre las piernas de Trowa y con una mano por detrás y otra por enfrente, subió sus manos hasta…
–¡Eh! –exclamó, el hasta ahora anonadado y dócil Trowa, interponiendo sus manos en el caminó de la cinta. La mujer subió la vista hasta clavarla es sus ojos.
–Necesito medirr –dio por toda explicación. Trowa no contestó, estaba levemente colorado, aunque su expresión era la misma de siempre.
–No te va a hacer nada –dijo Wufei. Aunque más que serenar a Trowa parecía una mofa, logró que quitara sus manos y dejara a la mujer terminar su trabajo. Ésta midió. No se tardo ni dos segundos, pero basto para que el color de Trowa aumentara. La mujer terminó su trabajo y se dirigió con Quatre.
–¿Me perrmite? –dijo y le extendió la mano al igual que con Trowa. Quatre se levantó.
La inexpresiva mujer sonrió y continuó con su labor, mucho más fácil y rápido que con Trowa, pues Quatre se movía justo como la mujer necesitaba que lo hiciese. La mujer acabó y siguió con Duo que también se mostró dócil, pues aunque no estaba acostumbrado, no le molestaba que la mujer le acomodara en la posición correcta y tampoco hizo una algarabía cuando midió ahí.
Nadie había hablado hasta ahora, pues en realidad era divertido y entretenido ver el trabajo de la mujer. Quien lo realizaba con la premura y la precisión de los maestros en su propio arte, la costumbre en sus movimientos. Wufei miraba atentamente las reacciones de sus amigos, más por entretenimiento que por algo en especial.
Y así el turno de Heero llegó. La mujer se le acercó y antes de que dijera nada Heero se paró, pero se cruzó de brazos. –¿Para que es? –preguntó. La mujer alzó una ceja. A Duo entornó los ojos. Wufei contestó.
–Para sus ropas. Las que traigan no les servirán para su estancia aquí, al menos no mucho.
Heero gruñó. No le agradaba la idea de que lo tocaran. La mujer agudizo su mirada, y luego como dándose cuenta de algo dijo:
–Es igual que el Corronel. –La expresión de Heero parecía gritar "¡Qué cosa!"
–Si, tienes razón, a él tampoco le gusta que lo toquen –concordó Wufei.
–Bien, entonces tendrremos que tomarr otrros métodos parra acabarr mi trrabajo. –La mujer se acercó a Heero y se subió las mangas. Duo abrió mucho los ojos por la sorpresa, ¿Se pelearía con Heero? La mujer le dijo unas palabras al joven que la acompañaba este sólo cambió la hoja de la libreta, Heero la observaba impávido, luego la mujer suspiró y de inmediato empezó a moverse. Con extraordinarios y veloces movimientos la mujer sujetó a Heero y como si de un niño pequeño se tratase lo jalaba y lo movía como ella quería. Heero no podía hacer nada, ella era muy rápida y cuando intentaba moverse para cambiar de posición ella aprovechaba y tomaba la medida que necesitaba, en veinte segundos contados ella tenia todas las medidas, incluyendo la de cierta zona baja. Wufei sonreía al punto de la risa al igual que los demás, la mujer y el joven ni se habían inmutado y Heero estaba con la indignación en el rostro.
–Bien, creo que es todo –dijo la mujer al separarse de Heero como si nada hubiese ocurrido, reviso las notas que había echo el joven y se dirigió a la puerta. –Estarán listos en la tarde. Los enviare en cuanto acabe –y con la puerta abierta se despidió de los muchachos y del General, seguida del joven desapareció tras la puerta.
Duo tenía los ojos desorbitados. –Wow, esa mujer debe tener la fuerza de un toro –comentó. Wufei, Trowa y Quatre se rieron. Heero no dijo nada, se cruzó de brazos y se sentó muy molesto.
–Bueno, ella hace los uniformes de toda la base y tiene que lidiar con hombres del triple y hasta cuádruple de su tamaño y más necios que Heero, ya te imaginaras –comentó Wufei sonriendo. Los trajes que tendrían y la función de cada uno, les explicó Wufei. En total eran cinco, dos trajes que sustituirían los uniformes de la base, pues ellos no los usarían, uno de expedición como le llamaban, una ropa de noche y un traje de gala.
