Ante todo, quiero disculparme con quienes han seguido esta historia con tanto entusiasmo y que han esperado con tanta paciencia y buena voluntad, no teman que pretenda dejar la historia, es sólo que algunas partes de la misma me han costado horrores. En segundo lugar, quiero agradecer a mi buena amiga Trekumy por ayudarme a salir del bache creativo en el que estaba, sin ella, hubiera estado empantanada un buen tiempo más. ¡Gracias amiga! ¡Te estás convirtiendo de a poco en una suerte de ángel guardián del portal!

Luego de estos descargos, les dejo este capítulo, bastante largo para compensar la ausencia. Espero que su paciencia se vea recompensada con esta nueva entrega y que sea de su agrado.

VII. Secretos Develados

El tiempo y la distancia son relativos. Había escuchado aquello en clases y luego en uno de esos aburridos programas televisivos que ella se empeñaba en que viera y que lo hacían dormir. La distancia era relativa. No lo había entendido hasta hoy. La galaxia más cercana estaba a montones de años iluminados. Enviar una sonda a Marte, el planeta vecino, tomaba siete meses, una cosa verdaderamente corta si lo comparamos con que a él le había tomado quince años recorrer Japón y parte de China durante su entrenamiento. Sin embargo, todos sabían que la distancia que separaba a una chica buena y trabajadora como Ukyo de una Kodachi cualquiera, era como de un extremo del universo al otro. Y ninguna de estas distancias exhaustivas podían compararse a la lejanía que tenía ahora con su novia, a pesar de tenerla sentada a su lado en la mesa del desayuno. Suspiró. Akane podía ser tan cabezona… ¿Cómo era posible admirar algo en una persona como una cualidad y en otro momento odiarlo como el peor de los defectos? Supuso que aquello también era relativo. Así como lo era el tiempo. Ya hacía tres días de su intercambio de opiniones y todavía no le hablaba ni le prestaba atención y para él ese lapso se había vuelto una eternidad. ¡Cómo la extrañaba! Lo había malacostumbrado a su cercanía y era una verdadera crueldad de su parte dejarlo ahora abandonado. Suspiró de nuevo, ni siquiera tenía hambre.

-¡Cielos cuñadito! Si sigues suspirando así, vas a tirar todo lo que hay en la mesa –le soltó la típica y sarcástica voz. Él sólo le echó una mirada vinagre a su cuñada antes de abandonar el comedor, no tenía caso seguir allí revolviendo la comida. Tampoco le apetecía ir hacia el colegio en compañía de la señorita "témpano de hielo", prefería caminar un rato solo y reflexionar sobre su situación.

La verdad es que su relación con Akane siempre había sido casi imposiblemente difícil y a veces se preguntaba si no había seguido adelante por puro empecinamiento de ganarle a ese mundo que parecía querer separarlos a toda costa. Seguro que la amaba, pero a veces ese amor de rosas y corazones se transformaba en agonía y desesperación, no hablemos ya cuando se veía atacado por los celos, ese maldito monstruo de ojos verdes que clavaba su dentado garfio en su corazón y sus entrañas, llenando de bilis su garganta desde que la conoció. ¿Se ahorraría un montón de problemas si la dejaba? Sí, claro que sí, pero anda a explicarle eso a su testarudo corazón, quien había decidido permanecer obstinadamente en las pequeñas manos de la heredera Tendo y de allí nadie lo sacaba. Sería más tolerable cortarse un brazo que perder a su prometida. ¡Pequeña marimacho, fea e idiota!

Distraído como estaba en estas cavilaciones sólo sintió la amenaza cuando estaba casi encima de él en forma de un ki oscuro y pesado que se le hacía muy familiar pero que de cualquier manera lo sorprendió, porque nunca lo había visto de tal intensidad y magnitud…

-Eres un desgraciado, Ranma, un maldito más allá de toda redención… -la voz era matizada por un tono tan tenebroso y la imagen distorsionada por aquellas pavorosas lenguas de energía concordaba de tal manera, que por un momento el heredero Saotome se dejó llevar por el miedo instintivo a lo diabólicamente sobrenatural, hasta que notó que debajo de ese ki de inframundo estaba una figura conocida.

-¿Ryoga? –dijo el descolocado muchacho, buscando encajar la imagen que tenía del eterno extraviado con el macabro espécimen que tenía delante

-¿Cómo pudiste…? ¡Es que acaso no hay nada sagrado para ti, infeliz! –le recriminó aún con voz sorda: -¿No te conmovió su dulzura, no te destrozó su pureza? ¿Pero qué clase de animal eres? –gesticulaba completamente fuera de sí- ¡Malnacido! –gritó esto último mientras se le iba encima como una tromba…


Akane no estaba en su mejor momento tampoco, mientras iba al instituto reflexionaba sobre su situación (últimamente sólo podía pensar en ello) y lo peor es que no contaba con el apoyo de su sensei en esto, porque cuando se había enterado del pleito, se había puesto como loco a vociferar que había complicado las cosas y que era por su culpa y que debía arreglar todo. Esto la había llevado a sospechar acerca de que si toda la amistad y el apoyo del amazona no habían sido más bien una fachada, que ocultaba el oscuro propósito de eliminar a su mayor rival, por el simple recurso de casarlo con ella. Suspiró entristecida, diciéndose que si ese era el caso, pues bien, no importaba demasiado, porque por su parte, sí había dado una amistad sincera y recibido apoyo y muchas risas por parte de aquél, y como le decía su mamá de pequeña: "Akane, uno no pierde lo que da sinceramente de corazón, son los otros los que lo desperdician", de modo que si él había malgastado sus sentimientos de camaradería y respeto, pues era un asunto de él, ella no se arrepentía de nada.

Y sobre su prometido… tal vez en serio había llegado el fin, tal vez solo eso era lo que le había sido concedido de felicidad, porque, ¿Cuánto más le permitirían las otras antes de reclamarlo con alguna de esas sucias tretas que ella se resistía a utilizar? ¡Qué fácil le sería reclamarlo como suyo con ese pagaré de amor por su honra perdida! Si tuviera menos escrúpulos y amor propio podría ir donde su padre y contarle que necesitaba realizar una boda lo más pronto posible, por si las dudas estaba en algún estado interesante, ya que por más precauciones que se tomaran, nunca podía estarse cien por ciento segura… Y listo, no necesitaría más y él no se negaría. ¿Pero qué clase de relación, de matrimonio sería aquella? Algo así repugnaba a su corazón y a su orgullo, y se preguntaba como es que las otras no reculaban en nada ante semejante bajeza. Pero a pesar de estas amargas reflexiones, su terco corazón se resistía a pensar en el final, él también se veía triste, quizás aun tenían un pequeño espacio, o… "Tal vez, este es todo el tiempo que he tenido para amarte…" Se dijo con tristeza, mientras sus ojos empezaban a inundarse una vez más. "¡Basta, basta! –mientras se secaba esas inoportunas lágrimas- ¡Ya basta!"


-¡Ya basta Ryoga! ¡Termina de calmarte de una vez! –gritó el artista marcial de trenza, con la camisa hecha jirones y lleno de polvo por la pelea. Su desquiciado oponente no había dejado de enviarle shishihokodan tan enormes que temía que abrieran un hoyo y sumieran a la ciudad en un cráter.

-¡Me calmaré cuando dejes de respirar, bastardo! –gritó fuera de sí para arremeter nuevamente contra él, como si su camisa roja fuera un blanco que se le agitara en frente de ese toro embravecido.

-¿Se puede saber de qué me acusas ahora? –siempre era así con él: pegar primero, explicarse después.

-¡Qué cara! –espetó furioso haciendo otro amago de partirlo en dos con las manos- ¡Ya sé que profanaste a Akane! ¡La has deshonrado! –al oírlo, la cólera embargó al normalmente templado muchacho, quien arremetió con un fuerte golpe en la cara.

-¡¿Y por qué mierda tienes que meterte tú en nuestras cosas?! –el otro quedó estupefacto, tanto por las palabras como por la actitud de su rival: ciertamente, no tenía por costumbre reconocerle nada, sobre todo si se trataba de ella. Al pensar en la chica de sus sueños, tembló de cólera.

-¡Me meto por que Akane no está sola! ¡Tiene quien la defienda y por cierto que lo haré! –fintó hacia la izquierda para hundir su puño en el vientre del otro a su derecha.

-¡Quien está para defenderla soy yo Ryoga, como siempre! –agregó con voz ronca y mortecina, estaba tan enfadado que ni sintió el impacto- ¡No toleraré más tu intervención! ¿Me oyes? ¡Demasiado tiempo he aguantado tus tonterías y ahora en verdad te crees con derecho para opinar!

-¡Pues qué pena que te moleste, porque seguiré haciéndolo! –prosiguió indignado:- ¡Sobre todo ahora! Me pregunto, ¿qué diría su padre si supiera que abusaste de ella?

-¡Estaría feliz y organizaría una boda en tiempo récord! –respondió harto- ¡Vería todos sus sueños realizados cuando empezáramos a llenar el dojo de niños! Además (aunque no te incumbe y sólo para que dejes de esparcir tonterías), ¡yo no abusé de ella! Al contrario de otros, ¡Yo no me meto de rodón a su cama! ¡Espero una invitación!

-¿Qué? –completamente descolocado y perdiendo todo su empuje.

-Lo que oyes: Akane y yo tenemos una relación, no otra cosa, y sólo estamos esperando terminar la secundaria para casarnos –faroleó. Nada más lejos de ello por el momento, pero ya lo arreglaría después.

-¡No es cierto! –prosiguió tercamente tratando de desmentir a su rival: -¡Cuando volvió a su cuarto aquella noche, lloraba y te maldecía!

-¡Así que estabas en su cuarto como P-Chan, maldito! –esta vez sí que hizo un serio intento de lastimar al descarado, que se atrevía a abusar de la ingenuidad y dulzura de su novia- ¡Esa fue la última vez cerdo!

-¡La vi llorar Ranma, tú le hiciste daño! –insistió enajenado.

-¡Jamás le tocaría un pelo de su cabeza Ryoga, y lo sabes! Tuvimos una discusión, eso es todo, y gracias por advertirme –prosiguió con voz cargada de ironía-, le compraré algo lindo, unas flores y la invitaré a pasear para pedirle perdón, como hacen todos los tipos con sus novias…

-¡No te creo nada! –retrucó con voz sorda y desesperada.

-Me da igual –el joven de badana moteada hizo una pausa: su rival se veía tan convencido que lo hacía dudar. ¿Es posible que alguien tan puro y virginal como Akane hubiera consentido en…? Ni siquiera podía decirlo del nudo que se le formaba en la garganta. Pero había estado dispuesta a casarse con él, ¿verdad? Entonces… ¡No! ¡No! ¡No iba a creer eso hasta no probarlo a ciencia cierta!

-Te estaré observando, Ranma, y si compruebo que lo que me dices es mentira… -dejó la amenaza en el aire.

-¡Lo único que vas a comprobar es mi puño en tu maldito hocico si te acercas nuevamente a ella P-Chan! ¡Akane es mía! –le soltó fuera de sí. Ahora menos que nunca iba a soportar que el muy cretino se hiciera ilusiones con su chica y tratara de disputársela, no ahora que era suya-. ¡Mi prometida, mi novia, mi compañera, mi mujer! Y no permitiré que te sigas aprovechando de su ingenuidad así, ¿me oyes maldito? ¡Te voy a hacer puré si te veo rondarla de nuevo!

