No al refugio de animales

Mewtwo durmió gran parte del día y, mientras no lo hacía, Cristina le daba un nuevo tazón de agua verdosa (la cual, poco a poco, comenzó a tener un desagradable sabor para el clon), jarabe para la tos y miel.

La chica estaba sorprendida por el avance de su estado, ya que apenas hace dos días estuvo a punto de morir y ahora faltaba muy poco para que pudiese salir caminando, corriendo o volando de casa.

Eso me hace una excelente enfermera- se decía ella en tono de broma.

Vez con vez se acercaba a la cama de Mewtwo para conversar un poco, hablar de la vida diaria y de los viajes del pokémon, los cuales parecían interesarle mucho. "Es que nunca he salido de aquí para disfrutar del paisaje", contestaba. Él, en cambio, no hizo demasiadas interrogantes, ya que continuaba firme en la decisión de no encariñarse con los humanos bajo ninguna circunstancia. Preguntar sobre su vida sólo demostraría interés…por alguna razón.

Al mediodía sintió hambre, por lo que Cristina le preparó espagueti para que se alimentara con algo no demasiado voluminoso para su estómago. No había probado bocado en varios días al parecer, por lo que, comer algo con demasiado condimento, simplemente lo haría sentir peor. Tal vez hasta terminaría vomitándolo todo. Sin embargo, y para sorpresa de ambos, Mewtwo se repitió el plato tres veces, por lo que la chica se vio en la obligación de cocinar más.

También se acabó casi un kilo de pan, varias jarras llenas de agua y por primera vez probó algo llamado "pie de limón", el cual estaba un tanto dulce para su gusto, pero aun así lo disfrutó por completo.

Luego de las comidas, Cristina se dedicó al aseo de la casa y de su propia alimentación. Más tarde le dijo al clon que necesitaba cambiar las sábanas de la cama, por lo que se vio obligado a levantarse. Se sentó en el lecho de Iván, cubierto con un abrigo mientras esperaba a que la chica terminara, mas, cuando pretendía acostarse otra vez, ella no se lo permitió, diciéndole que debía limpiarlo antes.

Estas son sábanas limpias y yo no sé cuándo fue la última vez que tomaste un baño, así que…

¿Qué? ¿Pretendes bañarme?- preguntó él con cierta molestia.

No, porque aún estás enfermo, pero creo que limpiarte con una toalla húmeda al menos servirá de algo- y sin más salió de la habitación para volver con, efectivamente, un gran paño para el aseo.

Mewtwo se sintió molesto cuando ella se sentó a su lado y se acercó para comenzar la limpieza, así que, sin pensarlo dos veces, la alejo de inmediato.

¿Desde cuándo piensas que tienes derecho sobre mí?

Sólo quiero limpiarte, ¿O no sabes de aseo?

Por supuesto que sé.

Bien, entonces…

Pero el hecho de que esté enfermo no te da derecho a actuar así sobre mí.

Sólo quiero hacerte sentir bien. La otra noche estabas en el suelo, en el lodo. Obviamente estás sucio.

Pues así me quedaré. Luego me encargó de mi aseo personal.

Uf- suspiró ella-. Está bien, ten- y le entregó la toalla-¿Podrías hacerlo por ti mismo?

Por supuesto que puedo- la recibió.

Con cuidado se restregó la cara, los brazos, el torso, las piernas y parte de la cola. Sólo lo que podía alcanzar y lo que pudiera con tal de que la humana lo dejara tranquilo.

Ella, al verlo terminar, salió de la habitación y tardó bastante tiempo en volver.

Eres un paciente muy complicado- comentó la joven antes de dejarlo solo.

…..

La jornada pasó y, casi a las dieciséis horas, Cristina regresó con el pokémon a darle más comida.

Le entregó una bandeja y se sentó a su lado mientras veía el suelo.

Perdón por enojarme contigo- le dijo a Mewtwo, quien se quedó con el tenedor en la boca cuando ella comenzó a hablar. Cabe destacar que él comía a través de su habilidad psíquica, ya que, con su mano, se le hacía imposible tomar bien el utensilio.- Sé que no te gusta que te toquen- continuó ella- y casi te obligo a quedarte quieto para que yo te limpiara.

Tienes razón, yo no tengo ningún derecho sobre ti, así que me disculpo por imponerte mis cuidados de esa manera.

Sólo quería…

Hacerme sentir mejor – completó él-. Ya me lo dijiste y sin duda lo has hecho. Definitivamente me siento mucho mejor en comparación a cuando recién llegué a esta casa.

No debes sentirte mal, así se aprenden las lecciones de esta vida.

Tienes razón.