–¿Un traje de gala? –preguntó Duo confuso.
–Bien, es por la costumbre de la gente aquí. Quizá sean bastante fríos, pero son muy hospitalarios, lo que también incluye una muestra especial de los pocos entretenimientos que tienen. Unas cuantas presentaciones –explicó Wufei, renuente a dar más detalles. –Valdrá la pena, pero el traje de gala es un requisito… No Duo, no llevan lentejuelas. –Wufei sonreía a más no poder, había leído el pensamiento de Duo. En eso, nuevamente tocaron a la puerta. –Adelante. –De inmediato una cabellera roja y un uniforme azul hicieron su aparición, pero el rostro del Coronel estaba serio y… ¿molesto? –Saker –quien se colocó delante de su cama, totalmente derecho y cerró la puerta.
–¿Han subido el desayuno? –preguntó secamente.
–Todavía no, ¿que ocurre? –preguntó Wufei al ver el semblante del pelirrojo.
–Nada de importancia, Wufei, asuntos comunes de la base –pero en Wufei la respuesta de Saker no tenía efecto, así que Saker tuvo que aclarar. –Parece ser que la presencia de los ex-pilotos tiene muy conmovida a toda la base y es difícil controlarlos. La mayoría parece querer hacer de "guía de turistas". –Saker sonrió con irónica amargura. Wufei correspondió a la misma, pero tuvo que insistir.
–¿Que es lo que te molesta? –su voz era tranquila pero demandante. Saker mostró ahora una dificultosa sonrisa. Apretaba levemente los dientes.
–Tenemos a un "guía de turistas" extremadamente necio, desagradable y con muchas libertades, –en esta frase Saker le insinuó a Wufei, la culpabilidad –que está esperándote afuera, en este momento.
–Ya veo. Bien, Saker hazlo pasar –comprendió Wufei, pero Saker no se movió. Wufei esperó unos segundos paciente, Saker no se movía. –Saker, fue una orden. –Wufei se puso serio de golpe. Fue entonces que Saker se movió, sumamente renuente, como si el cuerpo se le hubiese oxidado y de mala gana lentamente salió por la puerta. Miró a alguien en el exterior de la habitación, quedándose en el dintel de la puerta. Con un gesto de la mano, indicó a la persona afuera que entrase. Se alcanzaron a ver los pies de la persona sentada a un lado de la puerta. Un joven, con no más de una veintena, vestido con el uniforme azul de los soldados, tan alto como el Coronel y delgado, de cabellos grisáceo despeinado a modo de melena; con la piel sin color y un solo ojo que alcanzaba a verse, era muy profundo y delineado por el intenso color negro de sus pestañas, un brillo azul se translucía en ellas.
El joven no entró a la habitación directamente. Al pararse, lo hizo quedando frente a Saker. Se miraron retadores, el joven sonreía con algo de sarcasmo y Saker lo miraba impávido, como miran los reyes a un pueblerino revoltoso. Con exasperación y desagrado. Entonces con movimiento presuntuoso se giró lentamente para entrar a la habitación y quedar con el rostro a la vista de todos.
El rostro completo del joven mostraba una sorpresa.
Abrió los brazos en acto teatral y con toda confianza, exclamo lanzando una de las que probablemente eran, sus mejores sonrisas.
–¡General Chang! Buenos días tenga usted. Pero, ¡válgame el cielo! ¿Qué tan mal se encuentra para no estar regañando a los soldados hoy, primer día de cierre? –el joven con voz casi cantante, había jugado con las manos al decir eso, alegre y burlón, se notaba que su exclamación, no era mas que un juego.
Wufei rió y luego volteándose con sus desconcertados amigos presentó al joven. –Amigos, tengo el gusto de presentarles al bufón y mejor expedicioncita de la base: -indicó con una mano al joven. –Leono Cazielli, conocido como "Topazi". –El joven en el mismo modo teatral de su saludo, se inclinó ante los chicos, luego regresó con Wufei.
–Pero mi querido General, no sabía que me tenía en ese grado, ¿yo?, ¿bufón? Nunca… bueno al menos no con usted –mientras el joven hacia sus exagerados movimientos al hablar, los chicos vieron como, Saker, giraba los ojos con fastidio.