-¿Con qué autoridad? –retribuyó siempre terco el muchacho de amarillo, incapaz de dejar ir sus esperanzas de ese amor solitario y silencioso.

-¡Con la que ella me dio al entregarse a mí! -retrucó Ranma, mortalmente serio, el otro hizo una mueca de dolor, pero el chico de trenza siguió impertérrito: ya no era momento de andarse con sutilezas con ese imbécil. –Ella es mía Ryoga, y yo cuido lo mío.

-Lo veremos –respondió el otro en el mismo tono. Por un momento, ambos se fulminaron con la mirada, luego, el eterno peregrino reinició su marcha.

Por unos instantes, el heredero Saotome sopesó la idea de rematar a su rival antes de que les acarreara más problemas a él y sobre todo a su prometida, pues estaba visto que las razones no servían de nada con el chico perdido. Suspiró y bajó el puño que tenía preparado, era demasiado blando para eso. Ya lo vería cuando fuera el momento, y al lado de su novia le dejaría todo claro al cerdo, sólo esperaba que no destrozara demasiadas cosas y que no hiciera sufrir a la chica con sus idioteces, porque era evidente que él debería luchar contra su desdicha, cuando viera sus ilusiones desmoronarse a sus ojos. Lo miró con pena, ciertamente, era una situación en la que nunca querría verse: no correspondido por Akane.


¡Maldito cerdo descarado! Por su culpa llegó tarde y tuvo que esperar 15 minutos en el pasillo, con aquellos sempiternos baldes que lo tenían más que harto. Lo peor es que Akane solía imaginar las peores cosas cuando se retrazaba así, ¡mierda! Bueno, por lo menos había podido cambiarse y asearse un poco, gracias a su previsión guardaba una muda para casos de emergencia en su casillero (que para su desgracia utilizaba casi todos los días). ¡Mierda! ¿Cambiaría esto alguna vez? Tal vez, cuando fuera mayor y orgulloso padre, entonces podría joder a sus críos por todos los líos en que se meterían, mientras él descansaría tranquilamente en el dojo al lado de Akane. Sí, esa era una perspectiva que le agradaba mucho, pensó con una sonrisa tonta. Entró a la sala, para aburrirse como siempre.

-…y quiero que escojan uno de los textos de literatura universal –decía en ese momento la profe Hinako- que hay en el carrito, para que me den su análisis y puedan subir así sus lamentables promedios… -la última frase se la dedicó a él, sin demasiado disimulo y con el ceño fruncido.

¡Lo que le faltaba! ¡Un jodido libro! Por un momento consideró la alternativa de siempre y dejar que la dulce Sakura o la tierna Hiyori hicieran su tarea, incluso cuando se volteó a verlas, ellas le sonrieron esperanzadas de ser escogidas, después de todo, eran las más confiables y sólo se conformaban con una sonrisa y un sincero "gracias", mientras suspiraban emocionadas porque les dirigiera la palabra, al contrario de la gran mayoría que pretendía una cita, un beso, una confesión de amor eterno. ¡Bah! ¡Como si no supieran que ya estaba lo suficientemente comprometido con demasiadas mujeres como para agenciarse más problemas! ¡Cómo si no notaran que solo había una chica que le interesaba y que ahora lo ignoraba estudiadamente! ¡… marimacho fea y gorda! Después de esta imprecación mental respiró mas aliviado. La verdad es que había veces que tenía ganas de pedirle el mazo prestado a Akane, para estamparlo en su cabeza dura y recalcitrante. Después se lo devolvería con una gran sonrisa de agradecimiento. Bueno, al menos era una fantasía agradable, por que en la realidad se tiraría de la Torre de Tokio antes de ponerle un dedo encima a la pequeña idiota…

-¡Idiota! –le soltó molesto y siseante al oído. Ella lo escuchó, por que se envaró entera para volver después a su exagerada indiferencia, ¡qué cretina más grande! ¡Cómo le quemaba que no lo tomara en cuenta! ¡Y ella lo sabía la muy…! Bueno, había que poner manos en ello. Y de seguro no ayudaría a su causa el que sus compañeras le hicieran el trabajo, de modo que tendría que elegir un libro a conciencia para no tener después un lío en las manos, porque dudaba que la marimacho fuera a ayudarlo.

Mirando con desconfianza el carrito, como si en cualquier momento los textos fueran a saltar sobre él para atacarlo a traición, se dispuso a revolverlos con un estremecimiento, como si estuviera tocando algo asqueroso. ¡Qué lástima que no le permitieran analizar un manga! ¡Eso sí que se le daría muy bien! Pero ni esperanzas de mencionarlo siquiera, porque se burlarían de él y lo castigarían. Mmmm… "Dios vuelve en una Harley",1 ¡Pft! ¡Qué estupidez! ¡Típico de esos gaijines descocados! ¡Promocionaban sus marcas incluso con lo más sagrado!; "El Sabueso de los Baskerville",2 ¿un perro? ¡Bah!; "El Diario de Ana Frank",3 para niñitas…; "Crónicas Marcianas",4 demasiado foráneo; "Niñas Malas, Mujeres Perversas",5 lo apartó de inmediato, lo último que quería leer era sobre Kodachis; "El Perfume",6 ¡qué libro más marica!; "Las Preciosas Ridículas",7 por ahí le iría mal, porque había que leer el análisis en clases y Akane le pegaría con el mazo a la mitad de la disertación; "Mucho Ruido y Pocas Nueces",8 su papá; "Gargantúa y Pantagruel",9 su papá y su suegro; "Mujercitas",10 Ryoga y Mousse; "Nada Menos que Todo un Hombre",11 Akane; "El Idiota",12 Kuno; "El Fantasma de Canterville",13 Gosunkugi; "Comedia de Equivocaciones",14 ¡la historia de su vida…! ¡Puta madre! ¿Es que no había ningún libro decente por allí? El chico que empujaba el carrito y esperaba que se decidiera, le puso mala cara por el desastre que había armado revolviendo los textos sin ningún cuidado. Con una mirada envenenada, le arrojó un pequeño ejemplar al pecho y siguió hasta el próximo alumno, tratando de acomodar los desperdigados volúmenes.

¿Pero qué se había creído ese…? Se enfadó cuando vio de qué se trataba, tenía toda la apariencia de un libro infantil, delgadito, con dibujitos y todo, al levantar la vista se dio cuenta de que Akane apartaba la suya a toda prisa, intentando esfumar la pequeña sonrisa de su boca, ya que no el brillo divertido de sus ojos. Bueno, ¡qué más daba! Al menos no le tomaría una eternidad y ella no se molestaría con él porque alguien más hiciera su labor, incluso él podría con ese libro. Lo guardó en su bolso. Además, hasta le sonaba simpático: "El Principito".15


Finalmente, el día tan esperado en la ciudad llegó: ya que Akane había nacido el tres de mayo, y Ranma el cinco,16 las familias habían acordado hacer una celebración para ambos el día cuatro, como todos los años, si bien los pretendientes no se privaban de hacer una diferencia los días pertinentes (como destacando el día especial y exclusivo de sus amores que por una desgraciada casualidad debían celebrar un día que no les correspondía). Más de una vez la heredera Tendo había pensado que quizás aquello era una indicación del destino, como que se empeñaba en juntarlos, y para lo cual, ambos debían dar un paso hacia un punto, desde sus respectivos caminos, para encontrarse al medio. ¿Serían capaces de ponerse de acuerdo y hacerlo? Una relación no podía llevarse a término si sólo una de las partes se obstinaba en avanzar y luchar por salir adelante, eso era lo que no entendían las chicas y lo que ella exigía.

Ajeno a estas reflexiones, Ranma estaba muy contento de haber podido llevar a cabo su cometido y comprado el regalo perfecto para ella. Había ahorrado mucho, había sido duro para él privarse de sus comilonas, y debió hacer multitud de encargos y sobre todo, mantenerse lejos de la férula de Nabiki, para que ésta no le vaciara los bolsillos de lo que tan duramente le había costado ganar. Pero gracias a la participación de Hiroshi y Daisuke, que le ayudaron a encontrar algunos trabajillos part-time, pudo reunir la suma y ahora no podía sentirse más contento, mientras escondía el objeto en su lugar más secreto.

Akane, por su parte, se las había visto coloradas para encontrar el presente remotamente adecuado para el chico, su vida espartana de luchador, acostumbrado a andar con lo mínimo, hacían que cualquier adorno u objeto que no fuera práctico o esencial fuesen completamente indiferentes para él, cosa que no captaba la tonta de Kodashi, quien siempre trataba de deslumbrarlo con lujos que a él le parecían ridículos. En efecto, el joven era muy sobrio tanto en sus costumbres como en gustos, de modo que no era como si pudiera comprarle alguna lapicera o una agenda o una figura, ni nada por el estilo, no hablemos de algo lindo, tierno y emotivo como un peluche o una camiseta con alguna leyenda. Y si se le ocurría hacerle algo para su uso personal, sólo se ganaría uno de sus típicos cumplidos que la hacían rabiar, como cuando se burló de su bufanda, el muy imbécil, de modo que este año no hizo ni el intento; no era que Mousse le hubiera mostrado algo más de las labores hogareñas, y eso que él tejía muy bien, recordaba la hermosa chalina que le hiciera a la malagradecida de Shampoo y terminara en aquel bodhisattiva, Jizo (que en agradecimiento, tomara la forma de una graciosa versión de la amazona, lo que la hacía reír maliciosamente en privado) ¡Desgraciado, por qué no le enseñaba! Al final, se decidió a reemplazar sus muñequeras de firme tela elástica, por otras más lindas y de material más firme. Hablando con Yuto, el artesano, diseñaron unas de lustroso cuero negro, con la gracia que podían ajustarse por medio de unas tiras de velcro en su interior, de manera que podían adaptarse también a los más delicados antebrazos de Ranko cuando fuera necesario, con lo que estaba muy contenta de sí misma.

-¿Le gustaría que las personalizáramos señorita Akane? –ella consideró cuidadosamente la idea, por un lado sería bonito colocarle la silueta de un caballo al galope o simplemente su nombre, pero le gustaban mucho como habían quedado, perfectamente brillantes y lisas, el cuero tenía un grano muy fino que brillaba al sol, y ya podía imaginar como quedarían en los musculosos antebrazos del muchacho, con su hermosa piel de atrayente color, brillando por el sudor con aquel aroma que la perdía y jadeante… Se le cortó la respiración y al notar la mirada curiosa de Yuto, se ruborizó tanto de que el joven hubiese podido intuir lo que le pasaba por la cabeza, que empezó a balbucear como una idiota y a buscar excusas tontas para huir de allí, cuando una pequeña conmoción en la calle le llamó la atención. Al distinguir mejor a los actores, se dio cuenta de que nada menos eran su prometido y esa condenada china descarada, dando uno de sus típicos espectáculos por la calle, la chica completamente pegada a él y restregándosele con un descaro que le provocaba náuseas y unas ganas feroces de matar a veleta ése, sobre todo cuando vio que la muy zorra se inclinaba hacia él para besarlo.

