PPG no me pertenece. Esto lo hago por diversión y por un reto.
*Nos vemos abajo.
Chimenea.
Tenía que ser Alice, esa británica con estatura de gnomo. ¡Sólo ella podía hacer algo así sin temer las consecuencias! Brick clavó sus ojos en ella, deseando poder atravesar su pequeña y rubia cabeza de lado a lado. Pero no lo haría.
La primera razón: Blossom jamás se lo perdonaría.
La segunda y más importante: Alice era capaz de regresar de la muerta para seguir atormentándolo. Y no quería lidiar con ella más de lo necesario. Sí con un cuerpo físico y material, esa enana resultaba se un verdadero grano en el culo, con uno inmaterial sería diez veces peor. Simplemente no ocasionaría eso, la dejaría vivir, así sabría dónde estaba y podría ignorarla de ser necesario… ¡pero no podía en esos momentos!
Alice entrecerró los ojos, dándole esa mirada tan característica en ella, era la mirada que Blossom acostumbraba a llamarla «La mirada Holmes». Porque, le gustara o no admitirlo, ese pequeño gnomo podía adivinar perfectamente todos sus pensamientos, sabía perfectamente lo que había hecho, como lo había hecho y con quien lo había hecho. Eso era lo que más le molestaba, no poder ocultarle las cosas de la misma forma en que lo hacía con los demás, con Blossom. A ella podía darle una respuesta falsa con un gran argumento y se la creería, al menos, durante el primer minuto, después la razonaría y se molestaría con él, pero para esas alturas, él ya habría hecho las paces con ella, como la noche anterior.
Hasta que su novia decidió contarle a Alice lo ocurrido.
¡Una maldita mierda con ese par!
Brick no dejaría de maldecir el día en que ambas se conocieron, el día que unieron fuerzas y formaron una alianza más peligrosa que la de Thor y Iron Man, según Butch. Blossom actuaba como la fuerza en esa relación, y Alice era el cerebro. Cuanto detestaba que la relación funcionara tan bien. Frunció el ceño sin quitarle los ojos de encima. Él podía estar ahí todo el día, igual que Alice. La diferencia radicaba en que Alice podría acribillarlo con preguntas silenciosas y hacerlo sentir culpable todo el día, y Brick no duraría más de diez minutos sin pronunciar una sola palabra.
—¿Así que te lo dijo? —y ahí estaba la primera palabra desde hacía nueve minutos.
—¡Oh! ¿Acaso lo dudabas? —sus ojos, normalmente azules, poseían un brillo particularmente aterrador en esos momentos—. ¡Claro que me lo dijo! Y deberías agradecer que me lo dijera a mí y no a sus hermanas —terminó la oración, golpeando a Brick en el brazo.
Sorprendido, se miró la zona golpeada. Sabía de buenas fuentes, que el gnomo no era partidario a la violencia, el hecho de haberlo golpeado significaba una sola cosa, realmente la había cabreado.
—¿Acaso te crees el señor bolas gigantes para hacer lo que hiciste sin ver las consecuencias? —un nuevo golpe, ahora en el centro de su pecho, dónde hace tan sólo unas horas, Blossom había hecho círculos—. Madura de una maldita y estúpida vez, Don Grandes Bolas —los golpes seguían llegando, sin detenerse, uno tras otro tras otro. Eran certeros y ciertamente dolorosos para ser infringidos por una simple humana—. Casi parece que tienes mierda en ese cráneo en lugar de un cerebro —y un último golpe en sus costillas colmó la poca paciencia de Brick.
Aprisionó las manos de la rubia, esperando así poder evitar que siguiera golpeándolo.
—Más te vale detenerte ahora mismo, o no me hago responsable de mis actos.
—¿Yo? ¿Pretendes que me detenga yo? —el tono de su voz, con ese tono viperino impregnado en sus palabras, hizo que un escalofrío recorriera la espalda de Brick—. Tú controla tus palabras, Brick, porque basta con que yo diga «te engaña» para que Blossom te mande por el agujero del que saliste, dos palabras, Brick, dos, y tu relación se va a la mierda igual que tú.
La rabia no sólo creció en su interior, ardió. Dando nacimiento a un tic nervioso en su ojo izquierdo, el pelirrojo sabía eso, Alice tenía tanto poder sobre su relación como Blossom, en primera, porque jamás mentía, en segunda, porque amaba a Blossom tanto como él, aunque él jamás lo diría en voz alta.
—Me alegra que hayamos hablado. Ahora, sí me lo permites, Boomer está preparando chocolate, y quiero tomar una taza, ¿quieres que te traiga una? —y sonrió. Esa sonrisa infantil tan característica en ella. Sin poder darle una explicación precisa, Brick deseó, realmente deseó, golpear a una mujer humana. Alice giró sobre sus talones, golpeó una última vez su pecho y la sonrisa desapareció—. Hablo en serio, fenómeno. Mira dónde pisas porque puede que sea una mina plantada por mí.
Alice se fue a reunirse con los demás frente a la fogata, dando saltitos, como una niña pequeña. Su larga cabellera iba de un lado a otro, en un suave vaivén. Acompañando esa angelical imagen que todos tenían de ella. Había tres lugares disponibles frente a la chimenea, uno para ella, junto a Georg, su bicho irlandés, otro para Brick, entre Blossom y Bubbles y otro más para Butch, si decidía despertar en algún momento del día. Pasando entre las piernas de todos, llegó a su lugar asignado. Georg la recibió con una sonrisa.
—Te tomó un rato, ¿todo bien? —Alice arrugó la nariz con diversión.
—Claro, sólo fue una charla amistosa —pff, amistosa decía ella. Pero ambos sabían que no había sido así—. Entonces, ¿qué piensas de mis amigos? —Georg, que empezaba a leer entre líneas las conversaciones que tenía con su novia, entendió que la verdadera pregunta era: «¿te sientes cómodo?»
Titubeó un poco antes de responder.
—No creí que de verdad tuvieran "súper poderes", es algo intimidante verlos volar de un lado a otro —cubrió su nariz antes de estornudar—. ¿De verdad que esos tres son criminales?
—El rubio está retirado, su novia tuvo mucho que ver en eso.
Georg hizo un gesto de comprensión con la cabeza.
—¿Cómo es que a nadie le importa?
—Pues, están acostumbrados, claro —Alice realmente no quería decirle, lo cierto era que sí que les importaba. Buttercup se había rendido tratando de obligar a Butch a dejar el crimen, Blossom seguía tratando. No podían decirle a su padre que Blossom salía con Brick, porque él haría un escándalo—. Digo, han convivido con ellos toda su vida, es algo totalmente normal.
—¿Qué es normal? —Boomer apareció frente a ambos, con una bandeja llena de tazas. Su famosísimo chocolate. Había una sonrisa clavada en sus labios.
—Tomar chocolate frente a la chimenea mientras Bubbles hace figuritas de arcilla para los pobres, claro —mintió a gran velocidad. Boomer no debía saber que ella indagaba de más en su vida privada, o él mismo la entregaría al FBI.
Hoy subo temprano (después de dos días de coordinación con Mortem *corazón roto*) porque saldré a hacer un trabajo y no creo tener tiempo de escribir esto después.
En fin, se me hace tarde para ir a la escuela y no me he cambiado (sigo en pijama) así que me despido rápido y me retiro.
No olviden que por cada review que dejan se canjea por una sonrisa en está criatura del mal c:
LD.