Ahora sabes que no a todos les gusta que otros se encarguen de su aseo.

Sí, no voy a olvidar eso. A partir de ahora voy a preguntárselo.

Así es- y continuó con su comida-. Por cierto, esto me agrada bastante.

Gracias- contestó ella un tanto más feliz.

Además de buena enfermera, también eres una gran cocinera.

He he, por supuesto que no, sólo hice un poco de comida, eso no me hace una gran cocinera, cualquiera podría hacerlo.

Yo no.

Oh, pero Mewtwo, tú eres un pokémon, obviamente no puedes cocinar. Me refiero a la gente, es decir, es demasiado fácil hervir agua, agregar los tallarines, echarles sal, colarlos, echar aceite y servir.

Pues yo no podría hacer eso, por lo tanto, para mí, eres una gran cocinera.

Muchas gracias- sonrió ella y también el pokémon.

En ese momento sintieron la puerta de la casa e Iván entró corriendo a la habitación.

Hola mamá- dijo jadeando.

Hola, ¿Qué sucede? ¿Por qué llegaste corriendo?- se preocupó la joven

Los vecinos quieren hablar contigo- dijo él en un tono grave-. Me preguntaron si todavía teníamos a Mewtwo aquí y yo les dije que sí.

….

Y me dijeron que viniera a buscarte para hablar.

¿Cómo saben ellos de Mewtwo?

No sé, creo que nos vieron el otro día, cuando lo trajimos.

¿Nos vieron? ¿Vieron el asalto y no nos ayudaron?- se molestó Cristina-. ¿Vieron cómo traíamos a Mewtwo y no hicieron nada?

¿Qué quieren?

No sé, pero la vecina está enojada.

Uf- se puso de pie-. Como detesto a esa mujer. Desde que vivo aquí no ha hecho más que molestarme por cualquier cosa que haga. Que no debo colgar ropa en el balcón, que no debo tener plantas, que no debo hacer mucho ruido.

¡Ella vocifera todo el día y todos los días y debo quedarme callada porque los otros vecinos siempre están de su lado!

¿Sabes una cosa?- le dijo al clon-. Desde que llegué a este lugar, la gente me ha tratado mal y creo que es sólo porque he aprendido a valerme por mí misma. Sólo porque he sido valiente.

Mewtwo, tu quédate aquí, yo me encargo.

¿Por qué están interesados en mí?

No lo sé, pero espero que no sea nada malo- dijo caminando hacia la puerta-. No he hecho nada malo, sólo quise ayudarte… ¿Es eso un pecado?

Todo lo contrario- susurró el clon cuando la muchacha salió.

Escuchó que, poco a poco, las voces se alzaban. Cristina ya no era la chica tranquila y amable que estaba conociendo. Realmente estaba enfurecida y, al parecer, toda esa rabia era para defenderlo.

Los vecinos replicaban todos juntos algo sobre las políticas de los departamentos y del convivir en común. La joven, en cambio, hablaba sobre la vida privada y de que podía hacer lo que quisiera con tal de no molestar a otros.

Sin soportar la curiosidad, Mewtwo se levantó y se asomó un poco desde la puerta de la habitación. Debido al ángulo de la construcción, sólo podía ver la espalda de Iván, quien, seguramente, estaba atrás de Cristina.

¡Dejen a mi mamá tranquila y váyanse!- gritó el chico, lo que provocó sólo críticas a la crianza que estaba dándole la joven madre.

Entonces el clon pudo escuchar claramente cuál era el meollo de la discusión: él.

Según un convenio del lugar, no se podían mantener mascotas en los departamentos, por lo que, considerando que Mewtwo ya llevaba dos días alojado, estaba siendo encasillado como tal. No lo querían ahí. Cristina estaba violando el contrato convenido, sin siquiera conversarlo con algún jefe o directivo. Ella, en cambio, decía que el pokémon no era su mascota, que estaba enfermo, que estaba ayudándolo a sanar, que una vez que estuviese bien, lo dejaría ir.

Pero al mencionar la ayuda, de inmediato los vecinos replicaron que por esa razón existía el centro pokémon y que para eso estaba la enfermera. Decían que los departamentos no eran un gran centro médico y que de ninguna manera se permitiría que terminara convirtiéndose en eso o en un refugio de animales. No era posible que la chica estuviese recogiendo criaturas enfermas y trayéndolas a su casa. Unos decían que tal vez el departamento estaba lleno de excrementos, que había otros pokémon, que debía estar plagado de infecciones.

Cristina les decía que tenía sólo a un enfermo, que estaba limpio y que su casa también lo estaba. Les dijo que él la ayudó cuando estaba en peligro, cosa que ellos ni siquiera pensaron en hacer.