-¡Señorita Akane! ¡Señorita Akane! ¡Por favor! ¡Deje de estrujar mi escultura…! ¡Aaah…! ¡Ya me lo descabezó! –señaló desesperado a la pobre figura de samurai que la muchacha tenía entre sus manos, pero se encogió tembloroso cuando ella se volvió echando chispas hacia él:

-¡Envuélvamelo que también me lo llevo! –le rugió, al tiempo que arrojaba la cabeza del desdichado guerrero sobre su escritorio. Y después le gritó, señalando las muñequeras: -¡Y a esas, las quiero personalizadas! ¡Un gran BAKA en ellas! ¿Me oye? –acto seguido se marchó de allí pisado fuerte, ya las recogería más tarde, necesitaba desahogar su cólera primero. ¡Qué estúpida de ella pensar que la extrañaba, cuando tenía repuestos de sobra y con sólo chasquear los dedos! -¡MIERDAAAAAAAA! –la gente que se la cruzaba de frente se hacía a un lado de un salto y hasta cruzaban a la otra acera, para no toparse con la temible mujer oni que asolaba Nerima tan seguido.


-Hola Akane, cómo te ha id…

-¡Cállate baka descarado! -¡Plaf!

"Bueno, por lo menos me habló", pensó el chico con molestia en el piso, luego del tremendo bofetón que le obsequiara su prometida. Con esto, le quedaba más que claro que para su mala suerte, lo había visto con alguna de las otras, la pregunta era con cuál. Menos mal que se había sacado encima a la pegajosa de Shampoo, que insistía en llevárselo a un lugar más privado para obsequiarle su regalo de cumpleaños. Eso lo había puesto muy nervioso y acalorado bastante, ya que la ausencia de Akane empezaba a hacer estragos en su cuerpo, por lo que le costó más que de costumbre quitarse a la latosa de encima, pero no era tan tonto para caer en las trampas de esa intrigante y labrarse su infelicidad solo. Después de descubrir el paraíso junto a su marimacho, no se iba a conformar con pobres sustitutos y tenía más que claro que sería el fin de todo.

Estaba decidido a hacer las pases con la pequeña idiota, y ese era el momento perfecto, su cumpleaños, esperaba de todo corazón que su regalo apaciguara a la fiera y le permitiera explicarse y obtener su perdón; y así… como quien no quiere la cosa… se acercaría a ella, y le contaría cuanto la había extrañado y todas esas chorradas que les gustaban a las chicas, y cuando estuviera más distraída, le robaría un beso y luego se disculparía, pero que no lo había podido evitar, cegado por su belleza (mientras así pensaba, iba haciendo gestos acordes con la intensidad del imaginario momento, sin notar que Kasumi y su madre lo miraban muy intrigadas), y de inmediato le plantaría otro, esperando fervientemente tener suerte y que no los interrumpieran, una cosa llevaría a la otra y entonces (pensó enderezándose e irradiando confianza), él tendría el regalo que verdaderamente quería, y cuando el cuerpo hermoso de la muchacha volviera a reposar a su lado, después de una larga y satisfactoria noche de pasión, él se aseguraría de que así permaneciera, ¡ya estaba harto de tonterías que los separaban! (Mientras pensaba en eso, inevitablemente había adquirido su cara de idiota patentado y un poco de baba se le escapaba por la comisura). Coronaba sus planes con esa risa canchera y orgullosa que solía sacar de sus casillas a su temperamental noviecita. Así, entre estos agradables pensamientos se fue a arreglarse sin reparar en las curiosas miradas de las mujeres.


Con la rabia que tenía envolvió sin cuidado el obsequio, gastando una porrada de papel, llenándolo además de cinta adhesiva, por lo que al final parecía la promesa perfecta de un mamarracho en su interior, pero no le preocupaba en lo más mínimo. Se sentía muy tonta, porque a pesar de haber emprendido su aventura con el chico con los ojos bien abiertos sobre su inconstancia y facilidad con las mujeres, su desazón le demostraba a las claras de que seguía manteniendo ilusiones con respecto al veleta ése, lo que después de dos años de verlo en acción, era una gilipollada imperdonable. ¡Todo eso era culpa de Mousse y sus prédicas sobre el amor que según él, ese cretino de Ranma le profesaba! ¡Apenas se apareciera por allí para felicitarla, le iba a dar con el mazo en la cabeza por mentiroso y coludido con el baboso de su prometido! ¡Mierda! ¡Estaba tan cabreada que podría escupir clavos! ¡Arf! Ciertamente, no era el mejor estado de ánimo para celebrar su cumpleaños. A pesar de que no era costumbre, había invitado a algunos cuantos amigos (y se había preparado para la invasión de los indeseables, léase Kuno, Kodashi, Ukyo y Shampoo), y estaba claro que no podía bajar así a recibirlos, así que se puso a hacer sus ejercicios de yoga de respiración y relajación que tantos beneficios le habían dado. Mientras estaba despejando su mente, un recuerdo salió como un flachazo a incrustarse como un agudo estilete en su corazón:

"Era pequeña y estaba en brazos de mamá. Por el camino, se habían topado con una triste vecina, que trataba de disimular sus lágrimas parpadeando hacia el canal. Mamá, con aquella ternura infinita que derrochaba por doquier, se había acercado y se había puesto a consolarla. No recordaba bien todo, pero algo se le había gravado para siempre: 'Kokoro, si después de todo este tiempo aún se da el espacio de mirar a otras chicas, entonces no vale la pena querida, olvídale. Un hombre que no es capaz de serte fiel en la etapa más fácil y bonita de enamoramiento, no pasará los años venideros contigo, ni se quedará a tu lado cuando surjan los problemas, y menos podrás contar con él, ni te responderá cuando estés embarazada y vulnerable. Eso sólo lo hace un hombre verdaderamente enamorado y de nobles sentimientos. Sé que será doloroso, cariño, pero olvídalo ahora y busca a alguien que en verdad merezca tu devoción'…"

La chica de pelo azulado quedó estática un momento, su expresión se volvió de puro dolor mientras una gran lágrima se deslizaba silenciosamente por su mejilla.


Ciertamente, ellos dos no eran los únicos que se habían ilusionado con ese día, ya que desde distintos puntos de la ciudad, cinco corazones habían depositado sus esperanzas en el evento que esta fecha traería. Así, un infatigable budoka había emprendido la marcha desde muy temprano con la intención de llegar a tiempo al dojo de su amada y declararse, a fin de poner su dañado honor bajo su amorosa custodia. El enajenado Tatewaki, se engalanaba y esperaba, lleno de infundada confianza, que el caro y horriblemente ostentoso anillo de compromiso le asegurara su felicidad al lado de su diosa con alma de tigresa, mientras su hermana afanaba en otro lado de la mansión, preparando distintos manjares y dando instrucciones al pequeño ninja, que lo tenían francamente aterrorizado. La experta en okonomiyakis había elegido un sentador vestido azul, de revelador escote (como la amazona, ella también conocía sus puntos fuertes y sabia como sacarles partido), y estaba dispuesta a jugarse el todo por el todo, ahora que se acercaba la edad en que su prometido podría casarse con aprobación de uno de los padres (si bien legítimamente era mañana) y esperaba, por las buenas o por las malas (no en balde él había tomado su dote, y el asunto tenía una repercusión legal favorable para ella), asegurarse la mano del amor de toda su vida. Lo había perseguido por más de diez años y estaba decidida a hacer valer aquello, aunque significara apelar a la compasión y sentido de rectitud del muchacho, si no a su amor, eso podía venir después, con su tierna devoción. La amazona una vez más había preferido optar por los confiables métodos de su tribu y había preparado un potente hechizo afrodisíaco, elaborado de manera tal, que una vez que su víctima, ¡perdón! su amado, hubiese comido los primorosos pastelitos dulces de masa de arroz con el brebaje en su interior, oliendo después su embriagador perfume, no podría resistirse a consumar su unión de tal forma, que en pago por su honra perdida, debería ofrecerle matrimonio y darle fuertes hijas. El pato idiota ya estaba en su jaula para no echar a perder sus esfuerzos, y a pesar del escándalo que armaba, se veía impotente para estorbar su inteligente plan. Cinco miradas se alzaron al cielo llenas de relucientes esperanzas: ¡No fallarían!


Ya había terminado de vestirse con todo esmero con su matadora camisa roja con un dragón que le recorría el pecho y la espalda, y se sonreía con gesto ganador, realizando sus gestos y frases más seductoras frente a un espejo que había sustraído del cuarto de Akane y con el que ésta solía peinarse. Luego de alborotarse cuidadosamente la chasquilla para verse aún más irresistible para su pequeña prometida, se disponía a abandonar la habitación cuando notó la presencia del sirviente de los Kuno que esperaba pacientemente que terminara su charla con mismo (no era como si no estuviera acostumbrado a las situaciones de esta índole, hay que recordar que pasaba casi todo el día siendo la sombra de Tatewaki). Molesto, se volvió para mandar a volar al indeseable, pero éste se le adelantó haciéndole una reverencia muy respetuosa al tiempo que depositaba un paquete de aspecto lujoso en su mesa de escritorio.

-De parte de la señorita Kodashi, con todos sus afectos para el señor Ranma –el muchacho bufó fastidiado, empezaban a molestar temprano y cualquier cosa que viniera de esa loca no sería bueno ni para él, ni para su relación con su durazna novia. De tal forma que tomó el paquete con todo cuidado (no fuera a contener una serpiente) y se dispuso a rechazar el chisme, fuera lo que fuese no le interesaba, cuando la condenada caja se abrió con un estallido de luces y mientras se desplomaba por el efecto narcótico de las malditas flores se preguntaba como un guerrero tan capaz como él caía siempre en las mismas trampas de las chicas.


Después de terminar sus ejercicios y arreglarse, Akane salió a recibir con su mejor sonrisa a sus invitados. Se sintió un poco contrariada de no encontrar a Mousse, pero supuso que era mejor así, por que el resto se intimidaría si la veían atizarle a uno de sus invitados con el mazo y saldrían en estampida por si las dudas. De tal modo, que se vio obligada a sonreír y poner buena cara, mientras los chicos prácticamente se babeaban mirando su escote. Y es que para marcar su paso a la mayoría de edad,17 se había decidido a vestir como tal, es decir, como toda una mujer, con unos ajustados jeans negros y una gruesa camisa café oscuro ceñida a su cintura por un coqueto cinturón, dando cuenta de su silueta perfectamente, de modo que cada vez que se movía, veía ojos pervertidos bien en sus pechos, culo o piernas y empezaba a salirse de sus casillas. Se preguntaba por qué el inútil de su prometido no bajaba de una buena vez, ya que en su presencia los chicos disimulaban algo, sobre todo sus amigotes de Hiroshi y Daisuke los muy cretinos. No podía creerse como incluso el bueno de Ryoga se la comía con los ojos y empezaba a preguntarse si su atuendo no sería demasiado revelador y se vería como una cualquiera. Comenzando a perder los estribos, se excusó para buscar al baka maleducado de Ranma, para que bajara a saludar, cuando se encontró con la habitación en desorden e inundado de pétalos negros…

-¡Kodashiiii…!


