Capítulo 7 El Último Sobreviviente

"Escamas, Corazón y Sangre De La Sirena"

Mana abrió los ojos suavemente, preguntándose por qué le dolía todo el cuerpo. No recordaba que volver a la vida fuese tan doloroso, más bien solía ser casi como despertar de un sueño reparador. Lo primero que distinguió entre la polvosa oscuridad fue el rostro angustiado de Yuta tiñéndose de alivio al verla respirar de nuevo. Y antes de que pudiera decir nada, el chico le acercó algo a la boca. Sus labios rozaron la carne fresca y deliciosa que se abrió paso a través de ellos.

No solamente el sabor era exquisito sino que al comerla, podía sentir las propiedades de ésta curándole el dolor, sanando sus órganos y fortaleciéndola. Comió hasta que su estómago quedó satisfecho y el sueño de la digestión volvió a apoderarse de ella. Cerró los ojos y su respiración se volvió lenta y acompasada. Yuta la observó por un momento, pero ya estaba tranquilo, ahora sabía que la chica estaba a salvo, así que salió de la habitación para dejarla dormir.

Pasó frente a la puerta del cuarto en el que estaba Gosúnkugi derramando lágrimas silenciosas sobre su pequeña aberración de la naturaleza, pero no encontró ahí al matrimonio Saotome. Ellos estaban en el jardín, a una distancia de tres pasos el uno del otro. Con el deseo de abrazarse irradiando de cada uno de sus poros, y los músculos del cuerpo tensos por el esfuerzo de evitar el más mínimo contacto.

- ¡Akane-San!- la voz de Yuta la hizo girar hacia atrás-, muéstrame tu brazo por favor.

Con todas las emociones del momento, la chica de cabello índigo casi se olvidó del pedazo de carne que uno de aquellos monstruos le había arrancado de un mordisco. Pero la alusión a la herida invocó de nuevo el dolor y se llevó una mano al brazo inconscientemente. Ranma maldijo al pescador internamente, en un acto sobreprotector, pero no hizo ningún gesto que lo delatara. Yuta le desvendó el brazo a la muchacha y le pasó un trapo teñido de sangre por la herida aún abierta.

- Es sangre de sirena- explicó-, su efecto no es tan venenoso como el de la carne y como es aplicado exteriormente, le permite asimilarlo mejor, además de que la dosis es pequeña- se apresuró a aclarar antes de que el artista marcial lo apartara de un golpe.

Aparentemente ajena a las miradas desconfiadas de su marido, la chica de ojos color chocolate se dejó curar dócilmente, con la mirada perdida en un punto indefinido de la reja exterior. Y de pronto, sin previo aviso, las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, la adrenalina se disolvió por completo en su sangre y cedió paso al horror. Su frágil cuerpo se sacudió con los sollozos y su esposo se apresuró a rodearla con los brazos.

- ¡Siento tanto lo de Mana-San!- se atragantó atropelladamente-, ¡era tan sólo una niña!- un agudo chillido de dolor se coló entre sus labios, interfiriendo el flujo de sus palabras.

Yuta negó tranquilamente con la cabeza, esperando a que Akane se desahogara y permitiendo que Ranma la tranquilizara con tímidas palmaditas en los hombros y la cabeza. Ella hundió la cabeza en el pecho masculino y se entregó despreocupadamente al llanto bajo su custodia. El antiguo pescador de cabello castaño bajó la vista al suelo, ligeramente abochornado por la propia timidez del chico de la trenza y para darles un poco de intimidad visual.

Poco a poco, los gemidos fueron disminuyendo en intensidad y frecuencia, hasta que la muchacha pudo volver a retomar el ritmo de su respiración y su cuerpo volvió a entrar en calor. Las lágrimas seguían cayendo de sus ojos pero ahora lo hacían en un silencio mucho más discreto. Ya estaba más calmada, lo único que permanecía era la tristeza natural ante la situación en la que se encontraba. Pero parecía haberse sobrepuesto al shock y descargado la tensión acumulada.

- No pasa nada, Akane-San- comenzó tentativamente Yuta-, Mana y yo comimos carne de sirena.

Los jóvenes esposos Saotome lo miraron con incredulidad por un momento, y fue hasta entonces cuando repararon en el cuerpo, mugroso, sí, pero aparentemente ileso de su extraño invitado. Las manchas de sangre reseca habían sido precariamente removidas para dejar ver una piel completamente libre inclusive de cicatrices.

- Creí que habías dicho que los que comen carne de sirena y no se convierten en monstruos ojones, se vuelven inmortales- escupió Ranma arqueando una ceja con desconfianza.

- Sí, así es- replicó Yuta, sin reparar en la incongruencia.

- Esa chica está muerta, un inmortal no puede morir.

El joven de cabello castaño sonrió con una mirada de triste ironía.

- Morimos, pero volvemos a la vida en un par de horas… o un poco más… depende de qué tan brutal sea la muerte.