¡Seguramente estaban muy ocupados viendo el reality show como para salir a ayudar a alguien!- les gritó y cerró la puerta de un golpe.

No puedes tener a ese animal ahí. ¡El dueño del departamento va a sacarlo de inmediato!- dijeron desde afuera.

¡Y también a ti!

Lentamente los gritos se apagaron y Cristina pudo calmarse un poco.

Mewtwo caminó hasta la sala y encontró a la chica apoyada aún en la entrada de la casa, mirando el suelo, con la respiración ligeramente acelerada. Iván, por su parte, estaba a su lado, diciéndole que estuviese tranquila.

Lo siento Iván, pero esa gente nunca va a dejarme tranquila.

Se quedaron mucho tiempo en silencio, tanto Mewtwo como Iván sólo miraban a Cristina apoyada en la puerta, con la cabeza gacha, sin atreverse a pronunciar palabra.

Pero finalmente, quien rompió esa densa quietud, fue el clon.

Entiendo- dijo-. Es hora de que cumplas con lo convenido.

¿Eh?- preguntó ella viendo hacia él. Parecía tan cansada de todo, tan deprimida.

Tú me dijiste que me llevarías al centro pokémon, así que…ya es hora.

No, Mewtwo- dijo Iván-. No les hagas caso, quédate aquí, por favor.

No, estoy causándoles muchos problemas. Si me quedo por más tiempo, quién sabe lo que pueda ocurrir.

Pero…

Tal vez ustedes queden sin un hogar por mi culpa y eso sería muy injusto.

Cristina no decía nada. Concordaba con el pokémon, pero, al igual que su hijo, no quería verlo partir, no de esta manera.

¡Pero es que ellos van a ganarnos!- dijo el niño.

Esto no se trata de una competencia- contestó el clon-. Se trata de poner muchas cosas en juego. Si bien, tal vez quedes con el orgullo destrozado, al menos tendrás una casa en donde lamentarlo.

La vida no es justa. La vida es cruel y adora hacer sufrir al mundo- le dijo al chico. Cristina lo miró al escucharlo hablar así-. La vida es un juego muy difícil y debes entender muchas cosas antes de comenzar. Puede ser que, en una esquina encuentres algo de luz, pero muy pronto pueden arrebatártela.

Las cosas deben terminar aquí. Debo ir al centro pokémon y evitarles más problemas. No es justo que, por mi causa, tengan una vida oscura y horrible a partir de ahora.

Es lo correcto.

Pero no es…

Él tiene razón- dijo Cristina-. La vida es demasiado difícil a veces, pero al menos tengo mi pequeño faro de luz para poder ver- miró a su hijo-. No quiero que se apague por…esto.

No te sientas mal- le dijo Mewtwo-, así debe ser.

Pero…Iván tiene razón también. No es justo para ti.

Al menos sabré que se quedan a salvo. Pronto podrán continuar con sus vidas.

Pero…

Ahora, si no te molesta, ¿Podrías llevarme al centro pokémon?

S-sí- dijo la joven con resignación.

Y sin más salió en busca de un taxi para trasladar a su paciente al centro médico, pero mientras caminaba por la calle, varios de sus vecinos parecían observarla, sintiéndose grandes al haber ganado esta batalla. La chica sólo intentó ignorarlos, avanzando firme, con el mentón altivo, sin ver hacia los costados. Tal vez sí, habían ganado esta batalla, pero no dejaría que quebrantaran su espíritu. Ya no más.

Rápidamente llegó al paradero de buses y esperó a que algún vehículo más pequeño se acercara. No tardó en encontrarlo, porque un taxista solitario de inmediato se aproximó cuando la muchacha se lo pidió.

En el auto regresaron al departamento y, mientras el hombre esperaba, Cristina subió a su casa y le dijo a Mewtwo e Iván que estaba lista.

Puso una manta sobre el pokémon, tomo el dinero y las llaves, le dijo a su hijo que se quitara la mochila de la escuela y partieron al centro médico, no sin antes dar una mirada de profundo odio a quienes habían provocado esto. Mirada que simplemente los dejó con un poco menos de aliento, porque Mewtwo estaba realmente molesto con los últimos acontecimientos. Y, aunque quería, no podía atacarlos sólo por estar enojado. Los humanos tenían sus leyes y cuando se les antojaba, las acataban. Esta era una de esas ocasiones.

El taxista no dijo nada sobre el desconocido, sólo lo miró por el espejo retrovisor y se limitó a preguntarle a Cristina por el destino del viaje.

Y entonces todos partieron en silencio.