Ukyo y Shampoo detuvieron su fuerte discusión a la entrada del dojo (remarcada por sendos bofetones a cada argumento que se daban, de suerte que tenían las mejillas rojas e inflamadas y empezaban a tomar un gracioso aspecto mofletín), para ver salir disparada a una furibunda Akane, maldiciendo a todo pulmón.

-¡Akane! ¿Qué sucede? –alcanzó a gritarle la chica de la espátula gigante. Ésta no detuvo su carrera para gritarles:

-¡Kodashi! –y seguir su camino como una tromba dejando una gran estela de polvo. Las otras cambiaron una mirada y rápidamente establecieron su tregua para ir en ayuda de su amado en peligro.


El pesado y colosal portón de la ancestral mansión Kuno, no fue capaz de contener la furia de las legítimas prometidas contra la intrusa que había osado desafiarlas robando a su hombre, y saltó convertido en virutas y metal retorcido. Los desafortunados ninjas que acudieron a defender el territorio de sus señores, fueron despachados rápida y brutalmente por las chicas, quienes no estaban de humor para perder el tiempo con esos patanes, cuando el artista marcial podría estar siendo abusado en ese mismo instante.

-¡Akane Tendo, mi amor! –gritó el delirante dueño de casa, corriendo con los brazos abiertos y llorando de la emoción por que su amada no hubiese podido aguantar su demora y hubiese ido a buscarlo- ¡Mi diosa con alma de tigresa! ¡Has venido a verme por fin para declararme tu amor! –de una sola patada fue puesto fuera de combate por la dueña de su corazón.

-¡Déjate de boludeces Kuno! –le gritó en plena cara, afirmando al medio knockeado chico con furia por el cuello- ¿Dónde está la estúpida demente de tu hermana? –mientras lo sacudía con vehemencia.

-¡Ah… ahggg…!

-¡Akane! ¡Dejar de estrangularlo! ¡Que no poder hablar así!

-¡Sí, ya suéltalo y que hable de una vez! ¡Después lo matas! –la peliazul lo dejó para que éste recuperara el aliento y les contestara.

-E… en el salón norponiente… -dijo el flipado joven, señalando apenas. Las chicas lo dejaron cual trasto viejo y dispararon en la dirección, llevándose por delante a quien se le pusiera en el camino.

Al llegar al recinto, se encontraron con el alarmante espectáculo de un Ranma atado y amordazado, con los ojos desorbitados y hasta unas lagrimitas escapando por las comisuras, mientras movía la cabeza con un vehemente gesto de negación, al lado de una ruborosa Kodashi vestida de novia, mientras un cura, visiblemente incómodo, trataba de zafar lo más cautamente, explicando con sumo cuidado por qué dicha ceremonia no podía ser considerada legal.

-¡Claro que no, Kodashi imbécil! –espetó Akane furiosa- ¡Ranma no cumple años aún! ¡Esta sólo es una celebración, legalmente, no es mayor hasta mañana!

La lunática chica miró al joven con grandes ojos sorprendidos:

-¡Oh, Ranma mi amor! ¿No pudiste esperar hasta mañana querido, verdad? ¡Pero tenemos que hacer las cosas con propiedad –lo regañó con fingida severidad-, de otro modo será inútil! Mientras tanto, ¡bésame, amor de mi vida! –una espátula, un bombori y un mazo, todos de tamaño y utilizados con fuerza descomunales cayeron sobre la desquiciada joven, mandándola a volar por los aires de la ciudad.

Mientras Ukyo se encargaba de las cuerdas con una de sus útiles espátulas, Shampoo desataba la mordaza y ella lo detenía por los hombros para que no se diera de fauces en el suelo. Por un absurdo momento, pensó en el gran equipo que armaban para salvar a ese memo, sus Ángeles de Ranma, al final, sí formaba parte de su harén, ¡maldito fuera! ¡Cuando estuvieran solos, le iba a dar una buena por esto! ¡Ya no quería verlo más en su vida! ¡Estúpido idiota!

De pronto, mientras se aguantaba las náuseas que los arrumacos de las chicas a su pobre e inocente amor le producían, se percató de que Gosunkugi le tocaba el hombro, con su eterno vestido blanco ceremonial y las velas atadas alrededor de la cabeza. Mirando alrededor, vio que tenían mucha compañía, todos estaban allí mirando con diversos grados de interés y hasta de reprobación, aunque lo que primaba era el hambre de los muchachos, al ver los suculentos manjares con los que la lunática señorita pretendía festejar sus esponsales.

-Bueno, ya que estamos aquí, ¡no podemos dejar que esta maravillosa comida se desperdicie! –gritó Genma. Completamente de acuerdo, los muchachos se arrojaron como la marabunta sobre los apetitosos platos, a pesar de las advertencias del joven de trenza y los intentos de Kuno de alejarlos con su bokutou, de suerte que en un momento, no tardaron en caer con los inconfundibles síntomas del gas paralizante de Kodashi. Mientras Nodoka corría a socorrer a su incorregiblemente tragón esposo, su padre bufó exasperado por el imperdonable impasse de su compañero de entrenamiento, por caer como un novato, y arrojándose sobe los muchachos (sin ver dónde caía y a quién aplastaba) les dijo:

-¡Esta es una advertencia del destino! –con gran escándalo- ¡Tomen estos pasajes para su luna de miel que les teníamos preparados, y márchense! Pero primero, ¡firmen esta promesa de matrimonio, que mañana nos encargaremos de hacerla legal!

Con un alarido de horror, los pretendientes se atropellaron unos a otros en su afán de destrozar los pasajes, pero fue Gosunkugi, quien sin querer, y al ir a incorporarse por debajo del hombre, con sus velas en la cabeza, quien quemó los importantes papeles ante el llanto desesperado de Soun. De inmediato, Shampoo se acercó con su primorosa caja de masitas para ofrecérselas a su prometido, al tiempo que decía:

-Por suerte, Shampoo preparada con masitas tradicionales de China, ¡tú nunca probar nada tan delicioso!

-¡Bah! –dijo despreciativo el joven de la trenza- ¿No pensarás tú también que voy a ser tan imbécil como mi padre para caer con el truco de la comida, verdad? –mientras la chinita le discutía acaloradamente, Kuno, insatisfecho de no tener nada de comida decente que llevarse a la boca, se aprovechó de su distracción para empezar a tragar los dulces con fruición, si una chica tan linda cocinara para él, ya le demostraría el adecuado agradecimiento y cortesía, no como ese palurdo grosero de Saotome. De pronto empezó a sentirse muy extraño…

-¡Hay sí! ¡Como tú nunca has caído con el truco de la comida envenenada de Shampoo! –espetó la voz cargada de ironía y despecho de Akane.

-¿Pero qué me dices? ¡Creí que la comida envenenada era tú sección! –recusó tremendamente molesto el joven de trenza por la acusación (aunque fuera una verdad más grande que el océano).

-¡Pero cómo te atreves a hablarme así! –le gritó ella con aura incendiaria.

-¡Ya van a empezar! –exclamó Nabiki, abriendo un paquete de snaks y acomodándose para ver mejor el show.

-¡Pero airen! –gimió la chinita con sus ojos cuajados de bellas lágrimas- ¡Por que ser tan ingrato, después que salvarte y no probar…! ¡…! ¡Pero qué es esto! ¡Mis dulces!

-Shampoo… -se escuchó una voz ronca y cavernosa que hizo que a todos los presentes concientes dieran un respingo y se les erizara el vello de todo el cuerpo. –Es imperdonable que hasta ahora no me haya dado cuenta de lo hermosa que eres, mi salvaje flor de China… -ella, al ver la perturbada mirada de chico demente, tuvo una sospecha que se confirmó cuando vio que él sostenía el último dulce que ante su mirada ingirió, para acercarse a ella olfateándola de lejos como un perro en celo. Tal vez los confiables métodos amazonas no fueran tan buenos después de todo, pensó la pelimorada, mientras sentía que su cuerpo se estremecía de pavor contemplando la mirada cada vez más extraviada del ya desequilibrado joven.

-¡AAh! ¡Airen, ayudar Shampoo! –al tiempo que emprendía la huída.

-¡Mierda Shampoo! ¿Qué hiciste esta vez? –al chico no se le había pasado por alto la expresión sospechosa en la cara de la chinita y la reacción atípica de Kuno.

-¡Ranma, no te escapes ahora que estamos hablando! –lo increpó Akane furiosa.

-¿Pero estás loca mujer? –le contestó el chico airado- ¿Qué no vez que…? –la frase quedó inconclusa mientras él apuntaba a una llorosa y horrorizada amazona, que huía desesperada del chico con bokutou.

-Sí, sí. Tus excusas me las conozco de memoria –contestó la chica sin mirar, motivada por toda la gama de sentimientos que llevaba acumulada y la volvían irracional-. Siempre hay algo que surge de pronto, un duelo, alguien que necesita ayuda…

-Oye Akane, yo creo que esta vez… -intentó mediar una inquieta Ukyo que también se preocupó al ver lo que le ocurría al sempai.

-¡Joder Ukyo! ¿Querrías ser educada por una vez y quedarte al margen de esto? –le espetó completamente fuera de sí, lo que dejó muda a la cocinera de okonomiyakis. En general, nunca la cólera de esa chica había estado dirigida contra ella- ¡Esto lo voy a arreglar de una vez con este memo! –ante esto, ya no le quedaron más ganas de terciar.

-Akane, no estás siendo razonable –dijo el muchacho haciendo gestos con las manos como si así la pudiera hacer entrar en razón, mientras un tic se evidenciaba en su ojo derecho…

-¡Airen, airen, por favor! –gritaba Shampoo desesperada, la poción le daba al chico una fuerza y potencia extraordinarias, y ya se temía atada a él de por vida, en cuyo caso prefería arrojarse de una alta roca…- ¡Tú perderme como prometida…! –lloriqueó.

-¡¿Qué yo no estoy siendo razonable?! –prosiguió la cabezota peliazul, empezaba a ver todo rojo- ¡¿Te parece que es forma de vivir?! –insistió con vehemencia.

-¡Mierda! –vociferó el otro, herido en lo más vivo- ¡Es mi estilo de vida, y si o te gusta…!

-¿Entonces me puedo ir al carajo? ¿Crees que me gusta que cada vez que te doy la espalda, estás en brazos de otra? –gritó por primera vez lo que realmente la desquiciaba, y pateó con furia el suelo- ¿Pero quién te crees que soy?

-¡Buaaaa! –tal vez eran las primeras lágrimas verdaderas que la chinita derramaba en años- ¡Alguien ayudar Shampoo! –en vista de que no podía contar con Ranma, prefería ser la novia de cualquiera, hasta del papá de Akane.

-¡Lo sabía Ranma! ¡Tú no la puedes hacer feliz! –gritó Ryoga exultante, había seguido la discusión con interés y ahora le parecía que tomaba el giro favorable para él.

-¿Te importaría Ryoga? –le gritó la chica muy cabreada- ¡Yo estoy peleando yo con él! ¡Después es tu turno!

-¡…! –de más está decir que ante la salida de Akane se quedó a cuadros.

-¿Y tú qué? –prosiguió Ranma fuera de sí, él también tenía su kilometraje guardado- ¿No te acuerdas de Toma, Kirin…?