Hizo una pausa para permitir que la macabra idea se asentara bien dentro de sus aparentemente comunes y corrientes cabezas. Tragándose los detalles de su propia experiencia y ocultándolos detrás de su débil sonrisa.

- No hay de qué preocuparse, ella está bien ahora.

- ¿Qué sucederá con el pequeño adefesio?- Ranma lanzó la pregunta al aire, con la única intención de romper el silencio.

- Es obvio lo que sucederá- repuso Yuta encogiéndose de hombros, sin pensar demasiado en el asunto-, su mera existencia va en contra del orden natural de las cosas.

Las palabras del joven de cabello castaño activaron de nuevo la capacidad de reacción de Akane, quien se soltó bruscamente del abrazo de su marido y le lanzó una severa mirada a Yuta. Los dos hombres la observaron, sin atreverse a hacer ningún movimiento sorpresivo, inseguros acerca de la razón de su actitud. La chica tensó los hombros, estirándose hasta su máxima altura en una pose desafiante y apretó los puños fulminando al antiguo pescador con los ojos.

Y antes de que ninguno de los dos llegara a ninguna conclusión, giró violentamente y entró de nuevo a la casa con el mismo trote irritado con el que solía alejarse cada vez que Ranma le hacía alguna majadería. Tenía las pupilas inundadas por un horror que se negaba a aceptar con toda la fuerza de su obstinada voluntad. Abriéndose paso a través de las desgastadas puertas que se despedazaban ante su agresividad.

Entró a la habitación donde se encontraba Gosúnkugi sin mayor ceremonia y se arrodilló junto a él, mirando a la criatura temblorosa que se encontraba encogida en posición fetal sobre el regazo del flacucho muchacho. En silencio, intercambiaron con una mirada toda la lluvia de sentimientos que inundaban el corazón del ojeroso joven, amenazando con desbordarse en una cascada de dolor a través de sus ojos.

Y con una mirada, entendieron todo lo que las palabras no serían capaces de decir.

Yuta y Ranma entraron a la habitación con paso vacilante cuando la mano de Akane se acercaba tímidamente hacia la criatura, mientras Gosúnkugi lo acariciaba para que comprendiera que no tenía nada que temer de ella. Los dedos de la chica se deslizaron con delicadeza entre la indefinida superficie de su extraña textura, mezcla de pelaje, callosidades escamosas y piel humana. La criatura reaccionó ante el toque maternal y se inclinó para acercarse más a ella.

Ranma tensó los músculos sin atreverse a moverse de su posición vigilante en el marco de la puerta. Tenía los brazos cruzados para prevenir cualquier reacción automática de su cuerpo, pero sin dejar de estar alerta en espera de algún cambio en el aura del animal. No confiaba en que fuera realmente inofensivo, ya que todas las experiencias de su vida lo habían predispuesto a las apariencias traicioneras, pero temía las represalias de su joven esposa y no quería discutir con ella en un momento como ése.

Así que, como muchas otras veces, le permitió tomar los riesgos innecesarios a los que la guiaba su caprichosa voluntad…

Hasta que vio los afilados colmillos asomarse a través de la comisura de la pequeña boca. Y entonces no se detuvo a analizar los aparentemente débiles signos vitales de la criatura, su respiración trabajosa y la postura relajada de su debilitado cuerpo. Lo único que había en su mente era un brillante carmesí que lo impulsaba a atacar como la fiera salvaje que era cuando se trataba de defender a su pareja. Y atacó a matar.

- ¡Ranma, NO!- el agudo chillido de pánico, lo único que podía detenerlo cuando el ataque ya estaba encaminado.

Alcanzó a hacer un giro de último momento que lo hizo rodar hacia el rincón y estrellarse contra la pared, para evitar colapsar contra la chica que se había interpuesto en su camino. Soltó una maldición entre dientes y se puso de pie, colérico, esperando ver alguna herida en el brazo de su testaruda mujer. Pero la criatura no la estaba lastimando, le recorría los dedos con la lengua como si estuviera haciéndole un gesto cariñoso.

- Es su hijo, Ranma- susurró ella lanzándole esa mirada que siempre lo derretía y evaporaba su ira instantáneamente.

- ¿Eh?- la afirmación tardó unos segundos más en llegar a su cerebro, mientras se reponía del efecto de esos ojos color chocolate.

El semblante de Akane se entristeció en una súplica irracional. Ranma sabía que quería ayudar, sabía que se negaba a aceptar el inevitable sino de esa peluda degeneración y le exigía que lo cambiara, dentro de la inocencia que a veces la llevaba a pensar que él poseía todas las respuestas y era capaz de solucionar todas los problemas. El chico de la trenza resopló resignado. Se sentía derrotado al no poder cumplirle, sentía que le estaba fallando y eso era algo que sólo aumentaba su frustración.