–Te lo has ganado a pulso, Topazi –retrucó Wufei, el joven alzó las manos como dándose por vencido. –Me imagino que no necesitan más presentaciones ante ti, así que: Topazi, mis amigos, ex-pilotos Gundam. –El joven se acercó a ellos. Quatre le saludó.
–Un gusto, señor Topazi –el joven se dirigió entonces a Quatre, le tomó una mano y la besó. A Trowa se le revolvió el estomago en ese momento.
–El gusto, es enteramente mío, joven Winner –le sonrió un amable y excesivamente confiado joven de cabellos grises. Pero este al notar el desencajado rostro de Quatre se separó suave pero rápidamente. –Oh, discúlpeme, joven Winner, no quise incomodarle. No pude evitarlo, es algo natural para mi saludar de esa forma –sonrió de forma encantadora. –Además, como usted podrá entender, es una forma, un poco peculiar, lo admito, de cerciorarme a quien conozco, pues como puede notar… no veo muy claramente. –Remarcó, señalando galantemente con su propia mano y sin borrar su sonrisa, el amplio parche color gris, en el ojo izquierdo.
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N/a: Hago algunas aclaraciones. Se que los personajes que están saliendo los confundirán un poco, pero es para fines de la historia, todos tienen su importancia y su papel, espero que los tomen en cuenta, las sorpresas llegaran de a montón si no es así. A que les he presentado a unos cuantos personajes más. Faltan algunos, pero no se preocupen, no me estoy sacando la trama de la manga XD todo esta planeado y la historia sigue su rumbo … a sí, otra cosa… siento mucho el retraso, he tenido algunos problemas. Al menos espero que haya valido la pena y prometo no tardarme tanto con los que vienen.
¡Sean Felices!
Reviews:
Dark: Deseo lo mismo que tú. El cambio en una de las cosas más difíciles de enfrentar, quien no puede hacerlo trata de imponerse, pero uno no debe dejarse, pues es uno de los tantos motivos por los que empiezan las guerras. Pero estos, nuestros chicos, son muy fuertes y saldrán adelante ya lo veras.
Jotaru Hibari Yui: Gracias, no es necesario que me ames o.o…, nos estamos viendo, perdón por lo de tu nombre y por el retrazo.
Forfirith-Greenleaf: Si, Trowa y Quatre son muy bonitos, si la escena de la cama a mi me encanta, pobre Trowa XD. Saker, Duo y Heero, que complicaciones tienen los tres verdad. Saker y la cicatriz tienen una buena historia… pero todo a su tiempo, lo sabrás te lo aseguro. Nos vemos, amiga.
Noriko Ukai: Yo también espero que Trowa y Quatre no oculten por mucho su amor. El infiltrado… bueno, a lo mejor con este cap, tienes sospechosos.
Charo Nakano: Bueno, Wu no nos ha clarado que han encontrado, por eso están ahí nuestros chicos
Starlight no Rain: Gracias por el poema… perdón por la tardanza y a ver que te parece este cap. Nos vemos.
Zen/Kurai Kurayami Kage: Ojalá este cap te agrade. Nos vemos.
Min Winner: Entiendo, ojalá tengas más tiempo y nos veamos más seguidos. Si, tienes razón, Saker puede quedar con cualquier de los chicos. Nos vemos, amiga.
Mourisan: Me halaga mucho tus comentarios, muchas gracias y te aseguro que la manera de escribir se adquiere con el tiempo, cuanto más leas y aprendas, tu mente se abrirá. Una forma de escribir jamás será igual a otra, pueden ser ambas igual de hermosas XD Ojalá sigas leyendo. Sobre las notas de autor, lamento que no te gusten, de todos modos, agradezco tu opinión. Te explicaré, las pongo, por que dan otro punto de vista a la situación y son una manera divertida para poder expresarme, puesto que yo soy mala para escribir comedias je, je. Pero te aseguro que en los momentos más tensos e importantes las notas no aparecerán. Gracias, ojalá sigas conmigo.
Asr: me alegras que te hayas animado a escribirme más yo también pienso que para que las escenas "hot" tengan más "importancia" hay que dar un buen contexto. Gracías por leerme, nos estamos viendo.