-¡No es lo mismo imbécil! –le gritó con ganas de abofetearlo- ¡Ellos me raptaron!

-¡Lo mismo me acaba de pasar a mí! –realmente, ¡las mujeres no tenían ni un gramo de sentido común!

-¡No te compares conmigo! –le escupió muy indignada- Que yo nunca los halagué, ni acepté alguna invitación…

Mientras esto ocurría, Mousse que se había liberado (gracias a que entre sus plumas tenía la llave de la jaula, de modo que se retorció hasta soltarse de sus amarras), y sólo tuvo que dirigirse al lugar más escandaloso de la ciudad para dar con la fiesta de cumpleaños de sus amigos y sumarse a la revuelta. Aunque esta vez, knoquear a Kuno le estaba resultando más difícil que de costumbre, por lo que se decidió por arrojarle una granada que el kendoísta rechazó con su bokutou, pero con tan mala suerte que fue a parar al pilar que sostenía la estructura de la sala de tal modo que todo el lugar se vino abajo sobre sus cabezas.

Tal vez no fue la mejor manera, pero sí fue una efectiva manera de acabar con todos los conflictos que se habían desatado esa tarde, de modo que cuando recuperaron la conciencia, empezaron a emerger lentamente y muy adoloridos entre los escombros.

-¡Cof, cof! ¡Akane! ¡Akane! –la primera preocupación del heredero Saotome salió a flote junto con él al asomar la cabeza entre pedazos de vigas y cemento.

-A… Akane…-san… ¡cof! –se sumó el eco de la voz de Ryoga.

-A… aquí estoy. Estoy bien –les contestó aquella con voz un poco débil empezando a emerger. De inmediato, ambos se abalanzaron sobre ella para prestarle asistencia, pero el joven de trenza usó la cabeza de su rival como trampolín para llegar más rápido y sacar de paso a su competidor del camino mientras terminaba de sacar a la joven y la estrechaba contra sí tomándola en brazos. El otro levantó la cabeza para mirarlo airado.

Mousse se alzaba en ese momento con una inconciente Shampoo entre sus brazos, la que ostentaba un buen golpe en la cabeza que semejaba sospechosamente la marca de una espada de madera, pero entre tanta viga caída no se podía estar seguro…

Ukyo que contemplaba todo esto aún medio enterrada en un rincón se sintió repentinamente tan solitaria… que unas inoportunas lágrimas empezaron a formarse en sus ojos.

Entre los escombros del salón, los prometidos se miraron desilusionados y doloridos.

-Este… yo… feliz cumpleaños… Akane…

En un arranque de enfado, ella le arrojó su paquete al rostro, de suerte que le dio en plena boca, los demás observaban la escena callados, todos percibían algo diferente esta vez y era casi como ver a los papás pelear. Cuando Ranma pudo desentrañar ese misterio de papel y cinta adhesiva, la cabeza de un samurai se deslizó y golpeó tristemente el suelo:

-¡Aaah! –gritó el chico espantado- ¡Pero qué mala eres Akane! ¿Cómo me regalas esto?

-¡Eso no imbécil! ¡Se me pasó por accidente con lo cabreada que estaba! -rasgó el papel y sacó las muñequeras que le arrojó con vehemencia a la cara de nuevo. Muy adolorido las tomó y las estudió con placer, ¡qué regalo tan perfecto, la lustrocidad del cuero, como se adaptaban a sus brazos y como se podrían ajustar a los de Ranko… de pronto, reparó en la marca que tenían:

-Pero ¿qué es esto? –de pronto su mirada de placer cambió a una de ofensa recibida.

-¡Es un baka, para que no las confundan con las de nadie más! –al escuchar esto, el resto de la concurrencia, que se había mantenido en respetuoso silencio, estalló en estruendosas carcajadas apuntando con el dedo al muchacho que temblaba de cólera. ¡Mira que a veces realmente podía ser una…!

-¡Fea marimacho! -¡Bom! Un fuerte mazazo fue la respuesta mientras la chica se iba muy indignada –¡Akane! ¡Akane! ¡Espérame maldita sea, no te puedes ir así no más! –y corrió detrás de ella en dirección al dojo, dejando atrás al resto sumidos cada cual en su particular humor, dándose cuenta de que por hoy el espectáculo había terminado, se fueron cada cual por su camino.

En el dojo un joven artista marcial era presa de los más encontrados y negativos sentimientos. Por más que trató de convencerla, ni siquiera consiguió que aceptara escucharle, de modo que se daba a los diablos, cuando su mano tropezó con el bulto en su bolsillo. Sacó la pequeña caja que con tantas esperanzas había adquirido y con todo silencio, y con un suspiro de tristeza, la dejó en el escritorio de su prometida.

Una vez que se hubo bañado y quitado así el polvo del derrumbe, Akane se fue a su habitación para terminar de purgar su pena con mayor intimidad. ¡Qué harta estaba! Su vida se resumía en un montón de desastres a punto de ocurrir y los que ya habían ocurrido. ¿Qué esperanzas tenía de poder compartir una celebración de manera normal con su prometido? ¿Por qué siempre había alguien que con toda propiedad iba a meterse entre ambos, por qué siempre la hacían a un lado como un vil estorbo? El peso del día fue demasiado y hundió los hombros para ponerse a llorar, sentándose iba a arrojarse sobre su escritorio cuando algo le dio en la cara. Una pequeña cajita pulcramente envuelta y adornada con un lacito aguardaba por ella. Si no hubiera bastado la parquedad de su presentación, la nota toscamente garrapateada que la acompañaba, hubieran delatado su procedencia. El mensaje solo decía: Feliz Cumpleaños Akane. Abriéndolo con curiosidad (no quería hacerse ilusiones como con la estúpida caja de píldoras de la señora Nodoka), se encontró con una fina cadena de oro con un colgante en forma de corazón, de esos que se usan para guardar fotos dentro. Absorta, lo abrió para encontrarse con su rostro que la miraba sonriente, mientras que en la otra cara, el bobo de su prometido le sacaba la lengua al tiempo que se tiraba de la comisura de un ojo para abajo con el dedo.

-¡Pedazo de idiota…! –de pronto, el gesto estúpido de niño chico le pareció tan encantador, que con un convulsivo sollozo lo apretó contra su corazón y disparó a la habitación del causante de sus trastornos. El muchacho, que aguardaba en triste silencio con la luz apagada, dio un respingo cuando la puerta se abrió de golpe para dejar entrar como una tromba a su prometida. Por si acaso, se puso en guardia, pero ella igualmente lo sorprendió al arrojarse a sus brazos.

-¡Hey! ¡Hey! ¿qué pasa Akane? ¿Por qué…? No llores boba, si no te gustó, podemos cambiarlo, yo no tengo tan buen gusto como tú… -ante esto, el llanto de aquella se hizo más intenso.

-¡Buaaa! ¡No seas idiota! ¡Me encantó! –dijo, acurrucándose más en sus brazos y el aroma del chico la cobijó y embriagó una vez más. ¡Se sentía tan bien allí! ¡El mejor lugar del mundo!

-¿Entonces…? –en su perra vida entendería a las mujeres. Trató de secarle las lágrimas, pero ella se lo sacudió y le echó los brazos al cuello para besarlo con vehemencia. Él la recibió con entusiasmo, correspondiendo el beso con toda la pasión que su ausencia había generado en él. Cuando se separaron, él le sonrió contento y matador: -Debo decir que este regalo me gusta mucho más… -dijo con sarcasmo, señalando con el gesto las muñequeras que depositara en su escritorio.

-¡Lo siento tanto! –murmuró arrepentida-. Iba a dejar las muñequeras lisas hasta que te vi con la resbalosa de Shampoo…

-¡Ops! Siento eso… –murmuró apenado. Ahora todo cobraba sentido porque aquella se había comportado de una manera… bueno, típica en ella.

-No, yo… No debí entrometerme, ni encelarme, desde el principio he sabido que… -miró para otro lado reprimiendo otra oleada de lágrimas.

-¿Qué? –preguntó descolocado. No entendía una mierda de todo aquello. Ella sólo meneó la cabeza y se arrojó sobre él para tratar de llenar ese vacío desolador que hace días se empeñaba en crecer en su interior…


Suspiró enojado. Sólo se había dormido un par de minutos y ella ya no estaba. Aprovechaba cualquier circunstancia para desaparecer de su cuarto y eso lo empezaba a hartar. Cada vez resentía con mayor ímpetu el hecho de dormir solo, de andar a escondidas, le dolía ese vacío en su futón, el frío de ese costado en donde ella debía reposar a su lado. Estaba claro que era una situación que no pensaba tolerar mucho tiempo más.

A la mañana siguiente, se despertó con una clara determinación pintada en la cara. Ni siquiera espero a que ella viniera a su cuarto, simplemente se levantó y enfiló al baño, hoy las cosas iban a cambiar. En su recorrido, se topó con Nabiki, que alzando una ceja, le preguntó con ironía:

-Que, ¿te patearon de la cama Ranma? –sin prestar atención al doble significado de la frase, contestó muy decidido:

-Nada de eso cuñada, solo que me propongo cambiar algunas cosas el día de hoy.

La chica parpadeó inquieta mientras lo veía desaparecer por la puerta, nunca antes la había llamado cuñada, se sonrojaba y rebatía demasiado cuando alguien rozaba siquiera su compromiso con la peliazul, su declaración era definitivamente una prueba de que algo andaba muy mal para ella. Preocupada, se apresuró a sondear al otro componente de la situación. Se encontró con la chica observando asombrada el cuarto vacío, con P-Chan a sus pies. El animalito había aparecido en la madrugada y ella lo había entrado a su cuarto. Cuando la vio aparecer le preguntó:

-¿Y Ranma?

-En el baño –ante esta afirmación, la peliazul la miró incrédula.

-¿Qué, está enfermo? –preguntó si poder creerlo. Se había levantad temprano y se había hecho una infusión de hiervas para mermar un poco el frío, esperando para ir a despertar al chico y tal vez charlar un poco más.

-Más bien resuelto, diría yo. ¿Al fin se decidieron a unir las escuelas? –preguntó con ironía provocadora. Pero la otra no mordió el anzuelo:

-Lo que vayamos o no a hacer, no es algo que te incumba, Nabiki –respondió molesta.

Bien, sin duda que se había comportado durante el tiempo suficiente. De modo que sin más se acercó a su hermana al tiempo que le decía:

-¿Y entonces piensas hacer de tu noviazgo un compromiso formal? –al tiempo que la distraía con su pregunta, cogió disimuladamente su muñeca para girarla y derramar el contenido de su taza sobre un desprevenido P-Chan, que no tuvo tiempo alguno para reaccionar -¡Oh Dios mío! ¿Pero qué es esto? –cuando el inevitable cambio se operó.

-¡Aaaah! –el alarido atrajo en un instante a su prometido, tan condicionado estaba por ese sonido que reaccionaba automáticamente, y en ese momento realmente deseó que esto no fuera así, ya que uno de sus peores temores se materializaba a sus ojos, mientras veía a un desnudo Ryoga, aún humeando su piel por el té, encogido y tembloroso, intentando ocultar sus vergüenzas, al tiempo que trataba de balbucear alguna palabra coherente.