- Tiene hambre- la voz de Mana desde el umbral de la puerta los desconcertó unos momentos.

Porque una cosa era que Yuta les hubiera contado una historia acerca de sirenas e inmortalidad y otra muy distinta era ver a esa chica, cuyo cadáver habían depositado en el cuarto de al lado unas horas antes, de pie frente a ellos y hablando con una voz aburrida como si estuviera señalando una movida obvia en un juego de shogi. Su rostro era neutral como casi siempre y a través de los harapos desgarrados y manchados de sangre seca se podía observar su regenerado cuerpo, libre de cicatrices como el de su compañero.

- Tenemos que alimentarlo- prosiguió la chica, sacándolos del impacto.

Los esposos Saotome intercambiaron miradas y se sonrojaron simultáneamente, era obvio que ambos pensaron en lo mismo: leche. Y a este pensamiento le siguió la lógica derivación: de dónde provenía. Las únicas posibilidades se reducían a dos y una de ellas era aún demasiado joven para ser considerada como factible. Akane cruzó los brazos sobre su pecho de manera semiinconsciente, abrumada por lo que creía que debía de hacer y Ranma desvió la mirada lo más lejos que pudo de ella, tratando de alejar sus pensamientos de esa específica parte de su cuerpo.

- He intentado todo- se lamentó Gosúnkugi desganadamente-, pero a diferencia de su madre, él no ha querido probar la carne de sirena…

Todos los presentes centraron la mirada en el desgarbado chico, mientras éste tragaba saliva tratando de facilitarle el paso a las palabras que tenía atoradas en la garganta. También había intentado darle carne de alma perdida, pero el pequeño cuerpo de la criatura parecía ser aún más vulnerable a ese veneno que al de las mismas sirenas. Por lo que cada vez que lograba introducirle algún pedazo de carne a la fuerza, se sacudía violentamente en espasmos de dolor que en ocasiones culminaban en altas fiebres y vómito de sangre.

Mana se arrodilló lentamente al lado de Akane, extendiendo los brazos hacia la criatura y activando en Yuta la misma tensión protectora que había estado tensándole los músculos a Ranma desde que entraron al cuarto. El pequeño reaccionó a la chiquilla de una forma distinta a como recibió a la peliazul. En vez de la cariñosa búsqueda de protección maternal, en su actitud se percibía claramente la ávida sensación de haber encontrado alimento después de una larga hambruna.

Reconoció en su olor, la carne de humana inmortal y se abalanzó hambrientamente sobre ella, con la boca abierta hasta su máxima capacidad. Solamente un rápido movimiento de Yuta evitó que se consumara el ataque, y sin darle tiempo de reconocer en él la misma apetitosa esencia, lo lanzó a los brazos de Akane, apartando a Mana detrás de él. La joven Saotome lo recibió contrariada, pero no le recriminó al antiguo pescador el querer proteger a la persona que era importante para él.

- Si carne inmortal es lo que necesita, yo se la daré- espetó fríamente Yuta, empujando a Mana hacia el umbral de la puerta para alejarla más del bicharraco.

Recogió un pedazo de florero roto que estaba en el piso y se abrió un corte a lo largo de todo el brazo, el olor de la sangre hizo que el pequeño se sacudiera frenéticamente en los brazos de Akane, enloquecido por el hambre. Yuta se acercó a él y dejó que unas gotas de sangre cayeran dentro de su boca, haciéndolo retorcerse de deleite. Esperó unos segundos para ver cómo reaccionaba ante la sustancia y al ver que le parecía delicioso y luchaba con más frenesí por soltarse de su captora para saborear más, le acercó el brazo.

Yuta tensó la mandíbula para aguantar el dolor mientras la criatura hundía los dientes en su carne y arrancaba un trozo, masticándolo ávidamente para dar una segunda mordida. Apretó más los dientes mientras lo veía masticar el segundo bocado y decidió que era suficiente. Y para la criatura lo fue también. Éste se acomodó en los brazos de su recién adoptada figura maternal y mientras se sumía en un sueño apacible, ya se podía apreciar en su cuerpo la transformación hacia una frágil forma humana con rasgos muy parecidos a los de su padre.

- Te llamarás, Kouki- concluyó Yuta, acariciando los negros cabellos de la diminuta cabeza del pálido bebé que respiraba acompasadamente en los brazos de Akane.

Notas de la autora

¡Hola! Muchas gracias a quienes siguieron el fic hasta ahora. Finalmente ha llegado a su fin y he de decir que ha sido un gusto escribir para ustedes (los mudos y los que no) y si quieren saber más, les recomiendo pasar por mi perfil y leer "Nerima: 16 años después" donde aparece Kouki unos años después y si se portan bien y me dejan reviews entusiasmados, pronto le agregaré más one shots. Un placer haber hecho negocios con ustedes y espero verlos de nuevo muy pronto.

Un abrazo,

LunaGitana