-¡Akane escúchalo! –intercedió el chico de la trenza: -¡en verdad no quería hacer mal! –ella agarró al inculpado del cuello, para verlo a los ojos, al tiempo que le soltaba:

-¿Y por qué me dejabas abrazarte y mimarte? ¿Por qué te permitías estar en mi habitación mientras me cambiaba? ¡¿Por qué te atreviste a metERTE EN MI CAMA, CANALLA MISERABLE?! –el pobre chico había perdido toda capacidad de articular palabra, y así fue despedido por el potente puño de Akane, que no pudo aguantar más su presencia. Ranma se estremecía asustado, seguro de que iba a ser el siguiente. En ese momento, el resto de la familia apareció, atraída por los gritos de la muchacha:

-¿Pero qué es lo que sucedió aquí? –preguntó Soun descolocado.

-Pues que Ranma y Ryoga se pusieron de acuerdo para burlarse de Akane –respondió Nabiki dramática micrófono en mano: -¡RYOGA ERA P-CHAN! ¡TAMBIÉN ESTABA MALDITO DE JUSENKYO, Y ÉL LO SABÍA! –apuntó al conmocionado chico, que ahora se esperaba una paliza familiar. Kasumi y Nodoka se cubrieron la boca espantadas con la noticia. La mediana Tendo estaba a punto de saltar victoriosa, cuando se percató de que su hermanita menor la miraba fijamente con expresión herida. Súbitamente empezó a sentirse inquieta al tiempo que un sudor frío perló su frente:

-Tú lo sabías… –musitó con voz sorda. Nabiki se aterró, eso no era lo que había planeado. Antes de que tuviera tiempo de negarlo ella prosiguió: -No te molestes en negarlo, soy una artista marcial, ¿recuerdas? Me di perfecta cuenta de cuando torciste mi muñeca para que el contenido de mi taza cayera sobre el cerdo –dijo ella escupiendo las últimas palabras.

-¡Oh Dios! ¿Es cierto eso Nabiki? –gimió su hermana mayor.

-No, yo… esto… -la pregunta tan directa de su inocente hermana la llevó a perder su aplomo, confirmando así las crueles sospechas. Intentó revestirse de su habitual cinismo: -Bueno, recuerda que una vez te ofrecí una información valiosa por la módica de 300 yens. Fuiste tú quien se negó a pagar la mísera suma –retrucó, feliz de haber encontrado una salida en su carácter, pero no pudo disfrutar de ello mucho rato, pues casi de inmediato sintió el impacto del puño de Akane en su ojo izquierdo. Hubo un boqueo generalizado, nadie se había atrevido nunca con la Reina del Hielo. Mientras ésta se sobaba el área afectada la oyó maldecirla.

-¡Ya basta Akane! ¡Y no sigas con Ranma! ¿No vez que se hallaba en juego su honor de guerrero en mantener el secreto? –mientras el patriarca Tendo decía esto, Genma aprobaba con la cabeza estoico. Esto atrajo la atención de la chica, que al estudiarlos pudo develar más de lo que éste hubiera querido:

-¿Tú también lo sabías? –preguntó dolorida. ¿Qué no había nadie en quien pudiera confiar? Casi como una respuesta escuchó:

-¡Oh, no papá! –gimió angustiada Kasumi, aferrando con más fuerza el sartén que había traído en su carrera a los gritos de su hermana menor.

-Bueno hija, es que yo… -empezó Soun descompuesto.

-Genma ¿Tú también? –exigió Nodoka, aferrando su katana. El hombre-oso dio un respingo, atrapado en el pasillo. Ambas mujeres se abalanzaron sobre los mayores, dispuestas a hacer un escarmiento sobre los hombres del hogar, para que recordaran que más allá de su honor de guerreros, su primera obligación consistía en velar por el bienestar y la honra de las mujeres a su cargo. Akane y Ranma se miraron a los ojos.

-No podía –explicó quedamente rogando comprensión. ¡Cuántas veces no había intentado hacérselo saber, apartar a ese cerdo aprovechado de ella!: -Se lo prometí antes de que tú lo convirtieras en tu mascota, se lo debía porque yo lo empujé el estanque aquel. ¡Pero siempre intenté apartarlo de ti!

-¿De tu propiedad? ¿De tu objeto de disputa? ¿Qué nunca te paraste a pensar como me sentiría de que ese cerdo me viera desnuda, que se metiera a la cama conmigo? ¿A tu vista y paciencia?

-¡Joder Akane! ¡Cada vez que intentaba apartarlo tú me golpeabas!

-¡No me salgas con esa, maldito miserable! ¡Que yo estaba defendiendo a un animalito indefenso de tus abusos! ¡Nunca se me pasó por la cabeza semejante profanación de mi intimidad! ¿Dime, qué hacían? ¿Comentaban lo pequeño de mis pechos, o cómo iban creciendo?

-¡No digas estupideces Akane! ¡Yo lo hubiera matado si…!

-¿Si qué? ¿Si me hubiera faltado al respeto? –completó por él, quien sólo meneó la cabeza angustiado. ¡Ni siquiera en sus peores escenarios había predicho algo como esto! Como si se hubiera roto un dique, ella se le fue encima con ira descomunal.


En otro lugar de la ciudad un floreciente negocio empezaba temprano a funcionar, en vista de la multitud de personas deseosas de atiborrarse con los platos de las amazonas. La anciana matriarca terminó de darle sus toques finales a una orden doble de ramen al tiempo que llamaba a su nieta:

-¡Shampoo! ¡Toma la bicicleta y entrega esta orden a la dirección anotada! –la chica que estaba limpiando el local se volvió a la anciana con ojos muy abiertos:

-¡Pero abuelita! ¡No puedo salir! ¿Qué pasa si algún vándalo trata de robarme de nuevo? –ya había tenido suficientes experiencias en este sentido en el último tiempo y no lograba entender como Akane se las arreglaba con eso.

Habían muy pocas cosas que conseguían sacar de sus casillas a la anciana amazona, ni siquiera los mejores intentos de Ranma lo habían conseguido (y eso que él se esforzaba mucho), por lo cual había que concederle mérito a la muchacha cuando logró que una gran vena le apareciera en la sien a la matriarca:

-¡VETE DE UNA VEZ! –Shampoo era muy lista cuando le convenía a su supervivencia, de modo que tomó el pedido y se largó lo más rápido posible de allí. Mientras se iba canturreando por el camino, estaba muy lejos de suponer la amenaza que se había soltado sobre Nerima.


Cegada por la cólera, salió a la calle. Aún no bastaba para desahogar su ira. Si esto había pasado en su casa, entonces ¿qué podía esperar del resto? ¿Quién más sabía? ¡Quién no lo sabía! sería lo más correcto. Casi olfateando, recorrió los caminos.

En ese momento se encontró con la Shampoo en una calle lateral, cuando esta se disponía a llevar una entrega con su bici. Al verla, le rugió:

-¡TÚ! ¡TÚ LO SABÍAS, ZORRA DESGRACIADA!

La amazona sólo se paró a mirarla, parpadeando desconcertada. No entendía porqué Akane le gritaba así, rodeada de aquella gran aura de batalla, pero se encogió de hombros. Si aquella pequeña mediocre era tan tonta como para buscarle querella a ella, la gran Shampoo, primera guerrera entre las amazonas, pues le daría en el gusto y que se atuviera a las consecuencias, después de todo, su amado no tendría de qué culparla por haber respondido a un desafío. Con eso en mente, dejó a un lado su bici y sacando sus bomboris se dispuso a hacer frente a los reclamos de la heredera Tendo.

-¡TÚ SABÍAS QUE RYOGA ERA P-CHAN! –aulló herida. Shampoo sólo sonrió:

-Claro que yo saber –retrucó con malicia, buscando acicatear aún más a su rival y que se lanzara a la lucha, así ella quedaría como una inocente víctima de las circunstancias: -¡Todo Nerima saber! ¡Solo chica estúpida ignorar lo que es de conocimiento de todo el mundo!

-¡MALDITAAAA…! –con este grito de guerra, Akane se lanzó al ataque sobre una sonriente Shampoo, quien la esperaba confiada, con sus armas listas.


Momentos después, una muy vapuleada Shampoo caminaba a duras penas con ayuda de una vara. Había descubierto (de la peor manera) por qué el mejor artista marcial que conocía, salía tan mal parado en aquellos encuentros cuando la marimacho se ponía así de energúmena. ¡Era imparable! ¡Una amenaza, una bestia! Quien la conocía, se asombraba mucho de su estado, ya que desde que llegara a Nerima y a pesar de los múltiples pleitos en los que se inmiscuía, siempre salía bien librada y además no eran muchos los que se atrevían a hacerle frente, conociendo sus habilidades guerreras y sabiendo además que contaba con el respaldo del formidable Ranma Saotome y de la mítica Colonge. Pronto se corrió la voz de que alguien nuevo y peligroso había llegado a la ciudad, y que la amazona tenía otro novio. Ésta no hacía caso de las murmuraciones, mientras iba maldiciendo en voz baja y jurando venganza. Al llegar al parque, no se sorprendió mucho de encontrar a su rival, Ukyo, en un estado similar. Acercándose a ésta, le preguntó:

-¿A ti también reclamarte? –Ukyo, que en ese momento se dedicaba a adecentarse y curarse las heridas lo más dignamente que podía, le tendió unos curitas, que ella aceptó sin hablar y prosiguió su tarea.

-Sip –dijo simplemente-. Sabes, en el fondo, creo que tiene razón.

-¿Tú bromear?

-Nop –mientras seguía poniéndose parches y revisándose el otro lado del brazo para ver si se le había escapado algún corte-. En verdad que si hubiera sido al revés, ella no hubiera permitido que alguno violentara así nuestro pudor –la amazona reflexionó unos instantes.

-Por eso ser tonta –sentenció. Y ante la mirada censora de la otra corrigió: -Pero cómo meternos en eso… Esta bien, esta bien. Estuvo mal –suspiró. Le dolía mucho la boca y sospechaba que perdería otra pieza dental además de las que ya habían salido despedidas durante el encuentro, por suerte Millaco era muy buen dentista y les hacía precio especial por ser sus mejores clientes. –Nunca pensar que Mousse ser tan buen maestro.

-Mhm –asintió la otra taciturna, tan adolorida como ella.

-Shampoo creer que nosotras agradecer a pato estúpido por lecciones de Akane, ¿eh? –la otra asintió con un brillo peligroso en los ojos, que no auguraba nada bueno para el joven amazona. Era el sujeto perfecto para hacer de chivo expiatorio después de lo que les había pasado. Se levantó con decisión:

-Vamos. De paso, me caerá bien un plato de sopa –para agregar, sobándose la enrojecida mejilla: -Pero con una pajita, si tienes –la otra asintió. Ambas se encaminaron al Neko Hanten, rengueando.

Al llegar, sin embargo, toda su furia contra el muchacho se evaporó, al verlo tirado en el piso, en medio de un gran desorden que daba cuenta de la lucha que había tenido que enfrentar, y en un estado aún peor que el suyo. Entre ambas lo levantaron y lo colocaron sobre una silla. Colonge, con una mirada divertida, se dispuso a preparar una sopa curativa.

-Así que a ti también te tocó tu ración, ¿eh Mousse? –le espetó irónica la cocinera de okonomiyakis. El muchacho sólo asintió estoicamente tratando de comerse los gemidos de dolor. En ese momento, un Ranma con un rostro y un caminar a juego con el de ellos, se arrimó al grupo y tomó asiento.

-¡Lo que sea que estés haciendo, vieja, que sea el doble para mí! –la anciana soltó una risita irónica. De pronto, todos corearon:

-¡Maldito Ryoga!

-Mmmm… -la anciana, mientras les servía sus cuencos, al tiempo que comentaba, casi para sus adentros: -Bueno, me imagino que tentó al destino lo suficiente para ganarse a pulso su desgraciado sino.

-¿De qué destino hablas vieja? ¿De lograr que nos apalizaran a todos por el precio de uno? –inquirió molesto el chico de trenza, no estaba de ánimo para sentir lástima del cerdo, después del problema en que había puesto a todo el mundo, debido a su descaro y tozudez. El resto se mostró de acuerdo por la cuenta que les tocaba, mientras empezaban a sorber sus respectivos tazones.

-Bueno, imagino que lo podrán disculpar, después de todo, será el último problema que les acarreará, -contestó con voz cascada- ¿o qué piensan que estará haciendo ahora que su amor imposible lo descubrió de la peor manera que a él podría ocurrírsele? Supongo que en tributo a su memoria, podrán dejárselo pasar –hubo un momento general de parálisis mientras cada uno se imaginaba a su manera al desgraciado muchacho, lamentándose bajo una nube de negro ki y acabando con su existencia de las maneras más imaginativas. Un segundo después, siluetas de polvo y sillas volteadas marcaban el sitio donde los chicos estuvieron mientras los tazones tintineaban sobre la mesa, depositados de cualquier manera en la desesperada premura de los comensales, que ante la urgencia, habían olvidado completamente sus achaques. Hubiera hecho lo que hubiera hecho, y los problemas que les hubiese acarreado, seguía siendo su amigo y eso significaba que ellos cerrarían filas en torno a él en ese momento. En el local, la anciana se tomó un momento para sonreír y unirse después a la búsqueda.


-¡RYOGA! ¡RYOGA! ¡DÓNDE ESTÁS CARIÑO!

-¡RESPONDE, PEDAZO DE ESTÚPIDO CERDO!

-¡DEJAR DE HACER ESTÚPIDO Y CONTESTARNOS!

-¡NI TE MOLESTES EN INTENTARLO HIBIKI! ¡CUÁNDO TE ENCONTREMOS, NOSOTROS MISMOS TE HAREMOS SUSHI! –tales eran los angustiados gritos que en segundos cubrieron la relativa calma de la ciudad mientras los notorios artistas marciales peinaban la zona entre sus impresionantes saltos por los tejados. Lo que más los desesperaba era que no podían trazar un itinerario de sus sitios favoritos, ya que con su inexistente sentido de orientación, en este mismo instante tendrían suerte si todavía se hallaba en el país ya no digamos la ciudad y la urgencia los acicateaba como un perro hambriento. Por tal motivo, quedaron desconcertados cuando siguiendo un súbito pálpito de Ranma, volvieron al dojo y lo encontraron en el lote baldío, en compañía de una majestuosa Akane, quien se erguía ante él como la encarnación de la justicia. Sin decir "agua va" se le abalanzaron, takleándolo certeramente para inmovilizarlo desde distintos puntos, mientras Shampoo le aplicaba como tres golpes de bombori en la crisma, para hacerlo entrar en razón, entre una faramalla de gritos ininteligibles de todo el mundo.

-¿SE PUEDE SABER QUÉ MIERDA CREEN QUE HACEN? –vociferó el chico fuera de sí por el inadvertido ataque múltiple, que lo había hecho rodar por el piso mientras los muchachos lo tendían cuan largo era, ante la atónita mirada de Akane, quien se había alejado prudentemente de ellos por si las dudas querían intentar algo similar con ella.

-Eehhh… ¿salvándote la vida? –respondió un dubitativo Mousse. Ciertamente, el chico se oía con demasiada energía para ser alguien que se encontraba al borde del suicidio. De hecho, se oía como que su integridad física se vería nuevamente puesta a prueba por el encolerizado muchacho, quien no parecía tomarse demasiado bien su intento de rescate. El resto parecía percibir lo mismo, porque todos lo soltaron y lo miraban con cautela, dispuestos a entrar nuevamente en acción a la mínima.

-Entonces, ¿no vas a matarte por que Akane descubrió que eras un cerdo aprovechado y mentiroso y que además te vio desnudo? –preguntó Ranma muy impresionado, sin notar que varias venas habían aparecido en la cabeza de Ryoga y Akane, a la par de un avergonzado sonrojo. Los otros cambiaron una mirada incrédula entre sí: por más que lo conocían, nunca dejaban de sorprenderse ante los niveles de desatino que alcanzaba el chico. De modo que se hicieron a un lado en el momento exacto, mientras aquellos dos le daban una paliza al chico de trenza por bocón.

-¡Uff! ¡Pero qué mal agradecido eres Ryoga! –se quejó el de la trenza aporreado en el piso y muy indignado.

-¡Cállate imbécil! –lo amenazó con el puño listo para servirle otra ración de lo mismo.

-¿Entonces, ya se arreglaron? –preguntó Ukyo, harta de esas tonterías que podían prolongarse hasta el infinito.

-Llegamos a un acuerdo –contestó Akane sin ganas de aclarar nada más que el peligro había sido conjurado.

-¿…? –el resto los miró con expectativa, encontrándose con el amurallado silencio de aquellos. Los chicos se negaron a decir más. Ryoga les aseguró que no haría ninguna idiotez como atentar contra su vida, bajo su palabra de honor, pero que tenía una misión que atender, de modo que tomando sus cosas, partió una vez más el infatigable caminante, por senderos que sólo él conocía. Mientras iniciaba su marcha iba recordando lo sucedido sólo instantes antes de que los otros llegaran, sin saber que la peliazul le acompañaba en el recuento:

"El mundo era un lugar solitario y sombrío, donde no encontraría más que desprecio y rechazo, tanto tiempo jugando a protegerla contra quienes pretendían abusar de su bondad y pureza, y había ignorado convenientemente que él era el máximo ofensor, no Kuno, no Saotome, no el lunático de turno, sino que él mismo, Ryoga Hibiki, el mayor cerdo de la historia.

-¿Cómo pude hacerlo? –se recriminó angustiado. Finalmente llegó al lugar donde guardaba sus cosas tras la casa de ella y se vistió. No agregaría la desvergüenza al listado de sus culpas, se prepararía lo mejor que pudiera, sus mejores ropas, su mejor aspecto, no quería que quien encontrara su cuerpo después se llevara una impresión demasiado desagradable. Peinó sus cabellos y aseguró su pañuelo en su lugar.

-Oye Ryoga, ¿Cuántas badanas tienes puestas? -le pareció escuchar la voz de su rival, como hace tanto tiempo, pero al volverse vio que seguía solo. ¡Grandísimo estúpido! sólo a él podían ocurrírsele preguntas semejantes en las situaciones menos propicias. ¡Imbécil! Todavía no entendía qué le había visto ella, porque sabía que no era mujer de dejarse encandilar por el aspecto físico, y aparte de su fuerza no le reconocía ninguna otra cualidad, por eso luchaba tan denodadamente por vencerlo y tomar su lugar en el dojo Tendo. Gracias a Genma aquella vez del dulce añejado, ya estaba bastante avanzado en el Mutsabetsu Kakuto Ryu, tanto que había estado a punto de quitarle su supremacía al frente de la escuela, y lo hubiera hecho de no haberse entrometido ese viejo mañoso con aquel truco sucio del gato, ¡como si él necesitara de semejante bajeza para ganar! y cuando se descubrió como un peón para vengarse por un mísero postre, pues bien, había perdido la cabeza y se había unido a su enemigo para golpear al sinvergüenza de porquería ése. ¡Pensar que había estado tan cerca de convertirse en el heredero, y por consiguiente en el prometido de Akane! ¡Todos sus sueños hechos realidad por el simple recurso de cumplir su mayor anhelo, vencer a Ranma! ¡Maldito fuera su carácter incendiario que siempre le jugaba en contra!

Bien, ahora nada de eso importaba, había cometido el peor crimen, había irrespetado a su ángel, y ahora debía reparar su culpa ofreciéndole su sacrificio como expiación. ¡Qué lástima que éste se viera limitado a los pobres recursos con los que contaba! No habría ropas ceremoniales, ni tatami, ni testigos, y lo peor de todo es que no habría kaishaku,18 por lo que debería soportar el dolor y la agonía hasta que su organismo dejara de resistir al cese de sus funciones. ¿Debería dejar un yuigon19 o sería suficiente con lo que había hecho? Después de todo sus motivos eran evidentes. Nah, no se sentía con ningún ánimo de escribir, ni siquiera tenía un tessen para dejar su última pincelada, tal vez sería adecuada su sombrilla, pero en realidad no le apetecía, ya que lo único que se le ocurría poner era: "Lo siento", de modo que lo agregaría a su sepukku sui generis. "Bien, eso es todo" -se dijo, mientras se acomodaba y colocaba la daga en posición, hundiéndose en el trance de claridad mental que necesitaba para recibir a la muerte con la dignidad que no había tenido en vida.

-¿De modo que piensas hacerlo así de fácil Ryoga? ¿Crees que con tu muerte solucionarás la afronta que me has hecho? –oyó una voz desdeñosa que no esperaba volver a escuchar en este mundo.

Después de vagar por la ciudad como una osa herida, apaleando a todos los sospechosos de conocer su vergüenza y deshonor, volvía al dojo muy deprimida, agotada su energía en aquella persecución insensata de sus demonios internos, para encontrarse con el escalofriante espectáculo de los preparativos de su perpetrador aprontándose para el sacrificio final. Por más que lo despreciara, no era mujer para gozar con el dolor y la miseria ajenas, eso se lo dejaría a las amazonas, de modo que desesperada se devanó los sesos buscando algo que detuviera al chico de sus insensatos propósitos. Sabía que si corría a él y lo perdonaba, conseguiría el efecto contrario, ya que consumido por la culpa juzgaría que era indigno de tal generosidad y sería el empujón final que necesitaría para liquidarse. No, sólo su desprecio lo mantendría con vida, por paradójico que sonara, de modo que haciendo de tripas corazón (y con Shampoo en la mente como modelo), se dirigió con paso imponente al muchacho, paralizándolo con la mirada, y de un manotón le arrebató el arma blanca, para después obsequiarle uno de los más fuertes cachetazos que le hubiera dado a alguien en toda su historia:

-¡Pues no basta! ¡Me debes más que tu miserable sangre! ¿Me oyes? ¡Más que tu patético sacrificio que te convertiría a ti en la víctima y a mí en la victimaria de tu sinrazón! –lo último le había salido un poco incoherente, pero es que no era muy su estilo y sólo esperaba haberle aplicado la suficiente vehemencia como para que el alocado joven cayera en aquello. Al parecer lo logró, porque éste se arrojó a sus pies, lloroso y suplicante, para rogarle entre sollozos:

-¡Entonces qué! Dime, ¡Qué puedo hacer para expiar mi culpa! ¿Qué puedo ofrecerte para que me perdones?

-Pues ciertamente no tu sangre, no me basta con ese corto e inútil sacrificio, ¿me oyes? –prosiguió iracunda-. ¿O qué te parezco? ¿Un demonio que se alimenta de vísceras? ¿Crees que esto me satisface?

-¡Qué haré, dime lo que quieras y yo iré por ello! –rogó el chico desesperado. Ella miró para todos lados buscando una respuesta, hasta ahí había conseguido detenerlo, ahora debía darle algo lo suficientemente largo para mantenerlo entretenido por mucho tiempo, hasta que recobrara la cordura, a la vez que lo suficientemente sólido para que se lo creyera, ¿pero qué, qué podría ser? ¡Dios santo! Jamás había estado en un trance semejante en que la vida de alguien más dependiera tan completamente de sus caprichos, y esperaba por todos sus antepasados que nunca más le volviera a ocurrir. "¡Piensa, piensa Akane!" Contempló al chico arrodillado y penitente, recordando su fanática devoción al bushido, y su exacerbada sensiblería, él luchaba contra molinos de viento, ¡sí eso era, un Quijote! tal vez ése era el camino, de pronto recordó los relatos de su infancia que la complacían del ciclo artúrico: cuando los caballeros cometían alguna afrenta hacia su damas, éstas les imponían alguna tarea titánica que diera cuenta de su arrepentimiento y expiación, ¡sí, eso era! ¡Arturo y su corte al rescate!

-Pagarás por lo que has hecho, y de la misma manera que has pecado –principió, adoptando un tono solemne apropiado para las circunstancias, el chico levantó la mirada incrédulo. ¿Acaso ella querría que se mostrara desnudo ante las chicas para sentir la humillación? Ante su mirada, ella continuó a toda prisa: -Irás por el mundo que con tanta facilidad recorres y socorrerás a cuanta mujer se encuentre en la misma situación que yo: engañadas por quien más confían, y las ayudarás a salir de su error, y a reparar en lo posible el daño que les hayan causado, ¿entendido? En esto emplearás el mismo tiempo que ha durado tu engaño para conmigo, y me escribirás y me darás cuenta de cada hecho y les dirás que haces esto en mi nombre –terminó con su diatriba. ¡Fiu! Justo a tiempo, se estaba quedando sin aire y lo peor, sin ideas, el cielo la amparara y aquello fuera suficiente y colara.

-Te prometo, Akane Tendo, que esta será mi tarea de ahora en adelante, y no descansaré ni un día en mi cometido y te mantendré al día con mis andanzas y a todos diré que esto es hecho en tu nombre. Mientras tanto, ¿tendré la osadía de rogarte que me des una prenda para que en los momentos de debilidad me sirva de inspiración y empuje para llevar a cabo mi misión? –así que Ryoga también había leído las aventuras de los caballeros de la Mesa Redonda, no le extrañaba, de hecho, explicaba muchas cosas. Consideró con cuidado su petición: por un lado, le repugnaba darle nada en estos momentos en que se enteraba que de una forma tan desvergonzada se había aprovechado de su candidez y generosidad, no digamos ya algo personal del tipo que cargaban los campeones de aquella saga; por el otro… pues ya era tiempo de crecer, el mundo en blanco y negro sólo existía para los niños y las mentes primitivas. Si no todo era bueno, ciertamente no todo era malo, y el muchacho había estado allí para ella cuando la necesitó, socorriéndola, apoyándola, ayudándola, bien como Ryoga, bien como P-Chan, ¡Maldito! Bien –suspiró-, había que estar entonces a la altura de este Lancelot, ¡pero el diablo se la llevara primero si consentía en ser su Ginebra!20 Con un majestuoso asentimiento, se arrancó una manga de su blusa y se la tendió al muchacho, que la recibió hincando su rodilla en tierra y posando luego sus labios sobre la tela. Se levantó guardándola en el pecho, e iba a agregar algo más, un voto seguro, o algo así, cuando la tierra se abrió y estalló el infierno, y el imbécil y compañía hicieron su aparición.

Hizo una pausa en su marcha para dirigir lo que pensó sería su última mirada a la ciudad por mucho tiempo, por lo menos dos años.

-Quien sabe si para entonces vuelva no solo digno de tu perdón, sino que también de tu amor –suspiró el terco muchacho y enfiló hasta perderse en el horizonte.


Conjurado el peligro, cada uno se marchó a su respectivo lugar de descanso, para dar merecida atención a sus golpes. Akane se iba también cuando Ranma, muy preocupado, la retuvo. El panorama pintaba muy feo para él y no quería seguir dilatando las cosas, prefería que ella le gritara todo lo que tenía en su contra antes de que siguiera incubando su rencor, porque sabía que después le iría peor, y la verdad es que ya no llevaba bien sus ausencias.

-Akane… -el súbito bofetón de la chica fue más doloroso por el desprecio que llevaba implícito que por el impacto, la miró herido: -¿Por qué puedes perdonar al cerdo, o a cualquiera antes que a mí?

-¡Porque no tengo nada que esperar del resto! –espetó enfadada- ¡No me deben nada, ninguna lealtad, ningún respeto! Aunque supongo que tampoco tú, -prosiguió amarga- ¿verdad Ranma? Te perdono, ya no importa en realidad –siguió contemplando el horizonte desesperanzada.

-¡Mierda! –y un cuerno iba a aceptar que le dijera eso- ¿Cómo me dices eso? ¡Sabes bien lo que hay entre nosotros! ¡Lo que puedes esperar y lo que tienes de mí!

-Nada Ranma, sólo un espejismo –prosiguió, sumergiéndose paulatinamente en un estado melancólico.

-¿Le llamas nada a lo que hemos estado haciendo estos últimos meses?

-Se llama sexo Ranma, no lo glorifiques –le dirigió una mirada feroz.

-¡Q…! ¿Qué? –¿estaría tan cabreada como para desconocer su relación? Si era así estaba en serios problemas. –Akane, comprendo que estés enojada, pero eso no te da permiso para…

-¿Decir las cosas por su nombre? Estos meses nos hemos estado acostando Ranma, nada más, la vida a continuado su curso exactamente igual que siempre a no ser por este pequeño incidente…

-¿Así le llamas a nuestra relación? –ella soltó una risa sarcástica que sonó como un sollozo desesperado, por lo que calló para recuperar la compostura:

-¿Qué relación, Ranma? ¡Tienes tres prometidas más! ¿Cómo podría tomarme en serio algo así? ¡Todo esto ha sido un affaire, Ranma, sólo un pequeño affaire antes de despedirnos! –a cada affaire que ella decía sentía una daga en el corazón que se le iba clavando más y más, no sabía que significaba, pero su tono le decía que no era bueno y le dolía que ella calificara así lo más importante y hermoso que había tenido en su vida, pero fue lo último que dijo lo que lo hizo reaccionar:

-¿Cómo que separarnos? ¡Tonta! ¿Por qué habríamos de separarnos? –ella suspiró derrotada, al parecer, había llegado el momento de la verdad.

-Porque eres muy pusilánime, Ranma, un chiquillo mentalmente incapaz de tomar una decisión, una víctima pasiva de los acontecimientos. No te culpo, me imagino que ha sido parte de tu educación eso de acatar sin cuestionar o sin ver por lo que verdaderamente querías, por lo que te va eso de que los demás decidan por ti, y terminarás por ser de quien esté más decidida, sin que hagas nada por evitarlo, pero yo no soy así, ¿sabes? No voy a tomar la decisión por ti y listo, llevarte del cuello al altar, no lo hice en el pasado y no lo haré ahora. Eres un niño, y no quiero tener un hijo, necesito un hombre a mi lado.

-Entonces, si piensas eso de mí, ¿por qué todo esto? Por qué me hiciste creer…

-Yo no hice nada, todo lo que ocurrió entre nosotros fue real, lo sentí a cada minuto, sólo quería que existiera algo hermoso entre nosotros antes del final, antes de que alguna acabara por llevarte lejos.

-¿Por eso me sedujiste? –gruñó incrédulo.

-¡No te seduje, Ranma! Si mal no recuerdas, te pregunté, yo siempre pregunté y esperé tu respuesta, es algo muy distinto. Serás de la que así lo quiera, yo, de quien quiera y me quiera, no de quien diga mi familia, o las leyes, o el honor, esa es la diferencia entre tú y yo –concluyó mirándolo con los ojos más tristes que le hubiera visto. Él no pudo contestarle nada, abismado como quedó, cada frase era como un golpe que le iba dejando sin fuerzas, sin nada. Así, la vio marchar hasta desaparecer de su horizonte.


1 Joan Brady.

2 Sir Arthur Conan Doyle.

3 Annelies Marie Frank.

4 Ray Bradbury.

5 Angela Carter.

6 Patrick Süskind.

7 Molière.

8 Shakespeare.

9 François Rabelais.

10 Louisa May Alcott.

11 Miguel de Unamuno.

12 Fiódor Dostoyevski.

13 Oscar Wilde.

14 Shakespeare.

15 Antoine de Saint-Exupéry. Sí, sí, ya sé que esta lista no tiene ninguna coherencia ni lógica, sólo elegí los textos por el título, para reírme un rato a costa del bueno de Ranma :P

16 Datos extraídos de la wikipedia, no me pregunten de dónde rayos los sacaron ellos.

17 Pese a que en Japón la mayoría de edad está más bien a los 20, edad en que pueden votar y los varones casarse sin permiso de algún padre, las mujeres a los 16. Me he tomado esta pequeña licencia, adecuando esta circunstancia a la occidental para efectos de la historia :)

18 El seppuku es suicidio ritual también conocido como hara kiri (o vientre abierto) en donde un samurai (servidor) recuperaba su honor en esta ceremonia, que consistía en rasgar el vientre con una daga llamada tantō de unos 20 - 30 cms, que era cubierto con un pañuelo para enjugar la sangre y mantener así lo más limpio posible al sujeto, mientras éste se esforzaba en controlar el miedo y el dolor sin emitir ruido alguno, dando así prueba de su valor, y resistiendo todo lo posible hasta que le pedía a su asistente, o kaishaku, que acabara con su tormento cortándole la cabeza antes de que se derrumbara.

19 Antes de cometer seppuku, se componía un poema de despedida o "yuigon" que literalmente traducido es "declaración que uno deja atrás"; también conocidos como "zeppitsu" o "última pincelada" que daba cuenta de los pensamientos y emociones del practicante en un tessen o abanico de guerra.

20 La reina Ginebra, esposa del rey Arturo, era a la vez amante de Lancelot, su autodesignado campeón.


Quiero darle una vez más las gracias a Trekumy, la escena del cumpleaños era lo que me tenía parada y no podía resolver y fueron sus amables sugerencias lo que me volvieron a la publicación, así como el enfrentamiento de Ryoga y Ranma. El resultado de sus indicaciones, sól pueden culparme a mí si su ejecución no fue la mejor.

Muchísimas gracias por sus reviews y preferencias, sé que es una historia de difícil lectura en varios puntos y les agradezco su fe en que todo se resolverá de la mejor manera y que disfrutarán este pequeño cuento.